De Eredan.

Sommaire

Acto 1 : Caída del Cielo

Viaje

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Desde hacia varios días que los miembros de la Kotoba transitaban por los caminos imperiales. Habían atravesado varios pueblos, y en cada uno de ellos, los residentes al ver la llegada de los ilustres héroes, les ofrecían alojamiento y realizaban fiestas suntuosas en su honor. Terminaban de pasar Okia, la ciudad más lejana de la capital imperial, pero la más cercana a la Tumba de los Ancestros. La ubicación de la piedra caída del cielo se encontraba a tan solo dos días de marcha.

A continuación atravesaron las grandes puertas de Ji, construidas por los Ancestros para guiar a los muertos hacia el sitio donde sus almas descansarían eternamente. Rompiéndose así, el tratado existente entre el Imperio y los Draconianos. Pero poco importaba, los tiempos habían cambiado el resultado de la victoria obtenida por los extranjeros. O al menos eso creían....

Los caminos que cruzaban esas tierras no eran más que senderos olvidados. Hasta que Amaya encontró huellas.

-Ahí! Miren! Exclamo ella.

La joven señalo una humareda que se elevaba al cielo no muy lejos de donde se encontraban. Aku tímidamente se acerco al Señor Imperial.

- Creo que se de quienes se trata. No tenemos nada que temerles.

Rápidamente los Kotoba se acercaron a ese lugar, sin sorprenderse de los personajes enigmáticos. Uno de ellos estaba vestido con un traje y maquillaje gracioso, mientras que el otro era un enorme monstruo tan musculoso como gordo.

- Kyoshiro y Okooni! - Exclamo el joven Iro, a la vez que se dibujaban dos estrellas en sus ojos. Los dos personajes se acercaron hacia el grupo.

-Que bueno que estén aquí. Casi estamos reunidos todos los Kotoba, les dijo Gyakusha. Kyoshiro, el menor de los dos, se adelanto para saludar.

- Mi señor. Hemos visto estrellarse la piedra meteórica y supuse al instante que vendrían desde lejos hasta este lugar.

Sen´Ryaku se dirigió rápidamente hacia el fuego y lo apago.

- Esto no es para nada inteligente, por el contrario. Los dragones no están muy lejos de aquí, nos descubrirán! Exclamo ella.

En respuesta Kyoshiro la miro a los ojos asintiendo negativamente con la cabeza.

- Ellos desde hace tiempo que saben de nuestra llegada. No los subestimes

Campamento

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Fue un excelente día, los Enviados de Noz´Dingard habían logrado establecer su campamento a los pies de la piedra caída del cielo.

Zahal, Eglantyne y Moira se habían marchado para explorar los alrededores y vigilar la posible llegada de sus enemigos: la Kotoba. Durante ese tiempo, el resto del clan charlaba tranquilamente, disfrutando de la relativa tranquilidad del lugar.

El Profeta reposaba en un sillón de viaje, mientras rascaba despacio a Kounuk quien emitía un chillido de placer. A su vez, Anryéna hablaba con su nieto sobre un tema que apasionaba al joven: su familia.

- Anryéna, usted es la madre del Profeta y por lo tanto mi abuela. Pero el Profeta nunca quiso decirme quién fue su padre.

- Hijo mío, es natural que quieras saber sobre nuestro linaje. Pienso que hay secretos que tu padre debería haberte revelado hace tiempo y por eso te los contare. El joven empezó a impacientarse.

- Yo soy la hija del Dragón y de Zaina, la primer Bruja.

Aerouant abrió grande los ojos y la conexión se hizo evidente. Él era nieto del gran Dragón! Sentado en su sillón, el Profeta escuchaba a su madre, cuya apariencia fue siempre la de una mujer joven y bella.

- Yo tuve dos hijos, el primero fue tu padre. Mientras que el segundo, y aun mas sorprendente, es tu tío quien no se encuentra en su forma humana.

- Kounok! Exclamó Aerouant.

El pequeño dragón miro al Cristalmante quien lo observaba con gran interés.

- En cuanto a ti, descendiente del Dragón, tu madre no es otra que la actual líder de las Brujas, la venerable Naya. Sin embargo, desde hace años que ella se distanció del Profeta. Debido a que sólo obligaciones especiales permiten que se relacionen.

- ¡Madre, ya fue suficiente! Hay historias que no son como parecen, al menos no literalmente… ...

Mientras tanto, Alishk se sumergía cada vez más en sus pensamientos. Desde su llegada sentía algo extraño en la piedra caída del cielo, y se mantuvo durante un tiempo examinando la inmensa gema con toda su percepción mágica.

Había logrado rozar una suerte de campo de protección, el cual no dejaba nada sin resguardo. Nadie podía tocar la piedra. Esta emitía una especie de luz amarilla suave, la cual iluminaba el desierto con una energía sin fin.

- Entonces Alishk, ¿Qué es lo que percibes con tu magia?

El niño que acababa de hablar se escondía detrás de unas grandes gafas.

- Extrañamente no sentí nada agresivo, pero sospecho que es trata de una fachada. Tú también deberías intentar percibir de qué se trata, Pilkim.

- Sí, tienes razón...

Tempestad

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En el Bosque de los Murmullos el viento resoplaba a través de las ramas de los viejos árboles. Moira Eglantyne y Zahal habían recorrido alrededor del mismo y se disponían a regresar al campamento, cuando de pronto, la percepción mágica de la más joven de las hechiceras reaccionó.

- Tenemos una visita. Alguien se esconde no muy lejos de aquí.

Zahal hizo señas a las hermanas para que descubrieran quien era. Rápidamente ejecutaron un rayo mágico, que cayo dentro de las sombras del bosque. El caballero del dragón esperó unos momentos antes de arremeter contra los arbustos...

El Señor Imperial a su vez había enviado a Tsuro, Amaya y Ryouken como exploradores para conocer más acerca de los Enviados de Noz'Dingard y sus personalidades. Por lo tanto, los tres Kotoba se aventuraron cerca del campamento "enemigo". Una vez allí observaron a las Brujas y al Caballero partir del campamento con destino hacia el bosque. Esta era una buena oportunidad para reunir información acerca de estas desconocidas personas cuya fama había llegado, incluso, a los oídos del Emperador. Los dos Rastreadores no se comunicaban con palabras, sino por signos. Siendo por lo tanto, capaces de comunicarse en silencio y seguir a los Enviados. Estaba tan bien escondida, que nunca imaginó la posibilidad de ser descubierta por aquellos que pensaba, eran muy inferiores a ella. Amaya, una novata en el arte del camuflaje, fue percibida por las mujeres Noz'Dingard ...

Ellos son los amos de lo invisible. Los Combatientes de Zil hace tiempo que asechaban a los Enviados y Kotoba. Habían identificado a sus víctimas. Pero sin embargo, Télendar no era un hombre que actuaba sin tener todas las cartas en mano.

- Soriek, Ergue, Enfurecida, vayan al bosque y eliminen a todo aquel que encuentren.

El joven miró a Marlok.

- Si mal no recuerdo, tú sabes manejar los elementos.

- Así es. Pero hace bastante tiempo que no uso mis poderes.

- No me importa. Cumple con lo que te ordeno.

El mago obedeció la orden que le dio su jefe. Se sentó sobre una roca para obtener una mejor visión del entorno y empezó a recitar unos conjuros mágicos. Rápidamente las nubes se amontonaron sobre el lugar donde impactó la piedra que cayo del cielo. Luego el viento comenzó a azotar la llanura y el Bosque de los Murmullos. Marlok se esforzó por continuar, pero por desgracia no tuvo éxito en la creación de la tormenta y esta escapo de su control, desatando una fuerza devastadora. Los rayos rasgaban el cielo y aparecían tornados por todas partes. El mago Zil estaba avergonzado, mientras que Télendar se regocijaba de gracia por la oportunidad que este fracaso le brindaba.

- Ahora Combatientes de Zil, maten, maten a todos!

Enfrentamientos

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Mientras que la tormenta resonaba aun más fuerte, el Bosque de los Murmullos era testigo del comienzo de las hostilidades entre los distintos gremios que habían llegado al lugar donde yacía la piedra caída del cielo. Los Enviados observaban frente suyo a los Rastreadores de Xzia. Cada uno de ellos ponía en manifiesto las fortalezas de la parte contraria. En ese momento, los Rastreadores llevaban la delantera sobre sus oponentes. El camuflaje no permitía que las Brujas y el caballero lograran alcanzarlos. Hasta que un evento inesperado interrumpió la batalla...

Amaya bordeaba un árbol, al mismo tiempo que esquivaba la hoja de una espada recién desenvainada. Hallándose a pocos pasos de Moira quien con su espíritu ejecutaba un hechizo: obligándola a tomar una decisión crucial. Entonces Amaya se abalanzo sobre su victima, al mismo tiempo que sentía un alambre sobre su tobillo. En ese instante se percato de que era demasiado tarde y una red muy bien escondida debajo de las hojas secas se cerró sobre ella. El ruido alertó a Moira.

- Perfecto, eh aquí un ratón atrapado en una trampa!

- Eh me hechizaste, maldita bruja! gruño a su captor.

- Pero no fui yo quien...

La Bruja se detuvo bruscamente al oír el sonido de unos pasos apresurados. Se dio vuelta y vio a su hermana correr en su dirección.

- Muévete ahora! -gritó a su hermana. Eglantyne había caído encima suyo, con el sable en su mano.

Tsuro, al mirar a su joven estudiante sabia que no podía dejarla en esa situación. Aprovechando la confusión de la batalla, dio la vuelta y trepo al árbol de donde sujetaba la red. El anciano Rastreador recorrió silenciosamente las ramas encontrándose cara a cara con una criatura verde que lo miraba con los ojos bien abiertos.

- SSSSSSSS No me toques mosca fea o te haré volar lejos!

Tsuro salto a la vez que lanzaba una violenta patada la cual logro hacer caer a Enfurecida quien aterrizo sobre sus patas de reptil sin lastimarse. El Rastreador corto la soga mientras daba un giro hacia el suelo encontrándose nuevamente con Enfurecida.

- No sé quién serás, pero tendrás graves problemas.

Enfurecida no respondió porque estaba planificando un golpe. Ella lo distraía el tiempo necesario para que Ergue pudiera darle un veloz y poderoso golpe. Confiándose que un perro viejo no aprende trucos nuevos. Pero por suerte, Amaya se libero y saltó sobre Enfurecida a la vez que Ergue entraba en acción, sin poder evitar que el mismo continuara con su plan. El cazador tiró su extraña arma circular pero justo a tiempo el Rastreador pudo esquivarla.

Eglantyne y Moira se levantaron. Después de su caída se habían quedado escondidas en un matorral. De pronto unos ruidos estremecedores empezaron a sonar y una enorme criatura de piel azul apareció. Soriek se precipitó sobre las dos hermanas. Eglantyne contraataco con un ataque rápido, pero la criatura detuvo todos los golpes de su oponente. Sin embargo, de la nada, apareció Aez blandiendo su sable para proteger a sus aliados y deshacerse de Soriek...

Ejecución

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Mientras los primeros enfrentamientos tenían lugar en la frontera entre la Tumba de los Ancestros, la Draconia y los Siete Reinos, desde hace algún tiempo la Dama Jeanne había sido enviada para cumplir una misión al Templo de Precades. Al igual que el convento, el albergue y el hospital, ese templo era constantemente frecuentado por viajeros o nativos de la zona a quienes se les brindaba atención médica, o simplemente, un lugar donde pasar la noche antes de continuar con su viaje. De hecho, las sacerdotisas de Precades eran conocidas por su inquebrantable fe en su divinidad: la diosa Mera. La joven había crecido en este lugar, amada por sus hermanas, siguiendo su destino, el cual siempre fue ayudar a su prójimo. Había encontrado su sitio en este mundo, el cual a veces era hostil...

- Jeanne...

La joven estaba orando en una pequeña bóveda en la cual le gustaba refugiarse de vez en cuando. La voz provenía de una mujer. Era suave y cálida, pero totalmente irreal. Su pulso se acelero al sentir que su presencia le resultaba familiar, aunque Mera nunca se había aparecido en la vida de sus siervos. No se movió ni un centímetro por temor a que la presencia desapareciera.

- Jeanne... Yo soy aquello por lo que tu vida siente gran interés...

Esta revelación estremeció el corazón de la joven, las lágrimas rodaron por sus mejillas enrojecidas por las emociones que estaba sintiendo. Se había quedado sin palabras.

- Jeanne... espera pacientemente a la prueba que se producirá en el lugar donde cayó la piedra. Y no te olvides de que siempre estaré con ustedes.

Dio las gracias al cielo por esta demostración. Pero la Dama Jeanne no esperaba que ese momento terminara tan abruptamente...

- ¡Adiós! La voz del Traquemage sonaba extraña, alterada a causa de la mascara que portaba.

La pobre mujer paso de la intensa dicha que le provocaba la conexión con su diosa al temor que le provocaba el Traquemage, famoso por su reputación de haber cometido durante muchos años asesinatos fugases y espectaculares. Apretó el gatillo, pero el resultado no fue el que esperaba. Un fino velo de luz rodeo la figura de Jeanne, y el proyectil disparado por el arma reboto sobre el escudo que la protegía, volviéndose sobre el atacante impactando sobre su hombro.

Las reglas de los Traquemages eran estrictas, si alguna vez un procedimiento fracasaba, el único camino a seguir era la retirada. Fue un accidente que llamo la atención de los peregrinos que pasaban empeorando aun mas la situación del Traquemage. Las pocas personas que alguna vez conoció estaban muertas o prontas a estarlo.

- Síguelo, Jeanne!

La voz de Mera sonó en su cabeza. Al no ser muy ágil, corrió como pudo fuera del templo. Los presentes se dieron cuenta enseguida de lo que sucedía, porque por encima de la niña continuaba brillando el halo divino. Le hicieron una seña y le mostraron el camino que por el que se dirigía el asesino. Dentro de ella todo era confusión. Muchas preguntas la amedrentaban, mezcladas con el entusiasmo y el miedo. El camino era fácil de seguir. Habían muchos rastros de sangre que la llevaron hacia la Tumba de los Ancestros. A la distancia, la tormenta causada por Marlok derramaba toda su ira y, por desgracia para Dama Jeanne, el Traquemage se dirigía directamente a esa dirección.

La lesión de este último parecía más grave de lo que había pensado.

- Tengo que encontrar a alguien, para que me ayude a detener el sangrado y disipar esta maldita teúrgia que me rodea...

Su traje había sido quemado en su hombro derecho y parte de su casco se había roto, dejando escapar un largo cabello, castaño...

Venganza

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Los sucesos fueron suficientes para que se desembocara una batalla entre los Envidados de Noz'Dingard y la Kotoba. La tormenta había servido como pretexto para que ambas partes se acusaran mutuamente. En poco tiempo el campamento draconiano había sido arrasado por un rencor centenario. Pero a medida que la batalla avanzaba, el Profeta estaba aun mas seguro de que la tormenta no había sido provocada por los extranjeros de Xzia, es mas, la magia utilizada se parecía a la ejecutada por los aprendices Noz'Dingard. Entonces decidió poner fin a la intemperie y así lograr que la magia de Dragón ya no pudiera ser interrumpida. La lluvia se detuvo, el viento cesó, y la magia incontrolable desapareció.

Fue en ese preciso momento que Aku tuvo la oportunidad de liberar el sello que restringía su magnifico poder. El delgado papel que bloqueaba la magia de Aku fue arrancada mientras convertía en cenizas. De inmediato convocó a Akujin quien maulló de placer por el reencuentro. Y por una buena razón, el “Buscafallas” tenía el control sobre Aku desde el momento en que sus caminos se cruzaron por primera vez.

- Ahora somos libres, expreso aliviadamente el joven.

- ¿Eso crees?

Aku reconoció de inmediato la voz de su antiguo maestro. Toran había llegado antes que él, y se mantuvo mirándolo fijamente con ojos llenos de venganza. En una fracción de segundos, profesor y alumno se enfrentaron, iniciando Akujin el duelo, lo que obligaba a Aku a unírsele y convertirse en Akutsaï. Toran había esperado ese momento durante años. Al fin vengaría a su seres queridos asesinados por su ignorancia y arrogancia. Los tatuajes del anciano comenzaron a emerger de su cuerpo dándole un aspecto espectral. Ambos Tsoutaïs se lanzaron golpes uno contra el otro, desencadenando una gran batalla que los llevo hasta la Tumba de los Ancestros. Aunque Akutsaï no había podido derrotar a su amo, el hecho de ser dos “Buscafallas” lo convirtió en un adversario a su altura. Sin contar a los Rastreadores de Xzia, nadie le había provocado jamás estas dificultades y mucho menos aun un Tsoutaï. Akutsaï se escondió en las ruinas de la Tumba de los Ancestros, una antigua ciudad del Imperio a la cual los horrores de la guerra habían devastado por completo. Toran tenía todo planeado. Su plan era impecable y su venganza implacable. Poco a poco logró que su antiguo alumno lo siguiera hacia donde el quería. Tenía preparado un ritual Tsoutai antiguo que le habría servido anteriormente para derrotar a Akujin. Todo sucedió de maravillas. Llevaba varios años entrenándose para esta confrontación, logrando superar al máximo las artes antiguas Tsoutaïs. Los archienemigos se encontraron en el centro de la aldea en ruinas. La noche caía lentamente y ya habían transcurrido varias horas. Toran hizo creer a su antiguo alumno que ya no podía seguir, arrodillándose a pocos metros.

- Jajajaja! El poderoso Toran rendido a mis pies. ¿Qué se siente saber que pronto te unirás a tus amigos? ¿Te sientes libre?

Toran entrecerró los ojos y miró fijamente a Akutsaï.

- Libre? Sí, pronto. Pero será precisamente Aku quien será liberado.

Cuando la noche cubría su manto de oscuridad sobre la Tumba de los Ancestros, aparecieron alrededor de los dos Tsoutaïs, unos espectros pálidos como fantasmas.

- Los reconoces? Vienen por ti Akujin, y también vinieron a darme la fuerza necesaria para cumplir mi mayor anhelo. Debido a tu ira y al control que ejerces sobre Aku, necesitas concentrarte más. Mira debajo de ti.

Akutsaï admitió que efectivamente reconocía los espectros y eran los mismos que el asesino hace años. La tierra comenzó a brillar formando diseños complejos. No tuvo tiempo de preguntar más. Ambos “Buscafallas” amedrentaron sus colmillos en los brazos del maestro, uno a cada lado. Seguido Toran comenzó el ritual de oraciones y cantos antiguos. La magia inmovilizó a Akutsaï quien comenzó a sentir un intenso dolor. Luego los Buscafallas lanzaron un disparo como queriendo romper una hoja de papel. El dolor era demasiado fuerte. Terminó por comprender lo que estaba sucediendo. Al cabo de unos minutos, las dos entidades se separaron nuevamente. Aku cayó al suelo, inconsciente. Respecto a Akujin, se encontraba luchando contra las influencias de Toran.

- Akujin, te voy a desterrar de estas tierras. Si bien no podré matarte, te encerraré para siempre. Y romperé la influencia que tienes sobre Aku.

El anciano desenrollo un pergamino el cual contenía miles de símbolos escritos. El mismo empezó a emitir un brillo rojizo. Akujin desapareció, absorbido por el pergamino. Toran se reverenció ante los fantasmas quienes formaban un circulo a su alrededor.

- Gracias, por fin podrán descansar en paz ahora que fueron vengados.

El Monstruo

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Los combates estaban a flor de piel dentro del Bosque de los Murmullos. Ergue y sus secuaces se encontraban en jaque por sus adversarios Tsuro, Amaya, Eglantyne y Moira. El viento arrancaba las hojas y ramas de los árboles, lo que reducía notablemente la visibilidad de los combatientes.

Acorralados los Combatientes de Zil, sus estrategias ya no se basaban en la sorpresa, pero sí en la asombrosa capacidad del cazador. Ergue tomo una bolsa de cuero y apresuradamente desato la cuerda desgastada por el tiempo. Introdujo su mano y saco un polvo blanco el cual en contacto con el aire formó una espesa niebla, la cual comenzó a extenderse por cuanto lugar encontrara.

En ese momento, el viento cesó y apareció el sol, atravesando sus rayos por entre las copas de los árboles. Pronto, la niebla se levantó, lo que dificulto la visibilidad de los Rastreadores y las Brujas quienes no paraban de buscar a sus oponentes. Mientras tanto, Ergue comenzó una especie de ritual, recitando unos sonidos exóticos. El era uno de los pocos que conocían el secreto que guardaban los habitantes de una isla remota. Se escucharon sonidos de tambores, los cuales comenzaban lentamente pero a medida que pasaba el tiempo se tornaban más y más rápidos.

Moira y Eglantyne presentían que algo anormal estaba sucediendo. Una extraña magia estaba en proceso y eso no les agradaba para nada. En cuanto apareció la niebla los Rastreadores adoptaron una formación de combate, mientras reemplazaron su lengua natal por signos. Obviamente, también sospechaban de un truco por parte de sus oponentes. Y tenían razón. Ergue, lejos de la mirada de sus enemigos se encontraba realizando una particular danza. Soriek y Enfurecida no movían ni un pelo mientras el cazador daba vueltas a su alrededor. Fue entonces cuando la niebla regresó al mismo lugar del cual había salido, y los que estaban atentos escucharon palabras en un dialecto muy primitivo. A continuación, la misma se centro alrededor de los Combatientes de Zil, haciéndolos invisibles a los observadores externos. Finalmente, desapareció y en lugar de los tres secuaces había un monstruo, un híbrido perfecto, un coloso gigante de piel azul en algunas zonas, y verde en otras, con un cuerno afilado que se asemejaba al mismo que portaba Soriek.

- Y ahora que empiece el espectáculo! -Exclamó la cosa con una mezcla de tres voces. La misma saltó, arrancando árboles como si fueran simples ramitas. Sus oponentes solo oyeron el crujido de ramas rotas.

- Prepárate, lo que se acerca es poderoso. Amaya, Kaidan!

La joven miró a su amo y reacciono asombrada. Una máscara atemorizante de color rojo apareció en su mano. Instintivamente se la puso sobre la cara, para luego desaparecer.

Las Brujas también reaccionaron con rapidez. Moira se puso delante de su hermana y comenzó a lanzar conjuros sobre su arma. Mientras que su hermana, empezó una especie de oración.

- Oh Dragón, concédele a tus siervas el poder necesario para ganar. Que el espíritu de mi hermana y el mío entren en armonía.

Fue entonces cuando la criatura llegó hasta donde se encontraban. El monstruo se detuvo en seco frente a su pequeño público.

- ¡Jajajaja! Deberían haber escapado mientras podían! Ahora están perdidos!

- Es lo que piensas! Exclamo Tsuro. A la vez que aparecía una mascara en su mano. El rastreador se la equipó para luego precipitarse hacia al criatura.

La batalla comenzó, pero esta vez la intensidad era muy diferente! Lo que hasta entonces había sido una simple escaramuza se convirtió en una verdadera batalla, donde las vidas estaban en juego. El pulso sanguíneo se les acelero. La ofensiva de la abominación era formidable. Los golpes lanzados por Tsuro y Moira parecían picaduras de mosquitos. Pronto, el monstruo llevó la delantera. Moira, le hacia frente pero se estaba quedando sin aliento. Tsuro había sido enviado por su entrenamiento en las artes de Rastreador, pero por desgracia su especialidad se basaba en la neutralización de Magos, no en el enfrentamiento contra monstruos.

Unos minutos más tarde los protagonistas estaban al borde del colapso. Heridos y fatigados, con la voluntad a punto de desvanecerse.

- Eglantyne... lo conseguiste???!! Está a punto de vencernos! Moira sentía una energía familiar, era la del Dragón. Sus heridas se cerraron nuevamente. Su voluntad y coraje para enfrentarse a esta abominación revivieron. Eglantyne se apoyó junto a su hermana y un dragón de humo azul las rodeó a su alrededor. Sus espadas brillaron con una luz azul y se volvieron tan ligeras como una pluma. Las damas se lanzaron sobre el monstruo quien gritó con cada sable.

Por su parte, Amaya también había terminado su preparación. Grabó en los árboles cercanos símbolos de Rastreador. Hizo un gesto a su amo y éste se ubico en posición de ataque. Un ideograma que formaba un círculo apareció bajo sus pies. El símbolo parpadeó unos segundos y luego desapareció de repente. El viejo golpeó la abominación a una velocidad increíble. Cada golpe lo hizo volar. Eglantyne tomó al monstruo por el pie, y se lo lanzó al Rastreador quien lo esquivó. Moira empujó su sable en la espalda del monstruo quien gritó de dolor. Entonces Tsuro aprovechó para utilizar una técnica que heredó de los grandes maestros de su familia. Durante la oración tocó muchos puntos los cuales lograrían que la criatura se constituyera en la forma de un humano normal. Y, milagrosamente, funcionó. La abominación cayó en el suelo, una niebla blanca salió de ella, y reaparecieron en su lugar los tres Combatientes de Zil...

La muerte del Profeta capitulo 1

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La noche cubría con su manto de oscuridad la Tumba de los Ancestros. Los Enviados de Noz'Dingard y la Kotoba continuaban sus caminos por separado. El arte ancestral en el manejo de armas había igualado a la magia. El combate duró todo el día. Ahora, la calma regresaba a la región. O casi. Porque en la sombra un plan se estaba tramando...

Las palabras daban vueltas con fuerza en la cabeza de Télendar y sus secuaces. La orden era simple: asesinar al Profeta. El misterioso hombre no hacia elecciones libradas al azar, sin remordimientos seleccionaba sus victimas, y era un especialista en los asesinatos por la espalda. El jefe de los Combatientes de Zil había asesinado muchas veces, sin disimular el placer que sentía en cada oportunidad.

Esta vez el plan era simple: dividirse para dar un golpe certero. La primera parte se realizó con éxito. Ergue, Enfurecida y Soriek fueron enviados para crear una distracción. Mientras tanto, Télendar tuvo la oportunidad de analizar con precisión a sus enemigos y descubrir todas sus debilidades. La Kotoba no sería un peligro por estar alejados de la escena del crimen, prefiriendo Gakyusha montar un campamento al otro lado de la piedra caída del cielo.

- Querida mía, esto será muy divertido. Entusiasmada Silene sonreía a su hermana.

- Ya me estoy aburriendo de tanto esperar. Télendar nos prometió acción.

El joven se rascó la parte de atrás de su cabeza.

- Ah? Les dije que.... Sí, tienes razón. Si todo sale de acuerdo a mis planes esta noche será una gran noche para los Combatientes de Zil. Vamos a demostrarle a todos quienes somos y que valemos mucho mas que esos gremios falsos! No se olviden que deben llamar la atención durante todo el tiempo que necesite para llevar a cabo mi tarea. Marlok esta a punto de lanzar su ataque.

Las dos Guémelianas respondieron al unísono un "Sí jefe!" que rebosaba de alegría. Télendar pronto desapareció entre las nubes de humo. Las hermanas, por su parte, empezaron a correr hacia el campamento de los Enviados.

Estos se refugiaron en lo que quedaba de su campamento, en parte socavado por la tormenta. Las telas de las tiendas ondeaban en el viento y la mayoría de sus pertenencias se encontraban diseminadas en el barro.

El joven Pilkim empezaba a recoger sus preciados pergaminos. Aunque él figuraba desde hace poco entre los miembros del gremio gracias a sus increíbles poderes mágicos, sin embargo no dejaba de ser un joven estudiante y esa misma juventud era su mayor debilidad. Siguió los pergaminos que habían volado fuera del campamento. De hecho no era consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor, por encontrarse perdido en sus pensamientos. Finalmente se golpeo contra una roca.

- Auchhhhhh! Cayó sorprendido. ¿Quién me puso esto ...

Se detuvo cuando vio lo que realmente era. Un enorme golem de cristal, viejo y sucio.

- Wow! Esgrimió Pilkim extasiado ¡Un golem ... de cristal ...

El muchacho se puso inmediatamente en guardia, presintiendo que algo andaba mal. Y por una buena razón. Escucho una voz detrás de él.

- Hola pequeño, ¿Te perdiste?

Pilkim se dio vuelta y encontró a alguien cuya reputación presidía: Marlok, el traidor. Inmediatamente, el joven mago lanzo un hechizo formando una barricada glacial para detener a Marlon y su golem, antes de huir sin esperar respuesta.

Gritó tratando de gesticular lo mejor posible para que todos los Enviados puedan entenderte.

- AAAAHHH MARLLOOOOKKKK!

En ese preciso momento Silene y Selene hicieron su entrada para sorpresa general, seguidas de cerca por Marlok y su Golem. Se produjo el efecto esperado, el caos total reinó en el campamento! La rabia de las hermanas y el poder del mago exiliado desorganizaron las tropas draconianas. Anryéna vio a su antiguo aprendiz y rápidamente arremetió contra él para ponerlo en su lugar. El mago zil al ver a la descendiente de Dragón que venía hacia donde se encontraba retrocedió lentamente, teniendo en cuenta que el objetivo era mantenerlos alejados de la zona clave.

Por su lado, las hermanas se encontraban luchando contra Aerouant, Pilkim y Alishk. Los hechizos venían de todas partes sin llegar a tocar a las Guémelianas, acostumbradas a enfrentar a los magos. El campamento que acababa de ordenarse quedo nuevamente destruido, esta vez sumando las llamas devastadoras. Tras un breve debate, los magos de Noz'Dingard se organizaron y tomaron la delantera, siendo la oportunidad perfecta para que Silene y Selene decidieran condimentar con un poco de sabor la lucha. Desde sus inicios, estas dos tenían la habilidad de transformarse en una única criatura: Sombrosa. La sorpresa fue tan grande como el tamaño de esta formidable entidad. La misma tenía apariencia de una serpiente con un busto de mujer y cuatro brazos. El jefe de los Zil, por su parte, se había acercado a su presa después del ataque. Diestramente se rascaba la espalda, no para herir, sino para atraer su atención. Una vez logrado el objetivo, el asesino Zil se alejo para atrapar al Profeta en sus redes.

- Obviamente, el buitre no está muy lejos! Reconozco muy bien la bajeza de un Zil!

El merodeador contestó solamente con un ataque rápido y luego se alejó. Esto enfadó un poco al mago Noz quien comenzó a lanzar poderosos hechizos. Télendar esquivo todos los ataques, siempre de cara al oponente. Este pequeño juego duró el tiempo necesario para llevar a cabo su trampa. En poco tiempo ocurriría una de las tragedias que cambiarían para siempre el destino de los Combatientes de Zil y de los Enviados de Noz'dingard.

- ¡Estas terminado, como la rata que eres! Expreso orgullosamente el Profeta.

- ¿Eso crees? la sangre de Dragón que fluye a través de ti te llena de orgullo...

La voz provenía de alguien que apareció en la escena, vestido de negro.

- ¡Tú! El mago gritó enojado, yo pensaba que la gente como tu había desaparecido para siempre.

- Nunca debes decir nunca...

El extraño dejó caer una gema y Telender la tomo rápidamente. El Profeta abrió grandes sus ojos al ver esa cosa.

- Veo que has comprendido, mitad dragón, que la muerte es tu única salida.

Télendar atacó con toda su fuerza. El Profeta contraatacó con sus hechizos de relámpago más poderosos, pero a su oponente lo protegía la gema colgada alrededor de su cuello. Luego llegó el trágico momento en el que las garras del Merodeador se hundieron en el pecho del mago. Y la sangre empezó a correr...

La muerte del Profeta capitulo 2

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Bajo la mirada del desconocido, Télendar arrojó el cuerpo del profeta al suelo y lo mato atravesando su garganta con sus garras. Así pereció el Profeta.

- Antes eras un oponente más valiente. Se jactaba el desconocido.

Dragón sintió la repentina ruptura entre él y su Profeta, hiriéndolo profundamente. Todos los Enviados de Noz'Dingard sabían que algo grave había sucedido. El pensamiento semi-colectivo les advirtió a todos sobre la desaparición de su líder. Anréya fue la primera en reaccionar. Su primer sentimiento no fue tristeza, sino ira.

- ¿Qué le hiciste maldito Zil???!!!! Gritó enojada. ¿Qué le hiciste??!!

Su aspecto cambio. Sus rasgos humanos se convirtieron en reptiles. En su parte superior un par de alas traspasaron su vestimenta. Inmediatamente Kounok se transformo en un Dragón gigante, también inmerso en una ira sin igual.

- Van a pagar! Esgrimió antes de arremeter contra Sombrosa, seguido por Pilkim cuyas lágrimas fluían de él sin poder evitarlo.

Aerouant necesitó un poco de tiempo para recuperarse. Además de los lazos filiales, él estaba vinculado a su padre porque se asemejaban enormemente. Fue él quien lo había iniciado en la Magia de Dragón y sobre todo en la cristalomancia, donde se destacó. Su corazón se partió cuando, después de una rápida mirada a su alrededor, no vio al Profeta. Todo esto no era un sueño. Y luego… explotó. Utilizando toda la magia que le impregnaba, solo quería estar con su padre. La voz ancestral de Dragón sonó en su cabeza: “Terminó”.

De pronto se encontró en la escena del crimen. El Profeta estaba tendido sin vida. Se acercó y con todo el amor que sentía por él lo tomo entre sus brazos. No pudo contener las lágrimas.

- Pero que sorpresa, el hijo se unió a su padre. Se rió entre dientes Télendar.

- Desháganse de esta molestia, ordenó el desconocido.

El joven no dijo nada y se quedó mirando fijamente al asesino. Repentinamente él descargó su ira en un ataque explosivo. Unos cristales aparecieron en las manos del mago, y una armadura protegía su cuerpo. Télendar se sorprendió por esto. La “piedra-corazón” negra lo protegía de los hechizos que le lanzaba. El mago Noz'Dingard era muy diferente del Profeta. Por su lado, Aerouant tenía una sola cosa en mente: hacer morder el polvo a la vil criatura. Pero el maldito sabía luchar y no le pudo sacar ventaja. El joven vio la piedra sujetada a una cuerda que colgaba alrededor del cuello de Télendar, y todo quedó claro. Una piedra-corazón negra! Él nunca la había visto, pero gracias a su talento cristalomanciano podría hacer algo al respecto. Reunió todo su poder. Unos cristales gigantes hicieron temblar la tierra y se escuchó un sonido ensordecedor. Télendar sabía que su oponente estaba preparando algo contra lo que no podría enfrentarse. El extraño que anteriormente observaba con una sonrisa, ahora la había perdido y en su lugar poseía una mueca de preocupación.

Aerouant era un especialista con los cristales y las piedras-corazón. La de Télendar estaba visiblemente corrompida y tenía que retirarla. La barrera cristalina protegía a Aerouant. La magia contenida en los cristales los desintegró y ahora se concentraba en la piedra-corazón negra. El jefe de los Zil aullaba de dolor como si la piedra fuese en verdad su corazón.

- Te liberare de la influencia de la piedra y pagarás por tu asesinato!

El desconocido se abalanzó sobre Télendar y le arrebató la piedra-corazón de las manos. Con la parte posterior de su mano libre, realizo unos hechizos de sombra sumergiéndolos rápidamente en una oscuridad impenetrable. Poco después, la oscuridad se dispersó. Para desgracia de Aerouant, sus rivales ya no se encontraban allí.

- Cobardes! Los Enviados los encontraremos donde sea que estén!

Los enemigos habían partido, y la cólera dio lugar a la tristeza. Anryéna, que acababa de llegar después de perseguir a Sombrosa, se inclinó sobre el cuerpo de su hijo y le acarició la cabeza con cariño.

- Hijo mío te llevare con Dragón, tu mente y tu cuerpo serán uno con él. Aerouant, es tiempo de que un nuevo profeta sea anunciado, tu estarás a la cabeza de los Enviados.

Un halo de luz azul se esparció por su alrededor, luego desapareció, dejando a los Enviados de Noz'Dingard como líder a un Aerouant plagado por la tristeza, la ira y la duda.

En la distancia, Tsuro y Amaya había seguido en silencio toda la escena y llevaron su informe al Señor Imperial.

- Señor, el Jefe de los Enviados de Noz'Dingard está muerto, fue asesinado por un villano Zil.

Gakyusha tomó un sorbo de alcohol xziarite con un rostro pensativo.

- Los Enviados no tienen líder, por lo tanto podemos considerar que la piedra nos pertenece. Pero me entristece que el Profeta esté muerto, y por una traición. Honremos su memoria porque fue un digno rival.

Crónica del Rey

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Yo soy Aez, alguna vez fui el príncipe de Avalonia, y hoy soy Rey. Pero, durante un tiempo, yo vagaba como un alma perdida, preso de una infinita sed de venganza.

Como ya lo eh dicho, yo soy el primer hijo de Mirion y estaba destinado a sucederlo cuando llegara el momento. Por desgracia, un acontecimiento trágico me impidió acceder al trono. Hace unos años, al igual que todos los príncipes de los Siete Reinos, tuve que quedarme durante 2 años dentro de una de las familias reales. Por eso decidí realizar ese aprendizaje en Valdoria con quienes siempre mantuvimos una excelente relación. Nuestros respectivos padres me habían prometido a Marie, su hija menor. Nada podría ser mejor que eso. Yo era prácticamente parte de su familia y el conocimiento adquirido era invaluable para mi futuro reinado.

Pero ocurrió un día fatídico. Mientras me entrenaba en el patio del castillo, un mensajero arribó al galope. El portaba la armadura de mi familia y, además, llevaba un manto negro, en señal de duelo. ¿Su arribo significaba que algo había sucedido en mi reino? El valiente hombre no me dijo nada y se precipito directamente a la sala del trono.

Poco tiempo después, Marie vino corriendo hacia mí, con lágrimas en sus ojos.

_ Aez…El rey de Avalonia…tu padre.

Hizo una pausa, sus lágrimas no paraban.

_ ¿Y bien? ¡Habla! ¿Es algo malo? Le dije con el corazón palpitándome.

_ Se unió a sus ancestros…

Esas palabras fueron como una puñalada en el centro de mi pecho.

Partí inmediatamente hacia Avalonia a fin de conocer más sobre ese acontecimiento. Mi madre me esperaba en la tumba, con tristeza en su rostro. Entonces me contó que mi padre recibió en nuestro hogar a unos Xziriartes que estaban de pasada, de los cuales uno insultó al propio Rey en persona. Por lo que tuvo que enfrentarse al joven guerrero, quien lo derrotó y debido a su avanzada edad no logro sobrevivir a la batalla. Luego el ganador tendría el derecho de demandarle al perdedor la espada de los 5 Ancestros. Y de esta forma los Xziriartes se apoderaron de la preciada espada.

En efecto, según la costumbre, para convertirse en el Rey de Avalonia era imprescindible blandir la espada de los 5 Ancestros, la cual había sido forjada hace dos siglos atrás por el primero de nuestros reyes. Sin ella, era imposible cumplir mi destino. Emprendí una cruzada para recuperarla, dejando a cargo a mi madre quien fue la nueva regente. Tenia el deber de viajar por todo el mundo en búsqueda de lo que por derecho me correspondía.

Tres largos años pasaron, tres años deambulando tras pistas que no conducían a ningún lado. ¿Quienes eran estos Xziriartes? Recorrí gran parte del Imperio sin que nadie oyese nunca sobre la espada de los 5 Ancestros. Hasta que abandoné el Imperio y me dirigí hacia donde se encontraba la piedra que cayó del cielo.

Allí había estallado un conflicto entre varios clanes. Nunca presté atención a estos grupos, hasta ahora. Pero, no se si fue por casualidad o porque el momento de mi venganza se había acercado, encontré al ladron de la espada. Pero, sorprendentemente se trataba de un joven de tan solo 15 años. Como había logrado derrotar a mi padre? Lo observe durante unos días y entonces lo comprendí. Su talento en el manejo de las armas era impresionante. ¡Yo mismo lo venceré! El destino es implacable por ponerme a la cacería de Iro! Además, no se encontraba solo. Estaba rodeado de guerreros, y mi fe, parecía tan desalentadora frente a la de ellos. Sin embargo, como no soy ningún cobarde, me presente frente a su jefe y desafié a Iro. Pero el combate fue corto, yo era muy lento a causa de mi pesada armadura, la cual maldije a más no poder. No hablare de esta vergonzosa derrota.

Estaba desesperado, Avalonia se había convertido en una tierra abierta al Gran Torneo. Fue entonces cuando conocí a una persona que me permitió llegar a ser lo que soy hoy. Siempre recordare esa conversación.

_ Hay un tiempo para todo. Un tiempo para la tristeza, un tiempo para actuar y un tiempo para la venganza.

Era un extraño señor de contextura pequeña, sentado sobre un objeto que flotaba sobre el suelo.

- ¿Quien es usted? Le dije. Parece que no se dio cuenta de que es inoportuno.

_ Si me di cuenta. Y se que es lo que te molesta y como restaurar tu honor.

Al oír estas palabras, hizo un gesto y me dio un objeto redondo con agujas.

- ¿Que es?

- Esto te permitirá obtener lo que buscas. Tendrás que ser inteligente y pensar cuidadosamente sobre lo que haces. Explota las debilidades de tu enemigo.

-¿Porque haces todo esto por mi? No te conozco.

Lo se bien. Mejor digamos que no nos conocemos aun. ¡En fin continuemos! Será a cambio de que un día volveré y te preguntare algo muy importante. Entonces recordaras la deuda que tienes conmigo y responderás.

Todo era muy misterioso. Ya había visto cosas singulares, pero esto superaba a todas. Se me había ofrecido la oportunidad de probarme a mi mismo. Y la acepté.

Inmediatamente las agujas del reloj empezaron a girar a toda velocidad, al igual que todo a mí alrededor. Cuando recupere la conciencia, ya no me encontraba en el mismo lugar, pero para mi sorpresa me encontraba en una gran ciudad Xziriarte llamada Méragi que se había vuelto la capital imperial. ¿Por qué me envió aquí? Ciertamente mi oponente venia de este sitio, pero se encontraba a miles de kilómetros de distancia. Entonces vi a una multitud de personas que parecían estar celebrando algo. Les pregunté acerca del festejo. Era sobre la travesía de Iro, el campeón del Emperador, quien había vuelto a superar a un gran oponente. Miré para todos lados para ver si se trataba del mismo Iro, y de hecho era él. Pero su aspecto había cambiado. Ahora parecía mucho mayor que yo. ¡Imposible!

Traté de comprender la situación. Por el aspecto de Méragi, probablemente me encontraba en el futuro. Y ahora, ¿que es lo que haré? Buscare información sobre Iro, porque después de todo no sabia nada acerca de él y la información que me aportó la gente me permitiría preparar mi venganza.

Unos días mas tarde, por fin tenía un plan. Así que me dirigí al palacio y me detuve frente a los guardias.

- Yo, Aez príncipe de Avalonia, desafío a Iro, el campeón de su majestad el Emperador de Xzia.

Los guardias se sorprendieron. Entonces uno de ellos se dirigió a la derecha. Un poco mas tarde, un hombre, posiblemente un empleado, vino a buscarme y me llevó a una gran habitación que reconocí como la sala del trono. Sin embargo, me percaté de un hecho curioso. Los muros estaba cubiertos con muchas armas colgadas, principalmente espadas. Por un instante, mi corazón se detuvo cuando vi la espada de mis ancestros. Allí, y bajo ella, me esperaba Iro. Estábamos rodeados de cortesanos que se burlaban de mi, condenándome a una rápida derrota. Obviamente el no me reconoció, lo que me favoreció.

- Acepto tu desafío, forastero, y me gustaría ofrecer este triunfo al Emperador. Esto terminara rápido, dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Las personas a su alrededor echaron a reír. Debido a que soy desafiado, elegiré la espada que portaré en el duelo.

- Como no tengo espada, entonces puedo elegir una de ellas, le dije señalando las paredes.

- Me parece bien, pero no te hará ganar, estas espadas son de aquellos que perdieron ante mi.

Una vez ahí, sin más preámbulos, me trajo la espada de los 5 Ancestros. Esta tradición significo una gran felicidad para mí. Los ancestros estaban ahí, habían estado esperándome. “Véngate” me dijeron al oído. ¡“Hazme justicia, hijo mío”!. Era la voz que no volvía a escuchar desde hace varios años.

Llenos de confianza, los valientes guerreros nos permitieron presenciar un gran espectáculo. Iro, por su parte, lucharía sin armadura, solo con dos sables. El se abalanzó con destreza, pero esta vez la situación era diferente. Ya conocía algunos de sus golpes y, sobre todo, tenia la espada. Detuve todos sus ataques, era una roca impenetrable. Pero por su lado, previno mis pocos ataques.

- ¿Que tenemos acá? ¡Un adversario a mi altura!

A continuación, cambió de posición y ubicó sus dos sables en forma paralela. Uno que apuntaba hacia mí y el segundo en la dirección contraria. ¡Una técnica de combate! La detuve con todas mis fuerzas, murmurando oraciones a mis ancestros. La espada comenzó a emitir un resplandor verde, luego lanzó destellos del mismo color. Iro se precipito sobre mí, y yo gire a la vez que gritaba con toda la rabia que tenía contenida. Una gran luz verde cegó a todo el mundo, y cuando nuestros ojos se recuperaban se veía como Iro caía al suelo. Mi escudo estaba partido a la mitad. Pero una de sus espadas yacía rota.

Me volví hacia el y le dije:

- Yo soy Aez, Rey de Avalonia, y tú vivirás para siempre con la vergüenza de esta derrota.

El Sello

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Otro tiempo, otro lugar.

El Rey Gaumatta había muerto, dejando un caos en el Gran Torneo de Yses. A pocos kilómetros de la capital, Guedenot acababa de regresar de recorrer los mercados regionales vendiendo lo poco de sus cultivos que le quedaron después de pagar todos los impuestos. En el camino, luego de tomar un desvío de Moshat, el comerciante escucho un ruido en su carro. En el descubrió a dos criaturas vestidas de harapos, uno mas hambriento que el otro. El comerciante consideraba, que en situaciones extremas, nunca abandonaba a quien lo necesitara, ya sea humano o no, y humanos, estos dos no eran.

- ¿Pero que tenemos acá? Guedenot se dio vuelta para observar mejor lo que sucedía. Vaya, criaturas del bosque, de las que rara vez se ven por aquí. Acérquense así los veo mejor.

Aunque temerosas, las dos criaturas se dejaron ver, descubriendo sus facciones bajo la débil luz del sol de otoño.

- ¡Por todos los santos! ustedes dos parecen pequeños espantapájaros. ¿Cuántos años tienen? ¿De dónde son? ¿Al menos me entienden?

El mayor de ellos era un Hom'chai lleno de miedo, mientras que el otro se trataba de una Elfine, más pequeña que su compañero, llevando un cabello largo hasta la altura de sus frágiles manos.

- Bueno los voy a traer de vuelta a mi casa, no puedo dejarlos así. Se esconderán allá abajo - dijo, señalando a una manta.

Sin darles respiro los arrastro y de dos empujones los metió bajo la lana. El comerciante corrió los pocos kilómetros que lo separan de su pueblo pensando en qué haría con estos dos forasteros. En esa parte del reino la superstición era muy fuerte, y aun más el racismo hacia todo lo que no era humano. A su llegada, la noche había caído sobre las quince casas que componían la aldea de Herberonde. Ubicado en un bosque, los habitantes eran en su mayoría leñadores y cosechadores de Saviamiel. Todo lo que venia del exterior era visto con recelo por temor a que sean mal augurios para la pequeña comunidad.

Guedenot llevó su carro hacia el granero para que los niños se metieran ahí y nadie los viera, escondiéndolos entre los fardos de paja.

- No los abandonaré, volveré, ¿entienden? No salgan del todo.

Los niños acurrucados uno contra el otro, lanzaron miradas hacia su nuevo entorno. El comerciante se fue a su casa donde su esposa y sus dos hijos esperaban con impaciencia su regreso. A su reencuentro, fue recibido con mucha alegría tras haber partido varias semanas atrás. Luego les explicó sobre su encuentro con los forasteros clandestinos anunciando que quería ayudarlos.

- ¡Pero no estas hablando en serio! ¿Te das cuenta de los riesgos que implica?

- ¡Por supuesto que lo sé, pero son niños, Mewëen, niños! Los abandonaras a su suerte?

La mujer de Guedenot vaciló unos segundos, luego rápidamente giró hacia la chimenea. Ella miró a las llamas chispeantes, pensando que era cierto, no podría dejar a los niños, aunque no fuesen humanos.

- Bueno, vamos a ver cómo se ven nuestros huéspedes.

Desde ese día los dos Eltarianos, porque así se llamaban las criaturas del bosque se convirtieron en los nuevos miembros de la familia de Guedenot. Los aldeanos que inicialmente sentían miedo muy rápidamente les ganaron cariño, y el tiempo continuó su curso interminable...



Unos años más tarde.

Las constituciones del Hom'chaï y de la Elfine eran impresionantes. Los dos niños crecieron a una velocidad increíble, la Elfine tenia el tamaño de una adolescente, mientras que el Hom'chaï ya había superado a la mayor parte de los leñadores mas robustos. Como es natural, y de hecho, había encontrado utilidad en ese negocio. En ese tiempo se los llamaba Elaine y Gaherhis, dos nombres típicos de la región de Yses. Habían aprendido las costumbres y el idioma para adaptarse mejor, pero algunas personas parecían que nunca se acercarían o hablarían con ellos. Pero eso no les molestaba, se habían dado cuenta de que, después de todo, no estaban en casa, y probablemente, nunca lo estarían.

Una hermosa mañana de primavera, cuando se preparaban las festividades en honor a una boda, un importante hombre llegó con dos caballeros. Era el Señor de estas tierras, que de vez en cuando inspeccionaba los pueblos. Fue la casualidad que lo llevó allí, y en esa oportunidad encontró a los dos adoptados. La reacción fue inmediata. El Señor estaba furioso porque el pueblo no lo había evitado y por eso castigaría al jefe de la aldea pero Guedenot, Elaine y Gaherhis intervinieron, provocando la reacción de los Caballeros quienes arremetieron contra los Eltarianos. El hom'chaï resultó gravemente herido en la cara, la elfine llena de furia lo mato con su extraño sable color ambar. Este objeto singular crecía en la misma proporción que lo hacia ella, y lo que en un principio era un cuchillo, ahora parecía una bella espada curva. Para su asombro, al contacto con la sangre de su oponente, la hoja se tiño de color rojo.

Todo se convirtió rápidamente en un caos general, con la ayuda de Mewëen, Elaine arrastro a Gaherhis fuera de la aldea para curar sus heridas. Para su desgracia, él quedaría con unas profundas cicatrices para el resto de su vida. En el centro del bosque, el azar tocó a la puerta de los Eltarianos. A dos leguas de los trágicos acontecimientos, un pequeño grupo de acróbatas se habían asentado. Mewëen les imploró cuidar de ellos porque ahora ya no podrían residir en el pueblo.

Y de esta forma se unieron a los combatientes de Zil.



Hoy en día.

Después de la llegada del desconocido, los dos compañeros habían seguido a los demás combatientes Zil. Su naturaleza Eltariana los hacia resistentes a la locura que reinaba a los Zil. Poco antes de la llegada a la Tumba de los Ancestros, decidieron dividir el grupo y rodear los grandes bosques del norte, el cual era uno de los pocos lugares no visitados anteriormente debido a las leyendas sobre criaturas extrañas que allí vivían.

Abyssien les había advertido que su búsqueda podría conducirlos a una decepción. Al crecer en la compañía de los hombres habían adoptado una cultura muy diferente a la que debería haber sido la suya.

Cayó la noche sobre el improvisado campamento, a lo lejos la luz emitida por la piedra caída del cielo apenas iluminaba debido a las nubes bajas. Sangrespada y Sinrostro se sumergieron en sus pensamientos, con sus miradas fijas al vació. De pronto el silencio se vio interrumpido por alguien que se aclaró la garganta. Los Zil se sorprendieron.

- Per... Perdonen que los moleste. Estoy un poco perdida...

Sangrespada examino a la recién llegada y observo lo extraña que era, sobre todo por lo blanco de sus ojos, que sin dudas, demostraban que era ciega.

- ¿Puedo colocarme a su lado y disfrutar de su presencia esta noche?

Esta reunión era un poco irreal, Sangrespada se preguntaba cómo esta persona había llegado hasta allí, sola y ciega.

- Tienes razón en tener tantas preguntas. La verdad es que en nuestra última reunión ustedes eran aun muy jóvenes.

- ¿De qué estás hablando? - rugió Sinrostro, ¿qué nos conoces?

- Sé todo sobre ustedes, sé quiénes son, conozco su historia.

Sangrespada sacó su espada.

- Así que ya sabes que tendrás que decirnos todo!

La joven con el pelo blanco empujó la hoja con su paraguas.

- Sí, no te preocupes, te voy contar todo. Dijo ella con una sonrisa. Permítanme sentarme.

- ¿Cuál es su nombre?

- ¿Un nombre? Bueno, aquí me llaman La Apóstol. Quería algo más femenino, pero me acostumbré.

Ese nombre no les decía nada. Ella se acerco hacia el fuego, esperando a que le hicieran más preguntas.

- ¿Quiénes somos?

- Ustedes están perdidos, dos niños con un importante destino en la historia de este mundo. Son descendientes de un pueblo secreto que habita este bosque -dijo, señalando la dirección de su destino. Pero para encontrarlo, primero deben descubrir la manera de entrar en el territorio Eltariano.

- Nos dijiste que nos habías visto antes. Cuéntanos más.

- Veo que eres de un espíritu vivaz, nos cruzamos anteriormente, fui yo quien los coloco en el camino de Guedenot, se acuerdan de él?

- ¡Por supuesto que sí! -Exclamó fuerte Sinrostro con su voz ronca.

- ¿Por qué no nos recogiste y nos llevaste contigo?

- ¿Y ser criados por una persona ciega? Bueno, yo no podía.

- Vamos. ¿Acaso no estas hablando con nosotros? Podrías decirnos como volver a casa.

- En realidad podría hacerlo, pero no sé si realmente desean verlos de nuevo, son muy diferentes a los Eltarianos "verdaderos".

- Por favor, entiéndenos, nos dijiste: Yo les diré todo, así que adelante, dínoslo.

La Apóstol tomó un momento de reflexión.

- La entrada al bosque es un portal que se encuentra cerca de aquí. Nunca hay nadie cuidándolo porque la mayoría de la gente solo ve un muro verde. Sólo los que son como ustedes pueden verlo, y lo que es aun más importante, abrirlo.

- Bueno, ¿Cómo podemos llegar ahí? exclamo Sangrespada animada. Toma tus pertenencias Sinrostro, iremos en busca de los nuestros.

Y así ambos Zil partieron, con la esperanza de ver a sus familiares.

- Gracias por ayudarnos exclamó la elfine alejándose. Pero, ¿dónde es exactamente?

- Sigue tus instintos! Lo encontraras!

Una vez que sus espectadores se marcharon La Apóstol se encontraba sola frente al fuego. Una lágrima caía por su mejilla.

- ¿Por qué me obligan a mentirles? ¿Cómo quieren que regrese a la Luz mintiendo y engañando? Lo que hice va a cambiar para siempre el destino de los habitantes de este continente.

Sinrostro y Sangrespada caminaron a lo largo de una hora en la oscuridad de la noche, sintiendo tanta alegría como hace años no la sentían. Largos años de búsqueda finalmente recompensados. Al final llegaron a un portal, enorme y majestuoso. Dos aberturas descendían verticalmente en cada una de las paredes. En lenguaje Eltariano, la inscripción comenzó a brillar. Sangrespada y Sinrostro instintivamente se colocaron al frente de las aberturas en cada una de las puertas. A la vez, pusieron su mano en la primera de ellas. Se escuchó un ruido sordo, como una especie de “crack”, a continuación, la puerta comenzó a moverse...

Las aberturas dejaron de brillar, la puerta del Infinito estaba abierta. Detrás de ella no se veía un bosque, era algo totalmente distinto. Sangrespada y Sinrostro pronto se dieron cuenta de que no era un portal hacia su hogar...

El Llamado

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La piedra atravesaba el cielo a una velocidad atroz, su frenética carrera culminaría sobre el Desierto de Esmeralda. Pero este no era el caso. En su lugar, terminó estrellándose en el centro del continente, en un lugar neutral, donde anteriormente grandes batallas tuvieron lugar: la Tumba de los Ancestros. La roca, gigante como una mansión, atrajo la atención de todas las naciones. Sus líderes pensaban que un gran poder se le otorgaría a quien lograra apoderarse de ella. Los primeros enfrentamientos habían provocado la muerte del Profeta, la traición de Télendar y la victoria relativa de la Kotoba...

El campamento Xziarite se encontraba en calma. El día anterior, los miembros del clan celebraron su "victoria" y le dieron el adiós a un valiente oponente: el Profeta. El sol había brillado con una intensidad inusual en un cielo que no estaba manchado ni con una sola nube. Asajiro, que estaba de guardia, vigilaba sus alrededores en busca de algo que llamara su atención. Entonces se alejó distraído influenciado por los comentarios que había escuchado de sus compatriotas, intrigado por la famosa Piedra caída del cielo, la cual atraía la atención de todo el mundo. Pero se acercó más de lo debido. Un enorme rayo de sol golpeo la roca, provocando el cegamiento del oficial imperial. En ese momento, Alishk, inserto en su meditación, no podía creer lo que veía. El rayo golpeó la piedra con un poder increíble, pero aun así no podía ver la magia en su interior. Nunca sintió algo semejante. Rápidamente se despertaron los Enviados. Aerouant, quien no podía conciliar su sueño por no poder olvidar lo doloroso de la experiencia que había vivido, también sintió algo "anormal".

- Nada de esto me informa algo que valga la pena - susurró el mago en el desierto.

- Estoy de acuerdo. ¿A que nos enfrentaremos esta vez?

Por su parte, Kryss, que limpiaba su órgano, se quedo con la boca abierta al ver el rayo de luz. Abyssien, que estaba a su lado, sacudió el hombro de su compañero Zil.

- Y bieh? Que pasah? ¿Que sucedeh?

Pero el músico solo respondió señalando a la piedra que cayo del cielo, mientras balbuceaba algo incomprensible.

Nassaafaraa oukt naass oukt nassaaafaraaa...

- ¿Has oído esa voz Aryhpas? Es muy clara y suave.

Saphyra era una joven mujer que viajaba por el mundo en busca de conocimientos acerca de las distintas religiones existentes. Ella había oído hablar del culto de Méra y del templo Précades, el cual despertó en ella gran interés.

- No, no entiendo nada. ¿Que es lo que dice?

La criatura que había hablado no era otra más que una muñeca de porcelana, de la cual nunca se separaba. ¿Ella estaba viva? Estaba convencida de que sí.

- Se llama a un grupo de personas en un idioma extraño, pero conozco su significado. La gente viajara desde lejos. Vamos rápido. Quiero ver quienes son esas personas.

Nassaafaraa oukt naass oukt nassaaafaraaa...

A millas y millas de distancia se encuentra el Desierto de Esmeralda. Allí no hay árboles, pero si arena de donde surgen unos inmensos cristales color esmeralda. A pesar de ello, una civilización logró dominar el entorno hostil. Mineptha es la capital de un pueblo que, cuando no viven dentro de las murallas de esa ciudad, salen en busca de materias primas escasas y piedras solares, utilizadas para confeccionar joyas y objetos preciosos. Además del palacio real, se encuentra el templo de Sol'ra, su deidad protectora. La característica sobresaliente de este lugar era que la mayoría de sus compartimientos no tenían techo, para que la luz del sol estuviera presente durante todo el día. Ïolmarek, el sumo sacerdote de Sol'ra y Ahlem se encontraban rezando en el patio cuando escucharon las palabras.

Nassaafaraa oukt naass oukt nassaaafaraaa... Partir a la búsqueda del obsequio destinado para ustedes. Los infieles intentan apropiarse de el. Castigarlos como es debido.

En ese momento, lo que se encontraba dormido en ellos se despertó.

- Alhem, ve con Aziz y los que se encuentren cerca, mientras yo reúno al resto.

- Está bien sumo sacerdote, saldré en su búsqueda. ¿Cuáles son sus órdenes acerca de los infieles? ¿Debo reclutar a su discípula?

- Si, si, ella esta de viaje. En cuanto a los que se encuentren en ese lugar, si se entrometen en su destino serán juzgados por Sol'R!

Al día siguiente un pequeño grupo se marchó en silencio de Mineptha, emprendiendo su camino para reunirse en la Tumba de los Ancestros.

El Precioso

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¿ No se dice que en medio la noche, todos los gatos son pardos?. Es un proverbio que nuestra joven ladrona experimentaba en ella lo más frecuentemente posible. Algunos días antes, Hélena había tenido un golpe de suerte , una información que según ella sería el golpe del siglo. Un soplón le había comentado, que se le había dicho, que el célebre tesoro del legendario capitán pirata Gol' denaï había sido encontrado por el gobierno de las Islas blancas y pronto sería expuesto al público antes de regresar a las Bovedas Nacionales. ¡ EL Tesoro de Gol' denaï! ¡ Increíble! No sólo la historia de este pirata célebre se transmitía entre las diferentes tripulaciones de piratas, sino que su valor inestimable hacía relucir los ojos de los investigadores de tesoros y de otros ladrones. Héléna no podía perder esta ocasión única de apoderarse de el. Era demasiado tentador. Se apresuró, porque este rumor se difundía tan rápidamente como un ziaf (una ave muy miedosa) que tenía detrás el viento. Corría peligro de no ser la única en seguirlo. Pierrevent, la capital de las islas blancas, un lugar donde cualquier atolondrado podía deslizarse y caerse en el torbellino. Porque estas islas no eran trozos de tierra en el mar, sino en el aire, como resultado de la gran guerra contra Néhant. El plan estaba listo, cuidadosamente calculado, no dejaba ningún lugar al azar. Su genio estaba en su paroxismo. Evidentemente nada pasó como fue previsto. Y repensando bien en eso, ninguno de sus planes había funcionado correctamente, porque justamente el azar intervenía siempre. ¿ Falta de suerte o coincidencia? Atardecer, primera parte del plan: desactivar las protecciones mágicas. Ningún problema por esto. La alarma, Cristagard 2.0 no presentaba ninguna dificultad. Un poco de polvo de gema espejo y todo resuelto. Luego subió a lo alto de la torre gracias a su fiel enchanfilin: un cordaje muy fino y muy resistente. Perfecto! Nadie la había visto, quedaba pasar a los guardias. ¡ Fácil! ¡ Eran apenas dos para vigilar un antiguo tesoro. ¡ El gobierno de las islas blancas o era avaro o no conocía al célebre Héléna! ¡ Tontos! El Petzouille era un animal bastante particular, apenas más grande que un gatito con una trompa y una facultad apreciada por los bandolero de alto vuelo. En efecto, cuando un petzouille comía semillas de girasol, comenzaba a hincharse como un globo de goma. Bastaba luego, gracias a un mecanismo ingenioso inventado por Larcène, un gran ladrón, con lanzarlo en una habitación para que libere rápidamente un gas soporífico. Luego de esto, tenemos a dos guardias adormecidos, en la sala de exposiciones. La caja de caudales, inmensa y ansiada, reinaba en medio. De forma extraña ningún sistema mágico lo protegía. Nada más, la asombraba. ¡ Clic! La caja de caudales esta abierta. ¡ Los ojos brillantes y el corazón apretado... la abrió y... nada! ¡ Vacía, la caja de caudales estaba vacía! ¡ Por los cuernos de Dragón! ¿ Una trampa? No, visiblemente. Un trozo de pergamino se materializó entonces, rodeando un cristal de cachemin, un objeto del que los ladrones se sirven para dejarse mensajes entre ellos. Escrito, apenas algunas palabras: " ¡ Lo tengo! " firmado: Quilingo. La ladrona apretó el pergamino con rabia.

- ¡ QUILINGOOOO! Aulló ella. ¡ Lo tendría ese oso perdido! ¡ Lo tendría!

Muy rápidamente se volvió atrás. Debía irse antes de dejarse atrapar, lo que jamás debía suceder. Algunos instantes más tarde, se encontraba en uno de los callejones sombríos de la ciudad, rumiando su humillante derrota. Ningún tesoro... ningún tesoro... Bueno reflexiona hija, reflexiona. Un panda... eso no pasa inadvertido. Voy a usar mis influencias y lo acosare, hasta el fin del mundo si es necesario. Algunos días más tarde, en el corazón de denso bosque al extremo sudoeste de Draconia, la joven ladrona había ideado un nuevo plan. Un plan todavía más detallado que el último, dejando una vez más alguna cosa librada al azar, que sin embargo fue incluida en esta pequeña fiesta. La pista de un panda, sobre todo hominoide era fácil de seguir. ¿ Dónde iba así? ¡ De hecho, poco le importaba, ya que dentro de poco, el tesoro sería suyo! Había escogido un lugar donde todo escape era imposible, un puente inmenso de cordaje por encima de un precipicio de diez metros que daba a un río caudaloso, infestado con animales poco amistosos. Era también el único punto de paso para ir al otro lado del bosque. Pues había colocado algunas trampas que inmovilizarian a Quilingo sin hacerle daño. Luego se escondió y espero pacientemente hasta la llegada de su pobre víctima. El tiempo le pareció una eternidad y su atención se disperso hasta que un ruido hizo que se sobresaltara. Una tabla empezó a rechinar. Se arriesgo para ver que pasaba. Era Quilingo, ya a la mitad del puente. ¿ Pero... pero.... pero... cómo hizo para escapar de mis trampas? ¿? Su reacción fue inmediata, y como la persecución del panda que, al acecho, reparó muy rápidamente en ella. La carrera de persecución fue corta, duró sólo el tiempo de pasar por el otro lado. Porque situado detrás del puente, Quilingo se paró para hacer frente a Hélena. - ¿ Entonces, tu quieres el tesoro? ¿ Sé que te interesa, no?

- Vayamos al grano, no me provoques, deja ya la caja de caudales y vete. Eso te evitará problemas.

- ¿ HAHAHAHA, tu quieres robarme? ¿ A mi? Yo no soy ningún guardia de banco, para nada. ¿ Has oido esto, Erevent? ¡ Tu amiga quiere robarme!

Héléna frunció las cejas. ¿ Que estas diciendo?

Entonces aparecio al lado de él Erevent. Al igual que Héléna, era un miembro de los Enviados de Noz' Dingard.

- Entendí y estoy totalmente de acuerdo. Hiciste un buen trabajo.

La cara de la joven mujer se descompuso.

- ¿ Tú armaste todo esto contra mí? ¿? ¿ Pero por qué?

- Los Enviados deben ser respetables. Robarles algo a aliados no es aceptable.

- Tu no eres quien para decirme lo que es respetable o no, desecho de petzouille.


Hélena trazaba un nuevo plan, tenia que prolongar la discusión el mayor tiempo posible.

- Insultos, ya desciendes al nivel de otros bandoleros. No esta en mi decirte lo que es aceptable o no. Dragón juzgará si eres todavía digna de quedarte en las filas de los Enviados. Mi misión está acabada. Considérate presa.

- ¡ Pero por supuesto! Aulló ella tirando al suelo una esfera de vidrio que liberó un humo blanco que fue esparcido en seguida por un viento violento. La ladrona intentó la huida, pero fue frustrada. Erevent era de los mejores investigadores de la Draconia. Y conocia todas las artimañas de los ladrones como ella. Discretamente había lanzado una suerte " baba de gnomo " que pegaba a una persona en el suelo.

- De acuerdo, de acuerdo... Discutamos, dice ella con una sonrisa.

Pero ya era demasiado tarde. Quilingo sacó una cuerda, la enrosco y se la puso al hombro. Y todos se fueron a Noz' Dingard.

El Runico, capitulo 1

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El Desierto de Esmeralda estaba repleto de pequeños lugares increíbles donde la vida bullía como en ninguna otra parte. Todo esto era posible gracias al agua que resurgía de lo profundo y atraía todo tipo de criaturas. Favorecía también el crecimiento de una vegetación abundante. Es en uno de estos oasis, porque así es como la gente del desierto los llamaba, que una tribu que vivía allí desde generaciones fue casi totalmente destruida. El ataque se efectuó al amanecer, mientras que todos ellos todavía dormían. Fue brutal y sin piedad. Los agresores fueron numerosos y muy bien organizados. Se trataba de una de las bandas más grandes de traficantes de esclavos. Los gritos despertaron a las aves de color tornasolado y la sangre, mucha sangre, mancho el desierto. Los hombres que valientemente habían intentado defender a sus familias perecieron delante de la ferocidad de los bandoleros y de sus leones de guerra. Cuando todo el ataque termino, no quedaban más que unos cadáveres en el agua, mientras que las mujeres y los niños habían sido capturados para ser revendidos. Entre ellos, el joven Kalhid, de apenas 9 años de edad. El chico fue vendido algunos días más tarde en el mercado de esclavos de Mineptha a un hombre poderoso que residía en las montañas en el extremo norte del desierto. Apenas llegado a la propiedad de Abn el hissan, fue enviado a las minas de sephra, una especia rara que tenía la particularidad de encontrarse solo en una pequeña porcion de tierra de las montañas. Así había amasado su fortuna el dueño de Kalhid. Los años pasaron y el chico se hizo un hombre. Contra toda previsión, mientras que la gran mayoría de los esclavos de las minas, fallecía rápidamente, el resistió, peleando contra su condición de esclavo, porque los de su pueblo pensaban que la vida valía todo y que la esperanza debía siempre ser un motor para avanzar sobre el largo camino de la existencia. Y el momento llegó. Después de todo ese tiempo en cautividad, ya era hora de recuperar esa libertad que se le había robado. Gracias a su fuerza imponente y gracias a un plan cuidadosamente establecido, él y algunos otros esclavos consiguieron evadirse. La suerte por fin le sonreía. Pero lo abandonó muy rápidamente porque algunas horas apenas, después de haber huido, una tempestad de arena se abatió sobre ellos con una violencia increíble. Casi todos ellos fueron barridos como vulgares pedazos de paja. Kalhid no podía más, a pesar de su resistencia no podía más luchar contra los elementos. Al extremo de su fuerza, se entregó a una muerte cierta. Kalhid abrió los ojos sobresaltándose, jadeante pero vivo. Puso su mano derecha contra su corazón. Latía mucho. Esto lo tranquilizó porque esto quería decir que vivía. El cuarto en el cual se encontraba, estaba inundado de oscuridad. Allí no veía nada. De repente, cuatro antorchas se encendieron. Se encontró recostado sobre una cama confortable, alrededor de él algunos muebles cuyo estilo le eran desconocido y exactamente al lado de él, un pilón que contenía agua. Bebió un trago y se mojo la cara. Centenas de pensamientos tamborileaban en su cabeza. De repente, la puerta se abrió y oyo una voz, una voz grave que le pedía que se acercara. Pasó la cabeza por el marco de la puerta y descubrió un pasillo largo alumbrado también por antorchas. A todo lo largo, había unos símbolos que centelleaban en armonía. Pasó varias puertas totalmente cerradas y desembocó en una sala inmensa. Por todas partes los símbolos relucían débilmente y, lo que le interesó, sobremanera, había allí unas decenas de armas y armaduras magníficamente labradas. Al final de la sala, llamaba la atención lo que se parecía vagamente a un yunque enorme. Detrás de el, semi-escondida en la oscuridad, una criatura que aparentemente tenia un par de cuernos y lo miraba. Vaciló en avanzar pero la voz lo tranquilizó.

No tengas miedo. No queremos a tu vida. Si no... te habríamos abandonado a tu triste suerte.

Efectivamente el raciocinio se imponía y se adelantó, hasta una distancia razonable.

-Les agradezco por haberme salvado.

-No nos agradezcas, cortó la criatura. Por desgracia no pudimos salvar a tus compañeros, ellos perecieron todos.

-Es una gran coincidencia que ustedes me hayan encontrado.

-Esto no es coincidencia, sabíamos que el que esperábamos, estaría entre todos los que allí se encontraban.

-Yo no comprendo muy bien.

- Venimos de lejos y buscamos a personas con un destino particular y tu formas parte de ellos.

Kalhid frunció las cejas.

- ¿ Esperan algo de mí, no es cierto?

Acto 2 : El canto de Cristal

El canto de Cristal

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La travesía por el desierto significo para ellos una victoria fácil de lograr. Tenían una misión de suma importancia y cada vez que salía el sol, las oraciones eran pronunciadas con un fervor increíble. Galvanizados por su fe, no sintieron el paso del tiempo. Al final, en medio de un día particularmente radiante, todos lo escucharon. Era como una especie de canto, majestuoso. Él los llamaba, los guió hasta el punto de impacto. Mientras mas avanzaban, la canción se hacia mas clara. Alhem detuvo su marcha bruscamente.

- ¿Por qué te detienes? Dijo Aziz poniendo la mano sobre el hombro del sacerdote de Sol'ra.

Los otros nómadas esperaban, prestando atención a las palabras de su líder espiritual.

- Esta canción es un llamado de ayuda. Vio la piedra, y ella confirmo su razonamiento. Los infieles son numerosos y de gran alcance. Ella está en peligro. Debemos actuar con rapidez antes de que se desate una catástrofe.

Aziz se volvió hacia a Kararine y hablo con un tono lo mas autoritario posible.

- Vas a ir a explorar y nos traerás un informe sobre estos perros que se atreven a tomar cualquier cosa que no les pertenece.

A modo de respuesta, la joven bajó la cabeza antes de correr en la dirección del impacto.

Unas horas más tarde, por fin llego a su destino y su corazón se precipitó cuando posó sus ojos en la piedra. Ella era majestuosa y estaba bañada de una luz que le recordaba a la joven mujer el templo Sol'ra cuando el sol estaba en su apogeo, y sus rayos bañaban las paredes de la sala de oración. A sus pies, de un lado y del otro, había dos campamentos. Uno tenia carpas azules adornadas con banderas con los símbolos del dragón, y el otro tenia tiendas rojas alineadas. En todas partes, habían numerosos asentamientos con muy diferentes estilos. Kararine estimo que había mucha gente, pero de todos modos Sol'ra protegería a sus seguidores y fácilmente podría vencer a estos parásitos. Interiormente se regocijó imaginando los combates que se llevarían a cabo. Pronto, se dijo a si misma, estas tiendas se quemaran por las llamas de la furia del dios del sol. De pronto oyó pasos que se acercaban a ella. Sintió que el aire se enfriaba. Los pasos cesaron y escucho una voz con un acento extraño.

- ¿También puedes escuchas esta canción?

Kararine se arriesgó a mirar fuera de su escondite. Se encontraba una mujer con la piel pálida y unos intensos ojos azules. Existía en esta persona algo parecido a un poder oculto que provocaba confianza en la joven nómada. Decidió ir a examinar a esta extraña mujer. Sin pronunciar una palabra, se acerco y observo que el frío emanaba de su cuerpo.

- ¿Qué eres? ¿De qué canción estás hablando?

- Yo soy Yilith, hice un largo viaje siguiendo una canción que oigo en mi cabeza. ¿La oyes? Todo esto es increíble.

Pobre Kararine, esta infiel estaba tratando de confundirla. Tenia que advertirle a Alhem y Aziz lo más pronto posible.

- No sé a qué te refieres -exclamó retrocediendo. Sacó una daga y se puso a la defensiva. Déjame en paz y no pasará nada.

- De acuerdo, no eres muy amigable. Voy a ver si las otras personas me pueden ayudar. Luego siguió su camino como si nada hubiera sucedido.

Kararine continuó sus investigaciones en el bosque que estaba cerca para evitar la agitación. Con el mayor sigilo posible, se trasladaba con la esperanza de no volver a tener un desafortunado encuentro. Una vez más, debido a la mala suerte, o quizás por su falta de destreza en áreas forestales, por poco es atravesada por un puñal que lanzaron. Luego, una persona vestida de gris con una capucha bastante extraña saltó sobre ella sin previo aviso. Esta vez, fue suficiente para hacer enojar a la joven. Ella lo esquivó ágil mente mientras desenvainaba una daga en cada mano. Le dijo a su adversario que lo tenía a una distancia muy corta, quien tuvo que hacer una acrobacia evitando su ataque y consiguiendo que solo rasgara su capa. La batalla duró varias horas, ambos tenían igual fuerza pero Kararine había ideado un plan y poco a poco se acercaba a su ejecución. Así que después de un rato la Asesina (pues tal era el rol que se le había asignado) sabía que su enemigo iba a perder, porque ahora serian cinco contra él. Entonces Aziz, quien arremetió contra el obligando al confuso Traquemage a esquivat por poco una lanza que cruzaba de lado a lado. La situación se le fue de sus manos, al igual que su presa. El debía desaparecer nuevamente para repensar su estrategia. Se envolvió en su capa y se tiro hacia el suelo. La tela cubrió el suelo antes de ser cortada en trozos pequeños por Kararine y Aziz. Por desgracia, el Traquemage había desaparecido.

La exploradora luego explicó lo que vio y que había encontrado. Insistió en la extrañeza de los infieles y propuso no atacar de frente o de lo contrario la derrota, a pesar del apoyo de Sol'ra, sería aplastante. Aziz, quien había servido durante mucho tiempo en el ejército de Kahani III propuso, en espera de la llegada de refuerzos, intentar hacerse a la piedra en busca de pequeños ataques hacia grupo reducidos de guerreros. Alhem acepto con cierta reticencia, pero era imprescindible seguir las órdenes de Ïolmarek y era seguro que los infieles se cruzarían en su camino. Más aun con el llamado de la piedra, tenían que darse prisa ahora.

Estos infieles conocían de la presencia de los fieles de Sol'ra. Y así fue como los nómades del desierto entraron en conflicto por la piedra caída del cielo.

La Maldición

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El portal se abrio, y la luz que se escapaba de el se fue debilitando despacio. Sangrespada y Sinrostro se miraron un largo rato antes de que uno de los dos pronuncie la menor palabra.

- ¿ Y ahora? ¿ Que pasa? ¿ Le dice el Hom'chaï a su compañera?

- ¡ Y bien, vayámonos!

No habia ella acabado su frase que una forma se dibujó. Un hombre pasó el umbral de la puerta, hizo algunos pasos y se derrumbó. Luego, sin el menor ruido, la Puerta del Infinito se cerró,y luego desaparecido. Ambos Zil miraron con ojos terribles, verdaderamente no esperaban esto. Les habían prometido una vuelta a la vida entre sus semejantes, y finalmente se encontraban con alguien desembarcado de ninguna parte. Sangrespada examinó al desconocido. Éste llevaba una armadura magnífica de placas cubiertas de cuero endurecido, que cuando era nueva probablemente debía ser rojo. Una capucha cubría su cabeza, dejando aparecer algunos mechones de cabellos que el tiempo había blanqueado. La elfine estudió el cuerpo inanimado y levantó la capucha.

- Esta vivo. Volvamos con Kriss, probablemente el podrá ver lo que tiene.

Sinrostro tomo al desconocido y se lo echó al hombro tan vulgarmente como a una bolsa.

A lo largo del camino de vuelta hacia el campamento de los Zil, Sangrespada parecía perdida en sus pensamientos. Algo la tenia preocupada sin saber demasiado que. Tenía la vaga impresión de que este desconocido no era tan desconocido como parecía. Llegados a la carpa, fueron acogidos por Abyssien.

- Por fin los encuentro, tengo cosas que deben saber.

- Nosotros también tenemos cosas que decirte. Debemos ver también a Télendar y Kriss para contarles.

- Es una historia larga, pero Télendar no es más de los nuestros. Yo retomo el papel de jefe de los Combatientes de Zil.

¡ Era, decididamente, un día pleno de sorpresas!

- Euh... Muy bien, de todos modos jamás me gustó. Cuando tomó tu sitio, en el gremio, le habría propinado unos cuantos golpes.

- Sinrostro, siempre tan refinado y poetíco.

Este último puso delicadamente su paquete al pie de su nuevo jefe que miró al desconocido con una mirada asombrada.

- ¡ Esto es raro! Esta armadura me dice algo.

- ¿ Tú también? Cortó a Sangrespada. Desde que lo encontramos, tengo la impresión de conocerlo.

- Es porque seguramente les han contado esa historia. En fin, una historia que habrán escuchado, cuando ustedes estaban en casa de los humanos de Yses.

Justo en ese momento aparece, Kriss que había sentido curiosidad por ver reunidos a sus compatriotas.

- ¿ Qué pasa aquí? Interrogó al músico.

- Apareces justo a tiempo, puedes mirar lo que tiene. Ordenó el jefe de los Zil mostrando al desconocido.

- Sí por supuesto, pero no aquí. Sinrostro, tráelo a mi vagon, te lo ruego.

Abyssien y Sangrespada se instalaron cómodamente bajo la carpa que, aparte de escenario para las representaciones, servía de salón inmenso donde los miembros del gremio podían relajarse a su modo.

- ¿ Entonces, que historia?

- Sí, eso estaba por contarte, dice poniéndose su sombrero.

A su alrededor la escena cambio, y la carpa desapareció para dejar lugar a un bosque lúgubre. Allí, un animal se coló entre los árboles, luego vino otro de por allá, y luego otro para formar finalmente una jauría. Luego salieron del bosque. Sangrespada los reconoció: ¡ Volks! Eran criaturas terribles y casi desaparecidas en la actualidad. Uno de ellos era particularmente imponente. Era visiblemente su jefe. La continuación fue una carnicería. El volks atacaron varios pueblos y devoraron todos los seres vivos que pudieron, tanto por placer como por hambre. La escena cambió, nuevamente, ahora estaban en un castillo. Allí, tres personas noblemente vestidas platicaban vivamente.

- Señor, intentamos todo contra los volks, sin éxito. Tienen mucha destreza y su jefe nos siente llegar, anticipadamente.

El hombre coronado miraba fijamente el suelo, mientras reflexionaba sobre la mejor solución.

- Veo que sólo él puede ayudarnos. Sé que no lo aprecias en lo mas mínimo, pero hay que reconocerle sus meritos.

- ¡ Usted no piensa en él! ¿ Gaumatta, a pesar de la amistad que nos une, usted no puede intervenir para llamarlo a él?

- Mergis, eres por cierto mi amigo, pero mi decisión esta tomada. Bardiya, vaya a avisar a Kolodan de la situación.

La imagen se desvaneció y la carpa reapareció. ¡ Kolodan! ¡! Conocía esta historia. Este protector fue la última muralla contra estos monstruos. Diezmó a todos ellos y combatió a su jefe durante días. Luego, después de eso, desapareció misteriosamente.

- ¿ Quieres decir que este hombre es Kolodan?

- Eso no es seguro y el mejor modo de verificarlo, es preguntarle a él.

La noche cayó sobre la Tumba de los antepasados. Kriss había trabajado y sus muchas heridas no eran más que un recuerdo. Abyssien, Sangrespada y Sinrostro esperaban alrededor del fuego que Kriss les diera noticias. La puerta del vagon se abrió.

- Sinrostro, puedes venir a echarnos una mano.

El músico retenía por el brazo al desconocido que había recobrado el conocimiento. Lo instalaron con ellos alrededor del fuego. ¿ Todos ellos esperaban la continuación de la historia, era Kolodan?

- ¿ Quien es usted? Preguntó Abyssien.

- Yo... Soy Kolera...

- ¿ Kolodan quiere decir?

- Kolo... ¡ No! Aquel ser desapareció hace mucho tiempo. No queda ya nada de él.

- ¿ Y qué fue de él, si se puede preguntar?

- Ya no existe, ya no soy hombre, sino no completamente volk. Soy sólo Kolera.

- ¿ Dónde estabas durante todo este tiempo?

- ¿ Todo este tiempo? ¿ Que fecha es?

- Si mi memoria es buena, los siete reinos utilizan el calendario imperial. Estamos, pues en el año 105.

Esto fue como una puñalada para Kolera. Más de veinte años habían desaparecido sin que verdaderamente se dé cuenta de ello.

- Donde estaba usted, añadió Sangrespada visiblemente apasionada por el sujeto. Era era...

No acabó su frase. Miraba al cielo con temor. La luna se levantaba, inmensa y roja. La maldición operó.

- ¡ Nooon! ¡ No no no no no no! Cria-t 'él.

Una transformación se produjo entonces. Kolera se retorció de dolor, los pelos largos y negros aparecieron sobre sus brazos, su armadura dejo su lugar. Luego su cara cambió, se alargó en un hocico largo, sus dientes crecieron. Se había convertido en mitad hombre, mitad volk. Aunque estaba visiblemente rabioso, se paró precipitadamente delante de Sangrespada. Literalmente fue hipnotizado por la joven elfine. La cólera se fue poco a poco.

La Ordalía

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Ïolmarek esperó pacientemente a que el resto de las tropas se reunieran con él para luego emprender el camino hacia el impacto. Entró en el salón principal del templo de Sol'ra, perdido en sus pensamientos. Ya hace muchos años que se encontraba al servicio del Templo y ciertamente su fe nunca había vacilado, pero desde el canto de cristal, el anciano sacerdote se lleno de dudas. ¿Por qué en los últimos años, durante tanto tiempo la presencia divina fue débil, y de repente una manifestación tan importante de Solar se produce? Recordó que cuando era un joven sacerdote, ocurrió otro evento como este, el cual terminó en una catástrofe. ¿De qué serviría ahora? ¿Cuál es el propósito de todo esto? Todas estas preguntas germinaron en la mente del anciano.

- La duda no está permitida en ti, sumo sacerdote.

Ïolmarek dejo de imaginar y miró a su alrededor. La presencia que sentía era extrañamente familiar, como si el pasado resurgiera.

- Yo conozco esta voz, muéstrate.

- Mírame... padre.

A continuación, se dirigió a la estatua que había tallado hace casi treinta años. La joven mujer representada estaba bañada con una luz suave. Ella ya no tenía más el aspecto de una estatua congelada, sino el de una persona viva. Ïolmarek cayó de rodillas, con el corazón encogido por sus lágrimas.

- Dja... Djamena, realmente eres tu?

- Yo vengo a vosotros como mensajero. ¡Escucha mis palabras porque ellas son instrucciones!

¡Un mensajero! Esto auguraba algo muy importante, porque su aparición era siempre sinónimo de cambio y de intervención divina. Las escrituras antiguas talladas en los muros del templo daban manifiesto de una serie de intervenciones de esta naturaleza.

- Escucho, Mensajero.

- Te alejas poco a poco del sumo sacerdote que eras, y es necesario que su fe sea infalible. Vengo a enseñarle La Prueba!

- Qu... ¿Qué? Ïolmarek no podía creer lo que escuchaba. Seria sometido a una prueba para demostrar su fe. Ya he demostrado mi lealtad en el pasado y mi vida está al servicio de Sol'ra!

- La fe no es sobre el pasado, sino sobre el presente. Sol'ra necesitara a su sumo sacerdote, y tu tienes que estar listo. Varios eventos se llevarán a cabo y los infieles no tienen que hacer nada para frustrarlos. Tendrás que intentarlo y si tu fe no es lo suficientemente fuerte, acarrearas la ruina.

- Me someteré a la prueba, cual es la tarea que tengo que cumplir?

- Un padre y su hija llegaran al templo. El hombre es ciego y sobrevive gracias a su hija. Deberás convencer al padre que Solar reclama a su hija, condenándole a una muerte segura.

Efectivamente un carro tirado por un buey pasó por el arco de la entrada del templo. Una joven comandaba al animal con una cuerda. Se sorprendió cuando se dio cuenta del gran parecido entre Djamena y la joven. Entonces comprendió a que clase de evento se enfrentaba. La joven ayudó a su padre a bajar y luego ambos avanzaron para saludar al sumo sacerdote debido a la circunstancias de su alto cargo.

- Hemos recorrido un largo camino para rezar a Sol'ra y pedir su ayuda para que sane a mi padre.

Sol'R dios del sol y de la luz ha sido invocado a menudo en oraciones para recuperar la vista, y en algunos casos esas oraciones fueron escuchadas. Ïolmarek todavía tenía las palabras pronunciadas por el Mensajero y sobre todo la respuesta a la prueba que tenia que cumplir.

- ¿Cuál es tu nombre? -Preguntó.

- Djamena.

La coincidencia era demasiado. Le tomó la mano y se concentro, enfocándose en el alma que habitaba ese cuerpo. Él sonrió cuando se dio cuenta con su mente que se encontraba su hija. Sol'ra había vuelto a él, y nunca mas volvería a dudar.

- Bueno, Djamena, trae a tu padre al pie de la estatua para que se arrodille, nosotros rezaremos con él.

Oramos a Sol'ra para que tenga piedad de este hombre quien vivió en la oscuridad para que él pueda volver a ver la luz. Ïolmarek usó sus poderes y puso sus manos sobre los ojos del infortunado.

- Sus oraciones han sido escuchadas.

Cuando quitó sus manos del hombre, este parpadeó a la vez que su vista poco a poco regresaba.

- ¡Ahora veo! , Exclamó. ¡Veo otra vez! Cayó de rodillas ante Ïolmarek, Djamena hizo lo mismo. ¿Cómo te agradeceremos?

- Mantengan su fe en Sol'ra y sigan sus mandamientos, sin dudar jamás. Necesito que me presten un servicio.

- Dime, yo haría cualquier cosa que me pida.

- Tu hija pertenecerá a Sol'ra.

¿Esta frase significaba que iba a ser sacrificada en su honor? El hombre no pudo responder nada, aturdido por la noticia. ¿Debería recuperar la vista a cambio de perder a su hija?

- No te preocupes, ella ira al templo y se convertirá en una sacerdotisa. Djamena se sorprendió. ¿Ella servirá a Sol'ra? El hombre se levantó y tomó con sus manos el rostro de su hija.

- Si no recuerdo mal, una joven sacerdotisa no debe ser vista por los hombres, los preceptos de Sol'ra evitan esos encuentros. Tú has tenido hasta ahora una vida llena de miseria acompañando a un ciego. Es hora de que vivas tu propia vida, incluso si eso significa que dentro de poco no volveré a verte.

Djamena se arrojó a los brazos de su padre como si estuviera diciendo adiós. El sumo sacerdote miraba con nostalgia. Recordaba el amor que había sentido por su hija. Significo para él una segunda oportunidad, un rejuvenecimiento, un renacimiento, se dio cuenta de que lo que Sol'ra tomó, él también podría tenerlo.

Una vez que el hombre se fue, Djamena y Ïolmarek estaban solos. Entonces los ojos de la joven cambiaron y brillaban como mil luces.

- Has pasado esta primer prueba, pero vendrán otras. Lo has adivinado, regresare pero ahora no puedo quedarme. Cuando llegue el momento me reuniré contigo, padre.

El Runico, capitulo 2

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Kalhid esperaba una respuesta, aunque estaba casi seguro que seria un "sí". Pero después de todo, valía más esto que regresar a la esclavitud.

- Hay algo que podrías hacer por nosotros. Debes saber que eres libre de negarte, de ser así, vete al fondo de la sala y ese camino te llevará hacia la salida. Porque lo que se espera de ti, va a ser difícil de cumplir.

- No soy un ingrato. Ustedes me salvaron de la muerte y les estoy agradecido. ¿ Entonces los escucho, que desean que haga?

La forma se acercó al joven hombre, pero este último no se atrevió a levantar la mirada porque fue intimidado profundamente.

- Muy bien, tu elección esta hecha, y tu palabra esta dada. Hace varios días un meteorito se estrelló en el continente. Si bien el acontecimiento es bastante común, es la naturaleza del meteorito la que nos interesa.

El desconocido fue del lado de las armas y las armaduras y, dando la espalda a Kalhid, continuó su discurso.

- Nosotros, recorremos el mundo en busca de ciertas piedras que poseen facultades mágicas o que parecen tenerlas. Entonces, en esta, hemos sentido el mayor poder hasta este momento.

Se movió y, con una mano muy poco humana, tomó un objeto. Luego volvió frente a su interlocutor.

- Nos gustaría que fueras allí dónde se estrelló, y que nos traigas un pedazo de esa piedra. Esta tarea es peligrosa. También te confiaremos esto.

Puso el objeto en el suelo y este produjo un ruido metálico. Kalhid vaciló, luego lo tomó. En seguida el objeto se desarrolló alrededor de su mano y alrededor de su muñeca. Era como un tipo de guantelete. El joven hombre casi sentía como un tipo de conciencia en el interior.


- Este es un objeto rúnico. Cuídalo, porque deberás devolverlo. Cuanto más estén ambos en simbiosis, más el guantelete se desarrollará.

Después de algunos movimientos, rápidamente se dio cuenta que el peso del objeto no correspondía a su apariencia, pero sin embargo parecía muy resistente.

- Les agradezco. Si tengo bien entendido, debo ir al lugar donde el meteorito se estrelló, tomar un pedazo y volver aquí. ¿ Es así?

- Sí.

- Bien, esto no me parece muy difícil.

- Lo será. Pero antes de que te vayas, debes saber que tu nombre no es más Kalhid, serás en lo sucesivo el portador de las runas Harès.

¿ Una nueva partida, con un nuevo nombre? Al final, esto se ponía interesante. De todos modos, le gustaba cambiar el suyo por un buen nombre.

- Afuera un caballo y provisiones te esperan. Vete ahora, te esperaremos aquí.

Harès se fue pues, hacia este nuevo destino que se le había predicho. Una semana más tarde, Harès encontró el lugar del impacto. De camino, había encontrado a otras personas que, como él, iban hacia esta piedra famosa. Supo que los grandes gremios estaban en el mismo lugar y que se libraban enfrentamientos para reclamar su propiedad. Cuando llegó, el sitio, era un verdadero campo de tiendas. Si todo el mundo quería esta piedra, dudaba que le dejaran tomar un trozo así nomas. Esperó pues a que llegara la noche para actuar. Una luz débil se escapaba del meteorito, que revelaba ser mucho más grande de lo que imaginaba. No esperaba tampoco que fuera una piedra. ¿ Después de todo, quién vigilaría una piedra grande como dos casas por temor a que se la roben? Y muy visiblemente, los Combatientes de Zil, pensaban así. Por ejemplo, un Combatiente de Zil: Marlok. Éste pasaba una buena parte de la noche estudiando la piedra. Evidentemente, hacía esto lo más lejos posible del campamento de los Draconianos. Harès se dirigió hacia la piedra, una vez delante de ella, golpeo la pared con su mano enguantada . Marlok quedo sorprendido porque nadie había podido pasar la barrera que protegía la piedra. Cuando vio a Harès asestarle un gran golpe, no vaciló un segundo. La prudencia con la magia era necesaria y este acto no era prudente, por el contrario, era potencialmente peligroso. El mago realizó una suerte de fusión golemica que tendría por resultado una mezcla sorprendente entre el mago Zil y su viejo golem de cristal.

- ¡ Aléjate de ahí! Corres peligro de provocar catástrofes.

Harès miró la cosa extraña con sospecha. Su guantelete reacciono ante la amenaza y recubrió la totalidad de su brazo derecho.

- Esto es sólo piedra, ni más ni menos. Quiero sólo tomar un pedazo. No se inquiete, no pasará nada más.

Golemarlok sacudió la cabeza de modo negativo y saltó sobre Harès, llamas aparecieron en sus manos. El hombre del desierto esquivó por poco y le asestó un golpe magistral a su opositor que estuvo a punto de caer a tierra. Pero Golemarlok era curtido y alcanzo a tomar con sus dos manos unidas al coloso del desierto por el hombro y lo hizo vacilar. Pero, para Harès, pelearse era un modo de vida. Había perdido la cuenta del número de veces se había peleado en las minas por su supervivencia y la cantidad de vidas que había cobrado. Y así, como cada vez que peleaba, la cólera subía rápidamente. Los intercambios de golpes se hicieron más violentos, la magia del mago-golem se deslizaba sobre el guantelete rúnico del coloso como el agua sobre la piel de una serpiente. Luego, el mismo guantelete acabo por recubrir ambos brazos de Harès y los símbolos grabados sobre él brillaron. Golemarlok desconocía esta magia extraña y se enteró de ella a alto costo. Sufría cada vez más y un malestar cada vez mayor se hacia sentir, perdía el control de su magia. Pero el mago Zil no había dicho sus últimas palabras, y si la magia era ineficaz tenía muchos otros recursos. Contraatacó con láminas de cristal que le infligían cortes severos a su opositor. Pero la rabia de Harès sobrepasaba el dolor. Puso todas sus fuerzas en un último golpe. Golemarlok tuvo el reflejo de separarse de su golem para evitar el golpe que seguramente iba a matarlo. Fue pues su creación, la que recibió el golpe del puño enguantado con un crujido que solo podía significar destrucción. Harès golpeo tan fuerte al golem contra la piedra caida del cielo que esta última se agrietó, liberando algunos pedazos de cristales amarillos que se mezclaron con los cristales azul-noche del golem. El mago Zil fue vencido. Y cuando Harès removia los restos del golem de cristal, varias personas se acercaron. Eran tres, sus vestidos lucían el emblema de los Enviados de Noz' Dingard. Uno de ellos se inclinó delante de Harès.

- Soy Aerouant, hijo del Profeta. Dirijo actualmente a los Enviados de Noz' Dingard.

Harès verdaderamente no sabía quienes eran, y no les daba mucha importancia. El mago que no veía ninguna reacción encadenó.

- Le agradecemos por lo que usted hizo. Los Combatientes de Zil siembran el destrucción en la región y cometieron crímenes aberrantes, le dijo con amargura.

Aerouant estudió a Marlok. Este último no podía mover ni un pulgar, traumatizado por la pérdida de su golem y su áspera derrota.

- Marlok, en nombre del Dragón te detengo. Serás juzgado en Noz' Dingard. Anryéna verdaderamente tiene prisa por verte. El joven mago no escondía una cierta alegría.

- No sé quien es, pero si algún necesita ayuda, avísenos, tenemos una deuda hacia usted, añadió Aerouant.


Alishk apretó la mano de Harès como los hombres del desierto.

- ¿ Vienes del desierto de esmeralda, cierto? Sin embargo la armadura que llevas no me parece que haya sido fabricada allí.

El coloso no respondió y comenzó a recoger los pedazos de la piedra caída del cielo.

Los enviados se fueron de nuevo con su preso y Harès volvió a emprender el camino sin esperar más. Siguió su camino sin apartarse de él ni una sola vez y al cabo una semana había vuelto al templo misterioso. Allí un hombre lo esperaba, de una cincuentena de años, los cabellos morenos y largos y la mirada orgullosa. Llevaba una armadura completamente de placas de color dorado y plateado.

- Bienvenido Harès, soy el señor rúnico Eilos. Si estás aquí, es por que supongo que desempeñaste tu misión.

Harès puso la bolsa en sus manos.

- Ven, tenemos un obsequio para ti, Harès el rúnico.

Intrigas

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Desde la caída de la Piedra, cada vez más gremios y curiosos convergían hacia las tierras de la Tumba de los antepasados. Las tensiones estaban en su paroxismo y muchos ya contaban que una guerra se habia desatado. Los que estaban presentes, sean de Kotoba, Enviados de Noz' Dingard u otros gremios lo sabían bien, el conflicto empujaba poco a poco al territorio hacia una conflagración total. Todo esto por el control de un poder extraordinario cuyo origen nadie a parte de los Nómadas del desierto conocía.

Por todas partes, en el gentio, los valerosos aventureros se enfrentaban a veces hasta con compañeros del pasado...

Dos meses después del principio de las hostilidades, en Kastel Drakren, la ciudad más próxima a la Tumba de los antepasados, de la Draconia.

Cuando el final de la guerra es incierto, a menudo acudimos a la política y a la etiqueta para intentar encontrar una solución satisfactoria para todo el mundo. Todo esto pasaba évidemente tras bastidores, desde hacia algún tiempo ya, pero esto nadie lo sabía, por lo menos hasta el momento. Drakren fue a menudo utilizado para los encuentros entre embajadores del Imperio de Xzia y los políticos de la Draconia. Y en esta hora tardía, en una de las salas de recepción, los tratos se realizaban con tacto y frases bien estudiadas. Kimiko y Oogoe kage fueron misionados por el Emperador para negociar la salida de los Enviados de Noz' Dingard, pero el negociador enviado por Dragón tenía años de experiencia e iba a ser un adversario formidable.

- Señor Galmara, estoy segura que podemos entendernos. Usted sabe bien que sólo un acuerdo entre nuestras dos naciones permitirá acabar esta guerra estúpida.

- Querida, lo que usted propone me parece difícilmente realizable. Tomando en cuenta, que la Tumba de los antepasados es una zona neutral desde el fin de la guerra entre Draconia y el Imperio. Qué ese pedazo de tierra vuelva a ser de Xzia y qué así la piedra sea vuestra no es posible.

- El Emperador es consciente que esto corre peligro de desembocar en un conflicto todavía mayor. Pero en su gran magnificencia, le acercamos una propuesta que estoy seguro plenamente le satisfará.

Oogoe formaba parte del Cuervo una facción presente en el seno de Kotoba y quen desempeñaba un papel más que preponderante.

- A cambio de la vuelta de la Tumba de los antepasados al Imperio, le concedemos un derecho de paso de por vida sobre esas tierras. Y además de eso sus magos podran venir a Méragi para estudiar la Piedra, en cuanto ésta sea llevada allí, y secundar a nuestros magos, añadió Oogoe.

- Además, terció Kimiko, he aquí una suma ofrecida por el Emperador en prenda de obsequio. Sabemos que Draconia desea abrir escuelas de magia, esto podrá ayudarles en esa tarea.

Galmara sabía que la propuesta era interesante, pero la contrapartida era demasiado débil.

- Ustedes estan bien informados, esto no me asombra de vosotros, querida. Acepto en nombre de Dragón el obsequio del Emperador, y le trasladare su propuesta. Voy a rendir mi informe de su demanda a quien corresponda. Les invito a vernos de nuevo mañana con el fin de darles una respuesta.

Galmara se inclinó delante de sus invitados y los dejó para reunirse en otro cuarto, junto a varias personas que lucían los colores draconianos. Estaba allí Anryéna y otra persona cuya cara estaba cubierta por una capucha ancha y azul.

- Señor Galmara, le escuchamos.

- Dama Anryéna, Señor Profeta, el Imperio de Xzia desea que la Tumba de los antepasados vuelva a pasar bajo su égida. Draconie tendrá acceso, a ella y tambien a la Piedra caida del cielo con el fin de estudiarla.

Anryéna miró la Profeta, luego este último tomó la palabra.

- Dragón fue claro, nadie debe tener esa piedra. Es el veneno que va a roer a Guem y llevar a a todos nosotros a nuestra pérdida.

Galmara se sintio perturbado al oir al Profeta. Ellos se conocían bien por haber tenido largas discusiones en el pasado, pero no reconocía el sonido de su voz ni su modo de moverse. Pero sabiendo quedarse en su lugar, le dice estas palabras:

- Muy bien, pero la situación es delicada. Si Kotoba y los Enviados cuidadosamente se evitaron hasta aquí, ahora hablamos de una guerra probable y abierta, de la que saldremos totalmente perdedores. Si se me permite opinar, tenemos que hacer algo mejor.

- Exacto, respondió Anryéna.

En este momento alguien llamó a la puerta y entró. Se trataba de Marlok, que se encontraba vestido con los colores de Draconia. Avanzó hasta el grupo y puso rodilla en tierra.

- Identifiqué la "preocupación". Podemos vencer a Kotoba si el plan se desarolla correctamente.

Galmara abrió grande los ojos.

- ¿ De cuál plan habla y desde cuando volviste a ser un miembro de los Enviados?

- Esto es largo de explicar, y el tiempo nos acosa cruelmente, respondió el mago. Profeta, usted tenía razón los Combatientes de Zil están bajo una influencia Néhantiste, algunos de ellos, como fue mi caso no actúan, solo a voluntad de su jefe. Podemos liberarlos y hacer de ellos aliados poderosos.

Profeta avanzó hasta la altura del mago.

- Mejorado Marlok, trabajaste bien. Recobras tu lugar en el seno del Compendio. Otros Zil tambien corren peligro de caer bajo la influencia de Nehant. Ponte en camino con Aerouant y sigue la pista de Télendar. No debe estar lejos de su "maestro". Vayan, todavía tengo que hablar con el señor Galmara.

Anryéna dejó el cuarto al mismo tiempo que Marlok, dejando a Profeta y Galmara en sus discusiones.

- ¿ Que piensas de los Nómadas?

- Les conocí en otro tiempo, hay que desconfiar de ellos.

- Tengo miedo que preparen algo grave. Señor Galmara, vamos a tener que ser astutos. Tengo una lista de invitados que deseo convidar a una gran velada, aquí mismo. Durante esta recepción, deberemos descubrir secretos y desbaratar los complots que se traman en la sombra.

En el pasillo adyacente, Oogoe sonreía.

- Sí, muchos complots se traman...

Presagio

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Toran había vencido a Akutsaï y encarcelado a Akujin. No deseando abandonar a su antiguo alumno, el viejo maestro había decidido que era el tiempo para que él volviera al templo de Yafujima y que por fin Aku se convirtiera verdaderamente en un miembro de la Orden. Había dejado el templo mucho tiempo atras, por vergüenza, al haber fallado en su labor de maestro Tsoutaï. Ahora, estaba en paz. Había conseguido superar la prueba que la vida le había impuesto y, si se requería de él, entonces retomaría su puesto. Su llegada no pasó inadvertida. Toran había escogido bien el momento para volver, porque precisamente era la hora del entrenamiento en el patio. Los presentes se pararon, apartándose para darles paso. Los cuchicheos se escuchaban por doquier, hasta que Toran y Aku estuvieron al otro lado del patio. Entonces, todos hicieron silencio a la espera de las palabras del maestro del Templo, el venerable Zaoryu. Este último no creía lo que veian sus ojos. En otro tiempo, él y Toran fueron amigos intimos y habían tenido el mismo maestro. Toran se inclinó delante de Zaoryu presentando un rollo de papel cerrado por un sello.

- Aquí esta encerrado el Cherchefaille denominado Akujin, en otro tiempo llamado Senjin. Deseo que sea guardado de nuevo por el Tsoutaï de Yafujima.

Zaoryu aceptó el rodillo y fue a guardarlo, lejos de las miradas y bajo la proteccion del Tsoutaï. Luego a su vuelta se inclinó delante de Toran.

- Estoy feliz de tenerte de nuevo entre nosostros amigo mio, tu presencia y tus enseñanzas hicieron mucha falta. Pienso que tenemos que hablar. ¿ El joven a tu lado es tu antiguo alumno, Aku?

Aku no había pronunciado la menor palabra desde hacia días. Ahora liberado de la influencia de su Cherchefaille se daba cuenta del dolor y mal que había causado y la vergüenza se había apoderado de él. Respondió a la pregunta de Zaoryu con un pequeño movimiento de su cabeza, de forma afirmativa.

- Venerable, deseo acabar de transmitirle mis enseñanzas a Aku.

- ¿Deseas quedarte aquí y volver a estar entre aquellos a quiénes abandonaste?

Toran se sintió mal. Sí, los había abandonado.

- Pero nuestras enseñanzas son tales, que no nos esta permitido negarte que te reincorpores. Las heridas se curan y hay que mirar hacia el futuro, de aquí en adelante. Toran tu error ha sido remediado. Aku vuelve a ser tu alumno...

Fue interrumpido por los gritos de Aku.

- Maestros! , miren!, dice señalando a una ave inmensa que pasaba por encima de ellos. ¡ Es un Cherchefaille!

Los Tsoutaïs se asombraron, ninguno de ellos había sentido su presencia, ni siquiera el mismo Toran. Esto demostraba a todos la gran afinidad que tenía el joven con el mundo de los espíritus. El ave en cuestion, era una Garza y luego de pasar por encima del templo, comenzó a alejarse.

- ¿ Toran, quieres seguir a este Cherchefaille y encontrar la explicacion de por qué se pasea libremente en nuestro mundo? Para colmo, una Garza.

- Sí... Aku, quédate aquí. Volvere tan pronto como pueda.

El viejo Tsoutaï se fue rápidamente antes de perder la pista a la Garza. En el camino, recordó una leyenda respecto al Cherchefaille Héron.

Okïa, era un pueblo Xziarite en el borde de la tumba de los antepasados. Hime había sido enviada alli como refuerzo de los Kotoba y con muchas recomendaciones de su maestro abatidor, Tsuro. Debía ser muy sigilosa porque los informes le señalaban que podia haber espías vigilando en los alrededores. Era por la noche y patrullaba de tejado en tejado, cuando faltó poco para que perdiera su camuflage. Se sentía observada. Pero no había, ni siquiera la sombra de algun transeunte en las calles a estas altas horas de la noche. Bajó para esconderse, a tiempo suficiente para ver si no la seguían. Entonces, como de la nada, un viejecito aparecio en la calle. Visiblemente, buscaba algo, o más bien a alguien. Esperó pacientemente que pasara por donde estaba ella para saltarle encima. Por desgracia para ella, el viejo era Toran, que no se vio sorprendido, prevenido por su Cherchefailles. Estos últimos salieron en el momento de la agresión para protegerlo. Hime se sorprendio y se retiró algunos pasos. En ese momento, aparecio delante de la joven, una Garza inmensa y morada que desplegó sus alas. El Tsoutaï no podia creer que la Garza estuviera alli, y por su parte la joven tampoco. Los animos se calmaron cuando cada uno reconocio la orden, en la que el otro militaba. Luego la Garza desapareció, viendo que Hime estaba a salvo y la situación no revestia peligro. Toran observó a la joven con mucho interés y observó los tatuajes morados característicos de los lazos con un Cherchefaille.

- ¿ Que quieres de mi viejo perverso? Le espetó Hime que veía sus ojos pasearse sobre su cuerpo. ¿ Qué es todo esto??

- ¿ Cómo obtuviste esos tatuajes?

- Los tengo desde hace tiempo.

- Bien, he aquí algo interesante. Quiero hablar con Tsuro, sé que puedes ponerte en contacto con él y tu presencia aquí indica a todas vistas, que probablemente debías estar en camino para reunirte con él.

- No se de que hablas.

- Quizas no. Pero sé que sientes su presencia desde hace tiempo, que a veces tienes sueños o visiones que no puedes explicar. Puedo ayudarte a comprender lo que esta por venir, pero antes debo hablar con Tsuro.

Tenía razón. Conocía de reputación de los Tsoutaï y en verdad nunca había pensado en ellos para solucionar su problema.

- De acuerdo, voy a hacerlo.

El día siguiente, cerca del mediodía, Ramen, el célebre vendedor de tallarines se había instalado en la plaza del pueblo. Por desgracia para él, sus dos unicos clientes, a causa de un pedido especial, eran Toran y Tsuro. Ramen debería sentirse honrado, con su presencia, en su humilde puesto. Pero solo dos clientes, era malo para su negocio. Pero esa era otra cuestion.

- ¿ Que sabes sobre Hime?

- Todo, o casi todo. ¿ Hizo alguna tontería?

- No, no, muy al contrario, pienso que su destino no es el que piensa seguir.

- Podrias ser más claro, las elucubraciones de los Tsoutaï son siempre difíciles de comprender.

- Hime es una Tsoutaï.

Tsuro no pareció sorprendido.

- Sí, lo sabía, pero sus talentos están al servicio del Emperador y el Emperador desea que forme parte de mis Abatidores. ¿ No querras enfadar al Emperador contradiciendolo? Además, tengo mucha esperanza puesta en su futuro en el seno de mi orden.

El viejo hombre bajó la voz para no lo escuchara Amaya, que vigilaba en la entrada.

- En el futuro, tiene buenas posibilidades de tomar mi lugar.

- Pero si no controla a su Cherchefaille, corre peligro de provocar accidentes y así perjudicar la imagen del Emperador. ¿ No querras que el Emperador se enfadara, al enterarse de ello, no?


Un silencio pesado se instaló entre ambos hombres. Cada uno, no quería darle la razón al otro. Pero fue Toran quien encontró la solución.

- Hoshikage. ¿ Conoces ese nombre?

- Pfff, sí, muy bien, fue uno de mis predecesores, hace varios siglos de esto.

- Y era también el único en formar parte de nuestras dos órdenes.

- La situación es diferente.

- No, no es diferente. Pienso que Hime es su descendiente, no sé sobre eso nada más por el momento, salvo que el Cherchefaille del Hoshikage era una Garza, como el de Hime. Te propongo que siga pues, nuestras dos enseñanzas. No había sentido tal fuerza desde que conoci a Aku, y esta vez no cuento con cometer ningun error. Reflexiona pues sobre el potencial que puede aportar al Imperio.

Tsuro se rascaba la barba.

- La necesito para una misión. Pero, dentro de un mes, te la enviaré.

Con mucha ironía, Toran respondió.

- Se que el Emperador no se enfadara.

Nota de traduccion: Cherchefaille podria traducirse como Busca-fallas debe expresar algo sobre la naturaleza propia de los espiritus, el que le hayan puesto este nombre en la historia.

Le Baile de los cortesanos

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Kastel Drakren, varias semanas después del encuentro entre el señor Galmara y los Enviados de Noz' Dingard...

Según lo convenido, se habían cursado invitaciones a una lista a tanto particular de invitados prestigiosos. Todos ellos libraban grandes batallas, pero sin ejércitos a su mando, para ellos, sólo la palabra servía como instrumento para lograr la victoria. La intriga, la política y los complots eran el alimento diario de estos hombres y mujeres. Galmara sabía que reunir a todas estas personas en un evento, haria que es fuera inolvidable para todos. Después de la respuesta negativa de dejar al Imperio de Xzia volver a ser dueño de la Tumba de los antiguos, había recibido nuevas consignas. Debía enfocarse, en lo sucesivo, en la gente venida del desierto, impedir a Kotoba tener nuevos aliados, y ver si los Combatientes de Zil podían, o no, servir a los intereses de Dragón, nada inhabitual en suma.

Todos los que habian sido invitados asistieron y la velada prometia ser apasionante. Oogoe Kage, Kimiko, Hasna, Marlok, Angélica y Máscara de hierro habían hecho el viaje hasta el castillo y cada uno de ellos eran un adversario temible. Galmara los recibio en la gran sala de fiestas. Había también unos nobles de los alrededores, así como la gente de compañía de los cortesanos. Iba a comenzar su discurso de bienvenida, como lo requería el protocolo, cuando el portero anunció a una nueva persona.

- Dama Ishaïa, enviada por el Consejo.

Al escuchar este nombre todos se volvieron. Galmara frunció las cejas, esta persona no fue invitada, nunca la invitaria a ella. Ishaïa formaba parte del Consejo, una gremio cocreado por las potencias del mundo con el fin de regular otros gremios. Su poder estaba por encima del de una nación y las decisiones del Consejo debían ser respetadas bajo pena de represalias terribles. A fin de cuentas, el Consejo era el único que autorizaba la creación de un Gremio y el único que podia disolverlos. Ishaïa probablemente era una de las personas más temidas por esta gente. Su belleza fatal escondía un espíritu vivo y una inteligencia temible. Y, esta tarde, allí, ninguna otra mujer podía jactarse de ser su igual. A medida que avanzaba en medio de los convidados saludaba a aquellos a los que conocía. Galmara se apresuró a ir a su encuentro para no equivocarse. No recibir convenientemente a un miembro del Consejo, esta tarde, podía provocar repercusiones. El besamanos fue de rigor.


- Es siempre un placer recibir a un miembro del consejo.

- Pamplinas, señor Galmara. Me entere de esta pequeña recepción, y espero que usted no se ofenda conmigo, por haberme invitado sola.

- Ciertamente, usted no necesita invitación.


- Exacto. Pero, mi estimado, vi que usted iba a abrir la velada. Por favor, haga pues.


El cortesano volvió el estrado con rapidez.

- Queridos amigos, el mundo hoy está al borde de la ruina. Todos, los aquí presentes, sabemos que sólo depende de nosotros el encontrar una solución diplomática. Tenemos total conocimiento, que en este momento se inquietan por el futuro de sus amigos,y sus familias. Es por su propio futuro, que ustedes estan aquí esta tarde. Ya es hora que recobremos la confianza unos y otros.

Todos aplaudieron,más por cortesía que por convicción. Una música dulce comenzó y los sirvientes entraron en sala, repartiendo bebidas refinadas y platos suculentos. Y las discusiones usuales comenzaron.

En un rincón, Máscara de hierro y Oogoe se daban las últimas noticias.

- Marlok lo consiguió.

La voz de Máscara de hierro era ronca y parecia venir de muy lejos. El cortesano Cuervo jugaba con una pluma negra de arrendajo.

- Es a la vez una buena y una mala noticia. Si restituyó las piedras-corazones a los Zil, ya comenzó a ponerlos por su parte.

- Sí, por una vez, los Enviados brillaron. Es una hazaña digna de repetir quitar a un Nehantiste de las piedras-corazones ennegrecidas. Me hicieron falta muchos esfuerzos para que Marlok desempeñe su papel. Pero esta hecho, como fue previsto.

- En lo sucesivo hay que procurar que los Zil guarden su independencia. Y para esto, tengo una solución que puedo aportar.

- ¿ Cuál es?

Oogoe sacó entonces un pergamino de uno de sus numerosos bolsillos escondidos.

- Esto es una escritura de propiedad. El Cuervo ofrece a los Zil un pedazo de tierra en la frontera con la Tumba de los antepasados. Sé bien que les gusta viajar a través del mundo, pero este lugar podría darle un pie en tierra sólida y les permitiría estar en su casa.

Máscara de hierro hacía girar un vino delicioso de Yses en su copa de cristal. Finalmente tomó el papel.


- Los Combatientes de Zil no olvidarán este gesto.


Por su parte, Marlok quería saber más acerca de la consejera Ishaïa. Su nuevo papel en el seno de los Enviados lo colocaba delante de situaciones desconocidas. Si bien ya había pensado hablar con el Consejo, jamás se había cruzado con uno de sus miembros. Viendo que pocas personas la habían sacado a bailar, se atrevió

- ¿ Me concedería este baile, mi Dama?


- De buena gana, todos piensan que debo morder porque soy del Consejo, dice tomandole la mano.


Marlok no vio la mirada enfurecida de Angélica que en ese instante se moría de celos. Los danzantes se movian a un ritmo relativamente lento, lo que les dejó el tiempo de discutir.

- ¿Usted es Marlok,cierto? Pensé que podiamos hablar de su historia tan singular.


- Historia triste, afortunadamente por el momento, con final feliz.


- Leí el informe que Profeta envió al Consejo, y de su proeza. Impresionante.


- Le agradezco por el cumplido.


- Sé que usted y los suyos, se enfrentaron con un Nehantiste.

Marlok dejó de bailar.

- Vayamos a hablar de esto un poco más lejos, usted quiere, le dice soltandole la mano, y tomandola de la cintura con una mirada traviesa.

Sobre uno de los numerosos balcones del castillo, ambos cortesanos continuaban su discusión. A lo lejos, la piedra caida del cielo débilmente lucía como si una estrella brillara sobre la Tierra.

- ¿ Me permite?

Marlok le mostró cinco pequeños cristales azulados.

- Tranquilícese, es únicamente para que nuestras palabras se queden entre nosotros.

Ishaïa estuvo conforme y el mago colocó a distancia igual los cinco cristales en el suelo alrededor de ellos. Luego, de un gesto, estos últimos levitaron y un tipo de escudo mágico azulado se formó, tal cual una burbuja.

- Aquí podemos hablar libremente. ¿ Que quiere saber?

- No es tanto lo que quiero saber, lo importante, es lo que quiero que usted me corrobore. Hace ya varios meses que observamos comportamientos inquietantes en el seno de las gremios. Lo que pasó con los Combatientes de Zil no es aislado. El nombre de Nehant reaparece sin cesar y su último informe lo confirma. Pensamos que uno o varios Nehantistes sacan provecho del conflicto de La Piedra Caida del Cielo.

- Nos enfrentamos con Nehantistes efectivamente, pero no los vencimos, solamente los hemos ahuyentado. Si hay varios, tengo motivos para creer que debemos preocuparnos, si debemos enfrentarnos con ellos.

La joven mujer tomó un aire serio.

- El Consejo desea confiarle una misión, dice tomando uno de los rodillos atados a su cinturón.

Marlok se sorprendio.

- ¿ Por qué yo?

- Porque usted tiene la experiencia, la madurez y los dones necesarios. Nos hacen falta todas las informaciones posibles sobre lo que sucede tras bastidores. Queremos nombres y sobre todo queremos saber lo que le paso a Eredan.

- ¡ Sólo esto! Exclamó él en un tono irónico. ¿ Usted piensa seriamente que yo solo voy a poder conseguir toda la informacion posible?


- No, no solo. Habrá otras personas que tendrán la misma misión que usted. Por el momento y por razones de seguridad, preferimos que cada uno guarde el anonimato.

- De cualquier modo, no tengo elección. Debo apegarme a las órdenes del Consejo. Pero estoy vinculado a Dragón y Dragón sabrá lo que se trama. Dudo que usted pueda prohibirle mezclar a los Enviados de Noz' Dingard en esta historia.

- Dragón ya sabe y convinimos que por el momento no intervendría.

Marlok suspiró, luego abrió el pergamino y desenrolló el permiso administrativo de ausencia. Después de haber leido su contenido, lo guardó.

- Me pongo en camino mañana mismo.

- Entonces si el asunto esta concluido, todavía tengo ganas de bailar.

El mago anuló su sortilegio y ambos retornaron a la reunión.

- Una última cosa, desconfíe de esos dos de allí, dice indicando a Máscara de hierro y Oogoe.

Muerte y Renacimiento

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Profeta yacía recostado sobre una mesa de cristal dispuesta en medio de la gran plaza de Noz' Dingard. El pueblo estaba de luto, porque habia perdido a su dirigente. Anryéna, los ojos enrojecidos por las incesantes lágrimas apretaba la mano de su hijo. Alrededor de ellos, el silencio sólo fue perturbado por los llantos de las mujeres. Kounok, que habia alcanzado la adultez, superaba, con creces, la talla de todos los presentes. Se dio cuenta, viendo que casi toda la ciudad había venido, hasta qué punto, su hermano fue querido. Naya y la orden de Sorcelames con casi todos sus miembros honraban su memoria.

Todos se despidieron de él.

Así como lo quiere la tradición, al caer la noche sobre Noz' Dingard, la muchedumbre se esparció y, muy rápidamente, solo quedaron Anryéna y Kounok. Entonces la gema inmensa y azul, el centro de la vida en Draconia se iluminó. Una forma se dibujó, de luz azulada y y de manera simple se materializó un dragón majestuoso e inmenso. Se colocó entonces cerca del difunto. Un halo apareció alrededor del Profeta y un duplicado espectral salió de él. Anryéna parecía a la vez feliz de ver de nuevo a su hijo, pero tan bien mortificada, pues sabía que esta era su última aparición.

- Tu existencia llegó a su término, vine buscarte para acompañarte hasta tu última morada.

Profeta se acercó a su madre y, con su mano fantasmal, le acarició la mejilla. Anryéna lloró cada vez más.

- Madre, retiene tus lágrimas. Estaré siempre cerca de ti y Dragón va a velar por mí.

- Lo sé, mi niño,lo sé. Pero una madre tiene el derecho a llorar por la muerte de su niño.

Kounok no había movido una escama y miraba a su hermano con insistencia. Si hubiera podido hablar, le habría dicho cuánto iba a faltarle. Como si Dragón hubiera sabido leer en él, le acercó su cabeza inmensa.

- ¿ Estás dispuesto a tomar el relevo Kounok?

Anryéna protestó vivamente, entonces.

- ¿ Qué? ¿Sera que tomar a uno de mis niños no basta para ti padre? Quieres ahora hacerle tomar riesgos inconsiderados a tu último pequeño hijo.

Pero Kounok como para responder miró a Dragón y asintio con la cabeza.

- El ha elegido, hija mia. Draconia necesita un guía y, en esta era de conflicto, un nuevo Profeta debe aparecer.

- Pero Kounok no es un mago. Como fueron todos los Profeta anteriores.

- Es cierto. Pero...tus tentativas para disuadirme seran vanas.

Anryéna bajó la cabeza.

- Hermano mio, sé que serás un Profeta fuerte y sabio. Tendrás éxito allí dónde yo fracase.

El antiguo Profeta colocó su mano derecha sobre el hocico de Kounok.

- Yo te transmito la voluntad de los que nos precedieron. Qué su sabiduría y sus conocimientos sean tuyos.

En aquel momento, una aura blanca envolvió a Kounok que se sintió en seguida como asaltado por emociones e imágenes que le eran desconocidas. Dragón murmuraba palabras en un lenguaje desconocido. Kounok se transformó entonces en hombre. El aura blanca cesó poco a poco. Su semejanza increíble con su hermano era sorprendente. Miró sus manos, luego tocó su cara sonriendo. Se rascó el pecho y, por primera vez en su vida, pudo expresarse, por fin, por otra cosa que no fueran gruñidos o por el uso de la magia.

- Adiós hermano, te quedarás para siempre en mi corazón y en el de los que te conocieron.

El fantasma del antiguo Profeta desapareció entonces.

- Un Profeta se va, y otro llega. Como a tus predecesores, un nuevo Caballero dragon aparecerá para ayudarte en tu tarea.

- Tengo una idea mucho mejor, respondió Kounok.

- Te escucho, Profeta.

- No deseo un nuevo Caballero dragon. Aunque hubiera fallado en su tarea, quiero tener a Zahal cerca mío.

- Si es esa tu elección, la acepto.

- No es todo. Deseo también llevar ese título, porque no soy mago como mi hermano, iría al combate con la espada en la mano.

- Pero, esto va en contra de las reglas, exclamó Anryéna.

- ¡ Madre! Las reglas nos condujeron al callejón sin salida, donde nos encontramos. Ya es hora de pasar a otra cosa y de mostrar que nuestro pueblo también sabe pelearse.

- Esta bien, te concedo ese derecho.

- Todavía una cosa mas. Me hace falta Quimera.

Al escuchar ese nombre, sintio un tipo de malestar. Quimera era en otro tiempo la espada de Ardakar que se recordará como la más poderosa de los Caballeros Dragon. Es en parte gracias a élla que Draconia se llevó la vistoria sobre el Imperio de Xzia. Llamando Quimera, a su espada fue esta la causante de su caída, al momento que la guerra contra Nehant estalló. La espada le hizo hacer malas acciones a su portador. Para librarse de la influencia que tenía Quimera sobre él, no tuvo otra elección que romperla. Nadie jamás lo vió de nuevo después de esto. El Profeta antiguo recuperó los pedazos de Quimera con el fin de guardarlos para siempre encerrados. Una espada apareció entonces en la mano de Kounok. Su lámina de cristal habia sido quebrada y su guardia estaba gastada.

- ¡ Dragón! ¿ Por qué confiarle tal instrumento de muerte?

- Hija mia, no he hecho nada.

- ¡ Increíble! ¡ Ella ha venido sola hasta aqui!

- No es más que el reflejo de lo que fue antaño. Pero huelo que será útil para ti.

Kounok miraba a Quimera con interés, él la imaginaba siempre en otro lugar, sólo en un libro. Esperaba que se transformara en el símbolo del poderio militar de la Draconia. Varias semanas pasaron y Kounok estaba plenamente afianzado en sus nuevas funciones. He aquí que deseaba ir algunos días a la Tumba de los Antepasados nuevamente y reunir a los Enviados, y ponerlos al tanto de su nombramiento, como nuevo profeta, hecho por Dragón. Pero el destino quiso que sean los Enviados quienes vuelvan, por lo menos en parte, a Noz' Dingard. El Profeta estaba en gran discusión con algunos consejeros cuando un guardia le trajó un mensaje. Aerouant, Alishk y Zahal acababan de llegar a la ciudad y traían con ellos a Marlok el traidor. Los hizo llamar con el fin de recibirlos en la gran sala. Zahal entró primero, cabeza baja, por que sabía que iba a ser castigado por su falta, seguido por Alishk, por Marlok, que era mantenido encarcelado por lazos mágicos, y por ultimo de Aerouant, que viendo al Profeta se sintio conmovido. Kounok se parecía tanto a su padre.

Zahal echó a Marlok al suelo.

- Señor he aquí a Marlok el tr...

No tuvo tiempo de terminar su frase que Quimera aparecio en la mano de Kounok. Guiados por sus instintos, inmediatamente habían notado una cierta presencia detrás de Marlok, con un lazo estrecho que los unia. Profeta golpeó la presencia con rapidez y cortó con precisión, el lazo invisible. Marlok perdió conocimiento en ese instante. Una forma negra y vagamente humana se formó.

- Aaahhhh, un nuevo Profeta... Tus días estan contados...

Luego la forma se evaporó.

Zahal, Alishk y Aerouant estaban atonitos por la escena que acababa de producirse.

- ¿ Que era todo eso? Preguntó Aerouant.

- No estoy seguro, pero tengo la impresión de que acabo de liberar a Marlok de la influencia de un Nehantiste.

Zahal miraba la espada de su nuevo jefe, le decía algo. Luego sus memorias le volvieron. Sí, esa lámina quebrantada... ¡ Quimera! En ese momento notó que el Profeta era también un Caballero Dragon, lo que lo afligió sobremanera. ¿ Era este su castigo, iba a perder su lugar y su titulo?

El día siguiente, Marlok había recobrado el conocimiento. Por supuesto, estaba encerrado en una de las celdas de la prisión de la ciudad, bien custodiado por dos integrantes de las Sorcelames. Pero se reia de esto, ya que por fin pensaba por si mismo.

- ¿ Entonces traidor, estas despierto? La cara de Anryéna transmitia muy bien el sentimiento del momento: la cólera. ¿ Sabes lo que te espera?

Marlok se levantó con indolencia y se quitó el polvo.

- Sabes, acabo de vivir varios meses bajo la influencia de un Néhantiste. Puedes dejarme aquí, pudriendome hasta el final de mis días.

- ¿ Que que?

Marlok comprendió en seguida. Kounok no le había dicho nada.

- Veo que el Profeta se permite esconderte cosas importantes. Por otra parte es verdad que es muy diferente de su hermano.

- Hablaré con él.

- ¿Hablar qué, madre? Dijo el Profeta mientras entraba en la sala de las celdas.

- Por qué no le cuentas todo, respondió Marlok.

Kounok miró a las Sorcelames.

- Por favor, déjennos,se lo ruego.

Sin ruido, las dos jóvenes mujeres dejaron la sala.

- Sé lo que hiciste en el pasado Marlok. Robar informacion y hechizos prohibidos de cristalomancia se consideran crímenes graves. Pero sé que siempre guardaste eso para tu uso. Mi madre vive en ese pasado y no es capaz de perdonar. Ya has sido castigado y añadiré sólo una cosa. Tus faltas estan perdonadas, hoy más que nunca Draconia y los Combatientes de Zil te necesitan.

- ¿ Si yo estaba bajo la influencia de un néhantiste, ellos probablemente también lo esten?

- Es lo que me gustaría saber, añadió el Profeta abriendo la puerta de la celda.

Anryéna se sentia herida y enfurecida, pero comprendía que los interéses de Draconia le exigían que no hiciera nada.

- Te reenvío con los combatientes de Zil. Me gustaría que utilizaras esto.

Kounok le ofrecia un monóculo usado.

- Esto ha sido fabricado por Asal d' Arguemand, el ilustre inventor de la cristalomancia. Ha sido fabricado durante la guerra contra Néhant con el fin de visualizar a la gente que estaba bajo su influencia. Creo que te servira en lo sucesivo. Eres libre de hacer lo que te guste. Puedes perfectamente ignorar, aunque esto me asombraría, la posesión que sufren tus amigos Zil y huir. O puedes volver a tus raíces y ganarte tu lugar en el seno de los Enviados. Debes escoger tu camino.

Marlok había perdido varios meses de su vida y a su golem tan querido, que le había valido por otra parte su vuelta a la Draconia. Nada más lo relacionaba en lo sucesivo con esa vida de vagabundeos. En cambio, no podía resignarse a abandonar a los Zil a su suerte. Ellos que lo habían recibido cuando no tenía más lugar adonde ir...

Abandonada

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Ergue esta cansado. Su combate contra Tsuro y las Sorcelames le había requerido una atención constante. No había conseguido mantener su estado de Abominación bastante tiempo para vencerlos y el escape era la unica solución que había encontrado el cazador Zil. Sus compañeros Soriek y Granderage se habían ido cada uno por su cuenta para despistar. Desde hace varias semanas, dormían en los alrededores y jugaban a la guerrilla, unas veces con los Enviados de Noz' Dingard, y otras con los Kotoba. Ergue bebía en el río que pasaba al otro lado del bosque. Vio entonces, cortado, entre dos gruesas piedras, un pedazo de tejido gris, luego la corriente hizo pasar otro pedazo delante de él. Desconcertado, presto mas atencion. Vió, rio arriba, una forma alargada sobre la orilla, con la mitad en el agua helada.

- Ve a ver. Le susurró una voz en su cabeza.

Se levantó y fue a ver de que se trataba aquello. Adivinó adelantándose que se trataba de una persona. Sus vestidos estaban desgarrados a la mitad , Ergue levantó un pedazo de su capa que escondía en parte la cara de su hallazgo. Él reconocio inmediatamente al que tenía enfrente. ¡ Esa tela grisasea, esa máscara tan particular, aunque jamás lo cruzó, Ergue estaba seguro , era Traquemage! ¿ Pero por qué estaba en ese estado? Y sobre todo... El T.R.A.Q.U.E.M.A.G.E!!! He aquí un descubrimiento sensacional, la respuesta a muchas cuestiones de los orígenes de uno de los asesinos más célebres del mundo. Ergue giro al Traquemage que estaba de cara contra la tierra, las formas bajo el traje no engañaban, era una mujer. Mechones de cabellos sobresalian de su máscara casi totalmente desgarrada, y el resto del traje no estaba mucho mejor. El cazador Zil sacó provecho de eso para atarle las manos. Decidió llevarla al campamento, sus compañeros probablemente sabrían que hacer con ella. En el camino, Traquemage se despertó y lentamente se dio cuenta que era acarreada como una bolsa de batatas. En unos segundos, sus reflejos afloraron. Un golpe de rodilla en el plexo, encadenado de una patada extremadamente bien colocada y ella estaba libre. Entonces, se echó a correr como un conejo. Por desgracia para ella, Ergue era un cazador y frente a una presa, en parte amarrada no tuvo pena de recobrarla. Esta última resistía con rabia y ferocidad, pero a pesar de eso, acabó sin embargo atrapada. Durante su vuelta al campamento, Granderage se reunió con ellos y estaba muy interesado, y hay que reconocerlo, tambien un poco celoso, del interés puesto por su compañero Zil en este "paquete".

- ¿ Quesss esss esosss?

- Lo encontré al borde de un río. Es Traquemage.

- ¿Que cosa? Dice, con aire inocente.

- Sabes bien, no ta hagas conmigo, entiende que no estoy de humor, añadió tomandose la cota.

Una vez en el campamento Zil. No había mucha gente. Solo Abyssien, fiel a su puesto, guardaba el lugar.

- Oh, Ergue, comenzaba a inquietarme por ti. Soriek esta contigo?, en fin con ustedes ya que Granderage está contigo.

- No, no sé donde esta, pero seguramente tiene interés en volver rápidamente.

- ¿Estas callado y con aspecto de cansado, esto tiene algo que ver con lo que traes sobre tu hombro y que patalea?

- Sí. Y puso su presa sobre uno de los numerosos cojines.

Abyssien estudió a la joven mujer que gruñía mientras podía. Observó el traje y el resto de la máscara.

- ¿ Dónde la tomaste?

- La encontré a orillas del río, a algunas horas de aquí. Estaba inconsciente.

El jefe de los Zil se dirigió entonces a Traquemage.

- Voy a liberarte, no queremos saber lo malo o bueno que te paso. Queremos ayudarte. No podrás salir de esta carpa, la sello mágicamente a este fin. ¿ Comprendido? Traquemage hizo un gesto afirmativo con la cabeza y Abyssien después de haber cerrado los accesos a la carpa la liberó. Esta vez, no hizo ningún movimiento, pero las lágrimas fluían de sus ojos.

- ¿ Realmente eres Traquemage?

- Yo...

- Te aviso, todo lo que vas a decir se quedará entre nosotros.

- No soy Traquemage, sino esto no habria pasado.

- ¿ Oh? ¿ Ibas a reemplazarlo?

- No, iba a convertirme en uno, dice con una mezcla de cólera y de amargura.

- ¿ Que quieres decir con esto? ¿ Hay varios Traquemage?

- Sí, nosotros somos muchos llevando el traje.

Abyssien se volvió hacia sus compañeros.

- Vayan a buscar con que alimentar a nuestra invitada.

Mientras que Granderage y Ergue iban en busca de lo que hacía falta, el jefe de los Zil sacó provecho de esto para lanzar un sortilegio del Tiempo pasado, que le permitía ver cuales acontecimientos habían conducido a esta joven mujer allí dónde se encontraba. Lo que descubrió era una revelación sagrada. En efecto, imágenes distintas mostraban a varias personas en traje de Traquemage. Eran todos más o menos de la mismo talla. Rodeaban a la joven mujer como en un tipo de ritual. Uno de ellos se adelantó entonces.

- Tomo a esta alumna bajo mi ala, le inculcaré nuestros secretos, le enseñaré a acosar y a matar a nuestros blancos sin hacerse jamás agarrar.

Otro se adelantó entonces.

- Sombría, olvida tu nombre porque ya no es más. Hoy eres Traquemage, servirás a la organización hasta la muerte.

Otro mas, que tenía una máscara entre las manos se la puso y dijo:

- Vaya ahora, sus primeros blancos fueron designados.

La escena se paró allí. Abyssien comprendía ahora cómo fue edificada la reputación de este asesino célebre.

- ¿ Entonces, Sombría, cómo es que te hemos hallado en ese estado?

- He sido abandonada por mi maestro. La misión a la cual se nos había enviado salió mal y debí enfrentarme a algo que me superaba. Fallé. Mi maestro me consideró muerta y me dejó. De todos modos, un verdadero Traquemage se habría escapado de tal situación. Pero nuestras reglas son estrictas, cuando un Traquemage cae, el que lo acompaña debe ocuparse de remediar el problema. Matar y eliminar el cuerpo del Traquemage que falló forma parte de reglas.

- Y bien, no podemos escaparnos de las reglas de cada organización. Todavía tengo algunas preguntas, después, prometido, te dejo tranquila. ¿ Por qué me revelas todo esto?

- ¡ Porque las detesto!

- Es una razón suficiente para mi. ¿ Y entonces, ahora que no eres más Traquemage, que vas a hacer?

- No se.

- La gente que no sabe donde ir, aqui están todos bienvenidos. Quedate con nosotros el tiempo que quieras, Sombria, estoy seguro que tus talentos serán muy apreciados. Podemos aprender de ti, y nosotros, te protegeremos de los Traquemages si es necesario. Por otra parte, aquellos con los que deseo que vayas llegan ya.

En efecto, después de que Abyssien hubiera reabierto la puerta, entraron a Sangrespada, Sinrostro y Kolera...

El Embajador

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El campamento Xziarite había recobrado su calma. Las luces de las antorchas alumbraban las tiendas de una luz dulce y roja. El incienso bañaba el lugar de un olor suave. Gakyusha sacaba provecho de la calma momentánea para tomar un descanso merecido. Una vez más, el Emperador estaría satisfecho de sus servicios.

De repente, una voz sonó afuera:

- ¡Señor! Tenemos un problema.

Cansado, Gakyusha suspiró. Incorporándose de su lecho, salió de la tienda.

Viendo al centinela de rodillas delante de la entrada, le pregunto:

- ¿ Qué pasa?

- Un ser extraño se presentó a la entrada del campamento. Reclama una audiencia.

- ¿ Un ser? ¿ Se trata de un dráconico o de uno de esos piratas de Zil?

- Ninguno de los dos, Señor... Dice hablar en nombre del bosque.

- ¿ De quien? Vayamos entonces... Estoy curioso de saber lo que quiere este energúmeno. Haz prevenir a mi hijo y Asajiro. Qué estén preparados en caso de que se trate de una nueva picardía de los Zil.

El centinela escoltó a Gakyusha hasta tres asientos puestos a un lado del campamento. En el medio estaba sentado Ergue el domador, un poco más lejos se sentaba Soriek, el coloso azul sobre el cual Tsuro había hecho un informe. Grandrage probablemente se encontraba en las cercanías, disimulado entre las sombras de los árboles.

Pero lo más sorprendente en este encuentro era el extraño ser que se encontraba frente a los tres asientos. Sobre su derecha, se ubicaba un Hom' Chai de anchura de espaldas impresionante, con la cara marcada con pinturas rojas. Plantada en el suelo, justo detrás de él, habia una lanza gruesa, acabada por una lámina tallada de ámbar. Pero el ser que parecía haber organizado este encuentro era totalmente desconocido para el Xziarite. Tenía una fisonomía más bien endeble, no muy grande y poco musculoso, sus grandes ojos carecian de pupilas y, sobre todo, no tenía boca. Solo vestia un paño de follaje y de bejucos que corrían sobre su cuerpo como si la naturaleza misma quisiera protegerlo de las agresiones. En su mano reposaba un palo acabado por un tipo de luna de marfil tallada, en el centro del cual se encontraba una pequeña criatura nimbada de llamas azuladas.

Ergue se volvió hacia Gakyusha. Este último descubrio en su mirada que estaba tan sorprendido como él del desarrollo asombroso de los acontecimientos. La voz resonó en su cabeza tan clara como si la hubiese oído:

- Saludos a usted Señor Gakyusha del Imperio de Xzia. Soy un Hablamente, hablo en nombre del pueblo Eltarite. Si organizamos este encuentro, es para darles a conocer que las tierras que ustedes pisan no les pertenecen. Fueron territorio del pueblo de los bosques mucho antes de la existencia de sus naciones respectivas.

Primero, desconcertado, Gakyusha se echó a reír...

- ¿ Es broma? La Tumba de los Antepasados ha sido disputada por los dráconicos y el Imperio de Xzia desde hace mucho tiempo. Además, la nación de la que usted pretende ser el portavoz nos es totalmente desconocida. También dudo que el Consejo tuviera conocimiento de su existencia. Tanto como para decirle que su empresa esta destinada al fracaso.

- Estaríamos muy afligidos si debemos usar nuestros poderes para proteger nuestras tierras, resonó la voz de Daïs. Ya lo hicimos en el pasado y estamos dispuestos a volver a hacerlo si el peligro es grande.

- Vaya... cortó Ergue, los conflictos que se dan aquí, involucran sólo a unos pocos hombres y no se adentran demasiado en el bosque. ¿ Porque dicen qué les perjudican tanto?

- El mayor peligro no viene de su pequeña guerra hablando con propiedad sino más exactamente de ese pedazo de roca que esta en la superficie de nuestro mundo.

Daïs apuntó su palo con destino a la piedra caida del cielo. En seguida, como dentro de un espejismo vieron un completo desierto. En el la piedra caída del cielo brillaba tal cual un sol. El suelo debajo de ella parecía estar en llamas y totalmente resquebrajado. En realidad la tierra se pudría como si tuviera una infección provocada por un cuerpo extraño.

- Buena sangre murmuró Ergue pasándose la mano sobre la frente. Comienzo a comprender, murmuró.

- Y entonces, respondió Gakyusha, esta piedra es muy grande. No sabríamos transportarla lejos de aquí sin instrumentos y hombres. A pesar de nuestra supremacía actual, en el conflicto, esta piedra suscita cada vez más intereses. No puedo tomar tal decisión, sin el aval del Emperador y de los refuerzos para proteger a los obreros.

El señor imperial se levantó.

- Su mensaje ha sido recibido Hablamente, pero dudo que su insignificante nación tuviera los medios para hacerse oír.

- Bien, señor imperial. Le trasmitiré sus palabras a los míos. Que así sea.

El Hablamente retrocedió con su guardia, fuera de la luz del fuego. Miríadas de luciérnagas se elevaron del suelo hasta cubrir al Hablamente y al Hom' Chai de la vista de sus interlocutores. Cuando la nube de luciérnagas se disperso, no quedaba rastro de ninguno de ellos.

De vuelta en su tienda Gakyusha volvió a acostarse. Recostado sobre su lecho, tomó algunos instantes para reflexionar. Que representaba realmente esta piedra para que tanta gente se interese en ella. ¿ Este pueblo desconocido podía representar un peligro? No se fiaba de ello pero su experiencia lo empujaba a desconfiar de la gente que abiertamente venía para anunciar su voluntad frente a sus enemigos. O eran locos, o estaban muy seguros de si mismos.

- ¡ Tsuro! Dice en el silencio de su tienda. ¿ Tus abatidores pudieron seguir la pista de los emisarios de los bosques?

- No mi señor, nosotros perdimos su pista tan pronto como alcanzaron el bosque, respondió el abatidor desde las sombras de la tienda.

- ¿ Que sabes sobre este pueblo Eltarite?

- Pocas cosas mi señor. Sabemos acerca de pequeñas tribus Hom ' Chaï y Elfines que estan esparcidas cerca de los accesos del bosque. Que viven de hacer negocio de sus plantas, de joyas de ámbar y de su caza, pero han tenido muy pocos contactos con nuestra nación. Ignoraba que formaban parte de una agrupación de tribus, ni que podían obedecer a otro pueblo.

- Entonces... Probablemente sean todos locos.

Ergue marchaba por la oscuridad a paso rápido. Sus dones de afinidad animal le permitian ver tanto en la oscuridad como a pleno sol. Si solamente Marlok todavía estaria dentro de los suyos, habría podido iluminarlo sobre la visita de esta tarde. Pero una cosa era cierta, contrariamente al presuntuoso de Gakyusha, no cometería el error de subestimar al pueblo de los bosques. Destino un momento para enumerar lo que sabía sobre Daïs. En sus viajes al corazón de las tribus más primitivas de este país, había escuchado hablar de ellos sin ver jamás a ninguno, venerados como dioses por todos los pueblos próximos a la naturaleza. Las leyendas contaban que disponían de grandes poderes mágicos, que eran la voluntad de la naturaleza, que todas las formas de vida les obedecían. Si tal era el caso, un nuevo adversario poderoso iba a entrar en juego.


El bloque de ámbar bañaba el cuarto de una dulce y dorada luz. Kei' zan de la vida, con aire melancólico, se hundía en la contemplación del monolito. En determinado momento, se acercó a la piedra y puso su mano rugosa sobre su superficie. La voz resonó instantaneamente en su cabeza:

- ¿ Entonces hermano mio, los hombres estuvieron a la altura de tus esperanzas?

- Por desgracia no, expresó silenciosamente Kei' zan. Nuestra tentativa de razonar con esta especie esta suspendida. Había enviado a Hablamente acompañado por Marca Rojo y por algunos de nuestros exploradores para comenzar el diálogo con los combatientes humanos pero encontramos sólo el desprecio y la indiferencia.

- Te había prevenido, estos niños jamás comprenderán nada, libérame y créeme que van a recordar por qué sus antepasados tenían miedo del bosque.

- No, dijó melancólicamente la voz de Kei' zan. Tus actos pasados te condenaron a esta prisión y te quedarás allí hasta el final de los tiempos. La cólera del bosque se despierta, comprenderán muy pronto que no están en su casa.

La Momia

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150 años antes que la piedra cayera del cielo, el Desierto Esmeralda estaba sumergido en una guerra civil.

Los touareg del sur, liderados por el Jeque Azine, y la Sacerdotiza de Ptol'a desafiaban la supremacía del culto de Sol´ra. Los conflictos habían llevado a batallas fratricidas donde los contrincantes podían formar parte de la misma familia. Llegó el momento cuando ambas potencias se igualaron. El último enfrentamiento se efectuó entre los politeístas que, por una vez, se entendieron para llevar un frente común contra los monoteístas de Sol´ra, cuyos ejércitos estaban bajo el mando del Guardián del templo, Ahmid. En el corazón de la batalla, la Sacerdotisa de Ptol´a, la diosa de los muertos,y Ahmid, combatieron frente a frente. ¡Fue titánico! Los poderes de los elegidos de los dioses eran inmensos, barriendo todo a su paso, no teniendo cuidado de su entorno, ni de los que se batian en nombre de su causa.

Pronto no quedo nadie, alrededor de ellos. La espada de los guardiánes de Ahmid hendía el aire con un silbido ronco. Por su parte, la Sacerdotisa imploraba a Ptol´a le concediera poderes terroríficos y mortales. Por desgracia, Solaris apoyo a Ahmid, y este cortó la cabeza de su infortunada opositora. Miró la cabeza rodar sobre la arena ardiente,y se paró haciendo frente a la guerrera. Los ojos todavía se entornaban y su boca dijo:

- ¡ No muere aquel qué para siempre duerme! Ganaste, pero matándome también te infligiste la muerte...

Estremecido por un escalofrío glacial Amidh comprendió que esta voz no era de la Sacerdotisa, era la voz de Ptol´a. Aquel día comenzó el advenimiento de Sol´ra y la supremacía de las fuerzas de Minepthra. Esa misma tarde, en el corazón del desierto, una gran fiesta fue dada en honor de Ahmid y de su ejército victorioso. El alcohol fluyó a mares, y asi, el guardián del templo estuvó rápidamente embriagado. Sus sentidos comenzaron a jugarle una mala pasada. En medio de la muchedumbre, creyó ver a una persona que le parecía familiar. Removiendo a los convidados, persiguió al desconocido hasta el borde del río que pasaba no lejos de allí. Ahmid creyó ver la aparición de un fantasma, porque si había reconocido bien, era la gran Sacerdotisa de Ptol´a.

- ¿Eres tú? Dice con una mezcla de asombro y de temor.

La joven mujer le sonríe como para responderle que sí, era ella.

- Pero es imposible, te maté con mis manos.

Las lágrimas fluyeron sobre sus mejillas.

- Te maté.

Cayó de rodillas y rememoró los años dulces que precedieron a la guerra civil. En aquella época, tenian un dulce romance que fue quebrantado, por desgracia, por la locura de los dioses. Y todavía hoy viéndola, sabía que su amor por ella, siempre estaria vivo.

La gran Sacerdotisa se puso también de rodillas y tomó la cara de Ahmid entre sus manos, antes de darle un beso. Es aqui dónde el guardián del templo sintió un malestar profundo, luego un dolor al nivel del corazón.

- Mueres por la mano de la que te amó, como ella murió por tu mano.

El guerrero no lograba respirar más, su sangre hervía en sus venas.

- Cuando hayás muerto, los tuyos van a momificarte y a hacerte funerales suntuosos. Por desgracia para ti, cuando te despiertes, estarás encerrado en tu tumba, para toda la eternidad.

Ahmid sentía los latidos de su corazón ir más despacio, luego cesaron en el momento en que la Sacerdotisa le concedió estas últimas palabras:

- Comprendiste que era Ptol´a en persona. Venir aqui me costó mucho. Ya llegará el día donde repetiré todo mi esplendor de otro tiempo. Adiós, guardián del templo de Sol´ra.

Ahmid fue recobrado y llorado como era necesario. Le rindieron honores como lo había predicho Ptol´a. Le concedieron una tumba digna de un rey. Muchos años pasaron antes de que Ahmid salga de esa muerte aparente. Se sintió perdido y cambiado sobre todo. Golpeó la tapa del sarcófago con fuerza para poder salir. Afortunadamente su tumba fue provista de una miríada de pequeñas gemas solares que débilmente alumbraban la habitación, bastante exigua. Por desgracia, pasó varios días intentando encontrar una salida, en vano.

Fuera, la joven Djamena seguía desde hace algunas semanas las enseñanzas de los sacerdotes. Estos estaban fascinados por la rapidez con la cual la joven mujer aprendía y se impregnaba de preceptos de Sol´ra. Una noche, la joven mujer se despertó con la sensación extraña que tenía algo que cumplir. Sin preocuparse de qué se trataba, salió del templo como guiada por una fuerza superior. Una voz le decía que alguien la necesitaba. Llegó a la gran pirámide, y se introdujo en el interior por una puerta secreta, de la cual ignoraba su existencia hasta ese momento. Los pasillos sinuosos la llevaron al corazón del edificio, allí dónde Ahmid esperaba desde hacia lustros. De instinto, abrió la puerta de la Tumba y entró en ella sin el menor miedo. Instantáneamente su apariencia cambió, alas aparecieron en su espalda y sus cabellos se hicieron como la arena brillando al sol.

- ¿QUE ES ESTO? Gritó Ahmid.

Djamena se adelantó entonces, brillante de luz. El guerrero cayó entonces de rodillas delante de ella reconociendo la fuerza divina de Sol´ra.

Un enviado de Sol´ra, se dice, es la hora de mi redención, por fin voy a poder reunirme con mis antepasados.

- ¿ Vienes a librarme de esta no vida? Dice con una voz increíblemente cavernosa. Serví escrupulosamente toda mi vida de humano. Le imploro Mensajera que me deje ir.

Tengo otros planes para ti, guardián del templo, sirveme con fidelidad y te libraré de esta maldición.

- Pero... Di guerra en nombre de Sol´ra, maté en su nombre, sacrifiqué mi alma y vencí para él. ¿ Es este su modo de agradecerme?

- Se mostrará agradecido si todavía actúas en su nombre, no hay nada que discutir. Podría muy bien dejarte así. ¿ No es eso lo que quieres? ¿no?

La momia recordó el mandato supremo de los guardiánes del templo: obedecer.

- Que así sea, que debo hacer para mi dueño y señor, respondió con amargura.

- Lo que sabes hacer mejor, matar gente. Una amenaza más importante hizo su aparición. Ïolmarek y otros Nómadas del desierto van a tener mucho trabajo contra ellos. Ve a echarles una mano.

- ¡ Obedezco!

Luego la joven mujer volvio a ser Djamena, sus cabellos volvieron a ser negros y sus alas desaparecieron.

El Despertar

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Una flecha silbó, hendiendo el aire con velocidad y se hundió en el pecho del Señor Impérial Gakyusha...

Había hecho oídos sordos en el momento de la advertencia de Hablamente. Para él esta piedra pertenecía en lo sucesivo al Emperador y nada cambiaría este estado de hecho. Los Enviados no se interesaban más por esta piedra, los Combatientes de Zil casi estaban derrotados. Sólo los nómadas del desierto planteaban un problema, pero hasta aquí estos últimos no habían sido belicosos. Pero esto era sólo una fachada, pronto Ïolmarek sabría cómo utilizar los poderes de la piedra caida del cielo y pondría fin al conflicto. Por desgracia no contaba con la llegada de nuevos adversarios que solo deseaban una cosa, que tanto la piedra como todos los invasores desaparecieran de sus territorios milenarios. Repentinamente brotaron raíces del suelo que devastaban los campamentos e intentaba agarrar todo aquello que no podia huir. Por todas partes, unos y otros intentaban escapar de esta vegetación súbita y avisar a los que no habían llegado aún. Ydiane había observado largamente a toda esta gente y gracias a su pericia había reparado en algunos miembro de la Kotoba a los que juzgaba " A neutralizar ". Ella y La Garra se habían aventurado no muy lejos del campamento y estaban a punto de eliminarlos. Ella tensó su arco y disparó al que parecía ser el jefe. Cuando La Garra la vio se abalanzó sobre ellos. Xïn no tuvo tiempo de reaccionar y se encontró a sus espaldas, bejucos que lo atraparon en seguida. En cuanto a Gakyusha, interiormente agradeció a Masamune que le había forjado su armadura, porque la flecha se incrustó en el metal y la punta de ambar se quebró. Pero esto quería decir que un tirador quería cobrar su vida. En el fragor de la batalla vio una furia insectoïde agredir su Portacero. No vaciló y empezo a retroceder en la dirección opuesta. Reparando en Ydiane, se puso en guardia y empuñó su fiel Palabra de Emperador e hizo rápidamente un vacío en su espíritu. Se enfocó en esta segunda flecha que había sido soltada. No era la primera vez que utilizaba esta técnica, pero jamás en una situación tan original. Mientras que la flecha iba a quitarle la vida hundiéndose en su cabeza, el Señor Imperial utilizó una técnica ancestral de iaïjutsu, desenvainó con una rapidez increíble su sable, cortó la flecha moviéndose sobre el lado. No se detuvó allí, por experiencia sabía que los tiros en una pelea eran muy difíciles, decidió ir a llevar la palabra del Emperador a ese insectoïde, que serviría para él de escudo en caso de un nuevo tiro en su contra. Tsuro y Amaya no estaban allí e Iro y Asajiro se habían ido de nuevo para la capital, el ataque pues se efectuaba en el momento en el que Kotoba verdaderamente no estaba en su potencial máximo. El combate iba a ser difícil.


Al otro lado de la piedra, los nómadas se habían refugiado al pie de esta. El poder divino impedía a los bejucos llegar hasta ellos. Ïolmarek y Ahlem imploraban a su dios mientras que la Esfinge fue puesta en guardia, blandiendo sus dos cimetarras con rabia. En frente, los Hom' chaï anchos como colosos se dirigían gruñendo a la pequeña tropa. Kei-Zan se acercó entonces, rodeado de una armadura de espinos que parecían vivos.

- ¡ Ya es hora que ustedes se vayan! No lo repetiremos.

- ¡ Criaturas del mal! Ustedes no son nada en comparación de Sol´ra. ¡ Ustedes son sólo unos insectos y voy a aplastarles como tal! Gritó la Esfinge antes de lanzarse contra Kei-Zan.


Este último golpeó el suelo con su palo y las raíces crecieron con celeridad, capturando al mastodonte sin ninguna dificultad. Por su parte los Hom' Chaï se enfrentaban con otros nómadas con una rabia increíble. La sangre fluyó rápidamente, pero las heridas de los nómadas se cerraban gracias al fervor de sus sacerdotes. Era la primera vez que los Corazon de Savia se enfrentaban a la Magia Ïolmarek los encontraba sin espíritu y demasiado destructores para dejar que la piedra cayera en las manos de estos salvajes. Los Corazón de Savia estuvieron a punto de imponerse cuando su estrategia de batalla estuvo completamente desplegada. Mientras que los Hom' Chai atacaban a los combatientes del desierto, Mélissandro subido sobre su lobo, acompañado por su Pikounours tomaron de costado el resto de la tropa. Afortunadamente para los sacerdotes, un nuevo recién llegado vino para restablecer un poco de equilibrio en esta oposición de fuerzas. Ahmid con su caracteristica de muerto viviente restaba poder a la naturaleza, se imponía a los Hom' Chaï, e hizo retroceder a sus adversarios.

- ¡ Soy Ahmid, plaga de Sol´ra, ustedes se van a reunir con sus antepasados que duermen en las profundidades de estas tierras!

Ïolmarek miró con vivos ojos a esta momia demacrada. Viendo a Ahmid, como el héroe de otros tiempos, sintieron allí la intervención evidente de su dios y recuperaron la confianza. El combate se convirtio en una pelea desorganizada.

Mientras esto sucedia Kei-Zan, observaba pacientemente. Escuchaba a esa naturaleza destruida, reunía sus fuerzas, y concentró su energía en su piedra-corazón, pedazo del árbol-dios y entonces se transformó. Su apariencia se hizo la de un hombre árbol. Sus pies se hicieron unas raíces que se hundieron en el suelo, de su espalda crecieron ramas largas de donde colgaban pequeñas flores.

Daïs irradiaba flujos de fuerza del árbol-mundo. Estaba allí la fuerza increíble de los Corazón de Savia, porque en ese momento los Elfines y Hom' Chaï se trtansformaron en Guémélites, en armonía con esa tierra. La tierra comenzó a temblar, raíces y bejucos gruesos como árboles brotaron del suelo y se enrollaron despacio alrededor de la piedra caida del cielo. Al cabo de un momento formaron un capullo y no se distinguía la menor luz amarilla.

Ïolmarek y otros Nómadas sentieron que el lazo que los unia a la piedra acababa de romperse, era esta una pesada derrota, una batalla acababa de perderse. ¿ Pero quién ganaría esta guerra, al final?

El Cuervo

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Algunos días antes del ataque de los Corazón de Savia, Xïn guardaba la entrada del campamento de Kotoba con un solo ojo. Estaba cansado porque desde la llegada de la gente del desierto, estallaban nuevos enfrentamientos

- ¿ Entonces, soñamos despiertos Portacero?

La frase sacó al Kotoba de su estado. No había visto llegar a esta persona que le hablaba. Frunció los ojos para ver mejor y observó la marca de la Kotoba sobre su quimono sombrío.

- ¿ Me dejas entrar o piensas dejarme aquí?

- ¿A quién debo anunciar?

- ¿ No sabes quién puedo ser?

Xïn sacudió la cabeza de modo negativo.

- Bien, ya veo... ¡ Anuncia pues al Señor Gakyusha que Oogoe Kage esta aquí, y hazme entrar, gordo!

El joven miembro de la Kotoba estallaba interiormente frente a este insulto, pero el nombre de Oogoe Kage no le era desconocido. Iro que se entrenaba con SenRyaku y que había asistido de lejos al intercambio, abandonó a su compañera para ir a ver lo que sucedía. El joven campeón del emperador reconoció la postura del recién llegado, el miembro del clan del cuervo. "¿Que quiere?" Se preguntó Iro.

- ¡ Pero he aquí a nuestro flamante campeón del Emperador! Iro, debo ver a tu padre lo más de prisa posible. Puedes también prepararte porque vas a tener que irte de nuevo a Méragi.

- ¿ Por qué ?

- El Emperador requiere tu presencia.

En la tienda de mando, el Señor Imperial Gakyusha recibía a Oogoe Kage.

- Señor Imperial, es por desgracia una noticia triste la que me hace venir hasta usted. Nuestro amo y señor, el Emperador de Xzia esta gravemente enfermo.

Gakyusha se levantó de su asiento, el rostro desencajado.

- ¿ Gravemente enfermo? ¿ Quieres decir muriendo?

Oogoe bajó la cabeza para confirmar las palabras del jefe de la Kotoba.

- Gracias por haberme prevenido. Voy a prepararme, para ir a Méragi.

- Señor, temo por desgracia, que su presencia aquí sea imperativa, dice tendiéndole un rollo de pergamino.

Después de haberlo leído, el señor imperial fue a sentarse de nuevo. Tomó un pergamino, un pincel y tinta. Apenas hubo escrito algunas palabras, plegado y sellado su carta, se la dio a Oogoe.

- Iro y Asajiro te acompañarán, Cuervo. Quiero que mi hijo le lea esta carta al Emperador. ¿ Él y, sólo él, comprendiste bien?

El tono severo no hizo reaccionar a Oogoe.

- Será hecho según tus deseos, Señor. ¿ Puedo disponer?

- Puedes. He hecho llamar a Iro, tengo que hablarle.

Iro estaba listo. El Emperador siempre le había testimoniado respeto y lo había honrado con el titulo de Campeón del Emperador, a una edad donde nadie había cumplido este prodigio. Las lágrimas le venían, pero las retenía lo mejor posible. Oogoe le había dicho que Gakyusha le esperaba. Yendo hacia la tienda de su padre, se cruzó con SenRyaku. La joven mujer le tomó el brazo cuando se cruzaron. Le susurró algunas palabras al oreja.

- Cuídate y desconfía de la gente que te rodea. Solo ten confianza en Asajiro. Siempre te será fiel.

Luego lo soltó y se fue a sus ocupaciones. Iro entró en la tienda donde flotaba ahora un olor dulce de incienso. Recordaba este olor y esto reavivó en su cabeza un recuerdo que trataba de olvidar. Hace algunos años cuando su madre enfermó, su padre le había rogado a Kami que se le conceda la curación, por desgracia sin éxito. Al fin, el Señor Imperial había aceptado la defunción de su esposa.

- ¿Padre, estás allí?

- Sí, Iro. Ven a mi lado.

El Señor de la Kotoba estaba en una de las alas de la tienda. Allí, había un altar en el cual reposaba la figurita de una joven mujer desnuda cuyos cabellos largos escondían sus pechos. Alrededor de ella palitos de incienso lentamente ardían. Delante de él, en quimono totalmente rojo, el padre de Iro recitaba manteas de oración. El joven campeón del Emperador se arrodilló y recitó su vuelta de las oraciones. Esto duró un momento largo y la noche cayó despacio.

- Iro, recibí un mensaje de Tsuro justo después de la llegada de Oogoe. La situación en el seno del Imperio se degrada y la política se intensifica. Me dejan a un lado de todo esto y es una maniobra hábil. Es para esto, para lo que cuento contigo, para informarme sobre lo que sucede. Todo esto me parece bastante extraño e inquietante.

Iro contemplaba la estatua, perdido en sus pensamientos. Oía las advertencias de su padre, pero no podía abstenerse de soñar

A algunas leguas de ahí, Malyss sentado en medio de la Tumba de los antepasados acababa de leer un encantamiento que había comenzado en la víspera. Estaba al borde del desvanecimiento y sus fuerzas mágicas se debilitaban más de lo razonable. No era el azar quien lo había traído aquí, sino un plan muy preciso. Y era más exactamente la última parte, la cual, ejecutaba en este momento.

Algunas semanas antes, había ayudado a Toran, a través de intermediarios y había procurado que el enfrentamiento entre este último y Akutsaï se efectuara aquí. Su lucha en este lugar había revuelto el mundo de los espíritus y una brecha se había abierto a este mundo. Malyss buscaba un espíritu particular, el de un guerrero muerto en combate hace ya mucho tiempo. Por fin, terminó su encantamiento y todo, a su alrededor, se volvió más blanco, como si la realidad se hubiera borrado. Entonces, aparecieron formas, simple bruma en un principio, luego fueron tomando consistencia para parecerse a hombres. En aquel momento, Malyss tenía los ojos cerrados, porque no le estaba permitido ver en este lugar. Tomó entonces una pequeña caja que tenía en su bolsa, la abrió y sacó su contenido: una pluma de cuervo, demasiado larga para ser la de un animal, de esta especie, de talla normal. El joven mago soltó la pluma que se echó a volar. Un espíritu entonces fue atraído como una mosca por la miel y tocó la pluma. En seguida todo reapareció alrededor de ellos. Malyss abrió los ojos. Delante de él se encontraba el que había venido a buscar.

- Gan'so, el Cuervo está feliz de verte de vuelta entre nosotros. Eres esperado con impaciencia.

- Gracias a ti de haber venido a buscarme, no sé cuánto tiempo hace que erraba sin objetivo.

- Hace falta que nos vayamos a Méragi, el Cuervo nos espera.

Iro y Oogoe llegaban por fin a destino. La capital se les ofrecía, desbordante de actividad. No se tomaron un tiempo para reposar y pidieron audiencia inmediata, con el fin de que el campeón de Xzia pudiera ver al Emperador. Fueron hasta la habitación imperial donde Ayuka, la vieja criada, se ocupaba del enfermo. Se levantó y se inclinó delante de ambos hombres, luego salió sin pronunciar una palabra. La habitación estaba inmersa en una luz roja, representativa del Imperio de Xzia. Flotaba allí unos olores de incienso y de plantas medicinales. Iro se pusó de rodillas delante de la cama donde el Emperador, enflaquecido y con la piel muy pálida, dormía de un sueño animado. Iro tenía mucha pena de verle en ese estado. Después de algunos minutos, un ataque de tos despertó al enfermo que percibió que no estaba solo. Cuando vio a su campeón y a Oogoe, el Emperador se incorporó.

- Kage, él pronunció con dificultad. Déjanos.

Oogoe se inclinó inmediatamente y dejó a ambos hombres a solas.

- Iro, las tinieblas nublan mis ojos poco a poco... Pronto me reuniré con mis antepasados.

- No, no diga eso, pronto encontraremos un remedio.

El Emperador hizó una pequeña mueca.

- Los curanderos más grandes estudiaron mi caso, sin ningún éxito. La muerte me llevará y ya sé que esto sera pronto. Iro acércate, tengo algo decirte...

El joven miembro de la Kotoba se colocó muy próximo del Emperador, era para él un gran honor porque en la sociedad Xziarite estar próximo del Emperador, con sentido físico del término, es tener sus favores.

- Iro, posiblemente no estás al corriente, pero cuando un Emperador no esta más en condiciones de reinar, una regencia es colocada. Escucha bien, yo siento que las sombras se mueven y me acechan, todo esto no es natural. Eres mi campeón, entonces sé digno de este título y protege a tu Emperador.

- ¿ Proteger? ¿ Pero de qué? ¿ De quién?

En aquel momento entró en la habitación un hombre viejo, de la larga barba blanca, totalmente vestido de negro.

- Señor Iro, encantado de verle de nuevo en Méragi. Pienso que es tiempo que nuestro Emperador repose.

Iro conocía bien a esta persona: se trataba de Daijin, el dirigente venerable y poderoso del clan del Cuervo, consejero primigenio del Emperador. Para Iro, este hombre viejo había sido siempre un imperialista fiel.

El joven iba a retirarse cuando el Emperador le tomó por la muñeca.

- Acuérdate de mis palabras Iro... Protege al Imperio...

Tempus Fugit

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Psaume, el célebre bardo estaba sentado en un peñasco en parte recubierto por la espuma. La inmensa mayoría de los habitantes del pequeño pueblo vecino se habían reunido para esta ocasión bastante rara. Tanto grandes, como pequeños esperaban que el bardo comience sus historias con impaciencia.

Psaume aclaró su garganta e hizo algunas notas con su arpa antes de empezar una dulce melodía.

"...Oiga oiga, pues escuche la historia de los exiliados del Tiempo, venidos a nuestra casa para evitar sus desgracias... ...Esto pasará en el futuro no sabemos ni cuando ni donde exactamente. Samia joven aprendiza, curiosa de la vida, jamás escuchaba nada... ...Entonces fue prevenida, el Destino no se ofrece a quien quiere, leer el Libro a esta persona esta prohibido. Evidentemente caso no hizó a la lección y al libro se acercó... "

Algunos meses antes de que Psaume estuviera en este pueblo, como muchas personas, se desplazaba con destino a la Piedra Caida del Cielo. Su caballo y él, agobiados por un viaje largo no podían más. Buscó pues un lugar apacible para pasar la noche. Es en este momento, dónde vio un pequeño campamento en medio del cual, ardía un fuego, esto fue para él, un faro en las tinieblas de la noche. Se acercó y vió a una joven mujer con ropaje extraño, era la única en un lugar muy conocido por su calma.


- Discúlpeme, viajo por estas tierras y busco un lugar para pasar la noche. ¿ Podría tener el honor de compartir este campamento con usted?

La joven mujer levantó la cabeza hacia Psaume y este último vio a pesar de la penumbra que era ciega, y sus ojos eran blancos como la nieve.

- Todos buscamos algo. Instálese y no tenga miedo, estamos al amparo del peligro.

El joven hombre se apeó y liberó a su caballo, luego después de haber puesto una manta en el suelo comenzó a jugar con su lira.

- ¿ Es músico? Interrogó la joven mujer con cierta pizca de inocencia.

- Soy bardo señorita, mi nombre es Psaume.

- Encantada, Psaume.

Después de haber interpretado algunas canciones, el bardo dejó su instrumento.

- ¿ Sabe cómo nosotros, los bardos, componemos nuestras canciones?

- No, dígame.

- Además de las leyendas de comarcas diversas, discutimos mucho con los viajeros, a los que cruzamos, porque a menudo tienen cosas para contarnos.

¿ Y entonces usted quiere saber si no tendría cosas que contarle? Al reflexionar sobre eso, sí, tengo una historia.

La cara de Psaume se alumbró de un interés mayúsculo.

- Cuente, yo la escucho.

Desembaló él rápidamente un block donde tomar notas.

- Le escucho.

- Mi nombre es Samia, pero en esta época suya, me llamo el Apóstol del Destino. Vengo del futuro.

- ¿ Del futuro? ¿ Esto quiere decir que usted sabe aquello qué va a pasar entonces?

- Gentil Psaume, usted me planteará sus preguntas más tarde, porque mi cuento es bastante largo.

- Oh, por favor, perdóneme.

- Pues, en el futuro seré una aprendiza del Relojero, una persona respetable de una sociedad secreta llamada Tempus. Seré joven cuando pasará un acontecimiento que cambió muchas cosas.

Psaume ya ardía de mil preguntas, escuchaba saciándose de esta historia increíble donde visiblemente todos los verbos se conjugaban de manera particular, mezclando pasados, presentes y futuros.

- Tempus es el guardián de los secretos del Destino y conserva preciada mente el equilibrio del Tiempo. En el futuro, daré prueba de demasiada curiosidad porque quebrantaré el mandato absoluto de Tempus, al leer el Gran Libro de los Destinos. Este libro mágico, creado por Eredan, puede revelar al que lo lee el Destino de una persona. Basta entonces con concentrarse sobre la persona del que usted desea ver su Destino, para que el libro se modifique.

¿ El bardo sentía, sin embargo dudas, es una historia totalmente inventada o bien era esta la pura verdad, que había vivido ella?

- Entonces tuve una idea de la cual, siempre me arrepentiré en parte, el de querer poner de manifiesto el Destino de una persona en particular, el mío. Por desgracia para mí, infringí allí una regla que no conocía, al realizar la lectura de este libro. Yo sufrí, entonces, consecuencias muy pesadas. El Destino cegó mis ojos y me castigó. Deberé vivir en lo sucesivo con la facultad para poder leer el destino de la gente que cruzaré, pero jamás podré aprender nada que sea sobre mi propio destino. Estoy condenada.

- ¡ Apasionante! Exclamó el bardo. ¿ Y luego qué ha pasado?

- Sucederá que habiendo quebrantado varias reglas "sagradas" suscité la ira de Tempus. Deberé entonces mi salvación sólo al Relojero, del que soy muy próxima. Todavía no sé lo que lo empujará a ayudarme. Apareció inmediatamente después de que mi vista desaparezca y entonces escaparemos de los nuestros por Tempus Fugit, una línea particular del tiempo, extremadamente prohibida de utilización. Escogimos venir a aquí, en aquel tiempo.

- Si comprendo bien ustedes volvieron en el pasado. ¿ Pero acaso, los otros Tempus no podrían venir a este tiempo?

- Usted es perspicaz, Psaume. Llegarán pronto, efectivamente es sólo una cuestión de tiempo. Pero convencimos a personas con un destino excepcional a ayudarnos.

- ¿ Pero haciendo así no van a modificar el futuro?

- Y muy desgraciadamente no conocía nuestro pasado, sino a priori podemos aspirar a dos teorías. En el futuro ya vinimos al pasado y pues este futuro allí es "normal". O entonces lo modificamos y creamos otro futuro. Le reconozco que las historias del tiempo son más la pasión del Relojero. Mi visión del tiempo se limita al destino de la gente porque puedo ver el futuro de alguien.

- Entonces usted sabe cuales aventuras voy a vivir.

- Sí, sé que la historia que le conté dará la vuelta al mundo y qué llegado el momento, usted recordará quién se la contó.

Lejos en el Futuro, en el momento en el que el Apóstol y el Relojero desaparecían en los meandros del Tiempo un hombre, apareció. Su traje era de los más singulares, era Tempus.

- He Observado, el presente impacta el pasado mis hermanos, el mandato ha sido quebrantado, por fin, nosotros debemos actuar.

Otras personas con vestimentas semejantes aparecieron a su lado.

- Serán Encerrados.

- Los hechos serán Anunciados.

- Serán Castigados.

Luego, todos desaparecieron y tomaron prestado Tempus Fugit...

Modo de Empleo

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Baranthe es el más oriental de los 7 reinos. Y también es el más próximo a las extensiones salvajes, estas tierras que vieron en otro tiempo los enfrentamientos cataclismicos durante la guerra contra Nehant. Su rey, nombrado Baranthe también, era un hombre lleno de ambición. Su predecesor le había dejado un reino débil y vergonzoso para los 7 reinos, y esto verdaderamente le sacaba de quicio. Siendo así, había emprendido trabajos importantes por todas partes en su reino con el fin de darle empuje a la economía y mejorar las condiciones de vida de su pueblo Una bella mañana, un joven campesino se presentó al Castillo de Baranthe con una carta importante que suscito la atención de su majestad. Anunciaba el descubrimiento de un extraño objeto, de gran tamaño, enterrado en lo mas recondito de la provincia de Thane, conocida por ser la región más pobre del reino. La primera reacción del rey fue un desconcierto. ¿ Un artefacto enterrado en una parte lejana de su reino, de que se podría tratar esto? Entonces, les pidió consejo a artesanos conocidos de la capital. Por desgracia, ningúno supo explicar exactamente de que se trataba esta "cosa". Todo lo que el rey obtuvo como informaciones fue, que se trataba de un objeto de grandes dimensiones con mecanismos increíblemente complejos. La reacción no se hizo esperar.

- Pues bien, ya que ustedes son unos incompetentes, debere acudir a la unica persona capaz de arreglar esto: ¡el gran joyero real!

Éste llegó poco tiempo más tarde, y luego de hacer las reverencias, expresó con un aire altivo:

- Resolveré este problema para su majestad. Este enigma será resuelto.

Este gran joyero fue conocido por haber creado mecanismos bastante adelantados en materia de joyería y tenía en su haber varias grandes invenciones. Se fue pues con destino a Thane donde lo esperaba la "cosa". Allí, pasó una semana entera, casi día y noche, intentando resolver el enigma. Por desgracia, al cabo de tres días, entró en pánico porque no progresaba en lo absoluto. Los servidores presentes, lo vieron la sexta tarde, casi desnudo delante de la "cosa", casi loco y que balbuceaba " ¡No podre resolverlo! ¡No podre resolverlo! ". Y, efectivamente no pudó. El desgraciado casi perdió la razón y fue llevado, de vuelta, en crisis a la capital dónde tardó mucho en recuperarse.

El rey quedo fulminado. Perdía prestigio, con este asunto que comenzaba a enervarlo seriamente. Pero tuvo una idea genial.

- ¡ Heraldos! Hagan correr el rumor a través del mundo, que yo, rey Baranthe, invita a los artesanos más grandes a que resuelvan el mayor enigma que nadie todavía haya presentado. El que logrará encontrar la solución será recompensado a su justo valor.

Muy rápidamente circuló el rumor y muy rápidamente una muchedumbre de mirones, de curiosos y por supuesto, de artesanos llegaron a Baranthe, doblando a la población de la ciudad. El Rey se encontró víctima de su anuncio y debió hacer frente. Les ordenó pues a sus consejeros reales empezar un "reparto", un nuevo método de reclutamiento por jurado. Las selecciones duraron varios días y, evidemente, la gran mayoría de los solicitantes fueron rechazados. Sin embargo, algunos grandes nombres se habían llegado hasta allí. Algunos venían de muy lejos. Entonces fueron amablemente convidados, a expensas del reino, a ir a Thane, y durante este trayecto, algunos de ellos tuvieron tiempo de discutir sobre sus pasiones respectivas. Fueron recibidos por el señor de Thane que se había encargado de la seguridad de la obra y supervisaba, en nombre de su bien amado rey, la gestión de este descubrimiento.

- Bienvenidos a Thane. Más precisamente pertenecemos a Imsiss, una región cuya historia no tiene nada particular. Espero que sus talentos increíbles nos permitan resolver el enigma que les propongo contemplar.

Entonces avisó a su gente que abrieron entonces la gran puerta de madera del recinto edificado con el fin de resguardar el perímetro. La "cosa" era verdaderamente impresionante, en parte recubierta con tierra. Era un cubo inmenso con una altura cercana a la de tres hombres. Representaba un verdadero desafío porque su superficie visible presentaba una multitud de mecanismos y de gemas luminosas de diversos colores.

- Pues bien, he aquí un hermoso trabajo, exclamó Delko, el célebre fabricante de Golems de Noz' Dingard.

- ¡ Usted tiene razon, caro colega ! Replicó Jorus.

- Pongamosnos a trabajar.

Seguidamente todos se pusieron manos a la obra. Klemence, la mecánica, acompañada de su mecani-asistente, la más increíble de sus realizaciones. Sin tener la menor delicadeza, la joven mujer se echó sobre los mecanismos a su alcance e intentó romperlos a base de martillo. Por desgracia, sin el menor éxito. Nada pasó, salvo la destrucción de su martillo. Delko y Jorus, comenzaron a elaborar teorías extravagantes sobre lo que podría ser este objeto.

- ¿ Y si había que alinear los mismos colores de las gemas en formación de a tres, posiblemente se anularían?

- ¡ Pouapoua! No importa lo que diga. Yo estoy seguro que hay que oprimirlas al mismo tiempo, replicó Jorus, el soplador de vidrio.


No lejos de allí, dos Traquemages bien escondidos observaban la escena con mucho interés.

- He aquí un objeto, de aquel, a quien no hemos nombrado desde hace tiempo.

- Sí, hay que decir que algunas de sus obras todavía existen.

- Excepto, que ésa es su mejor obra, por fin dijo el segundo.

- Sí, hasta hoy nadie es capaz de igualarlo, tanto se adelantaba sobre su tiempo, un genio verdadero.

- Lo que es inquietante, es de que se trata esto... “el Cubo” ha sido enterrado. Diríamos que es una caja fuerte.

- ¿ Pero qué encierra?

- Lo sabremos, si tienen éxito.

- Ve a hacer un informe a la hermandad, debemos consignar estos hechos. Si pudiéramos recuperar de nuevo esta tecnología, esto nos ayudaría en nuestra tarea.

- Bien, me voy inmediatamente.

El Árbol-Mundo

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El viento soplaba suavemente sobre las ramas del Árbol-Mundo. En aquellos días, la vida era tranquila en Guem y la erosión no hacia efecto. Ningún ser humano pisaba esas tierras.

El Árbol-Mundo fue el punto de origen de la vida. Tenia la particularidad, además de ser verdaderamente grande, de poseer una piedra-corazón, la cual, según las leyendas Dais, fue la primera existente en Guem. Entonces, una semilla arrastrada por el viento cayó sobre la piedra y se desarrollo a una velocidad inusual. Así nació el árbol.

La siguiente primavera, se encontraba cubierto de hermosas flores, que más tarde se convirtieron en frutos, también proporcionalmente grandes como el árbol. Una vez que estas frutas maduraron, cayeron al suelo. Pero estas en lugar de germinar en otro árbol, dieron origen a criaturas, que salieron de ellas al igual que los polluelos salen de los huevos. Ese fue el nacimiento de los primeros habitantes de Guem, los Dais. Estos niños del Árbol-Mundo vivían en armonía, en tanto cada uno era una parte muy pequeña del mismo, como si fuese una conciencia colectiva, pero en seres independientes.

Los años pasaron, seguido de siglos, y todos se encontraban bien en este mundo prospero. Sin embargo, uno de ellos parecía preocupado por algo. El habia sido elegido por su familia para convertirse en el líder del pueblo Dai, y el mismo se llamaba Kei'Zan. Nació de una fruta especial del Árbol-Mundo, debido a que esta dio lugar a dos Dais. Por su lado, mientras Kei'zan miraba con sospecha el tronco del árbol, llego su hermano. Los miembros de este pueblo tenían la capacidad de percibir con gran precisión los sentimientos del resto. Y entonces, el sintió la profunda angustia del jefe Dais.

- Siento una gran preocupación en ti, hermano mío. ¿Tal vez pueda hablar contigo sobre lo que te tiene mal?

El Kei'zan siempre había sido el más empático con este mundo que lo había engendrado.

- Cada Dais que nace debilita mas al Árbol-Mundo.

- ¿Cómo es eso?

- La gema del corazón se debilita y escucho la voz de nuestra madre. Ella está en agonía.

- ¿En serio? Sin embargo, parece que todo esta bien. Mira, las ramas son numerosas y no caen. El follaje es denso y hay muchas flores, anunciando la futura llegada de niños Dais.

- El problema es más profundo.

- Vamos, no te preocupes. Estoy seguro de que mejorara.

- Yo no lo creo.

De hecho, la situación no mejoro. Los Dais sintieron la muerte del corazón del árbol. La mayoría de ellos se dirigieron al árbol, como si sus instintos los impulsaran. El Kei'zan y su hermano apoyaron a los suyos lo mejor que pudieron, pero la tristeza y el dolor eran demasiado grandes. Si el árbol moría, condenaría a su pueblo a la muerte. La piedra-corazón, visible en algunas grietas de la corteza, no emitía más que una tenue luz. Ahora, lo impensable entraba en juego.

El hermano de Kei'zan se acercó a una de estas grietas y vio que la corteza se abría a la vez que la piedra-corazón del árbol aumentaba su tamaño. Comprendió de inmediato lo que se avecinaba. Corrió hacia su hermano, mientras que a sus espaldas la piedra-corazón explotaba en una lluvia de color verde. El apenas tuvo tiempo de saltar sobre Kei'zan antes de recibir las ráfagas de la piedra-corazón del árbol. La explosión prácticamente había desintegrado al árbol y muchos capullos de Dais que se encontraban en las copas perdieron la vida ese día. El Kei'zan empujó a su hermano inconsciente quien había caído sobre él, lejos del centro de explosión. En lo profundo de su ser, el se encontraba herido. Alrededor de ellos, todo era un caos, las ramas caían con fuerza, mientras los pétalos de las flores descendían suavemente ofreciendo un triste espectáculo. Se inclinó sobre su hermano a pesar de que él se movía inconsciente, retorciéndose de dolor. Su lado derecho fue sido herido por la explosión que había recibido profundamente en el.

El Kei'zan sacudió su cabeza como para recuperar sus sentidos. Pronto se dio cuenta de que la conciencia que los conectaba a todos los Dais había desaparecido. No podía sentir el dolor de los sobrevivientes, ni el de su hermano. Para evitar ser aplastados por los escombros que cayeron de nuevo, tomó a su hermano en su hombro y lo alejo aun más. Después de haber recuperado sus sentidos del todo, pudo comprender la magnitud de los daños. El Árbol-Mundo estaba muerto. Gran parte de su pueblo había sido barrido, y peor aun, no habrían mas nacimientos Dais. Una vez que la situación se calmó, sintió como una fuerza mágica se emitía pobremente. Intrigado, fue a ver lo que podría encontrar. Después de recorrer entre los difuntos Dais y las ramas muertas, llego al sitio donde se encontraba el árbol y allí encontró una cepa rodeada de fragmentos de cristal. Entre ellos encontró una gema particular. El Kei'zan se inclinó y la recogió. Tan grande como un puño, esta joya alojaba en su interior un trozo de raíz. Luego oyó estas palabras:

"La muerte no es el fin. Tú me portaras y viviremos juntos hasta el día de renacimiento. "

En ese momento, se dio cuenta de que esta semilla era del Árbol-Mundo y que el ciclo de la vida continuaría. Un día, en el futuro otro Árbol-Mundo emergería.

Pero ¿cuándo?

Modo de Empleo, capitulo 2

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Salón del Trono del castillo Baranthe, poco después de la partida de los artesanos de Thane.

El rey estaba solo, sentado en su cómodo sillón centenario. El pensaba en ese fabuloso tesoro que dormitaba y pronto seria suyo. Había que reconocerlo, se alegraba en sus adentros. Para su desgracia, su buen humor interno se vería frustrado rápidamente por la llegada imprevista de un visitante indeseable. En primer lugar el Rey se mostró cansado, seguido sintió que su cuerpo se volvía mas y mas pesado, después todo a su alrededor se oscureció, como si la luz pasaría a través de ventanas ennegrecidas. De un bolsillo interior de su chaqueta, salio una piedra, levitando a una corta distancia de su cabeza. Esta piedra-corazón probablemente era verde, pero en su estado actual, era casi totalmente negra. Luego la luz del ambiente se concentro para formar nubes de humo que se reunieron en un punto central. Por último, de la humareda salió un hombre vestido de negro y cuyo rostro estaba oculto en parte gracias a una capucha. Avanzó hacia el rey golpeando el suelo con su bastón.

- Buen trabajo, rey Baranthe. Pronto serás rico y los 7 reinos estarán de rodillas frente a tu esplendor.

Las palabras de Nehantiste dieron en el blanco. La vanidad, la codicia y el deseo de convertirse en uno de los grandes líderes del mundo sirvieron como un punto de entrada hacia la conciencia del rey.

- El plan va según lo previsto, arribaremos a su culminación.

Seguido el Nehantiste le dio al rey un pergamino virgen de toda escritura.

- Vas a escribir una carta al señor de Thane.

Inmediatamente, la mano del rey empezó a escribir, sin mirar el pergamino.

- Deberás especificar que uno llamado Quilingo vendrá en su nombre y ayudara cuando descubran por primera vez lo que contiene la camara. Es importante que el entre primero. Por supuesto, usted firmara, como es habitual, con su sello real.

Unos minutos más tarde, la carta estaba terminada y sellada.

- El llamado Quilingo deberá llegar mañana. Lo recibirás discretamente y le darás las órdenes.

Luego, retrocediendo hasta el centro de la habitación:

- ¡No olvides que, tu nombre pasará a la historia!

El Nehantiste se convirtió en humo, y el humo en una luz oscura. La piedra-corazón del rev volvió a su bolsillo, y todo se volvió claro. El rey era libre para volver a pensar por sí mismo. Para él, todo era idea suya.


Durante algunos días, los artesanos más importantes trabajaron incansablemente para resolver el enigma. Y lo que menos podemos decir, es que esto los mantenía cuerdos. La pequeña tropa vivía en una aldea aislada montada a las apuradas y ubicada en las cercanías. Esa noche, el señor de Thane había ordenado una reunión para hacer un balance sobre los progresos de sus huéspedes. Y estaban todos allí, alrededor de una mesa, en un alboroto impresionante, cada uno defendiendo apasionadamente sus ideas. El pobre Señor tuvo mucho trabajo con todas estas personalidades complejas.

- ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Damas y Caballeros! ¡Un poco de atención!

Por desgracia, además de Arckam, el prestidigitador de los combatientes Zil, nadie más escuchó. Viendo el caos total alrededor del Señor, el Zil decidió hacer algo. Rebuscó y saco de un bolsillo una especie de globo, de un salto se ubico sobre la mesa, sin que el caos merme. Luego inflo el globo hasta que quedo casi tan grande como Ramen, el vendedor de fideos. Algunos detuvieron sus charlas, otros no. El artesano de Zil como por arte de magia saco una aguja larga y exploto el globo, el cual inmediatamente empezó a repetir las palabras del Señor de Thane, pero mucho mas fuerte.

- ¡POR FAVOR! ¡POR FAVOR! ¡DAMAS Y CABALLEROS! UN POCO DE ATENCION!

Extrañamente, todo el mundo dejó de hablar. Arckam se bajó de la mesa, tan misteriosamente como había subido.

- Gracias, caballero Arckam. Ahora que tengo su atención, me gustaría que cada uno me informe de sus hipótesis. ¿Quieres comenzar tu Klemence?

La joven se sorprendió mucho al ver el interés en ella. Se limpió las manos en el delantal y se aclaro la garganta.

- Si quieres mi opinión, esto fue fabricado por alguien. Si supiéramos quien, podríamos resolver esta fortuita historia. ¡Porque no hay manera de destornillarle algo a esa maquina!

- Estas en lo correcto, ¿pero si existiera una hipótesis para abrirla?

- Ehh, no, ni idea.

- Bueno, eh, gracias. ¿Entonces, Jorus?

El anciano estaba concentrado susurrándole algo a uno de sus "Jorusiens" y se sorprendió cuando le preguntaron.

- Queh?

- Bueno, ¿tú tienes alguna idea sobre cómo abrir esta cosa? ¿Cuáles son tus teorías?

- Y bieeen, si tieneh cerraduras, ¿no tendrah tambiennn sus cerrojos?

En este momento, Delko comenzó a aplaudir.

- ¡Bravo! ¡Lo sospechaba!, Bromeo el fabricador de Golems.

- ¡Buenoh si tieness una mejorr idea, adelanthe sorprendenhos!

- Debido a que me dejas hablar, creo que tengo algunas pistas. Como ya lo dijo Klemenc, es importante saber el "propósito" antes de avanzar. Una vez que lo sepamos, comprenderemos los mecanismos.

- Entonces, ¿han pasado varios días que llevan aquí discutiendo y aun no avanzaron ni un pelo?

- Te equivocas, exclamo Delko. Intercambiamos nuestros puntos de vista, que es lo que nos hará avanzar. Si usted pensó que íbamos a llegar y descubrir la solución al primer vistazo, esta equivocado acerca de nuestra empresa. Bueno una vez dicho esto, de haber previsto todo esto me gustaría tener la respuesta acerca de quien es el fabricante de esta cosa cuanto antes.

En efecto, a la mañana siguiente un mensajero de Noz'Dingard le entrego a Delko un pergamino. Todos los otros artesanos se reunieron alrededor de él, como diría Jorus, "comiéndolo con los ojos".

"Maestro Delko,

El nombre de la persona que está buscando es el Maestro Elmijah de Kref'ga, también conocido con el nombre de Ebohki. De la información de él que tenemos en la biblioteca del Compendio, habría desaparecido misteriosamente poco después de la guerra contra Nehant.

Esperando que esta información les sirva para fines útiles.

Atentamente,

Aerouant ".


Ebohki. Este nombre de inmediato despertó el interés de los oyentes y las discusiones volvieron a comenzar. Para los presentes ese día, la evocación del nombre significa mucho, porque en el medio en el que ellos se movían, Ebhoki fue el que sublimo su arte a su paroxismo, un verdadero genio adelantado a su época. Aún hoy la mayoría de ellos no son capaces de hacerlo tan bien como lo hacia el. Esto presagiaba buenas perspectivas para el éxito de su empresa.

Unos días después, Quilingo llego a su improvisado campamento. Se había aburrido de pasar el tiempo jugando con Ylong, la competencia de Ramen. Este estaba ahí por un trabajo (pero un poco también para espiar a sus colegas). En medio de una emocionante movida se oyó un ruido seguido de una gran agitación, y a continuación varios sonidos de engranajes y de múltiples chorros de vapor. Por último, se llevo a cabo un ligero terremoto, la "cosa" se abrió por fin. Los artesanos se felicitaron unos a otros con gritos de"¡Hurra!" que hacían eco en las paredes de la "cosa". Quilingo saltó de su banquillo y se abrió paso entre la densa multitud que, más allá de los elogios mutuos, poco a poco comenzaron a acercarse a la cámara gigante. Pero Quilingo les recordó a todos que nadie debía ingresar antes que el. Su gran tamaño y fuerza imponente los mantuvo a raya. ¡El interior era increíble! Totalmente metálico, con mecanismos sobre las paredes por todas partes y luces verdes que emanaban de una especie de esferas de vidrio. Por todo el suelo habían verdaderos tesoros. No solo dinero, sino también una serie de variados objetos, que iban desde armaduras de cuerpo entero, pasando por cofres, hasta objetos tan simples como tejidos. Los ojos de los artesanos se abrieron como platos cuando los vieron. Quilingo en silencio desenredo un pedazo de pergamino en el que había una ilustración, precisamente el diseño de una espada, y abajo, una serie de inscripciones. El hombre-panda busco en la recamara hasta que finalmente encontró el objeto de su anhelo, una espada de lo mas especial. La envolvió en una gran pieza de tela y se fue sin despedirse del resto.

Durante ese tiempo, el señor de Thane se agasajaba con la victoria. Había dejado a sus huéspedes tranquilos, ya que habían aprendido el nombre del "artista" que construyo la "cosa". Por último, se hizo como deberia ser. Asi que le pregunto a Masamune, quien hasta entonces se había quedado atrás, cómo habían logrado esa hazaña.

- La caña se dobla, pero no se rompe. Nuestra inteligencia se dobla sin romperse.

- ¡OH, eh, bien, bien! ¿pero de forma lo hicieron?

Masamune, que como siempre nunca sonríe, hizo una vaga apariencia de una sonrisa.

- Nos hemos adaptado. La concepción de este trabajo no puede ser aprehendida por nuestras mentes que razonan a través de nuestros conocimientos. La adaptación es la clave de nuestra victoria, y el trabajo en equipo es su instrumento.

El famoso herrero Kotoba demostró que superó las cerraduras de la puerta.

- Hubo varias cerraduras, todas con diferentes cerrojos de distinta naturaleza, explico Delko a su Señor. Gracias a que unimos todos nuestros conocimientos, juntos pudimos descifrar los enigmas. De todas formas te ahorrare los detalles porque para usted era importante que esto se lleve a cabo, y para nosotros cumplirlo. Y esperamos, un poco de riqueza.

El honor recobrado

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Todas ellas estaban allí. Toda la hermandad se mantenía delante de ella, como para equilibrar el peso de la vergüenza, esta vergüenza que sentía desde hace semanas. Llevaban un vestido simple y gris y un cinturón de cuero negro caía sobre sus caderas. El gris, el color de la desgracia. Hoy, no era más una Sorcelame, dejando su espada a los pies de Naya, no retuvo sus lágrimas. Lágrimas que muchas de ellas compartían. Cuando una Sorcelame no cumplía la función que le había sido asignada, era toda la organización y todos sus principios los que caian en un estado de verguenza. El error de la joven mujer, era el error de todas ellas, pero a pesar de esto, era ella quien pagaba el precio.

- Anazra. Hoy, tu honor ha sido quebrantado, y el honor es el pilar de nuestras creencias y de nuestros principios.

La comandante recogió la espada de Anazra.

- Recuerdo el día en que te di esta arma, eras muy joven en aquella época. Quitartela hoy es para mí una aflicción.

Las lágrimas de Anazra caían con fuerza sobre el suelo cavernoso del templo de la hermandad.

Ya es hora de que te vayas. Guardo esta espada, esperando poder devolvertela el día en que tu honor sea recobrado.

Así terminaba la ceremonia donde se le retiraba su titulo a una Sorcelame. Esto sucedia muy raramente, pero siempre que pasaba, era una prueba para toda la organización.

Algunos días más tarde, la joven mujer había abandonado toda esperanza de volver a ser la que era. Pasaba la mayor parte de su tiempo en los jardines de Noz' Dingard donde estaban las estatuas de los héroes del pasado que miraban hacia el horizonte. ¿ Cómo recobrar el honor? Se había planteado esta cuestión una centenas de veces, sin encontrar la menor respuesta.

- ¿ Entonces, encontraste la inspiración Anazra?

Dos jóvenes mujeres llegaban, vestidas de Sorcelame.

- ¿ Vienen a provocarme con insolencia, mis "hermanas"?

Moîra y Eglantyne habían entrado a la orden en la misma época que ella y desde ese momento habían tejido lazos muy fuertes entre ellas.

- Todavia no.

- No teníamos noticias de ti, pareciera que tu presencia aquí hubiera sido ocultada por Dragón.

- ¿ Dragón? Debe estar ríendose de mi situación, añadió irónicamente la ex-Sorcelame.

- No estaria tan segura, si estuviera en tu lugar, añadió Eglantyne.

- Pero no estás en mi lugar. Me gustaría mucho verte, en él.

Ambas hermanas se sentaron a un lado y otro del banco de piedra.

- ¿ Te acuerdas de nuestra formación? Preguntó Moîra.

- Sí, perfectamente bien.

Rememoró entonces, algunos años antes, la formación recibida de su hermana mayor, Naya, particularmente de la primera frase que les dirigió. Esa frase, usada tanto a modo bienvenida como para enunciar un reto a lograr. "La Sorcelame es a la vez “fina lamina” y hechicera. Debe ser ágil y comprender los arcanos de Dragón."

Luego memorias más recientes, donde Eglantyne, Moîra y ella se habían aventurado en el Soplo de Dragón, una región en lo más profundo de la Draconia. Allí, habían comprendido el sentido de la palabra honor. Anazra miró a sus amigas con interés. Las dos sonreían. Sabían bien que le habian dado una pista, para su vuelta a las Sorcelames. Se levantó, con el corazón lleno de esperanzas.

- Gracias, comprendí lo que debó hacer.

Luego, se fue sin decir ni una palabra más, saludando de lejos a sus amigas.

- ¿ Piensas que lo conseguirá?

- Dragón vela siempre por ella como vela por nosotros. Por el momento, no sera Sorcelame, pero sigue siendo una draconica, y sus poderes son siempre temibles.

- Ya veremos que pasa.

Anazra hizo una pasada rápida por el hostal donde dormía desde su decaimiento, tomó sus pertenencias, la espada que se le había ofrecido para reemplazar a la retirada por Naya y dejó la ciudad en una pisada. Sabía que su viaje duraría sólo algunos días y qué pasaría por pueblos que bordearían el camino. Se encontraba aquí en un periplo iniciático, o por lo menos de un nuevo inicio. Recorrio el camino que llevaba hacia el sur, a Noz' Zar, la segunda ciudad más importante de la Draconia. Desde alli, dejó la seguridad relativa para seguir caminos que la llevaban a la llanura de Mornepierres, la cual atravesó con prudencia y temeridad. Todo se repetía, excepto que esta vez, llegada al borde de esta llanura, encontró a un viajero que reposaba cercano a un arroyo. Anazra no esperaba encontrarse a alguien aquí, en medio de la nada. El hombre se levantó al encuentro de la antigua Sorcelame. Era un joven, que tenía más o menos su edad, llevando ropas de viaje pero de una factura que no dejaban duda alguna sobre su condición, un miembro de la nobleza. Los rasgos de su cara le recordaban a alguien, pero verdaderamente no sabía a quien, y aun asi tenia la fuerte impresión de ya haberlo visto antes.

- Es usted, dice con un aire de bastante satisfecho.

La joven mujer frunció las cejas. "¿ De que se tratara esto? ".

- Eso depende, ¿a quién espera el señor?

- A la que debía proteger a mi padre, pero que no llegó a hacerlo.

El corazón de la joven mujer se estrechó y la vergüenza apareció de golpe sobre su cara.

- Oh, por favor, excúseme por esa frase tan desgraciada, no quería causarle pena. Venga, instálese conmigo yo voy explicarle lo que exactamente me trae hasta aqui.

La antigua Sorcelame puso sus pertenencias y se acomodó sobre la hierba verde, el joven hizó lo mismo.

- Nos cruzamos una vez a hace dos años, después crecí y por sobre todo esto Dragón me confió la tarea de suceder a mi padre, el antiguo Señor-dragón de Drak' Azol.

- Felicitaciones, es una responsabilidad pesada, la suya.

- Gracias, pero no estoy aquí para contarle todo esto. Supe que usted se dirigia hacia el Soplo de Dragón. El caso es que debo visitar al Señor Karn, y paso por el mismo camino.

- ¿ Supo? ¿ Quién le dijo que pasaría por aquí?

- Sus amigas Eglantyne y Moîra.

¡ Aaah zorras! Sabía bien que su discusión a propósito de nuestra formación no era anodina. Anazra estallaba y pensó " me la hicieron bien ".

- ¿ Y entonces le habran dicho que recordarme mis errores a lo largo de un viaje, sería de seguro, un castigo interesante?

El joven hombre quedo boquiabierto, como aturdido por esa frase.

- No, no, al contrario. Usted sabe que ese tragico acontecimiento es debido sólo a dos cosas: la Fatalidad y el Traquemage. Si sus amigas hubieran estado en su lugar el resultado habría sido el mismo.

- Usted se basa en suposiciones.

- No, entiendo que usted siente el no haber cumplido con su deber, pero usted no debería sentirse mal, porque si así pasó, es porque asi tenia que pasar.

- No estoy convencida por lo que usted me dice, Señor Draconico. ¿ Podemos ponernos en marcha ? Estos lugares no son muy seguros.

- Usted tiene razón.

Siguieron entonces por el camino a través de las montañas rojas. Al principio Anazra apenas escuchaba al Señor Draconico, a medida que recorrian el camino, iba cediendo poco a poco frente a los argumentos del joven hombre. Comenzaba de nuevo a tener confianza en ella. Luego, algunos días después, llegaron en un lugar conocido bajo el nombre de Soplo de Dragón. Una hondonada rellena por una bruma opaca, sin interrupción.

- Henos aquí en el Soplo de Dragon, voy a continuar mi camino hacia Kastel Drak. Espero que estos pocos días pasados en mi compañía le hallan abierto los ojos.

Anazra conocía la peligrosidad del camino hacia Kastel Drak y, para llegar a la ciudad, había que atravesar el paso del Ojo, que era famoso por estar frecuentado por bandoleros.

- Si usted quiere, puedo acompañarle hasta allá.

- No, no, usted tiene mejores cosas que hacer, que escoltarme, nadie atacaria a un Señor Draconico.

- Confiemos que asi sea.

Sus caminos se alejaron y la antigua Sorcelame avanzó en el Soplo de Dragón. Una leyenda muy conocida de los dráconicos cuenta que sera este Soplo de Dragón el que impedira que los secretos de lo que pase en este lugar sean revelados. Las jóvenes Sorcelames venían aquí para ser puestas a prueba. Anazra avanzó un buen tiempo antes de sentir la presencia de Dragón.

- ¿ Cuales son las reglas de la orden de las Sorcelames? Le preguntó una voz cavernosa.

- Servirte, servir al pueblo Draconico y a los Señores draconicos.

- ¿ Bien, y cómo servir lo mejor posible a un Señor Draconico? La voz se hizo más seria.

Anazra quedó silenciosa algunos segundos. Luego, su corazón se estrechó. Había dejado al Señor de Drak' Azol frente a un riesgo potencial. Si buscaba su honor, no debía permanecer más allí. Se echó a correr lo mas rapido que podía. Se paró por poco tiempo y acudió a sus poderes mágicos para soportar mas. Reencontro al Señor mientras que éste era asaltado por un puñado de pícaros para robarle sus riquezas.

Sin vacilación, desenvainó su espada y puso en juego su destreza bien entrenada mucho tiempo antes. Los bandoleros no resistieron mucho tiempo y huyeron a toda prisa. El Señor Draconico afortunadamente, no tenía ni un rasguño.

- Y bien, verdaderamente creí que usted iba a abandonarme a mi suerte.

- Las Sorcelames deben velar por los Señores Draconicos.

- ¿ Pero usted es Sorcelame?

- Si la dirigente de nuestra orden lo quiere.

- En ese caso, me permitirá intervenir en su favor.

Algunos días más tarde, en el templo de la orden de las Sorcelames en Noz' Dingard. De nuevo, estaban todas reunidas, pero esta vez sus vestidos eran azules y sus aspectos mostraban regocijo. Anazra estaba de nuevo de rodillas delante de Naya. El silencio se hizo entonces.

- El Honor jamás nos deja. Cuando estamos en duda, podemos contar las unas con las otras.

Tomó la espada de Anazra.

- Este es el simbolo de nuestro compromiso y hoy estoy feliz de devolvértelo. Porta orgullosamente esta arma y reúne a tus hermanas, Anazra, Sorcelame de Noz' Dingard.


Liberar la Sombra

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El vals de los cortesanos se había terminado, pero la misión de Ishaiano se detenía allí. Ella le había confiado una tarea a Marlok y ahora solo le quedaba comunicar una mala noticia. Volvió a Kastel Draken con sus seguidores para reunirse en la tumba de los ancestros, y después de varios días de viaje, por fin llego a su meta: el campamento de los Combatientes de Zil.

Al ver el arribo de la delegación con los colores del Consejo, Ergue que vigilaba los alrededores le advirtió rápidamente a Abyssien. Este último reunió a todos los combatientes de Zil disponibles para recibir de la mejor forma a los majestuosos visitantes. Se sorprendió al reconocer la bandera de la Dama Ishaia. En el pasado, sus caminos ya se habían cruzado. La Consejera miro a los presentes con un aire neutral.

- Consejera, le damos la bienvenida a nuestra humilde morada.

- Abyssien, respondió ella inclinando la cabeza respetuosamente. Gracias por vuestra acogida. No te preocupes, no voy a quedarme mucho tiempo.

Los Combatientes Zil se miraron los unos a los otros. ¿Qué esta pasando? La mayoría de ellos ni siquiera eran concientes de la existencia de un Consejo de los gremios existentes, y que iban a aprender a su costa. Abyssien e Ishaia se instaló en una parte privada de la capital. El jefe de los Zil ofreció unos refrescos a la consejera.

- Encantada de ver que usted sigue sabiendo como recibir visitantes de lujo.

- ¡Por favor, reserve sus pensamientos para sí misma, recuerda quien te hizo entrar en el Consejo! Dijo con un poco de ira en su voz.

- ¡Vamos, vamos, precisamente porque nos conocíamos es que el consejo me envío a mi en lugar de otro! ¿Tú hubieras preferido que sea el Regente?

- No, por supuesto, me alegro de verte. Pero pienso que a veces tienes una actitud arrogante. ¿Qué te trae por aquí?

- Bueno, yo vengo a anunciarte una mala noticia. Luego ella se aclaró la garganta mientras desenrollaba un pergamino. Muchos hechos se nos plantearon a nosotros, entre ellos: el asesinato del Profeta por Télendar, en ese entonces líder del gremio de los Combatientes de Zil, la infiltración de un Nehantiste dentro de los miembros de su clan, las traiciones de sus miembros Selene, Silene y Télendar, la falta de informe de los nuevos miembros del gremio y, finalmente, la falta de informes sobre sus actividades durante varios meses.

Abyssien tragó saliva. Efectivamente se trataba de algo serio.

- En función de estos hechos, el Consejo adoptó la siguiente decisión. El gremio de los Combatientes de Zil tiene dos meses para actualizar sus declaraciones y demostrar que todavía puede ser digno del título que lleva. De lo contrario, simplemente se disuelve.

Era un golpe fatal el que acababa de recibir el Jefe Zil.

- Entiende bien Abyssien, esto no me hace feliz. Oficialmente, el Consejo necesita que respondan por las acciones de su gremio. Debemos renovar su escudo y demostrar que sus miembros son dignos de confianza.

La joven dejó su copa y se levantó.

- Extraoficialmente, sé que todo esto es respecto a Télendar. Pero las reglas son estrictas, el líder del clan se hace responsable de los actos de su gremio. El conflicto en el que se están inmersos se intensifica. No tengo ninguna duda de que los talentos de los Zils son apreciados, si se llegan a canalizar.

Abyssien permaneció en silencio, todo esto era grave y el tenía que actuar con prudencia.

- Bien, no la retengo más tiempo Consejera, hay cosas que tengo que hacer.

El tono indicaba claramente que Abyssien iba a tomar las cosas en mano. El rostro del jefe Zil cambio y comenzó a hincharse.

- Oh bien, creo que voy a salir. En dos meses, vamos a juzgar la evolución de las cosas.

La Consejera partió casi tan rápidamente como había llegado, dejando al jefe con sus asuntos.


Abyssien estaba rodeado por los otros Combatientes. Él les había explicado la situación y los mismos se pusieron serios. Kriss avanzó hacia el jefe.

- Abyssien, se debe cumplir con el triunvirato.

Los Zils más antiguos sabían que hay un triunvirato que cuando la situación lo exigía se reunirían para tomar las decisiones. Los miembros mas nuevos aprenderían como operaba.

- Tendremos que hacerlo. Luego, miro a los reunidos. Bueno escúchenme todos, deberán despejar la pista, aparten todo lo que se interponga en el camino, una vez hecho se realiza un circulo a su alrededor. Kriss traerá una persona desconocida para la gran mayoría de ustedes. Si alguna vez se dirige a ustedes, no le respondan.

Los Combatientes abandonaron la pista, a continuación Abyssien trajo un gran baúl, lo abrió y tomó su contenido. Luego, suavemente, colocó lo que parecía una gran marioneta, hecha de paja y telas con los colores del gremio. A continuación enderezo el cuerpo. Kriss comenzó a tocar música con su órgano de aire una melodía hasta entonces desconocida para la mayoría de la tropa. Abyssien, por su parte, lanzo un sortilegio de noche en la sala, a continuación, otro sortilegio que creó un pozo de luz en la pista. El gato negro que nunca abandonaba a Kriss comenzó a girar alrededor de la especie de marioneta. El jefe Zil encantaba al mismo ritmo que la música. Después de un momento, el maniquí de paja se elevó en el aire al mismo tiempo que el gato. Unos tentáculos de sombra salieron del gato y se enroscaron alrededor de lo que de hecho, era un espantapájaros. A continuación, pasaron a través de los ojos y la boca del espantapájaros dejando al felino que descendió inconsciente sobre el suelo.

La música se detuvo al igual que la encantación. La criatura seguía en pie y se mecía suavemente hacia adelante y hacia atrás, con los brazos que oscilaban en el aire. Todos contenían la respiración observando el evento. A continuación, el espantapájaros volvió a la vida y empezó a caminar, mirando a su alrededor. Después de una vuelta, se detuvo frente a Abyssien y Kryss. Los dos hombres se inclinaron, y la criatura hizo lo mismo.

- ¿Por que, me molestan ustedes?

- Tuvimos que reunir al triunvirato, el gremio está en peligro.

- AAAh? Que hizo el gremio que se cree que esta en peligro?

Abyssien explicó la pasividad del gremio y la advertencia del Consejo. El espantapájaros se volvió y dio una vuelta alrededor de todos. Reconoció que nadie, excepto Sangrespada y Sinrostro, se mantuvieron en su lugar.

- OUUUH mis pequeños se creen grandes! USTEDES son MAGNIficos!

Continuando con su gira, se detuvo frente a Sombría.

- ¿Cuál es tu nombre?

Pero la joven no respondió nada, recordando la advertencia de Abyssien. El Espantapájaros asintió con la cabeza.

- Se llama Sombría, es buena haciendo malabares, respondió el jefe. Nosotros tenemos que hablar en privado.

Kryss, Abyssien y el recién llegado abandonaron al resto dejandolos llenos de especulaciones.


El triunvirato se reunió lo más distante de la tienda a fin de estar lejos de cualquier posible espionaje.

- NO te preocupes mas señor real, no podras disolver mi amado gremio! La sombra es la hora

- ¿Qué nos va a dar crédito? Pregunto Kryss.

- Pasemos a cosas serias, respondió Abyssien cuyo rostro estaba inflándose nuevamente.

- ¡Sí! vamos a castigar a los traidores y hacer para lo que se nos ha creado, para asegurarnos de que el mal no salga de las sombras.

- ¿Te quedarás en esta ocasión? le preguntó Kriss, quien también cambio.

- ¡SI! Pero NADIE sabrá quien soy YO! El Archimago Artrezil FUE muy claro al respeto. Dese AHORA ustedes me LLAMARAN SALEM!


¡A la aventura!

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Como en todas partes del mundo, las Islas Blancas ofrecen para calmar las gargantas sedientas, tabernas de mala reputación donde el alcohol fluye libremente y los ladrones desvalijan a los borrachos. Es en uno de estos lugares donde se inicia la increíble aventura de la tripulación de Al La Triste. " Las dos piernas de palo " era una taberna del barrio de más de mala fama de la célebre ciudad Volovan, una parada de crápulas, de canallas y de estafadores de todo género. Burrich el batidor, uno de los clientes regulares tenía buena esperanza de conseguir el golpe del siglo tratando vender un mapa del tesoro. No sabiendo leer, ni escribir, no sospechaba la importancia de este mapa y, como jamás se lo tomaba en serio, nadie había querido creer en el valor de lo que ofrecía. Justo en ese momento su historia llegó a los oidos de Bragan, uno de los miembros de la tripulación de Al la triste. Después de haber hecho algunas comprobaciones, le comento sobre la autenticidad del mapa a su capitana. Al la triste se interesó mucho en este descubrimiento.

Bragan, el viejo pendenciero, Poukos, el hombre pez y la Capitána Al la triste entraron en la taberna donde debía llevarse a cabo la venta del mapa. Muchos salieron cruzando a los piratas, cuya mala reputación los precedía. Para los que jamás se habian cruzado con Al la triste, la primera impresión que les provocaba los dejaba sorprendidos. Con su tricornio, a la joven mujer, a menudo le costaba trabajo pasar por las puertas, tanto en altura a causa de su estatura como en anchura debido a la imponente protesis mecánica que reemplazaba su brazo derecho.

Su cita esperaba en un rincón. Burrich ya se imaginaba irse de allí riquísimo después de haber vendido este trozo de papel encontrado en una compraventa de ocasión. Ambos acólitos del capitán se sentaron a la mesa del infortunado vendedor. La capitána se instaló justo a su izquierda.

- ¡ Vuelvenos a mostrar la mercancía, mancha de letrinas! Vociferó Bragan con toda la amabilidad de la que podía dar prueba.

El hombre sacó pues el objeto tan ansiado, un rollo de pergamino que probablemente habia estado sellado por una correa de cuero rojo y un sello de lacre. Al la Triste examinó la correa luego desenrolló el mapa. ¡ Al fin ! Varios años de buscar en vano para le cayese encima casi por casualidad. Pero no mostró nada de su satisfacción. Poukos lanzó sobre la mesa una bolsa que contenía dinero. El hombre la tomó y la abrió con impaciencia. Por desgracia, grande fue su decepción, la suma verdaderamente no correspondía a sus previsiones.

- ¡ Hey! ¡ Pero aquí dentro no hay nada ! Se indignó.

Al la triste se levantó de un golpe, derribando su banqueta, y agarró al imbécil por el cuello y lo levantó hasta su cara. Los dos otros no movieron ni el dedo meñique. ¡ Había que mantener bien el mito de la célebre Al la triste!!

- Escucha cabeza de arenque, de escoria como tu, tengo llena mi cala. Me deshago de ellos en las minas de sal de Brence. Entonces, si quieres que no te arranque un brazo y haga lo mismo contigo, acepta esta transacción que es completamente honorable.

El hombre estaba mudo. Creyó que todo estaba acabado para él. Poukos y Bragan lo miraban como si su última hora hubiera llegado. Pesando en los pro y los contra bastante rápidamente, tendió el mapa.

- ¡ Aqui tienes, me parece un buen negocio!

La capitana lo lanzó de un golpe y cayó desarticulado en el suelo. Apenas tuvo tiempo de levantarse que los piratas ya estaban yéndose, lo que constituía para él un alivio. Tenía un poco más dinero y mucho menos problemas.

Un poco más tarde sobre el Arc-Kadia, el buque volante de la capitana Al la triste, todo era efervescencia. La joven mujer había hecho volver a toda su tripulación que hasta ese momento se encontraban "de licencia". En su camarote, la joven mujer intentaba penetrar los secretos del mapa del tesoro cuando alguien llamó a la puerta.

- ¡ Capitán, soy yo ! Dice una voz muy aguda.

Al la triste se levantó, quitó el seguro de la puerta y miró a su segunda con alegría.

- Ven, entra, le dice mirando si no había uno o dos curioso que las espiaran. ¡ Lo encontré, por fin podremos localizar al Titán del capitán Hic!

Ojo de gema, la segunda, frunció el ceño y se quitó algunos mechones que le caigan sobre la cara. Había crecido con la capitana y ambas mujeres se habían hecho verdaderas hermanas de armas. Al la triste le mostró orgullosamente el mapa, desplegado sobre la mesa redonda. Esparcidos alrededor, incluso arriba, se encontraban un montón de libros abiertos y de instrumentos de medida. El mapa era bastante grande y por sobre todo magníficamente ilustrado.

- ¿ Verdaderamente crees que es el capitán Hic quién lo dibujó?

- ¡ Absolutamente! Mira, dice mostrandole un montón de pergaminos. Es todo lo que reuní sobre él. Hay aquí numerosos dibujos firmados por su mano. El estilo corresponde, y la fecha también. Si observas bien, la parte izquierda es el reino de Bramamir, antes de que el torbellino se forme. Y sabemos que Hic vivió allí antes de la guerra negra.

Ojo de gema observaba el mapa. Sintió entonces la emanación de una magia discreta, pero presente. La guémélite pasó la mano por encima y sin hacerlo a propósito reactivó el mapa. Aparecieron inscripciones sobre el pergamino, luego el mapa exhaló un humo fino que se acomodó para formar una imagen mucho más completa. Una pequeña bola amarilla de la talla de una falange apareció sobre el mapa. Al la Triste avanzó, sus ojos brillaban de excitación. Echó un ojo a las inscripciones, era una lengua que pocos conocían, pero que ella, dominaba hace ya mucho tiempo. Su padre también era un capitán pirata, y le había enseñado a su hija todo lo que sabía.

He aquí lo que esto contaba:

" La caza comienza, contra vientos y marea ustedes se toparán, pero a ustedes los cardinales les ayudaran. En cada etapa combatiran, consigan todo y encuentren a Titán o bien en el olvido eterno zozobrarán. "

Releyó repetidas veces la frase con el fin de percibir mejor la esencia.

- Y bien, es misterioso todo esto, es muy interesante.

Su segunda, examinaba el punto amarillo. Tomó un mapa de la región y comparó ambos planos.

- Reconocemos ciertas partes de las Islas blancas, el punto amarillo indica un pedazo que en otro tiempo fue costero. Podemos estar allí en dos días.

- Bien, prepara la tripulación. Haz llenar la nave de rayo. ¡ Nos vamos mañana!

- Bien, capitana.

Al día siguiente por la mañana el buque estaba listo. Era un gigantesco 3 mastiles propulsado por dos grandes motores " Vafeur ", que unian una tecnología basada en un motor a vapor y los rayos, una maquinaria creada mezclando cristales mágicos y fuerzas de la naturaleza recuperadas de las mismas nubes. Los arcos eléctricos que lamían los cristales producían castañeteos muy particulares. Pero la tripulación se había acostumbrado a ellos hacia ya mucho tiempo y ya nadie le tenía cuidado. Sobre el puente, todo el mundo esperaba el discurso de su capitana. Ojo de gema había hecho bien su trabajo y todos ellos se formaban derechos. Por fin, la capitana apareció, llevando su sable ancho, prueba de su liderazgo.

- ¡ Piratas! ¡ Hoy vamos detrás de el Titán, el célebre buque del capitán Hic y del tesoro que el encierra! Dijó levantando su sable hacia el cielo.

Entonces, todos se miran y comienzan a gritar, dándose aliento, la cabeza llena de sueños, de riqueza y de gloria. La tripulación se puso a la tarea, separó el buque del muelle y soltó las velas a favor de los vientos. El Arc-Kadia tembló, crujió, y luego despacio se elevó en los aires. La ciudad de Volovan y su isla, flotantes en el cielo se volvieron cada vez más pequeñas mientras que otras crecían. Al la triste llevaba el timón con orgullo, sabia precisamente donde ir, había memorizado el mapa del tesoro y los planos de su segundo.

La noche había caído sobre el antiguo reino de Bramamir y dos días habían pasado desde su salida. Nadie dormía y la actividad era febril, el buque comenzaba su acercamiento hacia una isla alejada y pequeña. Ésta era ondulada de dunas y totalmente recubierta con una triste arena.

- ¿ Que sabemos nosotros de este rincón, alejado de todo, Ojo de gema??

- No gran cosa, es una región desértica, no hay nadie que viva en la región. Tiene asegurada su muerte el que se atreva a venir aquí.

- Un lugar ideal para esconder algo. ¡ BRAGAAAAAAAN! ¡! Gritó, la capitana.

Un viejo hombre buenazo apareció, medio dormido, y con un botellon de ron en la mano.

- ¿ Siiis mi capitana?

- Irás por la mañana, a esta isla con Empleadillo y...

- ¡ Yo! ¡ Yo! ¡ Yo! ¡ Yo!

Apareció entonces una furia de cabellos cortos, casi desnuda. Subió las escaleras hasta el puente en un momento y de dos saltos y se paró poniéndose en guardia. Al la triste mostro un aire de desesperada y sacudió la cabeza tapandose la cara con la mano izquierda.

- ¿ Todavía te dura la peste? Se jactó Bragan.

- ¡ Vamos, capitana, déjeme ir allá! Insistió la pelirroja.

- Bien, ve allá, pero te prevengo que me oirás si fallas tu misión. ¿ Comprendido, Armada?

- ¡ Sis! ¡ Sis! ¡ Sis!

La joven saltó en el aire agitando los brazos frenéticamente.

Algunas horas pasaron y llegó por fin el día, el pequeño grupo estaba listo. El buque se colocó a una distancia suficiente para que Bragan, Empleadillo y Armada pudieran descender con una cuerda. La arena era caliente e inmaculada y las dunas se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El pequeño grupo avanzó lento, pero seguro hacia el centro de la isla. A bordo del Arc-Kadia, Al la triste observaba con su largavista, pero el calor emitido por la arena, rápidamente oculto al grupo de piratas. Al cabo de algunas horas de marcha, Bragan se dio cuenta que algo no iba bien.

- Marchando como marchamos, ya deberíamos haber alcanzado el otro borde de la isla.

Empleadillo examinó los alrededores.

- ¡ Aquí! ¡ Rastros en la arena! Mire, tres personas han pasado por aquí.

- ¡ Son nuestros rastros, grumete! Escupió Armada. Estamos dando vueltas como ratas en una chalupa.

- ¿ Caramba, que vamos a hacer? Lanzó el marinero con una pizca de pánico.

- Vamos a reflexionar ¡esta claro!, sé que no lo haces a menudo pero va a hacer falta. Vamos a empezar por cambiar de dirección.

El grupo retomó el camino, y algunos momentos más tarde, mientras el calor comenzaba a volverse insostenible:

- Vamos a morir...

Empleadillo había dejado su chaleco y miraba a los otros.

- No todavia. Te dije que había que reflexionar.

- ¿ Parece que tú, viejo, si reflexionaste? Dice Armada riendo a carcajadas.

- Bien.... sobre lo que reflexioné. Y es justamente una historia antigua que me hace pensar en la solución. ¿ Conocen ustedes los espejos de Flint?

Ambos jóvenes respondieron no al unísono.

- Porque sera, que no me asombra. Algunos piratas, para esconder un tesoro, creaban una serie de espejos mágicos imperceptibles, que hacían dar vueltas en circulos a los infortunados que querían robarlos. Y este es el caso, como nadie lo pudo robar, y aunque Hic ya murió hace mucho, el sortilegio sigue activo.

- ¿ Y cómo hacemos para salir de él?

- ¡ Por magia! Estos espejos son unos espejismos, tenemos qué soplarlos y romperlos. Armada, tienes siempre explosivos contigo. ¿ Vas a colocar tres cargas para hacer un triángulo, sabes lo que es un triángulo?

- ¡ Pfff, se bien que es eso, viejo senil!

Bragan se concentró durante unos largos minutos, el tiempo que necesito Armada para colocar tres bombas de su confección. Luego una llama aparecio delante del mago pirata. Ésta se transformó entonces en una pequeña ave, luego dos y por fin aparecio la tercera.

- ¡ Acuéstense!

Empleadillo y Armada apenas tuvieron tiempo de pegarse al suelo, cuando Bragan solto a sus aves que se lanzaron hacia las bombas. Una gran explosión resonó entonces y una nube de arena se formó.

- ¡ Kof! ¡ Kof! Bah!!! di pues, que sagradas bombas nos hiciste Armada.

- ¡ Sip , pequeñas pero eficaces!

- ¡ Miren! ¡ Allí! Algo brilla en la arena.

En efecto, un poco más lejos, a pleno sol un objeto de oro brillaba como encendido por mil fuegos. Acercándose los piratas reconocieron una calavera hecha añicos, apretando entre sus dientes un rodillo de oro. En el momento en el que Bragan, tomó el objeto, la calavera se convirtió en un montón de arena. La isla misma empezó a sacudirse por temblores.

A bordo del Arc-Kadia, toda la tripulación escudriñaba los alrededores. Hacía ya ahora largas horas que la tropa se había ido. La inquietud había ido creciendo poco a poco. Luego vino la explosión, y algunos momentos más tarde, un hecho extraño. La isla temblaba y perdía pedazos que zozobraban en el torbellino. Al la triste lanzó una ojeada rápida con su catalejo y reparó en sus hombres. El barco cabeceó y avanzó con destino a los infortunados corsarios que luchaban para no ser aspirados por uno de los numerosos hoyos que se formaba en la arena. Bragan, Empleadillo y Armada volvieron a subir a bordo, justo a tiempo, cuando la isla entera se desintegró...

Acto 3 :Deslumbramiento

Iluminación

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La naturaleza había cubierto la Tumba de los antepasados de una espesa vegetación. Había obedecido a los que nacieron de la tierra y de los árboles. El furor con el cual los Corazón de Savia había entrado en el conflicto ponía término a la paz que el lugar solia tener. Las lianas que ya cubrian completamente la piedra caida del cielo, pulsaban como si la sangre fluyera por los latidos de un invisible corazón. La Esfinge con rabia divina, cortaba las raíces que lo capturaban, pero estas eran muy fuertes y ya se le acercaban peligrosamente dos enorme Hom' Chaï. Afortunadamente para el Guardián del templo, Kararine le echo una mano. Sigilosa y ágil como una pantera, liberó a su compañero Nómada. Este último decidió replegarse el tiempo que Ïolmarek tardara en encontrar una solución a esta fuerte resistencia. El jefe de los Nómadas del desierto tenía mucho trabajo, rechazando difícilmente los ataques mágicos de Kei'zan y de Hablamente.

La magia de los dos Daïs era poderosa, pero la fe de Ïolmarek y sus acólitos era una muralla contra la cual sus adversarios venían a estrellarse.


Un poco más apartado, los restos del campamento de los Enviados de Noz' Dingard servia de marco a un encuentro extraño. Melissandro discutía con Valentin, el caballero dragon.

- En usted habita una fuerza que Kei' zan identificó como equivalente a la del Árbol-mundo. Usted debe entender que esta piedra no es buena para nuestra tierra y que va a dañarla.

Valentin se había despertado por la mañana sobresaltado mientras que los Corazón de Savia lanzaban su ofensiva. Muy rápidamente, al borde del campo de batalla, había observado las escarmuzas, dando cuenta así por sus ojos a Dragón de una situación bastante compleja y explosiva. Luego más tarde, la joven elfine se le había presentado, por una razón que todavía no comprendia.

- Pensamos hablar a Dragón y apelar a su sabiduría. Hablo en nombre de Kei' Zan pidiendo su ayuda y la de su pueblo. El debe sentir los efectos de la perversión que genera la piedra.

Valentin se rascó la barba, bastante confuso. No era mago y no conocía gran cosa de lo que trataban de explicarle. Había sido enviado allí al tiempo que otros miembros volvian de su misión.

- Soy uno de los caballeros de Dragón, todo lo que sé, el tambien lo sabe porque estamos vinculados.

En ese momento, Dragón decidió tomar la palabra. El aspecto físico de Valentin cambió, sus rasgos se hicieron los de un híbrido hombre - dragón.

- Oí la llamada del Árbol-mundo, Elfine. En este momento el dolor nubla los ojos y embarga a mis Enviados.

Melissandre se sintio un poco decepcionada por esta respuesta.

- Pero Valentin va a acompañarte y a poner su saber a tu servicio. Les enviaré a otros aliados cuando llegue el momento.

Luego, Valetin retomó su apariencia normal.

- Bien, diríamos que debo ponerme bajo su mando.

Un poco más tarde y con la ayuda fortuita del viejo caballero dragon, los Nómadas estaban en postura muy lastimosa. Había varios heridos en las filas de los fieles de Sol´ra. Pero, afortunadamente para ellos, no estaban solos. Combatían por un ideal y para una fuerza superior que sobrepasaba su condición. La piedra caida del cielo, aunque rodeada de lianas, emitió un nuevo canto. El viejo sacerdote lo oía y lo comprendía como si se tratara de voces celestiales.

- " Apela a ella, servidor. Sólo ella puede sacarte de ahí ".

- ¿ Ella?

Malika, que estaba al lado, tomó la sotana de Ïolmarek.

- ¿ Quién es ella? ¡ Sé más claro!

Pero el sacerdote no escuchaba nada más. Sacó entonces una lámpara de aceite y sopló arriba. Una criatura azulada salió de ella.

- ¿ Sí, mi amo, puedo realizar uno de tus deseos?

- Utilizo mi segundo voto, genio. Deseo que Djamena se encuentre aquí inmediatamente.

- Qué sea hecho según tu voluntad, amo.

El genio cerró los ojos y una aura dorada apareció alrededor de él. Un flash se produjo entonces, cegando a todas las personas en los alrededores. Cuando la vista les volvió, se encontraba a su lado una joven mujer con vestidos blancos caracteristicos de los iniciados del dios Sol´ra. La joven mujer daba muestras visibles de encontrarse desconcertada por lo que acababa de producirse y lanzaba miradas a su alrededor con cierto pánico. Luego, mirando con ojos inquisidores sobre el que había salvado a su padre de una suerte incierta, entendió su canto. La dulce voz se le dirigía sólo a ella.

" ¡ Djamena, despiertate! Es el tiempo para volver a ser la que eras en otro tiempo. ¿ Entiendes Djamena? "

La joven mujer no se movía, pero en ella algo se producía, una transformación, una liberación. Una lanza apareció entonces en su mano, luego, de un movimiento, hendió el aire desde abajo, hacia arriba con destino a la piedra. Al cabo de algunos segundos, las lianas que la rodeaban se rompieron, luego, cayeron, se descompusieron y acabaron por hacerse arena. La gema refulgía cada vez más. A su pie, Djamena había cambiado. Alas le habían crecido y sus cabellos que flotaban en el viento se habían vuelto casi blancos. Todos los Nómadas sabían que un nuevo Solarian acababa de hacer su aparición, y que esto significaba que esta batalla no estaba perdida todavia. Ahora, el suelo alrededor de la piedra se agrietaba, y una energía violenta y divina se había puesto manos a la obra.

Alhem sentía que Sol´ra los miraba y juzgaría sus actos. La teúrgia de curación fue invocada, poniendo como nuevos a todos los Nómadas para una nueva ofensiva. El contraataque fue lanzado por la Esfinge que, en un rugido, saltó sobre Marca-rojo y estuvó a poco de decapitarlo, salvado en extremo por Valentin que rechazo al coloso con cuerpo de león. Djamena se interpuso entonces.

- ¡ Vas a ser juzgado, soy el brazo de dios, y tú un insecto que voy a aplastar! Dice con cólera. Apenas hubo pronunciado estas pocas palabras, el cielo comenzó a ensombrecerse.

- Señor, nuestros siguientes actos no son dignos de tu mirada. Qué el Eclipse le ponga vendas a tus ojos divinos y nos conceda el favor de la luz negra.

La Garra, se había colado entre los restos de lianas y de árboles e iba a asestarle a la joven Nómada un golpe magistral cuando fue inmovilizada. Se sentía como atraída por el suelo. Ïolmarek se adelantó hasta ella riéndose burlonamente. Su aspecto había cambiado, sus vestidos y su actitud se habían vuelto negros.

- ¡ El Eclipse, mi bello Eclipse, tenemos una guémélite!

Luego, con ambas manos, tomó a La Garra de un golpe y la levantó por encima de él.

- ¡ Tus pecados son numerosos, infiel! Tu alma me pertenece para toda la eternidad.

Apoyo su mano derecha en la cabeza de la guémélite, luego, como si hubiera tomado algo invisible, tiró con todas sus fuerzas. Una forma fantasmal salió de ella. Su alma dejaba su cuerpo. Su corazón dejó entonces de latir y sus brazos dejaron de agitarse. Kei' zan un poco más lejos asistió a la escena sin poder hacer nada...

Hacia los Confines

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La Tumba de los Ancestros estaba bañada en llamaradas y en sangre. La piedra caída del cielo lleno de fuego a sus alrededores, destruyendo los campamentos de los Enviados de Noz'Dingard y de los Kotoba. La Corazón de Savia y el caballero dragón, Valentín, habían regresado al territorio Eltariano. A ellos pronto se les unieron el resto del equipo quienes habían sido testigos de la batalla y querían conocer más. Los Nómadas del desierto tenían bajo su dominio la Tumba de los Ancestros, galvanizada por la piedra y por el Eclipse que se produjo poco después de la aparición de su nueva camarada. Estos fanáticos habían conseguido la derrota de las criaturas de la naturaleza.

El Kei'Zan sostuvo en sus brazos el cuerpo sin vida de la Garra, la tristeza y el cansancio era visible en los rostros de los Eltarianos. Por el duro golpe y la importancia del evento, fue una de las raras ocasiones en que muchos extranjeros fueron aceptados en las tierras ancestrales, por lo general ocultas. Por lo que habían miembros de los Enviados de Noz'Dingard, de los Kotoba, de los Combatientes de Zil e incluso de los Piratas, recién llegados al conflicto.

El viento pasaba entre los árboles, el Kei'Zan puso sobre el suelo el cuerpo sin vida de su hija adoptiva. Si hubiera tenido un corazón, este se encontraría roto en miles de pedazos porque su pena era grande. A su alrededor los demás miembros del Corazón de Savia se reunieron y comenzaron el canto ritual de los difuntos, una melodía triste y melancólica. El Daïs encantó a continuación, un antiguo sortilegio de retorno a la tierra, raíces emergieron de la tierra y rodearon a la Garra. Entonces lentamente, todo se hundió en el suelo. Durante este tiempo Valentín se encontraba hablando en su interior con el Dragón.

- Mi señor, usted vio al igual que yo todo lo que pasó. ¿Qué actitud tomará ahora? Estos nómades parecen ser tan peligrosos como los fieles de Nehant.

- Caballero, tendrá que actuar sin una confrontación directa, al menos por ahora. Hay una persona que podría aportar una solución. El se encuentra en este bosque pero aprisionado por los suyos.

- ¿Debo recurrir a esa persona?

- Sí, es necesario. Algunos de los Enviados deben llegar pero por ahora demoraran en hacerlo.

- Obedeceré. Una vez que el canto terminó, Valentín se reencontró con Kei'Zan.

- Lamento molestarlo en un momento visiblemente doloroso. Debo pedirle un favor. El Kei'zan asintió con la cabeza y luego Valentín escuchó en su cabeza.

- ¿Sí enviado de Dragón?

- Es evidente que alguien en su pueblo traería una solución contra los poderes de estos nómades.

- ¿Quién?

- Una persona que retienes prisionero. El Daïs con el rostro sin boca sacudió la cabeza.

- La persona que usted menciona ha sido castigada por sus actos.

- No pongo en duda su motivo, ¿pero sería posible hablar con él?

- Sospecho que una presencia superior de usted dio con la existencia de esa persona.

- Dragón piensa que el prisionero es un eslabón en la cadena y que su ayuda es fundamental. Después de una larga vacilación, el Kei'zan acepto guiar al caballero dragón al sitio donde durante muchos años fue encarcelado, hacia el corazón de la selva. Durante dos días viajaron por senderos, Valentín se sorprendió al ver tantos lugares inusuales y maravillosos, aunque el había viajado durante años por el mundo de aquí para allá. Finalmente llegaron donde anteriormente el Árbol-Corazón con su altura dominaba al mundo. No había nada mas que un tronco sin vida, pero se trataba del territorio de Kei'zan. A la vuelta de unos pocos árboles grandes rodeados de arbustos largos y peligrosos se encontraba el prisionero.

- Yo te autorizare a hablar, pero ten cuidado con tus palabras, mi hermano es vengativo.

- ¿Tu hermano? Bien. ¿Tenía un nombre?

- Hoy lo llamamos el Granizardo, comprenderás el por qué al verlo. Ante ellos se hizo a un lado la vegetación dejando paso libre a un gran bloque de ámbar. En su interior había confinado un Daïs de gran altura cuyo lado izquierdo estaba lleno de pedazos de piedras brillantes de color verde. El Kei'zan pasó la mano por el Grele, dándole el poder de percibir el mundo a su alrededor. Inmediatamente sintió una ola de tristeza. Comprendió los acontecimientos que habían sucedido, y sobre todo lo que llevo a la muerte de la Garra. ¡El enojo fue muy rápido, demasiado rápido!

- ¡Ahí es donde todo esto nos lleva a mi hermano! El tiempo para hablar se ha terminado, ¡libérame!

- No, tú sabes que eso es imposible. Valentín fue sorprendido por la voz de Granizardo, potente y clara.

- Y tú guémélite, ¿no sientes la lenta destrucción de nuestro mundo? Dijo él, dirigiéndose al caballero dragón.

- Sé que tenemos un rival difícil y que usted tendría una solución a nuestro propósito.

- ¡Antes tienes que dejarme salir, no puedo permanecer mas inmóvil, paralizado en este lugar mientras los Eltarianos pierden la vida!

- ¡La Garra se había confiado exponiéndose al riesgo! Replicó el Kei'zan vigorosamente.

- Sí, por supuesto, pero tú, tú la dejaste morir. Entonces, ¿cuál de nosotros debería estar en este bloque de ámbar, hermano?

- ¿Pero tú sabes o no un medio para hacer frente a estos nómades provenientes del desierto? El guémélite dragón percibió la animosidad que provenía de entre los dos hermanos, uno para el otro.

- Sí, lo sé. Aclamado Granizardo calmando.

- Ahora dinos lo que sabes hermano.

- Ya te lo dije, voy a tener que salir de esta prisión porque tendré que llevar a la gente fuera de aquí. Escucha Kei'zan, escucha el lamento de Eltarianos, ellos sienten que el viento cambio y que el peligro acecha nuestro hogar.

El Daïs sabía que ese momento llegaría algún día, pero si realmente Granizardo tiene la solución debería dejar los sentimientos de lado, y dar paso a la razón. Y si alguna vez Granizardo se vuelve inestable el se haría cargo de que vuelva a la prisión, donde pasaría el resto de su existencia.

- Bueno, yo te libero. Pero al menor paso en falso, te regresare aquí. Kei'zan a continuación, golpeó con su bastón el suelo recubierto de musgo y hojas secas. Una ola de energía mágica se extendió al bloque de ámbar, que se redujo hasta que el prisionero finalmente se puede mover. Se estiró y luego avanzó de golpe hacia su hermano.

- Mantengo mi palabra, voy a ayudar lo mejor que pueda.

Nuevamente varios días más tarde, en el borde de la selva una aldea de tiendas de campaña se había instalado, una combinación de todos los gremios. L'Arc-Kadi, barco de piratas había anclado un poco más tarde en un claro. El intercambio de opiniones sobre lo que estaba sucediendo y las discusiones se detuvieron cuando el Kei'zan, Valentín y Granizardo aparecieron. Se formo un gran círculo alrededor de ellos. Granizardo dio la vuelta mirando a cada uno.

- La guerra está sobre nosotros. Los provenientes del desierto sirven a un dios destructor, que no se detendrá ahí. Entre la multitud abundaban los susurros.

- Los que son capaces de eludir la animosidad que sienten por los demás serán una ayuda sin igual para la batalla que se avecina. Y a él le llevara tiempo enfrentarse a mí, por lo que algunos de ustedes podrán resolver nuestro principal problema, la piedra caída del cielo.

- ¿Y adónde piensa ir, si no es indiscreción? Pregunto Malyss un mago de Kotoba.

- Vamos a tener que ir a los confines. De nuevo los cuchicheos tomaron la reunión, el nombre "Confines" parecía causar un montón de preguntas, algunas por miedo y otras por curiosidad.

- Conozco un camino que nos llevará allí. No voy a negar que es muy arriesgado, pero ¿cuál es el riesgo comparado al peligro que nos enfrentamos? ¿Voluntarios? Un miembro por cada gremio me parece ser una buena elección. Ergue inmediatamente dio un paso adelante.

- Siempre he querido ir... Fue el turno de Malysse seguido de Moira y finalmente, después de mucha discusión y dado el interés de encontrar algo valioso, Ojo de gema era la representante de los Piratas. Por su parte Dragón ofreció su ayuda. Gracias a Valentín y los Enviados de Noz'Dingard presentes, un portal se abrió entre el lugar donde estaban y la gran sala de recepción del palacio Noz'Dingard, evitando así un largo camino debido a que los Confines se encontraban en el otro lado de la Draconia, comparado con su posición actual. Ellos fueron recibidos por el Profeta.

- Bienvenido. La Draconia pone a disposición de esta expedición alimentos y de algunos medios para que puedan cumplir mejor con su tarea. Me asegurare de que encontraran un lugar para pasar la noche en la frontera con Baranthe.

- Le agradecemos Profeta.

Una semana después, el grupo de aventureros llegaron a la frontera. Cerca se encontraban las nieblas de los Confines. Este lugar en particular era una barrera, escondida detrás de la tumba de Nehant donde fue encarcelado este último por más de 100 años. Esta niebla mágica fue un punto de paso entre dos continentes, los Confines y de lo comúnmente llamado Tierras de Guem. Sucedió en ocasiones que algunas personas de un lado o el otro llegan a cruzar al otro continente, a veces sin darse cuenta, a veces después de una larga búsqueda.

- Aquí en el borde de la niebla de los Confines, nos atreveremos a intentar algo que posiblemente jamás pueda funcionar. Les inquirió Granizardo.

- He oído hablar de este lugar. ¿Seguro que quieres ir allá? una magia poderosa invade la zona, puedo sentir la sensación. Malyss parecía preocupado.

- Esta es la magia que permite cruzar al otro lado. Indicó Granizardo una vez que todos estaban atados los unos a los otros. A la vez impulsados por la curiosidad y la ansiedad ante lo desconocido, los expedicionarios se precipitaron en la espesa niebla. No veían más allá de sus narices y la confianza estaba depositada en avanzar con cautela. Pronto el suelo agrietado bajo sus pies cubierto de partículas de tierra calcinada se añadieron a la opacidad de la visión, haciendo que la respiración fuese difícil y dolorosa. Pasó una hora, y alrededor de ellos, aunque no lo vieran, el paisaje cambio para convertirse en caótico. Unos cristales de muchos colores emergían de todas partes, haciendo su lento avance peligroso. Su guía les hacía pasar por desvíos increíbles, pero poco a poco la niebla se desvaneció y desaparecieron las cenizas. Cuando todo a su alrededor se aclaro evidentemente ya no estaban mas en Tierras de Guem, sino en el otro extremo del mundo con un entorno increíble.

- ¡Parecen las Islas Blancas! ¡Pero esto es enorme! -Exclamó Ojo de gema. Todos estaban fascinados con el descubrimiento de esta parte del mundo. No perdían de vista cientos de islas que partían flotando de la tierra hacia el cielo. Después de una rápida mirada hacia abajo podían ver la superficie del planeta.

- Lo conseguimos. Nuestra travesía acaba de empezar y el viaje corre el riesgo de extenderse. Partimos en busca de una criatura legendaria que alguna vez existió en las Tierras de Guem, la “Comepiedras”.


Motin!!

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Extractos del diario de Al la triste.

[...]Hemos encontrado un extraño objeto en una isla. El capitán Hic, a quien suponemos, le pertenecia, había protegido el lugar magicamente, afortunadamente, Bragan conocía este sortilegio sin él, habríamos terminado de culo en el agua.[...]

[...] El objeto era en realidad una baliza perdida. Cuando acerqué la esfera al mapa me percate que aparecieron símbolos y surcos en el metal. Ojo de gema pasó varias horas con este enigma, sin comprender de qué se trataba. Fue Klemencia quien resolvió el enigma cuando me dirigí por soluciones al resto de la tripulación. Se trataba de otro truco de piratas, una bola a polvora, un objeto en el cual hay que poner polvora, y luego encenderla, una vez hecho esto, hay que deslizarla sobre un pergamino. Se debe comenzar apoyado un simbolo en forma de cruz que se encuentra sobre la esfera, en el pergamino, luego la esfera se desliza sola, dibujando una forma. Es muy difícil de explicarse así. Después de haber hecho esto teníamos allí, sobre el pergamino una línea totalmente rara. [...]

[...] Tengo un dolor de cabeza increible, hay que decir que se celebró de buena forma nuestro hallazgo. Superponer el mapa del capitán Hic y el pergamino con la línea tomando por punto de partida la isla dónde habíamos encontrado la esfera era una idea excelente. Siguiendo los gruesos puntos que recorre la línea y haciéndoles corresponder a ciertas indicaciones geográficas, esto nos señaló el proximo lugar donde debiamos ir. [...]

[…] Mientras haciamos una inspección ocular donde esperabamos encontrar el próximo enigma, nos topamos con un obstáculo de talla mayor, la ausencia de viento. Estamos en medio de la nada, tanto el timon, como las máquinas, no responden más. Resta solo esperar que Klemencia encuentre cómo resolver esto. [...]

[...]Ya han pasado varios días que el Arc-Kadia esta inmovil en el aire como un viejo casco encallado. Yo no comprendo qué pasa aquí, estamos exactamente dónde indica el mapa, ¿me habre equivocado? En todo caso, es lo que parecen pensar ciertos marineros que comienzan a hablar entre ellos. Sorprendí una conversación entre Poukos y Ojo de Gema, parecería que ya no soy un capitán muy bueno como pensaba. Voy a vigilar esto de cerca, esta actitud me asombra por parte de mi segunda. [...]

[...] ¡Motín! Fue tan repentinamente, dudo que todo esto sea normal. Una parte de la tripulación desea que me rinda bajo el pretexto de no haberlos protegido y de no haber anticipado todo esto. Estos cobardes capturaron a Klemencia y a Bragan quienes me siguen siendo fieles. Tal, como lo conozco él va a hacérselos volar por el aire. Por mi pierna de madera!!! ¿qué los llevara a hacer esto? ¿pensaran que el buque súbitamente va a recuperar su movimiento en cuanto se deshagan de mí? Verdaderamente tengo la impresión de que estan volviendose locos. [...] Cuanto más tiempo pasa, más la situación empeora. Voy a tener que recuperar el buque, no me queda otra elección, va a hacer falta que libere a Klemencia en primer lugar y que ella reactive luego a Tornillardo. Con esa gran ventaja nos será fácil terminar con el resto. Hace ya mucho tiempo que no tenia la oportunidad de volver a usar mis pistocuchillos, habría preferido que fuera en mejores condiciones, pero que se le va a hacer. [...]

[...] Conseguído, Klemencia esta libre. Armada va a tener un reverendo dolor de cabeza durante largo tiempo, pero no me queria dejar pasar. Sabía que esta chica no era muy lista, pero amenazó con explotarse y a nosotros con ella. ¿Qué es lo que les pasa a los amotinados?. [...] Klemencia me dice que los rebeldes estuvieron comportandose muy raro. [...] Salimos a reactivar a Tornillardo, ahora van a ver de que madera estoy hecha. [...]

[...] Una larga batalla tuvo lugar. ¡ Estropeamos mi bello buque, voy a hacerles pagar todo este desastre a estos salvajes! Lo bueno de todo esto, es que neutralizamos a todos los rebeldes sin ningun muerto. Ha sido un lindo castañazo, no sabía que Klemencia era tan inteligente. Fabricó una especie de guantes a la vez mágicos y mecánicos. ¡ Cuando Tornillardo golpeaba, era Klémence que exactamente hacía el mismo gesto! Otros se encontraron mas sorprendidos aun por este hallazgo. [...] Interrogué a estas bolsas de ron, pero sus respuestas fueron muy evasivas y al final ni ellos mismos sabían demasiado que pasó. Después de reflexionar, la relación entre el punto del enigma próximo y todo esto era casi evidente. Seguidamente Bragan me confirmó que algo mágico todavía estaba manos a la obra. [...]

[...] Pasó todavía una rara situación, el fantasma del capitán Hic apareció sobre el puente, hombre guapo por otra parte. Me dio a entender que era digna de seguir el camino a su tesoro. Igualmente sin su acuerdo, habría continuado. [...] Cuando él desapareció, el barco recuperó su movimiento, y en el lugar donde se encontraba Hic, aparecio un libro rojo, de pequeño tamaño, cerrado por una cerradura cobriza en forma de boca de demonio. Sobre la tapa podíamos leer el título: Diario del Capitán Hic. [...] la cerradura no resistio mucho tiempo, un golpe de culata y voló en pedazos. [...]

[...] Leí el diario del capitán Hic, podemos decir que vivió muchas aventuras increíbles. Particularmente escribio esto, la escritura era difícil de entender: " ...mis huesos son quebrantados. Mi buque esta en medio de un lugar inimaginable, hay burbujas por todas partes. Mientras que la muerte tiende sobre mí su abrigo de desgracia es mi momento para dejar mi herencia. Si lees estas líneas es porque eres mi heredero, pero ten cuidado porque.... " Por desgracia esto terminaba allí. Un nuevo punto brilla sobre el mapa, nos ponemos en camino, tengo prisa por ver lo que esto nos depara. [...]


El Néhantiste

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Marlok se miraba en uno de los numerosos espejos del baño. Hacía ya mucho tiempo, desde la ultima vez, que se había visto de esa manera.

- " Ya tienes canas, viejo." Se decia, en voz alta. " Ya es hora de volver a estar en tu patria."

Aerouant que estaba a un paso de la puerta sacudió la cabeza, persuadido que este hombre se había vuelto loco. Después de todo, Marlok no había formado parte de Combatientes de Zil?

- ¡ Marlok, los otros nos esperan desde hace un largo rato ! ¿Te puedes apurar?

El tono de Aerouant denotaba su estado de animo, como a su abuela, Marlok no le gustaba y no vacilaba en darselo a conocer.

- Pequeño, la precipitación jamás es buena consejera, y tampoco lo es el rencor.

- ¡ No me llames así! Sabes bien qué a pesar de tu relativa libertad, no eres mas que un convicto.

- Tienes razón en estar enfadado conmigo, pero si tu tío me liberó es porque soy uno de los pocos que pueden desatar esta bolsa de nudos y resolver el "problema" Zil.

Ambos hombres fueron luego a la puerta norte de Noz' Dingard dónde les esperaban algunos de los Enviados así como el nuevo Profeta, la única ausente era Anryéna. ¿ Posiblemente tendría cosas que contarle a su padre? Kounok tomó la palabra.

- Alishk, Aerouant y Pilkim iran contigo hasta la Tumba de los Ancestros, y alli volveras a encontrarte con los Zils. Otros enviados no estarán lejos y te prestaran asistencia si es necesario.

Luego se dirigió a Zahal.

- He aquí una carta dirigida a Angélica que pertenece a Kastel Drakren. Ve a llevarla sin demora Caballero Dragon.

Zahal tomó la carta sin mirar al Profeta, todavía vergonzoso de sus fallos. Saludó a la tropa y se puso en camino directamente.

- Conjuntamente con el inicio de esta misión, reintegro a Marlok al seno de los Enviados. Añadió el Profeta.

Algunos se sintieron bastante asombrados y Aerouant puso mala cara. Pero ninguno dijo ni una palabra porque la orden del Profeta no debe ser discutida.

- ¡ La sombra extiende su mano sobre el mundo, a nosotros nos corresponde morderla hasta que sangre! Cuidense y recuerden las enseñanzas que recibieron. La magia de Nehant es muy poderosa, es solapada y puede segar la vida en “un abrir y cerrar de ojos”.

Mientras que hablaba, una pequeña tropa llegó procedente de la ciudad. Se trataba de Naya y algunas de sus “Sorcelames”.

- Profeta, mis “Sorcelames” y yo acompañaremos a tus hombres.

El modo en el que Naya acababa de dirigirse al Profeta era rayano a la falta de respeto y su tono autoritario denotaba su estado de animo y su pensamiento, vengaría a aquel, con quien compartió su vida en otro tiempo. Kounok miró a la que fue la compañera de su hermano durante años largos y que también es madre de Aerouant. El Profeta escuchaba a Dragón " Déjala ir, reclama venganza y quiere proteger a su hijo, será una ventaja ".

- Sean bienvenidas en esta expedición, ustedes ya deben conocer el peligro, pero sus ojos brillan por el furor, sus corazones laten con fuerza y ustedes desean vengar a mi hermano. ¡Sean pues los dientes de Dragón y muerdan, muerdan profundamente!

Así Naya, la comandante de las Sorcelames con Anazra, Eglantyne y Moîra se unieron a la expedición.

El viaje duró algunos días, Marlok aprovecho este tiempo para explicarle su plan a todo el mundo. Para deshacer el lazo que existía entre los Combatientes de Zil y el Nehantiste, hacía falta que los magos cumplieran un ritual. Este ritual atraerá a los malvados, tan seguramente como las deyecciones a las moscas. Instantaneamente atacaran. Las Sorcelames serán pues las protectoras del ritual, el tiempo necesario para completarlo y liberar a los Zils. Mientras tanto hacía falta que todos quedaran discretamente cubiertos. Montaron un campamento a una distancia razonable de aquellos a quienes venían a liberar.

Marlok se puso sus viejos vestidos con los colores de los Zils.

- Mañana al mediodia, empiecen el ritual. Esto me dara el tiempo para reunir a los que están bajo la influencia del Nehantiste.

Luego sacó de una bolsa el brazo del que fue su golem, el que, después de un encantamiento, se hizo parte integral de su propio brazo. Luego miró a Aerouant y a Pilkim.

- ¿ Deben conocer el sortilegio de Lazo revelado, no?

- Teóricamente, respondió Aerouant. Pero jamás lo lancé.

- Sé hacerlo, dijo Pilkim con una voz tímida. El joven mago todavía se acordaba de su primer encuentro con Marlok.

- En ese caso, láncenlo sobre mí, luego durante mi ausencia hará falta que cada uno de ustedes puedan ver los lazos.

- ¿ Con que finalidad? Preguntó Moîra empujada por la curiosidad.

- El Lazo revelado permite ver el hilo mágico que vincula a una persona con su piedra-corazon, si tiene una. Es un sortilegio inventado por Eredan mismo. Cuando mañana nos enfrentemos con este Nehantiste, esto nos permitirá ver quién es el manipulador y, llegado el caso, saber si uno de nosotros cae bajo la influencia del enemigo. Esto no debería pasar porque nuestras piedras-corazón estan vinculadas a Dragón, pero jamás se sabe.

Moîra meneó la cabeza, avisando que había recibido el mensaje.

- Vaya, ya es hora de trabajar.

Marlok sacó de una bolsa dos piedras del mismo tamaño y el mismo aspecto, totalmente rojo opaco y con jaspeados negros. Se las dio, una a Aerouant y otra a Pilkim quien se extasió.

- ¡ Jaspe! ¿ Es muy raro, dónde obtuvo esto?

El Jaspe efectivamente era una piedra con propiedades mágicas innegables y servía en numerosos sortilegios y rituales.

- Esto es mi pequeño secreto. Respondió Marlok con un guiño. ¡ Colócate!

Pilkim se mostro con un aire decepcionado, pero sostenía orgullosamente la piedra, sintiendo su poder.

Los dos jóvenes magos se colocaron a la derecha y a la izquierda de Marlok y el ritual comenzó. Acudieron a sus conocimientos del cristalomancia y se concentraron sobre las piedras de Jaspe que levitaron por encima del blanco del sortilegio.

- Qué lo invisible se vuelva visible, gritaron juntos los ritualistas.

En seguida Marlok sintió el efecto mágico, su visión se torno ligeramente rojiza. Guiñó repetidas veces el tiempo necesario para adaptarse. Miró a sus compañeros y comprobó que un hilo más o menos espeso salia de ellos, yendo hacia Noz' Dingard.

- Bien, esto funciona, ustedes tienen mucha facilidad. Naya, cuento con usted, mañana al mediodia.

La dama asintio conforme.

- Vayase ya mismo, el tiempo esta corriendo.

El mago no se restrasó más tiempo y se puso en camino para reunirse a los Combatientes de Zil.

En la carpa negra y morada se respiraba un ambiente apacible, solo se oia una dulce música tocada por Kriss. Delante de la entrada Sinrostro medio adormecido hacía las veces de guardia. Marlok se le acercó y a una distancia razonable para evitar la menor confusión se aclaró la garganta. El Hom' chaï se sobresaltó por la sorpresa.

- ¿ Quién anda ahí? Tronó con su voz gruesa, apretando firmemente su lámina gigantesca con ambas manos.

- ¡ Soy yo, Marlok!

- ¿ Marlok? ¡ Pero no te habian capturado !

- Si, pero conseguí escaparme.

Visiblemente contento de verlo de nuevo, Sinrostro soltó su arma y apretó en sus brazos al mago que verdaderamente tenía un aire endeble en comparación con la masa de músculos del Hom' chaï.

- Yo también estoy contento de verte, ya... ya... puedes soltarme.

Dándose cuenta de lo que hacía y de como podría terminar, el Hom' chaï aflojó su abrazo. Luego llamó a los demas.

- ¡ Miren quién esta de vuelta! Gritó hacia la carpa.

En seguida una cabeza asomo de la apertura, la de Sangrespada, ella también apretó al mago en sus brazos, luego por turnos los miembros del gremio fueron saliendo. Marlok se percató que todos ellos estaban vinculados al Nehantiste. Los filamentos finos salian de ellos hacia el horizonte. Por fin Abyssien puso su mano sobre el hombro de Marlok.

- Bienvenido, debes tener infinidad de cosas que hay que contarnos, ¿ no?

- Mañana por la mañana si ustedes quieren, hoy marche todo el día, estoy agotado.

- Sí, sí, te comprendo. Tienes tu lugar entre nosotros, entra ya.

El resto de la tarde fue bastante alegre en el seno de los Combatientes de Zil. Improvisaron para la vuelta de uno de los suyos un espectáculo donde cada uno se expresó libremente.

" Esta gente merece ser salvada " se decia interiormente. " Pueden ser una ventaja importante en el conflicto que se aproxima ".

Luego mientras la noche avanzaba el sueño fue haciendo presas de ellos.

El día siguiente, el sol se había escondido detrás de unas nubes sombrías, como un presagio antes de una batalla de resultado incierto. Marlok contó entonces cómo lo habían capturado, metido en la cárcel, y luego el largo trato que había hecho para poder salir. Si bien todo esto era una mentira, nadie esperaba que fuera diferente. Al mediodía la totalidad de los Zils estaban presentes en la carpa. Era el momento adecuado, Marlok se coló cerca de la puerta y dio la vuelta a la carpa abandonando cristales monos en la tierra. Sangrespada encontró uno de los cristales. Marlok se dirigió en seguida hacia ella. Vio que el lazo con el Nehantiste se volvía más fuerte. " ¡ Toma el control! ¡ Rápidamente! ". Marlok salto sobre ella y le sacó la piedra de las manos. Sangrespada se pusó a insultar. Ahora todos los Zils los miraban, Abyssien se adelantó preguntándose lo que sucedía. Pero era demasiado tarde, el ritual acababa de comenzar. El mago lanzó una burbuja de protección, nadie mas podía entrar o salir en lo sucesivo de la carpa. Fuera Alishk, Aerouant y Pilkim habían seguido las recomendaciones de las Sorcelames que concernían a una aproximación discreta. Desplegaron todo su arte y aplicaron al pie de la letra el plan de Marlok. Se colocaron para formar un triángulo alrededor de la carpa, invocaron la voluntad de Dragón. Cristales de gran tamaño emergieron del suelo. Dentro de la carpa, Marlok resistía a Sangrespada que se había convertido en una verdadera furia. El lazo entre el Nehantiste y ella era fuerte, su voluntad estaba anulada. Los demas se dieron cuenta de la situación cuando la cúpula ya había aparecido. Algunos intentaron salir, otros comprender. Sinrostro decidió ayudar a su fiel amiga y se lanzó sobre el mago. Abyssien por su parte comenzó a entender, oía las súplicas de los Enviados que estaban afuera. El jefe del Zil siempre había sido muy receptivo a la magia y comprendía instintivamente los sortilegios que veía.

- ¡ Es un ritual de Aislamiento de Guem! ¡ Sangrespada, Sinrostro, basta ya !

Pero ninguno de los dos escuchó la orden. En contraparte, el lazo de Sinrostro se reforzó, volviéndose incontrolable. Marlok apenas tuvo tiempo de lanzar el segundo escudo protector alrededor de él. Sinrostro y Sangrespada tamborileaban con una fuerza sobrehumana en la pared de magia.

¡ Abyssien! Gritó Marlok. ¡Un Nehantiste los controla! ¡ Posee su piedras-corazón !

Un recuerdo, vago y lejano volvió a la superficie de sus pensamientos, el día de la visita del Desconocido. No estaba presente aquel día, pero le habían contado esa historia y hasta entonces la relación no era evidente. Todo se volvía claro, el asesinato de Profeta, la traición de ciertos miembros de los Combatientes de Zil, la salida de su jefe...

Abyssien se decidió a actuar, la magia de la sombra crepitó de sus dedos y puso dos bolas negras en sus pies. Al contacto del suelo las bolas se transformaron en discos de sombra luego en cilindros, encarcelando a los infortunados endemoniados.

Fuera la situación se degradaba muy rápidamente. Los magos iban a acabar el ritual cuando el cielo se oscurecio completamente, como si la noche hubiera sido invitada a la fiesta. Naya desenvainó su espada, imitada por las otras Sorcelames. Siluetas hominoides avanzaban hacia ellos, luego se volvieron más precisas más definidas. Se trataba de una decena de personas, para más datos,ivan vestidas como simples viajeros o campesinos, armados de horcas, de palos o de dagas.

- ¿ Esto es todo lo que nos envían? Exclamó Eglantyne. ¡ Nos subestiman!

- Desconfia hermana mia, la perfidia del Néhantiste no tiene limites. Le respondió su gemela enviada no muy lejos.

Los posesos avanzaron sin escuchar las advertencias lanzadas por los Enviados de Noz' Dingard, dejandolos sin otra salida que atacarlos. Reforzados por poderes sombríos, los agresores eran de una fuerza importante, pero no suficiente para acabar con las guardias del cuerpo de magos. Mientras que Anazra iba a matar a uno de los últimos posesos todavía levantados, una forma se echó sobre ella. Afortunadamente, la joven mujer fue tomada por Naya, justo a tiempo para evitar las láminas que la habrían desgarrado y probablemente asesinado. Inmediatamente Moira reconocio la figura. ¡ Télendar! El joven hombre había cambiado mucho, no se veía ya su cara, estaba sumergido en tinieblas mágicas, las grandes láminas sobresalian de sus anchas mangas.

- ¡ TÚ! Fulminó, Naya, tenia en frente al asesino del Profeta. Dejó estallar toda su rabia, por delante de las alas de cristal que se desplegaban en su espalda. Un combate increíble iba a efectuarse.

En el interior Abyssien ayudaba a mantener inmóviles a los Combatientes de Zil bajo la influencia del Nehantiste. En ese momento, Marlok sintió una presencia familiar, sofocante y poderosa. El Néhantiste estaba allí.

- Marlok, mi pequeño Marlok, tenía bellas perspectivas para ti, pensaba que te reunirías conmigo en el camino de la verdad.

El Desconocido estaba allí, no lejos de ellos, el mago no creyó a sus ojos, había decenas y decenas de hilos que le llegaban, entre los cuales se encontraba uno de un espesor increíble, un lazo privilegiado. " ¡Vuelve al presente! " Se dijo.

- ¿ Y tú Abyssien, decepcionado de tu jubilación?

Abyssien percibía la potencia de la persona frente a él, pero debía encontrar un plan. En realidad el Nehantiste ya actuaba, sintiendo la presencia de una piedra-corazón no corrompida, la de Abyssien. Ambas oponentes se estudiaban, el Nehantiste fue el primero que actúo. La piedra-corazón del jefe de los Zil salió de uno de los bolsillos de su chaqueta y voló a paso vivo hacia el Desconocido. Éste la capturó, la piedra se volvió negra a alta velocidad. Marlok se lanzó sobre su adversario al tiempo que transformaba su mano de cristal en una lámina azul de cristal. Abyssien se echó a gritar, su espíritu atacado por una voluntad poderosa, tal como una vulgar mosca aplastada bajo una bota. Marlok golpeó la mano de Nehantiste, liberando la piedra-corazón de Abyssien que cayó al suelo, quebrantando el sortilegio del Nehantiste. El Desconocido entonces desapareció. Por fuera la situación había evolucionado, Sombrosa se había unido a la batalla, haciendo más difícil la defensa del ritual. Las Sorcelames ponían en práctica todo su arte, sostenidas por Naya extremadamente enfurecida. Ahora una armadura de cristal la protegía, luciendo un casco en forma de cabeza de dragón. Allí, en medio de los enfrentamientos, el Nehantiste apareció no lejos de Télendar. Viendo al recién llegado las Sorcelames se acercaron a su comandante para hacer frente común. Si bien, las superaban, se decidieron a no rendirse, animadas por la presencia de Dragón.

- ¿ Naya, qué es esto? Usted será a una conversa muy hermosa. Ironizó el Desconocido.

¡ Traga tus palabras, Nehantista !

En ese momento las armas de las Sorcelames comenzaron a brillar con una luz blanca y brillante.

- ¡ Somos las guardianas de la justicia, y hoy se hará justicia ! Gritó.

Mientras esto sucedia el ritual fue completado. Los cristales se desagregaron y se hicieron polvo. Pilkim, Aerouant y Alishk cayeron al suelo, su misión estaba cumplida, los Combatientes de Zil eran libres en lo sucesivo. Nehantiste profirió un juramento.

Dentro de la cúpula, Marlok cortó el lazo que unía a los Zils con el Nehantiste. No quedaba más que una última parte del plan en poner en ejecución. Salió de la carpa rápidamente, vio el cara a cara entre las Sorcelames y el Nehantiste. " Prepara algo " se dijo. Apenas hubo pensado en ello que una forma apareció al lado de Eglantyne. La Sorcelame no tuvo tiempo de reaccionar y se derrumbó con la espalda arañada por las uñas de una criatura de piel negra. La riña prosiguió cada vez más, esta vez cada uno luchaba por su supervivencia. Marlok lanzó sus últimos cristales alrededor de Eglantyne con el fin de protegerle. Naya acudió a sus poderes e hizo retroceder a Télendar y Sombrosa. Su piel lucía un color azulado, haciendo escarceos, combatía como una tigreza que asestaba golpe tras golpe. Moîra y Anazra que la acompañaba hicieron lo mismo y una coreografía mortal se celebraba bajo los ojos de Marlok. Por su parte el Nehantiste se había replegado en parte, tenia los dedos crispados, con las palmas hacia arriba que dejaban escapar volutas de magia negra. Una piedra-corazón néhantica apareció delante de él, formando así una protección infranqueable.

- ¡ Veamos cómo salen de esta, sin el apoyo de su querido Dragón!

El Desconocido liberó toda la fuerza acumulada, creando un círculo de magia negra que tocó a todos los presentes. Pero el efecto esperado no se produjo. Los lazos entre los enviados y El dragón siempre estaban activos. Marlok también se asombro como el Nehantiste, este último frunció las cejas.

- ¿ Sorprendido con lo que pasó?

La voz era la de Aerouant, vacilante y debilitado, se acercó a Marlok.

Mira, dice mostrando una piedra azul esculpida en forma de cabeza de dragón. ¡ Esta era la piedra del Profeta, mi padre!

- ¿ Una piedra guardiana? Preguntó Marlok.

- Exactamente. Añadió el joven hombre concentrando su poder mágico hacia la piedra.

La piedra azul se pulverizó en la mano del joven mago y se hizo polvo. El Desconocido masculló.

- ¡ No pasa nada, ahora que tu piedra no esta más, voy a empezar de nuevo!

Aerouant no lo dejó acabar su frase, concentró todas las fuerzas mágicas que le quedaban.

- ¡ El cristalomancia es nuestra especialidad, mira y aprende !

Apartó los brazos para hacer T, la magia se prorrumpió y percutió de frente la piedra nehantica. Su negrura desaparecio de un solo golpe. Marlok sacó provecho de esta oportunidad para a su vez lanzar un sortilegio. Sus manos chisporrotearon y relámpagos brotaron. El Desconocido se protegió, luego replicó a su vuelta. Un duelo mágico se desató. Sus magias se entrechocaban con fuerza y alrededor de ellos el suelo se agrietó como si no soportara más el peso de los magos. Marlok alternaba entre suertes ofensivas y defensivas, engalanando así los golpes. Ninguno de los dos podia tomar la ventaja sobre el otro. Por lo menos hasta la intervención de Naya. No viendo venir el golpe, la espada de luz de la Sorcelame se abatió sobre el Nehantiste que vaciló, herido. Este último hincó la rodilla.

- ¡ Ríndete ! Gritó la comandante en tono amenazador. Tus criados están derrotados, estas solo.

El Desconocido levantó la cabeza hacia sus enemigas y se rió burlonamente.

- Todo esto estaba previsto, usted progresó. Pero sé que hoy usted no tiene las cualidades requeridas. Mis criados como usted dice son mi salida. ¡ Adiós!

Luego desapareció, dejando solo algunos rastros de sangre en el lugar donde se encontraba.


Festividades

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El Emperador siempre estaba indispuesto, postrado en su habitación en el palacio de Méragi. El pueblo rezaba para que su soberano recuperara rápidamente la salud, para llevarlos de nuevo hacia la luz celestial. En las calles, los habitantes se atareaban en preparar lo mejor posible una gran fiesta, esta vez no era honor del Emperador, pero si con ocasión del cambio de año, el 106 desde la creación del Imperio por Xzia.

Soy Kaori, me encargo de enseñarles nuestras costumbres a los extranjeros, tal como ustedes. He aquí algunas de ellas, las que ustedes deben conocer. Paseemosnos por las calles de la capital imperial y observemos lo que allí sucede.

En la plaza principal de la capital, una compañía de teatro interpreta, delante de una muchedumbre densa y disciplinada, una pieza que rememora la gloria de Xzia y la fundación del imperio, que marcó el principio del calendario imperial. Toda la obra esta contada a modo de cuento épico y heroico. La gente aplaude y esta maravillada por un espectáculo, que durante los dias normales, está fuera de su alcance, solo las tropas, que son a menudo solventadas por los señores ricos, cuentan con los medios para permitirse tales lujos. Es una ocasión propicia para que la familia imperial le haga un gesto a su pueblo, y el Emperador actual siempre había sido bueno y justo.

Al atardecer, todo Meragi sale a las calles. La ciudad se ilumina de farolillos y es inundada con la musica de la fiesta. Por todas partes, pequeños grupos se reúnen alrededor de músicos o alrededor de danzantes. Todos pueden participar, porque en aquella tarde nada los retiene y todas las penas son dejadas de lado. Delante del palacio imperial se efectua el tradicional torneo de Año Nuevo, donde los aldeanos más valientes pueden probar su valor. Iro, el mismisimo campeón del Emperador, fue la atracción arbitrando los combates y autorizando a los aldeanos a enfrentarse con él en una justa amistosa de sables de madera. Fue Goshiun, un aguador desconocido del público quien, gracias a su agilidad con el palo, se llevó el título y se coronó campeón del año del Conejo.

En plena noche, hacia el norte de la ciudad se preparaba el evento maximo de este Año Nuevo. Los xziarites que en su gran mayoría son muy supersticiosos, raramente faltaban a este. Para esta ocasión el “Kamizono”, el jardín dedicado a los “kamis”, se había engalanado con numerosas decoraciones a la efigie del conejo y se encontraba a oscuras. El jardín estaba situado al pie de la colina, en la cumbre de la cual, estaba edificado el templo más viejo e importante de Meragi. La tradición requiere tomar el camino que lleva hacia el templo, partiendo desde el “Kamizono” con la efigie del Kami protector del año pasado. Una vez arriba, mientras todo el Imperio tiene los ojos levantados y fijos en la efigie, esta es incendiada con el fin de que el “Kami” sea liberado de su carga fisica y regrese al mundo celestial. Una vez cumplido este ritual, hay que repetir el mismo camino en sentido opuesto llevándose la efigie del kami del nuevo año del Imperio. El camino que sube hacia el templo pasa por varias "torii", especie de puertas por las cuales pasan los espíritus para reunirse con el mundo terrestre.

Existen otras muchas costumbres observadas por los Xziarites, pero la de las vasijas de tierra son una singularidad de esta civilización. Durante los dos días precedentes al día de año nuevo, las familias Xziarites realizan vasijas en barro cocido. Luego, cada uno escribe arriba un voto que se desea ver realizado por el Kami protector. Luego, estas vasijas son colocadas en su jardín, delante de su puerta o tambien podrian ubicarse delante de un templo, sin olvidar ponerle alimento en el interior. Los Xziarites deben escoger que poner para congraciarse con el Kami. Por ejemplo, poner carne en las vasijas sería una ofensa grave para el “Usagi no Kami”, el espíritu protector de este nuevo año. Pero si lo que se pone es conveniente y el kami acepta la ofrenda, entonces el voto se realizará en el año. Así, algunas personas afortunadas gozan de favores del más allá.

Bueno... espero que el paseo les haya interesado. Hay muchas otras maravillas que ver en Meragi, pero acuérdense de una cosa, hay algunos lugares donde ustedes no deben aventurarse sólos.


Más allá de esta paz mental aparente y de este momento de celebración en el Imperio, las maquinaciones y las intrigas siempre continuaban.

Oogoe Kage había trabajado bien, preparando desde hace meses un golpe que le otorgaría con certeza un puesto gubernamental importante en el seno del clan del Cuervo. Su víctima no era otra que uno de los consejeros próximos del Emperador y ministro de las finanzas, Gozou Zhan. La noche acababa de caer sobre Meragi. Al día siguiente por la noche, sería la fiesta en las calles de la ciudad. En una morada rica, el señor Gozou, cuya esposa estaba de viaje por el norte del Imperio, se entregaba a pasar el tiempo en compañía de una joven mujer un poco feroz. No podía sospechar ni un solo instante, que esta mujer había sido pagada por otra persona para acceder a pasar la noche con él. Una cosa era segura, se acordaría el resto de sus días de estos momentos de extravío. Era ya la madrugada. Gozou había aprovechado de la manera más completa este momento de placer carnal, bebiendo en exceso. Esta manera de actuar no era la acostumbrada, pero debido a la zorra que sabia como envolverlo, sumado al alcohol que ayudaba, el consejero se había dejado llevar. Acostado bajo un cobertor, roncaba como un bienaventurado. Se despertó sobresaltado, nauseabundo, a oscuras, fue hasta un frasco que contenía agua y se mojó la cara. Es alli dónde sintió un olor particular y característico. Se frotó los ojos y se acercó a un farolillo.

¡ Sangre! Estaba recubierto con ella. Su corazón palpitó. Luego se sobresaltó cuando alguien llamó a la puerta con vigor.

- ¡ En nombre del Emperador, abra señor Zhan!

El pobre hombre no sabía que estaba sucediendo. Cojeando, fue hasta la puerta y abrió. Había allí cinco soldados de las fuerzas armadas imperiales.

- Disculpas por molestarle señor Zhan, se escucharon gritos, viniendo de su casa.

- ¿ Que que? Todo esto debe ser un error, balbuceó.

Allí, a favor de las luces de noche, el joven capitán percibió las ropas manchadas de sangre del señor Zhan. Desenvainó su espada y tuvo a raya al consejero.

- Vosotros, vayan a ver lo que sucede en el interior.

Los soldados fueron a ver y se encontraron con el cuerpo lacerado de la chica de la alegría. En el suelo habia sangre a profusión, pero también botellas vacías de alcohol y, no lejos de la cama, la katana del señor Zhan. El pobre hombre no comprendia nada, solo que lo llevaron a pasar el resto de la noche en prisión, acusado de un homicidio del cual no se acordaba haberlo cometido.

Fuera, una sombra se coló hasta un callejón sombrío. Allí, Oogoe, arropado en un abrigo de plumas negras, esperaba.

- ¿ Entonces, Karasu? ¿ Esta hecho? ¿ Serviste el Cuervo decentemente?

- Sí, primo eminente. El plan funcionó a las mil maravillas, nadie vera el ardid, todo parece muy real.

- Muy bien, el capitán tendrá su recompensa. En cuanto a mí, ya es hora de procurar que nadie esté disponible para verificar qué es lo que ha pasado.

- Dentro de una semana, serás el nuevo consejero financiero del Emperador.

- ¡ Un año qué estará colocado bajo la influencia del Cuervo y no del conejo, que las fiestas comiencen! Ironizó Oogoe.


Tratado de paz

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La calma había vuelto al campamento de los combatientes de Zil. El Néhantiste se había ido o huido según las declaraciones de Marlok. Ensombrecidos, los miembros del gremio de Abyssien recuperaban la conciencia, ya liberados del yugo del mago negro. Igualmente, los Enviados se recuperaban del enfrentamiento, Eglantyne había sido dañada por un ataque pérfido y Aerouant había utilizado gran parte de sus recursos mágicos. La batalla habia terminado, pero era sólo el primer asalto, el futuro les reservaría muchas otras escarmuzas de este estilo y Abyssien lo sabía bien.

Poco antes de la noche, la carpa negra y morada protegía a todo el mundo con el fin de hablar de lo que había pasado y de aquello que posiblemente estaba por llegar.

- El Néhantiste no se va a quedar de brazos cruzados, Abyssien, tu lo sabes mejor que nadie. Decia Marlok poniendo su mano de cristal sobre el hombro del jefe de los Zil.

Alrededor de ambos magos, los combatientes de Zil y los Enviados se habían ido acercando unos a otros mientras duraba esta corta tregua entre sus gremios.

- Sí, lo que verdaderamente me inquieta, es que todavía tiene las piedras-corazón de mi Zils y que, por consiguiente, pueden recaer bajo su influencia, si logra contrarestar el ritual con el cual los han liberado.

Todos los Zils parecían muy preocupados. Apenas les devolvian su libre albedrío, y ya corrían peligro de perderlo de nuevo. Las memorias de los actos realizados bajo la influencia del Néhantiste, tamborileaban en su conciencia. Sangrespada estaba en los brazos de Sinrostro, aniquilada, y miraba a ambos magos con una tristeza infinita.

Aerouant, una vez restablecido, se levantó. - Existe un ritual que permite recuperar las piedras-corazón.

Todos los presentes se mostraron sorprendidos por la intervención del joven. ¿ Por qué querría ayudar a los que contribuyeron, hasta cierto punto, a la muerte de su padre?

- Es mi padre quien lo había ideado pero jamás lo había practicado en una situación efectiva.

Marlok se rascó la barba mirando con sorpresa al joven.

- ¿ Piensas poder hacerlo Aerouant ? Le preguntó.

- Con la ayuda de los magos presentes, podemos intentarlo. Necesito un poco de preparación y la autorización del Compendium de utilizar este sortilegio.

- Voy a ayudarte con lo ultimo, ve a prepararte.


Algunas horas más tarde, en plena noche los Enviados de Noz' Dingard habían organizado el ritual y estaban a punto de empezarlo. Para la ocasión y visto la importancia de las corrientes mágicas de la obra, la ceremonia se celebraría fuera. Aerouant había abandonado los trozos de armadura de cristal que componían su vestimenta acostumbrada para estar más a gusto. Invitó a los Combatientes de Zil, de los cuales el Néhantiste era poseedor de sus piedras-corazón, a instalarse en medio de un gran círculo formado por todos los suyos. Marlok había secundado al hijo del Profeta obteniendo la autorización para utilizar este sortilegio y habia tranquilizado los animos. Practicó de nuevo su sortilegio de protección colocando gemas azules más gruesas, esta vez, y acelerando el escudo mágico que nadie podía atravesar. Abyssien animó a sus amigos a dar prueba de valentía y a confiar en la magia de los Draconicos. Él tambien participaría en este experimento.

El ritual comenzó.

Aerouant materializó un cristal en el centro del círculo, luego canalizó la magia que cada mago participante le ofreció, obteniendo así una piedra palpitante de magia. Luego, Aerouant fue estirando un hilo mágico para unir a cada Combatiente de Zil presente, uno por uno. Una vez hecho esto, se colocó debajo de la piedra y se concentró. Abyssien que naturalmente comprendía la magia, analizaba el ritual a medida que se desarrollaba. Según él, esta gran gema servía de antena para Aerouant, permitiéndole localizar las piedras-corazón de la gente que estaba unida a ella. Luego, Aerouant absorbió poco a poco la energia mágica contenida en la piedra. La magia fluía por sus venas y una aura muy fuerte se desprendía de él. Aerouant luchó, debía guardar esta energia en él sin que lo consumiera, al mismo tiempo. Marlok se decia que cualquier otro, probablemente, habría sido desintegrado por el exceso de magia, pero este descendiente de Dragón poseía las capacidades suficientes para realizar este prodigio. Ahora Aerouant utilizó sus conocimientos de cristalomancia para convocar una a una las piedras-corazón. Aparecian, a medida que reunia cada una a su propietario. Aerouant agotaba toda la magia, arrancando las piedras-corazón de la voluntad del Néhantiste que por su parte luchaba para guardarlas bajo control. Pero la magia de Dragón fue la más poderosa y el ritual del Profeta funcionó a las mil maravillas. Aerouant invitó a Marlok al centro del círculo y creó otra gema más pequeña de cristal, encerró allí sus últimas porciones de magia. Poco antes de desvanecerse, le pidió a Marlok devolver a la actividad los lazos que habían roto con el ritual anterior. Lo que hizo inmediatamente. Cansados los Enviados les pidieron asilo y protección a los combatientes de Zil para el resto de la noche. El día siguiente, Abyssien agradeció a los Enviados de Noz' Dinard por su preciosa ayuda y le ofreció a Aerouant la paz y la promesa de una mutua ayuda entre sus dos gremios.

Llegó el tiempo para los Draconicos de volver a su casa, una vez cumplida su misión. Marlok, en tanto, fue enviado a Kastel Drakken con el fin de participar en el Baile de los cortesanos.


Algunos días más tarde, concluido el baile, Ishaïa habia venido para ponerles un ultimátum a los combatientes de Zil y Salem se encontraba libre. Abyssien estaba fuera, sólo, con el nuevo recién llegado.

- Reflexioné sobre los últimos acontecimientos, pienso que hemos sido engañados por uno de los nuestros y que nos vendió al Néhantiste.

- ES posible, sí. Salem sacudia la cabeza como una muñeca.

Abyssien se sumió en sus memorias. Una treintena de años antes, mientras que era joven, era el aprendiz de un mago en el pequeño reino de Oryfort al noroeste de las tierras de Guem. Su facultad para comprender la magia había atraído hacia él el interés de una persona que le reveló seguir la vía de Néhant. Todo esto era tentador para el joven que en esa época todavía no llevaba su nombre de artista. Despacio, le habían inculcado la base de los preceptos de Néhant y estaba en camino de convertirse en un aprendiz Néhantiste real. Pero se dio cuenta rápidamente que todo esto no era lo que esperaba de la magia. Por cierto, la magia de la Sombra era la que quería practicar, pero no de ese modo. Zil entonces había intervenido para sacarle de esta situación y había formado al chico según sus preceptos y lo que pensaba debía ser la verdadera magia de la Sombra. Para Zil, la magia de la Sombra permitía muchas cosas, pero no debía llevar al avasallamiento de otras personas. Servía para ver lo que sucede en la sombra. Se volvió miembro de los Combatientes de Zil, y luego a la edad de veinticinco años se convirtio en el jefe.

- Zil, voy a dejarlo salir.

- SI ES NECESARIO sí, el es una parte de TI como yo de ArtRezIl.

Abyssien entonces, se puso en cuclillas y miró su sombra proyectada en el suelo por la luz de día.

- Mi viejo compañero, te devoré hace mucho tiempo y hoy debo dejarte salir. Debes acosar al miembro de los combatientes que nos vendió.

Una vez dicho esto, el mago de la sombra comenzó a vomitar una materia negra que tomó vagamente una forma hominoide. Cuando Abyssien hubo terminado su físico era diferente, había perdido mucha corpulencia. Salem se echó a aplaudir mostrando su satisfacción.

- Eres nuestro lazo a todos ellos, dado que yo en su momento, me comí una parte de las sombras de todos los combatientes. Llévanos allí dónde el traidor se encuentra.

La persona de sombra, de buen talante, inclinó la cabeza, luego giró despacio. Analizaba a cada miembro del gremio, todo estaba bien con los que se encontraban presentes, pero los combatientes de Zil son muchos más que estos. Por fin se paró, puso sus manos sobre Salem y Abyssien, y luego se hundieron en su propia sombra.

Los tres reaparecieron en la sombra de una persona de espalda. Ésta discutía visiblemente con alguien pero se calló cuando sintió las presencias. Abyssien reconoció inmediatamente a Máscara de hierro, y la relación le pareció lógica. Era el único, que sistemáticamente, estuvo ausente de todas las reuniones, recorriendo el mundo en un fin diplomático y de relación social con otros gremios.

- ¡ Tú ! Dice Abyssien con una entonación de cólera.

- ¡ Jefe Abyssien, que sorpresa ! ¿ Puedo hacer algo por usted ?

Salem se adelantó cojeando. Con rapidez cortó el tejido al nivel del cascabel que colgaba en su espalda, el objeto cayó al suelo sin el menor ruido.

¡ No Eres MÁS uno de mis combatientes! ¡ DEFRAUDASTE La confianza de tu jefe!

Cuando un nuevo Combatiente de Zil era reclutado, el jefe del gremio le confiaba entonces un cascabel. Éste representaba el compromiso de servir siempre al gremio.

Sorprendido el diplomático suspiró, su expresión quedaba escondida detrás de su máscara de metal.

- ¡ En este caso, ya no estoy obligado a esconderme más!

En un santiamén Máscara de hierro desapareció, de la misma manera que lo hizo el Néhantiste en el momento de su enfrentamiento con Marlok.

- Lo encontraremos, devoré su sombra. Afirmó Abyssien con firmeza.

- ¡ NEhanT Extiende su Sombra Mi amigo!


Regencia

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La vieja criada corría por los estrechos pasillos del palacio imperial, sosteniendo con una mano la falda de su quimono. Era menester, que no cayera. Sofocada, llegó cerca de una puerta y cayó de rodillas delante de ella. Se inclinó como lo requería la tradición.

- ¡ Eiji-sama! ¡ Eres solicitado urgentemente!

Al otro lado de la puerta, el tono enloquecido de la criada alertó a Eiji Kakiji, quien rápidamente se inquietó. Sentado detrás de una mesa baja, el médico soltó sus pinceles y se levantó bruscamente. No era tan flexible como en su juventud, pero el paso de los años habia sido generoso con él. Trotó hasta la puerta y la abrió de un gesto seco.

- ¿ Qué pasa ?

La mujer levantó la cabeza, las lágrimas rodaban sobre su cara, deformada por el cansancio.

- ¡ Es el Emperador ! Él... Él...

Se derrumbó. Eiji miró hacia uno y otro lado del pasillo, luego con vigor tomó a la vieja dama por el brazo.

- ¡ Deja de llorar ! ¡Vamos, rápidamente !

Eiji Kakaji era desde hace tiempo el médico oficial del Emperador. Lo había asistido para que naciera del vientre de la Emperatriz Saisho y se había ocupado de él hasta este momento. Cuando su enfermedad apareció, fue rápidamente desplazado debido a su incapacidad para aplicarle el tratamiento. Pero, seguia siendo el único habilitado para establecer diagnósticos oficiales.

Poco tiempo transcurrio hasta que llegó delante de la habitación imperial. Estaba guardada por dos oficiales, como lo quería la tradición, en caso de que el Emperador guardara reposo. Feliz Azar o por alguna artimaña, Asajiro era justamente uno de los guardias de turno. Se inclinó delante de respetable personaje y le abrió la puerta:

- Eres esperado, añadió. Echando un ojo en el interior.

Iro el campeón del Emperador se arrodilló delante de la cama imperial. Viendo a la persona que acababa de entrar, se levantó con la esperanza de que por fin recibiria una respuesta. Alrededor del Emperador, varios médicos cuchicheaban entre ellos, denigrando a su colega. Eiji se adelantó hasta el Emperador, este último parecía apacible, con los ojos cerrados. Se propuso entonces examinarlo. Rápidamente se sintio aliviado, al ver que todavía no se había reunido con sus antepasados, sino que por desgracia había caído en un sueño muy profundo. Su pulso era regular pero débil. Después de varias tentativas para despertar al Emperador, el viejo hombre sacudió la cabeza de modo negativo mirando a Iro.

- ¡ Todo el mundo fuera ! Gritó Iro, habitualmente tan tranquilo. ¡ Déjennos !

Delante del furor del hijo del señor imperial, las personas presentes dejaron el cuarto, solo Eiji se quedó. Iro fue a cerrar la puerta y le murmuró algunas palabras a Asajiro.

- No dejes entrar a nadie.

- Cumpliré, con mi vida.

Asajiro se colocó delante de la entrada de la habitación, su lanza atravésada para significar la interdicción de acceso.

- ¿ Kakiji-sama, el Emperador va a morir ?

- No lo creo, pero su estado es crítico. Su cuerpo, todavía esta animado por la llama de la vida, pero su espíritu parece estar más allá.

- ¿ Entonces ya está, es el fin de su reinado ?

- No, pues todavía respira. Pero cuando una situación como ésta aparece, las leyes son muy claras.

- Lo sé, una regencia debe ser puesta en su lugar. Y visto la situación actual, no estoy seguro que esto sea provechoso para el imperio. Hace falta que ponga orden en todo esto. Voy a procurar que usted se quede al cuidado del Emperador y que los miembros de la Kotoba estén a cargo de la guardia de la habitación.

- Sabia decisión, Campeón.

Iro salió de la habitación, encomendandole órdenes a Asajiro, luego de a paso precipitado, volvió a su casa. La morada familiar no estaba muy lejos del palacio imperial. Era una casa de gran tamaño, en medio de un jardín perfectamente mantenido, actualmente solo Ayako, la más joven de la familia vivía allí con su abuelo, Henshin, quien la entrenaba durante la ausencia casi-permanente de Gakyusha. La joven estaba justamente, al comienzo de una lección de magia del agua al borde del estanque, Henshin le prodigaba consejos con el fin de que domine sus facultades. El viejo hombre vio a Iro llegar a la casa con aspecto preocupado.

- Ayako, continúa sin mí y piensa que el agua es también una materia viva.

Encontró a Iro en el escritorio de su padre, en busca de material de escritura.

- ¿ Tienes un aire descontento Iro, podria ayudarte en algo ?

- Gracias Jii-san, pero debo prevenir a mi padre y hacer venir a la Kotoba. Suceden acontecimientos graves en el imperio.

- ¿ Graves ? ¿ Cuáles son ?

El joven duelista consideraba al Emperador como un tío benévolo, verle en este estado y pensar en esta regencia lo hería.

- Las cosas van a cambiar, el Emperador no esta en condiciones de gobernar y una regencia va a reemplazarlo, dandole lugar a personas que no deberían tener acceso al poder.

- Veo.

El viejo hombre dejó al campeón en sus asuntos. Este último comenzó a escribir una carta cuando oyó a su abuelo llamarle desde el salón. Desconcertado por esta llamada, fue a ver para que lo requeria. Allí, Henshin estaba de rodillas en el centro del salón,y un detalle llamó la atención de Iro, su abuelo llevaba puesta una Magatama de jade, una pechina en forma de lágrima. Delante de él, en el suelo, habia un rollo de pergamino lacrado con el sello imperial.

- Soy Shi-ze del Emperador en persona. Me confiaron este papel con el fin de que te sea devuelto cuando llegase el momento, con un mensaje de su parte, así tambien como este edicto imperial.

El joven hombre se instaló frente a su abuelo, estuvo a la vez sorprendido y curioso de conocer el mensaje.

- Iro, eres una persona en la que el Emperador colocó su confianza. Este pergamino simboliza para ti la esperanza de no ver caer el imperio en malas manos. Desconfía de los que han subido demasiado alto. Hoy la Kotoba representa más que nunca un ideal y el medio de actuar en nombre del Emperador. No olvides una cosa, la Kotoba obedece al Emperador y solo a él, un regente no tendra poder sobre ella. Se fuerte, jamás flaquees, tú eres el futuro del Imperio.

Henshin tomó el rollo de pergamino y se lo dio a Iro que lo aceptó con honor.

- Este pergamino debe ser leído delante del consejo imperial. Apurate tú ahora, no debería tardar mucho en reunirse. Iro, revigorizado por el mensaje del Emperador volvió inmediatamente hacia el palacio. Saludó a su hermana que verdaderamente había crecido últimamente, sin hablar de sus aptitudes mágicas que se desarrollaban a alta velocidad. Merecería seguramente un día un sitio en el seno de la Kotoba.

La gran sala del consejo raramente había visto tanta gente desde hacia años. Todos los ministros y los consejeros imperiales estaban allí, sentados en círculo, cada uno sobre su cojín sedoso y confortable. Llevaban ya varias horas de discusiones animadas sobre el estado del Emperador y sobre las políticas que habia que seguir. Daijin y Oogoe observaban a sus adversarios, la hora de la lucha por el poder había llegado.

El Cuervo ya sabía que iba a conseguir el triunfo en esta contienda y su silencio ponia nerviosos a algunos fieles del Emperador. Oogoe se levantó y se colocó en el centro del recinto con toda su acostumbrada indolencia.

- Las leyes son precisas en estos casos, honorables servidores del Emperador. Cuando el Augur Celestial no puede asumir su papel y cuando no tiene descendencia, un regente debe ser nombrado por el conjunto de las personas habilitadas para hacerle. Aunque le tengo mucho respeto Señor Akizuki pienso que Daijin-sama es la persona, mas indicada en la actualidad para regir el imperio.

La reacción fue inmediata. Los partidarios del primer ministro Akizuki, se levantaron para protestar. Oogoe regresó en su sitio, visiblemente contento del giro que tomaban las cosas, le gustaba instalar la duda y la confusión entre sus adversarios. Fue luego el turno de hablar de Daijin, el Cuervo conocía bien a su adversario, sabía también que el equilibrio estaba en lo sucesivo en su favor. Se levantó, ayudado por Karasu.

- Vamos, vamos, un poco de calma por favor, no olvidemos que el Emperador en su sueño nos ve y nos juzga. Akizuki-dono, le corresponde a usted tomar la decisión de quién debe asumir.

El primer ministro bajó la cabeza, vergonzoso no haber visto venir el golpe.

- Un regente debe ser nombrado.

En aquel momento Iro llegó a la sala con estruendo, a paso decidido. Los partidarios del Cuervo protestaron por esta intrusión del campeón del Emperador. Pero Iro no se inmuto y vistas de la mirada amenazadora del duelista las protestas cesaron.

- Campeón. ¿ Que es lo que lo trae al tribunal de las políticas ? Lanzó a Oogoe.

- ¡ Esto! Dice tendiéndole el rodillo a Akizuki. Pienso que le incumbe leerlo al consejo imperial.

El ministro aceptó el rodillo y lo abrió. Autentificó el objeto como que era oficialmente escrito por la mano del Emperador. Se levantó pues para leerlo en voz alta.

- Son estas las voluntades del Emperador, dice con voz temblorosa.

" Mientras que no somos más que un espiritu retenido por su cuerpo terrestre, es nuestro deber el soñar con el mantenimiento de la unidad de lo que nuestros antepasados nos legaron. Mientras no tengamos descendencia y como lo quieren las leyes establecidas deberá ser nombrado un regente, al tiempo que un nuevo Emperador se erija. Decidimos que si un regente debía ser nombrado, entonces será escogido de entre la orden Tsoutaï. Sólo ellos tienen el distanciamiento necesario para poner orden en el caos que deja nuestra ausencia y así restablecer el equilibrio.

Así es la voluntad del Emperador. "

El parloteo comenzó nuevamente, muchos encontraban esto injusto, ya que no habia postulantes en el bando de Daijin o en el de Akizuki. El Cuervo cuchicheó algo a la oreja de Oogoe.

- ¡ Por favor un poco de compostura ! Gritó al primer ministro. La voluntad del Emperador debe ser respetada. En mi calidad de primer ministro le pido solemnemente al Campeón del Emperador ser el garante de ésta.

- Acepto, quienquiera que vaya en su contra, deberá pasar por mi espada. Respondió Iro.

Oogoe se levantó de nuevo.

- El Clan del Cuervo propone buscar al mejor candidato posible para esta regencia.

Akizuki no se engañaba, probablemente había una mala jugada encubierta por debajo de esta frase, pero el Cuervo era poderoso y negarsele esto habría sido percibido como un insulto y una afrenta grave. ¿ Y luego después de todo, los Tsoutaï no eran sabios ?

- ¡ Que así sea ! Aseguraré la transición el tiempo necesario para que el Cuervo encontre a este regente.

Akizuki no sospechaba que Daijin sabia precisamente a quien iba a nombrar. La reunión del consejo fue suspendida.


En la morada del clan del Cuervo, Daijin discutía con Karasu y Oogoe.

- He aquí una historia que ustedes deben conocer. Hace ya mucho tiempo, un Cuervo tuvo un destino particular, habia sido escogido por los Busca-fallas y reconocido como Tsoutaï. En esa época y delante de esta situación, me había pedido el derecho de dejar de ser parte del Clan con el fin de seguir la vía Tsoutaï. Y acepté, con una pequeña condición, si un día le necesitábamos, debería responder a nuestra llamada.

- ¿ Bien señor, pero esta persona es capaz de asumir la regencia del imperio? Interrogó Oogoe.

- Lo es. Voy a preparar el edicto oficial del consejo imperial para su nombramiento. Les envío a los dos a anunciar esta noticia a quien corresponda.

- ¿ Señor Daijin, a dónde nos envías ?

- Al templo de Yafujima.

Ninguno de los dos conocía este lugar, pero no tardarían remediar esta ignorancia, porque al día siguiente se encontraban en el camino, llevando el preciado mensaje. Tenían ya un nombre, el cual no les era desconocido. Este hombre, había hecho hablar de él, hace ya algun tiempo. Karasu estaba furioso, sacó provecho del trayecto para echar pestes contra el Emperador, que no tuvo el coraje de hacer a Daijin el regente, vociferó contra este maldito Tsoutaï, que no conocía nada ni de la política, ni de lo que era la vida en Meragi. Llegaron al templo al anochecer y fueron recibidos poco tiempo después por su dirigente, que se revelaba también ser el futuro regente. El encuentro se celebró en uno de los pequeños salones previstos para recibir a la gente de paso. Toran se preguntaba lo que querían dos miembros del Cuervo que venían especialmente para verle.

- Gracias por recibirnos, Toran-sama. Comenzó Oogoe.

- No me agradezca, la puerta de este templo esta abierta a los que necesitan paz y serenidad.

- No es casualidad, usted hablaba de paz, y es por ella que estamos aquí.

El joven magistrado puso delante de él, sobre la pequeña mesa de madera, la carta del consejo imperial.

- Esto es para usted. Antes de que usted la lea y de su respuesta, porque es cierto que usted se puede negar, Daijin se permite recordarle quién es usted realmente.

Toran frunció el ceño y sus tatuajes comenzaron a moverse.

- Gracias Oogoe de recordarme mi condición, sé muy bien quién soy y dónde está mi lugar, le sugiero reflexionar sobre el suyo.

El joven Cuervo, dibujo en su cara una sonrisa sarcástica, había dado en el blanco. Afuera, Aku que habia vuelto a ser el aprendiz de Toran, espiaba la escena y a pesar de su discreción no escapó de la vigilancia de Karasu. Este último se levantó y se inclinó delante del viejo Tsoutaï antes de salir a darle un ejemplo de cortesía a este joven descarado.

Después de leer dos o tres veces, Toran debió resignarse a su destino. Habia sido nombrado para volverse regente del Imperio de Xzia, él un hombre que había pasado algunos años recorriendo el mundo, procurando perfeccionar su arte.

- Comprendo su sentimiento Toran-sama, sólo usted puede decidir.

- Hay otro Tsoutaï, persona mucho más prudente que yo.

- Sí, pero no son del clan del Cuervo. Sería lamentable que usted le niegue este favor a Daijin-sama sobre todo en este período cuando el imperio esta debilitado, no haría falta gran cosa para que todo esto se derrumbe.

- Reconozco allí las palabras de los que me vieron nacer. Acepto el papel que me confía el consejo imperial. ¿ Cuándo debo ir a Méragi?

- Lo más a prisa posible.

Fuera Karasu recriminaba a Aku.

- ¿ Jugamos a los espías sin tener los medios? Escupió Karasu.

- Solo quería asegurarme que no le pase nada a mi maestro, replicó el joven Tsoutaï con nerviosismo.

- ¡ Voy a hacerte pasar las ganas de espiar !

Karasu empujó violentamente a Aku quien fue a dar de nalgas por tierra. Alrededor de él y a pesar de la hora tardía algúnos otros Tsoutaï asistían a la escena. En su filosofía, que no era responder a la violencia con mas violencia, le pidieron educadamente al miembro del clan del Cuervo terminar sus artimañas. Karasu hizo oídos sordos, hacía falta que descargara sus nervios sobre alguien, sin embargo no estaba en sus costumbres el actuar así. Aku no podía replicar, Toran categóricamente le había prohibido ser violento en su estado de fragilidad.

Debería mas adelante aprender con Akujin, su Busca-falla, a dominar los arcanos de guerra Tsoutaï. La joven Hime, justamente presente en ese momento no veía esta agresión de la misma manera que los otros. Se interpuso.

- ¡ Cuervo! Si buscas a alguien para pelearte enfréntate a mi.

Su Busca-fallas, una garza majestuosa, apareció entonces a su lado, sacudiendo su pico delante de la cara de Karasu. Este último, se paró allí, no valía la pena continuar y su actitud ya había irritado a los Tsoutaï.

- Otra vez, posiblemente estaría encantado de medirme con una combatiente como tú. Pero tengo mejores cosas que hacer.

En ese momento Toran y Oogoe llegaron al patio, poniendo punto final a la oposición.

- Hime reúne a nuestra comunidad quieres, tengo algo que anunciar. Le dijo Toran.

Algunos minutos más tarde, todo los Tsoutaï del templo estaban en el patio, interrogándose sobre la futura declaración de su maestro. Toran, de mas altura en relación a los otros, reclamó silencio.

- El Imperio está en una coyuntura de su historia. El Emperador está sumido en un sueño infinito y un regente ha sido nombrado. Sucede que he sido escogido, el emperador pensó que un Tsoutaï estaría en condiciones de poner fin a la división interna. Siendo así, acepté humildemente esta función.

Cada uno hizo su comentario sobre la cuestión, muchos pensaban que el Emperador había hecho una elección juiciosa y justa, que sorprendio a mas de uno.

- Apenas me encuentro de vuelta entre ustedes, y ya debo irme de nuevo hacia Meragi. Confío la dirección del templo al venerable Zaoryu. Ahora les dejo, me iré al amanecer, mañana por la mañana.

Aparte, Hime y Aku se inquietaban por su porvenir. Pero Toran fue a verlos y les explicó que debían venir los dos a Meragi con él, continuarían su formación en el templo de Komakai, más pequeño y modesto que Yafujima.


Toran ya no estaba acostumbrado al lujo. El, había visto la luz en una familia rica pero se había alejado de todo eso rápidamente. Esta habitación, solo era comparable con las de algunos hacendados. Alrededor de él varias criadas se atareaban. Iba a ser oficialmente nombrado delante del consejo como regente del imperio y hacía falta pues que fuera presentable. Sin embargo valoraba, el lado práctico que ofrecían sus vestidos de Tsoutaï, y del cual no queria privar a su postura de regente. El Imperio le necesitaba y la situación era delicada. Por un lado hacía falta que mantuviera la cohesión, administrara los conflictos políticos e hiciera malabarismos con los deseos de poder del Cuervo. Siempre había luchado para guardar en el fondo de su corazón sus orígenes en este clan.

Una vez listo, fue conducido a la sala de los consejeros y ministros donde todos ellos se inclinaron, lo que molestó al viejo Tsoutaï.

- En este día, cuando ustedes me hacen el regente, guarden esto en su cabeza, el Emperador no ha muertó, volverá.

Sí, el Emperador volvería, muy en su interior, Toran lo sabía, porque ordenaría todo para esclarecer la situación sobre este mal inexplicable que lo aquejaba.

¿ Que les reservaba el futuro a Toran y al Imperio de Xzia ?


La busqueda del Rey Trueno

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¡ El rey ha muerto ! ¡ Viva el rey ! ¡ El rey ha muerto ! ¡ Viva el rey !

La muchedumbre al pie del castillo de Carleon coreaba el mensaje de adiós como lo quería la costumbre. Pero esta vez la tradición no sería respetada. Gaumatta, rey de Yses acababa de dejar este mundo, sin un heredero que lo sucediera. Esto significaba, según las tradiciones de los siete reinos, que se debería organizar un gran torneo, por la conquista de las tierras de Yses. Y esto, a uno de los Protectores del reino no le caía bien. Sevylath, sentado al borde de una fuente, miraba los curiosos ir y venir de la plaza principal. Evaluaba la importancia de esta defunción y las consecuencias dramáticas que esto tendría sobre el futuro. Los buitres vendrían para devorar los restos y para matarse por este territorio, probablemente en detrimento de la población. Había que actuar, y rápidamente. Sin esperar más, dejó su ensueño y se dirigió hacia la biblioteca, o por lo menos lo que se parecía a una. Gaumatta era un rey sabio y gracias a él las ciudades más grandes se habían dotado de bibliotecas, que en realidad eran lugares donde se almacenaba pergaminos, pieles escritas y otros libros. En esta leonera, el héroe de Yses pensaba encontrar una ley o una costumbre que pudiera contrarrestar esta regla del gran torneo. Después de dos días de búsqueda exhaustiva no encontró nada con que hacer frente a las leyes. Sin embargo algo despertó su curiosidad. En el fondo de la gran sala, detrás de una pila de objetos diversos se encontraba un tapiz del tamaño de un hombre. Sobre éste, se encontraba pintada una escena que representaba al primer rey de Yses, quien era apodado con razón, El Rey Trueno. Según las historias, este rey desapareció un día, dejandole el trono a su amigo Argal, del cual Gaumatta era su descendiente. Se acordó entonces de una estela inmensa grabada en bajorrelieve, que se encontraba en la ciudad. Su instinto lo empujó a ir a verla.

De nuevo, perdido en sus pensamientos, no vio pasar el tiempo, mientras recorría el trayecto hasta la piedra. Existía un tipo de culto hacia este emblemático personaje. Ése culto, creía con fervor en la existencia de fuerzas divinas, y que estas regían la vida de los habitantes de las tierras de Guem. Sevilath jamás se había interesado por este culto, era para él la ocasión de descubrirlo. No recordaba que esta piedra era tan grande, su tamaño se podía comparar con una de las torres del castillo de Yses. Al pie de ésta, bailaban llamas a merced del viento, en un brasero de piedra. No había nadie, lo que a la vista de los acontecimientos no le sorprendía, para nada. Grabado en la piedra, majestuoso e inmenso, El Rey Trueno vigilaba la ciudad con su fría mirada. Sevylath la había visto mil veces, pero jamás se había percatado de los detalles, ni tampoco en la escritura abajo de todo. Los caracteres presentes no eran los de la lengua hablada en Yses actualmente. Pero para el, estos símbolos no les eran desconocidos. Tomó el libro que colgaba de su cinturón y examinó la superficie de la cubierta de cuero. Había allí dos glyphos, no idénticos, sino semejantes a los de la frase. Este libro era una herencia de su familia y se le atribuían importantes poderes, aunque ninguno de sus parientes hubiera conseguido penetrar sus secretos. Alguien llegó en aquel momento, sacándolo de sus reflexiones.

- ¡ Oh ! Me siento verdaderamente mal, por molestarle.

Era una joven, que llevaba puesto un simple vestido blanco, y joyas que se parecían a las del Rey Trueno. Sevylath reconoció en ella a una sacerdotisa.

- No este afligida, soy yo quien perturba estos lugares. Pienso que usted puede ayudarme. Sevylath le tendió su libro. Usted ve estos símbolos, son de la misma lengua que ésa, dice mostrando las inscripciones sobre la estela.

La joven mujer, con los cabellos teñidos en blanco miró el libro y pasó los dedos sobre los relieves. Su cara se alumbró con una sonrisa radiante.

- Es la misma lengua, era hablada por El Rey Trueno y su familia cuando éste reinaba. ¿ Dónde lo obtuvo?

Sevylath vaciló un instante, pero delante de la ayuda que podría darle esta mujer, se aventuró.

- Este libro está en mi familia desde hace mucho tiempo.

La sacerdotisa se tomo un momento para pensar. "¿ Podría ser que... ?"

- ¿ Puedo abrir este libro señor Sevylath?

- ¿ Usted sabe quién soy? Interrogó con interés.

- Es difícil de no reconocer a un protector de Yses, cuando se ve uno. ¿ Puedo ?

- Con una condición, quiero saber lo que dicen estos símbolos, le dice apuntando con el dedo a la estela.

- Ahí esta escrito: " Blande mi lanza y golpearé. Engalánate con mi corona y estaré a tu lado. Lleva mi armadura y te protegeré ". Realmente no sabemos quien escribió esto, ni si son las palabras del Rey Trueno, pero muchos de nosotros piensan que existe una herencia.

- Gracias por la traducción. Este asunto me interesa muchísimo. Sevylath dio el libro a la sacerdotisa. ¿ Sería juicioso que vayamos a examinarlo en un lugar dónde estemos mejor instalados, no?

- Tiene usted razón, falto a mis deberes, por favor, acompáñeme a la sala de estudio del templo de los dioses.

Existían, en Yses, tres templos de los dioses, los lugares de culto abiertos a los que deseaban rogar o practicar su creencia. Tenían como particularidad, el no estar afiliados a una divinidad, y libres para todas ellas. El protector y la joven mujer que se llamaba Dandranne, fueron pues a algunas calles de allí, a una gran construcción de piedras grises en parte recubierta por el musgo. La sala de estudio tenía sólo el nombre, era sobre todo un lugar de reunión para algunos fieles. Los presentes en ese momento discutían sobre el acontecimiento superior del día, la muerte del rey, y no prestaron atención a la presencia del protector y todavía menos a su actividad. Dandranne se instaló en una mesa de madera y trató de abrir el libro. ¡ Por desgracia, no pudo mover la correa que lo cerraba, ni un milímetro ! Sevylath se asombró porque siempre había conseguido abrirlo y cuando trató, pudo hacerlo sin esfuerzo. En el momento en el que Dandranne tomó el viejo libro, para leerlo, éste se cerró de un golpe y pequeños relámpagos recorrieron la cubierta, antes de desaparecer.

- ¡ Y bien, he aquí una extrañeza ! Se asombró la sacerdotisa.

- Hay que decir que hasta ahora, a parte de mis parientes, nadie más que yo lo había tocado. Va a hacer falta que lo tenga para que usted pueda leerlo.

La técnica pareció buena porque el libro quedó abierto y pudo leer, o más bien intentar leer.

- No conozco bien esta lengua, aprendí los rudimentos pero jamás practiqué sobre textos como éstos. Se trata de oraciones a un dios. Si traduzco bien se trataría de Kurun.

Dandranne le pidió a Sevylath girar las páginas para ir hacia el fin. La escritura cambió, pasó a símbolos más rápidamente escritos. Después de haber leído la primera plana se contoneó en el mismo lugar.

- ¡ Es él ! ¡ Es El Rey Trueno ! ¡ Gire las páginas ! ¡ Stop ! ¡ Allí ! ¡ Espere !

Releyó muchas veces una página, luego levantó la nariz y miró al protector con cierta alegría.

- ¿ Conoce el origen de su familia señor Sevylath ?

- ¿ Es una pregunta, relacionada con lo que ha leído ?

- Sí, y a mi parecer usted no sabe que El Rey Trueno tuvo un hijo, un niño llamado Korvent, esto le dice algo.

- ¿ Korvent? Sevylath se zambulló en sus memorias, este nombre no era extraño para él. Efectivamente, Korvent era un nombre ya evocado en el pasado. Sí, creo que mi abuelo cuando era niño me habló de Korvent, fue un gran jefe de guerra si recuerdo bien.

- ¡ Y es también uno de sus antepasados ! ¡ Usted se da cuenta ! ¡ Usted desciende del Rey Trueno !

- ¿ Quiero creer en usted, pero cómo esta tan segura ?

- ¡ Esta escrito ! ¡ Allí ! Dandranne estaba en un estado próximo de la euforia, encontrar al descendiente de aquel, a quien veneraba, era un milagro verdadero.

- ¿ Muy bien, pero que es, lo que esta escrito ?

- Oh, sí, perdón. Esta escrito, para resumir, que sólo sus herederos pueden abrir este libro, es tan simple como esto.

Sevylath no mostró particular alegría por este anuncio, veía más allá de esto. ¿ El destino lo había puesto sobre el camino de esta sacerdotisa y ella le había hecho estas revelaciones, hasta dónde iba a llevarlo todo esto ?

- Hay también, otras cosas que no entiendo tanto. Habla de una búsqueda, que debería llevar a cabo y que lo llevaría hacia un tipo de renacimiento. Indica que debería seguir un camino para ir hacia los confines. Indica su trayecto, explicando que no seria un viaje sin retorno y que la misma muerte no se lo llevaría.

- ¿ Usted cree esto posible, que una persona que vivió hace ya mucho tiempo pueda volver ? Preguntó Sevylath que tenía una idea dando vueltas en su cabeza.

- Todo es posible en este mundo. ¿ Si El Rey Trueno puede volver, deberíamos hacernos los desentendidos ?

- No, usted tiene razón, un rey murió hoy, otro rey podría tomar las riendas de Yses. El protector se levantó. La búsqueda del Rey Trueno comienza.

- Voy a rezar por el éxito de esta empresa. Pero antes que nada voy a transcribirle los escritos de su antepasado.

Dandranne se levantó luego de decir esto.

- Todo esto es increíblemente apasionante. Otros fieles no le creeran a sus orejas cuando escuchen esta historia.

Dos días más tarde, la traducción estaba terminada, Sevylath y Dandranne no habían dormido mucho, había mucho en juego, como para perder el tiempo. Lo esencial estaba allí y había que comenzar por aventurarse en las brumas de los confines siguiendo un camino preciso. Después de un merecido descanso el protector se puso en camino hacia lo desconocido, con la loca esperanza de que la leyenda del Rey Trueno, no fuera solo eso.


Con melancolía, pensando que dejaba a Yses presa de una de las crisis mas importante de su historia, el protector se puso en camino. El viaje hasta la bruma de los confines pasaba por Baranthe donde supo que las autoridades estaban inquietas por la situación del reino vecino. Pero no se retrasó más y continuó su camino que lo llevó una semana más tarde cerca de las brumas, pesadas y negras. Era como si las nubes hubieran tomado posesión de todo el espacio entre el suelo y el cielo. Todo esto, verdaderamente, no lo inspiraba, después de todo, detrás de la bruma fue encerrada la peor amenaza de esta tierra. Todos los que habían buscado la prisión de Obsidiana jamás reaparecieron, alimentando así las leyendas respecto a los poderes tenebrosos de Nehant. No le gustaba este lugar, había allí demasiadas desgracias y sufrimientos. Hace casi ochenta años se efectuaba aquí, un enfrentamiento terrible, muchos héroes de la guerra cayeron contra Nehant. Teniendo firmemente su martillo santificado, avanzó según las indicaciones de Dandranne. Creyó que se asfixiaba, algun poder sobrenatural presente en el lugar volvía el aire increíblemente sofocante. Sevylath tomó esto como una prueba y no se dejó abatir por tan poco. Con su vision del lugar sumamente restringida, progresaba muy lentamente. Al cabo de algunas horas llegaba por fin hacia la última indicación: tres pasos a la izquierda de una piedra grabada por un símbolo de espiral. Encontró la piedra e hizo tres pasos a la izquierda de ésta. Por desgracia para el protector, esta piedra era en realidad un trozo de una pequeña estela que desde la época de Rey Trueno había sufrido la erosión. Dicha estela, allí dónde el símbolo se encontraba había caído a un lado. Esto tuvo una consecuencia muy lastimosa de la que el protector se enteraría sólo mucho más tarde.

Sevylath salió de la bruma y respiró de golpe. Una bocanada salvadora de aire y un viento vivo lo revitalizaron. Su nuevo entorno era increíble y pasmoso. Hasta donde la vista alcanzaba, islas de tierra y de cristales de múltiples colores flotaban por los aires. Algunas de ellas se movían como troncos sobre el agua, rozándose unas a otras.

" Cómo ir de una isla a otra " se interrogó el protector. Examinó la situación y sobre todo dónde había llegado. Visiblemente la isla sobre la cual se encontraba era grande, y si su antepasado había llegado allí debía haber dejado indicios en alguna parte. " Comencemos por ahí ". El paisaje difería de Yses. Allí dónde en su casa había verdor y bosques hasta perderse de vista, aquí los cristales inmensos reemplazaban a los árboles. Pero lo que mas intrigaba a nuestro heroe eran unas aparentes quemaduras sobre ciertos peñascos y cristales, como si fueran grandes rasguños al suelo. No había el menor ruido, ni siquiera un pequeño gorjeo, hasta el sonido de sus pasos parecía atenuado. Marchó largas horas con la vaga impresión de no ser el único en estos parajes. A su vez, se fue dando cuenta que los lugares eran mucho más vastos que lo pensado a primera impresión y la vegetación se volvía más densa. Luego de un rodeo del camino, su mirada fue atraída por un tipo de viejo tótem, representaba una criatura deformada y repugnante. No se retrasó apenas en esta representación, pero esto le confirmó que debía mantenerse alerta. Algo no iba bien, la magia estaba manos a la obra en este lugar. Efectivamente, de un solo golpe, bejucos procedente de los árboles y raíces que venían del suelo lo aferraron y en algunos instantes fue incapaz de moverse.

- ¡ Qué es este maleficio ! Exclamó en voz alta.

Una criatura se adelantó hacia él, jamás había visto nada igual, de grandes cuernos, ojos blancos, ninguna boca. Cojeaba y su lado izquierdo estaba protegido por placas de cuero cosidas entre si. Detrás de ella había otras personas, entre las que una claramente estaba vestida como una habitante de la Draconia, reconoció el blasón y el color distintivo en la joven mujer.

- Estamos desolados por infligirle esto. Pero desde que llegamos a los Confines, los problemas se suceden. Dice la joven mujer examinando el martillo del protector.

- ¡ Soy Sevylath ! ¡ Protector de Yses, suelteme ya, dráconica !

- ¿ Sevylath ? Anryéna miró a los otros con cara de sorpresa. Usted desapareció hace veinte años.

- ¡ Cuentos ! Acabo de llegar aquí y dejé los siete reinos hace algunos días. Escuchen, no les hare ningún daño, sueltenme ya y discutamos.

El Daïs interrumpió su sortilegio y el protector fue liberado de su prisión. Recuperó su martillo, demostrando que desconfiaba de estas personas.

- Yo me he presentado, sería de buena educación que ustedes hicieran lo mismo.

- Es verdad, sera que estos Confines nos han influenciado. Soy Anryéna, hija de Dragón. He aquí a Ojo de Gema de la tripulación de Al la Triste y Granizardo del pueblo Eltari...

- El podría ciertamente ayudarnos a quebrar el escudo, interrumpío Ojo de Gema.

Anryéna ya casi no soportaba la compañía de la pirata, era grosera y sin modales, muy distinta en el comportamiento a las damas de la Draconia. Sevylath conocía el nombre de Anryéna, esto se añadía a su confusión porque si veinte años hubieran pasado, ella no debería parecerse a una joven mujer con no mas de una treintena de años. Évidentemente no sabía que para ella el tiempo tenía muy poca influencia. Asistió a un debate entre las tres personas, que finalmente invitaron a Sevylath a acompañarles.

- ¿ Qué pasa ? Estaría encantado de ayudarles, pero ustedes no me dicen gran cosa.

- No muy lejos de aquí, encontramos un tipo de templo bastante antiguo. Pero esta protegido y no logramos llegar hasta el, explicó Granizardo.

- ¿ Y por qué quieren entrar allí ? Si esta protegido será por una buena razón.

- Porque nos encontramos en busca de alguien y puede que dentro del templo, lo encontremos o encontremos algun indicio de donde buscarle.

- Yo también busco a una persona, voy a ayudarles, si puedo.


La tropa se reunió con Malyss y Ergue que esperaban delante del templo, una vieja construcción, cuya arquitectura mezclaba cristales y piedra. Todo se encontraba blanqueado por la exposición del sol y una pequeña parte del tejado se había hundido. Desde su punto de observación, los viajeros se preguntaron si no iba a derrumbarse en cuanto se encontraran dentro. En la base de la colina, en cuya cima estaba el edificio y circundandola se encontraban columnas grabadas por símbolos. Y aunque no se la veía, entre cada una de ellas, una pared invisible impedía pasar a cualquiera.

- Nuestra magia no consiguió quebrantar las columnas y la fuerza física no consiguio mejores resultados. Sin embargo, nuestros poderes son grandes, se jactó el mago del clan del cuervo.

Sevylath veía las cosas de otro modo. Esta pared no se trataba de magia y es por esta razón que su magia era ineficaz para contrarrestarla. Los símbolos no eran nada más que escrituras teúrgicas, la "magia" de los dioses. Para él todo esto estaba muy claro, alguien no quería que se entrara aquí, y sólo uno o varios sacerdotes habrían conseguido esta proeza. Sevylath se volvió hacia el grupo y habló bastante con el fin de que acabaran las discusiones inútiles.

- Su fracaso es normal. Esto no tiene nada mágico, es una barrera de fe. ¿ Puedo anularlo, pero estamos seguros que nada nefasto va a producirse?

- Nosotros no podemos predecir aquello que vaya a pasar, pero creo que si esta barrera está allí, no es por nada. ¡ Hay que ir allá ! Ojo de Gema invitó a todo el mundo a sumarse, con la cabeza baja, al modo de los piratas.

Anryéna hizo un mohín, todo lo que se tratara de teúrgias no le gustaba. Granizardo estaba indeciso, pero el Comepiedras podría estar allí, a su alcance. Ergue se burlaba de todo, pero jamás se negaba a un poco de acción. Malyss apoyo la opinión de la pirata, cualquiera fuera el caso,había que develar este secreto. La decisión estaba tomada y Sevylath puso manos a la obra.

Cada pilar presentaba una prueba de fe, una cuestión a la cual el lector debía en el fondo de su corazón responder con rectitud. Escogío la cuestión que le pareció la más interesante a sus ojos y cuya respuesta era como un credo para él. La cuestión podía resumirse en esto: " hasta donde puede llevarte tu fe ". No vaciló, la respuesta era límpia y cristalina para él: estaba dispuesto a cualquier sacrificio, en su abnegación y fervor hacia los principios de fe que seguía. Visiblemente la respuesta era correcta porque el pilar se pulverizó y luego se derrumbó. La barrera de fe había caído.

- Usted es digno de la reputación que lo precede, protector de Yses, lo felicitó Anryéna.

El grupo emprendió la ascensión de la colina recubierta con viejos peñascos. Su velocidad vario al descubrir múltiples esqueletos hominoides cuya presencia estaba disimulada por los peñascos.

- Esto no es muy alentador, cuchicheó Ergue.

- ¡ Miren esto ! Gritó Ojo de gema. ¡ Qué maravilla !

La joven mujer arrancó de un cadáver, una lanza totalmente hecha cristal.

- Es ligera como una pluma, añadió.

A la primera ojeada Sevylath reconocío la factura del objeto y se precipitó.

- ¿ Puedo ? Dijo con autoridad.

Para un pirata, un objeto perdido pertenece al que lo descubre, pero en vista de los que se encontraban cerca, no tuvo reparos y dio la lanza. Sin ninguna duda, se trataba de un objeto fabricado en Yses, y visto el estilo, databa de mucho tiempo atrás, había visto algunas como ésa entre ciertas familias nobles. Andaban por buen camino.

- Estoy sobre la pista correcta. ¡ Avancemos !

Llegaron a la entrada del templo y pudieron ver que los nuevos símbolos teúrgicos cubrían la inmensa puerta en su totalidad y daban la vuelta al templo entero.

- Un sello divino, comentó Sevylath, debe ser quebrantado por la fe.

Todos se apartaron a buena distancia. Sevylath se retiró algunos pasos, sosteniendo su martillo firmemente y masculló algunas oraciones. Luego se lanzó e hizo arremolinarse su martillo para quebrantar la línea de las escrituras. Nadie lo esperaba, pero la violencia del golpe, hizo literalmente explotar la puerta. Todos fueron a echar una mirada a través del marco y lo que vieron no presagiaba nada bueno. En el interior, había una buena cantidad de criaturas que se parecían a humanos, pero que se comportaban como salvajes. Su piel era azul, sucia y su actitud muy agresiva. El templo mismo era una sala inmensa y en medio de ésta, una persona flotaba en los aires, encerrada en un tipo de columna compuesta de una multitud de arcos eléctricos que salian del suelo. Mientras que Ergue y Ojo de gema retrocedían ante el avance de las criaturas, Sevylath que sabía muy bien quien era el extraño personaje en la columna, saltó hacia el interior sin el menor miedo.

" ¿ Será el Comepiedras ? " Se preguntó Granizardo. Al mismo paso que el protector, entró por detras de este. No pudiendo abandonarse los unos a los otros, cada miembro del grupo se unio con otro. Sevylath había comenzado a aplastar cráneos a base de martillo, pero las criaturas eran fuertes y numerosas, Granizardo rápidamente fue rodeado por algunas de ellas y debió su salvación sólo a la destreza de Ergue que lo sacó hacia sus espladas. Malyss hizo bailar al fuego mientras que Anryéna desplegaba la magia draconica. Todo se desenvolvia a la perfección, sus estrategias complementarias iban a hacer triunfar rápidamente al grupo. Por desgracia, un error involuntario vino a complicar la situación. Anryéna, acorralada en una esquina del templo, acudió a otros poderes, los del rayo. De sus manos brotaron relámpagos que golpearon violentamente a sus agresores. Varios hechos inesperados se produjeron en ese momento: los relámpagos se propagaron sobre la gran mayoría de las criaturas y cada vez que una de ella era tocada, el relámpago no les provocaba dolor, al contrario la magia parecía reforzarlos. Tal como la marea se abalanzaron sobre el grupo, hiriendo a algúnos de sus miembros. Sevylath no tenía otra elección, acudió a su fe. Su martillo brilló intensamente y pensó en cada uno de sus compañeros. Luego con furor, mató a las criaturas una por una. A cada golpe asestado, las heridas de sus compañeros se cerraban. Impresionados por la teúrgia del protector, la batalla prosiguió cada vez más. Anryéna, que había comprendido su error, cesó en la utilización del rayo y prefirió la defensa al ataque. Sevylath, galvanizado, se pusó en camino hacia la persona en la columna de relámpagos. Pero allí se interpuso una criatura más grande que las demas y quien parecía más sagaz. Llevaba una corona de cristal. Visiblemente la criatura buscaba el duelo con el protector. Pero este último empujado por un acceso de orgullo se echó a reír y puso su martillo al suelo.

- Sé lo que ustedes son, reconozco esa piedra que llevan en su garganta.

Detrás de él, los otros viajeros no veian lo que hacía Sevylath.

- ¡ Les repudio guémélites ! ¡ Reúnanse con su creador ! Gritó.

Levantó las manos en el aire y una luz viva y blanca brotó de éllas. Ojo de gema que se encontraba en la entrada del templo, tiró sus extrañas armas y saltó hacia afuera del templo viendo lo que el hombre de fe hacía. Las criaturas aullaron con dolor y cayeron como moscas, muertas. Llamando a Sevylath, no había tenido cuidado con Anryéna, que no estaba lejos de ella y quién sufriendo también los efectos del exorcismo, se derrumbó inconsciente.

La batalla había acabado, las criaturas habían muerto en su totalidad, incluido su jefe. Sevylath recuperó la corona de cristal. Los otros estaban sofocados, el combate no había durado mucho tiempo, pero había sido intenso y muy fatigoso. Granizardo se ocupó de Anryéna, mientras que Malyss se preguntaba que seria esta prisión de relámpagos. Ergue intentó pasar allí la mano y aunque no tenia mala intención, fue muy doloroso para él.

Después de un cuidado aportado por el protector, Anryéna recuperó la conciencia y echó pestes contra ese acto, por cierto eficaz, pero desconsiderado de su parte. La hija de Dragón se interesó entonces por el preso y por su cárcel.

- ¿ Es el Comepiedras ? Preguntó a Granizardo.

Este último estaba por responder, cuando Sevylath se interpuso.

- No sé lo que es un Comepiedras, pero esta persona es la que yo buscaba y es ni más ni menos que el Rey Trueno.

Todos intercambiaron miradas interrogantes, no conocían al Rey Trueno, pero estaban dispuestos a creerle a su ilustre compañero.

- La cuestión es, cómo sacarlo de ahí, dice Malyss.

- ¿ Esto no es teúrgico? Preguntó Ergue. La respuesta fue negativa.

- En este caso, es mágico y en este caso, puedo hacer algo. Intercedió Anryéna quien estaba decidida a reparar su error.

Los sortilegios de rayo eran numerosos y muy variados. Aunque sus estudios en la academia de Noz' Dinagrd databan de una época lejana, no había olvidado los principios aprendidos. Rodeó la prisión y se enfocó en la magia. Percibió en primer lugar los relámpagos, violentos, protectores y peligrosos. Luego detrás de estos la persona misma, ella tenía un sortilegio activo sobre si, otro salia de los rayos pero que no tenían el mismo objetivo.

- ¡ Una éstasis ! Gritó. Creo que yo sé cómo hacer. Sevylath por favor venga a mi lado.

El protector se acercó preguntándose lo que preparaba la draconica.

- Usted recobrará a la persona cuando los sortilegios sean rotos y accesoriamente a mi también si es que caigo inconsciente, lo que puede llegar a pasar. Usted es un creyente y conoce las teúrgias de cuidado. Le aconsejo lanzar una sobre usted para este caso. Voy a combatir el rayo con el rayo.

Al oir estas palabras los otros se apartaron rápidamente para no correr peligro de ser heridos.

Anryéna se concentró un largo rato antes de desencadenar el rayo sobre la prisión. Soltó todo su poder. La prisión que se sobrecargaba de magia estalló de un golpe, liberando al Rey Trueno. Al extremo, Sevylath, protegido por su fe recibió a su antepasado. Luego vivamente se volvió para ver el estado de la maga. Ésta vaciló, al agotarse toda su magia. El protector tomó a Anryéna antes de que cayera. En seguida el cuerpo de la maga se comenzó a brillar por una aura azul muy brillante que se propagó sobre Sevylath y el Rey Trueno. Luego el aura se difuminó al mismo tiempo que las tres personas que se volvieron transparentes. Por fin desaparecieron delante de los rostros boquiabiertos de sus compañeros.


Los tres juntos reaparecieron en la sala del trono en Noz' Dingard delante de Kounok que se había levantado, con Quimera en la mano.

- ¿ Madre? Gritó.


La batalla de la piedra, parte 1

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Salón del trono del palacio de Noz' Dingard.

Kounok vio aparecer repentinamente varias personas en el centro del gran salón. Pensando en un ataque, el Profeta empuñó a Quimera, sacandola fuera de su nueva funda y saltó al pie del trono con destreza. Valentin, presente en ese momento, imitando a su superior, sacó su arma y se puso en guardia en contra del pequeño grupo. Los recién llegados no mostraban un aire agresivo, muy al contrario. Sólo uno de ellos se encontraba en condiciones, los otros dos estaban inconscientes.

- ¡ Paz, Draconianos ! ¡ Paz ! Clamó Sevylath, depositando sus cargas en el suelo con cuidado. Soy Sevylath, protector de Yses, añadió mirando alrededor suyo. No soy vuestro enemigo, dice dejando su martillo lentamente.

Kounok no comprendía gran cosa de todo esto, pero reconoció a su madre que yacia por tierra.

- ¿ Que le ha hecho  ? Acusó, alzando la voz.

- Yo no le he hecho nada, esta dama acaba de salvar al Rey Trueno y de repente desaparecimos en una nube de luz azulada y aparecimos aquí.

- Va a tener que ser más preciso.

Kounok puso a Quimera en el suelo y tomó a Anryéna en sus brazos. Estaba inconsciente, Con sus poderes mágicos agotados. En estas situaciones, no habia otra solución que hacer venir a Dragón. - Valentin, ve pues con nuestros invitados sorpresa. Instálalos cómodamente.

- Bien Profeta, así se hara, respondió el Caballero Draconiano.

- ¿ Nos encontramos cautivos ?

- ¡ No, si fuera el caso habría empleado ese término, pero cuando alguien aparece repentinamente en medio de un salón de Noz' Dingard, llevando a mi madre inconsciente, estoy en derecho de saber más sobre lo ocurrido !

Cuéntele pues su historia a Valentin.

Kounok salió por una de las puertas del salón que daba a un patio muy particular. Se encontraba al pie de la gema azul e imponente de Dragón. Había allí, un jardín donde rosas azules crecían al ritmo de la naturaleza. En medio de los rosales una fuente representaba un Dragón majestuoso. Kounok atravesó rápidamente el patio, inquieto por su madre a quien nunca habia visto en su estado actual. Cuando llegó al pie de la piedra, una forma humana se materializó delante de él. Era un hombre alto quien de alguna manera se parecía a Kounok y a su difunto hermano. Varios cuernos de cristal salían de su cráneo y sus largos cabellos flotaban a merced del viento. Su apariencia era casi fantasmal como un espectro azul transparente. Kounok se mostró sorprendido, luego volvió a empezar e inclinó la cabeza en signo de respeto.

- Buenos días Profeta, comenzó la aparición.

- Señor Dragón, quería verle justamente.

- Es por eso que estoy aquí. Eres todavía joven y a menudo olvidas que estamos vinculados, todavía más que con cualquier otro habitante de la Draconia. Estas inquieto por tu madre, pero no tengas ninguna inquietud, ella se encuentra bien.

- ¿ Que tiene ? Preguntó Kounok con una pizca de ansiedad en la voz.

- Esta agotada. Casi utilizó toda su magia.

- ¿ Es por eso que volvió aquí, es así ?

- Valoro a mi hija, mi única hija. No permitiría que cayera en desgracia, entonces la protejo lo mejor que puedo. Lleva una de mis escamas encantadas con el fin de que si este tipo de problema sucedia, o si una situación la dejaba vulnerable, instantaneamente volveria aquí.

- Comprendo. ¿ Y ahora ?

- Le hace falta descanso, dijo Dragón acercándoseles.

Tomó a la joven mujer en sus brazos y sonrío a Profeta antes de desaparecer.

Anryéna se despertó. Su corazón latía fuertemente en su pecho. Todas sus fuerzas habían vuelto y el poder de la sangre de Dragón la recuperaba. Alrededor de ella, todo era azul, reconociendo el lugar se incorporó para sentarse al borde de la cama con baldaquín. Conocía bien este lugar por haber pasado allí su infancia. Siendo el dominio de su padre, todo lo que veía emanaba de él. Y justamente mientras que pensaba en su padre, este apareció.

- Tus fuerzas han vuelto, hija mia.

- Padre, estoy contenta de verte. Pero por qué me has traido de vuelta, todavía tenía mucho por descubrir en los Confines.

- Tu retorno es el resultado de tus actos. Te pusiste en peligro al quedarte casi sin magia. Recuerda lo que te dije hace mucho tiempo. Los guémélites pueden morir sin magia.

- Era la unica solución, sentí que la persona a la que encontramos en los Confines podía ayudarnos y convertirse en una aliada, replicó Anryéna.

- El Rey Trueno puede ser una ventaja en esta guerra. Pero hasta que desempeñe su papel, tú debes, jugar el tuyo.

Dragón puso su mano sobre la mejilla de su hija, asaltado por antiguos recuerdos. Anryéna puso entonces su mano sobre la suya. Los momentos de complicidad entre padre e hija eran raros, tanto como para que ambos atesoraran este acto de amor.

- ¿ Qué pasa padre ? ¿ Que papel quieres que juegue ?

Dragón quitó su mano y tomó un aire serio y grave.

- Kounok no es tan estimado por esta gente, como lo fue su hermano. Desde la desaparición de este último, el Compendium se encuentra preso de una lucha intestina que no tolero más. Prometí hace mucho tiempo no interferir en los asuntos de esta orden, pero por desgracia nadie es capaz de tomar las riendas. Debes retomar su liderazgo.

Anryéna pareció asombrada, conocía bien a los magos del Compendium y sabia que algunos contaban con la capacidad suficiente como para esa tarea.

- ¿ Y Marzhin ? Es bastante poderoso y sabio, seria un muy buen archimago.

- Es verdad que tiene facilidad, pero su lugar esta cerca de los aprendices de la academia.

- Hay algo más, que no me estas contando ! replicó Anryéna con convicción.

- La guerra ha comenzado y deberas enfrentarte con adversarios con poderes poco conocidos, hasta ahora. Hace falta que dirijas el Compendium para devolverles la fe en la magia a los magos de la Draconia y que se conviertan en el símbolo de Guem. Y mi corazón se parte, al saberte prontamente contra el enemigo. Nuestra familia ya ha sufrido mucho...

Anryéna concluyó.

- Asumiré mi papel, con Dragón a mi lado ¿ que podría pasarme ?

- En ese caso, te devuelvo esto.

Aparecio en las manos de su hija, un cetro largo, al cabo del cual se enrollaba un dragón de cristal. Había sido llevado por muchos magos de la Draconia, por otra parte fue ella la primera en ser digna de ello. Anryéna se concentró y se encontró entonces al pie de la academia de magia de Noz' Dingard.


Anryéna había contribuido a construir la academia de magia de Noz' Dingard, un lugar de intercambio y de aprendizaje para todas las personas que tenían sensibilidad hacia los arcanos mágicos. El castillo había sido construido sobre una de las gemas satélite a la piedra-corazón de Dragón, dominando la gran ciudad. Había allí, minimamente cerca de quinientos estudiantes que venían de la Draconia, pero también de tierras lejanas porque las costumbres y las prácticas mágicas extranjeras contribuían al mejoramiento de los conocimientos generales. Anryéna estaba delante del gran arco, el artefacto mágico que había que atravesar para entrar en la academia. Era el fin de la tarde y muchos aprendices dejaban los cursos para regresar a su dormitorio común, en donde la mayoria realizaban las tareas pendientes. Los más jóvenes de estos, pasaron sin reconocer a la dama, pero a algunos alumnos les llamó la atención el cetro draconico. Dejó a los estudiantes con sus teorías para si mismos y tras pasar el arco, se encontró en el vestíbulo de entrada de la academia. Majestuoso e inmenso, el vestíbulo era la encrucijada central del edificio y no era raro pasar por allí, muchas veces al día. Desde su salida de la academia y del Compendium nada se había movido, todavía las mismas tapicerías notables y grandiosas vidrieras de vidrio azul. La luz allí era dulce y encantadora. Los pasos de la hija de Dragón, la llevaron al lugar preciso por un automatismo asombroso. Había atravesado los pasillos, subido las numerosas escaleras y atravesado por numerosos portales mágicos antes de llegar a la sala del consejo del Compendium. Allí Dragón había convocado a las eminencias más altas y las instancias dirigentes de la academia. Se encontraban instalados en un anfiteatro de madera, las caras de ciertos altos magos expresaban contrariedad, otros al contrario se mostraban encantados con el nombramiento de la hija de Dragón como la nueva dirigente del Compendium y por extensión de la academia de magia. El Compendium era una organización que tenía por objeto la gestión de todo lo que es mágico, sea en la investigación o el aprendizaje. La academia se había convertido, con el paso del tiempo, en el cuartel general de esta organización. Anryéna se colocó frente a la asistencia y golpeó tres veces el suelo con su cetro.

- Altos magos y Maestros magos, rumores horribles han llegado a mis oidos. La indisciplina se agita entre las filas del Compendium. Todo esto sólo puede ser de provecho para nuestros enemigos y perturba la enseñanza de nuestros aprendices, que nos necesitan y a nuestra integridad. Qué cesen las disputas de poder, ya que en este día me presento ante ustedes, poseedora del título de Archimaga del Compendium. Los magos se levantaron y aplaudieron a su nueva jefa con mayor o menor convicción. Las cosas eran claras, aquí no reinaria el caos. Anryéna terminó la algazara porque todavía tenía cosas por decir.

- Maestro mago Marzhin, levántese.

Un hombre de una treintena de año se levantó, llevaba la librea de los profesores de la academia y también varias insignias que indicaban proezas mágicas efectuadas así como la invención de varios nuevos sortilegios.

- Le nombro director adjunto de la academia de magia de Noz' Dingard.

Era una función muy importante porque en ausencia del dirigente del Compendium tomaba la dirección del ilustre establecimiento. De nuevo los aplausos resonaron mientras que el Maestro mago se inclinaba, aceptando la pesada tarea. Después de algunas consignas, cada uno regresó a sus pequeños asuntos, sólo se quedaron Anryéna y Marzhin que deseaba discutir a propósito de ciertos puntos.

- Le agradezco por la confianza que usted ha depositado en mi, Anryéna.

- Usted es una persona de un valor incalculable para la Draconia, usted es un ejemplo para nuestros estudiantes.

- Lo que usted me dice me toca en lo mas profundo. Haré lo mejor posible.

- Tengo por otra parte un caso de estudio para sus aprendices de nivel más elevado.

El Maestro mago se mostró muy interesado.

- Debemos conocer a nuestros enemigos y adaptarnos a sus facultades. Sé que usted es el más indicado para encontrar una solución. ¿ Que sabe a propósito de la Teúrgia ?

Marzhin no esperaba que lo supiera, pero había estudiado la Teúrgia y efectivamente estaba en condiciones para hablar de eso.

Si estos enemigos efectivamente son sacerdotes y otros aficionados a las teurgias, tenemos motivos para preocuparnos. Lo que le propongo es que venga, mañana por la mañana, al patio, para asistir a una charla sobre la Teúrgia y alli veremos con mis alumnos lo que usted desea poner en práctica. Pero solo una pregunta, ¿ por qué ver esto con estudiantes quiénes todavía no tienen el título de magos y no, con los Altos magos? Algunos están en muy buenas condiciones para hablar de estos temas.

- Lo comento con usted y lo considero calificado. Pero tambien deseo tener una nueva mirada sobre esta práctica y la imaginación de las mentes jóvenes al respecto.

- En este caso dama Anryéna, será un verdadero honor para mis alumnos.

- Bien, en este caso sera hasta mañana.

Pero antes de que la Archimaga se vaya, Marzhin le pidió una última cosa.

- ¿ Dígame, tiene noticias de mi hijo ?

- Pilkim es un joven que aprende mucho en cada ocasión, los Enviados de NozDingard estan encantados de contarlo entre ellos. Tranquilícese, no se encontrara en peligro. Y si fuera el caso, a semejanza de su padre, sus facultades mágicas son impresionantes para su edad. Le auguro un gran futuro.

El Maestro mago se encontro satisfecho de saber que su hijo se encontraba seguro.

El día siguiente los alumnos de Marzhin, todos a un paso de convertirse en magos, tuvieron la alegría de pasar a una sala, en principio reservada para los investigadores en magia del Compendium. Un lugar protegido por sortilegios muy poderosos y que, en principio, no corría peligro de derrumbarse en respuesta a un error mágico. Apenas se instalaron tuvieron la agradable sorpresa de ver a su nueva directora y algunas otras personas llegar con su profesor. Este último era seguido por un pequeño golem que transportaba una caja de caudales cerrada por una cerradura. Los estudiantes se levantaron para saludar la llegada de la pequeña tropa. Alishk y Aerouant, recientemente nombrados como miembros del Compendium habían sido invitados no por cortesía, sino para comprender y ayudar. Marzhin se adelantó sobre el estrado.

- Siéntense, por favor.

Los alumnos tomaron asiento y se quedaron a la espera de las palabras de su profesor.

- Como pueden verlo, la archimaga Anryéna nos hace el gran honor de estar presente para este curso y esta acompañada por dos magos del Compendium, que no hace tanto tiempo se contaban entre ustedes. El Maestro mago se dirigió hacia el golem que llevaba siempre la caja de caudales y comenzó a quitar el cierre a esta última.

- ¿ Quién puede decirme lo que es la Teúrgia?

Varias manos se levantaron instantáneamente.

- Le escucho, Armand.

Un joven de cabellos negros desgreñados saltó sobre sus dos pies y se entonó la garganta.

- La Teúrgia es una forma de magia particular. Es practicada por sacerdotes y la gente de fe que invoca poderes sobrenaturales por la voluntad de divinidades.

El chico se detuvó allí.

- Es una definición corta, pero justa. ¿Y conoce la diferencia entre la magia tradicional, es decir la que practicamos aquí, y la Teúrgia ?

La respuesta fue inmediata.

- La magia es un poder encerrado dentro de nosotros y al cual podemos acudir conociendo las fórmulas, los gestos y los encantamientos mientras que la Teúrgia es un poder concedido por una entidad superior. Hay pues, que conocer oraciones y ceremonias con el fin de que la divinidad responda nuestra llamada.

- ¡ Excelente ! Añadió Marzhin, volviéndose hacia la asistencia. Los felicito. Pues, la magia es muy diferente de la Teúrgia en un sentido, pero en ambos casos hace falta un lazo con algo que esté en nosotros o por fuera. No somos totalmente capaces de acudir a la magia o a la teúrgia por muchas razones. En este caso otro problema se presenta frente a nosotros. Marzhin tomó de la caja de caudales una gran gema azul y reluciente.

- Esta es una piedra de Dragón. ¿ alguno de ustedes ha oido hablar de tal gema?

Una alumna con los cabellos rubios muy largos levantó la mano.

- ¿ Sí, Lenya ?

- Una piedra de Dragón es un pedazo de la piedra-corazón de Dragón ofrecida por nuestro señor, con el fin de que podamos utilizar su fuerza mágica.

- Eso es, respondió el profesor, poniendo la piedra sobre el escritorio. Pues podemos servirnos de un poder que no es mágico, entonces si se sigue la lógica de Armand realizariamos una Teurgia cuando utilizamos este poder externo.

Un alumno lo interrumpió.

- ¿ Pero olvida la entidad superior?

- ¿ Verdaderamente ? ¿ Dragón no es una entidad superior ?

- Pero no lo veneramos, añadió otro estudiante.

- Es verdad que podemos utilizar las piedras de Dragón sin tener que dirigir nuestras oraciones hacia Dragón.

Anryéna estaba satisfecha, las respuestas dadas eran justas y sin ninguna vacilación.

- Este curso va a ser particular, ustedes me conocen desde hace algunos años, más para algunos, y ustedes saben que me gusta crear sortilegios. Les propongo hoy, que comencemos estudiando un problema y que a partir de nuestras teorías nos hallemos en situación de dar a nuestra archimaga, la descripción de un ritual, utilizable y aplicable en cualquier situación. ¿ Puedo contar con ustedes ? Las caras se iluminaron y los meneos de cabeza le señalaban a Marzhin que sí estaban interesados.

- Hasta hace poco, la teúrgia jamás representó una actividad muy común en las tierras de Guem. Si ustedes conocen un poco el trascurso de los acontecimientos que sacuden a nuestro mundo, ustedes saben que la gente del desierto, quienes poseen grandes poderes teúrgicos, se levantan contra nosotros. Nuestra magia no está prevista para hacer frente a la teúrgia, y parecería que nuestras facultades son más débiles que las suyas. La problemática es pues la siguiente: ¿ cómo la magia podría combatir eficazmente la teúrgia ?

A partir alli, los alumnos trabajaron en varias teorías. Algunas fueron apartadas rápidamente mientras que otras fueron retenidas y desarrolladas. El día pasó rapidamente, Anryéna y sus compañeros dejaron a los alumnos y a su maestro al diseño del que iba a comvertirse en un ritual de nivel superior. La noche cayó sobre la Draconia, pero los aprendices magos no se preocuparon de esto, estaban poseidos por una pasión de creación devoradora y sólo muy tarde, cuando el Maestro mago, estuvo satisfecho del resultado, paró allí la sesión de trabajo. Después de un día de descanso, todo el mundo, alumnos, maestros y archimaga fueron convidados a una demostración del resultado. Para tal ocasión Marzhin había pedido la presencia de una persona que contaba con los favores de un dios, para prestarse al experimento. En Noz' Dingard los lugares de cultos eran muy raros, pero esta persona aceptó ayudar a los magos de la academia. Los alumnos presentaron su ritual realizandolo ellos mismos. El "conejillo de Indias" se instaló en medio de la gran sala liberada de todo objeto, para la ocasión. Luego un grupo de tres alumnos comenzó con los encantamientos mientras que Marzhin, les explicaba el principio a Anryéna, Alishk y Aerouant.

- Nos basamos en las investigaciones de su hijo y las de Marlok que concernían a los lazos mágicos. Los alumnos dieron por sentado que entre un sacerdote y su divinidad había un lazo más o menos fuerte como un mago tiene un lazo con su piedra-corazón cuando tiene una. Además estudiamos los informes del combate reciente contra el nehantiste. De esto, los alumnos hicieron una transposición. Para que la teúrgia se vuelva ineficaz hace falta que la divinidad no sea capaz de oír las súplicas y asi aislar a los sacerdotes. La archimaga miraba la demostración, con sus ojos de maga, descifrando cada gesto, cada actitud y cada efecto mágico producido por los alumnos. La idea era buena, pero si esto funcionaba, había un punto que había que cuidar. Así como en la inmensa mayoría de los rituales, había un maestro del ritual y el resto eran acólitos. Estos últimos concentraron su fuerza mágica y gracias a un sortilegio de transferencia le otorgaron más fuerza al maestro del ritual. Después de algunos minutos el dirigente sacó una piedra del Dragón y lanzó un sortilegio vertiendo allí su magia. Esto dio por resultado el crear una esfera de gran tamaño, la cual englobó casi toda la sala. El ritual en si estaba concluido, pero para que el sortilegio fuera mantenido, el maestro del ritual debía mantener el flujo mágico. Marzhin pasó la esfera y fue hasta el "conejillo de Indias".

- ¿ Cómo se siente ?

- Extraño, tengo la impresión de ser único de nuevo. La sensación es rara.

- ¿ Me permite ? El maestro mago sacó un pedazo de cristal, se levantó la manga y se hizo un corte en el brazo. Por favor, acuda a la teúrgia y asista esta cuchillada.

El sacerdote se concentró y rogó a su dios como lo hacía normalmente. Pero no hubo ninguna respuesta, la prueba fue concluyente. El maestro del ritual estaba agotando su fuerza, Marzhin le avisó con la cabeza para que concluyera con el mantenimiento del ritual. El pobre estudiante no podía más, estaba extenuado. Anryéna estaba satisfecha y Aerouant encantado del resultado y del modo en el que los trabajos de magos ilustres habían servido. Alishk fue a ayudar a los estudiantes y los felicitó por su éxito. En tanto el sacerdote, encantado de poder utilizar nuevamente la teúrgia, asistió la cortadura del maestro mago. Marzhin explicó luego el desarrollo exacto del ritual así como cada etapa. La archimaga sacó provecho de esto para plantear sus cuestiones.

- ¿ Si comprendo bien vamos a tener que mantener el ritual y su duración únicamente dependera del maestro del ritual ?

Sí, pero preveimos que su fuerza, acumulada con la de Alishk y Aerouant sería suficiente para asegurar una longitud correcta a este ritual. Pero debo advertirle, el ritual de la piedra impide a las personas practicar la teúrgia, pero siempre serán capaces de salir de la burbuja y de moverse libremente.

- Tenemos aliados que asumirán el ataque cuerpo a cuerpo.

Anryéna miraba su cetro con nostalgia.

- Ya tenemos la piedra de Dragón, es hora pues de poner en practica todo esto, en su correspondiente lugar. Agradezca a sus estudiantes, usted puede estar orgulloso de ellos y de su gran trabajo. Esto me confirma que hice bien, en nombrarle en su nuevo puesto. Por otra parte le confío la academia, ya que habrá comprendido, yo misma voy a dirigir el ritual de la piedra.

- Le deseo buena suerte en este combate, Anryéna.


Los magos del Compendium pasaron el día encargándose del ritual para prepararse lo mejor posible y el día siguiente ya era hora de salir a reunirse con sus aliados. Un portal que llevaba a el bosque de los Eltarites fue creado por Dragón con el fin de no perder más tiempo porque este último era precioso. Anryéna, Alishk, Aerouant y Kounok atravesaron pues el portal y se encontraron instantáneamente a días de viajes de ahí. El lindero del bosque era tranquilo, la bruma matutina daba un carácter misterioso e inquietante. El portal apareció en la frontera con la Tumba de los antepasados y los Enviados de Noz' Dingard fueron transportados hasta alli. No hizo falta mucho tiempo para que ciertos miembros de los Corazón de Savia vengan a su encuentro para acogerles. Después de un intercambio de informaciones, los Enviados supieron que los Piratas habían ido detrás de algo importante para ellos y que la "corrupción" de las tierras de la Tumba de los antepasados progresaba, lenta pero segura. En el otro sentido, el ritual de la piedra fue presentado a la Kotoba y a los Corazón de Savia, los dos principales gremios que se habían quedado para enfrentarse con el enemigo. Las tropas se pusieron en marcha, movilizadas por la esperanza de una rápida resolución de los conflictos de la Piedra Caida del Cielo. Por su parte, los nómadas del desierto habían montado un campamento y esperaban pacientemente un signo de su divinidad. La paz mental de los lugares fue perturbada por Kararine quien vigilaba los alrededores y vio llegar sobre ellos, al pequeño ejército. Sono el zafarrancho de combate y en poco tiempo los nómadas fueron llamados a la batalla, y se encontraron de frente a sus adversarios. La estrategia de ataque en línea ordenada era la especialidad de Kotoba. Gakyusha había establecido rápidamente un plan tomando en consideración las caracteristicas de cada uno. Los guerreros serían la punta de lanza, mientras que los merodeadores rodearían al enemigo con el fin de matar a los sacerdotes que probablemente estarían en retirada. Por ultimo, los magos se quedarían a distancia y protegerían al Compendium, el tiempo que durase el ritual. El Señor Imperial no esperó más tiempo y ordenó el asalto. Anryéna, Alishk y Aerouant comenzaron el ritual. Ambos hombres habían previsto una pequeña reserva antes de comenzar, con el ritual de los cristales, en los cuales fueron encerrados por la magia, haciéndoles temporalmente mucho mas fuertes. La primera fase del ritual pasó bien, Aerouant y Alishk estaban rebozantes de magia, luego su fuerza se trasladó a Anryéna que no esperaba recibir tanto de ellos. Pero los sortilegios de preparación inventados por los aprendices de Marzhin hacían maravillas. Blandio entonces su cetro con sus dos manos y canalizó toda la magia que estaba en ella y la hizo pasar por el cetro. La burbuja de magia apareció, luego creció a una velocidad increíble. Englobó muy rápidamente el campo de batalla y a la Piedra Caida del Cielo. Ïolmarek y sus sacerdotes se sorprendieron al ver esta burbuja y comprendieron de qué se trataba cuando no se hallaron en situación de asistir a los guardiánes del templo. Aislados de su dios, los fieles de Sol´ra fueron rápidamente sobrepasados y el talento de los combatientes del desierto no estuvo a la altura, frente al número de los adversarios...


Batalla de la piedra, capitulo 2

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El sol brillaba intensamente en el cielo sin nubes del desierto de esmeralda. El calor era insostenible a esta hora del día, y los habitantes preferían recorrer los callejones más frescos de la ciudad de P´tra. Esta, en otro tiempo era una ciudad floreciente y era el centro de un reino, hoy desaparecido. De aquella magnifica ciudad cavada y esculpida en la tierra roja de las montañas de Ponant, hoy solo quedaba la sombra. Quedaban viviendo en ella, un pequeño grupo de familias que trabajaban en la creación de joyas a base de esmeralda. P´tra era también el dominio de un dios venerado únicamente en este continente y en relación directa con los insectos hormigueantes en la región: Kehper, el dios escarabajo. Su templo era un edificio magnífico y troglodítico bañado por la luz que pasaba por la multitud de aperturas en su fachada. La entrada desembocaba en una sala inmensa con un techo increíblemente alto. En medio de dicha sala, se encontraba la representación humanizada de Kehper, un hombre cuya cabeza era un escarabajo, de reflejos azulados y que observaba petreo la eternidad. Por todas partes en las paredes, había pequeños hoyos de donde los escarabajos sagrados iban y venían. Soraya había sido designada por Kehper para convertirse en su nueva sacerdotisa y la joven mujer, aunque no le atraía el escarabajo, se sentia honrada de servir a un dios. Por desgracia, se resignó de ver a su pueblo irse en busca de una vida menos dura en otras comarcas . Aquel día rezaba para que Kehper le ayude.

- ¿ Que hicimos mal ? ¿ Provocamos tu furia ? Nuestro río se deseca y nuestro pueblo tiene hambre. ¿ Cual es el significado de todo esto ? ¿ Es una prueba, un tanto cruel, a la cual tu voluntad divina nos somete ?

La joven mujer no esperaba una respuesta, Kehper siempre le había respondido de otro modo. Sólo por signos y tambien con esta facultad para poder controlar los escarabajos. Pero esta vez, parecia que sus oraciones habian sido oídas, pero posiblemente no como lo esperaba.

- Tu pueblo no hizo nada que pueda enfadar a los dioses, sacerdotisa. En la abertura de la entrada se encontraba un hombre alto. La luz que llegaba por detrás suyo le daba a su llegada un sello singular. Se adelantó hacia la sacerdotisa a paso seguro, descubriendo entonces su aspecto. Vestido de tunica y de ornamentos que representaban el sol, su piel era muy oscura como quemada. Contrastando con esto, caian sus cabellos que eran color blanco hueso. Por fin, y para aumentar el carácter increíble de su aspecto, dos grandes alas se batían muy lentamente en su espalda. Soraya jamás había visto en su vida, nada como esto, que era de carácter divino sin lugar a dudas. Se levantó y fue al encuentro del visitante.

- ¿ En este caso, dígame a qué debemos toda esta miseria, si esto no es porque los dioses han alejado su vista de nosotros?

- Dios te mira y tus actos condicionan el futuro de tu pueblo. ¿ Sabes quien soy? Soraya negó con la cabeza. Una lanza nimbada de luz aparecio en la mano del hombre.

- Soy Tsheptès, mensajero de Sol´ra, dios de los dioses. Impresionada y con la certeza que no se le mentía, la sacerdotisa se puso de rodillas para probar su sumisión.

- ¿ Viniste a anunciarme el fin de P´tra ?

- No, no estoy aquí para eso. Vengo a darte a ti la voluntad de Kehper, servidor de Sol´ra. Si quieres salvar a tu pueblo, escucha su voz y obedece.

- Estoy a su servicio.

- Debes encontrar Kehpsoun, la cuna de Kehper y recuperar el vaso canope de su encarnación.

Soraya volvió a repasar muchas veces la frase, para comprender bien la implicación de los actos que se le pedía. Kehpsoun era un templo, el primero dedicado al dios escarabajo. En cuanto al vaso canope, los textos consagrados escritos en la piedra arenisca, en el fondo del templo de P´tra contaban los siguientes hechos.

Fue en el tiempo de la guerra de los dioses, que se les dio a estos la posibilidad de elegir: capitular o morir. Kehper vio allí la oportunidad de establecer, por fin, un panteón estable, con un dios capaz de hacer respetar el orden entre sus filas.

Pero muchos de los otros dioses y diosas no vieron esto de la misma manera, asi fue como la guerra estalló contra los fieles de Sol´ra. Los dioses decidieron tomar forma humana. Numerosas fueron las batallas y muchas encarnaciones fueron vencidas. La encarnación de Kehper habría perecido enfrentándose con Ayepth dios del mal y esposo de Ptol´a. Su cuerpo fue devuelto a Kehpsoun. Asi Sol´ra lo homenajeó. Su cuerpo fue embalsamado y enterrado en una tumba. Un vaso canope que contiene una parte de su fuerza divina fue encerrado en el templo. Se decía que Ayepth enterró con vida a los sacerdotes de Kehper, en Kehpsoun, cubriendo el lugar con arena para toda la eternidad.

- Nadie jamás encontró Kehpsoun y...

- ¡ Usted duda demasiado de usted, usted tiene todo a su alcance, mire, observe y sobre todo tenga fe !

La joven mujer miró a la derecha, y luego a la izquierda pensando que todo se le revelaría, pero nada pasó. Estaría encantada de poder recobrar el vaso canope del que veneraba, pero la tarea parecía imposible.

- ¡ No olvide quien es usted, Soraya, no lo olvide !

Tsheptès dejó a la joven mujer con su misión divina, otro destino le esperaba al Solarian, un destino un tanto increíble...

Soraya perturbada por esta visita, emprendió un registro minucioso del templo. Todo era viejo y era difícil para ella el encontrar personas para mantener el templo. Había menos fieles, menos dinero y sobre todo menos personas cualificadas. Había más actividad cuando ella era pequeña y sobre todo cuando habia más sacerdotes. Su mentor había muerto de viejo, cinco años antes, lo que la convertía en la única y última criada de Kehper. El templo era un conjunto de galerías que daba a pequeñas salas de oración o salas de estar, desocupados en su inmensa mayoría. Dio la vuelta, sintiendo el estado ruinoso de esta obra arquitectonica. Se fijó en el antiguo lugar de oración, un cuarto que fue abandonado, al comenzar a usarse la gran sala de oración y que sirvió cuando el templo fue fundado hace ya mucho tiempo. De manera extraña, todo se encontraba en buenas condiciones, tanto las pinturas como las paredes. La decoración había sido hecha en base a las viviendas de los escarabajos. Lo que llamó la atención de Soraya fue el número impresionante de insectos presentes. Había escarabajos de todos los colores y de todas las tallas. Bullían sobre el altar alumbrado por una apertura en una de las paredes. Al acercarse, se detuvieron como si observaran los actos de la sacerdotisa. Escudriñó el altar y encontró en el medio, un ídolo de escarabajo en relieve. Ya había venido aquí, pero no tenía memoria de una escultura cualquiera en este preciso lugar. Las pequeñas bestias se apartaron del ídolo, en el momento en el que tendió la mano para pasar la punta de sus dedos sobre la superficie del objeto, en parte cubierto de arena. Sopló para dispersar la arena y observó a los escarabajos, que por todos lados parecían esperar algo. El ídolo, rompió su superficie, que se partio como una cascara de huevo. Pasaba que ciertos escarabajos sagrados pasan mucho tiempo adormecidos en las paredes del templo y el que estaba allí se despertaba de un sueño largo, Mucho más largo, que la mayoria de sus congéneres. La quitina de este escarabajo era verde con reflejos arco iris. Soraya colocó la mano delante de él y este subió a ella, más mal que bien.

- ¿ Y bien, tu serías Kehperis?

El escarabajo sacó sus alas y voló, al principio despacio, luego más rápidamente y acabó por colocarse delante de la cara de la joven mujer.

- Kehperis ak-toun ik.

Soraya comprendió las palabras del escarabajo, la lengua de Kehper. Aparte de algunos antiguos moradores de P´tra y ella, nadie más la hablaba. Estas palabras confirmaban el estatuto de la criatura. Los Kehperis acompañaban al dios escarabajo en el tiempo cuando éste pisaba la arena caliente del desierto de esmeralda. Soraya no creía verdaderamente en el azar, todo llegaba con un fin preciso. La aparición de Tsheptès, la misión encomendada, luego el Kehperis, hasta la etapa próxima. Sabía muy bien lo que implicaba este descubrimiento, el lazo entre Kehper y sus insectos era poderoso, iba poder encontrar Kehpsoun.

- ¿ Kehperis, es importante encontrar el vaso canope de Kehper, todavía puedes sentir su energía ?

El escarabajo se estancó algunos instantes, luego giró en el cuarto antes de pararse delante del pasillo.

- ¡ Kheks ! Lo que quería decir " asi es ".

La sacerdotisa apenas tuvo tiempo de cargar algunos bartulos para realizar el viaje, ya que Kehperis se alejaba del templo seguido por un gran número de otros escarabajos.

La arena ardiente no detuvo a Soraya, a pesar del cansancio de los dos días de marcha. Su determinación y su fe fueron el motor de esta travesía hacia el oeste. Atravesó una región donde cortantes rosas de las arenas de esmeraldas se habían formado con el paso de los años. Sus pies sufrieron de cortaduras y tomó parte del tiempo de descanso, con el fin de acudir a la generosidad de su dios. Al tercer día el aire se volvió más fresco, el océano no se encontraba muy lejos. Esa misma tarde, Kehperis detuvo su vuelo, se posó sobre un cerrillo y comenzó a enterrarse, seguido por sus semejantes. En poco tiempo, desenterraron una puerta de roca grabada por símbolos antiguos.

- ¡ La entrada de Kehpsoun! Exclamó. Gracias a ti, Kehperis.

Soraya empujó la puerta, que para su gran asombro, se abrió sin ningún problema. Dio un paso para atrás, pues se desprendía de este lugar una presencia funesta. No se desanimó y después de haber encendido una antorcha, entró en el interior. A cada paso, oía pequeños crujidos y al alumbrar hacia el suelo, vio centenares de restos de escarabajos muertos, cuyas conchas eran aplastadas bajo sus pasos. Recorrio un gran pasillo antes de ver los primeros cadáveres de sacerdotes de Kehper. Todo esto la entristeció y comprendió por qué había sentido tantas emociones cuando se abrió la puerta. Habían seguido a su maestro, en una muerte, que no podía desearle ni a su peor enemigo. Progresó lentamente mirando con curiosidad la arquitectura increíble que se le ofrecía. Siglos de historia de su culto fueron grabados allí, en la piedra blanca, en la superficie extremadamente lisa. Pero esta sensación de dolor aumentaba a medida que su exploración avanzaba. Algo la molestaba y comprendió que una fuerza sombría estaba presente aquí. Sus pequeños compañeros no se le separaban, emitían desde su llegada aquí, un ruido sordo de conchas que se entrechocan entre sí. De golpe, estos últimos se reagruparon delante de la sacerdotisa para formar una pared. Fue salvada por milagro, ya que una jabalina se hundió dentro de la pared, matando algunos escarabajos. La luz irregular de la antorcha le permitió discernir una criatura que se dirigía hacia ella. Un hombre, cuyas ropas desgarradas eran los de un gran sacerdote de Kehper, avanzó hacia ella a pasos vacilantes. Su aspecto monstruoso la sobresalto. Su piel estaba seca sobre sus huesos y su cabeza era la de una serpiente.

- ¡ Una maldición de Ayepth ! ¡ Es inmundo !

Los escarabajos se arremolinaban alrededor de Soraya para protegerla lo mejor posible. La reacción de esta última fue rápida y expeditiva. Muy enfurecido debido al sortilegio que lo poseia el sacerdote atacó,y Soraya hizo uso de la teúrgia. El combate entró en su climax, a cada golpe realizado por el sacerdote, ya sea por la teúrgia o por la intervención de los escarabajos, Soraya obligaba a la criatura a retroceder y su lentitud jugaba en su contra. La vieja espada herrumbrosa rozó cada vez con la joven mujer sin llegar a herirla jamás. La cabeza de serpiente gritaba locuras y promesas de una agonía eterna y de una muerte lenta. Pero al contrario de la criatura, Soraya tenía con ella la voluntad y el apoyo de un dios, lo que la hacía fuerte y poderosa. Por su parte, la criatura estaba muerta hace tiempo, no sentía pena, cólera o sufrimiento, sólo debia cumplir con su siniestra misión: matar a todo intruso. El cansancio de los últimos días se hizo notar en la joven mujer que resoplaba, su corazón latía a alta velocidad y el adversario ganó terreno. Delante del peligro, Kehperis abandonó temporalmente el combate para ir detrás del vaso canope tan deseado. Atraido como un imán, no tardó mucho en encontrar el emplazamiento del objeto. Rascó la arena, se coló entre las piedras y accedió por fin al vaso, que percutió con todas sus fuerzas con el fin de derribarlo. El vaso canope rodó, girando sobre si mismo, hasta que cayó, rompiendo la tapa de barro cocido. Una miríada de pequeños escarabajos verdes salieron de el y asolaron todo a su paso. Kehperis siguió a los escarabajos, que volvían al lugar del enfrentamiento. Los pequeños escarabajos sumergieron a la criatura que fue roída en poco tiempo y de la cual solo quedo el esqueleto. Soraya cayó de rodillas, postrandose ante la aparición de los escarabajos, reconociendo la presencia de Kehper.

- Mi vida le pertenece señor.

Kehperis se puso delante de ella y a traves de su intermediario el dios escarabajo le habló.

- Tu vida es preciosa sacerdotisa. Te agradezco por la ayuda que me brindaste. Eres aquella por la que todo va a comenzar de nuevo, este templo es en lo sucesivo el tuyo y P´tra volvera a ser aquella que fue. Pero antes de esto, habra que librar una nueva batalla.

- Haré según tu deseo.

- Debo regenerarme y mientras tanto, debes hacer un viaje largo hacia comarcas sin arena. Kehperis va a acompañarte y cuando te hayas reunido a los tuyos, me reuniré contigo. ¿ Comprendiste Soraya ?

- Sí señor.

- Entonces ponte en camino. El hambre, la sed y el cansancio te serán desconocidos, marcharás día y noche, nada podrá cortarte el paso, esa es mi voluntad.

La joven mujer se levantó y sin esperar dejó el lugar, seguida por sus compañeros escarabajos.

Varios días habían pasado. Soraya oía el canto de la piedra, la voz le pedía venir, ayudarle contra los infieles. Pasó la frontera de la tumba de los antepasados y por fin la piedra estuvo a la vista. Sentía toda esta energía divina que se extendía desde la piedra, purificando estas comarcas. Rodeó la piedra y llegó mientras que los nómadas se encontraban en dificultades. Una burbuja inmensa y mágica englobaba la piedra, Kehperis le pidió no ir allá. Ya era hora de llamar a Kehper.

La sacerdotisa tomó el escarabajo sagrado y habló en la lengua de sus antepasados. Imploraba a Kehper que veniera aquí, en este momento y a este lugar para restablecer la justicia y combatir a los que querían matarlos. Apoyó el escarabajo en el suelo y continuó su invocación. Ciertos Nómadas que se habían replegado, llegaron en aquel momento al lugar donde estaba la sacerdotisa. Eran perseguidos por algunos de sus adversarios. Comprendiendo lo que realizaba la joven mujer, sus compatriotas hicieron frente a sus agresores con el fin de protegerle lo mejor posible. Lodir partió una lanza de ámbar en dos, con su cimitarra, mientras que la Esfinge, determinada a desempeñar su papel, no cedió una onza de terreno. Los guardiánes del templo sufrían numerosas heridas pero se defendían con uñas y dientes. Esta piedra era suya y de nadie más. Sobrepasada por el número, la Esfinge se derrumbó en su propia sangre, su misión estaba concluida ya que Kehper apareció.

Un escarabajo más grande que una casa surgio en una tempestad de arena caliente. Soraya estaba en trance de pie sobre su espalda. De un cabezaso, la encarnación de este dios menor barrió a ambos Tipos de Hom' chaï como si nada. Luego el ritual de la piedra cesó, dejando por el suelo a los nómadas y a la esperanza de la coalición de gremios de una victoria definitiva. Pero en esta partida de fracasos, Sol´ra parecía llevar la delantera. Kehper concedió a la sacerdotisa el derecho de tomar parte de su energía divina. Soraya se concentró, visualizando a cada nómada del desierto. Una luz se escapó de ella y golpeó a todos los fieles de Sol´ra, curando instantáneamente sus heridas. Anryéna y los otros miembros del Compendio estaban agotados, el ritual les había costado mucha magia. Todo había funcionado bien, los nómadas estaban deshechos.

Pero un invitado de último momento acababa de poner todo “patas arriba” y era imposible para Anryéna el reactivar el ritual, no en estas condiciones por lo menos. Los Nómadas se ordenaron rápidamente y contraatacaron con celeridad, tomando de improviso a la coalición. Los miembros de Los Corazón de Savia se retiraron a la vista del escarabajo, símbolo de la muerte, para ellos. Gakyusha no pudo retener a sus tropas y perdio su estrategia. Kotoba apretó las filas, apoyado por los enviados de Noz' Dingard todavía en estado de combatir. Su estrategia, en lo sucesivo consistía en evitar las pérdidas y ponerse a cubierto. Al cabo de una hora de batalla la coalición fue rechazada lo más lejos posible de la piedra, para ellos La batalla de la Piedra estaba perdida.


Cronicas de la Kotoba: Jian Qiao y Sen´Ryaku

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El desenlace de la Batalla de la Piedra no fue favorable a la coalición de los gremios. Los Nómadas en presencia temporal de una encarnación divina se revelaron temibles. Cada gremio se replegó entonces hacia su patria respectiva con el fin de realizar un análisis de esta derrota y de reflexionar sobre sus acciones próximas. Por una razón que les era desconocida los Nómadas no persiguieron a los fugitivos sino que se quedaron junto a la Piedra Caida del Cielo. Kotoba encontró refugio en la pequeña ciudad de Okïa, situada en la frontera de la Tumba de los antepasados y del imperio de Xzia. Gakyusha, herido en la batalla, reposaba en casa del señor Ayao. El resto de los miembros de la Kotoba, que lo acompañaban fueron hospedados en el hostal “Kirin duerme”.

Por la ocasión, había mucha animación. Los habitantes empujados por la curiosidad se amontonaban en la entrada con el fin de escuchar las conversaciones a propósito de los últimos acontecimientos. Xin se había instalado, al lado de otros, en el fondo del cuarto principal. Amaya, Tsuro, Masamune y Sen´Ryaku platicaban sobre la batalla. Amaya siempre muy despreocupada quería devolver el favor, dandole “una patada en las nalgas " a los Nómadas, mientras que Masamune y Tsuro se concentraban en un examen minucioso del desarrollo de la batalla, con el fin de establecer una estrategia adecuada a futuro. Sen´Ryaku escuchaba los argumentos de unos y otros haciéndo su propio analisis. Tenía dudas en cuanto al futuro de esta guerra. Los Nómadas eran capaces de invocar seres superiores, el equivalente de los “Kamis” según su cultura. ¿ Y qué podría hacer ella, una simple mortal, contra los dioses ? Compartió con los demas su inquietud, agregando frialdad a un ambiente ya taciturno.

- ¡ No es tiempo de dudas, querida prima !

La voz fue lo bastante fuerte para que todo el mundo la escuchara. Apartando a los curiosos, una joven mujer vestida de ropaje amplio, blanco y rojo entró en el hostal. Su parentesco con Sen´Ryaku era evidente.

- ¡ Y bien ! ¿ No me saludan ?

Sen´Ryaku saltó a los brazos de su prima. Hay que reconocer que se encontraba verdaderamente sorprendida de verla aquí.

- ¡ Jian ! ¿ Que haces aquí ? Estas muy lejos de la casa de mi tío. El aspecto de Jian Qiao se ensombrecio repentinamente.

- ¡ Te contaré todo, pero ahora, dice mirando por turnos a Tsuro y Masamune, vengo para presentarme al Señor Imperial, porque recientemente fui nombrada miembro de la Kotoba !

Sen´Ryaku estalló de alegría y las dos jóvenes mujeres festejaron sin moderación.

- El Señor Imperial no se encuentra disponible por el momento, pero siendo su segundo, usted se presentará conmigo, cortó Tsuro.

Un " Hum... Hum... " ronco vino a perturbar el intercambio de cortesías. Detrás de Jian Qiao, en el paso de la puerta se encontraba un hombre vestido como un magistrado, luciendo el magatama del emperador. Por un momento Jian Quiao, lo habia olvidado totalmente, sin embargo esta persona era sumamente importante a los ojos del Regente imperial.

- ¡ Oh, euh, sí ! Él es el cronista imperial Sima Qian.

Al oir este nombre Tsuro, Masamune y Xïn que se habian levantado para la ocasión, se inclinaron respetuosamente.

- Veo que todavía quedan algunas personas que recuerdan el respeto que se debe demostrar a un cronista imperial, dice fulminando con la mirada a Jian Qiao y a su prima. El Señor Imperial sabrá de esta flagrante falta de disciplina en las filas de la Kotoba.

- ¿ Honorable Sima Qian, a que debemos el honor de su llegada ? Preguntó Tsuro.

- El Regente imperial desea que la historia de los miembros de la Kotoba sea conocida por el pueblo con el fin de devolverle la esperanza y las ansias de progreso. Voy a quedarme con ustedes para plasmar sus experiencias de vida.

Los miembros de la Kotoba se encontraron un poco desorientados con esta noticia. Ambas primas se adelantaron en conjunto, mostrandose voluntarias para comenzar con la tarea. Un poco despechada, Sima Qian aceptó.

- Bien, ya que hay que hacerlo, hagamoslo de una vez... El gerente del establecimiento dispusó de un espacio con el fin de que el cronista pudiera instalarse y tomar aliento antes de recibir a Jian Qiao y a Sen´Ryaku. Ambas mujeres se arrodillaron ante el viejo hombre y esperaron pacientemente, como lo requería la tradición, a que éste se les dirigiese.

- Repentinamente las encuentro muy tranquilas y respetuosas de las reglas de cortesía. Supongo que han sido sermoneadas por su superior. Ustedes pertenecen a la misma familia según las largas historias que me contó Jian Qiao, durante nuestro viaje hasta aquí.

El hombre se mostraba bastante exasperado mientras decia esto.

- Entonces, las escucho.

Jiain Qiao se aclaró la garganta.

- Nacimos en el pueblo de Ciam-oi donde nuestra familia vive desde hace tiempo. Ambas vimos la luz la misma noche, una noche de luna llena. Nuestros padres son hermanos y ellos también nacieron el mismo día y sus padres también eran hermanos. Como consecuencia de este destino extraordinario, tambien crecimos juntas. Muy rápidamente mostramos facultades particulares en las artes marciales y el manejo de las armas.

Al su lado, Sen´Ryaku matizaba las palabras de su prima con expresiones de su cara, yendo de la sonrisa a la risa discreta pasando por un entrecerrar interrogante de los ojos. Sima Qian tomaba nota de todo, con frases propias del romancero.

- Continúen, cuentenme sus hazañas.

Ambas primas buscaban una buena historia que contar, cuando Jian Qiao se acordó de un momento particular.

- ¿ Puede ser el ataque de los bandidos de los Montes del Perro Muerto ? Exclamó Jian Qiao a su prima.

- ¡ Sí sí ! Tu cuentas tan bien, esa historia.

La joven mujer saltó sobre sus dos pies con el fin de hacer poses e ilustrar la historia.

Era un día de verano, ese famoso verano cuando el río de nuestro pueblo casi se seca a causa del calor. Nuestros ancianos jamás habían vivido semejante período de sequía. Los cultivos y el ganado sufrían y el hambre acechaba a los más débiles de nosotros. Muchos hombres del pueblo partieron en busca de agua y alimento, dejando a los ancianos, las mujeres y los niños. Aquel día, los bandidos de los Montes del Perro Muerto decidieron venir a pillarnos... ¡ Grave error !

¡ Eran una treintena, estas cucarachas perdidas, y armadas hasta los dientes ! No sabían que allí estabamos mi prima y yo. Los previnimos: váyanse o perezcan. Se rieron, se burlaron y perecieron...

Jian Qiao imitó una escena de combate tomando posturas de arte marcial, peleándose contra bandoleros imaginarios. Simulaba cada rotura de hueso, esquivando cada golpe. Sen´Ryaku se levantó e hizo lo mismo.

- Habíamos puesto en tierra a estos malvados cuando el innoble Thang-ye cuya reputación en la región lo convertía en el peor ser existente sobre tierra, mostró su cara quemada. Pretendía que podía matar a un hombre de un solo golpe de puño y que su soplo era el del dragón.

Sen´Ryaku imitaba entonces a una persona horrible y saltó sobre Jian Qiao. Se efectuó un rápido combate entre las dos jóvenes mujeres, luego Sen´Ryaku fingió la derrota cayendo al suelo.

- ¡ No era nadie frente a nosotros ! Así es como los terribles bandoleros de los Montes del Perro Muerto fueron detenidos...

Ambas chicas aplaudieron, sonriéndose una a la otra.

- Muy bien, apasionante. ¿ Hay alguna otra ? Preguntó el cronista imperial.

Esta vez fue Sen´Ryaku quien tomó la palabra.

- Una vez hubo un gran incendio en el bosque bonzaï. ¿ Escucho hablar de él ?

Sima Qian sacudió la cabeza negativamente mientras que Jian Qiao tenía los ojos chispeantes de excitación.

- ¡ Sí, que momento increíble ! Mi prima y yo habíamos decidido que ya era hora de vivir nuestra propia vida, deseábamos ir a Meragi para probar fortuna y gloria. Habíamos marchado varios días cuando en el cielo apareció una negra humareda. Empujadas por la curiosidad fuimos a ver de qué se trataba. ¡ Y era el milenario bosque bonzaï de Mishima qué se consumía ! ¿ Imagine la escena ? ¡ Este místico lugar protegía árboles raros y animales únicos ! No lejos de allí, había un pueblo al borde de un río. Los habitantes estaban enloquecidos viendo el desastre. Pero nos pusimos manos a la obra. Jian Qiao tomó el mando del grupo más cercano al fuego y organizó una gran partida con el fin de extinguir esta fuerza de la naturaleza. ¡ Y allá fuimos ! Sen´Ryaku se acercó a Jian Qiao y a Sima Qian y cuchicheó. - Pero esto no termina ahi... El fuego no se había iniciado solo, había sido provocado y no por cualquiera. Huo había roto su prisión mística y había vuelto a provocar los mayores daños posibles.

Jian Qiao tomó el relevo de su prima.

- Buscaba problemas... y los encontró. Gracias a nuestro espíritu de estrategas, atrajimos a Huo hacia el río, en el cual lo sumergimos para destruirlo. Resultado de esto, terminamos con numerosas quemaduras, dice mostrando sus antebrazos cubiertos de viejas cicatrices. Sen Ryaku hizo lo mismo para probar su " buena fe ". El cronista imperial estaba silencioso, su pincel apeaba la hoja con flexibilidad y delicadeza. No había levantado la mirada, solo concentrado en la redacción de esta primera crónica. No dudó un segundo que todo lo que le contaban las jóvenes mujeres estaba adornado como era menester, al contar historias heroicas. Se endurecieron, esperando que les pidiera otra cosa. Sima Qian puso sus pequeñas gafas sobre la bandeja de madera donde escribía y su cara tomo un aire risueño.

- Sus historias están encantadoras, plenas de vida e increíbles. ¿ Pero qué hay del incidente Azawa ?

A la sola pronunciación del incidente, las primas lo miraron con ojos terribles, Azawa era para ellas la peor humillación posible, a sus ojos.

- Si se pudiera no hablar de ello, seria mejor. Lanzó Jian Qiao muy molesta y visiblemente tímida.

¿ Por qué no hablaríamos de él ? Después de todo, esa misión fue un éxito.

Pero la situación no fue para nada ventajosa. ¿ No hace falta que el pueblo guarde una buena imagen de los miembros de la Kotoba ?


Sen´Ryaku no decía nada. Recordaba muy bien esta misión dónde su prima y ella fueron enviadas para conseguir informacion acerca de un señor Azawa. En esa ocasión fueron obligadas a vestirse " de señoritas " con maquillaje, peinado y quimono tal como lo exigía la tradición. Su mascarada fue descubierta en el momento en el cual obtenían la información y un desemboco en un enfrentamiento que tuvo lugar en los jardines de la morada del señor Azawa, delante de un gran numero de invitados, entre los que se encontraba el señor Gakyusha, supervisor de la misión. Sen´Ryaku y Jian Qiao no se encontraban comodas de pelearse en su atavío y acabaron por encontrarse en paños menores, delante de todo el mundo...

- Usted tiene razón, pasemos por alto esta historia, ya tengo suficiente material para mi cronica. Ustedes pueden dejarme ahora, voy a terminar el relato.

Las primas no se hicieron rogar, contentas con no tener que contar esta historia detalladamente.

- Crees que comprendió, que le habían contado cualquier cosa. Se inquietaba Jian Qiao.

- A mi parecer, habrá escuchado otras historias traidas de los pelos.

- Puede ser, en todo caso, era muy gracioso...

Tras el rastro del Comepiedras

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Anryéna, Sevylath y El Rey Trueno habían desaparecido repentinamente delante de los rostros boquiabiertos de Granizardo y sus compañeros. Esto fue tan súbito que tardaron algunos momentos antes de recuperar el sentido. Ergue examinó el suelo y su estructura para ver si nada era "anormal".

¡ Pouah ! ¡ Es por esto que no me gusta la magia ! ¡ Es demasiado inestable ! ¡ Ahora, si que estamos bien ! Ergue estaba bastante enervado por la situación. Le habría gustado saber exactamente quién era este personaje y tener una recompensa a la altura de la batalla librada.

- Ergue, si sucedio esto, por algo será. Hacemos mal en quedarnos aquí, ya es hora de continuar, ordenó Granizardo después de una rápida revisión del templo.

Ojo de gema no se hizo rogar y fue la primera en salir corriendo del templo, al cual habia incluido en la categoría " lugares que no volvere a pisar ". Era el primer golpe animico que sufria el grupo. Hasta ese momento, se encontraban animados por la misión, pero alli empezaron las dudas. Algunos días después de la desaparición de Anryéna, estas tomaron cuerpo. Recorrían los Confines sin ninguna idea certera, de adonde debian ir o al menos a que se parecia el famoso Comepiedras al cual buscaban en vano. Un bello día, Malyss no aguantó más y se quebró

- ¡ De hecho, Granizado, no sabes nada en absoluto y nos paseas para evitar regresar a tu prisión ! ¡ Te valiste de nosotros para liberarte !

El Daïs inclinó la cabeza, contrariado por el cuestionamiento sobre su honradez y los fundamentos de la misión.

- ¿ Cuervo, tienes la memoria un poco corta, sabes que las tierras de Guem peligran ? Los bosques ancestrales de los Eltarites son amenazados y nuestra unica esperanza es encontrar al Comepiedras, replicó Granizardo

La tensión aumentó rápidamente. Sumados Ergue y Ojo de gema que no eran particularmente diplomáticos, pronto la situación se volvió crítica. Fue un viajero, como ellos, quien interrumpió las hostilidades. Un joven hombre se acercó por el mismo camino que seguia el grupo. Su atavío no recordaba a nada conocido. Cuando vio a la pequeña tropa, se detuvo al borde del camino no muy lejos de ellos y se instaló para alimentarse, sin mas cuidados. Granizardo dejó el grupo y fue al encuentro del joven hombre que lo recibió con una sonrisa franca.

- Disculpas por molestarlo, pero debo reconocer que estamos perdidos.

- Buenas tardes Daïs, escuche su disputa.

- ¿ Usted sabe de que raza soy ?

- Hay gente de su raza en los Confines. Pero se ve que no conoce bastante de este continente. ¿ Cómo podrían, ya que ustedes están perdidos ?

El chico revolvió su bolsa y sacó un pergamino bastante grueso. Lo desplegó con precaución y descubrió un mapa groseramente dibujado.

- Estamos aquí, dice apuntando el dedo a una parte del mapa. Hay varios caminos que llevan a diferentes pequeñas ciudades. La más próxima de aqui, esta a algunos días de marcha. ¿ Posiblemente deberían comenzar por ahí ? Tenga, tómelo, yo se lo regalo.

Granizardo regresó cerca de los otros aventureros y los anoticio del descubrimiento del mapa.

- ¡ Vamos ! Lanzó Ojo de gema, encantada que hubiera una ciudad no muy lejos.

- ¡ No ! Vayamos en otra dirección. Cuanto más gente se cruce en nuestro camino, más arriesgamos nuestra misión, añadió Malyss enervado.

- No era él, el que nos charlataneaba, dice Ergue con aire suspicaz

El Zil tomó el mapa y trató de descifrar los símbolos inscritos en él, sin éxito. Todo esto reactivó el debate y las disputas prosiguieron cada vez más, delante de la mirada incrédula del joven hombre. Al final de la tarde, no habian tomado ninguna decisión y el campamento se sumio en un ambiente taciturno y eléctrico. Granizardo invitó al viajero a que se les uniera, después de todo era mejor contar con su compañía para sobrellevar el momento tan poco agradable. Era tambien una ocasión propicia para que el grupo aprendiera algo mas sobre los Confines.

- Gracias por acogerme entre ustedes, siempre es más agradable compartir las noches con alguien. Es raro cruzarse con otras personas en los caminos.

El joven hombre echó en el fuego un puñado de nueces extrañas, antes de proseguir.

- Los habitantes de las tierras de Guem no tienen ninguna idea de lo que son los Confines, ni donde se sitúan. Pero puede ser que esto no les interese, no voy atestarle de mis cuentos.

Después de haber hecho un pequeño gesto con la mano, las nueces que se calentaban en el fuego se elevaron en los aires para aterrizar delante del chico. Las peló con dificultad, al estar calientes y luego se tragó su contenido. Tal como niños, Ergue y Ojo de gema pidieron al joven hombre, si no tenía mas de esas nueces. Les dio algunas, antes de enrollarse en una manta.

- ¿ Cuál es su nombre? Preguntó Granizardo.

- Ciramor, le respondió. Buenas noches "Granizardo".

- ¡ Espere ! Usted debía hablarnos de los Confines, cortó Malyss.

- Sera en otra ocasión, estoy cansado. Guarde con paciencia, su ansiedad.

El Cuervo protestó algunos instantes y se fue a dar un paseo, este día decididamente no era el mejor. Desviado y descontento, Malyss trazó rápidamente un plan, no olvidemos que hablamos de un miembro del clan del Cuervo. Ergue también suspicaz, se unió al mago para discutir sobre este encuentro.

- ¿ Crees que nos esconde algo, Malyss?

- Estoy seguro. Este lugar me pone nervioso y pienso que este chico no es un simple viajero. ¿ En todo caso, demuestra conocer el lugar, y si acaso nos indica un camino falso?

- ¡ Dices cualquier cosa ! Ojo de gema interrumpió la discusión. ¿ Ustedes no tienen nada más que hacer que andar de charlataneria ? El caso es que se trata de un viajero, mañana nos dirá más sobre lo que sabe, pero mientras esperamos, durmamos, nuestra búsqueda esta lejos de terminar. Malyss y Ergue no dijeron nada más, pero la disensión en el seno del grupo aumentaba un poco más a cada instante.

Al día siguiente, el sol perforaba las nubes y sus rayos golpeaban los cristales diseminados sobre la multitud de islotes de los Confines. Mientras que Malyss, Ergue y Ojo de gema todavía dormían, Granizardo sacaba provecho de un momento de tregua para discutir con su improvisado compañero. Habiéndose levantado muy temprano, el Daïs utilizó sus dones mágicos para adivinar la naturaleza de Ciramor. Y el resultado fue muy sorprendente, detectó en él una magia muy poderosa.

- ¿ Usted sabía que éstabamos allí, cierto?

- A decir verdad, sí, sentí su presencia desde su llegada a los Confines.

- ¿ Entonces quién es ? ¿ Debemos temer algo de usted ?

El joven hombre se rió

- No no, realmente viajo y esperaba encontrar a otras personas para evitar ser el único en estas tierras.

" No me dice todo " pensó, " Si la palabra no basta para soltar las lenguas, voy a entrar en acción ". Con rapidez desenvainó su daga y se puso en guardia. Ciramor se levantó y se desplazó lentamente levantando las manos en signo de paz.

- ¡ Le prometo que no le hare ningún mal ! Si procurara perjudicarle, habría muerto por la noche.

- Usted posiblemente no procura matarnos, sino que usted quiere algo más.

Ciramor se colocó para tener el sol detrás, Granizardo fue deslumbrado y la magia de su opositor se puso manos a la obra. Los ropas de Ciramor cambiaron, y una máscara apareció sobre su cara. Realizó entonces un sortilegio que paralizó inmediatamente a su adversario antes de que éste hubiera tenido tiempo de reaccionar.

- Ahora que usted no puede herir a nadie, sabe que yo...

Pero fue interrumpido por Malyss que lo atacó sin hacerse rogar. Un cara a cara se desató. Ciramor intentó dar a entender al Cuervo que esto era sólo para protegerse, pero esto no detuvo al Cuervo quien acudió a toda su magia. El duelo no duró mucho tiempo, Malyss soltó su frustración y su cólera. Pero Ciramor se reveló temible, su magia no era la misma que la practicada en las tierras de Guem. Su apariencia volvió a ser la del joven chico, la máscara se difuminó. Plantó entonces su palo en la tierra, luego de un gesto flexible abrió un libro que apareció de la nada. Malyss sacó provecho de eso para jugar sus últimas cartas y lanzó los sortilegios más negros de las artes del Cuervo. El palo encantado protegía al chico y nada podia tocarlo. Por fin, después de haber leído algunas líneas, el viajero chascó su libro y con ello puso fin al duelo, porque en ese instante Malyss no tuvo mas ganas de enfrentarse con Ciramor. Toda su cólera y su confusión se habían disipado de su espíritu. Granizardo era libre nuevamente, pero tampoco sentia la necesidad de oponérse a Ciramor. Este último recuperó su palo emitiendo un suspiro de exasperación.

- Voy a darles respuestas. Pero antes de eso, sepan que para encontrar al Comepiedras van a tener que ser solidarios y formar a un equipo verdadero, sino nunca llegarán allá. Sentemosnos para hablar de eso, todavía tengo algunas nueces de Zyx, que ustedes parecian apreciar.

Después de haberse instalado alrededor del fuego, Ciramor lanzó algunas nueces en las brasas y comenzó su historia.

En otro tiempo, este continente se parecía mucho a aquel de dónde ustedes vienen. Pero hombres en nombre de una divinidad desconocida atacaron y una guerra estalló. Convertidas en campos de batalla de esta guerra, las tierras se pulverizaron, formando grietas inmensas, fallas y otras grietas. Los Confines deben su salvación sólamente a una persona. Ustedes ciertamente la conocen , también contribuyó a la salvaguardia de las tierras de Guem, hablo de Eredan.

Los cuatro viajeros de las tierras de Guem estaban pendientes de las palabras de Ciramor. No describía gran cosa, pero si todo era verdad, Eredan todavía tenia muchos secretos por develar.

- Veo sus caras interrogantes. ¿ Que saben sobre Eredan ?

- Sé solo que gracias a él, fue que Nehant ha sido vencido, pero que en respuesta a esto desapareció sin que ninguno sepa dónde se fue, explicó Ergue pelando una nuez.

Y con razón, en ese momento respondió a un grito de socorro de los habitantes de estas tierras. No lograban rechazar a los invasores. El mismo Eredan tambaleo de dolor al resistir sólo frente a esta amenaza, y entonces creó una criatura capaz de comprender y resistir a la magia de los invasores, ustedes le llaman Comepiedras pero en ese tiempo, allí, llevaba otro nombre. En el momento, de una última batalla, las tierras temblaron y explotaron en millares de islotes que se fueron a flotar por los aires. ¿ Eredan, el Comepiedras y los pueblos de aquel continente que se convirtio en los Confines habían ganado, pero a que precio ? Golpeado por una extraña aflicción, Eredan moriría a fuego lento, por ello se propuso legarles su saber y la guardia del Comepiedras a ciertas personas a las que habría escogido.

- ¿ Usted es una de estas personas ? Afirmó Granizardo.

- Mi maestro, hoy desaparecido era uno de los discípulos de Eredan.

- ¿ Y justamente, que se hizo de Eredan ? Preguntó Malyss.

- Suponemos que murió, pero no estamos seguros de eso porque aunque terriblemente enfermo quiso irse de nuevo. Dónde se fue, nadie lo sabe.

- ¡ Es una historia increíble! Esto bien vale la leyenda del Titán, Tengo aquí una aventura que voy a poder contarle a la tripulación.

- Ahora que ustedes saben más, es su turno de darme informaciones de las que carezco. ¿ Por qué buscan al Comepiedras ?

- En nuestro hogar, el Comepiedras es una leyenda, esta criatura sería capaz de comer los cristales mágicos más poderosos. El caso es que un meteoro se estrelló en tierras de Guem y desde entonces gente venida del desierto, con poderes desconocidos nos atacaron y defienden esta piedra caida del cielo. Escuchando su cuento tengo miedo en ver que la historia se repite.

- Interesante, pero en mi historia no había meteoro.

Ciramor miraba las llamas, los ojos en el vacío. Varios sentimientos se entremezclaban.

- Voy a ayudarles a encontrar al Comepiedras, pero debo prevenirles, hará falta que ustedes sean muy unidos en las pruebas que van a presentárseles. Eredan no dejó al Comepiedras al alcance de cualquiera. Su compromiso será sometido a un test, la cuestión es entonces: ¿ piensan estar a la altura de esta tarea ?

Resurgencia

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Capitulo 1: Dimizar

Esta historia se desarrolla antes de la caída de la piedra a las tierras de Guem, a los pies de los montes negros cercanos a Tantad. El hombre marchaba a paso inestable, sus lágrimas golpeaban tan pesadamente el suelo como la pena que invadía su corazón magullado. Ya no sabía dónde iba y repetidas veces estuvo a punto de caer. Pero nada hubiera podido hacerlo soltar el cuerpo inerte que llevaba. La pena primaba por sobre todas las demás emociones y su razón. Marchó largas horas, perdido en lugares donde nadie se atrevía a aventurarse. En plena noche, casi exhausto, se encontró delante de una caleta donde danzaban las luciérnagas. Depositó afectuosamente a la mujer a la cual habia sido unido. Ya las lágrimas habían cesado, ahora su cara se deformaba por terribles sollozos. Con su mano cubierta de rasguños acarició la cara y besó los párpados de la mujer para despedirse de ella.

- ¿ Podrás, allí dónde vas, perdonar mi debilidad y mi impotencia para encontrar el mal que te aquejaba? Te quedarás para siempre en el fondo de mi corazón.

Tomó luego una piedra y la puso cerca de su mujer, luego la segunda, y asi sucesivamente hasta que la tumba estuvo concluida finalmente. La noche se acercaba y el cansancio moral y físico hicieron presa del hombre. Se durmió, quebrantado para siempre.

- Dimizaaaar... Dimizaaar... ¡ No es tu culpa, no tienes nada que ver ! ¡ Ha sido el ensalmador qué no hizo nada !

En el sueño, el hombre revivía, una y otra vez, los peores momentos de su corta vida. El momento cuando por falta de dinero, nadie lo ayudó y por razones políticas su familia se encontró marginada de su comunidad. La cara de su mujer al principio alegre y plena de vida, y que luego se fue marchitando con la enfermedad que carcomia lentamente su espíritu desgarrado. Se despertó sudoroso. Comprendiendo que todo esto era muy real, volvió a llorar.

- Se fuerte Dimizar, es momento de dar vuelta la cara y mirar hacia el futuro.

¿ De donde venía esa voz ? No había nada excepto él y la tumba de su mujer. Con su cuerpo semi-adormecido se levantó como pudo y examinó los alrededores con sospecha. Fue a dar con una entrada, en parte escondida por malezas, y que daba a un pasaje en la roca. En tiempos normales no se habría aventurado, en un lugar así, de noche y en medio de la nada. ¿ Pero qué tenía que perder además de su propia vida que para él no tenía más sentido? Esta cueva probablemente habia sido tallada por la mano del hombre, porque había varias escaleras que subían a través de la montaña. El hombre no veía muy bien, pero sin importar esto, al cabo de un rato encontró su camino en este laberinto de pasillos sombríos y húmedos. ¿ Cuánto tiempo transcurrió ? No sabía, y se burlaba de esto porque de cualquier modo jamás regresaría a la ciudad que lo había rechazado. Una débil luz le señaló la salida, que desembocaba en un lugar que lo sorprendió. ¿ Todavía soñaba ? Delante de él se levantaba una inmensa casa solariega construida de piedras grises, muy sombrías. El edificio dominaba lo que debió ser un jardín grandioso, hoy yermo. Por todas partes los cristales sombríos se iluminaban con una débil luz. Lo más notable era el paisaje alrededor de la casa solariega. De manera extraña se sintió muy bien aquí, como si esta casa solariega lo estuviera esperando.

- Entra pues, estás en tu casa, cuchicheó de nuevo esa voz, como un eco que resonaba en su cabeza.

El interior estaba arruinado. Los muebles estaban recubiertos con un polvo fino y negro y generaciones de arañas habían contribuido a la creación de una tela gigantesca que recorría el edificio. Las pequeñas criaturas evitaron al hombre que venía para perturbarles su despreocupada vida. Las escaleras rechinaron, amenazando con ceder a cada paso. El estilo allí era muy diferente a los que conocía, todo allí era, tortuoso, desmesurado, negro. El hombre llegó a una oficina que fue devastada en otro tiempo. Hojas de pergaminos se mezclaban al polvo. La persona que vivío allí debío ser alguien extremadamente culto a juzgar por los títulos de los libros que cubrían el suelo: Cristalomancia antigua, Pyrocratia - La era de la Reina-rubí y otros libros mágicos.

- ¡ El escritorio, Dimizar, el escritorio !

Relativamente intacto, el mueble estaba cubierto de cortaduras, como rasguños. Los cajones estaban dispersados a través del cuarto. Sus dedos recorrieron el fondo de la bandeja y se pararon sobre un picaporte, que accionó de un golpe seco. Un faldón de la biblioteca, en el fondo del cuarto, pivotó con un ruido sordo, abriéndose hacia una escalera en caracol. Interminable, el pasaje acababa por desembocar en un gran cuarto tallado en la roca, alumbrado por extraños cristales esféricos. Gemas negras pulidas sobresalían por todas partes, por debajo de símbolos de gran tamaño grabados en la roca. En medio de éstos se encontraba una persona, o más bien un cadáver en el estado de esqueleto. Alargado en posición fetal, el esqueleto apretaba algo en sus manos. Empujado por la curiosidad el hombre se acercó y vio el objeto, una piedra negra en la cual estaba grabado un símbolo particular que se repetía por todas partes en la casa solariega y en esta cueva.

- ¡ Esa piedra es tuya Dimizar, tomala !

Todavía esa voz, pero esta vez el hombre tenía la impresión de que venía de un lugar próximo. Escuchó y tomó la piedra. Inmediatamente el hombre se sintió invadido por algo, una fuerza importante y primaria, destructiva y furiosa. El amor, la compasión, los remordimientos... Todos estos sentimientos desaparecieron como barridos al vacio. Después de haber recuperado el sentido comprendió que no sería nunca más el mismo, pero esto no le importaba, al contrario, la memoria de sus desgracias estaba demasiado presente. Miró el cuarto, sus ojos se pararon sobre un pupitre donde reposaba un libro cerrado. Se acercó a el. La cubierta se encontraba bajo una capa espesa de polvo que apartó con un gesto de la mano. Sobre la página de guardia, una escritura fina y resueltamente gótica inscribia " Periódico de Zejabel ".

- Zejabel, este nombre no me es desconocido. Decia en voz alta mientras comenzaba a girar las páginas para leer el contenido.

Capitulo 2 : Zejabel y el Espejo

Días después. Dimizar había leído el diario completo. Contenía la vida de Zejabel, de cómo había conocido y seguido a Néhant, su investigación sobre la magia y de la información sobre la historia de la tierra de Guem en sus tiempos. La última sección del diario fascinó a Dimizar. El lugarteniente le contó a Nehant los últimos vénetos que conllevaron al oscuro final de la guerra.

“Estábamos tan cerca. La victoria era nuestra y Nehant se convertiría en el maestro de la tierra de Guem. ¿Qué sucedió, cómo llegó la situación hasta este punto? Uno a uno fueron cayendo los terratenientes de Nehant. Nosotros, los que transformamos a las legiones de la cuidad en la civilización más poderosa. Luego el profeta de la maldad profesó las palabras del dragón y poco a poco los perros comenzaron a morder y a luchar contra sus amos. Se organizaron y se encontró Eredan, por esto hemos perdido todos los frentes.

Amidaraxar, el más poderoso de nosotros estaba encerrado y las almas flageladas de Xorzar fueron enviadas al limbo”

Más tarde...

“No siento el poder de Néhant, ya no me habla y parece haber desaparecido. Fui a la mansión, uno de los pocos lugares libres de ese maldito profeta. Sé que él me está buscando y me encontrará pronto si no encuentro una manera de escapar.”

Al final, Dimizar encuentra en el libro una carta compuesta de varias hojas.

“Tú eres el elegido por quién todo empezará de nuevo. Si lees esta carta es porque no has sido destruido por el hechizo que protege mi diario. Por esto tú posees mi corazón de hierro, el cual te pertenece. Pasé días y noches sin que el profeta me encontrara. La solución vino hacia mí a través de nehant y lo que le sucedió. Porque ellos están siendo encarcelados en una roca y luego sellados. Seguí el camino y encontré una manera de sellar mi alma, todo mi conocimiento y mi magia, en una roca. Tú eres yo y yo soy tú. Hoy mientras lees estas líneas deberías sentir lo impactante de este ritual y los numerosos cambios. Restos que se verán si apoyas mi poder y si no eres consumido. Es tiempo para la venganza, es tiempo de reformar los rangos y marchar en contra de los nuevos enemigos de Néhant. Ahora es tiempo de dejar mi vida mortal para descansar un momento. En esta carta encontrarás la ubicación del espejo que yo Néhant he escondido de todos en esta mansión. También encontrarás mi magia, lo que te convertirá en mi heredero.

Zejabel”.


Dimizar se inquietó con esa carta. Por supuesto que él podía sentir los cambios que ocurrían en él. Descubrió poder y el conocimiento que no imaginaba y por ello su forma de pensar ya no era la misma. Sin embargo, eso no le molestó, como sea, él vio la manera de vengar a quienes lo rechazaron, llevando a la muerte de su esposa. Examinó las otras hojas que resultaron ser las claves mágicas. Instintivamente recitó los encantamientos, liberando lo que estaba previamente sellado. Era como si la mansión estuviera despertando poco a poco, como si tuviera una conciencia propia.

- Ven a mí ahora, Dimizar.

Y nuevamente la misma voz estaba en la habitación. Se dirigió rápidamente y vió un pedazo de pared colapsada, revelando un largo espejo decorado con un marco tallado. Dimizar se acercó y sonrió sin saber por qué. Vio el reflejo de un hombre distinto y marcada por su vida pasada. Su barba era abundante y decidió que necesitaba un cambio. Luego el reflejo cambió gradualmente para mostrar una apariencia un poco más odiosa, con las mismas ropas del mismo tamaño. Pero la cara, era la de un demonio, se pasó la mano por la cara para estar seguro, nada había cambiado. Esta imagen no era suya.

- Tú eres Néhant?

- Si me nombras así, entonces seré Néhant.

Dimizar se inclino respetuosamente

- Yo soy tu ciervo obediente, dame una orden y obedeceré.

- Bueno, bueno, bueno, empezaremos con convertirte en un real Néhantista.

Capitulo 3 : Profeta

Varios meses después Dimizar obtuvo mucho poder y obtuvo su venganza. Experimentando con sus poderes maléficos fue hacia su antigua aldea y sólo regresó cuando todos los habitantes estuvieran bajo su control. Ahora, esclavos a la voluntad de Dimizar, su nuevo hogar era la mansión de Zejabel. Le dieron un nuevo aspecto. Mientras tanto el nuevo maestro de la casa pasaba su tiempo pensando en cómo ocultar la mansión de los ojos del Profeta. Ya que luego de una pequeña investigación resultó que él aún estaba vivo y representaba una pequeña amenaza para Dimizar y sus miñones.


Muy lejos, El profeta escrutiñaba un cristal muy cuidadosamente. Al lado de él un libro flotaba en el aire. El cabecilla de Noz’Dingard lentamente daba vuelta la página. Había pasado tiempo desde que el profeta del cristal osmótico había establecido que después de la guerra con Nehánt se detectaba un raro disturbio mágico. Intrigado, el hijo Anryéna pasó todo su tiempo libre para encontrar una explicación a esto. Mientras pasaban los días, la disrupción se intensificaba aún más, causándole disturbios. Finalmente, le llegaron noticias. Una aldea había perdido todos sus habitantes.


Desaparecieron sin dejar rastro. El señor de las tierras donde ocurrió este evento no tenía ninguna explicación. Sin embargo, el profeta sabía la respuesta hace mucho tiempo. Las memorias no le eran tan lejanas para alguien como él, quién tenía la vida más larga que otros. La desaparición de esta gente es probablemente obra de un sirviente de Néhant. Pero no estaba seguro que pudiera verlo.


Dimizar sabía que había atraído el ojo del enemigo directamente a ese lugar del mundo. Pero había aplicado un principio simple: Ningún atentado ocurre sin que él lo prevea. Él anticipó que sus enemigos, entre ellos el profeta, se verían atraídos a esa región. Luego finalizó el ocultamiento de la mansión, haciéndola invisible para quién no ha sido iniciado.

En las afueras, el profeta subestimó el diario, sin sospechar que en un segundo podría ocurrir lo que vio hace tiempo atrás. Pasó días en su búsqueda, revisando, analizando las calles, casas o cualquier señal mágica. Pero no había nada, ninguna pista, lo que lo perturbaba cada vez más porque a esa altura debería haber encontrado algo, aunque sea un tipo de manifestación mágica. En esta caso… la nada misma. Un Néhanista había estado ahí, esa era la única certeza que él tenía en ese momento.

Volvió a Noz’Dingard, para seguir monitoreando la sospechosa actividad mágica.


Infortunadamente para el profeta, el destino tenía otros planes, porque la piedra cayó del cielo y Dimizar completó la protección de la mansión.

Capítulo 4: El Plan

- Dimizar…Dimizar

La voz susurraba en la mansión.

- Ha comenzado.

El Néhantista bajó las escaleras con la certeza de que un cambio iba a irrumpir en el mundo. Una vez que la cueva del espejo irradió la oscura luz roja, símbolo de Néhant. Dimizar se paró frente a su distorsionado reflejo,

- Las estrellas han anunciado el cambio. Una meteoro caerá en el lugar donde todas las fuerzas se encontrarán y competirán.

Dimizar percibió una oportunidad.

- El meteoro no nos interesa, pero sirve como un factor distractor para armar un plan de ataque. Debes ocuparte de encontrar una manera de eliminar a quién puede detenernos, el Profeta. Para eso, pide ayuda a Zil, entre ellos hay gente que pueden servirnos para la causa.

- Bueno, creo que contactaré a esa gente.

El espejo reflejaba a una versión inerte de Dimizar. El plan ya estaba formulado y los preparativos se veian muy prometedores. Para él, era tiempo de marcharse de la mansión de Zejabel e ir hacia los caminos. Pero antes de eso, todavía le quedaba una cosa por hacer. Llamar a las tropas.

El primero en regresar de la tierra de Guem era el Comedor de Almas, en los asuntos de Zejabel eran pocos los objetivos que lo inspiraban a hacer algo. Pero leyendo algunos escritos aprendió la naturaleza exacta de las creaturas que conformaron el ejército de Néhant: los demonios. Con una de las piedras en la caja, el Néhantista podía invocar este demonio. Él no dudo en tratar. Los esclavos terminaron de colocar las velas en el suelo de la cueva donde Dimizar los condujo. En el escritorio, donde había encontrado el diario, puso un libro escrito en un lenguaje que entendía sin siquiera haber aprendido el idioma. Leyó rápidamente los pasajes importantes para asegurarse de lo que iba a decir, luego colocó la piedra en el centro del símbolo de Néhant quemado en el suelo.

- Tú en las entrañas de la tierra, escondido de los ojos de los mortales, escucha las plegarias de este sirviente de Néhant. La piedra se encendió, fusionando magia.

- Tú estás sufriendo, eres el problema.

La piedra comenzó a levitar.

- Tú, que a pesar de los gritos en prisión , aún puedes escuchar mi voz. Tú eres el devorador de almas que yo convoco. Rompe las barreras que están en tu camino.

La energía mágica que rodeaba la piedra se intensificó y comenzó a tomar una vaga forma de un humanoide.

- Devorador de almas, forma tu cuerpo y ve al campo de batalla nuevamente.

Ahora su forma se solidificó completamente. El demonio tenía largos cuernos de cristal y su piel era oscura, lo que se podía ver dentro de su cuerpo parecía lava.

- Eres tú Zejabel, quién me llama?

Dimizar se acercó sin miedo alguno.

- No exactamente, pero él me considera su heredero.

- Yo sólo sirvo a Zejabel, mequetrefe!

- Ah? Supongo que debo demostrarte que lo que digo es verdad – dijo Dimizar muy calmado, lo que es sorprendente para una persona que está cara a cara con un demonio.

El Néhanista sintió la piedra, que era claramente visible en el centro del cinturón del devorador de almas. La conexión que salió de esta fue hacia el corazón de piedra de Dimizar. La conexión era demasiado pequeña para que el demonio pudiera sentirla. Era necesario reactivarlo, tarea fácil para él. Tomó su piedra y se concentró en la conexión. El demonio gritó cuando se dio cuenta de que no estaba bromeando. Todo esto sucedió rápidamente, el demonio no tuvo tiempo de reaccionar: ahora, estaba atado.

- Bien, ahora que hemos aclarado este pequeño malentendido podemos seguir adelante.

Luego de unos días, la prisión de la gran ciudad de Archopolis, la más Este de Tandad, Dimizar se paró frente una gruesa puerta de madera donde una creatura esperaba ser ejecutada por los daños que había causado. El Néhanista no dañó las mentes inferiores que se cruzaron en su camino. El alcaide, que ahora era su marioneta, abrió la puerta.

- Dame las llaves y abandona la guardia en la puerta, si alguien pregunta cualquier cosa, inventa una explicación.

Habla más fuerte.

- Hablaré contigo. No quiero causarte ningún daño, pero si tratas de hacer algo… será bajo tu responsabilidad.

Mientras decía esto abrió la puerta y se metió dentro. La creatura era una mujer, pero por su apariencia se podría decir que había sido cazada durante toda su vida. Sus ojos dorados brillaban en la oscuridad, su piel era negra como la oscuridad y en la punta de sus dedos, habían pequeñas garras. Miró a Dimizar temblorosamente y con lágrimas en los ojos.

- Gracias… No he hecho nada señor, No tenía intención, lo prometo. Dimizar rió.

- Eres una buena actriz, pero yo se lo que eres, tus sentimientos, tu personalidad. Necesito a alguien como tú, Prometo que tus habilidades serán bien usadas y no te arrepentirás.

La joven mujer dejó de llorar, su actitud había cambiado completamente.

- Con tal de salir de aquí, haré lo que sea… matar, robar o herir a personas.

- Excelente. Cuál es tu nombre?

- Soy Anagrama

- Un nombre falso, supongo.

- Obviamente, que harás?

- Perfecto, sencillamente perfecto. Vámonos, tenemos cosas que hacer.

Al día siguiente, no lejos de Archopolis en un bosque que ha experimentado múltiples y horrorosos incendios, Anagrama y Dimizar conocieron a aquellos que serían la perdición del Profeta. Las conocieron cerca de una casa rodante pintada en morado y negro. Dos chicas con ropas excéntricas y piel oscura, quienes estaban discutiendo con un hombre que llevaba una máscara de metal. Cuando Dimizar y Anagrama se acercaron ellos dejaron de hablar, ansiosos al ver la llegada de los nuevos invitados.

- Han verificado que nadie los haya seguido? Dijo Dimizar sin saludar.

El de la máscara se inclinó respetuosamente.

- Maestro, gracias por poner interés en nosotros. No hay de qué preocuparse, podemos hablar sin temor.

- Perfecto. Escuche de tus talentos como orador, máscara de hierro, Te necesito para una misión muy especial. Pero hablaremos de ellos después.

- Me enseñaras lo que sabes?

- Lo haré, pero primero prueba que eres digno de ese honor - dijo Dimizar con un tono un poco irritado.

Anagrama miraba a las dos chicas, el parecido entre ellas era perturbador. Selene y Silene estaban encantadas de conocerla, le tenían un poco de envidia a Anagrama. Aunque ellas tenían una conexión síquica, había una gran diferencia entre ambas. Las hermanas de Zil eran sombras de Guemelite y Anagrama era Néhant Guemelite, lo que era parecido, pero la diferencia era muy importante para las hermanas.

- En cuanto a ustedes mis queridas Damas, tengo una misión importante para ustedes dos. Quiero que se acerquen lo más discretamente posible a Zil. Cuando lo hagan, avísenme, luego iré con ustedes. Háganlo y serán bien recompensadas. Creo que saben lo que quiero y desde ya puedo decirles que es posible.

Las dos mujeres estaban muy emocionadas y llenas de dicha.

- Espero que se den cuenta de que lo que va a suceder es muy importante, por lo que necesito que esto sea un éxito. El fracaso no está permitido, ni para ustedes, ni para mi, que quede claro para todos. El futuro abarca dos destinos: Muerte o Victoria. Ahora hablaré en privado con máscara de hierro, déjennos – le dijo a Silene, Selene y Anagrama tomaron la oportunidad para hablar.

Cuando estuvo a solas con Dimizar, máscara de hierro se quitó la máscara que cubría su cara.

- Entiendo por qué la usas. Algún día ya no tendrás que esconderla, pero hasta entonces tenemos mucho trabajo. Nuestros enemigos son numerosos y no puedo ocuparme de todos ellos, tenemos que actuar en todas partes.

- Que es exactamente lo que quieres que haga?

- Primero quiero que estés pendiente de lo que sucede políticamente en la actualidad. Quiero saber qué es lo que come el emperador o qué es lo que discute con sus concejales, Sé lo del plan de los draconianos.

- Considéralo hecho.

Máscara de hierro, dudó y luego resumió

- Estás armando un ejército que aplastará a estas cucarachas?

- Las cosas están marchando, pero prefiero mantener un bajo perfil y colocar las piezas del puzle donde debo ponerlas. Sin embargo nuestras filas crecen rápidamente, especialmente entre aquellos que no sospechan nada. Entrégame tu corazón de piedra. El de la máscara de hierro se la presentó con preocupación.

- No te preocupes, necesito que tengas tu voluntad propia. Marcaré tu piedra, nos unirá a cierto nivel. Sé que eres leal y que podemos hablarnos. Si algo nos sucediera, la conexión desaparecerá. La mano en la que Dimizar sujetaba el corazón de piedra de máscara de hierro estaba iluminada y luego tomó un tono más oscuro. El joven Néhanista no perdió ni un poco de magia en esta operación.

- Ahora es tiempo de poner el plan en marcha.


Capítulo 5: La Muerte de Ishaia

El consejero verídico no podía màs. La sesión del día fue muy animada pero complicada. Los intensos eventos ocurridos en los últimos meses eran demasiado trabajo para el consejo. Afortunadamente el castillo de Kaes está rodeado de jardines que son especialmente relajantes. El consejero se paseaba respirando el aire freso mientras caminaba por los laberintos de flores y arbustos. La presión bajaba poco a poco y sus pensamientos se ordenaron cuando de repente se tropezó con algo o más bien, con alguien.

- ¿Qué es esto?

Inmediatamente reconoció el cuerpo sin vida que estaba en el suelo: La consejera Ishaia.

- No puede ser!

Se inclinó rápidamente para tomar el pulso de la joven. Buscó en la muñeca y en la garganta, sin embargo lo único que encontró fue sangre por todas partes alrededor de ella.

- Ayuda ! Ayuda ! – gritó.

Su corazón estaba acelerado, sus manos le temblaban… la consejera Ishaia estaba muerta.

Dos meses antes, Máscara de hierro habia estado en un orfanato de niños perdidos, uno de los pocos establecimientos que se dedicaba a educar a niños abandonados y huérfanos. Se le había informado que allà sucedían algunos acontecimientos extraños y que la dirección del centro había pedido ayuda al consejo. Dimizar y él habían hecho uan especie de maniobras para que el affair pase por alto, ya que los dos habían sentido la intervención de una gran magia negra. Así se dió aviso al orferinato de que alguien envíado por el consejo llegaría pronto ahí.

El orfanato en sí, era bastante común. Estaba dentro de una aldea con cinco edificios lo suficientemente grandes protegidos por un muro desmoronado. Máscara de hierro fue recibido como si fuera un salvador ya que el asunto era bastante serio. - Señor, muchas gracias por su apoyo!

La dama tenía un semblante cansado, parecía que no había dormido en días.

- No es necesario agradecerme, el consejo siempre está a su servicio, estamos financiando parte de este negocio, por lo que estamos preocupados de lo que pudiera ocurrir.

- Gracias, muchas gracias en verdad.

- Entonces, ¿Qué es lo que sucede?

- Varios niños han desaparecido

Máscara de Hierro cortó

- Pero eso es horrible! –dijo con un tono de preocupación fingida, pero creíble.

- Eso no es todo, el cosinero se ha marchado y hemos encontrado unos extraños símbolos en su habitación.

La discusión continuó en el cuarto del cocinero, el cual estaba muy desordenado. En el piso, había un simbolo en forma de espiral, se notaba que habia sido hecho con un trozo de carbón. “Es eso”, pensó Máscara de hierro.

- Miren, esta marca mágica ha hecho desaparecer al cocinero! “tendré que deshacerme de ella”

- Por favor, desde ahora, necesito tener acceso a todos los lugares y la cooperación de todos, necesitaré el apoyo de su gente.

- Por supuesto, yo me ocuparé de ello. “Esto se está moviendo”. Una vez sólo, Máscara de hierro examinó mejor la marca de Néhant. Una ligera magia emanaba de ella. “está comenzando a desaparecer”. Ni lo uno ni lo otro, son pocos los que pueden utilizar este tipo de magia. Así encontraría rápidamente al culpable. El rastro era débil, pero este Néhanista estaba especializado en este tipo de magia. Máscara de hierro siguió el rastro hasta el final y más tarde se encontró en el sótano de un edificio principal. Detrás de una pila de cajas vacías, estaba el cuerpo sin vida del cocinero. “ahora entiendo porqué el rastro desaparecía tan rápido”. Al acercarse al cuerpo vio como desaparecía un eslabón más. “Rápido” Fue hacia otro lado para no llamar mucho la atención. Cruzó el patio y entró en un área privada del hotel. Máscara de hierro estuvo muy cerca de perder el rastro. Entró sigilosamente en una habitación. Había un fuerte olor a pergamino quemado… parecía ser magia negra. Cerró la puerta y comenzó su búsqueda dentro del armario. Había un vestido negro, algunos libros y correspondencia, la cual se permitió a sí mismo leer.


“mi querido aprendiz…blablablá… Firmado, Consejera Edrianne.” Leyó las cartas otra vez y descubrió los asuntos de esa persona. Es evidente que esta mujer había sido enviada para controlar las finanzas del orfanato y asistir a la directora en sus funciones. También cayeron unas cenizas de una caja pequeña. Frotó el interior de este y descubrió varios símbolos de Néhant grabados sutilmente. “El pescado gordo”. Volvió a colocar las cosas en su lugar y decidió actuar de noche. Mientras tanto diré que la muerte del cocinero fue un accidente y que es necesario encontrar a los niños. Me faltaría explicar el símbolo en la habitación. De todas formas ya tenía un plan. La noche cayó rápidamente y todo iba en marcha correctamente.

Había encontrado al cocinero muerto por un trágico accidente. A la hora de la comida, Máscara de hierro se sorprendió al saber que el aprendiz del consejero Edrianne era una joven muy frágil y tímida. “Que bien aparenta esa mujer”. Mientras tanto, se colocó en contacto con Dimizar para reportar los acontecimientos y dar a conocer al “culpable” en el caserón de Zejabel. Lo que haría al dia siguiente.

Los pequeños huérfanos se fueron a la cama con la convicción de que estaban a salvo con la presencia de un miembro e investigador del Consejo, si supieran la verdad saldrían todos corriendo. Máscara de hierro fue se presentó en la puerta de “la culpable” y tocó.

- ¿Si? – dijo una voz muy suave – Pase.

El néhanista entró y una vez adentro pusó fijamente su mirada en la joven. Ninguno se movió, pues se examinaban mágicamente el uno al otro. Máscara de hierro fue tumbado por un alma negra. No podía aguantar más, el sufrimiento en ella era demasiado. Él presentía lo que iba a suceder.

- Tú … tú eres un …

- ¡Shh! – lo interrumpió ella – ¡Cállate!

Ahora su actitud no era la de una mujer frágil, sin embargo su aspecto revelaba una de las formas más generosas y aterradoras de belleza.

- Una Néhantista! ¿No podríamos hacer negocios sin enfrentarnos?

- Mas bien, deberías agradecer que no te elimino, si mi señor y yo no hubieramos intervenido ahora mismo estarías en problemas, pero pensé ¿Qué es lo que hace aquí?

- No me interesa tu maestro, ahora déjame en paz y vete!

- Oooh, crees que te voy a dejar continuar? Dime donde están los niños, espero que estén sanos y salvos.

- Oh, no, son tan odiosos y egocéntricos… una verdadera delicia.

- Usted lo ha dicho, yo sirvo a quien tu sirves, serás fácil de someter. Dijo él alzando la voz.

La joven comenzó a respirar apresuradamente, apretando sus puños.

- Bueno, yo te sigo – dijo apretando los dientes.

Al día siguiente todo volvió a la normalidad. Los niños fueron encontrados y no tenían ningún recuerdo negativo de lo sucedido, como si les hubieran lavado el cerebro. La versión oficial es que los niños salieron del orfanato y luego no encontraron el camino de regreso. Respecto a la joven aprendiz, ella pretendía iniciar su viaje con Máscara de hierro y abandonar su misión original. Sin perder el tiempo ambos se dirigieron a la mansión de Néhant donde Dimizar los esperaba ansioso por el nuevo acontecimiento. La joven se hacía llamar Odiosa, era un tema fascinante de estudiar para los néhantistas. El demonio habría aprovechado de un pacto pasado de una joven que no podía integrarse a la sociedad para encarnarse en ella ya que los contratos son contratos, siempre en perjuicio del que lo firma. Odiosa respondía positivamente a ello y le había encontrado a la joven un muy buen trabajo como aprendis de Consejera. El precio del pacto fue muy alto, empezó con leves lapsos de memoria,luego pérdida de la memoria y terminó con la desaparición de la joven para beneficio del demonio. Dimizar vio que estaba bien jugado de su parte y que son pocos los demonios que salen de la prisión en la que se encuentran.

Días más tarde Dimizar tenía un nuevo plan que sacudiría al mundo y permitiría a los néhantistas apoderarse lentamente del control de una organización tan importante como las naciones. El néhantista, convocó a Máscara de hierro y su nueva recluta a una “pequeña reunión de trabajo”. La habitación habia sido cambiada hace algún tiempo se había convertido ahora en un caos, combinación entre laboratorio y biblioteca. Odiosa y Máscara de hierro encontraron aDimizar estaban frente al gran Caserón.

- Bien, mi Señor, esto se hará de acuerdo a sus deseos ¿Tiene alguna otra recomendación para este plan? Tomó una pose como si estuviera escuchando algo y luego continuó la discusión.

- Yo diría que dentro de una semana aproximadamente. Para el resto creo que ellos elejiran a un sustituto , pero hasta entonces algunos miembros ya estarán bajo mi control.

Dimizar se volvió hacia Máscara de hierro y Odiosa con una sonrisa que demostraba alegría.

- Vamos a dar un golpe, un gran golpe! El consejo rige la vida de los gremios, los gremios llevaron a Néhant a la prisión. Debemos tomar el control del consejo y son ustedes dos quienes van a ser la razón de su desgracia. Máscara de hierro, has observado a los diplomáticos en el baile de Kastel Draken, creo que mencionaste que alguien sentía celos por la consejera Ishaia?

- Si señor, Angélica, gusta de Marlok con todo su ser y odia a la consejera Ishaia.

- Odio… haremos resurgir ese odio, tomaremos el control de esa persona – dijo Odiosa impacientemente.

- Comprendieron mi plan? De todas formas les explicaré como van a suceder las cosas. Máscara de hierro se convertirá en el confidente de Angélica y hará crecer aún más su odio por Ishaia. Todo esto debe ocurrir fuera de La Draconía, para evitar la vigilancia de Dragón. Una vez listos los preparativos, vamos a presentarle a una de sus fieles amigas, una hechicera que puede hacer pócimas de amor. Segura que a Ishaia no le gustaba Marlok y que éste estaba ciego por un mal sortilegio elle firmaría un contrato con esta amiga.

Odiosa ya se estaba regocijando, pues sabía lo que Dimizar iba a decir

- Odiosa, te voy a dictar un contrato. Una vez firmado, tomarás la apariencia de Angélica, nadie será capaz de notar la diferencia entre ella y tú.

- Pero señor, ¿Por qué no dejar que Angélica mate a Ishaia?

- Buena pregunta. Ishaia está protegida por hechizos que Angélica no puede vencer. En cambio yo puedo actuar contra demonios, así que es mejor dejar a Odiosa a cargo, la consejera no será más que una niña indefensa.

Dimizar se volvió al caserón.

-Luego de la muerte de Ishaia habrá un espacio libre en el consejo, elegirán al aprendiz que siempre cumple con su trabajo y que solucionó los problemas del orfanato. La votación se hará bien para entonces, ya que algunos de los miembros del consejo se sentirán obligados. Aún tenemos que ver los detalles, pero esas son las pautas generales.

El plan del Néhantista se había llevado a cabo sin ningún porvenir. Angélica e Ishaia paseaban de un lado a otro en los jardines del castillo del consejo. Habrían hablado e intercambiado cortesías.

- Digame mi pequeña Angélica ¿cuál es el asunto tan urgente y secreto del que quiere hablar? Espero que no siga enojada conmigo por el acercamiento con tu amigo Marlok.

- No, no se preocupe, quiero hablar de algo de mayor importancia, es bastante serio. Creo que usted está en mejores condiciones para resolver este problema.

- Bueno, si puedo ser útil, estoy dispuesta a dar consejo. Ahora estaban en el lugar deseado lo suficientemente lejos para que alguien los viera y para que nadie escuchara los gritos, en el caso de que los hubieran. Todo sucedió muy rápido. La falsa Angélica había escondido una fina daga hechizada por Dimizar. Las dos mujeres se enfrentaron, pero Odiosa era superior, hizo un llamado a sus poderes. La daga giró rápidamente y atravesó el corazón de la concejera. Angélica retiró la daga e Ishaia se derrumbó, cayendo de rodillas antes su asesina.

- Con una venia a Dimizar

Ishaia trató de decir algunas palabras, pero Angélica le puso un dedo en la boca y se volvió para irse.

-Shhh, se ha acabado.

El demonio dejó caer un trozo de tela azul que llamó la atención de la consejera antes de hundirse hacia su muerte.

Y así fue como cayó la consejera Ishaia.

La última esperanza

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Un temblor sacudió la aldea. A lo lejos, una estalagmita cedió y se derrumbó como un castillo de naipes. Ese fue el primero de muchos. El glaciar Amatista se derrumbada poco a poco. Se reunieron en la comunidad más importante de la región, pues la situación se agraviaba cada vez más. Las mujeres lloraban y los hombres comenzaban a dudar de su profeta, una tal Yilith.

- ¿Qué vamos a hacer? – dijo un hombre, evidentemente uno de los cazadores.

- SI Profetisa! el hielo se derrite o se rompe ¿qué sucederá con nuestro pueblo? – exclamó el elfo que tenía la cabeza más grande de todas.

En ese preciso momento otro temblor se sintió y la escultura sagrada de la aldea se partió en dos. Esta representaba una criatura de un aspecto torturado, atado por una cadena de amatista. Yilith se sintió mal y los otros miembros de la comunidad gritaban con desesperación.

- Yo … tengo que ver a Nibelle

- ¿Estás seguro? Nibelle dijo que nunca deberiamos ir a verla.

- Mi verdad me lleva al crepusculo, debo estar seguro de ello

El resto permaneció confundido por la afirmación de Yilith. El crepúsculo anunciaba el fin de la existencia del glaciar amatista, la ansiedad se había elevado a niveles abrumadores. Yilith no contestó preguntas y partió rápidamente, pues el tiempo estaba en contra. Caminó durante un par de días sin parar, impulsado por una voluntad de hierro. Ella estuvo a punto de morir una docena de veces, el glaciar se volvía cada vez más inestable. Luego una tormenta de nieve cayó sobre ella como un gato sobre un ratón. Afortunadamente ella solo era capaz de sentir la nieve en sus ojos y el viento en contra que la demoraba. Sin perder ímpetu, llegó a la aldea donde vivía Nibelle, la vieja elfo de hielos. En ese lugar había aprendido el arte de la adivinación y de la comunicación espiritual. Luego de tantos años, lo único que llamó la atención de Yilith fue una carta. El mensaje contenía pocas palabras: “Ha llegado el momento de dejar a cargo a mi aprendiz, iré donde las almas descansan. Prohíbo que se acerquen a ese lugar maldito.” Todo el mundo habia respetado esa voluntad, hasta el día de hoy.

Finalmente llegó al lugar que conocia hace muchos años, sin embargo, fue incapaz de reconocerlo. Todo había quedado reducido a un abismo, un agujero gigante… como una herida abierta. La profetisa uso sus poderes para buscar la mejor ruta para bajar, pues sentía una presencia divina, una presencia familiar. Nibelle estava allá abajo, en algun lugar, quizás en peligro. A ese nivel, el hielo se mezclaba con los cristales de amatista, sufrió algunos cortes pero afortunadamente estos no representaron ninguna amenaza para la integridad física de Yilith. Cuando finalmente logró llegar a la parte inferior del agujero, vio un pasaje que parecía tallado en hielo. Se decide a intternarse y al entrar estuvo a punto de ser aplastada por una masa de hielo que se desprendió producto de un temblor.

Sin mirar atrás encendió una lámpara de aceite y avanzó con cautela. El pasaje conducía a una escalera tallada en hielo y desde ahí podía escuchar a alguien hablar. Yilith reconoció la voz de la persona que estaba buscando. Sin dudarlo se precipitó por las escaleras hasta que llegó a una habitación en forma de media luna. Allí una vieja elfo del hielo rezaba de rodillas frente a una gran puerta negra. En su superficie había seis gemas de diferentes formas y colores. Una de ellas, la de color rojo, había dejado de brillar y se separó en de arriba abajo. Yilith nunca había visto algo asi. Avanzó con cautela hacia la elfo.

- No te acerques más hija mia, siéntate, tenemos que hablar.

La anciana elfa no había abierto su boca, se comunicaba mentalmente.

- Qué sucede Nibelle? ¿por qué el hielo se está derritiendo? – se apresuró a decir

- Lo impensable, Yilith, esta sucediendo lo impensable. No tengo la respuesta a todas las preguntas, pero te voy a explicar sobre este lugar. Nuestra vida elfa ha sido golpeada por acontecimientos oscuros, una guerra contra Nehant y sus seguidores, quienes devastaron regiones completas antes de ser detenidos por Eredan y sus héroes. Detrás de esta puerta cerrada se encuentra Amidaraxar y los tenientes más poderosos de Nehant. Ellos duermen bajo mi supervisión hace mucho tiempo.

- Yo estaba al tanto de esta historia, sin emargo no sabia que se llevaba a cabo bajo las profundidades del glaciar.

- ¡Ay!, todo este tiempo han estado drenando el poder de la amatista y la energía contenida en el hielo. Lo extraño es que a medida que se derrite el hielo he ido perdiendo mi capacidad para mantenerlos en prisión. Amidaraxar despierta poco a poco y he perdido la piedra que sella la puerta.

- ¿Hay algo que yo pueda hacer? Quizás puedo ayudarte a canalizar la energía.

- Ya he agotado todas mis fuerzas. Creo que tenemos que resolver este problema con ayuda externa. Busca a alguien que pueda ayudarnos, explica la situación ¡Date prisa, no pierdas ni un instante!

- Traeré a Kyrjas para que te ayude con tu carga.

Yilith dejó a la anciana Nibelle, luego de una breve parada en su pueblo reunió unas pocas pertenencias y partió. Nunca antes había cruzado las estalagmitas de cristal que estaban en el límite entre las tierras frías y las vastas extensiones del desierto, donde residían unos pocos nómadas humanos. No se imaginan la sorpresa que se llevó cuando vio que los famosos icebergs de cristal derretidos flotaban sobre el agua. Sabía que cerca vivía una de las muchas tribus, por su mente pasaron pensamientos devastadores… debía actuar con rapidez.

Sin embargo el pueblo estaba en pleno apogeo. El líder dio la bienvenida a Yilith y le explicó que el área se había vuelto muy peligrosa y que varios han muerto en la caza. Pronto se unirían a otro pueblo que estaba a un día de distancia. La profetiza les dio una bendición para asegurar su viaje y ellos le ofrecieron una embarcación para que pudiera cumplir más rápidamente su misión. Zarpó al continente en busca de ayuda providencial. Por desgracia la gente a la que concurrió no parecía saber nada del asunto. Cruzó el imperio Xzia y su instinto la llevó hacia el templo de Yafujima. Fue recibida por un moje llamado Toran, quién le dio información sobre su historia.

- Hace unos meses, una estrella cayó del cielo. Desde entonces el mundo se ha vuelto loco. Los gremios compiten para conseguir la piedra caída y han resurgidos viejos rencores. Esa piedra parece tener poderes desconocidos para nosotros.


- La información que me das no es muy importante , creo que buscaré esta piedra y me descubriré yo misma de que se trata.

- Le deseo buena suerte, que los Kamis la iluminen.

- No sé lo que son los Kamis, pero gracias. – Dijo Yilith

Ella siguió las instrucciones de Toran y cruzó lugares que separaban de OKIA y las tumbas de sus antepasados. De momentos sentía alguna ligera presencia de algo o alguien, escuchaba hablar o mas bien murmullos como un dulce canto. En cuanto más avancaba, más claro era el canto. De pronto, vió la piedra caída del cielo, inmensa majestuosa. Habian muchos campamentos por todos lados y sus habitantes estaban alborotados. Se acercaba más y más cruzando un camino lleno de gente que delante de un físico así de increible se dentendrían. En desprecupación total, atraida como una abeja al panal, ella derribo la barrera que nadie hasta entonces lo habia logrado y que rodeaba la piedra, luego puso su mano sobre ella.

Ella sentía que su alma se salía de su cuerpo y la veia “entrar” en la piedra. Flotaba en el aire , todo estaba iluminado. De pronto algo se materializa delante de ella, era un elfo de hielo como ella, pero de cabellos blancos como sus ojos.


- He tomade esta apariendia para que no te asustes de mi.

- No tengo miedo, que es lo que eres?

- Soy la plaga de Guem, enviado para convertir este mundo en polvo.

- Es por su culpa que el claciar de Amatista esta desapareciendo?

- Quizas si, pero eso no tiene ninguna importancia.

- Es importante para mi! Min pueblo sufre por ello.

- El sufrimiento no durará, ya que pronto no existirán más.

- Y crees que nosotros nos dejaremos vencer tan facilmente? No eres nadie! Los que esperaba ya están acá. Muy pronto volveré a salir de aqui y destruiré este mundo, no dejaré absolutamente nada.

- Dejame salir de aqui!

- No puedo dejarte ir, tu serás mi primera victima.

La luz se intensificó , luego Yilith sintió una fuerte agresión, algo increiblemente poderoso trataba de destruirla. Comenzó la lucha, pero era como si la quemarán desde el interior.Pero a pesar de ello, la profetiza resistió lo más que pudo. Recordaba las enseñanzas de Nibelle y se concentraba para poder escapar de aquel lugar. Se sentia como expulsada del lugar y solo tuvo tiempo de escuchar unas palabras.

-Nooooooo, no escarás, no de mi, te...

Y ahi, abrió los ojos, cansada y cubierta de sudor, retrocede, luego vacila para por fn caer arrodillada y sofocada. El mundo estaba en peligro. Si nadie estaba en medida de detener la plaga de Guem, eso signifivcaría el fin...


El tesoro del Titán

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Arc-Kadia había parado su carrera por encima del océano en el sur de las tierras de Guem. Al la Triste tenía febrilmente entre sus manos una pergamino con la efigie de un pulpo. Con una delicadeza rara desenrolló el pergamino contenido en el interior y pareció satisfecha. Los piratas presentes alrededor de ella tenían los ojos que brillaban, ya imaginando la extensión del tesoro de Hic. Bragan recuperó preciosamente el último pedazo de la invocación de Artaban. Apenas lo hubo acercado a tres otras partes que se pegaron las unas a otras para hacerse un solo y único objeto.

- ¡ Estamos allí! Anunció a Bragan. Reconozco bastantes símbolos utilizados hace mucho tiempo por nosotros otros piratas. ¡ Va a hacerme falta la ayuda, Mylad! ¡ Ardranis!

Las dos jóvenes mujeres salieron de la muchedumbre y echaron un ojo sobre la invocación. Después de concertación fue posible realizarla en el acto. Al la Triste ordenó pues la ejecución de la cosa. Temiendo un resbalón potencial, la inmensa mayoría además de la tripulación, y el extremo coraje que lo caracterizaba, se escondió al amparo de efectos eventuales y mágicos. Los magos al cuidado de Al la Triste empezaron la invocación a gran golpe de efectos visuales que no tenía otra utilidad que de poner lleno la vista de la asistencia. Esto duró apenas algunos minutos que parezcan interminables para el capitán de la Arc-Kadia, el pergamino lentamente se consumió. Las cenizas despegaron camadas por el viento. Cada uno acechó los alrededores para ver lo que sucedía, fue el silencio total, sólo los motores de buques producían un ruido de fondo ligero. Luego el barco ligeramente tembló. Los piratas miraron por parte superior el empalletado y retrocedieron de un golpe cuando una torre, luego casas aparecieron en su nivel. ¿ Arc-Kadia caía? No,era una pequeña ciudad que acababa de aparecer. Pero más interesando se situaba abajo porque la ciudad estaba en la cabeza de una criatura gigantesca hecha tierra, roca y lava.

- Artaban, murmuró a Al la Triste.

La joven mujer gritó algunas órdenes y recobró la barra con el fin de colocar el buque al nivel de la cabeza del gigante. Este último fijó el buque que para él era minúsculo. Su boca escondida por raíces enormes lentamente se movió, liberando una voz rocallosa.

- ¿ Quién me llama? Dice con lentitud.

Al la Triste envió el buque a más cerca de los ojos de Artaban.

- ¡ Soy Al la Triste, soy yo quien te llamo!

- ¿ Que quieres a Al la Triste?

- ¿ Busco el tesoro del capitán Hic, le puedes llevarnos a él?

El gigante giró hacia la derecha, luego hacia la izquierda y se paró en una dirección.

- ¡ Bien Al el triste!

El gigante se puso en marcha, provocando a cada paso una conmoción sobre la tierra firme. Como quien no quiere la cosa, gracias a su gigantismo Artaban progresaba rápidamente. Atravesó un brazo de mar y se encontró en medio de varias islas bastante alejadas del continente. El calor allí era sofocante. Artaban se paró en última instancia de una de ellas sobre el cual fueron sidas suspendido decenas y decenas de buques. El gigante apuntó del dedo el más grueso de las islas del archipiélago.

- ¡ Es el gigante de espuma capitán! ¡! ¡ Una criatura legendaria, cual posibilidad de ver uno!

- No, no una posibilidad.

Ardranis no comprendió la respuesta, Al quedó silencioso, escudriñando al gigante con atención.

- ¡ Es aquel en quien pensaba! Mira, esta batea tiene varios barcos incrustados en él. ¡ Más mucho, allí, en medio, es el Titán!

Efectivamente, los más antiguos que conocían la descripción del Titán lo apuntaban del dedo. Para ellos esto significaba que llegaban a la meta y que el tesoro era al alcance de la mano. Pero antes de esto hacía falta que la tripulación mereciera su paga porque había sin embargo un obstáculo de talla: ¡ el gigante de espuma!

- ¡ Bragan! ¡!!

- ¡ Qué! ¡! Gritó al mago que se cogía en el empalletado.

- ¡ Ve lo que puedes hacer en magia! Sé no no podremos destruirlo.

Los carbones de bola volaron y se estrellaron contra el gigante que vaciló pero prosiguió su equilibrio. Viéndoél que se agredía se levantó para defenderse mejor contra su agresor. El gigante no era muy rápido, sino su talla y su fuerza le permitían muchas cosas. Sumergió su mano en los guijarros y los lanzó sobre Arc-Kadia. En el tiempo normal no es un puñado de piedras que podían destrosar el barco. Pedazos de espuma quedaron en el agua, el furor del gigante se exacerbó. Esta vez no era guijarros, sino peñascos que se derritieron sin lograr jamás tocar el buque. Y afortunadamente porque el menor peñasco habría podido provocar averías graves. Al la Triste no se soltó nada y pilotaba como su padre se había enterado: al instinto.

Poco a poco los canones acabaron su cacofonía. Sobre el puente los piratas estaban sin aliento. Algunos fueron heridos a causa de los guijarros o simplemente porque no se habían ataviado como hacía falta. Bragan había reflexionado inmovilizar al gigante y tenía una solución que le expuso al capitán.

- Hay que hacerlo caer para atrás con arpón picándole las piernas, el tiempo para nosotros de lanzar un sortilegio de inmovilización. La suerte va no a durar mucho tiempo, habrá que hacer rápidamente, explicó.

- ¡ Perfecto ¡ Poukoooooos! ¡ Arponea al gigante!

Poukos que perfectamente había oído la orden corrió hasta la proa y verificó que el arpón todavía funcionara a pesar de la rotura. Por suerte paresia intacto. Avisó al capitán que estaba listo. Al la Triste hizo sumergir Arc-Kadia en un crujido de bosque y de metal, la maniobra no era acostumbrada y pedía muchos esfuerzos al buque. ¡ Poukos disparaaa! La contera se hinchó profundamente en el coral de la pierna del gigante.

Arc-Kadia hizo la primera vuelta, luego la segunda, no había más a bordo un pedazo de cuerda. Armada había comprendido la táctica y sobre las órdenes del capitán fue a por su nuevo juguete, exactamente acabado, el Canon " Fin de los Cielos ". Este conglomerado enorme de tubos huía de vapor y emitía ruidos bastante poco tranquilizadores. Armada se refirió al bajo el abdomen del gigante y apretó el gatillo. Un gran clic sonó, luego el proyectil salió de eso en un "Bang" ensordecedor. Todo pasó rápidamente, el proyectil se estalló sobre el vientre del gigante y una multitud de explosiónes arremetieron contra el gigante que no pudo resistir a la fuerza de " Fin de los Cielos " y se encontró las culo en el agua. Dado el golem no se movía más. Al la Triste estabilizó Arc-Kadia para pasarle la parada a Bragan y otros magos piratas. El hielo recubrió poco a poco al gigante, inmovilizándolo definitivamente.

- No se moverá más allí, aseguró Bragan, pero voy a quedarme allí para estar seguro.

- ¡ Excelente! Briscar, toma el timon. ¡ Acércanos a esta cosa, vayamos pues a buscar a este Titán famoso!

A bordo era la euforia y alegría, los sombreros volaron.

- Ardranis ven conmigo.

El Titán estaba en estado lastimoso. El bosque carcomido crujía a cada paso de Al la Triste. Ardranis no estava muy tranquila el barco podía derrumbarse en cualquier momento. Pero esto no perturbaba a la capitána que admiraba lo que quedaba de este buque ilustre que en otro tiempo fue valeroso opositor de la Arc-Kadia. Ambas mujeres apearon los pasillos a veces difíciles de atravesar y acabaron su trayecto en lo que debía ser la habitación del capitán Hic.

Había un montón de cosas rotas entre las cuales se escondía una vieja caja de caudales recubierta con joyas. Mientras que Al la Triste iba a poner la mano arriba Ardranis intervino.

- ¡ No! Tiene allí de la magia que emana de esta caja de caudales.

La elfine buscó otros rastros de magia y encontró en un montón de metal enmohecido una llave que parecía corresponder. Le confió su hallazgo a su capitán que entró la llave en la cerradura. Sin ningún problema la llave giró en la cerradura y después de varios castañeteos la caja de caudales ligeramente se entreabrió dejando divisar un hilo delgado de luz. El corazón de Al se estrechó, por fin después de tanto tiempo lo había encontrado. Un ruido sordo oyó oír, intensificándose muy rápidamente.

Ardranis apenas tuvo tiempo de ver la cosa que le asestó un golpe magistral que lo hizo volar a través de la pieza, estrellándose en escombros. El agresor que se paro frente a Al la Triste se parecía vagamente a una criatura mecánica hominoide a la cual faltaba bastantes piezas de las que estaban el brazo derecho. Todo era muy grosero pero bastante inquietante para representar una amenaza seria. Aunque fuertemente enmoheciendo la criatura mecánica actuaba con rapidez. Fue entonces metal contra metal, Al la Triste cogió el brazo de su opositor con su mano mecánica y lo proyectó contra una pared. Desenvainó su pistola y tiró en lo que se parecía vagamente a una cabeza. ¡ *Ping! * la bala rebotó y vino para hincharse en una de las paredes de bosque del Titán. El adversario sonaba cada vez más, el golpe llevado por Al la Triste había roto algunas ruedas. El capitán engalanó los golpes y asestaba puñetazos con rabia.

- ¡ Vas a lamentar el atacarnos! grito la capitana

Pero la criatura mecánica resistía mucho, había sido construida para resistir y desempeñar su misión hasta el tiempo para que sea desactivada. Ardranis había recuperado rápidamente, sólo ligeramente había sido tocada, saliendo con una herida a la pierna. La joven Elfine no se confesaba vencida fácilmente. Analizó rápidamente la situación. Al la Triste mantenía una fuerte lucha con la criatura, pero se agotaría más rápidamente que la criatura mecánica. Desenvainó su sable e incanta un ataque mágico que golpeó la criatura. Sacando provecho de la oportunidad Ardranis hundió la lámina de su espada entre las ruedas, provocando entonces un recalentamiento. La criatura vibró, temblando como un inocente que encontraba a un pirata. Al la Triste rechazó la criatura hasta una de las paredes, cogió su cabeza y lo arrancó mientras que colocaba su pie sobre el pecho de la criatura. El pseudo valiente se desprendió fácilmente y rodó luego sobre el suelo. La mecánica se paró y se inmovilizó.

- ¡ Bien jugado mi pequeña! ¡ Esto es de verdaderos piratas!

Ardranis respondió por una sonrisa molestada, siempre había sido intimidada por esta gran humana. El capitán regresó para el motivo principal de su llegada aquí: el tesoro de Hic. Esta vez nada le impidió abrir la caja de caudales. ¡ Fue rellenado por piezas, por cristales, por joyas y otros objetos de valor excepcional! Pero Al se enfocó sólo en una sola cosa. Encima y muy visible se encontraba un collar cuyo medallón era un pequeño disco engastado por una piedra azulada de la que emanaba una luz débil.

Lo cogió de una mano temblorosa y acarició la piedra de su mano de humana. Se volvió, colocó el collar en el bolsillo de su abrigo y se fue de nuevo hacia Arc-Kadia.

- Tú Ardranis luego ocúpate de hacer repartir la caja de caudales a bordo y qué Klémencia recupera los restos del autómata. Sé lo que hay en la caja de caudales, sé pues cual debe ser mi parte.

De manera extraña Al no había hablado con su acento acostumbrado.

- ¿ Usted adónde va? pregunto Ardranis

- Regreso a bordo, tengo cosas que hacer, que nadie me moleste.

Al la Triste dio un portazo de sus apartamentos. Sufría de cansancios y la juntura entre su brazo mecánico y su cuerpo la hacía sufrir. Sacó de un cartel una botella de alcohol, la de las grandes ocasiones. Tomando su licor se sento a mesa. La mirada en el vacío sacó el collar de su bolsillo para admirarle. Levantó su jarra de cerveza.

- ¡ Padre! Te encontré.

Resito y luego tomo todo el contenido de su jarra, cuando hubo acabado lágrimas fluían abundantemente sobre su cara. Perdida en sus memorias soñaba con su padre y con su desaparición hay bien mucho tiempo. Su ensueño se terminó cuando alguien vino para tamborilear en su puerta.

- ¡ Capitán! ¡ Capitán, venga rápido!

Secó sus lágrimas y se levantó a duras penas. Detrás de la puerta Ardranis parecia aterrorizada.

- ¿ Lo que es lo que te tienes?

- Tenemos algo que mostrarle.

Al miró siguio a Ardranis por un pasillo estrecho. Sobre el puente toda la tripulación fijaba el horizonte con inquietud. Arc-Kadia que había agarrado de la altitud para escapar del gigante de espuma cabeceaba al ritmo de las borrascas de viento. Briscar se acercó a Al y le tendió un largavistas.

- Mire allá por capitán, dice indicando una dirección.

Gracias al largavistas mejorad por Klémencia se halló en situación de ver con nitidez lo que llegaba hacia ellos a gran paso. Un buque enorme que volaba a las velas negras se acercaba a su posición. Lo examinó concienzudamente, no reconoció ni estos velos ni el pabellón negro con una espiral rojiza, sino comprendió de quién se trataba cuando el pabellón de una mano esquelética que tenía un sable fue izado en lo alto del gran mate.

- ¿ Entonces capitán?

- Entonces tenemos problemas muy importantes, es la Dama negra del capitán Palpegueuse. Viendo su velocidad, venimos para saludar y no podremos sembrarlo.

Al la Triste le tendió el largavistas a Briscar.

- Vas a deber secundarme a mi viejo.

La cara del pirata se crispó.

- No te preocupes ella dice mostrándole el collar al viejo hombre. Mi padre nos acompaña.

Briscar sonrió y miró el resto de la tripulación.

- ¡ Preparense para el combate! ¡ Cada uno a su puesto HAHAHAHHA! ¡ Klémence prepara a tus armas! ¡ Armada devuelve los canones en función! ¡Desplieguen las velaaaaaaas!


Destino Negro

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Capitulo 1: Las Piezas de Nehant

Dimizar estubo parado frente al espejo desde hace varios minutos y discutía con el que nombraba Néhant. Los planes estaban en el camino y hasta allí todo pasaba a las mil maravillas. Ishaïa no era más un problema, lo cual creava una diversión sostenible entre los néhantistes. Ahora debían pasar a la etapa siguiente.

- Dimizar, más allá de las brumas de los Confines, la Tumba se pulveriza. La magia se debilita y los demonios pueden volver a sentir el lazo que los unia.

- ¿ Esto quiere decir que hara falta que venga hasta usted?

- No todavía. Di a Milamores mi alma para ir hasta allá, un regalo que va a cambiar para siempre el destino de numerosas personas, espera.

Dimizar vaciló, Tragalma ahora sometido a su voluntad era un ejecutor perfecto, separarse de el podía hacer vulnerable la casa solariega de Zejabel y sobre todo él podía ser visto durante el viaje. Pero no podía resolverse desobedecer.

- Muy bien se irá cuanto antes.

Sobre esto, el espejo reflejó sólo la apariencia normal del néhantiste. Allí no lejos, Máscara de hierro había asistido a la escena con sospecha, que le explicó luego a su maestro.

- ¿ Dígame, por qué no veo ni escucho a Néhant?

- ¿ Buena cuestión aprendiz néhantiste, posiblemente porque a veces te no fías de mí o simplemente porque este espejo me es ami como yo a el? Ironizó Dimizar dejando el laboratorio.

Tragalma permanecia en el jardín o por lo menos lo que debía parecerse a un jardín y se divertía en aterrorizar a los servidores esclavos de la Casa solariega. Sintió la llegada de su dueño y se fijó en su enfoque.

- ¡ Necesito a esta gente! Ya mataste dos, una mas y voy a enfadarme.

El demonio parecia estar triste.

- Vas a dejar la casa solariega a partir de hoy, te envío más allá de las brumas de los Confines cerca de la prisión del Dueño. Te dirá luego que hacer. El pórtal demoníaco estará listo esta tarde.

La tarde trajo a todos los néhantistes presente a la casa solariega los cuales se habían reunido para ver el pórtal demoníaco. Éste acababa apenas de abrirse formando un torbellino negro que lentamente se arremolinaba. Emanaba de eso una energía poderosa néhantica. Tragalma se adelantó echando hacia atrás visiblemente poco entusiasta por la perspectiva de atravesar esta cosa. Por desgracia para él no podía desobedecer sin temer una reprimenda apenas diferente. Se precipitó pues en el pórtal, desapareciendo en el momento justo que el lo atraveso.

Tragalma tuvo la impresión de ser cortado en miles de pedasos, el mismo sufrimiento para un demonio era insostenible. Gritaba pero ningún sonido sacaba su garganta y a decir verdad no tenía garganta porque no tenía más cuerpo. Se sentía aspirado hacia un lugar sin poder hasta escoger él el camino que hay que seguir. Ya había olvidado el lugar donde él y sus congéneres fueron encerrados desde hace años esperando el momento de la liberación. Para él fue una prueba que duró una eternidad, el calvario se acabó cuando siseó pesadamente de cara sobre el suelo. El se volvió, su cuerpo lo hacía sufrir bien que ninguna herida era aparente. Los dolores pasaron rápidamente y el demonio se levantó, mirando dónde había llegado.

Este paisaje se parecía de manera extraña a los Meandros (o_o???) a esto vio el cielo constelado estrellas. La tierra seca y agrietada de la cual bloques se habían levantado. Delante de él, majestuoso y tortuoso la piedra enorme y negra en la cual Néhant fue encerrado desde el fin de la última guerra. Éstava levitando a algunos pasos por encima del suelo, ella fue retenida por cadenas gruesas plantadas en el suelo por otros cristales, más pequeños y por colores diferentes. El demonio se acercó, como atraído por la piedra. Una persona se le acercó, un humano a la apariencia demacrada, cojeando. Apretaba en sus brazos algo embalar en una ropa blanca negra agujerada. El humano se paró a la altura del demonio y le tendió el objeto.

- Toma, Demonio, esto es la colección prohibida que permite llamar Horno.

Aunque la boca y la mandíbula del hombre perneaban, parecía que la voz no provenía de él, resonaba alrededor de él. Tragalma supo entonces que era Néhant quien se le dirigía. En signo de sumisión se arrodilló y aceptó el obsequio.

- Dueño usted he aquí de vuelta, libéreme de mi lazo con Dimizar se lo ruego

- NO todavía no estoy listo, mi prisión es aun demasiado poderosa. Todavía necesito a este servidor deberás serle fiel. No voy a poder tener este cuerpo mucho tiempo tengo y otra cosa decirte. La piedra en la cual soy encerrado se pulveriza, liberando pedazos de cristales. Toma todo lo que puedas y confíaselos a Dimizar señalándole que son pedazos de mi piedra, el sabra que hacer.

Sobre esto, el hombre se derrumbó en el suelo que moría de sed y de hambre. Tragalma no se privó de un momento de crueldad y quebrantó la nuca del infortunado antes de ponerse a la cosecha de los pedazos. Recogió una buena decena antes de abrirse el camino inverso. De nuevo la impresión de ser perforado de parte a parte y de flotar sin el menor control del destino. Pero esta vez sintió la presencia de otros demonios. ¿Habían percibido su presencia o fueron atraídos por la colección? Ninguno pudo abrirse un paso hasta él y escapó de otros tormentos. El torbellino se cerró esparciendo todo lo que el demonio llevaba. Recordando las advertencias volvió a empezar rápidamente y se puso a recojer los cristales.

- ¡ No toques a nada! Exclamó.

Dimizar miro la colección prohibida con gran interés. Lo reconoció para haber visto un grabado en uno de los numerosos escritos ilegibles de difunto Zejabel.

- Explícate Tragalma, lo que es lo que nos trajiste dice Dimizar recogiendo la colección.

El demonio reunió los pedazos y los puso sobre una mesa ocupándose de no dejar el menor pequeño trozo en el suelo.

- Encontré al Dueño, nos confía la colección así como estos cristales. Me dijo decir que son pedazos de su prisión.

- ¡ Qué viste a Néhant! ¿? Pregunto Máscara de hierro loco por una respuesta.

- Asombroso, somos unos demonios añadió a Ardrakar. Mucho de nosotros ya lo vimos en la época de su reinado.

- ¡ Esto basta! Cortó a Dimizar. ¿ Pedazos de la prisión? ¿ Pedazos de Néhant? He aquí lo que cambia para nuestro favor. Máscara, Ardrakar, vayan a capturar a un guerrero de Tenntad, tengo un experimento que hay que llevar a cabo ahora, tengo cosas que hacer.

Capitulo 2: Experiencias

Algunos días y un preso más tarde era el tiempo para Dimizar de hacer sus primeras experiencias con estos pedazos de Néhant. El guerrero de Tantad se transformó después de que se le hubiera incorporado una de las piedras demoníacas. Dimizar se inspiró en trabajos de Marlok para construir a este nuevo demonio y el resultado estuvo a la altura de sus esperas ya que nació así Carkasa una criatura mas en las filas de las tropas de Néhant. Pero Dimizar no se paró allí y si esta primera prueba se confesaba concluyendo deseó pasar a otra experiencia. Había caído por casualidad sobre un libro que hablaba de la Teúrgia y los enviados de los dioses. Convocó a Tragalma y Ardrakar.

- Vamos a hacer un pequeño viaje mis amigos. Nos vamos al el desierto esmeralda.

- ¿Que vamos a hacer allì ? Interrogó a Ardrakar.

- Mis espías me informaron que gente del desierto había llegado a la piedra caida del cielo. Sus poderes son muy diferentes de lo que conozco. Me gustaría ver lo que daría un pedazo a este género a nehant.

- ¡ Poca acción! Exclamó Tragalma. ¡ Y esta vez ningún pórtico demoníaco!

Una sonrisa sádica apareció sobre la cara de Dimizar.

- Te equivocas, vas a ir como explorador para reunir un grupo de rebeldes. El desierto de esmeralda es grande, es como buscar una aguja en un pajar. Sin embargo ellos lo conocen bien y ellos son capaces de encontrar lo que buscamos.

Aunque la cara del demonio fue cuajada para siempre a causa de su cara inmutable podíamos sentir un desconcierto inmenso emanar de él.

- Prefería casi los Meandros, silbó al demonio.

- Esto puede arreglarse si prefieres regresar en tu prisión, estoy seguro que tus pequeños compañeros te tendran una acogida muy buena.

- Muy bien, inútil amenazarme. Será hecho según sus órdenes.

- Bien déjanos yo todavía tengo algunas palabras que hay que decirle a Ardrakar.

Tragalma dejó la oficina de su dueño mascullando insultos bien sentidos.

- ¿ No arriesgue usted ningún haber del problema con este demonio señor?

- Totalmente no eres un demonio y todavía no los conoces bastante, sino está en su naturaleza de actuar siempre así cuando se les da una orden, es muy teatral y es un modo para un demonio de guardar las apariencias.

- Efectivamente esto totalmente escapa de mí. ¿Que puedo hacer para ti a Dimizar?

- Vamos a enfrentarnos con una fuerza importante, me gustaría que acudieras a Quimera negra. No somos atados los dos, viniste de tu propio jefe.

Ardrakar dio el aire satisfecha.

- Con mucho gusto, puedo hacerla venir cuando lo deseo, es allí el regalo que me hizo Néhant.

- Entonces preparemosnos.

El viaje se hizo a pie, luego en barco hasta la costa de Turquesa. Sobre la playa los rebeldes habían subido un campo de tiendas típicas de esta tribu. De la salida de la casa solariega hasta ahí había pasado dos semanas lo que permitió aTragalma acabar su tarea. Los hombres del desierto vinieron al encuentro del néhantiste.

Por una vez no tendría que someterlos a su voluntad, su odio hacia la autoridad y la vista de una buena cantidad de dinero le aseguraba una buena fidelidad de su parte. Su jefe un hombre de gran estatura a la mirada, acogió a los recién llegados con calidez y les invitó a tomar un té.

- Sean bienvenidos mis amigos, encontramos uno de estos perros que rogaban al dios sol. Tengo hombres que lo siguen en toda discreción.

Un joven sirviente sirvió el té para la menta que hervía.

- Usted sabe, estaríamos contra poca ayuda con el fin de repetir nuestras antiguas ciudades.

- Cada cosa a su tiempo, respondió Dimizar aceptando el té. Pero pensaremos en eso en el momento venido.

El silencio se hizo el tiempo de la degustación. Fuera Tragalma vigilaba los alrededores, como muchos de los suyos no temía el calor que de allí este día era particularmente tórrido. Las únicas sombras de los cristales de esmeralda aportaban un tono rojo. El demonio acarició la superficie de uno de ellos que provocaban una modificación ligera de su color.

- Demasiada luz aquí.

Dimizar discutió cosas diversas y supo entre otras cosas que la inmensa mayoría de los miembros del gremio conocido bajo el nombre de Nómadas del desierto había dejado el reino para ir a la piedra derribada por el cielo. Esto representaba mucho para los rebeldes porque sin el apoyo de este gremio el ejército de Mineptra se encontraba de allí menos impresionante. ¿Una nueva oportunidad para el néhant? No por el momento porque Dimizar tenía la intención otras cosas en la actualidad.

Llegó la tarde, tocando el principio de la batida para la pequeña tropa. Por la noche, el desierto mostrava vida. Las criaturas salían de su guarida y las plantas desplegaban sus hojas para capturar toda la humedad posible. Era el mejor momento para los desplazamientos en el desierto. Progresaron rápidamente hasta un aparente camino.

- Es el camino que lleva a la puerta del desierto. El que nos interesa debería llegar al levantamiento del sol. Pensamos que sale a reunir los suyos, contó un explorador. Escondamosnos.

- Escúcheme, el fin no es matarlo, lo quiero en vida y entero. Ordenó a Dimizar.

Y efectivamente, mientras que el sol ligeramente sobrepasaba el horizonte, un hombre marchaba hacia ellos. No llevaba grande cosa a parte de un pagne y ornamentos. Marchaba mirando sólo delante de él como si su conciencia estuviera en otro lugar. En el momento en el que adelantó serca de ellos, Tragalma salta para su encuentro, rugiendo de toda la frustración sentida estas últimas semanas. Tsheptès no se hizo sorprender y esquivó la criatura sin grueso esfuerzo. Ardrakar se lanzó a su vuelta, Quimera negra apareció por magia en sus manos y le asestó un golpe magistral a su enemigo del lleno en su espada. Éste valdingua más lejos.

- ¡ Infieles! ¡ Aulló levantándose, voy a destruirlos!!

Una aura resplandeciente amarilla apareció alrededor de él y un rayo se fue de sus manos con destino a Ardrakar que no pudo evitarlo. La antigua caballero dragon aulló con dolor pero esto no fue suficiente para neutralizarla. Por su parte Dimizar en lo alto de la duna incanta sortilegios sombríos, por desgracia para él esta criatura no tenía piedra-corazón y parecía escapar de su voluntad. Olió que dentro de este cuerpo no era el espíritu de un humano, sino otra cosa. Pero tenía muchas otras cartas bajo la manga. El combate se apresuró y su adversario fue más poderoso que lo supuesto. Emanaba de él un poder real de destrucción. Ardrakar fue herido, Tragalma no lograba tocar su adversario. Por fin Dimizar acabó su encantamiento y la suerte se derritió, una luz negra rodeó a Tsheptès y asfixió literalmente el aura amarilla, totalmente inmovilizándolo.

- ¿ Tienes un lazo invisible no criatura del sol?

Ardrakar golpeó su cabeza con el canto de su espada, cayó entonces inconsciente.

- Átele las manos y lléveselo, nos vamos inmediatamente.

De vuelta a la casa solariega. Tsheptès fue encadenado por correas ardientes que perforaban el suelo de la cueva. No podía más acudir a Sol ra porque aquí no sentía más su presencia. Por primera vez de su existencia sentía el miedo, no comprendía lo que le querían estos infieles. ¿ Por qué no lo había matado? ¿ Por qué guardarlo encarcelado?

La respuesta no se hizo esperar. Sólo Dimizar se presentó delante de él con en una mano uno de los pedazos de Néhant.

- Ahora, Solarian, es la hora para ti de comprender que tu fervor no te salvará de la voluntad de mi dueño.

Los ojos del néhantiste se volvieron rojos al mismo tiempo que una aura roja se propagó alrededor del pedazo de piedra nehant. Tsheptès intentó liberarse de sus lazos pero nada hizo allí, al contrario éstos se estrecharon y lo tiraron hacia atras. Dimizar, de un gesto violento hundió profundamente el pedazo en el pecho del preso. El dolor que sintió era físico ni siquiera, es la misma que la de su naturaleza que fue atacada. Era como si un veneno se difunda en él, su voluntad vaciló, se sintió hacerse alguien más. Sus lazos desaparecieron mientras que se retorcía de dolor. El pedazo se incrustó profundamente, no quedó más que la otra extremidad visible en medio de su pecho.

- Pero.. Que me ah... ¿ Hecho?

- Te ofrecí una nueva vida. Te ofrecí una piedra-corazón que va a hacerte otra cosa.

Ahora la energía mágica de Néhant se difundía por todas partes modificándo tu naturaleza de Solarian, se transformaba interiormente.

- ¿ Quién eres? Preguntó a Dimizar.

- Yo... ¡ Tsheptès! Respondió.

La respuesta no fue satisfactoria, reposó la cuestión insistiendo más.

- ¡ Qué eres!?

- Tsept en...

Dimizar lo cogió por la garganta y lo fijó en los ojos.

- ¡ QUÉ ERES! ¿??

- Yo... Soy... Caído.


Chamanismo

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Ydiane zigzagueaba entre los arbustos endebles y echaban de vez en cuando una ojeada detrás de ella, verificaban de no ser seguida por un invasor cualquiera y nómada. He aquí varios días que la joven mujer vigilaba la actividad de la gente venidas del desierto y de la progresión de la "podredumbre". Kei' zan había procurado que todos los miembros de Corazón de savia así como sus aliados de otros gremios pudieran ver lo invisible. Esta mañana un acontecimiento importante lo alertó. El suelo se grieteaba de por todas partes alrededor de la piedra y pedazos de cristal comenzaron a elevarse despacio. Percibió allí un peligro inminente y se echó a correr con destino al bosque Eltarite. Llegó la tarde misma, extenuada y cansada. Marca-rojo que guardaba el campamento fue a su encuentro, mirando si ningún enemigo se acercaba. Cayó de rodillas. - Respira, ya llegaste Ydiane. Por qué correrías así. - Es, es increíble. Dice jadeante. ¡La tierra alrededor de la piedra caída del cielo, se desagarra! Hablaespiritu se inclinó por encima de ella inclinando la cabeza. - Puedo ver lo que viste, te ruego. - Sí, sí. El Daïs concentró su magia y entro la barrera psíquica de Ydiane, capturando sus memorias viendo en ella los desastres provocados por los Nómadas. Compartió mentalmente esta información con otro Daïs presente en el bosque Eltarite. Kei-Zan que no estaba en el campo con ellos, respondió seguidamente. - Mi hermano, esto es ofensa a Guem, no podemos quedarnos mas tiempo inactivos frente a esto. Qué Corazón de Savia reúna el claro de los espíritus, le encontraré allí, el tiempo de prevenir a los jefes de clan. - Muy bien, nos ponemos en camino. Hablaespiritu dejó a Ydiane reposarse, el tiempo para él les explicara la situación a sus aliados que se habían quedado aquí. - Me debo de advertirte que la situación se degrada rápidamente. Los Nómadas atacan ahora a la tierra misma. Los corazón de Savia debe reunirse urgentemente en lo más hondo del bosque. Ningún extranjero puede pisar ese lugar. Me comprometo en buscar soluciones por mi parte. - Voy a quedarme aquí para esperarlos y esperar las noticias de los Enviados de Noz' Dingard, dice Alishk que no había fallado nada de la discusión. - Gracias Draconiano. - Vuélvanos con buenas noticias, es todo lo que importa, comentó Sangrespada a quien decididamente estaba muy a gusto allí. Hablaespiritu se volvió hacia los suyos. - Ahora Corazón de Savia en el camino. En algunos minutos el campamento se lleno de Eltarites y otras bestias que componían este gremio. Por su parte, Kei' zan concentraba sus esfuerzos por analizar la situación lo más precisamente posible. Por desgracia después de varios días de búsquedas y de reflexiones se confesaba incapaz de comprender cómo vencer a estos Nómadas. Había bien este ritual creado por los Draconianos que daba algunas pistas Comprendió por ejemplo que sus poderes habían sido concedido por sus dioses y que crear una barrera entre ambas partes era una solución factible pero extremadamente costosa en magia. Recordó entonces creencias ancestrales de su pueblo. Mientras que el Árbol-mundo era majestuoso y fuerte, Hom' chaï y Elfines habrían venido de un lugar muy lejano, tan lejano que es supuesto estar en otro lugar que sobre Guem. La logica que tuvo fue motivado sólo por un pesimismo importante visto los últimos acontecimientos y su instinto. Su hermano se había ido desde hace varias semanas y no tenía ninguna noticia de él que indicaba un fracaso probable de la expedición de los Confines. Esta mentalidad no le había venido desde la explosión del Árbol-mundo. ¿Y si en resumen de cuentas todo esto era sólo el signo que el tiempo de su presencia sobre las tierras de Guem estuvo acabado? Kei' zan tenía firmemente la gema verde, la semilla del que le dio la vida, en el interior una pequeña raíz estaba creciendo. " No puedo devolverte vida sobre esta tierra que corre peligro de morir, " pensó. Le hacía falta saber más sobre eso sobre la historia de los Hom' chaï y Elfines, se propuso llegar al claro de los espíritus, el lugar donde vivía la tribu de los guardianes de los tótemes. Ésta tenía una particularidad importante, fue constada en gran mayoría de Hom' Chaï no por elección pero simplemente porque reunía valeroso chamanes, Hom' chaï capaces de hablar a los espíritus. Apenas llegaba en el claro, que desde el tiempo se había hecho un pueblo que florecía en medio del bosque, que fue en seguida acogió por aquel que había venido para ver, Hablaroca. - Entre Kei' zan, deja a un lado tus dudas y tus temores y despierta tu espíritu. Dice convidándole a pasar la entrada del pueblo donde dos tótemes de una y otra parte del camino les señalaban a los viajeros que el camino acababa allí.

Había en este pueblo olores de plantas, olores increíbles. Daïs fue impresionado cuando a la presencia importante de magia en el ambiente, aquí se sentía en paz. Hablaroca no pronunció una palabra hasta que hubieran recorrido todo el pueblo y se encontró sobre una colina que dominaba los lugares. Hom' chaï se sentó en la hierba grasa y apacible. - He aquí mucho tiempo que no nos vemos Kei' zan. - Es verdad pero el tiempo vino para mí para decidir lo que va a ser el futuro de Eltarites. ¿Que puedes decirme sobre el origen de Hom' chaï y de Elfine? Hablaroca sacó un tazón de piedra de una bolsa en piel y dejo allí unas hojas secas antes de crear algunas llamas para quemarlos. - Lo que voy a contarte es lo que nos transmitimos entre guardiánes de los espíritus desde hace tiempo. No pretendo que esto sea la verdad porque es probable que a lo largo de las edades, la verdad sea hecha leyenda. Ninguno aparte los nuestros conocen esta historia porque se queda para nosotros sinónimo de vergüenza y de un pasado en lo sucesivo demasiado lejano. El humo que se escapaba del tazón se enrolló y tomó la apariencia de una serpiente, girando alrededor de los dos a Eltarites. - En el antaño una civilización que dominó las tierras de Guem. Era bien antes de la aparición de los hombres antes de la gran Erosión. Este pueblo feroz y cruel esclaviza otros con facilidad, destruyendo fabulosas ciudades, aniquilando civilizaciones enteras. Los llamaban Eltarites, lo que dio el nombre de nuestra civilización que reagrupaba a Hom' chaï, Elfine y Daïs. Ninguno verdaderamente sabe al que se parecían estas criaturas. No quedaba más que un obstáculo a su supremacía, Daïs. El humo se enroscó cada vez más y tomó entonces una apariencia de lo que Hablaroca contaba. - Los Eltarites emprendieron la conquista del bosque y una guerra salvaje estalló entre ambos pueblos. Esto selló la suerte de esta civilización. El Árbol-mundo de su total poder los castigo. Los separó en dos criaturas distintas, Hom' chaï y Elfines. Todo cambió. En lo sucesivo estas criaturas vivirían en el bosque, olvidando poco a poco su pasado de conquistador. Hay mucha falas en esta historia, pero de ahí emana lo que somos. Somos por una parte Hom' chaï a y en alguna parte Elfine que nos completa, acuérdate de lo que éramos. Estamos seguros que podremos un día encontrar nuestra unidad y que para esto hay que tirar las enseñanzas del pasado. Pero todo esto es sólo una leyenda. Kei' zan jamás había escuchado hablar de esta historia y fue muy asombrado de eso, él que dirigía Eltarites desde bien mucho tiempo. - ¿Yo comprende mejor algunos hechos, otro Daïs ellos me escondieron esta historia deliberadamente?

- Non Kei' zan, para evitar todo problema cuando a nuestra integración, el Árbol-mundo procuró que Daïs olvidaban el pasado para enfocarse en el futuro. - ¿ Si el Árbol-mundo hizo esto por qué me hablas de eso hoy, arriesgando el despertar de esta memoria? - Porque es el momento. - ¿ Y estos Eltarites allí venían por otra parte? - No sé, pero debe quedar algo en alguna parte de las tierras de Guem de los restos de lo que éramos y nuestro pasado. - Esperaba otra respuesta, de lo que había oído Hom' chaï habrían venido de otro lugar que las tierras de Guem. - Solo puedo darte estas respuestas, dice Hablaroca regresando el tazón para asfixiar el fuego. - En este caso estamos perdidos, los invasores venidos del desierto van a quebrantar las tierras de Guem y para nosotros será el fin... En este momento allí Hablaespiritu se le dirigió y le contó los últimos acontecimientos. Para Kei' zan no quedaba más que una cosa en hacer sacando fruto del cuento de Hablaroca. - Mi hermano, esto es ofensa a Guem, no podemos más quedar inactivo frente a esto. Qué Corazón de Savia reúna el claro de los espíritus, le encontraría allí, el tiempo de prevenir a los jefes de clan. - ¿ Que piensas hacer Kei' zan? - trastornos ya se efectuan. En otro tiempo el Árbol-mundo murió irremediablemente y nos dejo a nosotros mostrarnos dignos de su herencia. Para usted Hom' chaï y Elfine, ya es hora de luchar para alcanzar lo que usted busca: la unidad. No digo que esto será fácil ni que esto será rápido, muy al contrario, sino estamos en la vuelta de alba nueva para las tierras de Guem. Hablaroca dio con un aire satisfecho de la respuesta. - Voy a escuchar los espíritus y a soltar sus lenguas. Mientras que Kei' zan convocaba uno por uno a los diferentes jefes de la tribu Eltarites, Hablaroca le iba sobre el lugar que prefería. Al lado del claro de los espíritus se encontraba un lugar místico fuera del tiempo cuando sólo los chamanes tenían la autorización para ir. Bajo el cielo estrellado de una noche sin nubes, varios tótemes grabados por símbolos tribales brillaban despacio signo de presencias de espíritus. El Hom' chaï puso la mano sobre el primero de ellos. - Piar, ave espíritu del tótem que ve todo, oye mis palabras. En este momento allí, las luces se intensificaron y pareció posado en la cumbre del tótem un ave de azul-noche. Hablaroca fue a hacer lo mismo al tótem justo al lado. - Akem, felino espíritu del tótem guerrero, oye mis mis palabras. Lo mismo el tótem también se iluminó y apareció un felino en diente de sable, de color azul-noche. Acabó por el tercer tótem. - Ghalagi, lagarto espíritu del tótem místico, oye mis palabras. Entonces un lagarto en la piel azul apareció en su vuelta sobre la altura de la antigua escultura. - Oímos tus palabras chamán. Pero antes de continuar sepa que el mundo de los espíritus es perturbado sufrimos lo que sufre las tierras de Guem, explicó Ghalagi con una voz triste.

- En este caso usted estará de acuerdo para intervenir sobre el destino de nuestro mundo. - ¡ No habríamos respondido si era no el caso! Respondio Akem. - ¿ Y tú Akem, a quién ves en nuestro futuro, encontraremos nosotros la unidad? ¿ Los invasores se llevarán la guerra? Interrogó a Hablaroca con inquietud. - El futuro no es claro está en un movimiento perpetuo, una cosa es cierta los trastornos van a efectuarse, anunció Piar. - ¡ Una guerra es inevitable, pero estarán listos para nosotros, usted estará listo! ¡! Gritó a Akem. - Kei' zan es una de las llaves de la historia Hablaroca. Deberá hacer una elección que importará para su pueblo. transmitele este mensaje, nada está perdido totalmente, poco a poco empezaremos de nuevo. Díselo a él. En este momento los espíritus se borraron por magia, recobrando su mundo invisible. Parleroche fue enturbiado. ¿ Que iba a pasar sobre las tierras de Guem para que los espíritus habitualmente tan enigmáticos y sueltos respondan así? Hablaroca se volvió al pueblo y fue a transmitirle inmediatamente el mensaje de los espíritus a su destinatario. Kei' zan no pudo abstenerse de pensar en la semilla del Árbol-mundo, había probado todo para hacerlo germinar pero nada había hecho allí. " ¿Que hacer? " Se preguntó.


A través del desierto

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Mouktar había pasado varios días viajando en el desierto. El mensaje que aportaba era de una importancia capital y se había parado sólo para reposarse algunas horas cuando era necesario. Por fin pasó a ambos guardias de arena de la gran puerta de Mineptha capital del reino de las arenas. Excusándose ante la población empujó su montura hasta el palacio real. Este último era el corazón de la ciudad. Las estatuas inmensas de los reyes pasados miraban, firmes para la eternidad, el pueblo que estaba ellos en otro tiempo. Mouktar cayó a rodillas delante de un guardia, soplando como un buey.

- Aporto un mensaje muy importante procedente de Aksenoun. Por favor diga al hijo del Sol que su servidor que entiende y ve para él está aqui, dice al ritmo de las respiraciones fuertes.

El guardia examinó al curioso con desdén.

- ¿ Qué es lo que te hace pensar que el dios del desierto querrá recibirte? Vaya, suelta y que te vemos de nuevo más.

Mouktar se levantó y sumergió sus ojos en los del guardia.

- ¿ Sabes lo que les pasa a los que se levantan delante del escorpión blanco de Selik?

El nombre pareció provocar una conciencia. El guardia observó mejor a su interlocutor y observó el pedazo de tatuaje que sobrepasaba de su brazo, dos garras de un escorpión blanco, la marca espías del rey. Inmediatamente el guardia cogió a Mouktar por el brazo y le hizo avanzar por la puerta del palacio.

- Discúlpeme, es muy raro ver a gente como usted. Le conduzco a la sala de audiencia del dios del desierto.

- No se inquiete esta historia se quedará entre nosotros.

Un poco más tarde Mouktar se hartaba un poco con algunos dátiles y sonido además de agua cuando las puertas de la sala se abrieron con estruendo. Apareció un hombre joven a la belleza ravasadora.

Cada una de sus joyas era una obra de arte y no fue llevada al azar, formando una armonía con resto de su físico. Mouktar reconoció inmediatamente a príncipe Metchaf, heredero de la corona del reino de las arenas. Puso lo que tenía y se aplasta en el suelo como lo pedía el protocolo en presencia de una persona tan ilustre. El príncipe fue hasta los tronos donde se sentó en el sitio de su padre.

- ¿ Te escucho a fiel de Selik, vienes de Aksenoun no?

Alzando la cabeza pero quedándose a rodilla Mouktar tomó la palabra.

- Vengo bien de Aksenoun. Anuncio de muy malas nuevas a hijo del dios del desierto.

El príncipe tuvo el aire ancioso, le había a Aksenoun el que hacía pegar su corazón y la que más tarde se haría la reina del desierto. Mouktar repitió.

- Los rebeldes invistieron la ciudad de Aksenoun y anudaron contactos con políticos importantes. Resulta que el juicio de Aïf Salah Mehdir no es tan adicto más a su majestad. Los rebeldes, sacando provecho de la salida de los Nómadas para tierras lejanas, se reforzaron. Sus filas se ven hinchadas los nuevos partidarios y los nuevos aliados aparecieron.

- ¿ Sé las informaciones de los fieles fiables de Selik, pero tienes pruebas de lo que acercas?

Mouktar cogió su bolsa y salieron de eso de trajes ensangrentados.

- Intercepté a un mensajero rebelde por lo tanto de Aksenoun y quien contaba con ir a Sefka para negociar condiciones de rebelión de la ciudad.

- ¡ El loco! Cortó al príncipe.

- Vealo por usted.

Mouktar derribó sobre el suelo diverso objetos de oro y aportó uno al pie del trono antes de alejarse de eso. El Príncipe se inclinó y en el momento en el que reconoció el objeto estalló.

- ¡ QUÉ! ¡ Cómo se permite ofrecer joyas ofrecidas por mi padre a estos perros!?¿Que hace el sacerdote de Sol ra en Aksenoun, es incapaz de ver esto??

- Temo, príncipe, que sea encerrado en su templo por miedo de un asesinato.

El príncipe se acercó a Mouktar.

- Serviste bien a tus dueños, te dejo otros objetos para los escorpiones blancos de Selik. Ahora tengo que hablar con mi padre.

El viajero no se hizo rezar para irse de nuevo rápidamente llevándose su botín.

Metchaf no tardó en producirle estas noticias a su padre. Encontró al rey del desierto en los jardines del palacio. Hacía allí húmedo y bueno, las palmeras aportaban de la sombra y el estanque de agua fue recubierto con plantas de agua. El rey del desierto estuvo instalado sobre un banco, acariciando a uno de sus numerosos gatos al pelaje increíble.

- ¿ Tus pasos tienen prisa no, hijo?

- Si padre. Un escorpión blanco de Selik acaba de llegar. Aksenoun está en presa a la rebelión y a la entrega en causa de su autoridad.

- ¿ Un escorpión blanco? ¿ Aksenoun se rebela? Veo. ¿ Entonces hijo que vas a hacer para salvar esta situación que parece preocupante?

Metchaf comprendió en este instante que su padre le ponía a prueba. El tiempo de venir hasta los jardines había tenido tiempo de amontonar algunos planes.

- Es importante ser firme, pero la ausencia de los Nómadas es un freno a nuestra potencia. Lo mismo, enviar el ejército correría peligro de provocar pérdidas inútiles. Creo a Aïf d' Aksenoun influenciable creo que su fe en Sol ra y pues en usted padre no es bastante fuerte más.

- ¿ Y qué cuentas con hacer para reforzar su fe?

- ¡ Va a hacerme falta a Shrikan! Respondió firmemente al príncipe.

- ¿ Shrikan? Hace ya mucho tiempo que le acudimos.

- Sí padre, pero va a servirme de aprovechamiento para mostrar a ellos todos a los que dudan en usted que hay sólo dos salidas para ellos: la muerte o la fidelidad.

- Así lo decidiste. Tente cuidado, aunque Shrikan sea un medio de llegar a tus fines, los rebeldes no entenderan así, no quiero perderte.

- ¡ Pero padre Sol ra guía mis pasos y mi mano, no puede nada llegarme a pasar!

El rey del desierto puso su mano sobre el hombro de su hijo.

- Ve y has honor a tu familia y a tu sangre.

El día siguiente, príncipe Metchaf fue al templo de Sol ra en Minepthra dónde fue recibido " en grandes festejos " por los sacerdotes. El que aseguraba el mando en lugar de Ïolmarek invitó al príncipe a la oración matutina. Este último aceptó muy de buena gana, mostrando así que la familia real siempre fue implicada en la vida religiosa del desierto.

Una vez remate el príncipe le pidió a Okthan seguirle en un lugar más aislado.

- ¿ Príncipe, puedo ser útil para usted en qué que sea? Preguntó el sacerdote.

- Por orden del hijo de Sol ra, rey del desierto, Shrikan debe serme devuelto en el instante.

- Shri.. ¿ Shrikan? ¿ Señor, hay un castigo de dictado por el hijo de Sol ra?

- Sí, tráeme hasta él.

El sacerdote no planteó otras cuestiones porque no tenía el derecho a discutir las órdenes de la familia real. Se contentó pues con conducir al príncipe donde quería. Él se hundieron allí dónde la luz de día no alumbraba más y las únicas las llamas de algunas antorchas indicaban el camino que hay que seguir. Esta parte del templo fue reservada para los secretos y para lo que todos los sacerdotes no deseaban ver. Okthan lentamente marchó para no perder al Príncipe en este laberinto, se paró delante de un porche. Por el otro lado había sólo unas tinieblas. Metchaf sentía como un malestar indecible.

- Para evitar el menor problema lo encerramos lejos de los rayos de Sol ra, argumentó al sacerdote.

- Bien, pero hezlo rápido, no quiero quedarme aquí.

Okthan le avanzó en la negrura y le encendió uno a uno las antorchas de una pequeña sala. En medio de éste, puesto sobre una estela se encontraba jarra blanca pintada de un símbolo de Sol ra, un sol de oro estilizado.

- He aquí Shrikan, príncipe.

Metchaf giró alrededor de jarra el aire circunspecto.

- ¿ Entonces eso es Shrikan? No me tiene el aire tan peligroso como su reputación lo pretende.

- Las apariencias son engañosas mi príncipe, y no es el exterior que hay que juzgar, pero el interior. Voy mostrarle. ¡ SHRIKAN! ¡ Despiértete y venga para rendir homenaje al hijo del rey del desierto!

Jarra se echó entonces a vibrar, un humo ocre lentamente se escapó de eso arremolinándose. El conjunto tomó la forma de un genio, una criatura de la que habla las leyendas.

- ¡ Un genio! Exclamó el príncipe.

- ¿Genio? ¿ Dónde ves a un genio joven príncipe? ¡ Soy Shrikan y como tú soy Solarian!

- ¿ Oh? ¿ Soy Solarian? Interrogó a Metchaf con asombro.

- Esto es una historia larga mi príncipe, respondió Okthan.

- ¡ Sí sacerdote cuéntale cómo he sido encerrado en este jarra! ¡ Cómo yo criatura de Sol ra fui arrancado del cuerpo de mi elegido! Dice con cólera.

- Tendrás todo el tiempo contarme esto durante el viaje hasta Aksenoun, Shrikan, pero sepa que tu historia me interese, así como todo lo que se parece mucho a Solarians.

- ¡ Shrikan, te ordeno devolver en tu jarra! Exclamó Okthan.

Inmediatamente y en un proceso inverso, Shrikan se encontró de nuevo en su prisión.

- Le escuchará porque no puede ser de allí de otro modo. Es importante guardar al espíritu que debe ser retenido por esta ancla física, hasta si le suplica, no le conceda su libertad.

El príncipe escuchó sólo una oreja las recomendaciones, se apoderó de jarra y dejó el templo sin demora.

- Si se me libere correría peligro de no dominarme más. Necesitamos un cuerpo para retenernos. Jarra me retiene, por lo menos por el momento.

- Dices también que soy Solarian, sin embargo no siento nada con relación a la costumbre.

- Esto vendrá a tiempo, podemos tardar mucho antes de manifestarnos. Pero sabe que eres bien una parte de Sol ra.

Al día siguiente por la mañana el príncipe fue despertado por Shrikan.

- Despiértate, tenemos visitas. Están llenos de malas intenciones respecto a nosotros. Dice mostrando una dirección.

El príncipe cogió sus armas y se puso en guardia. Tres hombres armados aparecieron entonces en lo alto de una duna. Sus caras fueron escondidas por un turbante. No daban el aire de bandoleros porque sus posturas fueron hechas telas de calidad.

- Así es como se me acoge... Veo que la noticia de mi llegada en Aksenoun se difundió rápidamente.

Los agresores no respondieron, contentándose con entablar el combate con príncipe. Por desgracia para ellos Metchaf había seguido las mejores enseñanzas en materia de manejo de las armas. Apoyado por Shrikan, los infortunados no tuvieron las cualidades requeridas.

Dos de ellos cayeron rápido bajo los golpes del príncipe y de su aliado. Último viendo la situación girar a su desventaja, soltó su arma y cayó a rodillas, rogando que el príncipe acude a su piedad.

- ¿ Piedad? ¡ Sin embargo viniste matarme, perro de rebelde!!

El príncipe tuvo entonces una idea.

- ¡ Quita tus trajes! Dice colocando su lámina bajo la garganta del hombre.

Tiritando de miedo el hombre del desierto se libró de sus vestidos y se encontró en lo sucesivo la piel desnuda bajo el sol ardiente.

- ¿ Quién te envía?

- ¡ Es Aïf d' Aksenoun! Respondió sin vacilación.

- ¡ Mientes! Cortó el genio.

Shrikan se puso a la cabeza entre sus manos y cerró los ojos.

- Veo a un hombre vestido de negro de pies a cabeza, es grande y sus ojos son verdes como los cristales que siembran el desierto. Da el aire de ser su jefe.

- Bien tenemos un blanco. ¡ Vayamosnos! Cuando a ti, perro, vas a arder bajo los rayos de Sol ra, puede que sobrevivirás.

Aksenoun no era muy lejos. El príncipe y Shrikan llegaron a finales del día con vistas a la ciudad imponente. Metchaf se vistió con los trajes tomados sobre el hombre del desierto y pasó un poco más tarde la entrada de la ciudad.

Aksenoun verdaderamente era una de las joyas del desierto. Al contrario de Minepthra no estuvo constituida por casitas esparcidas alrededor de un palacio, sino alrededor de un conglomerado de obras aglutinadas alrededor del palacio de Aïf.

- Resto más que a encontrar a este dirigente.

Las calles de Aksenoun estuvieron ocupadas por escaparates de los vendedores, vendiendo mil maravillas que venían cuatro esquinas del desierto y de más lejos.

Había mucho mundo en aquel momento del día porque la frescura llegaba despacio a medida que la noche caía. El príncipe observaba a la gente evitando a los guardias de la ciudad susceptibles de traerle problemas.

Después de haber hecho la primera vuelta de la ciudad un hombre lo atracó.

- ¡ Tú he aquí! ¿ Que es callado esto hecho? ¿ Te esperamos y tú agarras del buen tiempo? ¿ Entonces usted lo tuvo??

El príncipe volvió al juego inmediatamente y se deslizó en la piel de su agresor.

- Sí, sí, lo tuvimos, tráeme a él yo le contaré.

El hombre miró alrededor de él y avisó al príncipe de seguirle. Fueron entonces al mismo palacio de Aïf. los rebeldes habían crecido el vicio hasta haberse instalado en el mismo emblema de la autoridad y esto el príncipe no podía dejar esto impune. El cuartel general de los rebeldes se encontraba en las cárceles, vaciadas para la ocasión. Había allí varias decenas de hombres armados entre las que su jefe, hombre alto con los ojos verdes devolvían en sitio algunos recalcitrantes. El hombre que acompañaba a Metchaf revolvió a los que se encontraban sobre su paso y se abrió un camino hasta el jefe.

- He aquí uno de los enviado a matar al príncipe.

- ¡ Oh! ¿ Entonces? ¿ Cuenta, lo degolló y dejó su cuerpo en presa al buitre?

- Sí señor, lo encontramos, luego matado, pero tuvo razón dos otros.

- ¡ Muerto con la causa! Pero es perfeccionado.

El hombre en negro se adelantó hasta una de las células.

- Ves querida, tu bello príncipe no es más, tu padre está bajo mi copa, el rey del desierto no podrá mucho tiempo hacer oídos sordos a nuestras reivindicaciones.

" Yo comprende mejor, este hombre retiene a la chica de la Aïf, debo actuar " pensó el príncipe. Aprovechó mientras que el jefe de la rebelión sea inconsiente de ello. " Decapita la cabeza y el resto seguirá ". Con rapidez desenvainó una lámina, cogió por detrás la cabeza del jefe y seccionó de un golpe seco su garganta. La sangre fluyó abundantemente mientras que el hombre en negro caía a cuatro patas teniendo su herida. La asamblea fue ensordecida, pero por seguridad Shrikan apareció para interponerse. Algunos huyeron delante de la muerte del jefe, otros decidieron que había que intervenir y vengarse de esta afrenta hecha a la rebelión. El combate se comprometió a diez contra dos.

Los golpes se cambiaron, las láminas se entrechocaron. Shrikan guardó un ojo sobre el príncipe, cuidando las heridas de este último a medida que era lastimado. Otros hombres llegaron, esta vez se trataba de guardias del palacio, probablemente coorompido por el espíritu de rebelión. Si aunque en resumidas cuentas ambos Tipos de Solarians fueron rápidamente sobrepasados en fuerza. Metchaf olía en el fondo de él de la sensacion una potencia nueva. Alrededor de él llamas de luz aparecieron, quemando traje del impío.

Alas aparecieron en su espalda. Su kopechs, espadas a la lámina arqueada hendieron a varios individuos. Ahora quedaban sólo unos guardias, numerosos y mejor armados. Metchaf que verdaderamente no era más lo mismo sentia que la situación podía serles fatal e hizo lo que no había que hacer sino que era la sola salida válida.

- ¡ Shrikan, en nombre de Sol ra te libero!

En seguida las cadenas que ataban al genio a su jarra cayeron al suelo. Su aspecto cambió para volverse próximo a los aspectos de un hombre.

- ¡ Por fin! ¡! ¡ Larvas voy reducirlos a cenizas!

Hizo entonces llover la cólera de Sol ra sobre sus enemigos, rayas luminosas se fueron en todos los sentidos, si aunque al fin ninguno de ellos quedó con vida cuando la batalla se acabó. Los sollozos de una mujer eran en lo sucesivo los solos ruidos que perturbaban los lugares. Metchaf herido volvio a su apariencia "normal", cuando en Shrikan marcó una pausa antes de pegar en un cuerpo con rabia.

- ¡ Infieles, ustedes serán destruidos retoños de Guem! ¡ Nada me retendrá en lo sucesivo!

Metchaf que vacilaba se acercó a su nuevo amigo después de haber recogido las cadenas. Sin el menor aviso los cerró sobre puño del genio.

- ¿ Que por qué me haces esto?

- Cuídame y devuelve en tu jarra.

Shrikan repitió su aspecto de genio y ejecutó la orden de su "dueño", luego el príncipe fue a librar al que era para él su futura reina.

Esta historia dio la vuelta rápidamente al desierto y por todas partes contamos la leyenda del Príncipe, del Genio, de la chica de la Aïf con un mensaje fuerte: el que se desvía del buen camino será castigado por la muerte.

En el horizonte de un nuevo amanecer

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Capitulo 1 - Iniciación

La caravana multicolor se paró delante de la lona negra y morada perteneciente a los combatientes de Zil. Fue conducida por una joven mujer pelirroja vestida con una gran chaqueta a cola de urraca. Después de una ojeada rápida para ver si nadie estaba sobre su camino saltó con agilidad y por reflejo abrió los brazos hacia el cielo como si estuviera en un espectáculo frente a un público.

- ¡ OH EH! ¡ ! ¡ Zil! !!

La cabeza de Kriss sobrepasó entre ambos pedazos del tejido espeso de la puerta.

- ¡ Ten, una resucitada! Dice sonriendo. ¡ Entre pues!

Tiró a la joven mujer por el brazo hacia el interior. Otros combatientes de Zil acogieron a la joven mujer con mucha alegría y con causa era uno de los suyos. Abyssien apartó la pequeña tropa para tener el campo libre. Se acercó, la mir al arrivante, la cual se preguntaba entonces lo que sucedía. Luego por sorpresa el jefe la apretó en sus brazos.

- Estoy muy contento el que estes de vuelta, dice arrojando una lágrima.

- ahshhh... ¡ Me haces daño!

- Oh, perdón.

Abyssien soltó a la joven mujer.

- ¿ Entonces feroz tu año iniciático llevó sus frutos?

- Sí señor, aprendí mucho. Devolví lo que usted pidió. Es en la caravana. ¿Usted me dirá aquel que quiere hacerlo?

- ¡ Excelente! Sí esto te concierne con todo modo. Replicó a Abyssien saliendo de la lona.

Feroz se encontró de nuevo ahogada en la masa de los Combatientes de Zil que la felicitaban y le daba la bienvenida. Fue también la ocasión para ella ser presentada a los nuevos combatientes como Kolera y sombria. Salem fue arrebatado de ver a la pequeña famosa protegida de Abyssien.

- ¡ Te escondió bien al TUNANTE!

- Creciste bien observó a Sangrespada, eres verdaderamente amable, Abyssien es loco por haberte dejado única sobre los caminos.

- Era no verdaderamente única, luego viví uno tiempo en la Casa. ¡ Qué lugar terrorífico!

La casa de la que hablaba Feroz era la antigua morada de Artrezil. El mago le dejó a Zil esta herencia, pero que no interesó a la guémélite de la sombra además del hecho que la casa podía servir de almacén. La reputación de los lugares no animaba a nadie a venir visitarlo porque se lo decía frecuentada, lo que era lejos de ser falso. El espíritu de Artrezil todavía errraría en su casa.

- ¿ Qué te fuiste a hacer allá? Pregunto la Elfine.

- ¡ Fue por esto! Respondió a Abyssien con el fin de que todo el mundo lo oiga.

El jefe se colocó en el centro de la pista. Soriek que le acompañaba puso una jaula gruesa recubierta con un tejido al lado de él.

- ¡ Su atención a todos! ¡ coloquense en círculo alrededor de mí!

Escuchando a su jefe les Zil se miran en círculo a lo largo de la pista.

- Aquel a que ustedes va a asistir no es corriente. Esto es una iniciación, una etapa para nosotros. Mis amigos, hoy estamos en el horizonte de una alba nueva. ¡ Feroz! Acercate mi pequeña, no tenga miedo.

Feroz, sorprendida se adelantó prudentemente a Abyssien. El mago Zil sumergió sus ojos en los suyos.

- Eras con todo lo pequeña cuando te adoptamos. ¿ Hoy eres una joven chica brillante, plena de ardor y sobre todo eres una Combatiente de Zil estás dispuesta a tomar el sitio que se te consede?

Después de haber mirado la jaula que temblaba, de no poderlo más y un pequeño momento de vacilación meneó positivamente la cabeza. Abyssien tiró de un golpe seco al tejido morado que recubría la jaula inmensa. En el interior había una bestia extraña, pareciera ser un gran lobo, o, visto la anchura de espaldas, más bien Volk. Pero este animal allí no fue hecho carne y de hueso sino de sombra.

- He aquí el espíritu de la jauría. Es todo el salvajismo que nos caracteriza, es tan arisco como sagaz. Vas a deber pelear con el y poner en práctica las enseñanzas que recibiste en el pasado.

La asamblea silenciosa esperaba la continuación. Ritos como éste había habido mucho cuando Télendar tomo el sitio de Abyssien. Luego habían estado abandonados. Entre ellos sólo los más antiguos como Kriss, el pequeño grupo de Ergue o todavía Sangrespada y Sinrostro habían tenido el honor de verlo. Feroz que sabía pertinentemente lo que había dentro de la jaula respiraba rápidamente. Iba a enfrentarse con esta cosa. " Coraje mi vieja " se dice, " ¡ piensa en la sombra y lo que sabes hacer con! ".

- ¿ Estás lista? ¿? ¡ No tienes el derecho al fracaso!

Sin esperar a Abyssien abrió la jaula y la bestia se lanzó sobre la pista con paso y potencia.

Feroz se acercaba a la bestia a paso de terciopelo que intentaba domesticar. La bestia estaba dando vueltas para intentar escaparse serca pero fuera de la pista otros Zil le bloqueaban el paso. Por desgracia para ella no había la menor sombra para esconderse.

- ¡ Y bien, es bello el espíritu de la jauría Zil exclamó Kolera, diríamos un cachorro que buscaría su mamà, hahaha!

Pero la bestia maligna e inteligente intentó saltar sobre Kolera. Su boca crujió con algunos cabellos de la figura del antiguo protector de Yses. Fue retenida que por Feroz que la tenía firmemente por la cola.

La bestia se volvió y con sus grandes fauses intento morderla , pero la joven mujer fue rápida, le apretó el osico para lo que la cabeza de la bestia no pueda morder nada más. La sombra trató de liverarse, sus patas se hicieron unos brazos y sus manos lo empujaban, pero sin éxito. Feroz habia invertido los papeles y tomo a la sombra al nivel de la cabeza. estiro y estiro el cuello de la bestia esperando romperle, pero la criatura se deformó y se estiró sin romper. Viendo que esto no daba nada se propuso entonces el luchar como el, comenso a morderlo.

- ¿ Realmente eres el espíritu de la jauría Zil?

- Digamos que soy una creación de Abyssien, soy una parte de su salvajismo y de su bestialidad, esto también verás, me enfurezco rápidamente. Soy la bestia dentro de ti.

Los Combatientes de Zil asistían en lo sucesivo a un cambio en la postura y en la apariencia de Feroz. Remangó sus labios gruñendo como si fuera un animal. Entonces recuperó el sentido, se sentía verdaderamente diferente ahora que se había tragado el espíritu de la jauría. De un gesto rápido se desgreñó los cabellos luego desabrochó su chaqueta.

- ¿Y hablando de Abyssien lo que es ? Gritó sin poder controlar tono muy agresivo.

El jefe Zil sacudió la cabeza " hace falta que juventud se calme " pensó.

- ¡ Y pequeña cálmate! Interrumpió a Kolera.

Pero la "pequeña" no se dejó hablar así y salta sobre el.

- ¿ Grrrr sabes a quién hablas? ¿? Gritó. ¡ Soy tu dueño bolsa de pulgas!

A pesar de su talla mucho inferior al del antiguo protector no quedaba de allí menos impresionante por el salvajismo de sus gestos. Sinrostro y Soriek debieron intervenir para separar a ambos combatientes de Zil. Abyssien impuso silencio la asamblea.

- ¡ Ahora queridos compañeros es el tiempo para nosotros de actuar! Aunque la consejera Ishaïa no es más, la sentencia del Consejo de las acciones sobre el gremio estan siempre de actividad. Si nuestras últimas acciones hacen volver a montar nuestro camino sobre ruedas, nuestra suerte todavía no esta en contra. Trabajé con algunos de usted que estan en esta pista el problema con Télendar y máscara de hierro. Conseguimos localizar a este último. Ahora es en la Jauría el momento de dar prueba. ¡ Hay que capturar Máscara de hierro cueste lo que cueste !

Todos los combatientes aullaron con alegría, la perspectiva del paso a la acción y sobre todo la visión de la venganza hinchaban las voluntades de los miembros del gremio.

Capitulo 2 - Rastreo

Fuera mientras que la noche caia, la Jauría se había reunido alrededor de Abyssien. Sinrostro, Sangrespada, Sombría, Kolera y Salvaje se habían reunido alrededor de un fuego con alegría.

- ¿ Salvaje tomara el mando de la Jauría, ustedes deberán escucharla y dar su vida por ella, esta entendido?

Aunque para Kolera, el más autoritario y más orgulloso de la jauría, le era de por su pasado y sus poderes que debía asumir el papel, estuvo conforme como otros.

- He aquí lo que sé. Máscara de hierro llegó a la pequeña ciudad de Egmyos al sur de Tantad. Yendo a lo largo de las montañas usted debería estar allí dentro de tres o cuatro días. Máscara de hierro debería haber llegado allá desde hace un día cuando ustedes desembarcarán. Le montamos una trampa grosera, pero moderá el cebo, los Néhantistas son tan orgullosos que esto los hace a veces estúpidos. Lo invitamos a un encuentro con señor de la ciudad que diga gustaría proponerle cosas, pero le paso los detalles. Tenemos una caja que contiene asuntos de su interes, pienso que con esto Kolera y Salvaje no tendrán pena a encontrar nuestra presa.

Delante de la perspectiva Sinrostro y Sangrespada imitaron una detención musculosa que hacía reírse a sus compañeros.

- Nos reiremos todavía más cuando lo capturen. Hágase discretos, sobre todo en la ciudad, ustedes no pasará inadvertidos. Tantad es un imperio estricto cuando a los paseos nocturnos y a los desplazamientos de pequeñas tropas. Mejor es irse mañana por la mañana. Le dejo reflexionar sobre todo esto. Buenas noches mis amigos.

Abyssien regresó en la lona donde Salem y Kriss estaban visiblemente en gran discusión.

- ¿ Crees que él van a llegar allá? Preguntó al músico volviéndose hacia Abyssien.

- Creo que comprendieron la importancia de su misión. ¿ Si los Combatientes de Zil venían a dispersarse dónde irían? Él no tienen el derecho al fracaso y lo saben. Después no digo que van a hacer esto en el encaje, esto sería asombroso.

- ¿ DI Yo, ESTARÍAS no en tren de PrepArER Un FUTURO Sucesor tú? Preguntó Salem.

- Siempre perspicaz mi querido Zil. Sí, cuando hace un año me enteré de la traición de Télendar me propuse formar el relevo. Salvaje me reemplazará cuando estará lista. Pero no estamos allí todavía. ¿ Del lado de Egmyos todo está listo?

- ¡ SÍ, verá allí sólo el FUEGO!!

- ¡ Bien, ahora, esperemos!

Al día siguiente por la mañana después de una noche bastante animada la Jauría dejó el campamento Zil. Salvaje entre las disputas con Kolera había dado la vuelta a sus tropas y conocía ahora lo que cada uno era capaz de hacer. Separados en varios grupos, los Zil progresaron sobre el camino hacia el norte. No tardaron en salir de la tumba de los antepasados y fueron a lo largo de las tierras que bordeaban el imperio de Xzia. Al tercer día habían pasado la frontera de Tantad y a pesar de los controles llegaron a Egmyos aquella tarde. Para ellos había que actuar en seguida sin el que su presencia podía ser descubierta y provocar la huida de su presa.

Aquella tarde la luna era alta y plena en el cielo.

- Abyssien había previsto todo lo dicho a Kolera mientras que éste sentía el poder de Volk subir en él.

Sombría se lanzó a favor de la noche con el fin de hacer localizaciones mientras que el cuarteto restante se había instalado en un callejón sombrío. Sinrostro puso el cofrecito que contenía los efectos de Máscara de hierro. Salvaje sacó de eso una tela larga de seda y se echó a sentirlo para impregnarse del olor. Fue imitada por Kolera entre los que la cara y la corpulencia se modificaba despacio.

- ¿ Es doloroso? Le pregunto tal.

- Tengo la impresión que láminas me traspasan, pero di una lección con esta maldición.

Ambos Tipos de Zil se miran a aspirar el aire marchando.

- ¡ Lo tengo! Exclamó Kolera cuya transformación ahora era completa.

- Entonces se fue. Sinrostro, Sangrespada, póngase delante de nosotros y verifique que no cruzamos a nadie.

Salvaje examinó los tejados y Sombría vino a avisarle que los seguía de arriba. La ciudad no era muy grande sino había un laberinto verdadero de pequeños callejones. La tropa giró en este laberinto siguiendo la pista del olor de Máscara de hierro. Sinrostro, Sangrespada y Sombría fueron de una utilidad muy grande permitiendo prevenir varios encuentros de hombres armados. Este pequeño juego de finta duró una buena hora hasta que Kolera y Salvaje determinaron el lugar donde el olor de Máscara de hierro era el más poderoso.

- Duerme en casa del habitante diríamos, cuchicheó a Sangrespada.

Sombría llamó la atención del grupo. El ex-traquemage señaló una ventana al primer piso. Salvaje le avisó de descender para hablar de eso.

- Hay un hombre enmascarado que duerme al primero, parece no tener allí otra gente con él.

- ¿ Muy bien, piensas que se puede acceder a eso por el tejado, allí? Dice mostrando el lugar de donde venía Zozobra.

- Sí, por fin Sangrespada, tú y yo podremos acceder a el mientras esta descuidado.

- Ninguna preocupación vamos esperarle aquí, respondió el Volk

- Muy bien he aquí lo que se va a hacer, volvemos discretamente por arriba, recuperamos a la persona persona se lo enviamos y para no llamar la atención nos dispersaremos dispersa. Nos damos entonces cita aparte de la ciudad y dejamos a Tantad lo más de prisa posible, ordenó Salvaje.

- ¡ Vamos allá ahora!

Las chicas de la Jauría se lanzaron al asalto de la pared y en poco tiempo estaban arriba. Sombría lanzó un rezón por el otro lado luego en cuanto la cuerda fue bien atada, hizo a la funámbula y se encontró sobre el alféizar. De un gesto asegurado y en un movimiento de daga abrió la ventana sin la menor dificultad. El paso Libre Salvaje y Sangrespada reunieron a su compañero y entraron en la pieza sin hacer el menor ruido.

El interior no era rico, poca decoración y un estilo depurado. En la cama simple que ocupaba casi todo el espacio, un hombre enmascarado dormía roncando como un bienaventurado. Sombría saco un pequeño frasco de donde se escapaba un humo verdusco.

Paso el contenido por uno de los orificios de la máscara. Durante este tiempo Sangrespada escuchaba en la puerta para ver si había una actividad en la casa. No parecía que su visita sea conocida unos habitantes de esta casa. Salvaje se apoderó de Máscara de hierro y él ato de pies a cabeza. Una vez esto se completo avisó en Kolera y Sinrostro de acercarse para recibir el paquete.

Los dos recibieron pues al hombre tan buscado y salieron de ahí sin pedir su resto, dejando a sus compañeras hacer lo mismo. Kolera se había preparado más o menos en las calles solitarias. Por desgracia Sombría no estaba allí para ver llegar las patrullas de guardias en las que fatalmente cayeron sobre una de ellas mientras que casi habían salido. Con su finura acostumbrada Sinrostro revolvió a los guardias para hacerlos caer sin herirlos por eso. Ambos hombres se encontraron las nalgas en el suelo sin saber demasiado lo que sucedía. Los milicianos que eran sólo unos quintos, ciudadanos simples y requisados, no persiguieron a los extraños quiénes ya se alejaban. Se contentaron con prevenir a sus superiores.

Sangrespada y Feroz se desenredaron bien y encontraron a ambos fugitivos y su equipaje sobre el camino un poco más lejos. La ejecucion el plan de su jefe. La noche huye corta para ellos pero el objetivo fue cumplido, tenían Máscara de hierro y habían dejado a Tantad. ¡ No quedaba más que entregarlo!

Capitulo 3 - El Poderoso Gremio

El ambiente era eléctrico en la lona Zil. El calor no ayudaba y la tensión subía como un día de espectáculo con nuevos números. Nadie habría carecido del juicio de este traidor Máscara de hierro. El momento había venido para ajustar esta historia de familia. Para la ocasión un estrado había sido construido así como una tribuna. El acusado sólidamente fue sentado y atado sobre una silla, la cabeza insegura. Abyssien lo sacudió para despertarlo pero nada hizo allí.

- ¿ Me oyes Máscara de hierro?

Delante de poca reacción suscitado el jefe utilizó sus poderes de mago para quitar el cierre la máscara. Ambos pedazos de metal cayeron al suelo con estruendo. Todos los combatientes tenían los ojos remachados sobre Máscara de hierro.

- ¿ Télendar? ¿? Gritó a Sangrespada. ¿Te es bien?

En seguida estuvo el tropel en la asamblea, los comentarios que hablaban de "superchería", "manipulación", "incomprensión" fueron a buen paso.

- ¡ Esto basta! ¡! Gritó a Abyssien enervado por la indisciplina de su tropa. ¡ Vamos a tirar esto al claro, siéntese de nuevo!

La algazara cesó poco a poco. Abyssien examinó entonces a Télendar. La cara del chico fue estropeada por grietas múltiples y sus cabellos fueron pegados sobre su frente sudorosa. Sus ojos eran inyectados en sangre y sus pupilas dilatadas. Tenía allí por una emanación vaga, mágica y Néhantica.

- Tiene no el aire bien en punto. ¡ KRISS! ¿ Puedes venir para ver esto?

El músico se acercó y después de haber observado los síntomas fue categórico.

- Está moribundo, es para esto a mi parecer que se nos lo entregó.

- Siento las malas acciones del néhant, su cuerpo es roído por la magia sombría. Pero no puedo hacer nada para él.

- Sí pero yo puedo, respondió Kriss. Es en mis poderes de curar a la gente de este género de cosa. Pero esto va a llevarme tiempo.

- Bien, haz lo mejor posible si logras sacarlo de asunto se nos hallarán en situación de rehabilitar el gremio. Explicó a Abyssien recogiendo ambas partes de la máscara de hierro. Queridos combatientes, trasladamos la reunión del gremio . No deje los lugares mientras la situación no es fijada.

Kriss ayudado por algún Zil trajo a Télendar en un lugar más aislado. El sacerdote se puso entonces en el trabajo con el fin de desalojar y aniquilar el dolor del que sufría. Esto fue terrible para él porque se oponía a una voluntad fuerte y a una negrura destructora. Con paciencia iso calmar el fuente sufrimiento y cerró cada herida lo que para el antiguo jefe del Zil se hizo en dolores infinitos. Esto duró varias horas antes de que Télendar definitivamente sea cuidado.

Durante este tiempo, Abyssien se había encerrado en su oficina con la intención firme de poner en claro este asunto. Echó sobre la butaca ambas partes de la máscara. Vio que en el interior se encontraba un pergamino pegado sobre el metal.

Lo despegó sin demasiada dificultad, había ciertamente una magia ahí dentro. Cartas, luego palabras aparecieron en su superficie.

" Querido Abyssien, Usted me ve desolado por no poder honrar nuestra cita. Estoy seguro que el obsequio que yo le hice colmará esta ausencia, aunque este regalo tiene una duración muy limitada. Es daño para que no seas más abierto a nuestras prácticas que de allí es tan próximo. Sepa que mi mano le es tendida y que tendré placer de iniciarle la magia verdadera. Para nuestro no encuentro próximo, le saludo muy bajo, Enmascaro de hierro. "

- Tu piedra murió y tú no vas a tardar en reunirte con tus antepasados. Trabajaste bien pero no necesitamos más tus servicios. Adiós.

El demonio atravesó una gran casa hasta el exterior. Abyssien observó el paisaje particular y característico de las montañas del norte occidental de Tantad. Ya había pensado hablar de un tal lugar. Télendar acabó su carrera en una carreta bajo una cubierta. Las imágenes se pararon.

- ¡ La casa solariega de Zejabel! Se esconden allí, una información capital.

El jefe del Zil se instaló en su silla y escribió varias cartas a la atención de sus aliados de los que estuvieron Marlok.

- Vamos a inclinar la balanza en nuestro favor.

Feroz se presentó sobre el paso de la puerta.

- ¿ Kriss consiguió salvar a Télendar, hacemos qué? Pidió.

- Desmontamos la lona, arreglamos todo y nos vamos.

- ¿ Vamos dónde? Vamos a ver el Consejo de las Guildas.

Efectivamente varios días más tarde, el gremio casi completo puso su equipaje a pies del castillo de Kaes que ya protegía desde hace tiempo el Consejo de los gremios. Delante de la delegación importante, el Consejo revolvió su horario para acoger a Abyssien en el momento de una sesión extraordinaria. La gran sala de reuniones era una pieza circular donde una decena de sedes estuvo dispuesta en arco de círculo.

Faltaban dos consejeros, salidos a visitar gremios y a ajustar algunos asuntos. El consejero Vérace invitó a Abyssien a venir para expresarse.

- Caros consejeras, queridos consejeros. Es el tiempo para los Combatientes de Zil de probarle nuestro valor. Fuego la consejera Ishaïa, por orden del Consejo nos había librado un ultimátum para enderezar el equilibrio de nuestros actos.

Abyssien avisó a Sinrostro que se acercó con una persona amarrada.

- Nosotros, Combatientes de Zil, tenemos el honor de devolver al Consejo al asesino de Profeta: llamado Télendar.

Un poco más lejos de Salem observaba las reacciones de los consejeros. Ellos todos parecieron satisfechos, totalmente salvo una consejera que plegó los ojos e hizo una mueca de descontento. Viéndoél que se miraba se domina y pareció impasible. Sinrostro avanzó hasta el centro del hemiciclo con su preso. Télendar estaba mejor mucho, se sabía en postura lastimosa, pero los hechos estaban allí, había matado a una persona, debía pagar para su crimen.

- Pero no es todo, nos hallamos en situación de abastecerle una información crucial sobre el lugar donde se situaría la indicación de los néhants comprobados.

- Le escuchamos a Abyssien. Respondió a Verace.

- Están en la casa solariega de Zejabel en alguna parte hacia Tantad.

El consejero se levantó miró a sus colegas que inclinaban la cabeza para afirmar.

- Tomamos nota de su información, bien sobre nos harán falta más detalles pero ajustaremos esto después. Hasta que Télendar sea devuelto a los Enviados de Noz' Dingard.

Un guardia vino para buscar al antiguo jefe Zil.

- Cuando a usted Combatiente de Zil, usted conserva su estatuto oficial de gremio.


Las historias de Piratas terminan mal..en general

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Capitulo 1 - La Dama Negra y la Dama Pirata

La Dama Negra, buque volante del capitán Palpegueuse se lanzaba a paso vivo hacia Arc-Kadia. A bordo de este último la tripulación estaba efervescencia, cada uno se aplicaba a tener su puesto lo mejor que podía. Briscar gritaba sus órdenes desgargantándose.

- ¡Vaya montón de inútiles! ¡Preparen los cañones y hagan escupir la pólvora! ¡Icen nuestros colores!!

El pabellón a la calavera, al sable de abordaje y en juego de mecanicista cruzados sobre fondo negro flotó pues en lo alto del mástil. Por su parte la Dama Negra enarbolaba el pabellón rojo al símbolo de Néhant, significando por ahí: ¡ningún capitan! Al dio una vuelta al timón de un golpe y el buque pivotó el lado. Para ella DameNoire no podía evitarlo hacía falta pues que ambos barcos se entrechocaran allí dónde Arc-Kadia sufriría menos. Se colocó pues para presentarle la delantera derecha del buque a la Dama Negra. El choque fue terrible pero la reacción de Briscar fue inmediata.

- ¡ FUEEGOOOOOOOOOO!!

Los cañones estallaron y las bolas de carbone se derritieron quebrantando el casco de la Dama negra. El bosque estalló de todo los lados y ambos barcos rechinaron por todas partes, amenazando con derrumbarse como castillos de naipes. Pero ninguno de los dos cedía.

La tripulación de la dama negra abordo el Arc-Kadia y el asalto fue dado. Piratas se enfrentaban con piratas pero la tripulación de la Dama Negra era mucho más numerosos que Arc-Kadia y muy rápidamente los hombres de Al el triste se encontraron agobiados. Al la triste hundió su lámina en varios cuerpos de enemigos antes de llegar sobre el puente y agregarse a los demas. Viendo a su capitán a la obra el coraje volvió. Klémencia liberó a Tuerca que sólo aplastó a varios adversarios.

Los magos utilizaron toda su magia para fundir los motores de la Dama Negra mientras que Tiromo cortaba las cuerdas de los rezones con el fin de que más personas no puedan abordar o escapar del barco. Poukos lanzo por la borda a varios piratas y Trébol hizo hablar sus martillos. Parecía que su victoria no tuviera duda. Pero las cosas giraron rápidamente a su desventaja cuando varias criaturas aladas y monstruosas se zambulleron en la gresca, hiriendo indiferentemente a miembros de ambas tripulaciones. A bordo de la Dama Negra, Palpegueuse ahora bajo la copa néhantista y mago de su bando lanzaba relámpagos sombríos con destino a Arc-Kadia.

El buque flaqueaba y cuando todo el mundo se ponía a cubierto de las aves de mal agüero, la DamaNegra se separo de su contrincante (suposición). ¡Lentamente la coquilla (elemento decorativo del barco) agujerada se alejó recibiendo los relámpagos negros de frente, Palpegueuse se fijaba en los motores ya que, si estallaran, indicarían el fin para la tripulación célebre de Al el triste!

El primer motor se paró y el buque mismo se echó a arremolinarse en picada. En lo sucesivo además de ser escondido la tripulación debía aferrarse a lo que podía para evitar salir volando por parte superior el empalletado. Al no tenía más la elección, debía salvar el buque y sus hombres. Se precipitó pues por las escaleras con destino a la sala de los motores. El conjunto estaba en un estado malo, el rayo se escapaba de acumuladores en un chirrido insostenible. La joven mujer se adelantó con dificultad hasta una consola circular en el centro de la cual se encontraba un hueco circular también. Al descolgó el medallón de su padre y sin vacilar le colocó en el centro de la consola.

-Medallón encontrado, Medallón utilizado...

El pupitre en metal sobre el cual fue fijado a la consola se hundió en el suelo que aceleraba así una maquinaria única de metal y de magia. Entonces un gran relámpago deslumbrador. El espacio y el tiempo parecieron deformarse, estirarse y estrecharse. Todas las personas a bordo salvo Tuerca se desvanecieron...

Efectivamente Arc-Kadia no era más en los cielos sino puesto sobre la tierra firme en una isla volante y no dondequiera: la isla de los perdidos, la capital de la piratería. Habían vuelto a las islas blancas sanas y salvas, sólo el Arc-kadia había sufrido.

Capitulo 2 - El pasado resurge

Varios días habían pasado. Klémencia y Trébol fueron directo a reparar el Arc-Kadia desde su llegada en la isla. Las pobres chicas estaban extenuadas y verdaderamente tristes por el balance que iban a presentarle a su capitán.

- Entonces, espero buenas noticias, dice Al el triste examinando la maquinaria a simple vista.

Klémence y Trébol fueron molestados.

- No verdaderamente, "Favor" derecho se derritió y el acumulador principal tomó una sobretensión. Esto causo daños en por todas partes, ciertas ruedas se rompieron y el gravitador está totalmente vacío. Visiblemente es la cosa que usted aceleró quién provocó a la inmensa mayoría de las averías, le explicó Trébol a su capitán que no comprendía allí nada.

- ¿ Y esto quiere decir que el motor esta podrido?

- ¡ No no! Podemos reparar a la inmensa mayoría de las cosas, Arc-Kadia es una bestia soberbia, pero no lo fabricamos. Pienso no que se logra devolver en orden la batea que usted aceleró.

- Por los cuernos de la serpiente de bruma. ¿ no tienen ninguna solución?

- Tenemos una pero haría falta que encontremos a los que construyeron el Arc-Kadia, respondió Trébol. Al el triste quitó su tricornio y se rascó las greñas, siendo esto el signo de una reflexión intensa de su parte.

- ¿ Logrará hacerlo volar?

- Dos semanas de reparaciones, pero habrá que luego rezar para que esto vuele, afirmó Klémencia. En cambio voy a necesitar el golem que se encontró sobre el Titán.

- Te pertenece. No pierdas tiempo y pónganse a trabajar, ordenó Al que se le acomodaba su sombrero. Encuentren lo que hay que encontrar.

¡ Mientras que Klémencia dejaba estallar su alegría, el capitán dejó la sala de máquinas gritando " BRISCAR! ¡ BRISCAAAARRR! ". El viejo pirata fue al encuentro del capitán.

- Oh tú ven aquí. Entonces, haz echar en el torbellino todos los muertos después de haber recuperado sus cosas de valor. Haz desembarcar a los recaderos todavía vivos y hazlos trabajar para devolver derecho al buque y qué ponen calas. Una vez esto hace véndelos sobre el mercado de los perdidos. Vamos a quedar cortados aquí varias semanas, visto los lugares hace falta ser prudentes, hazte hacer torres de guardia y asalaria a los acomodadores para que se nos deje tranquilo.

Después de un esfuerzo de memorización, Briscar inclinó la cabeza para decir que había asimilado bien las órdenes.

- Vaya, vaya, y toma los cuarteles de Ojo de gema esperando su vuelta, estoy segura que sería no contra. Dice a Al con un guiño.

Algunos días más tarde, el buque estaba en funcionamiento de nuevo. El camarote de Al la triste era un completo desorden, los libros y otros instrumentos de navegaciones habían caído sobre el entarimado. Se propuso poner todo en orden. Mientras que estaba devolviendo en sitio los libros se percibió que sobre el fondo de la biblioteca las siluetas de los libros había sido dibujadas.

Repuso pues los libros para hacerlos corresponder a cada silueta. Fue un rompecabezas porque varios libros tenían la misma forma, "se divirtió" pues en desplazar los libros semejantes uno por uno. Por fin un clic oyó oír al nivel de la cama.

Al la triste se echó a cuatro patas y observó el fondo del mueble. Una tabla delgada del planchers' la movió dejando una apertura bastante ancha. El capitán metio allí su mano izquierda y retiró de eso un objeto envuelto en un cuadrado de tejido negro, o más bien gris visto el polvo que le recubría. Febrilmente deshizo el nudo, el tejido que se desagregaba porque visiblemente viejo.

Descubrió una libreta a la cobertura de cuero flexible y en las páginas amarilleadas. Al ya había visto esta libreta hace muy muy mucho tiempo, en las manos de su padre.

- Tú he aquí, y decir que busqué por todas partes y que te estaba allí bajo mis ojos. Dice inspeccionando la primera plana.

" Periódico del Gigante a la mirada triste " luego más bajo " Para Alexandra ". " Mi hija, en el momento en el que tendrás este libro no sería probablemente más y me habría regresado en Guem. Reuní aquí todas las informaciones necesarias, todo lo que debes saber sobre mí, lo que hice y el Arc - kadia. Voy por otra parte a comenzar con la base y a hablarte de mí. "

El primer cuarto del periódico fue dedicado a la juventud del Gigante triste. Había crecido en lo que se quedaba de Bramamir, sus parientes fueron entre los primeros en hacerse unos piratas mientras que la gente se levantaba contra Nehant. Luego a su vuelta abrazó la carrera de pirata y descubrió secretos extraños y mágicos que sirvieron para él de base a la realización de su buque, el Arc-kadia. El segundo cuarto del libro explicaba la creación del buque y la formación de la primera tripulación. Aquel de lo que se enteró era verdaderamente increíble.

Se paró largamente sobre la descripción de los piratas, todo fue catalogado allí: nombre, grado, función a bordo, así como anotaciones diversas. Encontró allí varios nombres útiles. Por ejemplo Hic fue el segundo del Gigante triste antes de hacerse a su vuelta capitán a bordo del Titán y qué aunque hubieran tenido diferencias fueron amigos. Había esta historia de rebelión de Gancho, un joven mozo que quería hacerse capitán y que estuvo abandonado en una isla blanca aislada cuya posición fue anotada sobre un plan junto. Lo mismo había varias indicaciones técnicas a propósito del Arc-kadia, pero jamás había sido atraída por todo esto.

Fue a encontrar Trébol en la sala de máquinas. Había subido allí una fragua improvisada para rehacer las partes mecánicas lo mejor posible mientras que Klémencia se atareaba a volver a montar el conjunto.

- Mira esto, dijo Al la triste, son los planos del barco.

Trébol echó a eso un ojo curioso, pero su especialidad que era la ferretería no comprendía allí grande cosa.

- Hace falta que usted pida en Klémencia esta en más en condiciones de descifrar esta jerigonza.

- ¿ Donde se encuentra? Gritó al capitán mientras que Trébol se recuperó a golpear violentamente sobre un pedazo de metal ardiente.

- ¡ Está en el taller!

- ¿ Por qué tiene que reparar allí aquel quien sabe que cosa?

- Acaba su nuevo juguete, se precavía que es importante.

El taller era una pequeña pieza reservada para Klémencia y donde pasaba del tiempo chapuceando todo y cualquier cosa. Al el triste volvió al taller saltando todas las cosas diversas esparcidas por el piso. Se escapaba del lugar un olor fuerte de aceite.

- ¡ Pilluela!

Susodicha pilluela estaba dándole una orden a Tuerca a tirar una cadena que pasaba por una polea atada al techo y que sostenía un autómata totalmente reparado.

- Ya exclamó Al, te hiciste rápidamente del golem pues.

- Era muy inspirado, hay que decir que esta cosa es una verdadera maravilla, como él lo hacemos no.

- ¿Tú te me explicas por qué no estas reparando lo necesario?

- Y bien Hic - kar va a ayudarme, es más ágil y pequeño que Tuerca, será útil para reparar, pues perdí del tiempo a levantarlo, pero por otra parte vamos a ganar mucho allí.

- De acuerdo, entonces aceléralo y luego pon tu nariz en esto, dice agitando el periódico de su padre.

Klémencia no se hizo esperar y conectó un tipo de cable saliente de la espalda de Tuerca hacia la espalda de Hic-kar. El autómata se sobresaltó luego se apresuró, la energía circuló por cables diversos. Klémence hizo algunos arreglos con un instrumento y le ordenó a Tuerca soltar la cadena ahora que Hic-kar estaba de pie.

- Debe acumular los nuevos datos, esto va a llevar tiempo, veamos este libro Capitán. Al la triste le tendió el periódico abierto sobre las buenas páginas. Para la joven mecanicista, esto fue como si hubiera encontrado un tesoro inestimable. Se echó a brincar y gritando " ¡ es increíble, es increíble! " A todo vaya.

- ¿ Sí pero qué? Cortó a Al.

- ¡ Son los planos del buque, pero ni siquiera, veo allí allí así un montón de bateas que podíamos no adivinar y sobre todo como hacer para acelerar la consola! Pero en cambio, las indicaciones están en lenguaje codificado, dice mostrando las escrituras.

- Oh, es lastimoso. Bueno escucha a pilluela, repára mi buque y vamos a encontrarte a alguien que sepa descifrarte esto.

Capitulo 3 - De nuevas buenas para la tripulación

Gracias a Hic-kar, las reparaciones improvisadas y principales estuvieron acabadas. Para evitar todo problema, la tripulación fue desembarcada, en caso de que una explosión se produciría. Klémencia y Trébol conectaron los motores sobre el acumulador recargado mágicamente por Bragan y Mylad. Los " Favores " zumbaron despacio. Todo parecía ser en marcha, pero la potencia era muy reducida.

- Esto va a volar, pero no vamos a llegar bien lejos, afirmó Klémencia un poco decepcionada.

- Sobre todo si nos cruzamos a la Dama Negra, allí es la derrota asegurada. Bueno vayamos a prevenir de toparnos con ellos concluye Trébol.

- Es el único entre los que contribuyeron a la creación del Arc-kadia y habiendo formado parte de la tripulación original. Hace falta que se logre traducir el código del periódico de mi padre, Gancho puede ayudarnos.

- Hagamos atención, si este canalla vive todavía debe llevarle rencor a su padre.

- Veremos bien.

El buque zigzagueó entre las islas y se alejó hacia el sol poniente. Así como los motores no estaban más en "forma" como delantera, Al el triste descansó antes de que la noche haya caído y se apoyó su buque en una isla en periferia. Sacó provecho de eso para reunir tripulación sobre el puente y hacer un punto sobre la situación.

- ¡ Hermanos y hermanas piratas! ¡ Encontramos el tesoro de Hic! Sobrevivimos al ataque de Palpegueuse y estamos de nuevo sobre las vías aéreas. Vamos hacer a todo para reparar lo mejor posible el buque y en lo sucesivo tenemos los medios.

¡Pero sobre todo vamos a encontrar a la Dama Negra y a mostrar qué son los piratas verdaderos! Desenvainó su sable y lo levantó hacia el cielo, imitada por el resto de la tripulación. La noche fue larga para Al que trazó sobre una tarjeta el camino de navegación que había que pedir prestado para ir en la isla de Gancho.

El asunto habría sido más simple con el barco en mejor estado y más manejable. Las reparaciones hechas impedían ciertas maniobras delicadas.

El día siguiente a eso de las doce el Arc-kadia llegó en una zona particular del antiguo reino de Bramamir. En el sur occidental de las islas blancas en última instancia entre el torbellino y el mar había una región conocida bajo el nombre de Polvo de lágrimas.

Había allí unas centenas de islotes de diferentes tallas y de diferentes formas. Tan visto de lejos verdaderamente diríamos sobre el polvo y las lágrimas debido a los cristales de cuarzo translúcido diseminados en las islas.

Era sobre una de ella que Gancho había estado abandonado a su suerte él bien mucho tiempo. Al la triste hizo replegar las velas y comprometió el Arc-kadia al defecto el nubarrón de islas. En seguida la luz se volvió más débil y la vista increíble. Islas hasta perderse de vista y sobre todo a más bajo restos viejos de buques que no han sobrevivido a la ventura. Al tenía firmemente la tarjeta trazada así como un instrumento de navegación. Briscar que era el mejor timonel de la tripulación estaba en los pedidos.

- 5 a estribor cuchicheó al capitán.

- 5 a estribor repitió a Briscar haciendo girar la barra en el sentido indicado.

Todo el resto de la tripulación fue mostrado a lo largo del buque, vigilando que el Arc-kadia no cruza sobre su camino una isla lo que impactaría fuertemente sobre su futuro. El tiempo pareció largo porque la progresión era muy lenta para no arriesgar que sea. El camino a través de las islas era buque muy peligroso, bastante particular y algún no habría podido llegar hasta esta isla famosa de Gancho sin haber tenido plan. Por fin la tripulación llegó sobre el lugar llamado. La isla era de una talla confortable para un hombre solo, una reserva de agua natural, la superficie casi totalmente recubierta con un bosque espeso.

- Bien, voy a ir allá sólo. Aterriza sobre la isla, no hay que gastar el "Favor".

- ¿ Segura? Cortó a Briscar cuidadoso.

Al el triste se aventuró pues en la isla, cortando las plantas a grandes golpes de sable. Después de haber recorrido una buena mitad de la isla olió como un olor vago de crustáceo tostado. Avanzó pues siguiendo su olfato y cayó sobre una casa construida de restos de barcos sido suspendido al borde del pequeño lago. Allí un hombre cocía un grueso cangrejo de mar al cabo de un palo.

Su barba era muy larga totalmente como sus cabellos. Sus trajes que debían ser suntuosos no eran más que ropas viejas viejas. Esta persona no tenía más su brazo y su pierna del lado izquierdo. Al enfoque de Al la triste levantó algunos instantes los ojos sobre ella luego se apoderó de su cangrejo de mar y le arrancó una pata antes de aspirar el contenido.

- Buenos días Gancho.

El hombre miró con ojos terribles la boca plena y miró de la derecha a la izquierda sin tener cuidado con capitán. Luego trasladó la atención en su cangrejo de mar que se propuso romper con una piedra, lo que se revelaba difícilmente con una sola mano.

- ¡ Gancho! Gritó.

El hombre estuvo sorprendido y examinó a la recién llegada con más atención.

- ¡ Lárgate, no ves que estoy comiendo!?

- ¡ Soy la hija del Gigante Triste Al la triste, la chica del Gigante a la mirada triste! Dice con convicción.

Gancho la miro y se echó a temblar.

- ¿ que es lo que quieres de mi niña?

- Esto, esto va a depender de ti viejo roñoso.

- ¿ De mí? ¿ que es lo que quieres del viejo Gancho que tu papa abandonó aquí?

- Necesito que me ayudas a arreglar el Arc-kadia.

- ¡ Hahaha! ¡ Tus mecánicos no pudieron arreglarlo! ¿ El rafiot es en la estacada y no se te ocurre como repararlo? (frase no comprendida)

Al la triste plegó los ojos para mostrar que no fue tocada por las provocaciones de Gancho.

- Bien veo que quieres quedarte allí hasta finales de tus días. Adiós.

- Oh no, espera, espera O.k. te ayudo, en cambio quiero que se me rehaga una pierna y un brazo.

- Aceptado.

- Y luego quiero también...

- Te tendrás algo más, te sacamos de aquí te restablecemos y tú nos ayudas. No más. Cortó a Al con determinación.

Gancho se rascó la cabeza, probablemente recubierta con insectos perjudiciales, luego escupió en su mano única y se la tendió a Al. La joven mujer aceptó el apretón de manos. Gancho se levantó, tomó su muleta avisó a Al la triste de señalarle el camino. No se llevó nada más...

Varios días habían pasado y Al respetó su palabra. Kleméncia y Trébol utilizaron su destreza para encontrar a nuevos miembros. Durante este tiempo, Gancho que no había visto más a nadie desde lustres sacó provecho del lujo del borde y conoció de la tripulación. Cuando el capitán juzgó Gancho en mejor estado le recordó sus compromisos. Lo convocó en sus apartamentos.

- Y bien nada cambió en esta chilla.

- Concéntrate Gancho, en lugar de ansiar lo que jamás tendrás.

- Hum, bueno entonces seamos serios de golpe.

- Bien, mira esto y dime lo que sabes.

Al la triste le mostró el periódico de su padre en el lugar donde había un código pirata. Gancho examinó el plan con minucia.

- Desolado, pero no puedo traducir esto.

- En caso te devuelvo donde estabas.

- Pero conozco a la persona que puede.

- ¿ Quién esto?

- ¡ El Predicador piratea!

- Esto me dice nada, pero falta una hoja en el periódico de mi padre.

- Normal quería cambiar de vida, es aquel quien me dijo antes de que se me eche. Pero sé de donde viene, al que conoció y todo y todo.

- Y heme aquí cuando quieres, te encargo de encontrarme a este predicador. ¡ Y no tenemos diez años!!


Un mundo al borde del abismo

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Capitulo 1 - Sombrosa

Alrededor de las hermanas las llamas rojas y ardientes se agitaban a merced del viento. Por todos lados era un caos. La tierra agrietava y el cielo permanecia total mente negro como una noche sin luna, sin embargo era el día. Ambas chicas avanzaban con precaucion, pero nada podían alcanzarles y ningún miedo estrechaba su corazón de guémélites de la Sombra. Se sentían atraídas por algo.

Más lejos había una colina hecha tierra negra y ardiente, arriba un trono de cristal sangre roja recubierta con símbolos negros en forma de espiral, la marca de Néhant. Ambas hermanas llegaban al nivel del trono. Arriba del mismo un hombre alto arropado en una gran pieza de tejido perforada y quemada por todas partes.

No podían ver su cara escondida por una capucha. Sabían muy bien que estaba en frente, deseaban este momento hace mucho tiempo.

- maestro, ellas dijeron en unisono.

En seguida y sin el menor control de su parte se unieron una a la otra para volverse Sombrosa.

- Eres mejor así, eres casi perfecta, Dijo el hombre.

La criatura de sombra acercó su cara a la de este hombre el que les hablaba. Levantó su mano con dificultad y acarició con sus dedos la mejilla de la joven mujer.

- Sí, eres casi perfecta, no te falta gran cosa. El momento necesario ocuparás un lugar a mi lado. El necesario que sea asi.

Todo al rededor de ella se pulverizó. El trono y el personaje misterioso desaparecieron, luego el cielo y por fin el suelo. Tuvo la sensación de caer en el vacío. Sombrosa se separó en Silene y Sélène. La caída duró poco tiempo porque ambas hermanas se despertaron sorprendidas.

Estaban en dos habitaciones separadas en la casa solariega de Zejabel. Se toparon una con la otra en el momento en el que cada una decidió ir hablar de su sueño.

- Tú también...

- Tuviste este sueño...

- Extraño...

- Y muy real...

Las dos jóvenes mujeres no entendian nada. Había mucha magia entre ellas, pero era muy muy raro que dos personas hermanos o hermanas sueñen con la misma cosa. Decidieron ir hablar de a eso al que sería el que en más condiciones tenia para responderles. Dimizar procuraba de no dormir jamás gracias a sortilegios sombríos, cada vez que cerraba los ojos no podía abstenerse de ver de nuevo la cara muerta del que compartió su vida. Más no dormir le ofrecía también la posibilidad de no perder el tiempo y de tejer su tela de conspiración. Silene y Sélène contaron su extraño sueño que asombraba el néhantiste por el significado de éste.

- Ya es hora de pagar tu deuda Dimizar, le dice una voz venida del fondo de la cueva.

- Sí es el tiempo, respondió delante de ambas hermanas que no comprendieron esta frase.

- ¿ El tiempo de qué Dimizar? Preguntó a Silene.

- ¡ Pronto llegara el momento de la liveracion de Néhant mis señoritas!

Silene y Sélène se miraron una a la otra con una sonrisa radiante.

- No estén demasiado contentas, esto será extremadamente doloroso, dice llevandolas a su laboratorio. Voy a colocar lo que hace falta, preparense para un viaje largo, posiblemente sin retorno.

Las hermanas pasaron el día imaginando cuál podría ser el medio de acercarse a Néhant y trataron de imaginar sobre su futuro. Mientras que preparaban los pocos asuntos que tenían, Ardrakar forzó la entrada a la habitación de Sélène poco después de haber buscado a su hermana.

- Así Néhant tiene que decidir si concederle su marca y cambiarlas. Soy arrebatada, sepa que fui herida por ahí en otro tiempo.

- ¿ Es verdad? ¿ Cómo es eso de tu pasado?

- Dolor. Pero principalmente era porque fui atado a Dragón. Luchó para conservarme y ese fue el peor de los sufrimientos. El lazo con Dragón cortado, entonces recibí una nueva piedra-corazon, una parte ínfima de Néhant, dice mostrando la piedra implantada en la palma de su mano izquierda. Maravilladas, las hermanas iban a poner un número incommensurable de cuestiones pero Ardrakar puso termino.

- Le deseo buena suerte, Dimizar me habló de su sueño, espero que se realice, estarían listas para volver a ser la dama de Néhant, dice saliendo de la habitación.

Las hermanas no volvieron de allí de este descubrimiento a propósito de Ardrakar, esto les confirmó todavía más en su idea. Fueron pues prontas a la preparación y esperaron a Dimizar a la entrada, pasando el tiempo mirando a Tragalma entrenarse de modo más bien salvaje con Carkasa. Por fin Dimizar acompañado por Máscara de hierro llegó a la entrada. La pequeña tropa dejó la casa solariega rápidamente para ponerse en camino a través de las montañas. Atravesaron así durante varios días la cadena principal de las tierras de Guem.

En resumen de cuentas acabaron por llegar al sur de Tantad en una región bastante inhospitalaria. A lo lejos los volcanes de Tantad que liveravan un humo negro y denso como era su costumbre, recordando así su existencia.

- Casi emos llegado, está aqui no muy lejos, tranquilizó a Dimizar mientras que sus compañeros comenzaban a estar hasta las narices de eso del viaje. Vamos a esperar por la noche y vamos a llamarlo.

- ¿ Apelar quién? Preguntó a Sélène.

- El Gran Dévorador, respondió Máscara de hierro que para el viaje llevaba una máscara simple en lugar de su máscara íntegra.

- ¿ Es qué? ¿ O quién?

- Es el principio del fin y para usted dos la puerta de entrada hacia otro lugar.

El grupo progresó para alcanzar la llanura desértica, algúnos árboles, algunas plantas, tierra arcillosa, peñascos y los cristales transparentes pero la inmensa mayoría quebrantados. Dimizar pareció seguir una pista invisible y se paró cuando llegó al cabo de éste.

- Nosotros he aquí, es allí.

Sélène y Silene miraron por todas partes pero no veían nada.

- ¿ donde esta el Gran Devorador?

- Allí dónde no se lo ve, en las profundidades de la tierra, dice Dimizar mostrando el suelo. Es aquí dónde Néhant abrió las puertas de los infiernos y difundió a los demonios. Ahora el Gran Devorador guarda la entrada, pacientemente hasta la vuelta su dueño.

Dimizar sacó un pequeño cofre de su bolsa, lo puso delicadamente a tierra y lo abrió con una precaución infinita. Saco dos pedazos de Néhant y confió uno a Máscara de hierro.

- Ahora unanse para formar a Sombrosa, ordenó Dimizar.

Las hermanas cumplieron la orden y se hicieron la criatura de Sombra.

- Bien, Máscara de hierro, comencemos.

Ambos magos dibujaron sobre el suelo espirales unidas entre ellas para que las rayas sean continuas. Así formaron un círculo bastante grande, se colocaron en el centro del círculo. Máscara de hierro aspiró toda la magia néhantica contenida en su pedazo y la mitad del círculo que había dibujado se iluminó en rojo. Las espirales cavaron la tierras como si de la misma brotara lava que circulaba en el sitio de las rayas dibujadas. Dimizar hizo lo mismo.

- Guardián de los infiernos, Gran Devorador, los servidores de Néhant te llaman, escucha nuestras voces.

Repitieron un gran número de veses esta frase y a medida que ellos pronunciaba las palabras los espirales se intensificaban y crecían en su talla. Luego la tierra tembló.

Cristales de cuarzo estallaron y peñascos rodaron en las colinas de los alrededores.

- Está allí, gritó Dimizar. Sombrosa, vuelve al círculo.

La criatura de la Sombra atraveso las espirales en el momento en el que el suelo delante de ellos se levantaba. Una colina se formó, luego una montaña. Ésta se ahuecó para formar un tipo de boca humeante cuya garganta fue iluminada de color rojo.

- Oí la llamada y vine fiel del dueño, dice una voz que parece emanar de esta cosa.

Dimizar y Máscara de hierro tomaron a Sombrosa y la lanzaron al círculo.

- ¡ Esta criatura debe verte, devorala! Gritó a Dimizar.

Sombrosa sorprendida creyó que para ella era el fin. La boca aspiró hasta tragar a la criatura de la sombra que aullaba con espanto. En cuanto se la hubo tragado, el Gran Dévoreur se dirigió a los Néhantistas.

- Os será hecha a tiempo. Nos veremos pronto, siento que el Dueño pronto llegara y seré bastante poderoso de nuevo para vomitar a las legiones.

La boca se cerró, la montaña se hundió en el suelo hasta desaparecer.

- ¿ Que hacemos a Dimizar?

- Regresamos a la casa solariega para acabar el plan, volverá a tiempo.

Sombrosa caía, su caída la atraía inexorablemente hacia un lugar donde ninguno deseaba poner los pies. El aterrizaje fue doloroso, aterrizo cara contra tierra, o más bien cara contra cenizas. El polvo se infiltró por su garganta y su nariz, era sofocante. Se levantó mas mal que bien, buscando un apoyo de sus cuatro manos. Después de escupir la ceniza y recuperar el sentido Sombrosa admiró decorados increíbles que la rodeaba. Por todas partes en el suelo de un tipo de gran cueva de piedra negra, estanques se llenaban de una materia viscosa, habríamos dicho como sobre la lava, pero era negro como las tinieblas.

- Sea la bienvenida Sombrosa. Soy el Gran Devorador, vengan hasta mí.

La voz venía al otro lado de la cueva. Obedecio y se coló entre los estanques, observó que por lugar de la materia fluía como animada por una voluntad. Por el otro lado había un altar cortado en cristal negro. Lo examinó pero vio allí sólo su reflejo.

- ¿ Estás listo para el sacrificio Sombroso?

- ¿ De qué habla? ¡ Muéstrese!

Apareció de un golpe sobre el altar una pequeña criatura hominoide no más grande que una daga. Su aspecto era espantoso, habríamos dicho un modelo reducido de Tragalma, pero con la diferencia que su cara se acercaba más al del humano.

El Gran Devorador fijó una mirada fuertemente ppenetrante mientras que sonreía.

- ¡ Arranque esta piedra - corazon horrible de allí en medio de su pecho!

Sombrosa sabía pertinentemente, pero intentar esa operación no peligrosa sino pero mortal? Había oído la historia de personas que habían arrancado su piedra-corazon, habían muerto poco tiempo después de la operación.

- Un guémélite no puede sobrevivir sin su piedra-corazon, dice persuadida por lo que pensaba.

- Es posible, sí, bien que ustedes corran peligro de morir. Pero bien, supongo que debo dejarlas volver con Dimizar.

- ¿ Qué? ¿ Es todo? ¡ Soy escogida por Néhant! ¡ Harás según tu voluntad, donde crees que quedara tu cabeza!

- Es posible, sí, el señor dispone de mi existencia, si no es satisfecho podrá destruirme. ¡ Arranqua esa piedra!!

¿ Sombrosa tenía duda, acaso había que morir para Néhant? ¿ Silene y Sélène cuyas conciencias fueron mezcladas tenían la elección? Después de una reflexión intensa cogió una daga que colgaba de su cinturón. De gesto rápido plantó la daga en su pecho a lo largo de su piedra-corazon arrancandola dolorosamente de un golpe seco.

El dolor recorrio su cuerpo como si se le arrancaran los brazos o si lo despedazaba viva. Llegó con mucha dificultad en arrancar la piedra-corazon como le ordeno el Gran Devorador. La sangre se escapaba a grandes cantidades por la herida mientras que sentia sus fuerzas dejarla. La pequeña criatura aceptó la piedra-corazon que le tendio el Gran Devorador y lo comió en seguida. Sombrosa se transtornó, su vida escapaba de ella terminando inconsciente.

- Sacrificio aceptado dice entonces al Gran Devorador.

Este último saltó por tierra, fue por un poco de materia de tinieblas en uno de los estanques. Al contacto del demonio la materia se transformó en un pedazo de cristal negro.

- Vivirás Sombrosa doncella de Néhant, gritó en el momento en el que colocaba la piedra en la herida sangrienta.

La piel se regeneró alrededor de la piedra y un cambio profundo se produjo en ella. Su aspecto cambió. Sus cabellos se volvieron blancos y su cuerpo se acercó más a la mujer-serpiente. Las sombras movientes que formaban su cola desaparecieron y su piel se volvió lisa hasta la extremidad de su cola. La primera cosa que vio fue esta nueva piedra que emitía una luz débil y roja. Lo rozó de una de sus manos y del golpe pudo darse cuenta cuál todavía estava en forma de Sombrosa. Silene y Sélène no habrían podido mantener esta forma en caso de inconsciencia.

- ¿ Que que me hiciste?

La voz de Sombrosa había cambiado, era más sibilante y cautivante.

- Eres tal, que el Dueño lo deseaba y tal como usted lo deseaba también. Dentro de poco Sélène y Silene no existirán más, quedará sólo Sombroso.

Sombrosa escuchaba a la voz al Gran Devorador. Sentía algo diferente en ella, además de los cambios físicos sentía un poder más importante, más fuerte y más poderoso y un lazo fuerte con Néhant. Se echó a reír, al principio despacio, luego cada vez más fuerte, Sombrosa se había hecho un guémélite de Néhant.

Capitulo 2 - Metedura de mano

Dimizar y Máscara de hierro habían vuelto a la casa solariega desde hace varios días y menos que se podía decir era que no cuidaban sus esfuerzos. He aquí varias semanas que los peones estaban empleados, y hasta el cambio reciente de situación enfrente de los Combatientes de Zil no impediría más el lanzamiento de la maquinación. Tragalma rodó cuesta abajo en el laboratorio teniendo en una pata un sobre el cual había un mensaje enrollado.

- ¿ Pero que es lo que esta pasado? demonios dime que no que te comiste al ave, interrogó Dimizar temiendo la respuesta.

El demonio, que solo actúo por reflejo mientras que el palomo se había posado no lejos de él, no respondió, contentándose con dar la pata del ave al néhantista. Dejó la pieza bastante rápidamente para no tener que justificarse.

(que HDP este tragalma...xDDDDD me hace acordar a Alf...xD)

- Habría mejor hecho de no invocarte, gritó Dimizar que se asombraba siempre de la estupidez de este demonio.

Desenrolló el pequeño pergamino moteado de sangre y se echó a leer el misimo.

" Todo está listo, la demanda es tomada en consideración, usted va a ser convocado para el debate. H. "

Noticias muy buenas diríamos, le dice la voz del espejo.

- Excelentes, la etapa próxima pronto será atravesada.

- Biiiieeen, muy biiienn. Pero atención en nuestros enemigos, son todavía numerosos. Ese Marlok se hace un problema verdadero.

- Marlok y sus amigos, sí son un problema, pero tienen un punto débil una persona en sus filas que les causará muchas preocupaciones. Por fin, estamos aqui en esta etapa, ahora vamos a la que nos ocupa ahora. Por otra parte, el ritual está listo, voy a ir allá. ¿ Y tú, estás dispuesto a desempeñar tu papel Caído??

El antiguo Solarian fue sentado por tierra un poco más lejos, inmóvil.

- Según su voluntad, Dueño.

- ¡ Perfecto! En el camino.

Varios días más tarde, en el castillo de Kaes. Los Consejeros se habían reunido para una sesión extraordinaria para negociar un sujeto muy importante. A la salida, el Consejo de los gremios debería votar para determinar si la magia Néhantica debía, o no, quedar como una magia prohibida. El debate era muy animado porque este sujeto era verdaderamente sensible. La magia de Néhant fue prohibida desde la creación del Consejo de los gemios.

La palabra se había sido consagrada al Consejero Vérace aficionado defensor de esta interdicción, penúltimo que habla antes del voto.

- ¡ Usted no se da cuenta de lo que esto implica! ¿ Olvidó a nuestros parientes y lo que el mundo sufrió en el momento de la guerra contra Néhant? Vamos, seamos serios por favor, devolver este sujeto sobre la alfombra es para mí una confesión de debilidad.

En seguida la inmensa mayoría de otros consejeros se levantaron para protestar o apoyar las palabras de Vérace.

- ¡ SILENCIO! ¡! ¡ SILENCIO!!

El Consejero-deán Kaketsu golpeó el suelo enlosado por un palo de ceremonia, llamando al orden así los enturbiábamos. En el momento de los debates, una orden precisa de paso oratorio fue organizada con el fin de alternar a los consejeros para y contra la medida.

- La palabra está siempre en el Consejo Vérace, indicó el viejo hombre originario de Xzia.

- Gracias Deán. Estimadas consejeras, queridos consejeros, cual es el progreso que nos llevó hasta devolver en causa el mismo fundamento de la creación del Consejo. Además del hecho de que nuestra organización es el de regular los Gremios, una de nuestras misiones es luchar contra Néhant. No tengo nada más añadir, pienso en mis argumentos pertinentes.

Vérace fue a sentarse de nuevo en su sitio mientras que el Consejero-deán le concedía la palabra a Edrianne. En el momento en el que la dama iba a comenzar su alocución un joven hombre que llevaba la librea del Consejo entró rápidamente y dio un pergamino en Edrianne. Después de haberlo leído, se levantó y se dirigió a la asamblea.

- La magia de Néhant es prohibida. ¿ Pero en qué pensar de las llamas que nos pueden asolar? ¿ De la magia de la sombra sin embargo tan próxima del néhantisme cuyos ciertos gremios las usan a excesos? Es puede ser el tiempo no de prohibir, pero de aprender de nuestros errores con el fin de avanzar hacia una otra dirección, la de la comprensión. Pienso en apoyar a la razon y en convencerlos de que hoy los tiempos cambiaron y que ahora debemos adaptar nuestras decisiones al contexto.

Entonces, el peligro hoy no es Néhant, sino la piedra caida del cielo así como los venidos del desierto. Tengo aquí un informe el que me advierte que ahora mismo cuando le hablo, una buena parte de las tierras conocidas como Tumba de los Antepasados acaba de desagrarrarse.

- ¿ Cuál es el informe con sujeto que nos ocupa? Intervino Kaketsu.

- Vengo allá Deán. Para recuerdo y según un informe de actividades de los Enviados de Noz' Dingard, la Archimaga Anryéna y sus magos del Compendio sin embargo con su reputacion de ser los magos más poderosos del mundo no consiguieron pegar la teúrgia de los nómadas. ¿ Y si le decía que la magia de Néhant tenía éxito allí dónde el Compendio es suspendido??

- ¡ Le diría mentira! Acusó al consejero Edrios originario de Tantad.

- En este caso permita yo presentarse un invitado que va probarle que lo que acerco, es verdad.

En este momento allí, Dimizar, único, entró en la pieza delante de la mirada boquiabierta de una parte de los consejeros. El néhantista avanzó de un paso asegurado hasta Edrianne. Dimizar esperó para que el silencio se haga luego mire Kaketsu. Este último le ofreció la palabra.

- Damas, Señoritas y Señores del Consejo de Gremios permítame ante todo saludarle. Soy honrado de estar aqui entre ustedes con el fin de convencerselos que hoy, los néhantistas son su mejor ventaja en esta guerra contra los Solarians.

(QUE DESCARO...XD)

¡ Por su parte Vérace hervía interiormente, un néhantista! EL néhantista que todo el mundo buscaba estaba allí delante del Consejo, bastaba, no, el Consejo debería pararlo sobre campos. Pero ellos todos fueron colgados de los labios de Néhantista.

- Así como mucho soy inquieto a causa de la proporción enorme que toma este asunto de piedra caida del cielo. Estudié esta magia extraña traida de una lejana región. Encontré la solución gracias a la magia de Néhant.

Las protestas aumentaron.

- Pero pienso que le hace falta una prueba, le presento un solarian que no puede más utilizar en lo sucesivo su magia destructora sobre nuestra gente.

Volvió entonces el Caído que fue recibido con "ho" y "ha", su apariencia fuertemente modificada por la magia néhantica.

- ¿ Pienso que ustedes todos leyeron el informe de los gremios respecto a esta persona, hay pocos entre los nómadas que tienen detrás alas y poderes terroríficos? Aquella persona es su equivalente.

- ¡ Monstruoso! Exclamó Vérace.

- Es nuestras tierras que serán monstruosas si no las doblamos. Le aporto una solución y pondré en ejecución todo para que todo vuelva a la normalidad sobre las tierras de Guem.

- Qué es lo que nos prueba que esta persona era Solarian antes de que usted lo transforme en esta cosa. Preguntó a Vérace el aire escéptico.

- Puedo aportarle otra prueba en este caso. Creo que yo sé que usted tiene pequeños pedazos de la piedra caida del cielo y que usted los estudia. Si usted pudiera aportarme dos pedazos, podría entonces hacerle una demostración.

Vérace que no tenía razón particular para negar envió a un guardia buscar lo que fue pedido. Algunos instantes más tarde volvió con un cofre.

- Le agradezco dijo Dimizar aceptando el cofre.

Efectivamente en el interior tiene tenía allí dos pedazos de cristales amarillos y vivamente brillantes. Tomó uno entre su pulgar y su índice y procuró que todos los consejeros pudieran ver la escena.

- Vea usted la magia de Néhant está basada en la sombra, mientras que esta última se contente con esconder o con hacer trampas con la realidad...

Un velo de sombra se extendió entonces sobre el pedazo de la piedra caida del cielo acabando por empañarla. El pedazo se volvió totalmente negro.

- La magia de Néhant permite cortar los lazos solarians con lo que les da poderles y así a tener éxito allí dónde todo el resto es suspendido, dice lanzándole la piedra a Vérace que hizo un movimiento hacia atrás esquivando la piedra. Tranquilícese no arriesgue nada. Consejero Vérace le sé versado en el arte de la magia, usted sentirá en lo sucesivo la magia de Guem en esta piedra y tampoco la ignominia venida por otra parte.

Los consejeros fueron dejados estupefactos por el resultado, el néhantista tenía razón, podía luchar y ganar contra los invasores del desierto.

- Puedo derribar el curso de las cosas, pero para esto usted debe autorizar la magia de Néhant con el fin de que varios de nosotros los que podrían ayudarle se sientan más en confianza y no sean cazados más como de vulgares criminales.

- Pero usted es un criminal atacó Edrios. Usted se presenta frente a nosotros que manipulamos una magia prohibida, deberíamos ejecutarle sobre el instante.

- Usted podría y en este caso usted condenaría las tierras de Guem a un fin cierto. A usted de escoger en conciencia.

Kaketsu llamó de su palo de ceremonia de modo particular que señalaba el fin de la sesión y el paso al voto. Dimizar y el Caído salieron de la sala.

- ¿ Dueño, usted piensa que van a aceptar? Interrogó al antiguo Solarian.

- Bien sobre, no puede ser de allí de otro modo, muchos consejeros nos son totalmente consagrados, dice empujando una pequeñas risitas.

Después de la una hora, Dimizar fue invitado a reunirse con los consejeros. Visto la cara de Vérace el voto había pasado muy bien, por fin con la causa néhantista.

- A 11 voces contra 4, el consejo revoca la interdicción de la práctica de la magia Néhantica. Toda persona que practicará la magia de Néhant deberá registrarse cerca del Consejo, el que no se registre y ejecute la practica de esta magia sin consentimiento sera considerada como persona fuera de la ley y castigada en consecuencia si la práctica de la magia de néhant fue comprobada.

" Y he aquí, el principio del fin " se dice Dimizar. Pero el Deán no parecía haber acabado.

- Usted deberá formar un gremio oficial con su partidarios el que que estará bajo tutela del Consejo. Si ustedes no aportan la prueba de sus buena voluntad para eliminar la piedra caida del cielo y el solarians, ustedes seran acosados y ejecutados por el conjunto de los gremios existentes.

"Maravilloso".

Más tarde, mientras que Dimizar había dejado el castillo fue reunido por una de las consejeras que era otra que Odiosa que bajo otro nombre había reunido el Consejo.

- Muy muy bien querida, usted brillantemente tuvo éxito. ¡ Dice a Dimizar el aire alegre!

- Sí estos idiotas solo opusieron poca resistencia, aparte, Edrios, Kaketsu y Chantelain, otros están bajo contrato.

Por otra parte he aquí, póngalos en seguridad para que nadie ponga la mano encima le ruego.

Dimizar aceptó el obsequio precioso que hacía que en lo sucesivo había sido hecho sobre el Consejo, en lo sucesivo no tendría que esconderse más y la guerra contra el solarians eran una diversión ideal.

- Y manteniendo a señor, que haremos lo que nos pidió Odiosa.

- ¿ Ahora? Nos ocupamos de Amidaraxar y sacamos a Néhant de donde esta encerrado. Sombrosa va a tomar el relevo sobre este sujeto mientras que nos ocupamos de nuestro progresos contra los nómadas.

Acto 4 : De Fuego y de Sangre

El Cuervo y el Emperador

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Capitulo 1 - El Cuervo

Ambas serpientes emplumadas volaban en sentido contrario una de la otra, haciendo círculos alrededor de la habitación exigua en la cual Toran y ellas se encontraban ahí hace varias horas. Nadie había puesto un pie aquí en mucho tiempo, a juzgar por el polvo que se había asentado en los objetos y muebles. Este lugar era como una sala del tesoro, excepto que aquí sólo había unos objetos dejados por los Emperadores desde Xzia mismo. Normalmente, sólo un emperador podía haber puesto un pie en este lugar, pero Toran era regente y tenía permiso para venir a fisgonear aquí. El viejo Tsoutaï no esperaba nada de esta expedición a través de las memorias imperiales, pero lo que había descubierto cambiaria el curso de la historia, o al menos, el modo en que la historia se contaba. Después de haber mirado cuidadosamente los diferentes pergaminos encontró escondido en la vieja armadura de juventud de uno de los emperadores un kakemono cuidadosamente arreglado en la seda. Toran lo desenrolló cuidadosamente y lo puso al suelo para tener una mejor vista del conjunto, y en ese momento plumas negras muy largas se escaparon de este. Los recuperó y sin ninguna vacilación supo que eran de un cuervo. Alguien había pegado sobre las tablas delgadas de bambú del kakemono unas hojas de arroz sobre las cuales después escribió una historia. Según la calidad de la escritura podía juzgar que el texto había sido redactado en prisa. Toran se lanzó a la lectura. Visiblemente el emperador Yaji Era el autor, contaba una historia bastante increíble que hablaba de un viejo hombre que fue sospechado de ser un mal espíritu y que fue encerrado en una mina de hierro gris en la región de Oryun. Yaji reconocía haber tenido miedo de la influencia que habría podido tener este ser sobre sus súbditos. A continuación contaba cómo la guerra entre Xzia y Draconia había hecho emerger a una nueva familia y reconocer un clan hasta allí deshonrado. Toran comprendió entonces era allí la historia del clan del Cuervo, aunque ya conocía el paso a propósito de la intervención del clan en la guerra contra la Draconia. Ignoraba el insulto que había sufrido el Cuervo encontrándose como un miserable en el fondo de una mina. Le hacía falta saber más sobre esta persona encerrada bajo una montaña de hierro gris. Recordando sus obligaciones de regente se dio cuenta que no tendría bastantes tiempo de dedicar a este asunto. Esa misma tarde le envió una carta al señor imperial Gakyusha con el fin de que le fuera afectado uno o dos miembros de la Kotoba. La respuesta no tardó. Se presentaron al palacio dos personas que deseaban reunirse con Toran. Este último los recibió entre dos reuniones importantes. El primero era Furagu, el Porta-Banderas de la Kotoba y veterano de muchas batallas, y el segundo se trataba de Shuin Khan un antiguo alumno de Tsuro el cual era uno de los mejores abatidores. Ambos se inclinaron respetuosamente delante de Toran y esperaron que el regente les dirigiera la palabra como le requería el protocolo. Pero fueron asombrados de ver al viejo Tsoutaï desplegar su Buscafalla que en seguida giró en la sala. - Podremos hablar sin que ninguna oreja indiscreta nos escuche. Lo que tengo que decirle y la misión que va serle confiada es de sumo secreto. Soy honrado que el señor imperial me enviara a dos héroes ilustres del imperio. Por desgracia voy enviarle a un lugar que está lejos de la brillantez de sus logros. Toran desenrolló el kakemono. - Lea esto. Ambos hombres leyeron los escritos sin comprender demasiado la finalidad. - Véase, el clan del Cuervo nació en el dolor, el desprecio y el odio. Sospecho que el viejo hombre de quien habla esta historia debe ser el Cuervo en persona, una entidad poderosa. Los envío a Oryun a examinar esta mina hoy abandonada. - ¿Una mina de hierro gris? Mi armadura ha sido hecha del metal procedente de allá, explicó Furagu. - ¿Que debamos buscar señor Regente? Interrogó a Shui Khan. - Todo lo que usted pueda encontrar relacionado con un prisionero. Los archivos de la mina deben estar conservados allí. - Nos pondremos en marcha de inmediato. Ayako estaba escondida detrás de una de las estatuas que se encontraba delante del palacio imperial. Acechando con seriedad las entradas y las salidas con el fin de no perderse la marcha de Furagu y Shui Khan. La hermana pequeña del campeón del Emperador había sacado provecho de la ausencia de Henshin su tutor y abuelo para ir a dar un paseo en las calles animadas de Méragi. Por pura casualidad vio una armadura como la de su padre y la insignia de Kotoba. Creyendo que su padre o su hermano estaban allí, siguió al guerrero. Pero no se trataba de un miembro de su familia sino del porta-bandera, Ayako ya lo había visto una vez en su casa. Y Furagu se encontraba con otro miembro de la Kotoba, y no cualquiera, Shui Khan, el abatidor del que se creía que descendía del rey-mono mismo. La coincidencia era demasiado grande y se le ocurrió la idea que podían tener una misión importante y apasionante. Todo esto la sacaría de la monotonía diaria del aprendizaje de la magia, ella decidió saber más sobre esto. Ambos miembros de la Kotoba salieron por fin y Ayako les siguió de nuevo. Tomaron la dirección del cuartel general de Kotoba que no se encontraba lejos. La discreción de la joven chica fue próxima de cero, Shui Khan no tardó en observar su circo y lo cogió sin dificultad. - ¡Suélteme! ¡Suélteme! - ¿Que tenemos allí? Preguntó Furagu. - Una pequeña fisgona, respondió Shui Khan. Pero la joven mujer se defendió y mágicamente puso de manifiesto dos peces hechos de agua con grandes dientes. Shui Khan soltó su presa. - ¡Oh muy impresionante! Bromeo el abatidor. ¿Y qué piensas hacerme con estos pequeños peces? - Espera, me parece conocer este símbolo sobre su quimono. ¿No serás la hija de señor Gakyusha? Preguntó Furagu. - ¡Exactamente! Gritó. ¡Soy Ayako! - ¿Bueno, que hace sola en la calle? Es peligroso sabes, replicó Shui Khan de repente mucho más inquieto. Vamos a devolverte a tu casa. Ayako, malignamente hacía girar sus peces alrededor de ambos hombres y mientras que discutían sobre qué hacer con ella, se ocupó de examinar sus recuerdos más cercanos. Lo que vio en la cabeza de Shui Khan era apasionante, vio a Toran leyendo el kakemono y de golpe sacó provecho de eso para enterarse de algo más. - Usted va a investigar sobre el Cuervo dijo sin educción. Shui Kan lo cogió y le puso la mano sobre la boca para imponerle silencio. - ¡Cállate! ¿Quién te autoriza a registrar nuestras cabezas?? El hombre de aspecto simiesco obviamente no estaba contento. Furagu quitó la mano de su compañero. - No olvides quien es. - Poca importancia tiene, puede comprometernos. La devolveremos a su casa rápidamente. Furagu no tenía nada en contra, ambos hombres arrastraron a Ayako hasta su casa, esta que comprendiendo la importancia de la cosa no hizo escándalo. En el momento en el que las tres personas llegaron Henshin salió al el jardín con una carta a la mano y con aire disgustado. - Gracias por haberla devuelto, escapó de mi vigilancia, dice suspirando. Acabo de recibir una carta de su padre, leamos esto en el interior. Esto le concierne también a ustedes Furagu y Shui-Khan. Asombrados ambos hombres siguieron a Henshin y Ayako en el interior. - Aunque esto no me regocije, sobre todo después de lo que acabas de hacer, tu padre te considera preparado y desea que des prueba de esto. En calidad de aprendizaje vas a deber quedarte al lado de Furagu y Shui Khan en su misión. Vas a tener que poner todo lo que te enseñe al servicio de Kotoba y sus miembros. Furagu no se movió, aunque pensaba firmemente que Ayako corría peligro. En cuanto a Shui Khan emitió un gruñido en signo de descontento, arrancó la carta de las manos de Henshin y leyó rápidamente. ¡Y sí, las órdenes están bien claras, esta peste debe acompañarnos a una misión directamente ordenada por el Regente! - ¡Increíble! Gritó entonces que Ayako exultaba de una alegría visible. ¿Por qué hacernos esto?? - ¡Basta! ¡! Gritó a Furagu, las órdenes son las órdenes y perdimos demasiado tiempo. ¡Vamos! y consideremos a nuestro nuevo recluta como otro miembro. Sigue o muere. - Hey hey yo sigo aquí indignado por la niña. Shui Kan y Furagu salieron los dos al el jardín con una actitud hastiada. Ayako herido por la reacción de sus nuevos compañeros corrió y sobrepasó a ambos hombres colocándose espalda al gran estanque. Allí acudió a todo su saber. El agua del estanque se levantó y una ola pasó por encima de ella con violencia que volcaba con rabia Furagu y Shui Khan. La hermana pequeña de Iro el duelista controlaba el agua a las mil maravillas, la ola se transformó en tromba que giró alrededor de ella. - ¡Soy Ayako, hija del señor imperial Gakyusha, hermana del campeón del Emperador! ¿Esta demostración basta para usted? ¿Probé aquí que soy suficiente fuerte para enfrentarme con el mundo? ¿? Dice enfurecida. Furagu, se asombro, luego se echó a reír. En cuanto a Shui Khan no volvía en sí, esta pequeña tenía un potencial increíble. Henshin que había presenciado la escena también fue impresionado. Pero debía parar esto antes de que una catástrofe se efectuara. Él, también mago, quebrantó el hechizo de Ayako. El agua regresó entonces al estanque. Shui Khan se levantó de un salto y se dirigió a la joven maga. - Muy bien, muy bien, me disculpo, te subestimé. Toma tus cosas, nos vamos, pero sabe que no tendrás trato especial y que no cuidaremos de ti. Además si sucede que te haces un peso para el grupo, te reenviaremos cerca de tu abuelo, o peor, cerca de tu padre. ¿Está bien comprendido? Ayako se apresuro entonces a buscar algo para cambiarse y algunos asuntos más. Su abuelo lo interceptó mientras que iba a irse. - Escúchame bien. Esto es el principio de una nueva vida para ti. Tú escucha a la magia y al agua, y por supuesto ahora aprenderás la disciplina con tus nuevos compañeros. Y ten cuidado, dice apretándola en sus brazos. Tengo sólo una nieta no quiero verla desaparecer. - Sí sí Jii-San, debo ir allá, tú también ocúpate de ti. Así es como Furagu, Shui Khan y Ayako dejaron la morada de Gakyusha, luego Méragi. Mientras que se alejaban de la ciudad imperial, Henshin rezó delante del estanque de agua. - El tiempo pasó, mi viejo amigo, usted que vela sobre mi familia desde generaciones, tengo un favor que pedirte, vela sobre Ayako, mi nieta. El agua del estanque se iluminó entonces de un color morado y todos los peces que contenía salieron a flote. Apareció entonces una criatura espectral, una carpa inmensa y morada que salió de agua y despegó para rodear a Henshin. - Gracias por concederme todavía tus favores y salir de tu jubilación apacible. La carpa hizo varios giros alrededor viejo luego desapareció zambulléndose en el estanque. La mina de Oryun no estaba muy alejada a Méragi. Basta sólo dos días para llegar allá. Aunque la actividad no era allí muy importante desde su cierre, el pueblo del mismo nombre había guardado una actividad mercante importante. En efecto estaba colocada sobre uno de los caminos más importantes muy a menudo usado por los vendedores y los viajeros. El nombre del pueblo significaba acantilado porque fue construido sobre el costado de una montaña que se derrumbó una vez, liberando así venas de hierro gris, este metal fue rápidamente explotado para sus propiedades especiales. Otra virtud del hierro gris era de orden botánica. Los árboles y las plantas crecían más rápidamente y tenían una talla más importante sobre el lugar que lo contenía. Así Oryun fue salpicado por árboles gigantescos y los habitantes eran de diversas culturas también abundantes. Ayako que no había visto nada más que Méragi fue maravillada por el espectáculo que le ofrecía el pueblo. Por desgracia no era una visita de cortesía ni de turismo, Furagu y Shui Khan se dirigieron directamente hacia la obra más grande que lógicamente era la morada del señor local. Después de una presentación rápida se reorientaron hacia un anciano del pueblo que había pasado una buena parte de su vida en el fondo de la mina. Este último tenía también la tarea principal de velar por los edificios abandonados una vez utilizado por mineros. - Vamos a descender. Le señaló Furagu al viejo minero. - Señor, le sugiero quitar su armadura si no usted va a estropearlo y sobre todo usted no podrá pasar por ciertos conductos. - No pasa nada, replicó Shui Khan. - Fácil decir para ti, no llevas ninguna armadura. Pero si esto perjudica a la misión, ¡vamos! - Si usted teme que se le robe puedo procurar que nadie vea su armadura, aseguró Ayako. - Muy bien, veamos esto. Una vez que la armadura de Furagu fue enterrada, Ayako pidió qué colocara el conjunto en uno de los numerosos hoyos del suelo. Por fin la joven mujer pasó la mano encima de allí y lanzo un hechizo. Un chorro de agua apareció y rellenó el hoyo, así cualquiera creería que era un charco. - ¿Eso es la seguridad? Dice a Furagu tendiendo la mano hacia el charco. Shui Kan paró su gesto. - ¡No toque! ¡Usted perdería su mano! El guerrero vaciló, luego se acordó del estanque y los poderes de la chica. - Espero que tu hechizo funcione Ayako, esta armadura es todo para mí, añadió Furagu antes de dirigirse hacia la entrada de la mina. El viejo minero encendió varias antorchas y con la ayuda de los miembros de la Kotoba la entrada de la mina se ilumino. Un olor acre y desagradable vino a su nariz y debieron esconderse la parte inferior de la cara con ua pedazo de tela blanca. El interior verdaderamente no inspiraba confianza. Los pilares y las tablas de sostén ciertamente estaban viejos y carcomidos. El hecho de que todo esto se sostuviera en pie dependía más de un milagro que de otra cosa. El viejo minero giró rápidamente sobre otra galería que los devolvió al el exterior en un tipo de cavidad a cielo abierto. Había allí varias casitas que amenazaban con derrumbarse. - Usted quería ver los registros, están allí, pero no sé cuál es su estado. Se precipitó en la más grande de ellas y avisó a los otros de seguirlo una vez seguro que esta no fuera a derribarse le en la cabeza. Había allí viejos instrumentos y un fárrago increíble de viejos materiales. Luego en una habitación encontraron una caja de caudales hecha de acero gris. No tenía cerrojo, pues fue abierto sin dificultad. Varios rollos de hojas de arroz estaban cuidadosamente arreglados en pieles curtidas. Ayako sintió que algo en la caja de caudales difundía una magia débil. Impaciente empujó a al minero y rebusco buscando algo. Sacó de este un rollo de color rojo. - Asombrando que esto esté allí, dice el minero al verlo. El jefe de la mina escribía en eso los hechos sobrenaturales u otro hecho notable. Los otros rollos son sólo de la contabilidad y listas de rendimiento. Por desgracia sin la persona que hizo el rollo no podremos abrirle. Y por el tiempo esta persona debe haber muerto. Pero Ayako no se dio tan rápidamente vencida. Apretó el rodillo entre sus manos y deslizó agua en el interior. Viendo esto Shui Khan intentó pararla pero era demasiado tarde, el rollo estaba ahora en un globo de agua. - ¡Bravo, hermosa tontería! -No, espere, respondió. El agua me permite capturar los escritos. De un golpe la burbuja estalló formando una especie de espejo inmenso y muy fino. Había encerrado allí en este reflejo fino de agua la integridad del contenido del rollo. - Hay que leer todo rápidamente, no voy a resistir mucho tiempo así. El minero que no sabía leer se aparto, Furagu, Shui Khan y Ayako recorrieron las líneas llenas de observaciones y de cosas que, por cierto interesantes, pero que no despertaron mucho su curiosidad. - Allí, creo que tengo algo. Hay un número a continuación del comentario siguiente: guardias imperiales vinieron y hemos guardado silencio. Tenían con ellos un prisionero, un viejo hombre. Lo encerraron en la siguiente dirección y nos ordenó alimentarlo una vez por día, pero no dirigirle jamás la palabra, leyó Furagu. Y allí, según lo que está inscrito, el viejo hombre habría desaparecido sin dejar rastro. Era poco antes que la mina cerrara sus puertas. El hechizo de Ayako acabó y el agua desapareció al mismo tiempo que los escritos. - Con la dirección puedo llevarlos al lugar, si es que este no se ha derrumbado primero. Aquí la pequeña tropa se adentro de nuevo en el laberinto de conductos. La progresión fue lenta porque numerosos túneles fueron en parte tapados por derrumbamientos y algunos por la vegetación subterránea bastante increíble, para no decir improbable. - Diez, quince. No estamos muy lejos, aseguró el minero. - ¿Por ahí? ¡Pero es todavía más sombrío que otras galerías! Exprimió a Shui Khan. - Efectivamente, allí no veremos nada. Furagu avanzó prudentemente con su antorcha sostenida en alto. La luz emitida por la llama se encontró disminuida. - Verdaderamente es por ahí. Se inquietó Ayako. - Sin duda alguna respondió el minero. Furagu y Shui Khan ya se hundían en la galería sin esperar más. Ya se habían enfrentado con mil peligros peores, o por lo menos iguales. Sin embargo ambos hombres fueron prudentes. El túnel sequia descendiendo, parecía interminable. Por fin mientras que la luz de la antorcha no alumbraba más llegaron al final, en un callejón sin salida. La atmósfera era pesada y si los visitantes no se quedaban cerca unos de otros se hubieron perdido rápidamente de vista. Ayako se volvió cuando oyó un ruido asfixiado. - ¡Qué es eso! ¡! Dice mirando en todas las direcciones, se dio cuenta que el minero había desaparecido. Shui Kan y Furagu desenvainaron sus armas. El minero efectivamente no estaba más allí. Luego oyeron un ruido de huesos quebrantados como si se aplastara el armazón de un ave de corral. El cuerpo del viejo hombre cayó entre los tres miembros de la Kotoba. - ¡Croa! Visitantes, bien bien bien, me abuurrriiiiaaa... Esta voz parecía tan extraña como esa oscuridad sobrenatural. Shui Khan saco la máscara que llevaba al cinturón y lo colocó sobre su cara, mientras que Furagu se ponía en posición de defensa. El combate comenzó con un sortilegio lanzado por Ayako. Proyectó una bola de agua luminosa hacia el techo que cuando tocó la piedra prorrumpió en un millar de gotitas de luz. - ¡Lo vi! ¡! Se lanzó al hombre mono quién salto con rapidez y golpeó una masa negra. Por desgracia sólo rozó una forma indeterminada. La forma se zambulló sobre él y lo laceraba de zarpazos en la sombra. Furagu respondió para ayudarle. Su katana de acero gris se hundió en la oscuridad y cortó de un golpe seco sobre el costado de la cosa. Ésta soltó su toma y retrocedió. La criatura se reveló entonces, la sombra que lo rodeaba se borró. Su apariencia era monstruosa, una especie de hombre, pero su cara deformada presentaba un pico largo y negro. Plumas recubrían su cuerpo en parte desnudo, sólo algunos colgajos de trajes de minero. Sus manos fueron provistas de uñas afiladas y su paso era intimidante. - ¡Croooaaaa, voy a matarle! Pero no tuvo tiempo de poner en ejecución su amenaza. Shui Khan había reaccionado con vivacidad y hundió una daga corta en la garganta de su adversario. Éste cayó al suelo haciendo gorgoteos con su propia sangre. Ayako se precipitó para evitar que la criatura muriera porque podría dar informaciones preciosas. -Aquí vemos al gran abatidor, dijo mientras intentaba por medio de un hechizo cuidar la herida. Para evitar el problema Furagu y Shui Khan sostuvieron los brazos de la criatura. - Sufre de una maldición poderosa. No podre quitarle. - ¿Una maldición? ¿Con magia? Creo que yo puedo hacer algo, afirmó el abatidor. Aléjate si no vas a tener problemas. Shui Kan se concentró durante minutos largos luego tocó el suelo con su índice derecho. Rayas, luego formas aparecieron para formar glifos luminosos rojos. La criatura aulló entonces luego desapareció como por arte magia. El velo de sombra se difuminó en seguida, las antorchas alumbraron de nuevo normalmente. En el fondo del túnel vieron una forma que se reveló. Este hombre era extremadamente flaco, sus cabellos y su barba muy largas. Visiblemente estaba casi inconsciente. Su voz era sólo un soplo. - A gracias a ustedes que me libraron de esta carga. - ¿Cómo es que le paso esto? Preguntó a Furagu. - Yo... Era contramaestre aquí, responsable de esta sección. Creo que había un viejo hombre encerrado aquí, un brujo o algo así. Había unas personas que... que una querían sacarlo, me echó el mal de ojo y caí allí inconsciente. Después tengo la impresión de estar en un sueño despierto... Yo creo que este hombre era Tengu, el Cuervo, vino a verme muchas veces cuando tenía una apariencia monstruosa *keuf keuf* de vuelta muchas gracias creo que es el tiempo... gracias... El hombre sin fuerza y cuya vida había sido prolongada por la magia falleció delante de los ojos nublados por las lágrimas de Ayako. Era la primera vez que veía a un hombre morir. Después de un registro rápido de los lugares no descubrieron nada más. - Vayámonos de este lugar de desgracia, debemos hacer un informe inmediatamente.

Capitulo 2 - El Emperador

Toran leía con atención el informe de los misionados. Apreciaba el número de detalles que contenía porque esto le daba un mejor punto de vista a la situación. Se centró en el final y el encuentro con el minero adormecido. La coincidencia era en exceso y supo en este momento que se el Cuervo había cometido un error, consagrándosele los medios para actuar. Después de haberlo leído lo suficiente para conocerlo de memoria, quemó el informe. - Ahora, liberemos al Emperador, dice mirando el pergamino consumirse rápidamente. Toran dejó la sala del consejo para ir a la habitación del emperador. Cruzó a un servidor y le ordenó ir a por Iro urgentemente. Delante de la entrada se postraba Asajiro, el pobre hombre estaba agotado ya que sólo había dormido algunas horas desde que se le pidió tomar el puesto cerca del emperador. Tuvo problemas de ponerse en guardia cuando Toran llegó. - Usted tiene la tez de un fantasma le dijo el Regente. - Mi tarea es más importante que mi bien señor. - He aquí una respuesta que le honra, el imperio jamás olvida a los que lo sirven. - En este caso pediré al imperio la cama más confortable añadió Asajiro en tono de broma. ¿Quiere ver al Emperador? - Sí pero espero a alguien. Cuando esta persona llegue vamos a entrar, no habrá que dejar entrar a otras personas que no este autorizada. - Así será, por mi vida. Iro llegó precipitadamente, sofocado después de haber recorrido la mitad del palacio imperial corriendo. - Aquí me tiene... ¿He sido solicitado Regente? - Sí, entremos yo voy a explicarle todo lo que está pasando. Asajiro, defienda su honor. Iro frunció las cejas. - Ahora escúcheme bien, para hacerlo corto, sepa que el sueño del Emperador tiene muy poco de natural. Y que nosotros dos conocemos al responsable. - El Cuervo cuchicheó Iro apretando los dientes. - Pero hasta hoy no teníamos pista pero su hermana pequeña, Furagu y Shui Khan buscaron en el pasado y encontraron algo que permitirá, por fin espero, sacar al Emperador de su sueño. - ¿Mi hermana? ¿Ayako? ¿Se escapó a la atención de nuestro abuelo? - No exactamente, está en proceso de volverse miembro de la Kotoba, y no quedan duda después de sus hazañas para que esto sea oficializado dentro de poco. - ¿QUÉ? ¿Ya? ¡Pero es muy joven! - Usted era más joven cuando fue integrado Kotoba. Iro no respondió, Toran tenía razón. - ¿Bien y qué hacemos ahora Regente? - Vamos a entrar al sueño del Emperador a ver qué es lo que lo tiene retenido. - ¿Y cómo hacemos esto? Preguntó a Iro con el semblante perplejo. Los tatuajes de Toran se movieron y se transformaron en dos magníficas serpientes emplumadas translúcidas. - Buscafallas son unos seres increíbles, su nombre viene de una de su facultad, la de encontrar las fallas que permiten pasar de un mundo al otro. Así pueden navegar de su mundo a nuestro y de nuestro a un mundo onírico, o sea creado por alguien desde cero. Ellos nos transportararan con ellos. Ambos Buscafallas dieron la vuelta a la pieza luego se zambulleron en el vientre del Emperador, provocando un gran flash morado. Ahora, Iro y Toran estaban en otro mundo. Estaban sin embargo en la misma pieza, pero la decoración era diferente y la ausencia del Emperador en su cama probaba el cambio de lugar. Iro desenvainó su palabra del Emperador y avanzó hasta la puerta para escuchar. Algo zumbaba en el pasillo, entonces abrió la puerta. Los pasillos estaban vacíos, totalmente como el resto del palacio. La integridad de los emblemas eran los del clan del Cuervo. - Esto es una prueba. ¿Pero dónde está el Emperador? ¿? Se puso nervioso Iro. - Razonemos como el Cuervo. Si yo fuera él y si me encerraban injustamente en el fondo de un hoyo perdido. ¿Cómo podría vengarme? Interrogó a Toran. - ¿con un duelo a muerte? Respondió al campeón. - No el Cuervo no haría eso, haría sufrirle la misma cosa a su carcelero. - ¿Pero el Emperador encerró al Cuervo en alguna parte? - No, este Emperador no, pero si uno de sus predecesores. - Ya comprendo mejor. En este caso si estamos aquí es por una razón precisa. ¿El Emperador está encerrado en la prisión del palacio? - Efectivamente, si comparamos la situación en la mina y ésta, lógicamente hasta haríamos una inspección ocular donde se encontraría. - No entendería nada si no fuese porque creo en usted, descendamos a la prisión. Cuando llegaron en los sótanos, todo cambió. No estaban más en los pasillos derechos cortados en piedra del palacio sino en los túneles sombríos. Delante de ellos había un tablero con dos cifras: diez y quince. - Un sistema de localización. Estamos en las prisiones, afirmó Toran. Procedente del túnel, frente a ellos, se acercaba una luz, una forma humanoide apareció luego. Era un hombre vestido como soldado que sostenía una antorcha. Paró su marcha a su altura. - Lo siento pero el túnel amenaza con derrumbarse, usted no puede ir más lejos sin arriesgarse a la muerte. Toran e Iro no escucharon y avanzaron en el túnel. - ¡Yo usted me habría prevenido, sólo la muerte le espera en el fondo de esta mina! Gritó el soldado. Apenas hubo dicho esto polvo, y luego gravillas cayeron del techo. Cuanto más avanzaban más rápidamente el techo se derrumbaba. Acabaron por correr tan rápido como pudieron, escapando por los pelos del derrumbamiento total del túnel. La entrada ahora estaba tapada. En el fondo de un callejón sin salida vieron a un hombre que estaba tendido en el suelo. Su pelo y barba eran largos y sus vestiduras se encontraban rasgadas. Cuando Toran e Iro quisieron examinarlo más cerca el hombre se protegió la cabeza con sus manos ensangrentadas y se echó a gemir. - ¡No! ¡No espera! ¡No me golpee más! Iro reconoció la voz del Emperador. - Majestad soy yo Iro, su campeón. - ¡No no lo es! Ya viniste y callado me cortaste un dedo, no me hagas daño. El hombre realmente daba un aire aterrorizado. Una zona de sombra comenzó a propagarse alrededor del Emperador. - ¡Señor, soy Toran, yo me hice cargo de la Regencia del Imperio esperando su vuelta, usted puede confiar en nosotros! - ¡NOOOOO, usted es lo peor! ¡Usted registra mi cabeza para sacar de mí mis memorias más preciadas y quebrantarlas!! - El traumatismo es importante, no sé en cual medida esto no jugará sobre su personalidad una vez fuera. Toran intento sacar de nuevo sus Buscafallas con el fin de volver al mundo normal, pero ninguno de los dos apareció para sacarlos de ahí. - ¡Estamos atrapados! grito Iro. A menos que... El Campeón del Emperador que tenía firmemente su arma la sumergió en el corazón del Emperador que murió sobre el instante. Alrededor de ellos todo cambió y se encontraron en la habitación del Emperador. Este último estaba respirando dando grandes bocanada de aire, lágrimas fluían sobre su cara. - Que hiciste Iro, Demanda Toran. - Cuando era niño a menudo tenía pesadillas, me peleaba con monstruos. Me despertaba sólo cuando uno de ellos acababa conmigo. - Fue arriesgado, criticó el Tsoutaï. - Pero esto hizo efecto, respondió el Emperador que recuperaba poco a poco su espíritu. Estaré eternamente agradecido. Ahora ayúdeme, tengo algo que hacer. - ¿No quiere reposar un poco? Se inquietó Iro. - ¡Ya dije! Toran y el Campeón ayudaron al Emperador a que se levantara. Después de haber pasado tanto tiempo encamado sus piernas tuvieron problemas para sostenerlo pero esto no duró mucho tiempo. En el pasillo Asajiro luchaba desde una buena hora con los cortesanos y consejeros que deseaban rendir homenaje al Emperador. El oficial imperial estaba al borde del desvanecimiento pero había conseguido esta misión. Iro sacó primero la mano sobre la guardia de su Palabra del Emperador. Miró la asistencia y vio a Oogoe. Fijándolo derecho en los ojos se dirigió a todos. - ¡Arrodíllense ante el Emperador!! El Emperador todavía inseguro pasó la puerta ayudado por Toran. Todo el mundo se arrodillo entonces ante este prodigio. El hijo de los cielos abrazó la mirada de los visitantes y reparó en Oogoe. - Miembro del clan del Cuervo, llévame delante de tu amo. Oogoe se levantó sin mirar al Emperador y marchó delante de él para conducirlos. - Majestad, nuestros pasos van a llevarnos a los barrios poco recomendables de Méragi... - Y para protegerme tengo el mejor combatiente del imperio. Replicó al Emperador. Toran procuró no contrariar más al Emperador que visiblemente tenía una idea en mente. Se contentó con lograr con Iro una seguridad relativa en un sitio peligroso que era también la ubicación indiscutible del clan del Cuervo. Oogoe se paró delante de una gran morada ruinosa la que desde el tejado protegía grande número de cuervos. Las aves despegaron en una cacofonía de graznidos cuando el Emperador pasó la puerta. Oogoe continuó haciendo de explorador, anunciándoles la llegada del Emperador a los miembros del clan presentes. Viendo a Toran e Iro nadie vaciló en arrodillarse. Karasu vio pasar la delegación y la siguió para el " caso”. Después de haber subido tres piso Oogoe se paró delante de una puerta doble y cuando iba a anunciar la llegada de un visitador ilustre una voz resonó. - Déjalo entrar solo. - ¿Sólo? Ni hablar, replicó Iro. - yo te lo ordeno, dijo el Emperador. Oogoe abrió una de las puertas, el interior de la habitación fue sombrío y únicamente alumbrado por velas numerosas. El Emperador penetró allí sin el menor miedo. La pieza fue sumergida en un ambiente tenso. Todo se parecía vagamente a una cueva, las paredes eran deformadas. Daijin estaba sentado en altura, dominando al Emperador. La cara del Cuervo era grave, sus ojos se zambullían en la mirada cansada del soberano. Después de un silencio muy largo donde cada uno observaba y juzgaba el otro, Daijin inició la discusión. - Al fin saliste de ahí dónde te había puesto... Felicitarás a tu campeón. ¿Entonces ahora que va a pasar? ¿Viniste portando malas noticias? ¿Debería cariñosamente defender mi vida? El Emperador quedó en silencio, había reflexionado bien sobre este momento a esta confrontación delante del responsable de sus desgracias. Había analizado la razón de todo esto y del impacto sobre el Imperio de Xzia. Delante de los ojos asombrados de Daijin, el hijo de los cielos puso sus rodillas al suelo y puso su frente sobre sus manos juntas sobre tierra. - Los errores de mis antepasados no son mis errores. Mis solos deseos son llevar el Imperio a la gloria que debe ser. Afuera el Imperio está dividido por su cólera hacia mi persona. Escucha espíritu del Cuervo en nombre de este antepasado que le ofendió pido su perdón en nombre del Imperio. El tiempo de la división está acabado y reconozco delante de usted su potencia y la del clan del Cuervo. Daijin verdaderamente no esperaba esto. Aunque la cólera que sentía desde tanto tiempo le dictaba de continuar, había unas excusas del humano que dirigía el imperio de Xzia y esto contaba. Como espíritu estaba atado por un tipo de código. ¿El tiempo verdaderamente era capaz de acabar esta disputa? - Por fin... Daijin se levantó, bajó algunos escalones que lo separaban del Emperador y puso su mano sobre su hombro. - Hiciste lo que tus predecesores jamás tuvieron el coraje de hacer, llenos de orgullo y de arrogancia. Los espíritus deben ser respetados y visiblemente la lección ha sido comprendida. No tiene razón allí más en lo sucesivo de apenarte. Acepto tus excusas, serás un gran Emperador y seas asegurado por la fidelidad eterna de mi clan. El Emperador se levantó, se quitó el polvo y se fue de nuevo como había venido. El día siguiente, el Emperador organizó una reunión con los altos dignatarios del Imperio para marcar su vuelta. Toran estaba a su lado, así como Daijin. - Este es el momento para el Imperio de Xzia de caminar hacia el futuro. Muchos acontecimientos se efectuaron durante mi ausencia y voy a necesitar todas las fuerzas para mantener nuestra supremacía. Señor Toran. El Tsoutaï se levantó y se arrodilló al hijo del cielo. - Usted escrupulosamente sirvió el Imperio, le libero de su puesto de Regente. Usted llevará en lo sucesivo la responsabilidad de los templos Tsoutaï del Imperio. Le deseo un buen regreso entre los suyos, Venerable. Toran se inclinó y regresó a su sitio. - Daijin, dirigente del clan del Cuervo. El viejo hombre se levantó a su vuelta. - Ya es hora que el dirigente de su clan forme parte de la nobleza. Le confío la gestión del barrio de Seichin de Méragi. Usted será también consejero místico y protector del Imperio. El neceser será hecho para tirar de la miseria a la gente de su clan. Para personas extranjeras esto habría podido aparecer pocas cosas, pero en esto el Emperador acababa de reconocer al clan del Cuervo como un actor muy importante de la vida del Imperio. Daijin procedió lo mismo que Toran y regresó en su sitio, con un nuevo poder. - ¡Campeón del Emperador! Iro que ya estaba de pie como lo quería la tradición, fue asombrado de esta llamada. Se colocó en el centro del círculo como Toran y Daijin antes de él. Un guardia aportó una funda de madera bastante larga. - En la historia del Imperio, una sola persona llevó esta arma. El Emperador agarró la funda y le abrió para lo que todo el mundo pudiera ver el contenido. Había allí una espada con una forma particular, bastante lejos de las formas de las katanas actualmente hechas. Esta arma parecía haber servido bien y su lámina fue mellada. - He aquí Kusanagi, la espada de Xzia. ¡Blándela orgullosamente Campeón del Emperador porque eres el símbolo de la potencia militar del Imperio! Iro negó repetidas veces este obsequio que importaba demasiado para su persona. Finalmente y como lo quería la tradición aceptó y regresó también a su sitio con su obsequio. - ¡Ahora ya es hora de mostrar en el mundo que el Imperio está muy vivo!


La misión del Consejo

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Chapitre 1 - Una gran familia

La llave giró en la cerradura y la puerta que llevaba varios meses cerrada se abrió. Marlok entró en el laboratorio del antiguo Profeta con un toque de tristeza y sobre todo con la esperanza de encontrar las respuestas al problema Néhantista. Hace algunos días, durante el baile de los cortesanos, la consejera Ishaïa le había confiado una misión muy importante, encontrar los rastros de los Néhantistas, ver si era solo un caso aislado y lo mejor de todo saber más sobre Eredan. Durante el viaje de vuelta hacia Noz'Dingard, se había propuesto alcanzar sus fines. Después de reflexión se acordó que Profeta se especializaba en la cristalomancia adivinatoria, una rama particular de esta magia que permitía obtener mucha información. Marlok abrazó con la mirada la gran habitación. Los diferentes muebles y los instrumentos fueron cubiertos por tejidos blancos para evitar que el polvo estropeara todo. El mago hizo la primera vuelta y sintió alrededor de él la magia. Retiró uno por uno las telas, sacudiendo el polvo. Estaba en esto cuando Anryéna entró, obviamente todavía y siempre insatisfecha. No digería la reintegración de Marlok entre los suyos y menos de esta forma.

- No cuento más el tiempo que mi hijo pasó aquí, observando, anotando y creando nuevos sortilegios.

- La falta de tu hijo afecta cruelmente en la Draconia.

- No finjas tristeza Marlok, esto no te va, respondió irritada. - Pero yo no estoy hablando en broma, dice adelantándose hacia la hija del Dragón. ¿Dejarás de odiarme por mis actos pasados? Anryéna parecía turbada, su estado psicológico estaba todavía débil, y de repente los ojos se le llenaron de lágrimas. Marlok lentamente se fue acercándose más para no hacerse rechazar. Entonces Anryéna se acurruco entre el hueco de sus brazos. - No tenías el derecho a abandonarnos en nombre de tus endiabladas búsquedas. A pesar de eso mi corazón no deja de latir por ti, mientras que la razón me pide que te deje. Marlok sumergió su mirada en el de Anryéna. - ¿Nosotros? - Cuando fuiste desterrado, esperaba a un hijo de ti. El mago creyó haber recibió una puñalada en pecho pleno. - ¿Soy… padre? ¿? ¿Por qué jamás me lo dijiste? Pregunto Marlok debatido entre la alegría y la cólera. - Me encontré desorientada, decepcionada y enfurecida. ¿Sabrás perdonarme? - Tú me das una razón para luchar y lograr la misión del Consejo, quiero ofrecer un futuro sereno para... - Exhien. - ¿Exhien? entonces es un niño, le escogiste un nombre lleno de significados. Lo veré cuando termine esta tarea. - Estara en Noz'Dingard cuando regreses, le dijo secando sus lágrimas. Cuídate, dijo mientras abandonaba la habitación. Con el corazón hinchado por una noticia de esta importancia, Marlok se concentro en devolver el orden al laboratorio. Debía ser el medio día cuando termino. Profeta poseía material bastante increíble y le haría falta al mago Noz tiempo para controlar lo esencial. Comenzó por interesarse por varias estanterías abarrotadas de pergaminos y de cristales de diferentes colores. Se trataba de unas notas de búsqueda de Profeta y experiencias que realizaba así como su diario. Pero no tuvo tiempo de abrir este último porque de nuevo alguien se presentó a la entrada. Ruidos de pasos característicos de un golem de cristal. Y efectivamente dos pequeños golems entraron proseguidos de un hombre de pequeña talla y barba larga. Esta persona no era otra que Delko, el padre de Marlok. Este último estuvo muy asombrado de verlo. - Padre. - Hijo. - ¿A qué le debo el honor de tu presencia? - No te hagas ilusiones hijo, no voy a quedarme mucho tiempo. Profeta me dio a conocer que estabas aquí y que tomabas posesión del laboratorio de su hermano. Vine para ver pues... - ¿Viniste para ver que no robaba ningún secreto? ¿? Dijo con sarcasmo. Delko marco una pausa y suspiró. - Has pagado, parece, tu deuda con la Draconia, hoy eres aquí un Enviado. - Pagué sí, pero jamás olvidaré tus palabras respecto a mí. - El pasado es el pasado, deberías saber que le concedo poca importancia a este. Lo que me interesa es el futuro. - ¡En su época mi futuro no le importaba mucho! - Bueno, aparte de estos bellos recuerdos vine a traerte esto. Un par de golems entraron de nuevo, llevando varias cajas que pusieron una al lado de la otra. - Haz buen uso de todo esto, volveremos a vernos cuando mi nieto este allí. - ¿Tú estabas al tanto?? - ¿Y quién crees que lo está educando? Le ha sido confiado a tu hermana durante el tiempo que Anryéna ajuste esto contigo. - Verdaderamente tengo la impresión de que soy traicionado y por mi propia familia. - Entonces deja de lloriquear y trabaja. - ¡Sal de aquí, si quieres que sea útil! Delko no le siguió el juego y se fue acompañado por su golems. - ¿Voy a poder trabajar tranquilo ahora? Gritó golpeando la puerta de dos hojas del laboratorio. Luego de esto se dedico a abrir las cajas. La primera contenía un raro aparato, reconoció un cristalisium, el que permitía encerrar en cristales las imágenes de la realidad para luego generar una especie de ilusión. En la segunda caja un gran número de cristales que iban con el aparato. Por fin en la tercera caja y última, más grande que las otras se encontraban los restos de su golem, destruido en el momento de la confrontación con Harès. - Bueno, jamás pensaba verte de nuevo. Esta en muy mal estado, me pregunto por qué mi padre quiso darme esto. Se acordó entonces del diario de Profeta. Marlok se instaló en la butaca del profeta y se echó a leer. La noche caía, y Marlok había pasado todo el mediodía descifrando el sistema de clasificación de Profeta. Cada pergamino de notas correspondía a un cristalisium preciso en el cual su autor precisaba sus notas. Gracias a esto, Marlok obtuvo sus primeros resultados. Mucho antes de que la piedra cayera del cielo Profeta había llegado a identificar una eventual presencia néhantista por Tantad. Sus investigaciones no habían dado nada, pero era allí un buen punto de partida. Entre todo el material disponible Marlok encontró en una caja hecha de cristal translúcido una pequeña piedra negra. Según el cristalisiums se trataba de un pedazo de la piedra-prisión de Néhant. Una idea le vino entonces, construir un golem rastreador de esta piedra de Néhant. Puso manos a la obra inmediatamente y se propuso a seguir los pasos de Profeta "registrando" su experiencia y anotándolo. Le hizo falta una semana para arreglar a su viejo golem y todavía una semana más para crear el sortilegio para el rastreo nehantico. Marlok finalizaba su nueva criatura cuando Zahal se presentó en el laboratorio. En el caballero Dragón se le empezaban a notar unas pocas canas en el pelo y la barba mas larga. Entró con paso decidido en la pieza y se puso de rodilla delante del mago. - Pongo mi brazo y mi espada a su servicio. Permítame recuperar mi honor. - Usted tiene aire cansado y sobre todo descuidado Caballero. - Desde la muerte de Profeta me planteo muchas cuestiones de mi estatuto y sobre todo mi sitio en el seno de nuestra sociedad. - Veo. No soy la mejor persona para hablar de esto, pero creo que puedo ayudarle. Vera, una persona con un valor como usted será útil para mí. Por lo tanto acepto su oferta. Terminé lo que estaba haciendo y vamos a preparar un plan de ataque. La cara de Zahal se iluminó. Iba a poder hacerse por fin útil. Observó como el mago terminaba sus preparativos. Este último utilizó varios sortilegios con el golem y le implantó una pequeña escama de Dragón. - He aquí el plan Caballero. Este golem va a servir para rastrear a los néhantistas. Cuando encuentre un blanco válido, gracias a la escama los dos nos tele-transportaremos a lugar indicado, asegurándonos el factor sorpresa. No quedará más que atrapar e interrogar. Por otro lado podemos encontrarnos completamente al otro lado de las tierras de Guem. Pero esto no tiene importancia porque estamos bajo las órdenes del Consejo. El golem de cristal comenzó a moverse y volvió a la vida. - Vaya viejo amigo, ya es hora de demostrar que eres capaz de realizar esta tarea. Como respuesta el golem se echó a marchar, de modo mecánico al principio, luego "cada vez más humanamente". Marlok y Zahal lo siguieron hasta la salida de Noz'Dingard donde inmediatamente la criatura pareció captar una presencia néhantica. Se echó entonces a correr para una dirección. - Nada lo parará hasta que haya encontrado algo. Mientras tanto nosotros debemos prepararnos lo mejor posible. Estese listo porque a cualquier momento del día o de noche podemos ser transportados. - Estaré listo. Marlok miraba hacia el horizonte, soñaba con este hijo al que todavía no conocía y su corazón se estrechó mucho.

Chapitre 2 - La Carnada

Marlok y Zahal no tuvieron que esperar mucho tiempo antes de que el Golem hubiera alcanzado su blanco. Dos días más tarde, mientras que ambos discutían sobre los distintos medios a su alcance para poder doblegar a los Néhantistas, un aura azul se propagó alrededor de ellos. Los dos desaparecieron de golpe para reaparecer a cientos de metros lejos de la Draconia, se encontraban a pie de las montañas, no lejos de Tantad. El golem se había parado delante de un pequeño pueblo que debía estar protegido por aproximadamente una cincuentena de almas. Marlok tuvo una sensación extraña, una impresión de dejà vu. El draconiano se escondió en lugar discreto para hacer un balance de la situación. - Profeta ya vino aquí. En la época que el pueblo estaba vacío y siguió una pista de un néhantista sin tener pruebas reales de esto. En todo caso está seguro que un enemigo se encuentra por aquí. - Cuando usted se enfrentó con el néhantista y liberó a los combatientes de Zil utilizó un hechizo que permitía ver los lazos invisibles. - Estas bien informado Caballero. El hechizo de lazo revelado, un hechizo que aprendí con el tiempo. Marlok en persona lo lanzó sobre Zahal antes de regresar a la observación del pueblo. La integridad de las personas visibles estaba unida por un hilo fino y negro que iba en dirección a una de las casas. - Va a haber que actuar rápidamente, corramos hasta la casa, tiremos la puerta y neutralizamos lo que encontramos allí. Marlok rascó su barba reflexionando sobre la propuesta de Zahal. - ¡Muy bien, vamos!!! Se lanzaron entonces, empujando a la gente sobre su paso. Zahal que tenía su espada en la mano dio un gran golpe de hombro en la infortunada puerta que cedió sin ninguna resistencia. El interior estaba sumergido en la oscuridad, los postigos estaban cerrados. El olor era espantoso una mezcla entre el del alimento descompuesto, de las defecaciones humanas y de la descomposición. Marlok invoco en su mano un cristal para alumbrar la pieza. El espectáculo que se les ofrecía era difícilmente soportable. La casa era únicamente una pieza grande. En medio una mujer estaba atada sobre una silla, amordazada e incapaz de mover. Alrededor de ella restos humanos se descomponían, comidos por las ratas y los gusanos blancos. La mujer con los cabellos negros estaba inconsciente. Zahal levantó su cabeza para ver si todavía respiraba, lo que era el caso. Lentamente abrió los ojos, visiblemente agotados y tardo un cierto tiempo antes de darse cuenta de quién tenía frente a ella. El Caballero le quitó su mordaza extremadamente apretada. - Vayan...sen... huy...aann.... En seguida la mujer tuvo convulsiones, los lazos que llegaban hasta ella se intensificaron. Afuera la gente aullaba con dolor y caía unos tras otros. Marlok comprendió rápidamente y se acerco a la joven mujer. Pero era demasiado tarde. En el suelo se dibujó una espiral resplandeciente y toda la energía contenida en la víctima fue directamente hacia el suelo. Luego las llamas acabaron y en lugar de la joven mujer había dos demonios. Para evitar un combate en el interior, Zahal tiró a Marlok por el cuello y le sacó de ahí. Afuera la calle principal estaba cubierta de cadáveres vaciados de toda sustancia vital. - ¡ Qué horror! Gritó a Marlok. Ambos demonios salieron a trote de la casa. Su paso era muy felino y se parecían de manera extraña. Sin el menor aviso cada uno de ellos tomó como blanco uno de los draconicos. Zahal más curtido el combate cuerpo a cuerpo se interpuso entre Marlok y el demonio que se lanzaba hacia él para dejarle espacio libre. El demonio no se dejó distraer por esta maniobra y golpeó al caballero en su brazo con garras supurantes de veneno. Pero el golpe fue frenado por el filo de su espada draconica. Zahal sintió un aura alrededor del demonio algo que a la vez le protegía y debilitaba al caballero. Su espada blandió el aire e hirió a su adversario con facilidad. Marlok por su parte puso en funcionamiento rápidamente una táctica. Habían caído en una trampa y la presencia de los demonios era sinónimo que no estaban lejos de llegar a la meta. Había que capturar uno de los dos, escogió pues neutralizar al segundo demonio que iba a echar una mano al otro. Marlok registró rápidamente en su bolsa y sacó un cristal ensanchado y llano. Lo echó al pie del demonio. Un relámpago azul brota de eso, golpeando al demonio con fuerza. Este último se encontró en el suelo recorrido por relámpagos múltiples. Retorciéndose de dolor, el demonio aullaba con rabia pero estaba inmovilizado. Zahal continuaba rechazando los ataques de su adversario que se ponía nervioso cada vez más a fuerza de fallar su ataque. El caballero examinaba cada uno de sus movimientos, su modo de llamar y las aperturas posibles. Puso en práctica la enseñanza que le había prodigado Dragón durante los 10 años pasados a su lado. El demonio estaba vivo y era peligroso, pero su armadura y su espada eran suficientes para contener los asaltos. Pasó de vuelta a la ofensiva. Al principio la lámina rozó con el demonio, luego por fin tocó e hirió a su adversario. En este momento preciso Marlok había acabado de invocar no una sino dos bolas de fuego que vinieron para golpear al demonio al que infligió grandes daños. Ahora Zahal oyó que Dragón le hablaba" ahora es turno Zahal! ". Su mano se inflamó entonces una bola de fuego dirigida hacia el demonio que se derrumbó cuando fue tocado. Éste se consumió entonces para hacerse un montón de cenizas que el viento temprano se llevo. Pero seguían sin contar con el segundo demonio. Las descargas se pararon y el demonio se levantó, todavía más enfurecido. - No hay que matarlo, gritó Marlok en el fuego de la acción. Reforzado por sus convicciones y por la presencia de Dragón, Zahal hizo volar a su oponente con el filo de su arma. Marlok había sacado de su bolsa varios pequeños cristales azul oscuro y los lanzó por tierra para formar un círculo. - ¡Llévalo dentro! Ordenó mostrando el centro. El Caballero Dragón esquivó varios golpes luego dio una patada en el vientre del demonio que retrocedió hasta el lugar deseado. Una burbuja mágica se formó entre los diferentes cristales, encarcelando así al demonio. - ¿Y ahora cómo hacemos para llevarlo hasta Noz'Dingard? Preguntó a Zahal. - Ya estaba totalmente preparado, pero no esperaba a un demonio. Pienso que a pesar de todo esto va a funcionar. Pronto lo sabremos. Marlok revolvió de nuevo su bolsa rápidamente y extrajo una estatuilla de cristal en forma de dragón. Lo puso en el suelo y se puso a acariciar su hocico cuchicheando palabras en un lenguaje desconocido. La estatuilla tembló, luego tomó vida. - Tápate las orejas, le recomendó Marlok a Zahal. El dragón despegó y entró en la prisión como si la burbuja de magia no existiera. El demonio no tuvo tiempo de reaccionar porque el dragon se puso a gritar hasta que este callo rendido. El escudo y los cristales de la prisión estallaron a la vez. Marlok y Zahal fueron aturdidos sin embargo por la intensidad del grito de la pequeña criatura animada. Marlok recuperó el dragón que se volvió a convertir en estatua y su Golem cuya magia se había agotado. En cuanto a Zahal se ocupó del demonio y le amarró para que no pudiera moverse. - Bueno, la primera vez que entramos con el pie derecho, dijo el caballero comenzando a irse. - ¡Espera! Tengo todavía una escama para la vuelta, tranquilizó el mago. - ¡Grande seas Dragón!

Capitulo 3 - La Pitonisa

El demonio fue encerrado en una sala especial de la academia de Noz'Dingard que era reservada para aislar la magia de los objetos o en este caso de una criatura fuertemente mágica. Acostado sobre una mesa de cristal no podía moverse evitando así que se suicide lo que tiraría a la basura la búsqueda de Marlok. Podía gritar, nadie más allá de las paredes de la pieza lo oía. Durante este tiempo Kounok recibía en sus apartamentos privados a Zahal y Marlok para tener un informe de lo que acababa de pasar. El pequeño salón era muy confortable y con el estilo más puro de la Draconia. El azul era por supuesto, usado en varios retratos de héroes ilustres que adornaban las paredes. Profeta sirvió de beber para ellos, Zahal fue muy honrado con esta atención. Marlok emprendió entonces el relato de esta aventura y aclaro en el momento del combate la eficacia del Caballero Dragón. Kounok estaba notablemente satisfecho, aunque apenado por el modo en que los demonios habían llegado, implicando la muerte de varias decenas de personas. - Ahora queda por extraer información de la cabeza de esta abominación, expresó Marlok. - Dudo que vaya a ser de su propia voluntad. Vamos a tener que utilizar otros medios, respondió Kounok. - ¿Se refiere a La Pitonisa? Supuso el mago. - Sí. Usted tiene autorización para enviar por ella. Asegúrese de seguir el protocolo, que es una purista de los principios. - Bien, voy a hacerla venir, aseguró Marlok. ¿Puedo retirarme? - Puede, en cambio Zahal tenemos que hablar. Una vez que el mago se fue, Kounok se sentó en la butaca frente a su caballero. - Eres perdonado por tus errores, no tienes que reprocharte a la muerte de mi hermano. ¡Hay sólo un culpable, Néhant! Ahora y como en la época, varios caballeros de Dragón existen, anunciando así una guerra próxima. Hoy te siento preparado para combatir en nombre de Dragón. - Gracias Kounok, creo que necesitaba oír esto. - Me ves encantado. Ahora tengo que hacer, regresa cerca de Marlok para vigilar nuestro preso y proteger a la Pitonisa. - A sus órdenes, Profeta. El caballero dejó la habitación, motivado por las palabras de Kounok. Algunos días más tarde, una delegación importante procedente de los territorios del sur de la Draconia llegó la ciudad, creando una gran animación. La caravana compuesta de dos carretas tiradas por akirs, criaturas voladoras de la región de Zar-Azil de donde provenía justamente esta delegación. La guardia de Noz'Dingard para la ocasión había circunscrito el gran sitio para permitirle a Kounok, Anryéna, Marlok y Zahal acoger a sus visitadores. De la primera carreta salieron varias criadas vestidas con vestidos simples y blancos, llevaban un velo casi transparente que escondía su cara. Marlok sintió un gran despliegue de magia draconica. Después de haber verificado que la situación no era peligrosa, otra persona hizo su aparición. Una dama con un vestido azul bordado con múltiples dragones. Su cara también iba tapado con un velo, pero hecho de un tejido azul espeso. Una de las criadas colocó la mano de esta persona sobre su hombro y la llevo hasta el Profeta. - Sea bienvenida a Noz'Dingard, Pitonisa. Le agradecemos por haber aceptado nuestra demanda. - Pitonisa responde siempre a la llamada del Profeta, respondió. Hice un viaje largo hasta aquí y deseo reposarme. - Y así será, permítame llevarle a sus barrios. Mientras que Kounok acompañaba a su invitada y a su delegación, Marlok miraba la segunda carreta. Anryéna lo había prevenido que la Pitonisa llegaba con Exhien. Mientras esperaba, Anryéna le planteó una cuestión que le quemaba los labios. - No saludaste a tu hermana, ¿estás enojado con ella porque nunca te dijo nada sobre tu hijo? - No, no es por eso, no podría culparla por eso. Me pidieron observar el protocolo, entonces lo observé. Sólo el Profeta puede acoger y dirigirse a la Pitonisa cuando ella viene a Noz'Dingard. Pero intentare hablar con ella rápidamente. Anryéna parecía satisfecho de esta respuesta y se adelantó cuando varias personas salieron de la segunda carreta. Marlok no se atrevió a seguirla y se contentó con observar. Un joven chico que debía tener unos seis años se echó entonces a los brazos de Anryéna. El corazón del mago golpeaba fuertemente. No era muy joven y la idea de tener un niño lo asustaba tanto como lo entusiasmaba. El mago no podía dejar al chico cuyo físico probaba su filiación, en efecto como él a la misma edad y como sus antepasados, el chico tenía los cabellos grises oscuros. Pero otra particularidad le interesó más, en efecto había heredado de su madre la sangre de Dragón y también los ojos de su abuelo. De color azul como la gema en el centro de la ciudad y hendido como Kounok cuando era dragón. Anryéna se acercó entonces a Marlok. - Ven, no expongamos este asunto de familia en público. Los tres se encontraron entonces en el laboratorio de Profeta que en este tiempo se había convertido en el de Marlok. Este último no tenía más ojos que para su hijo y sintió claramente el amor haciendo hueco en sus entrañas. Cómodamente instalado el niño fijaba su vista en Marlok. - Exhien, te presento a Marlok, tu padre. Marlok he aquí tu hijo, Exhien. El chico vaciló luego sonrió. Marlok entonces le hizo seña de acercarse mientras que el se arrodillo en el suelo. La atmósfera era particular, como si el tiempo se hubiera detenido. Marlok puso su mano izquierda sobre la mejilla de su hijo, las lágrimas le fluían de sus ojos enrojecidos. No soportó más y apretó al chico en sus brazos. Por su parte Exhien, que había esperado conocer tanto a su padre mientras que otros niños jugaban con los suyos, estaba simplemente feliz. Anryéna dejó a padre e hijo discutir y aprender a conocerse el resto del día. El día siguiente Marlok y Zahal condujeron a la Pitonisa delante del demonio que rugía cuando estaba en frente de su magnificencia. Dos criadas asistían también el interrogatorio. - ¡No diré nada, rabió el demonio! ¡Todos ustedes perecerán!! - Eso lo veremos, comentó Zahal. Por mi parte le dimos una bella paliza la otra vez, insistió Zahal. - ¡Basta demonio! ¡Vas revelar a todo a la Pitonisa aunque no lo quieres! Soltó Marlok. Las criadas lanzaron varios sortilegios de protección antes de que la Pitonisa se acercara al nivel de la cabeza del demonio. El demonio no movió más un pulgar mientras que ponía su mano en su cabeza. Inmediatamente la hermana de Marlok fue sumergida en las memorias del demonio. Volvió a remontar el tiempo rápidamente, vio al demonio ser convocado por la trampa y enfrentarse con los Enviados, observo luego en lo más hondo de los Meandros prepararse con su demonio gemelo. Alrededor de ellos había otros demonios de todas tallas y más o menos impresionantes. El tiempo desfiló para regresar más lejos en el pasado. Y allí, la escena más interesante se efectuó. Ambos demonios fueron llamados por un néhantista de traje negro, los cabellos largos y los ojos negros. La invocación de ambos demonios se hizo en una gran cueva con estanterías por todas partes y cuyas paredes fueron grabadas por el símbolo de Néhant. Había también otras personas entre las que estaban una joven mujer de terrible belleza, así como una persona a la que reconoció inmediatamente: Ardrakar. Antigua Caballero Dragón se acercó entonces al demonio y le golpeó. Pero no había procurado hacer daño al demonio, había percibido la presencia de la Pitonisa. Esta última no se halló en situación de enterarse nada mas, había recibido un golpe en la cara. Se callo agarrándose la cabeza con ambas manos. Marlok fue inmediatamente a ayudarle. - ¿Estás bien?, dice. Pero ésta se echó a aullar cuando Marlok le tocó el brazo. Tuvo una visión. Marlok estaba en medio de un campo de batalla. Alrededor de él legiones de demonios combatían una coalición inmensa de Draconia y del Imperio de Xzia. Una criada intervino entonces e incitó a Marlok para que la ayudara a la Pitonisa que se había desvanecido. Recobró el conocimiento sólo al día siguiente. Marlok inquieto por su hermana pasó la noche a su cabecera. Las criadas se habían ocupado bien de ella y su velo fue retirado de su rostro, dejando visible su cara. Era más joven que Marlok pero también tenía los cabellos grises. Sus rasgos eran delicados y finos. - ¿Hermano, pasaste la noche aquí? - Sí. - Dame tu mano, tengo miedo, voy a mostrarte todo lo que vi. El mago escuchó a su hermana, las imágenes desfilaron entonces sin que pueda controlarlas, era como si un rompecabezas se reconstituya. Por fin llegó hasta el final, reconoció al néhantista con el que ya se había enfrentado y más importante, ¡reconoció a Ardrakar! - ¡Ella! Lo consideraba muerta después de tanto tiempo. - Néhant alarga su vida mi hermano. - Pero todo esto no nos acerca a grande cosa, ya vi este néhantista, ya lo combatí. - Subestimas los poderes de la Pitonisa. Sabias que precisamente puedo determinar donde este néhantista se encontraba en el momento de esta escena. Marlok se sonrió luego empezó a reírse. Por fin se levantó y puso un beso sobre la frente de su hermana. - En este caso, vamos a poder actuar de muchos modos. Debo prevenir al Consejo.

Exiliado

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Ciramor, Granizardo, Malyss, Ojos de gema y Ergue habían atravesado gran número de pruebas desde la llegada del aprendiz de Eredan a la tropa. Habían atravesado decenas de islas, cruzado pueblos y cientos de criaturas más extraordinarias una que la otra. Cada vez que el grupo fue puesto a prueba, y a precio de esfuerzo de cada uno, la victoria era para ellos. Pero mientras que la moral estaba en buenas condiciones, la fatiga, también fue invitada a viajar.

La noche caía una vez más sobre los Confines y el campamento ya estaba montado. Ciramor seguía el movimiento del sol esconderse detrás de las islas flotantes. Ergue se ocupaba de vaciar y preparar un animal frescamente matado mientras que Malyss encendía con magia un montón de leña para hacer un fuego. Ojo de gema, demasiada extenuada para hacer nada, se durmió rápidamente. En cuanto a Granizardo se preguntaba en qué podía pensar Ciramor.

- Tienes aire de estar preocupado.

- A decir verdad no hay nada grave.

Ciramor se puso cerca del fuego para dirigirse a todos.

- Escúchenme. Mañana, llegaremos a la isla dónde se encuentra Comepiedra. Estaremos entonces frente a nuestro, o por lo menos, su prueba más grande.

- ¿De acuerdo, pero en qué consiste la prueba? Preguntó a Ergue.

- ¡Eso, usted lo sabrá mañana! Respondió Ciramor divertido.

- Había que probar, replicó el Zil.

- Duerman bien esta noche. Les indicare el lugar, pero ustedes deberán ir allá sin mí.

- Muy bien, estoy encantado de acabar de una vez, no puedo ver más rocas volando añadió Malyss. - Es una buena noticia, esperemos que no hayamos hecho todo esto para nada y que esta Comepiedra merezca su reputación.

- No se preocupe Granizardo, vale la pena la visita.

La tropa no se retrasó y todo el mundo se durmió después de una comida rápida. Sólo Granizardo, que no tenía la misma fisiología, se quedó despierto. Se perdió en sus pensamientos. Olía que había en los alrededores algo muy familiar. Pero no sabía lo que era realmente. Miraba las llamas bailar soñando que su bosque y su hermano le faltaban cruelmente.

Las horas pasaron así y una bruma se levantó despacio. El Daïs comenzaba por fin a dormirse, sentía que se hundía lentamente. Entonces se dio cuenta que algo sucedía alrededor de él. Veía formas moverse y oía cuchicheos. Intentó levantarse pero sin éxito, se encontraba atado en el suelo por una soga. Todo se enturbió alrededor de él, se hundió en la inconsciencia...

- Granizardo... Granizardo despiértate.

El Daïs abrió los ojos con dificultad. El paisaje había cambiado totalmente, como su situación. No estaban más en su campamento, sino en otro lugar, un bosque con árboles gigantescos bajo los cuales cristales de colores múltiples tapizaban el suelo. Granizardo creyó en primer lugar que estaban por fin de vuelta entre los Eltarites, pero comprendió rápidamente que no cuando vio que sus compañeros y él mismo habían sido amarrados.

- ¿Que es lo que pasa?, preguntó.

Verdaderamente no sabemos, nosotros recién acabamos de despertar, le contestó Ergue. - Los escucho hablar, respondió Daïs. Hablan un dialecto particular, pero logro comprender el significado de sus frases.

- Una cosa es cierta, esto no es la prueba para encontrar a la Comepiedra, Ciramor está también con nosotros cuando debía largarse, indicó Malyss mostrando con la cabeza al mago amarrado como todo el mundo.

Todos se volvieron hacia el interesado.

- No puedo decirle gran cosa, estoy en la misma amasadera que usted. No sé quiénes son esta gente.

- Cállese, tengo un contacto mental con uno de ellos.

Efectivamente desde su despertar, la tropa era observada por varias criaturas muy bien escondidas para no hacerse reparar.

- No tengan miedo, muéstrense. No puedo hacerles nada, no puedo mover. El argumento de Granizardo fue bueno porque una persona apareció sobre uno de los cristales no lejos de ellos.

- ¡Una Elfine! Exclamó Ergue.

Era una joven mujer vestida con pedazos de quitina de madera y tejidos verdes. Granizardo se sorprendió por la existencia de la Elfine y de una probable tribu aquí, en los Confines. A su conocimiento todo los Eltarites se encontraban en el bosque sobre las tierras de Guem.

- ¿Por qué nos han amarrado?

- Ustedes penetraron sobre nuestras tierras, ustedes van a ser castigados por este ultraje. Respondió.

- ¿Usted sabía que habían Elfines en los Confines Ciramor? Interrogó a Malyss.

- Así como se lo dije, no conozco a esta gente.

- Usted va a ser conducido cerca del Sachem que decidirá su suerte, añadió Elfine.

- Soy Granizardo, vengo de un lugar donde viven otras tribus de personas como usted.

La Elfine inclinó la cabeza, visiblemente desconcertada por lo que declaraba el Daïs. Saltó de su posición y se coló entre los cristales para desaparecer.

- ¡Bravo! Ya se largó, dijo Ergue. Bueno ¿Que hacemos ahora? Si ustedes quieren puedo librarme de estos lazos.

-Esperemos ver antes de ganarnos más la enemistad de ellos, ¿no?

- He aquí palabras prudentes Ciramor, en nuestra casa en el clan del Cuervo preferíamos evitar los conflictos abiertos. Negociemos nuestra liberación.

- Quiero, ¿Pero como no negociar? ¡No entiendo! Ironizó Ojo de gema.

Tenemos otras ventajas, indicó Ciramor. Tenemos a un Daïs con nosotros.

Granizardo parecía concentrado en su entorno, podía sentir la naturaleza alrededor de él como si estuviera en los bosques Eltarites. Llegaron entonces vario Hom’chaï recubiertos con tatuajes tribales, se llevaron con ellos a los presos y los transportaron hasta un pueblo no sin sufrir los insultos de Malyss, Ergue y Ojo de gema. Allí propiamente fueron echados en un tipo de choza de paja.

- Esto mejora dijo Malyss molesto.

Saliente de la sombra en la cual se había escondido, la Elfine reapareció.

- Shhhh, dijo despacio. Tengo algunas cuestiones para hablar con él-que-habla-sin-la boca.

- Me llamo Granizardo.

No le digas nada, seguro que va a vendernos a su jefe luego. ¡Quiere información! Acusó al pirata.

- ¿Puedes callarte? ¡Preguntó Ciramor, escuchemos!

- Cuando era pequeña, me contaban de historias a propósito de criaturas que nos habían perseguido hace mucho tiempo. Usted corresponde a éstos, juzgó Elfine.

- ¿Cuál es su nombre? Pidió Granizardo.

La Elfine vaciló un pequeño instante.

- Soy Sylikat, hija de Rompe-huesos y de la chaman Elbaïte. Esa es quién soy, ahora quien es usted.

- Déjeme mostrarse quién soy.

Los Daïs no fueron proveídos de boca ya que tenían la capacidad increíble de poder discutir mentalmente con la gente. Gracias a este don, eran capaces de enviar imágenes por el pensamiento. Y es lo que hizo Granizardo. Se concentró y le envió a Sylikat una multitud de imágenes de su bosque, del Árbol-mundo y de la gente que había cruzado, insistió en los Elfines con el fin de mostrarle que su tribu no era la única existente. La reacción de la Elfine indicó claramente que lo que se le mostraba le gustaba.

Pero su "discusión" fue parada por la llegada del mismo Hom'chaï que se cruzaron hace poco. Cuando vio a la Elfine, uno de ellos la cogió y la echó afuera sin más trámite. El ceño fruncido de estos gigantes no tranquilizó a la banda de los viajeros, Malyss incluso pensó que serían torturados. Esto no estuvo lejos de llegar porque fueron cogidos y arrastrados de nuevo como vulgares bolsas de granos a través del pueblo. Allí, en el centro, se encontraba un gran sitio. Por todos lados había unos bancos hechos de leños del bosque. La inmensa mayoría de los habitantes del pueblo estaban sentados allí, echando miradas que iban de la curiosidad al odio. En el centro del sitio que tenía una forma oval había un tótem inmenso que representaba una multitud de criaturas. Una cavidad había sido cavada a la altura de un hombre y protegía un tipo de grueso huevo cuya pared exterior estaba hecha de un cristal gris opaco. Ciramor reconoció inmediatamente del que se trataba.

- ¡Es la Comepiedra! le indico a los otros.

Se centraron tanto sobre el huevo que no vieron a la persona al lado del tótem. Sin embargo su presencia y su carisma no podían faltar. Los Hom'chaï echaron sus "paquetes" con toda la delicadeza que se les conocía, es decir ninguna. Forzaron luego a los intrusos que se arrodillan a pesar de los lazos.

El Sachem, el jefe del pueblo era un Elfine de avanzada edad, sus cabellos largos y entrecanos fueron engalanados de plumas largas de colores diversos y de pequeños cráneos de aves. Sus ojos eran morados, lo que chocó a Granizardo que jamás había visto nada como eso en su hogar. Su adorno estuvo constituido por una multitud de collares tribales hechos de quitina, cristales y hueso. Marchó a lo largo de la línea formada por los cuatro intrusos. Se retrasó sólo un poco sobre los humanos pero se cuajó cuando sumergió su mirada en la del Daïs. Este último sintió una agresión mental, registraba en su pensamiento. Cerró pues su espíritu como únicamente los de su raza sabían hacerlo. Esto irritó fuertemente al jefe que escupió delante del Daïs antes de dirigirse hacia los suyos. Granizardo tradujo su discurso a medias.

- ¡Hermanos, hermanas, he aquí delante de usted los intrusos traídos para destruir a Astenaki y quemar nuestro pueblo! ¡! ¡Se atrevieron a aventurarse sobre nuestras tierras con la voluntad de perjudicarnos! ¡Miren mis hermanos, miren mis hermanas!, ¡vea lo que los dioses malos nos envían!

Entonces le hizo seña a un Hom'chaï que vigilaba a Granizardo para llevarlo hasta él.

- ¡Vean, las criaturas qué causaron perjuicio a nuestros antepasados volvieron para acabarnos! Dijo tirando por los cabellos al Daïs que sintió entonces la cólera subir en él. Algunos se levantaron para reclamar su cabeza, otras para ordenar al Sachem que actuara, pero todos estuvieron de acuerdo en poner fin a la presencia de estos individuos por una muerte cierta. El jefe soltó la cabeza de Granizardo. El Daïs consiguió entonces canalizar toda la rabia que se acumulaba, si actuaba ahora, probablemente podría hacer algo, pero la huida no estaría favorable para él. El Hom'chaï que lo tenía lo devolvió con los otros, seguido de cerca por el jefe.

- ¡Mañana ustedes serán ofrecidos en sacrificio a Astenaki y nuestro pueblo vivirá de nuevo en paz!

- ¡Ustedes cometen un grave error! Respondió el Daïs que aprovecho la oportunidad. No vinimos a causarles dolor. Si violamos su territorio nos disculpamos. - Inútil intentar detenerme con bellas palabras, infame criatura, lo que tienes que decir no cambiará nada, vas a morir y tus amigos también, dijo retrocediendo. Átenlos al pilar de los sufrimientos para que expíen sus faltas antes de ser ejecutados.

Sylikat había asistido, como todo el pueblo, a esta escena. Desde su infancia soñaba con recorrer el mundo. Pero todo indicaba que más allá de los territorios de la tribu sola la muerte esperaba los aventurados. Y luego había llegado Granizardo y le había mostrado otros lugares y otras tribus de los suyos. Pero jamás la dejarían irse de aquí, el pueblo constantemente era vigilado por excelentes guerreros. Los que habían intentado dejar el pueblo habían sido castigados severamente. Por supuesto esta criatura venida de otra parte habría podido mentirle, pero en alguna parte de ella olía que la confianza era la mejor de las vías que tenía que seguir. Le gustaban los suyos, pero se sentía siempre aparte. Sin ánimo de ofender a los fanáticos del Sachem, ¡esa noche, ayudaría a escapar a los desconocidos!

En cuanto a nuestro excelente equipo, ahora se encontraban atados a otro tótem. A cada uno se le adhirió un respaldo en madera tallada. Comprendieron por qué se llamaba el pilar de los sufrimientos, porque había puntas por toda su superficie. Una persona que le fuese atada acababa por sangrar de la espalda y sufrir el martirio.

- ¡Verdaderamente hace falta que nos larguemos de aquí! Insistió Ojo de gema.

Nos iremos esta noche. ¿Ciramor será capaz de ayudarnos señalándonos un camino para salir de aquí?

- Por desgracia no, verdaderamente no sé donde estamos. Los Confines son inmensos.

- Lo haces a propósito, estoy seguro, o entonces verdaderamente no sirves para nada. ¿Dónde está el gran mago que nos dio esa paliza la última vez?

Ciramor efectivamente escondía algo. Se interrogaba sobre lo que sucedía de momento. ¿Era una prueba efectiva que lo implicaba también o una prueba justa para los viajeros? Se inclinó para la segunda solución y se contentaba con mirar. Si llegado el caso, actuaría para no arriesgar la vida de quienquiera que sea.

La noche cayó de nuevo sobre los Confines, y los vientres de nuestros amigos hicieron gorgoteos al unísono. Ninguno de ellos había sido alimentado. El pilar de los sufrimientos lentamente oficiaba. Excesivamente agotados dudaban ahora llegar a partir de aquí, por lo menos vivos. Al borde de la inconsciencia, ninguno de ellos lograba cerrar el ojo debido a sus heridas. Los Hom'chaï hacían guardias mientras se burlaban debes en cuando. Fue entonces que Sylikat hizo su aparición con un gran plato de madera lleno de comida que les interesó a los carceleros.

- ¿Que es lo que nos traes allí? Preguntó uno de ellos.

- Pensé que usted vigilaría mejor a estos intrusos si estaba bien alimentado. Le preparé lo que usted prefiere, Harag-na.

Los Hom'chaï agradecieron a la Elfine antes de echarse sobre el plato con golosina. Lo acabaron en un tiempo récord, no hizo falta mucho tiempo para que el somnífero potente en la mezcla entrara en vigor. Sylikat no se demoro y cortó los lazos de los presos.

- Venga, síganme en silencio...

Demasiado cansados y heridos para decir nada cada uno ayudaba a su compañero. Sólo Granizardo cojeaba solo, y tenía una idea en mente.

- Nos hace falta la Comepiedra. Me ocupo de eso, la encontrare rápido.

No tuvieron tiempo de reaccionar que el Daïs ya había puesto su plan en funcionamiento. Estaba muy furioso porque los miembros de una tribu Eltarite actuaran con crueldad y falta de respeto hacia la vida. Progresando con discreción encontró un plan de ataque simple pero que sería muy eficaz. Debía cortar el pueblo en dos para que el tótem estuviera libre. Acudió a la magia de la naturaleza. Las raíces enormes crecieron para formar una pared infranqueable de vegetación. Corrió luego hacia el tótem pensando ser el único pero percibió que había alguien delante de él, el Sachem. Este último tenía aire muy descontento por verle y se podía leer el odio en sus ojos.

- ¡Voy a matarte y tu cabeza adornará mi choza!

El Daïs se contentó con cultivar los pedazos del Árbol-mundo plantados en su brazo para formar un arma acerada y se lanzó en el enfrentamiento. El Elfine todavía ágil para su edad hizo una voltereta antes de lanzar al suelo una de las cabezas de ave que adornaba sus cabellos. Un espíritu ave apareció y sumergió su pico en la cabeza Daïs que atacó al mismo tiempo. La lámina de cristal verde se hundió en la cabeza del ave que desapareció instantáneamente. Pero esto era sólo una distracción para darle tiempo al jefe del pueblo de lanzar otro hechizo mucho más devastador. Las gotitas finas de ácidos comenzaron a caer sobre la zona donde estaba Granizardo. Humo se liberaba por cada gota que llegaba al suelo. El Sachem ya se reía burlonamente de esta victoria. Por desgracia para él el ácido no atacó la piel del Daïs. Este último al borde de la rabia absoluta sintió que los cerrojos puestos por su hermano cuando fue encerrado en la prisión de ámbar se soltaban unos tras otros. Saltó con vivacidad sobre el jefe del pueblo y puso su mano recubierta con ácido sobre la cara de Elfine. Éste aulló con dolor. - ¡Soy un Daïs, hijo del Árbol-mundo y protector de los Eltarites! ¡Me gustaría que le muestre el camino verdadero aquel que sólo dará lugar a una cosa: su pérdida! Sobre esto aflojó al jefe que se cogía la cara, loco de dolor. Granizardo fue entonces hasta el tótem donde el huevo brillaba suavemente. El jefe se levantó mientras que el ácido todavía quemaba su piel, llevaría hasta el fin de su vida un rastro de su enfrentamiento con Daïs. Reteniéndose de gritar, desenvainó una daga y estuvo a punto de lanzarla en la espalda del Daïs. Un ruido extraño se escuchó y un objeto apenas visible hendió el aire y golpeó al Sachem que se derrumbó al instante. Sylikat corrió hasta Granizardo para ayudarle a recuperar a la Comepiedra.

Lo que he hecho aquí, lo sentiré toda mi existencia, dijo. - Creo que no, gracias a usted vamos a poder salvar el mundo en el cual vivimos.

Granizardo y Sylikat llegaron hasta dónde los otros los estaban esperando. Ciramor miró con asombro el huevo.

- ¡Lo conseguiste!

- ¡Bueno, zarpemos de aquí! Se impacientó Ojo de gema. ¡Lo tenemos al fin, entonces es tiempo de volver a casa!

- Todavía hay que saber por dónde irse, insistió Ergue.

- Bueno, yo tengo una solución, pero hace falta que nos larguemos de aquí estamos demasiado cerca del pueblo, insistió la pirata.

- Sí, usted tiene razón, no hay que quedarse allí o vamos a tener a todo el pueblo a nuestra persecución.

Ciramor ayudó a Malyss a levantarse y la tropa se fue de nuevo a través del bosque con el huevo de la Comepiedra.

Continuara...

Los Dioses Muertos

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Capitulo 1 - Muerte

El Príncipe Metchaf miraba el horizonte y la arena hasta perder la vista en el desierto de esmeralda. Este día varias caravanas habían llegado a la ciudad de Aksenoun y con ellas la noticia de un inminente enviste de una gigantesca tempestad de arena. Esto complicaría las búsquedas de los últimos rebeldes de la ciudad. Aïf Salah Mehdi que gracias al príncipe había encontrado a su hija y recuperado el control de la ciudad había invitado al hijo del rey del desierto que se quedara tanto como deseara. No podía negarse porque su novia estaba allí e intentó sacar provecho de la acogida del padre y de los favores de la chica. Esta última llegó por otra parte al balcón donde estaba Metchaf. - Príncipe, un guardia real acaba de llegar y pide verte. El príncipe, no habiendo pedido refuerzos, estaba sorprendido de tener tal visita. - Te ruego hazlo pasar, dice suspirando. La hija de Aïf se volvió y les delegó la orden a sus servidores. El guardia real se presentó al príncipe como le requería el protocolo. El príncipe estuvo sorprendido con ver que éste era un miembro femenino de la guardia real. Y más bien agradable de mirar. - Soy Urakia, soy enviada por su padre con el fin de ponerme a su servicio, dijo quitando su casco. Aquel nombre le recordaba vagamente algo. ¡Sí! La hija del primer consejero de su padre, el Visir Mahamoud. Ambos tenían exactamente la misma edad y jugaban juntos siendo niños hasta la adolescencia cuando Urakia se fue para hacerse más tarde guardia real. “Mi padre no me envió a cualquier guardia, su intención es que vuelva a Minepthra " se dijo. - En fin, más manos no vienen mal para acabar con los rebeldes. Ve a ver al jefe de la guardia de Aksenoun y dile a él que tomas, en nombre del Príncipe y en nombre de Aïf, el mando. - Gracias señor. - ¿Señor? en la época nos llamábamos por nuestros nombres... - Otros tiempos, otras funciones hijo del rey del desierto. Hice un viaje largo ¿puedo retirarme? - Ve pues, esta tarde comerás en mi mesa. Era un honor inmenso y una marca notable de estima cuando un soberano, como era el príncipe, invitaba a una persona de un linaje inferior a su mesa. Urakia pareció honrada mientras se colocaba de nuevo su máscara. La hija del Aïf fue picada en su orgullo y una punta de celos salió a la superficie. - ¿Es necesario tener esta guerrera en nuestra mesa mi príncipe? Pidió con tono de reproche. Esta reacción hizo que Metchaf se partiera de risa. - Hace falta que se muestre para que todos sepan que está ahí. Esto eliminará los espíritus belicosos que conspiran a nuestra espalda. Pero no te inquietes tú eres la única que tiene lugar en mi corazón, dijo abrazando apasionadamente a la joven mujer. Ahora ve a prepararte para la comida, ¡quiero que seas la más bella de las estrellas y estés digna para ser la futura reina! El príncipe había ahogado bien el pez, tocada por la atención que le había puesto, la hija del Aïf se fue a encontrar a sus criadas. Mientras que el horizonte se teñía del rojo del crepúsculo, el palacio de Aksenoun estaba en efervescencia. Los olores embalsamaban cada pasillo y cada pieza. Los sonidos de la música resonaban mientras que las bailarinas se arremolinaban entre la multitud de mesas donde los invitados esperaban la bendición del sacerdote de Sol'ra. Este último vestido de adornos suntuosos con joyas de oro y piedras solares se levantó de modo tal que todo el mundo pudiera verle. El silencio se hizo y todo el mundo sin excepción se volvió en su dirección. - Nadie puede ocultarse de la voluntad de Sol'ra. Los que no siguen más su vía han sido castigados. Agradezcamos a Sol'ra por habernos enviado a su grandioso servidor, el príncipe Metchaf con el fin de restablecer el orden. Los comensales se levantaron para inclinarse delante del hijo del rey del desierto. Este último no tuvo ninguna reacción en particular, este tipo de cosa a menudo le pasaba. - Vamos, continúe sacerdote. Todo el mundo regresó a su sitio para escuchar la continuación del sermón. Pero el pobre sacerdote no tuvo la oportunidad de proseguir, una ráfaga de viento sopló en la pieza y se llevó todo lo que era ligero, creando un momento de sorpresa. Mientras que los servidores recogían lo que estaba en el suelo, un grito asfixiado pero audible aterro a todo el mundo. Éste venía del sacerdote de Sol'ra que flotaba a un metro del suelo y se resistía cogiéndose el cuello. Por todos lados de él volutas de arena se arremolinaban a toda velocidad lo que provocaba en él cortaduras profundas. Urakia fue la primera en reaccionar e intentó tirar al sacerdote al suelo pero fue frenada por la arena. Metchaf a su vez intentó hacer algo, tomó un banco de madera y golpeó con todas sus fuerzas. El objeto de madera prorrumpió en pedazos sin ningún otro efecto. Luego, mientras que el sacerdote se desangraba la arena se aglutinó para formar una silueta que tomo forma y se convirtió en una mujer con los ojos totalmente negros. Sus cabellos flotaban aunque no había el menor viento y su vestido parecía muy antiguo y enarbolaba símbolos prohibidos. La inmensa mayoría de los invitados habían huido desde el principio de la agresión, reemplazados por los guardias que provenían del palacio para ver lo que sucedía. La aparición tenía al sacerdote de Sol'ra agonizando por el cuello, y no tocaba el suelo. El Príncipe Metchaf había desenvainado su arma y la apuntaba con destino al agresor. - Siento la sangre de los reyes viajar por tus venas joven príncipe, dijo la mujer con los ojos negros. Luego colocó su mano cerca de la boca del sacerdote. Una luz brillante salió y formo como una bola de humo y la luz, y se la tragó con avidez. - ¡Volveremos a vernos muy pronto! Termino de decir, entonces los guardias corrieron para a atacarla. Una vez más, una ráfaga de viento cubrió la habitación y ella volvió a convertirse en guirnaldas de arena y giró a alta velocidad fuera del palacio. Metchaf y Urakia no vacilaron un segundo y se lanzaron en persecución de esta asesina misteriosa. El Solarian en el interior de Metchaf y Urakia se hizo presente, y estos últimos fueron empujados a sobrepasar sus límites físicos. En menos de lo que canta un gallo se encontraron fuera de Aksenoun. Fue difícil de seguir una nube de arena en el desierto pero llegaron allá a pesar de que la noche había caído. Marcharon varias horas antes de darse por vencidos. La tempestad de arena de la que los rumores hablaban en la ciudad cayó sobre ellos, rápida e implacable. Cada grano de arena era un suplicio. El viento los azotaba por todas partes y su visión fue reducida a un paso delante de ellos. Urakia quedó pegada al príncipe Metchaf porque si eran separados la salida de esta tempestad podía ser sólo una muerte lenta por asfixia. Habían dejado a Aksenoun sin tomar precauciones y en este instante preciso lo sentían porque su piel en gran parte desnuda sufría ahora de la violencia de las ráfagas de arena. Ambos olieron que en este caos había una presencia igual a la que perseguían. La arena se aglutinó alrededor de ellos y les fue cada vez más imposible progresar. Fueron engullidos por el furor de la arena...

Capitulo 2 - El Oasis de Istaryam

Urakia se despertó despacio. Tenía la impresión de que una horda de camellos la habían pisoteado, sentía tanto dolor por todas partes. Pero esto la tranquilizó porque si sufría así es que no había muerto. Al principio incapaz de hacer el menor movimiento, se contentó con mirar alrededor de ella. Era en una gran tienda idéntica a las que ciertas tribus no sedentarias utilizaban en sus desplazamientos. Había un olor de incienso y por todas partes antigüedades diversas. Se levantó de su cama con mucha dificultad y cabeceó hasta la entrada. Una bocanada de frescura recorrió su cara cansada, la razón era un lago alto en medio de una vegetación lujuriosa. En medio de la extensión de agua había una vieja estatua erosionada en partes por el tiempo y la arena del desierto. Al borde del agua el príncipe Metchaf se rociaba la cara. Sus reflejos de guardia real le mandaron dar la vuelta al campamento y ver si había alguien. Pero no había nadie aparte ellos dos. Recupero algunas pertenencias entre las que se encontraban sus armas. Todo esto se volvía cada vez más misterioso, ¿cómo habían llegado allí? ¿Quién los había salvado? Tantas cuestiones que más tarde encontrarían respuestas. Luego de esperar la joven mujer se reunió con el hijo del rey del desierto para recolectar informaciones. - ¿Comprende algo Majestad? Pero viendo la cara del príncipe supo que no. - Me desperté justo antes que tú. Aparte del hecho de que creo que sé dónde estamos, creo que tenemos que dar gracias por encontrarnos con vida. Urakia se quedo esperando la respuesta, pero el príncipe no estaba dispuesto a decirle todo. -Y pues ¿dónde estamos? Pidió con tono vagamente exasperado. - ¿Mmm? Oh sí, pienso que debemos estar en el oasis de Istaryam. Urakia sintió una que el corazón se le aceleraba al escuchar este nombre. Istaryam era el nombre de una antigua ciudad que fue el baluarte de los politeístas en la guerra entre los dioses antiguos y Sol'ra de esto hace ya un poco más de ciento cincuenta años. Por orden del rey del desierto de esa época el acceso a este lugar fue prohibido bajo pena de muerto. El tiempo paso todo el mundo olvidó esta pequeña parte del desierto. - Hay que irse, este lugar nos es bueno... - Quiero esclarecer algo sobre esta historia, quiero saber quiénes son los que desafían la autoridad del rey pero que a la vez nos salvaron. Presiento que hay mucho más detrás de todo este asunto. Tengo una rara impresión, comienzo a comprender por qué este lugar está prohibido. Urakia no estaba muy tranquila por las palabras del príncipe. Se acordó de las historias que se le contaba cuando era pequeña. - Vamos a morir soltó Urakia enojada. Este lugar está bajo la mirada de Sol'ra, la gente que vive aquí va a sufrir el fuego de la cólera de Dios, no quiero quedarme aquí. Metchaf se rascó la nariz, en signo de que la actitud de la guardia no le convenía. - ¡Vas dónde te digo que vallas, haces lo que te digo que hagas! Primero hace falta que se dé una vuelta al oasis para buscar rastros recientes de pasos o de camello. La joven mujer dividida entra el sentimiento de vergüenza y de cólera enfrente del príncipe. Tragó su orgullo y se fue delante del príncipe para buscar en los alrededores. El oasis era mucho más grande de lo que dejaba translucir. Después de una hora de marcha ambos Solarians llegaron al borde de una gran playa arenosa al borde de la extensión de agua, donde la estatua estaba próxima a la orilla. Allí había una mujer que nadaba entre algunos nenúfares. Metchaf y Urakia reconocieron a la asesina del sacerdote de Sol'ra de Aksenoun. Urakia desvaino dos sables y comenzó a caminar hacia el agua. Pero no fue muy lejos porque se hundió en arenas movedizas. - ¿Es así como usted me agradece por haberle salvado? ¿Atentando contra mi vida? Dijo saliendo del agua bastante lejos de Urakia. Metchaf delante del cuerpo desnudo de una mujer desvió su mirada. - ¡Asesina! ¡Usted mató a un sacerdote de Sol'ra! ¡Serás ejecutada! Gritó Urakia rabiosa. Trajes suntuosos aparecieron entonces sobre la joven mujer, haciéndola todavía más impresionante. El príncipe se quedó sin embargo a buena distancia para evitar todo problema. Mientras que Urakia intentaba desesperadamente librarse del hechizo, el hijo del rey del desierto recurrió a la discusión. - ¿Quién es? - Esperaba más bien un "gracias". - ¿¡Qué es usted!? - La cuestión no es que soy sino por qué usted está acá. - ¡Porque persigue a una asesina! Gritó a Urakia. - ¿Podemos decir que matar un asesino significa cometer un homicidio o más bien es una liberación? - Los sacerdotes de Sol'ra no matan, dijo Metchaf reteniendo su cólera. - ¿En serio? ¿Estás absolutamente seguro de esta afirmación? - ¿Quién eres tú? - He oído rumores de que Ahmid volvió. - ¿Ahmid? ¿Qué...? ¡Sí, pero deje de cambiar de tema sin interrupción! Entonces responde una vez por todas, ¿¡Que eres!? La joven mujer pareció perderse en el curso de sus pensamientos. Todo cambió entonces alrededor de ella como si los recuerdos cobraran vida. La escena tuvo lugar en plena batalla, durante la cual la joven luchaba contra un guerrero de Sol'ra. La escena termino con la muerte de la joven mujer. Metchaf y Urakia que perfectamente había comprendido lo que significaba esta escena cayeron rendidos. - Ptol'a... cuchicheó el príncipe por miedo de ser oído por Sol'ra. Imposible... - Estoy aquí para mostrarle la vía a los dos porque el futuro depende de usted. Nuestro futuro, y el de todos, ahora síganme. Urakia de nuevo libre de sus movimientos y Metchaf estupefacto siguieron a la joven mujer sin plantear la menor cuestión. No sabían más cómo reaccionar.

Capitulo 3 - La tumba de los dioses

Lo que pensaban ser la encarnación de Ptol'a, traída de entre los muertos, los llevó cerca del Oasis de Istaryam. El cielo se había cubierto mientras llegaban a una duna mucho mayor a las otras. En realidad este montón de arena no era una, pero protegía un edificio de talla consecuente que la entrada había sido cubierta. Ésta estaba tapada por una baldosa de piedra pero había sido quebrada para que un hombre de buena corpulencia pudiera pasar. Un sol inmenso, un símbolo de Sol'ra estaba pintado en la superficie de la puerta. - Una advertencia divina, declaró el príncipe. - Que algunos desafiaron con el fin de no sufrir más la dictadura del dios falso. - ¡Dios falso! ¡! Se puso nerviosa Urakia, Sol'ra es el único dios. - En este caso si lo que dices es cierto, ve, entra allí y ve con tus propios ojos la verdad. No serás influenciada por lo que proteges en el interior. La guardia real hizo una mueca, preguntándose qué quería decir con lo que ella estaba protegiendo en el fondo. - ¿Y si no queremos entrar? Preguntó al príncipe en tono desafiante. La encarnación de Ptol'a sonrió entonces. - En este caso usted se quedará aquí en Istaryam hasta el fin de su vida, o usted puede intentar irse y en ese caso yo tomaría el riesgo de despertar a su Solarian. Y allí usted no se dominará más y morirá por la causa de un dios que se burla bien de usted. - Pues no tenemos otra elección ¡Vamos Urakia! , ordenó Metchaf con una pequeña idea en su cabeza. El interior alumbrado por lámparas de aceite daba a una escalera descendente e interminable. Se hundía profundamente bajo el desierto aunque el calor se difuminó para dejar sitio a un refrescante aire. - ¿Que vamos a hacer príncipe? - Vamos a ver de qué se trata, pero esto tiene aire de ser una réplica de las grandes tumbas donde están mis antepasados. Si está edificado según el mismo modelo entonces podremos salir por otra salida e irnos rápidamente de aquí. - Con tal de que usted tenga razón. - ¡Guardemos la fe! Al cabo de una media hora llegaron por fin al final de las escaleras, dando a una sala de talla media. Las cuatro paredes de la pieza estaban totalmente recubiertas con jeroglíficos y con dibujos grabados. Tenía allí también un vago olor a muerte. Cada uno examinó un lado y se pusieron a leer las inscripciones. A medida que recorría los escritos la figura del príncipe se descompuso. - No logro creer lo que leo Urakia. - ¡Justamente deberíamos no creer en eso porque todo esto es falso! Las inscripciones eran la obra de sacerdotes y de fieles. Habían sido encerrados aquí vivos con las pieles de las encarnaciones de sus dioses al fin de la guerra contra Sol'ra. Explicaba cómo los Solarians habían arrasados pueblos enteros de habitantes del desierto. Tantos actos increíblemente violentos e imperdonables que habían contribuido a eliminar una civilización, la del desierto del sur todo esto lo puso en duda al príncipe. Porque a pesar de su indiferencia con el pueblo y de su aire altivo, a Metchaf le gustaba su pueblo. Por su parte Urakia no tomó en consideración las mentiras de los infieles. No aceptaba que tiraran por los suelos sus principios y sus creencias. Sin embargo había unos detalles inquietantes. Creyó reconocer entre las escrituras a una persona cuya historia correspondería a la de uno de sus antepasados. En su familia era una figura temida y emblemática que participó en la creación de Minepthra. La coincidencia era inquietante y bastante extraña para una familia muy creyente como la suya. Salieron de esta habitación verdaderamente enturbiados por estos descubrimientos. Después de su sorpresa se les tenía reservada otra aun más increíble. Pasaron una nueva puerta de piedra que también había sido roto. Y allí el espectáculo que se les ofreció era simplemente grandioso. Era una verdadera ciudad subterránea que había sido construida allí de pequeñas múltiples moradas hechas de arena que habían sido cavadas en las paredes gigantescas de esta sala. En medio de esta ciudad, unas cincuenta personas vivían allí y parecían esperar algo. Metchaf y Urakia se adelantaron hacia ellos con arma en mano. Uno de ellos, visiblemente el que ostentaba la autoridad fue a su encuentro. - Sean bienvenidos a la tumba de los dioses, los que murieron para defender al desierto y sus maravillas. Aquí ustedes van a descubrir la verdad sobre Sol'ra y sobre lo que quiere esta divinidad. Ríndanse, usted no deben temer aquí no le queremos causar ningún dolor. Continua...

Al Rescate

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Capitulo 1 - Lorus

Dhan fue sentado delante de los planos del Arc-Kadia. Hacía ya mucho tiempo que se había encontrado a bordo del buque que había concebido con Géant el triste. Los piratas de Al la triste habían recorrido una multitud de islas volantes antes de encontrar y de convencer al antiguo predicador de venir a bordo. Al la triste empujó los curiosos para abrirse camino hasta su invitado. Éste le sonrió. - Creciste bien Alexandra. Pero diríamos que tienes un problema con el Arc-Kadia. - Sí y pongo toda mi confianza en vos para repararlo. - ¿Explícame que hiciste? - Aceleré la consola. Dhan cerró los ojos como si hubiera comprendido instantáneamente la implicación de tal acción. - Veo, veo. Pero sabes, no soy el único que construyo este buque. - Si, esta Ganchillo... - Tu padre verdaderamente no lo apreciaba, desconfiaba de él, dijo Dhan mirando al concernido. - No, ya puedo ver lo que no va, pero va a ser difícil terminar las reparaciones si no tengo a Lorus a mis lados. - ¿Lorus? ¿Quién es? - ¡¡Lorus!! ¿Pico-Rayo? ¿Ese viejo papagayo loco? Masculló Bragan. Es todavía más alcohólico que todos los miembros juntos de la tripulación. - Puede ser, un viejo lobo de los aires, pero es a pesar de todo con él que se construyó este barco, cuando tú eras recién un marinero. - ¿Bueno, vamos a encontrarte este tal Lorus, dónde está? Cortó Al la triste. - Está en la isla de los asolados, en una de sus numerosas tabernas, respondió el sacerdote. - Estamos bien, no estamos lejos. ¡Bragan en marcha a la isla de los asolados! Gritó. En cuanto a ti, la sala de máquinas es tuya, Klemencia te está esperando, va a prestarte asistencia. Algunos días más tarde los piratas llegaban a la isla de los asolados. Era una de las islas francas, es decir allí dónde los señores de las islas no tenían el derecho a poner pie y todavía menos a intentar hacer cumplir su ley. Erat una guarida de bandoleros en todo sentido, pero también la cuna de la piratería de las islas blancas. Repetidas veces la isla había sufrido ataques de señores del cielo y es de ahí dónde su nombre le vino, pero jamás fue tomada. El Arc-Kadia se detuvo en uno de los numerosos embarcaderos de la isla. Después de haber tomado las disposiciones necesarias para la protección del buque, Al la triste, Mylad y Empleadillo comenzaron a buscar la ubicación del famoso Pico-Rayo. Las calles de lo que se podría llamar ciudad eran verdaderamente sucias, malolientes y evidentemente mal frecuentadas. Repetidas veces la pequeña tropa debió mostrar que no eran turistas de simples visitas. El pueblo de los asolados estaba constituido por una gran cantidad de casas hechas de trozos y piezas que se tenían en pie de milagro. Sólo unas pocas casas en el centro habían sido construidas en la arquitectura clásica de las islas blancas, es decir casas de adobe recubierto con cal. Pero Al la triste prefirió ignorar este lugar que le traía muchos malos recuerdos y prefirió pues visitar algunas tabernas que eran seguras y posiblemente cruzarían allí a Lorus en un momento u otro. Después de haber espumado varios "establecimientos" descansaron en la que parecía la menos piojosa de todas ellas. - Es un verdadero laberinto esta isla, vamos a pasar una eternidad encontrando al otro emplumado, dijo Mylad con falta de motivación. La última vez que lo vi no estábamos en buenos términos los dos. - ¿Pero lo conoces? La interrogó Empleadillo. - Sí, es él quien me enseño a mí a servirme de la magia, dijo bebiendo varios tragos de un líquido bastante espeso servido anteriormente por el gerente. Alrededor de ellos mientras que la noche envolvía la tierra de Guem, varios piratas entraron en la taberna sin que nuestros aventureros se hubiesen dado cuenta. La atmósfera se calentó rápidamente y la presencia de dos mujeres guapas atrajo a los hombres como abejas sobre la miel. Uno de los últimos recién llegados, con un vaso de ron en la mano se coló entre sus compañeros a la vista de los atributos de Mylad y de la capitana. - ¡Mi moiselles... permítame ofrecerle... un trago! Su aliento, que respiraba sobre Mylad terminó de convencerlos de problemas inminentes que este hombre traía. - ¡Suéltanos! Dijo de modo muy audible. - Oh, oh... vamos a tener problemas, marco el valiente Empleadillo. - Vaya guapa... Eres descarada, yo soy tan bello como todos los demás. Alrededor de ellos otros piratas habían venido para sostener a su compañero en este intento ridículo de seducción. - Ve a navegar, el ron te tapa las orejas pedazo de fondo de cala. Otros rieron a carcajadas, lo que no le genero gracia al infortunado rechazado. Intentó con un torpe gesto de poner sus atrevidas manos en lugares que las conveniencias prohibían. No le hizo falta más para que Al la triste se levantara para poner un puñetazo que el patán recordaría todo su miserable existencia. Los demás que veían esto soltaron sus vasos para sacar los sables. Pero Mylad fue más rápida, cadenas hechas relámpagos salieron de sus manos para golpear a los que se encontraban delante de ellos, sorprendiendo a la tropa que retrocedió hacia el mostrador. - Progresaste bien Mylad. Una persona se abrió un paso entre la multitud enfrente de Al la triste. Su aspecto era verdaderamente increíble. Se notaba que era un hombre porque se tenía en pie, pero estaba recubierto con plumas y tenía un grueso pico encorvado. En realidad se parecía a un gran papagayo. Esto despejo duda sobre su identidad. - Arreglen esto montón de criaturas estúpidas, usted va a hacerse tostar los pocos sesos que le quedan, yo me ocupo de esto, dijo avanzando hacia Mylad. Al la triste lanzó a la muchedumbre una mirada negra antes de retirarse. Pico-rayo se instaló sin pedir autorización. Mylad quedó de pie todavía enfurecida. - Vaya chiquilla siéntate o esto se pondrá peor. La joven maga frunció los ojos y suspiró mucho antes de reposar su trasero delicadamente en la banqueta media podrida. - ¿No serás Al la triste? ¿Hija de Géant? La última vez que te vi... - Yo era muy pequeña, dejen de repetírmelo. Mira no soy alguien paciente por eso escucha Lorus, tengo un trabajo para proponerte, cortó a Al la triste con una toque de falta de respeto. - Pico-rayo es caro, replicó frotándose las manos. - Tenemos los medios de vuestras pretensiones, afirmó Empleadillo poniendo una bolsa llena de piezas de cristales. - Oh, ya veo, ya veo. ¿Y qué hay que hacer? - Reparar mi buque. - Perdón... ¿Quieres decir el Arc-Kadia? - Exactamente. - Sabes que no soy mecánico. - Sé, pero el predicador necesita de tu ayuda, entonces... - ¿El predicador? ¿No murió? Si me necesita es porque hiciste algo que no deberías haber hecho. - ¿Entonces, aceptas o no? Lorus pareció reflexionar, miró a Mylad con aire alicaído, luego sopesó la bolsa de la que se desprendió un brillo tentador. Pensó los pros y los contras. De un lado Mylad y el Predicador, del otro una suma presumida, la vuelta a bordo de Arc-Kadia y una aventura lejos de la Isla de los asolados. -Es definitivo, voy con ustedes.

Capitulo 2 - Retirada Estratégica

Durante varias horas, el grupo perdió en los confines huía de una banda de expatriados Eltarite realmente enfurecido. Los Elfines y Hom'chaï que se encontraban en mejor forma y que tenía un conocimiento perfecto del terreno estaban a punto de coger a los fugitivos. Granizardo había dado todo lo que podía para crear trabas con el fin de disminuir a sus perseguidores, pero era difícil de retener a la gente del bosque. Ergue, Malyss y Ciramor se sostenían unos otros para avanzar lo mejor posible mientras que Sylikat les abría camino. Pero esta tribu era temible en término de caza y a pesar de la experiencia de su nueva compañera de grupo acaba por encontrarse al borde de la isla con una sola opción, el vacío... - ¡Nos tienen atrapados como ratas! Grito asustado Ergue. El cazador cazado, ya he visto todo. - Vamos no hay que dejarse matar sin pelear antes, dijo Malyss comenzando a prever una estrategia de ataque. En cuanto a Ojo de gema ella por su parte se preparaba para algo. Utilizó varias partes de su equipo para armar un objeto extraño. - ¿Qué es eso que estas fabricando? Preguntó Ergue. - Nos sacara de acá, nosotros los piratas tratamos de tener siempre una salida de emergencias. - ¿Y tu cosa va a hacernos volar? - No, pero abre bien tus ojos, no verás de nuevo esto en tu vida, Zil. Ojo de gema había acabado de preparar el objeto que se parecía a una gruesa pistola. Malyss sintió inmediatamente una particularidad mágica que provenía de uno de los ojos de la pirata. Ojo de gema apuntó el cañón hacia el cielo y tiró. Un pequeño haz de luz blanca que emitía una luz viva fue propulsado muy alto en el cielo, alumbrando los alrededores. Sus agresores no se encontraban muy lejos, ya no procuraban ser discretos y los pesados Hom'chaï que quebrantaba la tierra sobre ellos se escuchaban tan claramente como el "Pcchhhi" del cohete de Ojo de gema. De aquí hace dos días que Pico-rayo estaba a bordo del Arc-Kadia, había pasado a formar parte del buque, con Dhan, Bragan y Briscar, no sin un cierto pellizco al corazón. Entonces se había puesto a trabajar para que el buque estuviese de nuevo operando en la mejor de sus capacidades. El corazón del barco era una maquinaria muy perfeccionada. Klemencia quedó maravillada de ver al predicador y a Lorus desmontar y luego volver a montar este extraño artefacto por no hablar de la energía implementada por el pajarraco y Mylad. Ambos descargaron totalmente su potencia mágica en forma de sortilegios de rayo al pequeño aparato de medición de pánico y la aguja paso de estar en roja a verde. Por fin Dhan devolvió el orden a la consola y quitó el medallón del padre de Al la triste. La capitana había asistido con ojo curioso a todo lo que había sido hecho sobre su buque. Dhan se le acercó tendiéndole el collar. - Valore, y utilícelo con sabiduría. Enseñe a su pequeña mecánica que hacer la próxima vez que esto suceda. Esto no es muy complicado, lo que sucede es que este mecanismo es, como se dice..., avanzado a su época. - Gracias por la ayuda. - Lo hice como recuerdo de su padre. Ahora que he cumplido, permítame dejar el buque. Al la triste ató el collar alrededor de su cuello. - Concedido. Dhan no se tomó el trabajo de saludar a los otros, recuperó sus asuntos y se fue. Pico-rayo se paseaba sobre el puente, descorchó una botella acordándose de aventuras vividas a bordo de este buque. Colmado de una nostalgia cierta se echó a engullir una buena mitad del contenido de la botella. De repente contemplo algo en el cielo, una bola incandescente blanca. El aire se enturbió y un torbellino se formó entonces delante del buque y este último fue aspirado, llevándose con él una parte de los viejos pontones a los cuales fue amarrado. Toda la tripulación fue sacudida y el buque tembló pero no tuvo ninguna avería. Mientras que la bola luminosa se apagaba un torbellino se formó por encima de la isla dónde los viajeros de los Confines se preparaban para una batalla con fin incierto. El Arc-Kadia apareció por arte magia y así su tripulación se vio en vuelta en un enfrentamiento sorpresa con desconocidos al otro lado del mundo. Ergue, Malyss, Ciramor, Sylikat y Granizardo estuvieron muy sorprendidos de esta llegada súbita. Esto no perturbó a los miembros de la antigua tribu de Sylikat que era visible a algunos metros del grupo. Al la triste que había corrido hasta la barra hizo volcar el buque mientras que un miembro de la tripulación examinaba la situación en esta isla. Otros piratas salieron por todas partes para intentar comprender lo que sucedía. Al la triste gritó sus órdenes y dio a entender que Ojo de gema peligraba. Contra toda previsión fue Lorus quien actúa primero. Soltó su botella y saltó de Arc-Kadia de una altura donde nadie se habría atrevido a saltar. Gracias a sus alas pudo disminuir la caída. Fue seguido por Mylad que envuelta con un tornado imitó a su antiguo maestro. Los Elfines llegaron primero. Luego los Hom'chaï llegaron, grandes, fuertes, poderosos y sobre todo ¡llenos rabia! - ¡Buscan al Ragianne! Gritó Sylikat. ¡Irán hasta el fin! Continúo mientras esquivando el primer golpe. Había cinco de estos guerreros rabiosos, recubiertos con tatuajes, eran mucho más impresionantes que los de las tierras de Guem. Granizardo atrapó a uno gracias a unas raíces. Malyss creó varias paredes de hielo. Ciramor que tenía el huevo de la Comepiedra no quiso correr peligro de perderlo, se echó a volar hasta el buque. Escapó por los pelos de varios golpes de espada. - ¡Esperen, estoy con Ojo de gema!! Briscar cogió al mago y lo largo a un costado - ¡No te muevas de aquí! Después de los Hom’chaïs era el turno de los Elfines de ordenarse para el ataque. Flechas humearon a toda marcha para plantarse en el casco del Arc-Kadia, pasando muy cerca de los piratas que observaban la escena. Pico-rayo que había vivido varias batallas no perdía tiempo para combatir a estos energúmenos. - ¡Mylad! ¡Barrera!! Actuando por instinto, cada uno puso de manifiesto un inmensa pantalla de relámpagos de modo que todo el grupo que estaba del lado derecho quedo a salvo, pero no protegió de los rayos a Ergue y la inmensa mayoría de los Hom’chaïs. Los piratas a bordo del buque echaron cuerdas con el fin de hacer subir a todo el mundo a bordo. Bragan gritó a los que se encontraban en la isla a subir a bordo, lo que hicieron sin discutir demasiado. Por fin Mylad y Pico-rayo se fueron de nuevo volando por los aires y volvieron al barco. Este último se alejó mientras que los Elfines le acribillaban a flechas. Ya sin fuerzas, los compañeros de los confines se tiraron sobre el suelo, tomando aire. Al la triste ordeno devolver su buque al torbellino que estaba todavía abierto, regresando así de donde habían venido. De vuelta, no lejos de la isla de los asolados, Al la triste hizo parar las máquinas para comprender lo que acababa de pasar. Ojo de gema explicó todo lo que fue pasando en los Confines, por lo menos en versión resumida. Presentó pues a Ciramor y Sylikat que los había reunido y explicó lo que habían encontrado: La Comepiedra de los Confines, o por lo menos su huevo. Por otra parte, Ciramor que tenía el huevo sujetado como si se trate de su vida olió que algo se movía en el interior. - ¡Miren! ¡! Gritó. ¡Va a nacer!! Muy rápidamente una muchedumbre se formó alrededor de él, Malyss, Ergue, Granizardo estaban muy intrigados, era el tiempo para ellos de ver la recompensa de sus esfuerzos. El huevo vaciló y luego lentamente se agrietó. Un líquido espeso y amarillento se escapó de las grietas. Esto acabó con la aparición de una criatura de piel grisácea. Vagamente era un humanoide de la talla de un niño, sin embargo no tenía nariz, ni cabellos. Sus ojos casi cerrados miraban a la derecha y a la izquierda. La asistencia incluso fue dejada estupefacta y tan desviada, decepcionada por esta Comepiedra. Sylikat, estaba en posición de reverencia y tendía un pedazo de cuarzo en su mano. La criatura se arrastró hasta ella para coger la piedra y la mordisqueo. - ¿Esto es la Comepiedra? Preguntó Malyss. ¿Hicimos todo este viaje para esto? Ciramor, fuertemente emocionado ayudó a la criatura a que se desprendiera los restos de concha. - El caso es que al principio, va a haber que ocuparse bien de ella, añadió el aprendiz de Eredan. Granizardo fue a ver a Al la triste. - Gracias por habernos ayudado, estábamos en una mala situación. - De nada, somos pirata, también pero tenemos un corazón como todos. - Le sería posible llevarnos al bosque Eltarite, debemos actuar en lo sucesivo, todo esto llevo demasiado tiempo. - Me encuentra de buen humor, los llevare hasta allí.

Extinction

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Capitulo 1 - El pasado roto

Otro tiempo... Otro lugar... Otro combate... Eredan y los héroes de la guerra acababan de poner fin a la locura del Néhant. Los Néhantistas acababan de perder su supremacía, dejando las tierras de Guem débiles después de varios años de conflictos. El último teniente de Néhant, el poderoso Amidaraxar había sentido la desaparición de su amo. Fue perseguido en lo sucesivo por los habitantes del glaciar de Amatista, deseosos de ponerle fin a su existencia. Nibelle la joven elfa de hielo así como algunos otros hacían frente a este sórdido ser que había sido el causante de la muerte de tantas personas. Sin embargo y a pesar de la desaparición de su amo era un verdadero peligro. Algunos de los compañeros de Nibelle habían aprendido esto a su costa. Ya hacía varios meses que la joven sacerdotisa preparaba su golpe, Eredan le había ayudado a construir bajo los hielos la prisión en la cual planeaba encerrar a Amidaraxar. La caza organizada había cosechado sus frutos y la presa estaba allí dónde Nibelle lo quería, una grieta en el glaciar era visible y ahora solo quedaba confrontarle. El Néhantista era un hombre delgado que enarbolaba una máscara opaca y trajes desgarrados, se parecía más a un espectro que a un humano verdadero. Una multitud de piedras negras brillantes flotaban alrededor de él. - Nibelle eso es... Me deleitaré con tu alma y con tu cuerpo, dijo preparando sus sortilegios. La elfa no respondió a sus provocaciones, se concentró sobre sus súplicas apretando mucho un extraño bastón. Éste era una simple rama esculpida y recorrida por anillos anchos de oro finamente cincelados. Mantuvo las manos juntas rogando que sus dioses le concediesen la fuerza de resistir el asalto de la magia de Néhant. Amidaraxar sacó provecho de este momento para mostrar toda su potencia, relámpagos de tinieblas salieron disparados desde las piedras para golpear a Nibelle. Aulló con dolor pero resistió a pesar a todos a los que esto había matado. Los dioses respondían a su llamada, un aura blanca rodeó al bastón, una señal para la elfa de que ya era hora de actuar. Y cuando los maleficios del Néhantista le quemaban la carne y recortaban su alma, la elfa de hielo golpeó el suelo con palo. Amidaraxar fue incapaz de moverse. Todas las piedras cayeron alrededor de él, se sentía cortado de toda magia, todos los lazos que tenía con numerosas personas se estrellaron de golpe. - ¡No! ¡Noo! ¡NOOOOOO! ¿Qué has hecho?? Cintas de hielo salieron del suelo para enrollarse alrededor del Néhantista. Una vez hecho se transformaron en papel recubierto de símbolos. - ¡Tú no puedes matarme! Gritó con rabia. - Lo sé, pero no vas a morir, tú vas a ser encerrado bajo el hielo para toda la eternidad. Como si el glaciar estuviese vivo lentamente se "tragó" al Néhantista que no pudo hacer nada para salir de este inconveniente. Fue engullido en lo más profundo del hielo. El bastón de Nibelle dejó de brillar y los sortilegios del Néhantista desaparecieron dejando al elfo al borde de desfallecer. Los que habían asistido a la escena ayudaron a Nibelle a recuperarse de este enfrentamiento. - Llévenme a la puerta, debo desempeñar el papel para el que nací. Nibelle abrió los ojos... Se había dormido algunas horas a causa del cansancio. El tiempo había pasado y ella se encontraba vieja y cansada. Yilith se había marchado ya hace mucho tiempo, y no había vuelto, presagiando un problema. Al pasar los años, Amidaraxar se había fortalecido y se había recuperado poco a poco. Su prisión no lo retendría mucho tiempo. Desde hace algunos días lo oía, él uno de los más poderoso Néhantistas que había existido. Le prometía no vengarse si lo dejaba salir, si al final de cuentas sin Néhant no podría hacer nada más. Su corazón se estrechaba en su pecho, estrechado por el miedo de un futuro funesto para los suyos.

Capitulo 2 - Maniobras

Yilith había recorrido las tierras de Guem en busca de personas para ayudar a su pueblo. Había pisado las tierras de Tantad, un imperio extraño de costumbres extrañas. La gente la había rechazado y continuó su carrera desenfrenada contra el tiempo. Volvió a parar en comarcas todavía más lejanas y siempre nada, no había encontrado la menor persona capaz de comprender su problema. Por fin cuando acababa de pasar la frontera de la Draconia, un grupo de personas, soldados para la inmensa mayoría, fue a su encuentro. La Elfa de hielo poco propensa a plantear problemas de cualquier tipo esperó prudentemente a que el grupo la alcanzara. Uno de los hombres visiblemente el jefe tomó la palabra. - Dama Yilith, tenemos orden para que nos acompañe hasta Kastel Levarak. - ¿Conoce mi nombre? - La Pitonisa desea verla, le da a conocer que la ayudará en su búsqueda. Por fin alguien parecía interesarse por su situación, no se hizo rogar más y acompañó a su guardia hasta una pequeña ciudad típica de este continente. Un castillo de torres afiladas, bordeadas por jardines, totalmente rodeado de casas pegadas las unas a otros en una forma de espiral. Era un lugar apacible y Yilith se maravilló con la limpieza de los lugares así como con la acogida que se le reservó. Fue llevada ante el tribunal del castillo donde lo esperaba una decena de personas entre las que estaba una con una presencia particular, La Pitonisa. Otras, todas mujeres vestidas del mismo modo, hicieron un círculo alrededor de Yilith y alrededor de La Pitonisa, impresionando a la Elfa de hielo que no conocía las costumbres de estas personas. - Sea bienvenida Yilith. Nuestra morada le es abierta, usted encontrará aquí el descanso. Soy la Pitonisa, oráculo del Dragón. Le vi marchar a lo largo de caminos, le vi golpearle contra la indiferencia de los pueblos del norte. La Pitonisa le ayudará. - Le agradezco, Pitonisa, por ayudarnos a mi pueblo y a mí. Percibo su sabiduría y su consternación, dijo visiblemente afectada por la presencia de La Pitonisa. El Oráculo y la Profetisa discutieron una buena parte del día y de la noche sobre lo que sucedía en este mundo. Por fin Yilith fue enviada a Noz'Dingard en compañía de hombres y mujeres de la guardia de Kastel Levarak. En la capital de la Draconia, Moira analizaba a la decena de hombres, todo militar y Sorcelames que el Profeta y Naya le habían confiado. Todo estaba conforme la normativa. Nadie decía nada aunque los soldados tuvieran calor con sus pieles gruesas. Por último, sólo queda esperar a su invitado misterioso que llegó una hora más tarde, como lo requería la Pitonisa. Marlok y Marzhin crearon un pórtico mágico con ciertos miembros del Compendium con el fin de que Moira, Yilith y compañía no perdieran más tiempo. Se precipitaron por el pórtico y se encontraron al otro lado del mundo allí donde el frío jamás se iba, el glaciar de Amatista. - Es el tiempo Dimizar, el Tiempo que salga de esta prisión, el tiempo de recuperar lo que me pertenece, el tiempo de vengarme... - Amo, las cosas pasan casi como lo había previsto... - ¿¡Casi!? Gritó la imagen de Dimizar que se reflejaba en el espejo. - Digamos que estamos siendo vigilados. - ¿No callaste al ese maldito Consejo bajo tu dominación? - Sí... - Entonces todo estará bien. - Dragón... - ¡No me hables de ese cretino escondido en su piedra, no sabe nada! - No los subestimemos, son especialistas y saben quiénes somos. - Razón además para actuar en este caso, quebranta a los que se levantan sobre tu camino y únete a aquellos a los que puedes. Todo ejército tiene puntos débiles. - Si. Salimos a liberar a Amidaraxar. - Excelente, es el único que puede sacarme de ahí. - Sí, amo. - Apresúrate. La imagen deformada volvió a ser la de Dimizar. El Néhantista reflexionaba sobre su plan y se echó a reír a carcajadas. Este plan, como todos los demás, iba a tener éxito era evidente. Fue en el comedor donde ciertos miembros sacaban provecho de una comida preparada por las pequeñas manos de la casa solariega. Máscara de hierro jugaba con su vaso de cristal, perdido en los meandros de sus reflexiones sombrías. Anagrama martirizaba a un esclavo. Ardrakar hablaba con su espada y El Caído comía con calma en su esquina. - Máscara de hierro, Caído, Anagrama atiendan. Ustedes se van a las tierras del norte, al glaciar de Amatista. Máscara de hierro miró a Dimizar y comprendió lo que iba a pasar. Se había vivido para este momento. Y después de tanto tiempo había llegado. Apoyo su vaso y se levantó con determinación. Se reunieron los cuatro para explicarles lo que iba a pasar. - ¿Usted conoce totalmente la historia de Amidaraxar? El Caído sacudió la cabeza negativamente, seguido por Anagrama. - Para hacerlo breve, Amidaraxar es el teniente de Néhant y es el único que puede librar a nuestro amo de su prisión de cristal. Entonces fue encerrado bajo los hielos al fin de la guerra. Según mis espías, los Elfos de hielo estarían desplazando sus pueblos a causa de la fundición del glaciar. La inmensa mayoría de nuestros adversarios no tiene conocimiento de la existencia de esta prisión, para todo Amidaraxar murió. Entonces él y su prisión están accesibles. Vayan al mismo lugar y devuélvanme a nuestro hombre. - Vamos lo más rápido posible, respondió Máscara de hierro, de manera extrañamente arrebatada.

Capitulo 3 - Confrontaciones, evasión, convicciones

El día débilmente alumbraba esta parte de mundo que se le consagraba al glaciar de amatista un ambiente único. Los rayos del sol lamían los cristales morados cuyos pedazos se reflejaban sobre el hielo blanco. Moira y sus hombres estaban en una vieja casucha de piedra de la que quedaban sólo unas paredes, probable reliquia de un tiempo pasado. Esta concentraba a Yilith, otras Sorcelames y el suboficial más de los hombres de la guardia de Noz'Dingard. Todos ellos se encontraban delante de un problema a gran escala. El hielo se había derretido y en lo sucesivo el glaciar no podía mantenerse en píe. - Vamos a tener que encontrar algo que nos lleve hasta allí, dijo Moira en un tono molesto. - Algunas de nuestras tribus vinieron para instalarse a lo largo de la costa por temor de que los hielos cedan. Señora Yilith entonces tenía una sensación extraña. Ahora, su estrecho contacto con los espíritus guardianes del glaciar se hizo evidente. - ¡Afuera hay! ¡Vinieron para destruirnos! Gritó de repente. Pasada la sorpresa el pequeño grupo salió de la estructura en el momento en el que afuera los primeros combates se efectuaron. - ¡Demonios! ¡! Gritó Moira. ¡Formen una línea! Dice sacando su lámina bruja de su funda. Frente a ellos estaba el poderoso Tragalma que ya tenía en una mano la cabeza de uno de los draconicos, pero también estaban otros dos demonios muy diferentes. Uno era enorme, un verdadero montón de músculos, de gestos muy lentos pero devastadores, el último era muy rápido a la inversa dando golpes en lugares precisos. El demonio mas grande se encontraba en el centro y tal un maremoto se hundió en la pelea. Ambas Sorcelames hicieron lo que sabían hacer y se concentraron en doblegar a este demonio demasiado lento para ellas. Moira hizo frente a Tragalma que estaba verdaderamente contento de encontrar a un adversario un poco más a su altura que los otros. La Sorcelame se arremolinó tal una furia que evitaba los golpes por los pelos. Dama Yilith se situó detrás de la tropa e imploró a la madre de los hielos de concederle el don de curación. Esto ayudó mucho a la guardia de Noz'Dingard puesto en un estado lastimoso por el inasequible pequeño demonio. Dimizar no estaba muy lejos y asistía a la escena con deleite. Su blanco peleaba contra Tragalma y por una vez este cretino demonio había obedecido el plan que el Néhantista cuidadosamente había construido. La Sorcelame se encontró fuera de combate, era una táctica que había dado prueba de su eficacia en el momento del asesinato de Profeta y este se renovó eficazmente aquí. Dimizar veía bien el lazo entre la joven mujer y El dragón. Se lo cogió entonces como si fuera sólo un vulgar hilo y lo corto de raíz. El lazo languideció y desapareció. Moira aulló con dolor que dio oportunidad a Tragalma de empujar a Moira hasta Dimizar. Debilitada y aturdida por el golpe no vio al Néhantista cuando la agarro. - ¡Oh querida, tu serás un bello receptáculo! ¡Te invoco demonio de los meandros, oye mi llamada y por este cuerpo sea el instrumento de mi odio! Dijo acudiendo a sus poderes. Aflojó su abrazo. Moira se retiró algunos pasos, se sentía tan mala. Su piel cambió de color totalmente como su apariencia que se modificó. Quería gritar pero nada salías de su boca, ya no controlaba más su cuerpo. En el fondo de ella otra personalidad apareció. Esta última se apoderó de la Sorcelame, acaparó sus memorias y sus conocimientos, pero no era más Moira sino alguien más. Sus rasgos se hicieron los de un demonio con grandes cuernos y uñas. El símbolo de Néhant aparecido sobre su vientre desnudo. La criatura rompió varios huesos de su cuello y miró a Dimizar. - ¿Me invocaste Señor? Soy Mortelame. - Mortelame es tu hora de jugar, muéstrale a tus semejantes la potencia verdadera de un demonio. La pelea era más confusa en lo sucesivo, el demonio más grande había sido vencido, los soldados estaban terminándole. Cuando el último se enfrentaba con dos Sorcelames. Dimizar miró a Tragalma y le indico que se retirara. - Dejemos actuar a Mortelame, vayámonos. Sin esperar Mortelame se puso "a trabajar" y se echó a la pelea. Con agilidad y gracias a la magia de la Sorcelame, el demonio fue capaz de muchas proezas. Mató la integridad de los guardias antes de que éstos hubieran tenido tiempo de reaccionar, inundando el suelo de la sangre de los draconicos. Una de las Sorcelames cayó, la garganta cortada por el pequeño demonio, pero esta acción le costó la vida porque fue perforado en seguida por la lámina bruja de la última opositora. Yilith realizó rápidamente lo que acababa de hacer con Moira y se echó de nuevo a rogar. No quedaba más sobre el campo de batalla que Mortelame, Yilith y la Sorcelame. La demonio echó su espada al suelo porque la magia de dragón había abandonado en lo sucesivo al arma. Indecisa su adversario intentó hacer tiempo para encontrar una solución, ya que al final era Moira. Dragón, herido por la pérdida del lazo susurro a la Sorcelame de bloquear sus golpes o sino perdería. Mortelame la agarró repetidas veces pero esta esquivó los golpes que habrían podido ser fatales. De una ojeada vio que la Elfo de hielo intentaba algo. No fue la única que lo observa y Mortelame cambió de blanco, poca importancia tiene lo que hacía la Elfo de hielo había que pararle. Sorcelame sacó provecho del cambio de blanco para cercar a su enemigo con toda la potencia de su magia. - ¡No importa lo que esté haciendo, pero haga lo ahora! Gritó. Yilith estaba fuera del tiempo y del espacio, su espíritu navegaba, acompañando sus oraciones hacia el que veneraba. - ¡Oh Agmungdar, el destino de esta mujer es vencer a su enemigo, concédele a tu criada tus favores y serás honrado! Agmungdar era el dios de la guerra en la casa de los Elfos de hielo, el padre de las batallas. El dios a la escucha de la profetisa hizo vaciar en la Sorcelame una onza de su poder. Mortelame le asestaba grandes puñetazos sin hacer prestar la menor atención en el cuerpo de Moira que se degradaba rápidamente, consumiendo su cuerpo y su alma, el demonio redobló de rabia. Sorcelame sintió una presencia, ¿este era Dragón? "¡Hazlo ahora!” Le dijo una voz desconocida. No se tomó el trabajo de reflexionar y golpeo una vez, luego dos. El demonio fue rechazado, luego una patada violenta le empotró literalmente en una de las paredes de la casucha, matándolo en seguida. Moira volvió a ser entonces Moira, por lo menos físicamente, pero estaba en estado lastimoso y en coma. La calma volvió... ¿Pero a cuál precio? La fisura en forma de media luna había crecido. El pueblo ahora estaba desierto, los Elfos de hielo habían huido de los temblores y encontraron el fin de su hábitat natural. Nibelle continuaba rogando a los dioses para que intervengan y salvaran a los suyos, pero nada pasaba y esto se empeoraba día tras día. ¿Era simplemente el fin tal, como lo había anunciado su antepasado, la primera Profetisa de las Elfas de hielo? Unas personas se acercaban, gente llena de rabia y de vehemencia. Venían por ella. Pero si era el fin, entonces Nibelle no se iría así como así, moriría combatiendo. Efectivamente Máscara de hierro, El Caído y Anagrama llegaron a la sala donde Nibelle vivía después de tanto tiempo. La vieja elfa se tenía en pie gracias al centro y miró llegar sus enemigos. Apretaba el palo que utilizó en otro tiempo contra Amidaraxar. - Ustedes no irá más lejos hijos de la desgracia, les dijo suavemente. - ¿Y quién va a impedírnoslo? ¿Tú posiblemente? Replicó Anagrama con sarcasmo. Estos adversarios daban aire de ser fuertes, no se parecían a los encontrados antaño. Nibelle supo que no podría neutralizarlos a todos, no era tan rápida como antes y al mínimo contacto perdería la vida. Anagrama comenzó a avanzar a paso de terciopelo. Nibelle golpeó el suelo con su bastón y una capa de hielo se formo sobre la piel de la guémélite, tanto que en poco tiempo se parecía a una estatua de hielo. Máscara de hierro aplaudió entonces provocando el eco. - Bravo, espectáculo muy bello. Pero ahora, vas a morir, dijo quitando su máscara cornuda. Soy Azaram, hijo de Amidaraxar. Espere todo este tiempo para recibir por fin el momento cuando fueras más débil. Máscara de hierro tenía la apariencia de un joven hombre, rubio con los cabellos medio-largos, de apariencia cuidada. Sus ojos no eran más los de un hombre porque eran amarillos. Nibelle fue golpeada por esta apariencia, se parecía muchísimo a Amidaraxar, no ponía duda sobre sus palabras, este hombre realmente era el hijo de su preso. Máscara de hierro abrió un libro y comenzó a hablar en la lengua de los demonios. - ¡Cómo tuviste eso! Gritó Nibelle reconociendo el escrito prohibido. Golpeó de nuevo su bastón contra el suelo para congelar a Azaram, pero el efecto esperado no funcionó esta vez porque el joven hombre no pareció sufrir atrozmente. Azaram cerró el libro chascando los dedos, liberando una magia terriblemente poderosa. El Caído pareció hincharse cambiando físicamente. Creció hasta tocar el techo con su cabeza. No era más El Caído sino una criatura que se acerca más a Tragalma, pero sin comparación de talla. Y de un golpe un calor sofocante se difundió en la pieza. - ¡SOY INFERNAL! ¿Quién se atreve a llamar al señor demonio de la llama? Su voz hizo temblar al lugar. - ¡Soy Azaram, hijo de Amidaraxar, te llamé para pagar tu deuda hacia mi padre! ¡Mata esta a elfa! Nibelle estaba a punto de entregar combate. Rogó a sus dioses para que una última vez y antes de reunírseles le concedieran el honor de servirlos una última vez. Éstos no respondieron... La vieja elfa no pudo resistir mucho tiempo frente a sus dos adversarios. Infernal la cogió rápidamente y le quebrantó los huesos antes de tirarla al suelo. - Deuda pagada, dijo el demonio antes de desaparecer para dejar sitio al Caído, que cayó inconsciente. Azaram se colocó delante de la puerta que todavía retenía a su padre. Las piedras en su superficie actuaban como desaguaderos mágicos, sólo la última todavía brillaba. El joven hombre desplegó su magia, quebrantando la última piedra. La puerta voló en pedazos, dejando aparecer un hombre enmascarado y visiblemente muy delgado de anchas espaldas. Avanzó hasta Máscara de hierro que se inclinó con respecto. - Padre. - Levántate, hijo y vayamos ahora a despertar al Amo.

En Noz'Dingard, Kounok el profeta, el señor Galmara y Marlok discutían en los jardines. La voz de Kounok era grave. - Gracias por haber venido, tengo noticias muy preocupantes que hay que comunicarle, dijo Kounok. - ¿Qué pasa? Preguntó Marlok frunciendo las cejas. - El equipo enviado con la elfa de hielo llamada Yilith fue atacada, todos nuestros hombres a excepción de Moira cayeron. Yilith está en el lugar y vela por Sorcelame que sufrió un gran traumatismo. - ¿Sabemos quién hizo esto? Interrogó a Galmara. - Néhantistas. Salgo de una discusión larga con Dragón, estamos contra la espada y la pared, debemos actuar en lo sucesivo. ¿Marlok como va el plan con los Zils? - Esta en progreso, el estatuto de gremio del grupo Néhantista no será más que un recuerdo, aseguró el mago. - ¿ Bien y usted señor Galmara, a quién me anuncia como noticias? - Intercedí a favor del plan que usted nos dio, el clan del Cuervo a través de Kotoba va a lanzar su ofensiva contra los Nómadas dentro de poco. Fue fácil convencerlos, respondió el cortesano. - Bien, en cuanto a mí voy a preparar a la Draconia para un nuevo conflicto, excepto que no cometeremos los mismos errores que en el pasado, esta vez vamos a estar un paso adelante. Ahora estamos en guerra.

Que el espectáculo comience

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Capitulo 1 - Conspiración y Locura

La caravana de remolques y carretas avanzaba lentamente sobre el camino que llevaba al castillo de Kaes, bastión del Consejo de los gremios. Este largo camino cruzaba a lo largo la frontera de la Draconia y acababa su carrera en el más lejano de los siete reinos, Avalonia. He de aquí ya varios días que los combatientes de Zil viajaban con un destino en particular. Encontraron en el camino a una persona que visiblemente los esperaba. Marlok, vestido de manera común para hacerse discreto se levantó viendo la caravana encabezada por Abyssien. El cortejo se freno a su altura y ambos hombres se estrecharon la mano calurosamente. - Encantado de verte de nuevo Abyssien, tengo noticias para contarte. Seré breve, no vaya a ser que me vean hablar contigo. - No lo dudo, estoy a tu escucha. - El Consejo recibió las invitaciones y los consejeros están encantados de asistir a una actuación única dada en honor del regreso a gracias de los Combatientes de Zil. Tengo confirmación: todos estarán allí. Verace procurará que la guardia del castillo sea mínima esa tarde allí. Le dejo organizar el resto. Por último acá tengo lo más importante, los objetivos, dijo tendiéndole un pedazo de pergamino al jefe de los Zils. Abyssien recuperó el pergamino, examinó los nombres, luego se lo tragó de una tirada. - ¿Quién tomará el sitio de esta gente más tarde? Se pidió Zil. - Gente de confianza. Había pensado en usted a decir verdad, respondió el Noz fijando una pequeña sonrisa burlona. - O usted, replicó Abyssien. - Acabemos aquí las especulaciones. He aquí los cristales de simulación, duraran poco tiempo, pero les dará mucha diversión. Dicho todo esto, debo hacer mi informe al Profeta. Avísenos del éxito de la misión, y recuerda que no pueden encontrar allí la derrota, si no los Combatientes de Zil y por lo tanto los Enviados de Noz'Dingard serían pura y simplemente disueltos. - Lo sé, esto no fallará, dijo ordenando a los bueyes reemprender el viaje. - Buena suerte, Combatientes de Zil, saludó Marlok. Algunos días después de este encuentro, el gremio ambulante había llegado felizmente a su destino. El equipo se atareaba en colocar la lona y las dependencias rápidamente para no generar retraso con el plan previsto. Lamentablemente un acontecimiento imprevisto vino para poner un poco animación y sorpresa. El rumor de un nuevo espectáculo se difundió rápidamente entre la población de los alrededores del castillo de Kaes. Una representación de este nivel interesaba siempre, pero no siempre a buenas personas... La cabeza de Saphyra vacilaba de izquierda a derecha y de atrás para adelante. Caminaba arrastrando los pies hasta un tablero donde un cartel que anunciaba el espectáculo de Zil estaba pegado. La mano de la joven chica se levantó, cogió el cartel y lo arrancó antes de continuar su camino. Un poco apartado de toda vivienda, al amparo de las miradas, Saphyra, con los ojos cerrados pareció examinar el cartel. - ¡Tsss, ellos se consideran muy buenosss! Gritó la marioneta. ¿Qué sssuzederia zi te presento como mi juguete? Aryhpas que tenía un pie sobre cada hombro de la joven mujer tenía agarrada firmemente numerosos hilos que transformaban a Saphyra en su esclava. - ¡Ya veránnn lo que poddemoz hazer! ¡Haremos el show un poco masss interezante! ¡Vamos allá!! Le ordenó entonces a Saphyra reemprender el viaje, la joven chica cumplió la orden, su ser estaba totalmente aniquilado por Aryhpas. Sin ninguna pausa Saphyra marchó sin poder escapar del control de su marioneta que después de haber cobrado vida se había rebelado contra su creadora. La lona casi estaba subida, pero todavía quedaba mucho trabajo antes de que todo estuviese listo. Aryhpas observaba a la gente que se movía como hormigas. La marioneta maldita y su títere humano entraron discretamente en la carpa, tratando de pasar de ser percibidas. Allí estaba Sangrespada y Sinrostro, así como un sujeto extraño y de gesto siniestro. Un momento excelente para salir a escena. Aryhpas entonces sacó a bailar a Saphyra como lo habría hecho con su marioneta, pasos bruscos, gestos lentos y caóticos. Los Zil presentes quedaron muy asombrados al presenciar este ballet enigmático. Abyssien atraído por el ruido se juntó entonces a la asamblea. Sangrespada se sentó en el suelo para disfrutar mejor de la actuación Empezó a aplaudir, absolutamente persuadida que era la chica quien hacía creer que una marioneta le manipulaba. - ¡Es genial! grito la elfine, deberíamos adoptarla, es puramente Zil! Abyssien estaba perplejo hasta que la persona de gesto siniestro puso su mano sobre su hombro, vacilaba. - Yo... Yo... - ¡Espiritista! ¿Qué es lo que sucede? Cuchicheó Abyssien. - Es que... siento sufrimiento, mucho sufrimiento, esta chica... ¡Esto no es un truco que nos está haciendo creer, percibo su alma que grita! ¡Socorro ayúdenme!! Sinrostro que estaba al otro lado del Espiritista lo miró, luego miró a la joven mujer y su marioneta. Había algo macabro en todo esto, tenía los ojos cerrados, silenciada por un grueso hilo negro y la piel pegada a los huesos. Espiritista, sumergido en el desconcierto de Saphyra se derrumbó en los brazos de Abyssien. Este último avisó al Hom'chaï que interviniera. Sinrostro no se hizo rogar. ¡Recuperó rápidamente su arma puesta no lejos de allí y se propuso a parar este circo! Aryhpas en su locura bailaba con una música que se inventaba a medida. Tampoco podía recordar ya por qué vino ahí, ¿esperaba que se le reconociera como un ser vivo independiente o solo fue para crear el show? Luego el enorme y grotesco Hom’chai quiso hacer un baile de láminas con ellas, o eso fue lo que pensó en primer lugar. Pero muy rápidamente este danzante falto de gracia se revelaba en sus intenciones. - ¡Baila mooonntónn de musssculoz! Exclamó la marioneta. Ahora la cosa era cierta, la joven chica no podía usar ventriloquia porque tenía la boca cocida. Dándose cuenta que su audición terminaba, Aryhpas totalmente cambió su comportamiento. Le ordenó a su "muñeca" a combatir, lo que hizo sacando dos grandes dagas. Por su parte el Espiritista se levantó de su tormento y recupero el aliento. No podía dejar que tal abominación se produjese. Se concentró en la mental de la joven y buscó hasta encontrar el punto de anclaje de esta cosa que la retenía. Había allí una voluntad caótica y sobrenatural, algo fuerte y atropellador, pero no lo bastante fuerte para él. Barrió de un golpe a este parásito psíquico liberando así a Saphyra. Esta última que recobraba el conocimiento hizo la única cosa que tenía que hacer, cortar los hilos que la retenía atada a su muñeca. Aryhpas cayó rodando por tierra y apenas tuvo tiempo de levantarse, Sinrostro dejo caer el filo de su espada de dos manos sobre la marioneta de madera que en seguida se encontró cortada en dos. El lazo entre Saphyra y Aryhpas desapareció instantáneamente. Sangrespada se echó a aplaudir cada vez más. - ¡Bravo! ¡Magnífico espectáculo, eres demasiado fuerte Sinrostro! Saphyra débil, incapaz de abrir los ojos o la boca, terriblemente conmocionado se hundió en la inconsciencia. - Trae aquí a Kryss que la vigile y que no arruine más el plan, desháganse de esta muñeca del mal, ordenó el jefe del Zil. El intermedio acababa...

Capitulo 2 - Adelante la música

A pesar del pequeño imprevisto, los Combatientes de Zil habían conseguido acabar el campamento en un tiempo récord. La noche caía y todo estaba listo. La lona para las grandes ocasiones había sido colocada, protegiendo estrados, pista y bastidores. Afuera el suelo fue recubierto con un tejido morado que generaba el más bello efecto. Al lado de esto, los Zil habían creado una casa de fieras que reagrupaba allí las muestras más bellas de criaturas, la inmensa mayoría capturadas por Ergue. Y por todas partes las grandes antorchas proyectaban sombras bailantes. Hasta el castillo imponente de Kaes, justo al lado, se había engalanado para la ocasión de luces moradas proyectadas por fuegos mágicamente creados para la ocasión. Una muchedumbre se había agrupado delante de la entrada donde Soriek, Sinrostro y Sombría ocupaban el servicio de seguridad y boletería. Para hacer que la espera fuera leve para la gente, de las cuales la mayoría habían viajado desde lejos, Kryss jugaba con su órgano portátil, maravillando a pequeños y grandes. Durante este tiempo, en otra entrada, prevista para las personas importantes, Abyssien se encargaba de acoger a los invitados de elite. ¡Y para acontecimiento excepcional, invitados excepcionales! La inmensa mayoría de los Consejeros acompañados por un esposo, o una esposa o una amante o simplemente un amigo, llegaban uno tras otro. Algunas personas nobles del reino vecino de Baranthe y por supuesto de la notable Valdoria, uno de los siete reinos donde se encontraba el castillo de Kaes habían venido. Pero de estos últimos, Abyssien no se preocupaba y si en apariencia la acogida fue calurosa, el jefe del Zil estaba enfocado sobre los objetivos de la tarde. Para muchos, lo que iban a hacer esta tarde se emparentaba con un tipo de golpe de Estado, un atentado en contra del Consejo. Todos los Combatientes de Zil tenían esta certeza; esa tarde se encontraban personas manipuladas por Néhant y en el peor de los casos Néhantistas. No había error posible, había que dar prueba de seriedad pero no dejar translucir esto a los ojos del público. Soriek anunció con un tipo de clarín el principio del espectáculo. La lona estaba abarrotada, no había ni el menor sitio libre. En bastidor Abyssien le daba las últimas consignas a su equipo. Para la ocasión todos los Combatientes disponibles de Zil estaban alrededor de él. - Cada uno sabe lo que hay a hacer. Vamos a proponer el más grande y magnífico espectáculo que jamás hayamos hecho. La historia guardará esta fecha como la fecha en que los Combatientes de Zil se mostraron dignos de la herencia de Artrezil, dijo mirando a Salem particularmente. Cuento con usted para dar lo mejor de usted. Luego de estas bellas palabras, el Espiritista que se encontraba desde el inicio de la reunión mirando al público por un hoyo hecho en el decorado se volvió hacia Abyssien. - Confirmado, el demonio se encuentra en la asistencia, precisamente es la joven mujer quien acompaña a la Consejera Edrianne. - Perfecto. Por lo tanto, permanecer en lo establecido por el plan. ¡Queridos amigos, a escena! Todo el pequeño mundo se dispersó, el primero en salir fue evidentemente Abyssien, que como líder del gremio debía comenzar el espectáculo. Todas las luces se apagaron entonces, sumiendo a todos en un tono negro. Kryss comenzó a tocar con aire triste y a la vez emocionante. No hubo cuchicheos, ni un aplauso, sólo la melodía. Luego de golpe la música acabó y Abyssien en medio de la pista lanzó un sortilegio, creando pequeñas marionetas moradas y luminosas a su efigie. Éstas tenían cristales del mismo color que ellos, se miraron y entonces empezaron correr hacia los postes cuya altura estaba a dos metros. Una vez colocadas los cristales todos lanzaron un rayo de luz morada muy clara hacia Abyssien, haciéndole visible a los ojos de todos. - ¡Queridos amigos! ¡Pequeños, grandes y poderosos y gente del pueblo! ¡Sean hoy bienvenidos al circo de Zil! Todo el mundo se echó a aplaudir acaloradamente. - Ustedes se atrevieron a desafiar el miedo para venir aquí saben que se irán hartados de las emociones que vinieron a buscar. Abyssien iba mostrando a medida que hablaba, criaturas de humo cada una más increíbles y horribles que las otras. La muchedumbre, poco acostumbrada a la magia fue impresionada, agradable y emocionalmente. - ¡Ahora que usted están aquí, tiemblen delante de las vertiginosas acrobacias aéreas de nuestro dúo! La luz se apagó para volver de a poco. Los pequeños farros de Abyssien alumbraron al techo de la lona con una luz viva y blanca. Posada en altura, Sangrespada se echó al vacío delante de clamores de espanto de los espectadores. Fue cogida a último momento por Soriek que se mecía en un trapecio. Luego siguieron con numerosas acrobacias más peligrosas las unas que otras. Al fin un trueno de bravos y aplausos acabaron el número. De nuevo cambio el ambiente, esta vez los cristales de los mini-Abyssien se volvieron púrpuras, sumergiendo la sala en una atmósfera oprimente. Tomando un aire misterioso, siempre acompañado por efectos mágicos, Abyssien retomo la palabra. - ¡La persona qué está allí podría hacerle creer que usted es un animal y adivinar muchas cosas! ¡Si este hombre oye voces no es por estar loco, es más les diré que la locura es sólo una ilusión de los espíritus sanos!¡Sea bienvenido el Espiritista! Abyssien desapareció en volutas de humo rojo que dejaban en su sitio a un hombre delgado de mirada extraña y postura muy simple. Sorprendidos los espectadores sólo cuchichearon. - ¡Buenas tardes damas y caballeros! Esta tarde os haré vivir las experiencias más increíbles a varios de ustedes. ¡Para esto me gustaría que uno de usted viniera al escenario! ¡Que esperan no tengan miedo, ustedes no arriesgáis nada! Después de algunas vacilaciones un joven chico levantó el dedo. - ¡He aquí a un joven y valiente hombre, ven pues reúnete acá! ¡Y todos los demás denle animo! Bajo los aplausos, el chico se acercó a la pista. En el momento en el que estaba sobre una de las cajas que rodeaban la pista se detuvo de lleno, Espiritista había sumergido su mirada en la suya y lo había forzado a pararse. - ¡Baila! Gritó. El chico se echó a bailar sobre la caja lo que fue motivo de gracias para todo el mundo. Espiritista aflojó su voluntad y el chico se encontró libre para moverse, y estaba impresionado por lo que había vivido. - Pilluelo, te llamas Gontrant, vienes de Valdoria... ¡Tienes ocho años y sueñas en convertirte en un aventurero para recorrer el mundo! El chico, se sorprendió por las revelaciones del "mago". - ¡Sí sí eso es! ¡Bravo señor! Gritó Gontrant. - Sí, no podía ser de otro modo. Pero es simple con un niño. Entonces tomemos alguien más, un adulto. El Espiritista dio la vuelta a la pista y se paró delante de un palco de las personalidades importantes. - ¡Pero no será el consejero Argalinard de Valdoria! Gritó Espiritista mirando a una persona precisa. Venga, acérquese. El consejero negó seguidamente. - Vaya, anímelo él es tímido. El psíquico comenzó a aplaudir al ritmo. Abyssien bambalinas observando la escena con gran interés, junto a él Kryss parecía nervioso. - Lo encontró, indicó el mago. - Muy bien lo espero, respondió Kriss. Delante de la insistencia y para no perder prestigio, el consejero aceptó reunirse con el psíquico para el número. Odiosa que miraba el espectáculo no lejos de la consejera Edrianne entonces fue molestada por uno de los servidores del Consejo. - Discúlpeme la molestia, la presencia de la consejera Edrianne obligatoriamente es requerida en la sala del consejo por el consejero-Doyen. - ¿Ahora? Interrogó Edrianne. ¡Ay!, sí, no sufre ningún retraso, dijo el funcionario. Después suspiró y otra vez, la consejera se levanto y salió y Odiosa con el pretexto de seguir a la señora dejó su asiento. El espiritista impresionó a todo el mundo con actos de hipnotismo particularmente peligroso y sorprendente. La táctica del psíquico era prolongar el número tanto tiempo como fuese posible, el tiempo necesario para él de acabar lo que se le había pedido hacer. Mientras que sus palabras se concentraban sobre el número, actuaba por telepatía y lentamente imprimía su voluntad. Sentía el lazo estrecho entre Néhant y el consejero. A pesar de esto consiguió controlarlo. “Una vez el número acabado y cuando Terorrifik entre a escena, usted se retirara pretextando una necesidad natural. Usted saldrá pasando por los bastidores”. Luego el espectáculo llegó a su fin saludado una vez más con aplausos calurosos. El consejero Argalinard regresó a su sitio. Odiosa volvió al fin del número, visiblemente irritada porque al final el consejero-decano había cambiado de opinión y la desarreglaba para nada. Y de nuevo la luz se apagó, pero esta vez una risa sarcástica se oyó. Ensordecedora, horrorosa y burlona. Y allí un nuevo personaje se presentó delante de la muchedumbre, el payaso triste. Las primeras personas alrededor de la pista se miraron entonces al reírse de él de modo irresistible...

Capitulo 3 - El espectáculo continúa

El consejero Argalinard ejecutó la orden mental implantada por el psíquico y cuando Terorrifik el payaso salió a escena se levanto de su sitio y fue a los bastidores. Soriek que guardaba el paso lo dejó pasar y vigiló que nadie más le siguiera el movimiento. Pero los servidores del consejero se habían quedado sobre sus sedes para sacar provecho del espectáculo. Una vez llegado a los bastidores el consejero mismo fue de nuevo libre de pensar. Se asombró de encontrarse en este lugar, pero no tuvo tiempo de reaccionar más. Kryss llegó de modo discreto en su espalda y lo cercó. El espiritista que estaba allí también puso su mano sobre la frente de Argalinard. - Usted está en lo sucesivo en mi poder, rechazo en usted toda voluntad agresiva, usted no puede moverse. Efectivamente, la víctima fue incapaz de hablar o de hacer el menor movimiento. Abyssien llegó de vuelta. - Usted lo tiene, bueno vamos a ver lo que vinimos a ver dijo comenzando a buscar algo en el consejero. Encontró una Bolsa de cristales pero, más interesante una piedra-corazón de color rojo, bueno casi roja porque la inmensa mayoría de su superficie se había vuelto negra. El mago abrió grande la boca, una mano de sombra salió de esta para cogerse la piedra. Abyssien tragó luego la mano y la piedra. - Espiritista, te toca jugar, dijo. - Bien, usted siempre tuvo una aversión para la magia Néhantista, usted no comprende como puede ser practicada y autorizada de nuevo. Todos los hechizos Néhantistas que usted conoce los olvidara, enterrados en lo sucesivo en lo más hondo de su inconsciente. Usted no recuerda haberse enterado más de ellos. Ahora usted va a regresar a su sitio, usted vuelve del baño y olvidó todo lo que sucedió desde su llegada a los bastidores. Kryss aflojó su abrazo y el consejero se fue como había venido. - ¿Esto va a funcionar? Preguntó Kryss. - Sí por un momento, esto nos da tiempo de actuar y de hacer la limpieza, respondió el Psíquico que se reconfortaba. - Ahora hay que cruzar los dedos para que Sombría y los otros logren su misión. En el castillo de Kaes, las sombras únicamente no eran el resultado de un juego de luz. Se movían y vivían por los movimientos de personas furtivas. Sombría, Sangrespada y Salem habían salido justo al inicio del acto del Espiritista con destino al castillo con la firme intención de dar un golpe memorable. La guardia esta tarde de fiestas no estaba presente y los pasillos fueron recorridos sólo por algunos pocos servidores. Siguieron los planes que les habían sido proporcionado por el consejero Verace, supuesto y, según sus declaraciones, el único consejero que no estaba bajo la sombra de los Néhantistas. El pequeño grupo llegó a los barrios de los Consejeros y sus asistentes. En efecto la particularidad de esta organización era que todos sus miembros vivían en el mismo lugar. Pero allí, la guardia estaba vigilante, lo que les planteó un problema temporal. Salem sacó provecho entonces de los cristales ofrecidos por Marlok. El espantapájaros tomó entonces la apariencia de un consejero y sus acólitas se hicieron criadas seductoras. Los guardias no dijeron nada cuando pasaron para ir a los cuartos. - Bien, encontrar la habitación de Edrianne y de su sirviente, indicó Sombría siguiendo el plan. Esta en el fondo del pasillo a la derecha. - ¿Verdaderamente piensas que vamos a encontrar algo? Pregunto Sangrespada. - ¡PoR SuPueStO! ¿ CuÁl lUgAr es mEjOr que EsTE PaRa EsCondEr AlgO? Respondió Salem siempre bajo otra apariencia. Encontraron entonces la puerta de entrada de la habitación de la consejera, evidentemente cerrada. Era una puerta de dos hojas enorme dotada de una cerradura bastante impresionante. Sombría la examinó durante unos segundos luego sacó un instrumentos de forzado. La cerradura no resistió a la agilidad de la antigua aprendiz Traquemage. El interior era lujoso repleto de bellos muebles, cortinas perfectamente combinadas además candelabros mágicos que se iluminaron solo al paso de los tres Zil. - Y bien, los del Consejo no se aburren, dijo Sangrespada admirando el lugar. Pero no viviría aquí, es demasiado rico, y no lo bastante purpura. - ¡A PoR EllA! Dijo a Salem mostrando una puerta en el fondo de la pieza principal. Esto daba a un pasillo largo y una sucesión de otras puertas que las mismas daba a las viviendas de las sirvientes. Estaban totalmente vacíos, a excepción de uno. Edrianne guardaba sólo y una sola persona para su servicio. Ésta resultaba ser un demonio verdaderamente peligroso que estaba en su elemento en el seno del Consejo de los gremios donde la política reinaba. La puerta no estaba cerrada, demostrando un exceso de confianza en la seguridad. Era una habitación simple con trajes sustentadores y algunos libros descuidadamente puestos aquí y alla. Había sobre la pared opuesta a la cama de talla modesto un hermoso espejo gótico. Salem apartó inmediatamente sus dos primeras amigas a éste. - ¡ REGisTREmoS, pero aTEnciÓn en el ESpejO! Gracias a su peritaje, las chicas encontraron una parte de lo que el grupo buscaba: contratos. Había algunos, pero no los requeridos. Por su parte, Odiosa olió inmediatamente que alguien tocaba sus bienes y un sistema de defensa se puso automáticamente en funcionamiento. Desapareció de su sitio para reaparecer en el marco de la puerta de su habitación. - ¡Asquerosas ratas! Gritó. Pero verdaderamente no tuvo tiempo de decir nada más ya que Sombría se hecho sobre ella, seguida de cerca por Sangrespada que desenvainó su extraña lámina. Odiosa se recobró del ataque de Sombría y se encontró en el pasillo. Había que actuar rápidamente e imposibilitarla para que no perjudicara y sobre todo impedirle gritar. Pero la demonio no era solo una buena mediadora, sino que era también adversario temible del cuerpo a cuerpo. Gracias a sus poderes fue aspirada por el suelo para reaparecer detrás de la chica de traje extraño y le asestó un golpe violento. Sombría fue eyectada al otro tramo del pasillo pero cayó de pie impecablemente. Sangrespada aprovechó la oportunidad para atacar a diestra y siniestra en la espalda del demonio, y la perforo hasta la médula. - ¡NO la MaTes! Gritó Salem. Pero la demonio estaba todavía muy vivaz. Quiso arrastrarse en la habitación para prevenir a Dimizar u a otro néhantista. Sin éxito, Salem encarceló a su presa en un tipo de tela de sombra, inmovilizándola así. Sombría que estaba de nuevo en la lucha cuerpo a cuerpo acaba el trabajo derrotando a Odiosa. - ¡La bestia a caído! Salem tiró a Odiosa en la habitación y cerró la puerta verificando que nadie venía para ver el jaleo. - ¡BiEn! REcONozCO este TipO de EsPEjO... ¡ HagAMOslA Hablar! Sombría, experta en este dominio despertó Odiosa. - ¿Dónde están los otros contratos? Dijo poniendo una lámina bajo su garganta. Pero quedó silenciosa. - LAs amENazAs de eSTe eStIlO no fuNCioNan cONtigO ¿Eh? En esTE cASo hAgaMos un pAcTo enTRe los dOs, NOS dicEs dONde esTAn los cONtraTos y no te entrEGo a drAGón o a LoS Noz. Odiosa se encontraba en mala posición, ser confiada a los draconicos podía ser la peor cosa que podía sucederle, ellos serían capaces de sonsacarle toda la información que desearan. - ¡Y los Noz no se encuentran muy lejos de aquí, este intercambio se hará rápidamente! Agrego Sombría. - Bien, verdaderamente no tengo otra elección. Le confié los contratos a mi amo, jamás se los dará. De todos modos si muero, la gente que me es atada morirá también. - ¡jAjA, Gracias por estas informaciones! Sombría se rió también. - Así como prometí no te entregare a los Noz, en cambio te confío a mi colega, que no prometió nada, ella añadió desmayando de nuevo a la demonio. Salem se puso en cuclillas delante de Odiosa y cogió un pedazo de su sombra que tiró hasta que se separó de ella. Luego con un gesto rápido Salem se coló en la sombra y tomó poco a poco la apariencia del demonio, con un aspecto un poco más sombrío, pero verdaderamente realista. Sombría y Sangrespada quedaron verdaderamente impresionadas. - Necesito aprender a hacer eso, admiró a Sangrespada. - No es posible querida, esto es un secreto de Zil, dijo Salem con la voz de Odiosa. Ahora vamos a divertirnos. Escondan al demonio y prepárense para la emboscada. ¡Si alguien aparece aquí, ataquen! ¡! Ahora silencio. Las jóvenes mujeres se escondieron de modo que no se les viera luego Salem se colocó delante del espejo y rozó la superficie. Por el otro lado apareció la cara de un hombre de cabellos y barba negra. - ¿Que es lo que quieres? No es sensato que tengamos contacto hoy, dijo Dimizar con aire suspicaz. - Sí ya sé, discúlpeme de molestarlo, pero tengo una noticia excelente. - ¿Qué? - Conseguí obtener más poder en el Consejo. - ¡Oh! ¿Sí? - Sí, figúrese que el Consejo estaría dispuesto a disolver a los Enviados de Noz'Dingard, pero para esto me harían falta los contratos que me atan a los consejeros, es que son lujuriosos... - Interesante... Dijo Dimizar reflexionando en perspectiva. "Va a picar al anzuelo " se interrogó Salem. - Bien, no vamos a negar este pequeño extra que va a poner un poco de animación. Te envío a Tragalma, le hare volver enseguida, tengo miedo que haga cualquier cosa. La imagen se borró y Salem se des transformo. Hicieron falta sólo algunos instantes antes de la llegada del famoso Tragalma. Sobre el suelo, al lado de la cama se formó un símbolo extraño, una marca de Néhant que desapareció para dejar sitio a un hoyo abierto que quemaba. Tragalma se reformó al mismo tiempo que el pórtico demoníaco se cerraba. Tenía en su mano una bolsa de cuero cuyos rollos de pergamino sobrepasaban la apertura. Fue grande su sorpresa al no encontrar a Odiosa frente a él, sino un viejo espantapájaros ajado. Sombría y Sangrespada no le dieron tiempo de comprender ni de poder hacer algo. El "pobre" demonio no tuvo las cualidades requeridas frente a este ataque preparado. Siendo tan valiente como inteligente, se colocó en defensa el tiempo suficiente para crear un nuevo pórtico. Sombría pudo cortar las correas de la bolsa de cuero antes de que el demonio, herido, pudiera huir...

La Tumba de los Ancestros - Capitulo 1

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El Señor Galmara había hecho un viaje largo hasta Méragi. Le gustaba la asombrosa arquitectura xziarite así como la orden y la serenidad que reinaba allí. Apreciaba el estilo depurado y simple de las viviendas así como el respeto de la gente que vivía allí. Era lo que lo había empujado a hacerse un especialista de las relaciones entre las naciones. Le gustaba viajar, ver lugares, conocer nuevas personas y por supuesto apreciaba la política y la diplomacia. Era justamente una misión diplomática que lo traía al Imperio. En primer lugar era un funcionario y era necesario como representante de la Draconia de presentarle sus respetos a la autoridad suprema, el Emperador, y aportarle un mensaje. Tenía un buen conocimiento de la administración y sin una buena relacional tendría que esperar varios días antes de encontrar al Emperador. Desde el tiempo que caminaba por los pasillos en compañía de ciertos consejeros, tenía derecho en lo sucesivo a algunos favores. Galmara fue recibido por el Emperador cuando el sol se escondió detrás de las colinas que rodeaban la gran ciudad. El encuentro se efectuó en una pieza que hacía a la vez de oficina. Era mucho menos ceremonioso que un encuentro en el tribunal. El emisario de Dragón se esforzó en seguir bien el protocolo de presentación. El Emperador lo detuvo. - Vayamos Enviado de Dragón, conozco el respeto que usted tiene con nuestras tradiciones, pero estamos aquí en toda sencillez. Tengo poco tiempo par darle, sea breve. Galmara puso delante de él un rollo de pergamino. - Vengo transmitirle los saludos más cordiales de Dragón y del Profeta. Me encargaron de devolverle este mensaje. El embajador avanzó de rodillas como las reglas de comportamiento le requerían. El Emperador, vacilando un poco, terminó por aceptar el mensaje que leyó en el proceso... Termino la carta con un aire serio. - Agradézcale al Profeta por habernos dado estas noticias. Nuestros exploradores en el puesto de Okïa nos informaron de unos cuantos hechos semejantes. No pensábamos en el impacto que esto tendría sobre la Tumba de los antepasados. El Imperio de Xzia hará lo que deba hacerse. El neceser será hecho para anular el pacto que pretenderá establecer una zona neutra entre el Imperio y la Draconia. Es verdaderamente honorable por parte de Dragón de devolvernos las tierras que eran nuestras. Invito así una delegación draconica a la mesa de las discusiones, consciente que si no hacemos frente, nos arriesgamos a la extinción. El Emperador escribía con la ayuda de un pincel fino al mismo tiempo que hablaba. - Así como lo desea Profeta, le dejo el cuidado de decidir la marcha a seguir a cerca del clan del Cuervo, dijo acabando su carta. Soy consciente que ya es hora de no vivir más en el temor de lo que nos rodea, estamos a comienzo de nuevos pactos en este mundo. Le ofrezco la protección imperial. Galmara se inclinó respetuosamente. - Usted va a ser conducido cerca del Señor Imperial Gakyusha. - Gracias por su generosidad Augurio Celestial. El embajador dejó la habitación, muy satisfecho de este intercambio y feliz porque el Emperador fuese tan comprensivo de la situación. Pero ahora había que convencer al Cuervo. Pero antes de esto, le fue ordenado a Asajiro conducir a su distinguido huésped cerca de Gakyusha, éste que se recuperaba de su herida reciente en el momento de la batalla de la Piedra Caída del Cielo. La casa del dirigente de la Kotoba estaba muy animada a esta hora. Desde que Gakyusha volvió se habían generado muchas idas y venidas de los miembros de la Kotoba. La acogida fue calurosa, Galmara ya había visitado esta gran morada. El Señor Imperial, vestido de un quimono simple estaba en el jardín y hablaba con su hijo, el campeón del Emperador. Éstos se interrumpieron cuando Asajiro le presento al embajador Noz. Este último se inclinó delante de estas personas ilustres. - Bienvenidos a mi morada Galmara, estoy encantado de verle de nuevo, declaró Gakyusha inclinándose a su vuelta. ¿Que nos vale el honor de su visita? - Temo por desgracia sea la guerra que me trae. Una ofensiva debería ser llevada contra los Nómadas. Gakyusha cerró los labios. - ¿Y si está aquí es que esta guerra nos incluya a nosotros? Añadió a Iro. - La situación es delicada, el conflicto le concierne, pero sepa que es una cuestión de honor. Sus antepasados le llaman. - Vayamos a discutir sobre esto en el interior. Comparta pues nuestra comida y acepte la hospitalidad en mi morada, dijo Gakyusha invitando a todo el a pasar a su casa. Galmara explicó por qué regresaba y aunque que Gakyusha no pudiera participar, enviaría a Iro y algunos unos de los miembros de la Kotoba. El campeón del Emperador acompañaría al embajador cerca del Cuervo al día siguiente. El Cuervo encontró al campeón y al cortesano por la mañana, prevenido por el palacio imperial de su visita. El espíritu con la forma de un viejo hombre recibió a sus invitados en un gran salón en presencia de otros miembros del clan. Estaban allí Karasu y Oogoe de la familia Kage, pero también sentada al lado del Cuervo se encontraba una vieja y extraña dama. Incluso Malyss, que acaba de regresar de su viaje, estaba presente. Como era la tradición y por su status, Iro se quedó de pie, señalando así la autoridad a la que servía. Galmara mostro gala de sus costumbres para saludar al Cuervo. - Gracias por permitirnos un poco de su tiempo señor Daijin, comenzó el embajador. - Estoy al servicio del Imperio y cuando el Imperio me necesita respondo. En que puede servirle el Cuervo a usted, diplomático. - La guerra está tocando a nuestras puertas. Poco a poco La Piedra caída del cielo roe las tierras y la Tumba de los antepasados hoy es amenazada. Va a desaparecer. Y usted sabe lo que esto implica, ¿Verdad? La vieja mujer susurro algunas palabras a la oreja del Cuervo que respondió luego. - En este caso, nuestros antepasados serán librados por fin de su maldición. - Sí y no, desaparecerán pura y simplemente. No tendrán el derecho a la reencarnación, explicó Galmara. El Cuervo miró con asombro, comprendiendo lo que iba a pasar. - Como consejero místico del Emperador y de la naturaleza... pienso que esto es... extraordinario, le incumbiría a usted defender este lugar sagrado. - ¿Cómo es eso que usted está diciendo? Criticó Oogoe. ¡Esto puede ser una maniobra para debilitar nuestro clan! En esto Gan'so, hasta allí invisible se acercó y se inclinó hasta que se le concediera el derecho de palabra que el Cuervo le dio inmediatamente. - Señor, le ruego que usted nos dejes comprobar el terreno yendo al mismo, dijo lentamente. - Es de nuestro deber de ver si todo esto puede producirse o ya paso, Yu Ling se irá con algunos unos de usted. Mientras esperamos vamos a preparar a nuestro clan para la batalla por si es necesario, declaro el Cuervo bastante irritado por la situación. No demoren. Yu Ling, Gan'so, Malyss e Iro fueron enviados para comprobar la situación de la Tumba de los antepasados. Galmara que había efectuado su trabajo se volvió a informar la conclusión de sus intercambios a los Noz'Dingard. El grupo había dejado Okïa dos días antes, informando a los miembros de la Kotoba en servicio y tomando las últimas noticias de la región. A lo lejos, La Piedra Caída del Cielo brillaba como un sol, tanto y así que la noche jamás era negra. Y eran aun más ciertas todavía las ruinas del pueblo que fue el centro de muchas codicias y que se hizo más tarde la Tumba de los Antepasados. Todo esto daba un ambiente extraño, contrastando entre la desolación cercana y la claridad de la piedra. Después de haber puesto sus pertenecías en un lugar no tan malo, el grupo se puso a trabajar. - ¡Gan’ so! ¡! ¡Va a hacer falta que regreses al el reino de los espíritus! ¡Intenta encontrar algo de información! Ordenó a la vieja dama. Malyss, ayúdame a abrir el paso. El mago sacó una pluma larga y negra de una cojea bambú y le utilizó para trazar símbolos en el suelo, formando un círculo. Una vez acabado, lo aceleró con la ayuda de su magia. - Ve allá Gan'so, voy a mantenerlo abierto, dijo mirando al fantasma. Este último avanzó prudentemente y entró en el círculo y desapareció en seguida. - En cuanto a usted, Campeón del Emperador, ayudaría haría más si sacara su arma porque debemos guardar el paso para que Gan'so pueda volver, pero durante este tiempo otras criaturas pueden salir de ahí, dice Yu Ling. Un poco circunspecto, Iro desenvainó su Wakizashi. - No, de esta arma hablo, su arma no le causaría nada a estos espíritus, dijo mostrando a Kusanagi. Escuchándola, guardo su espada para coger a Kusanagi. Se escapaba de la lámina una extraña aura azul-verdosa. “¿Qué es esto? "Preguntó a Iro mientras que en el círculo aparecía una criatura. Era una especie de babosa gorda, translúcida y vagamente negra. - ¡Ataque Iro! ¡! Gritó Yu Ling mientras hacía gestos con el fin de lanzar un hechizo. Sin vacilación y con facilidad el campeón cortó esa gran cosa que emitió un grito agudo, un tipo de sangre verdusca saltó sobre el suelo rociando a Malyss al paso. El mago del cuervo verdaderamente debió quedarse zen para no quebrantar su concentración. Yu Ling había acabado su sortilegio y puso sus dos manos en el suelo. La criatura desapareció como lo había hecho Gan'so antes de ella. Malyss tosía para evitar asfixiarse, pero la sangre verde se evaporó sin dejar el menor rastro. - ¡Paugh paugh! ¡Presta atención la próxima vez! Creí que tenía como centenas de pequeñas babosas sobre mi cara beuuuh... En el círculo, apareció alguien. Esta vez, ningún monstruo bizarro, sino una persona. Era un hombre alto y de una espalda impresionante. Su atuendo no dejaba duda alguna de su origen. Llevaba una armadura de cristal dorada y aferraba en una mano una espada ancha y mellada quebrantada en trozo. Presentaba también una cicatriz ancha sobre el lado izquierdo de su cara y sus cabellos muy largos. - ¡Soy el Caballero-dragón Arkalon d’ Arpienne! Iro ya había oído este nombre de la boca de su gran padre. Este caballero fue una plaga verdadera para los ejércitos de Xzia durante la guerra contra la Draconia. Fue asesinado mientras luchaba sólo frente a Xzia y los maestros de armas imperiales de la época. Entonces había conseguido derrotar a los maestros de arma y herir al Emperador en persona antes de morir. Ante el heroísmo increíble de este caballero derribado en combate, recibió los honores del Imperio y entró en la leyenda a lado de otros héroes de guerra. - ¿Que quiere a Arkalon d' Arpienne? Preguntó Yu Ling poniéndose a la defensiva. - Oí a Gan'so hablar, puedo ayudarle a combatir a estos nómadas. - ¿Y haría esto sin pedir nada a cambio? Ironizó la exorcista. - No, me gustaría pisar de nuevo las tierras de Guem, el tiempo suficiente para poder hacer lo que tengo que hacer. Pero si usted quiere un mejor argumento, puedo también convencer a un cierto espíritu de quitar su maldición. Efectivamente, esta propuesta era muy apetitosa para Yu Ling ya que aunque pareciera tener la apariencia de una vieja dama tenía en realidad un poco más de una veintena de años. - Campeón del Emperador, si usted está de acuerdo, yo deseo acceder a la demanda de este espíritu, dijo en un tono suavizado. - No conozco nada sobre el dominio de los espíritus, eso se lo dejo a usted. Ahora, mi decisión está dividida entre el hecho de dejar a este enemigo del pasado en donde pertenece y liberarlo porque tendríamos mucho para aprender de él. ¿Pero cumplirá su palabra? - Este seguro que sí, dijo adelantándose hacia el Caballero dragón. Yu Ling le tendió la mano a este antepasado. - Tome mi mano, usted estará entonces de nuevo en este mundo, pero estaremos atados, si usted no respeta su palabra, usted regresará de dónde provino. Sin vacilar Arkalon cogió la mano tensa y pasó el círculo, tomando forma corpórea en este mundo. Poco tiempo después Gan'so reapareció con un hombre de armadura completamente acribillada de flechas. - He aquí el general imperial y el antiguo campeón del emperador Zatochi Kage, anunció el fantasma. Iro reconoció también este nombre porque hacía parte del panteón de los héroes. Zatochi había creado un arte de combate de la espada que quedo como un estándar de la instrucción marcial. Él mismo había sido formado por su padre en estas técnicas. Iro reverenciaba a este personaje ilustre. Sin hablar de sus títulos que situaban bien su nivel de honorabilidad. - Le agradecemos por haber venido, vivos, hablo el general con una voz cavernosa. Estamos anclados a este lugar y si este lugar desaparece no seremos nada. La piedra roe nuestro mundo del mismo modo que el vuestro. ¡Si debemos desaparecer, lo haremos en combate! - Les propuse a los antepasados ayudarnos a devolver a los nómadas a su sitio y de parar definitivamente esta enfermedad que es la piedra. Pero esto implica que usted sea capaz de hacer volver un ejército de espíritus a este mundo, explicó Gan'so. Después de reflexionar, Yu Ling inclinó la cabeza afirmativamente. - Su ayuda será la bienvenida general, podemos hacer volver a todo el mundo en uno o dos días. Pero ustedes no podrán salir de la región porque ustedes estarán atados a este lugar. - Ya lo estamos, replicó el general. - En este caso pongámonos a trabajar. Malyss detuvo su concentración, el círculo dejó de brillar y el general imperial regresó entre los suyos esperando el momento de su vuelta. Iro envió un mensaje al palacio imperial para avisar de lo que le sucedía en la Tumba de los Antepasados. El ataque contra los nómadas estaba previsto dentro de poco y el Imperio no tendría tiempo de enviar refuerzos. Yu Ling y Malyss crearon un ritual inmenso. Había que reproducir el mismo hechizo de portal pero sobre una superficie mucho más grande ya que había que dejar un paso para todos los espíritus, sin distinción de los que eran peligrosos. Yu Ling debería pues confinar los indeseables para guardar sólo los espíritus "benévolos”. En cuanto a Malyss tenía que prepararse para una nueva sesión de concentración. En cuanto a Iro, iba a poder poner en práctica sus dones de mando, y de combatiente evidentemente. Había llegado el momento. Malyss y Yu Ling habían acabado los preparativos y el círculo de glifos estaba dispuesto. Lentamente, uno a uno los glifos se iluminaron hasta que todos brillaron por la magia. Malyss era el más alejado con relación a la Piedra Caída del Cielo, permitiéndole observar la escena. Uno a uno los hombres y las mujeres fueron aparecieron, como fantasmas que resurgían del pasado. Fue muy sorprendente de ver que los antepasados del ejército imperial no fueron los únicos que participan. Aunque menos numerosos había también unos soldados de la Draconia, preparados para defender a ambas ciudades frente a los guerreros de Sol'ra. El general fue el primero en salir del círculo mágico, seguido por otros espíritus. Los miembros de la Kotoba fueron impresionados por la cantidad de personas presentes, debía haber allí tirando para bajo más de tres millares de almas preparadas para luchar. Hasta había Caballeros de Dragón antes de que estos últimos desaparecieran misteriosamente, los maestros de las armas también habían aparecido, llevando una simple hakama y dos sables a su cinturón. Arkalon tomó el mando de las tropas de la Draconia, el general Zatochi hizo lo mismo para los Xziarites. Al cabo de algunas horas, el ejército de la tumba de los antepasados se puso en marcha hacia la piedra, comandados por Iro poco acostumbrado a los movimientos de tropas. Pero podía contar con la experiencia de ambos comandantes. A medida que su progresión avanzaba las tierras alrededor de ellos estaban cada vez mas destruidas, terrones de tierra, luego peñascos flotaban en los aires de manera caótica. Ciertas piedras se entrechocaban liberando partículas múltiples y flotantes que recaían luego por tierra. Iro observó rápidamente que las plantas morían y que el suelo desecado por la ausencia de la lluvia se cubría despacio una capa de arena que se volvió cada vez más importante a medida que se acercaban a la Piedra Caída del Cielo. Kararine la exploradora que espiaba la progresión de este ejército extraño, aceleró el paso para prevenir lo más de prisa posible a Ïolmarek. El paisaje alrededor de la piedra se había hecho un desierto. El calor era sofocante. Pero los nómadas acostumbrados a estas condiciones no se preocupaban de eso. Sólo la piedra era el centro de su atención. Estaban allí desde muchos meses atrás. Pero hasta ahora y a pesar de la progresión de la transformación de las tierras vecinas nada había pasado. La entidad en la piedra esperaba la llegada de alguien. Los nómadas esperaban pues, sacando provecho del espectáculo ofrecido por esta transformación increíble por la voluntad divina de Sol'ra. Kararine sofocada llegó al campamento al pie de la Piedra Caída del Cielo. La Esfinge que, como de costumbre, cuidaba de la seguridad paró a la joven nómada en su carrera. - ¿Que es lo que pasa? ¿Que es lo que te ha hecho salir huyendo así? - Un... Ejército caerá sobre nosotros dijo recuperando el aliento. Todos los nómadas lo oyeron, despertando inquietudes entre los humanos presentes. Ïolmarek calmó las angustias e intervino para organizar la defensa. - Había que esperarlo. Después de nuestra última confrontación con las criaturas del bosque y de sus aliados magos, era necesario prever que tendríamos de nuevo visitas. - ¡Éstos son extraños sumo sacerdote, vemos través de ellos! Vi sólo a su jefe, un hombre vestido de rojo como los que tenían su campamento cerca de aquí. - ¡Poca importancia tiene qué son! Sol'ra sabrá encontrar su debilidad. - ¡Son millares! Añadió a Kararine. Ïolmarek entonces se encolerizó. - ¿Y tú te haces llamar Solarian? Me pregunto a veces si el espíritu humano que habitas no aventaja. ¡Poca importancia tiene su número, tenemos a Sol'ra de nuestros lados! Entonces peleemos con toda nuestra convicción, sin debilitarse y con todo lo que Sol'ra nos conceda de poder.

El Sachem

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El Arc-Kadia se había detenido no muy lejos del bosque Eltarite. Malyss y Ergue estaban en el camino para regresar a sus gremios respectivamente. Ojo de gema saludó a Ciramor y a Granizardo que se dirigían con la Comepiedra con destino a los territorios de los habitantes del bosque. Algunos de sus habitantes observaban por otra parte el barco extraño y volante, escondidos en los árboles. Mientras que Al la Triste daba la orden de partida, una sombra saltó por la borda. El Sachem había subido a bordo durante el asalto de los Hom'chaï sin que nadie perciba su presencia. Había observado a estos intrusos con la minucia más grande y, pacientemente, había esperado el momento propicio para actuar. Pero ninguna ocasión se le había presentado, hasta este momento cuando el barco paró por fin su carrera. En el momento en el que piso la orillo del bosque, sintió una presencia familiar, como si la gente de su tribu estuviera cerca de él. La magia circulaba entre las ramas de los árboles. Pero no se enfocó en estos detalles, la venganza y la voluntad de recuperar lo que se habían robado lo motivaba. Siguió los rastros dejados por Ciramor, porque Granizardo, como Daïs en su elemento, no podía ser seguido la pista. El pequeño grupo se hundía profundamente en el bosque cada vez más denso. El Sachem cruzó en su camino con varias pequeñas criaturas que no dieron aire de estar muy asustadas por la presencia del viejo Elfine. Se escondió gracias a su magia para no ser visible a los ojos de otros. Granizardo y Ciramor llegaron delante de una cepa gigantesca. Ésta había sido esculpida para hacer un pueblo. El Sachem estaba desestabilizado al ver que Elfines y Hom'chaï vivían allí con los que se parecían a ese ladrón de Granizardo. Pero este último no se fijó en el pueblo y continuó su camino para hundirse de nuevo en el bosque. Al cabo de una hora de marcha, llegó a una vivienda hecha de madera y de un estilo muy particular. Las ramas se trenzaban para formar pilares entre los cuales la vegetación formaba las paredes de la chabola. Había por todos lados casas con pequeños objetos chamánicos que colgaban en los árboles y setas gigantescas y fosforescentes crecían por todas partes. Ambos ladrones fueron acogidos por otro Daïs del color y de aspecto diferente de Granizardo. Pareció entonces tener allí una ceremonia. Este nuevo protagonista se mostró encantado de poder ver a la Comepiedra. - He aquí por fin el que debe sacarnos de la destrucción. La voz de Kei'zan razonaba en la cabeza del Sachem que comenzaba a percibir el modo de comunicación de Daïs. - Sea bienvenido Ciramor. Usted tiene que contarme mucho. En cuanto a ti, mi hermano, mostraste que eras capaz de retener todo la ira que está en ti. No regresarás a tu prisión. “¿Una prisión? Era sabido que era un ladrón ", se dijo el Sachem, confirmando su idea. " Esperare la noche para actuar”. Kei'zan examinó luego a la famosa Comepiedra. La pequeña criatura tenía el comportamiento de un niño de dos años de edad y se divertía con los pedazos de bosque y otras menudencias tiradas alrededor de él. - El poder es increíble en este pequeño cuerpo Guémélite. Ciramor, ¿Qué puede decirnos al respecto? Pidió Kei'zan invitando a todo el mundo a pasar. El Sachem observó pues la continuación por un intersticio entre dos pedazos de madera. El interior era caluroso y contaba sólo con una única habitación grande. Había varias pieles de bestia en el suelo y decoraciones tribales muy numerosas. Cada uno encontró un lugar para sentarse. La Comepiedra estuvo instalada en el centro. - Todo lo que sé sobre la Comepiedra nos ha sido transmitido por Eredan cuando vino a los Confines. Mientras que el mundo era joven, estas criaturas pisaban las tierras de Guem. Vivían en paz y en armonía. Pero habría habido un cambio importante que eliminó esta civilización a excepción de algunos huevos. El tiempo pasó y todavía quedarían en nuestros días algunos de estos huevos escondidos en alguna parte. El único del que tuve conocimiento era éste. - ¿Pensara como un niño podría ayudarnos?? La Comepiedra de alguna manera se acercó una especie de taburete en el que había una gran piedra verde que descansa sobre un cojín. Todo iba bien hasta que la criatura trata de comer. El Kei’zan saltó justo a tiempo para arrebatarsela de las manos. Ciramor recuperó a la criatura estaba asustada por ese acto brutal. - Lleva bien su nombre. Come gemas. - ¡Si se hubiera tragado éste, esto habría sido el fin de mi pueblo! Pero todavía deben quedarme algunas piedras... Kei'zan registró en sus pertenencias y encontró una pequeña bolsa de cuero. Vacio su contenido delante de la Comepiedra que se maravilló delante de este festín. Se trataba de pedazos de cristales verdes, brillando del mismo color y la intensidad que los profundamente hundidos en la carne de Granizardo. Saltó glotonamente sobre el pedazo más próximo y lo mascujó con deleite. - ¡Le das fragmentos de la piedra-corazón del Árbol-mundo! ¿? Se indignó Granizardo. - Sí, algo me dice que hacía falta, respondió Kei'zan. Ellos todos tres miraron a la Comepiedra engullir los cristales. Una vez que la comida se acabada, se durmió rápidamente. - ¡Es increíble! Usted tiene razón Kei'zan. Siento la magia crecer en este pequeño cuerpo, observó Ciramor. Dejémosle reposarse, veremos pronto lo que será capaz de hacer. - Usted puede quedar aquí el tiempo que haga falta, invitó Kei'zan. Llegó la noche rápida y una cosa inesperada provocó una pequeña animación. La Comepiedra se había puesto en posición fetal y una concha se había formado alrededor de él, creando así un nuevo huevo y probando otra vez que esta criatura estaba llena de sorpresas. Viendo que no había nada más que hacer aparte que esperar, Ciramor se enrolló en una cobertura y se durmió rápidamente. Los Daïs miraron durante más tiempo pero, ganados por el cansancio, se durmieron también. El Sachem tenía allí la oportunidad tan esperada. “Un huevo por un huevo ", se sonrio. Sin hacer el menor ruido, entró en la choza y recuperó a la Comepiedra cuyo huevo era mucho más grueso y pesado del que estaba acostumbrado. Se arrastro y huyó con su botín. Pero para su gran desgracia, no conocía este bosque y se perdió rápidamente. Después de varias horas de carrera, llegó a un valle dónde el ambiente era diferente. Los árboles tenían hojas largas y muy finas y había viejos tótems recubiertos con musgo. Poco importaba, debía huir y encontrar un medio para irse de nuevo hacia los confines con los suyos. Luego, al rodeo de un árbol, derribó nariz a nariz con una criatura de espaldas imponente. Era como un gato pero de talla muy grande cuyo pelaje era azulado. Tenía a la altura de la cabeza un cuerno de cristal azul también, como en su cuello envuelto por picos cristalinos. Ocupado por el huevo, no supo qué hacer si no otro casa quedarse congelado. No creía a sus ojos, este animal tenía algo familiar. Lo reconoció por fin: Akem, el espíritu felino. Éste habría tenido una relación estrecha con su tribu y algunas historias hablaban de él. - Buenas tardes Sachem, decía la criatura. - ¡Tú... tú hablas! Dijo apretando el huevo. - Por supuesto, te hablo a través de tus pensamientos. ¿Sabes quién soy? - ¿Tú eres… tu eres Akem, el espíritu felino? El cristogato estiró la cabeza en signo de satisfacción. - No tengas miedo, no te quiero causar daño, muy al contrario. Soy Akem, tal, como se me nombraba en otro tiempo en esta parte del bosque. ¿Quieres que te ayude? Te ves perdido. - Debo salir de aquí, dice el Sachem sin revelar toda la verdad. - ¡En este caso, sígueme! Akem se adelantó sobre un viejo camino. El Sachem verdaderamente no tenía otra elección. Siguió el espíritu. Una hora más tarde, llegaba el alba despacio sobre el bosque y la bruma azulada se levantó. - Ves Sachem, esta parte del bosque está desierta desde hace años. - ¿Oh? Por qué, esto me parece un buen lugar, respondió el Sachem mirando a los viejos tótems esculpidos en forma de gatos. - Hace mucho tiempo aquí, vivía una tribu de la que yo era el tótem-espíritu. - ¿Era? ¿Qué les pasó? - Su sachem y la inmensa mayoría de los guerreros se volvieron locos, creyendo ser los esclavos del Daïs se rebelaron y dejaron el bosque Eltarite. - ¿Daïs? ¡Esos ladrones! Escupió al Sachem. Caminaron hasta que llegaron a un gran claro donde quedaban unas ruinas de viviendas muy viejas y por todas partes, una y otra vez los viejos tótems. - Mire. Estamos donde vivían, revelo Akem, sentándose. Sólo tienes que ver por ti mismo lo que les pasó. Alrededor de ellos todo cambió. Las ruinas volvieron a ser unas chozas que estuvieron habitadas de nuevo por una tribu. Había Hom'chaïs y Elfines por todos lados, pero también vario Daïs. La disposición de este pueblo se parecía de manera extraña a la de su propio pueblo. Las decoraciones y los tatuajes eran semejantes de manera extraña. Pasaba un acontecimiento que determinaba el futuro de esta tribu. Vario guerrero Hom'chaï y Elfine rodeaban al Sachem de la época y varios Daïs amarrado. Este Sachem llevaba cabellos largos y mezclados de baratijas y tenía los ojos morados. - ¡Ustedes pensaban poder dominarnos y hacer de nosotros simples esclavos! Dijo con rabia. ¡Pero están acabados, no nos quedaremos un minuto más en este bosque maldito! Uno de los Daïs hizo resonar su voz en las cabezas de las personas presentes. - ¡Astenaki, tú castigas tu pueblo por tu locura! - Astenaki, repitió al Sachem que apretaba siempre el huevo de la Comepiedra. ¿El padre fundador de nuestra tribu? - En persona, hizo eco Akem. La escena prosiguió con la ejecución pura y simple de los Daïs y el anuncio de la salida de la tribu hacia cielos más clementes. Todo pasó en los días donde se podía ver la sombra del Árbol-Mundo. - ¿Comprendes ahora? - Lo temo... Vivíamos en otro tiempo aquí y nos fuimos para seguir la locura de Astenaki. Y yo que soy su descendiente, continué entregándome al odio. - Daïs, Elfines y Hom'chaï vivían en paz desde hace siglos. Astenaki tenía la culpa y cometió el error de creerse por encima de todos. El huevo de la Comepiedra que aprietas en tus brazos estaba en otro tiempo aquí. Le había sido confiado a tu tribu para que lo proteja hasta el día cuando aparecería para enseñarle todo lo que debería saber. El Sachem bajó la cabeza. Sus pensamientos se entrechocaban en su espíritu. ¿ Akem tenía razón? ¿ Mentía? Sin embargo el Elfine no lograba sentir el menor odio y, hasta si tenía dudas de creer todo esto, la historia correspondía a las leyendas cuyo conocimiento tenía. La verdad estaba allí bajo sus ojos. Astenaki se había coronado como un dios y sin embargo era sólo un asesino que vendía por las calles que los Daïs eran unas criaturas maléficas. Pero no le era Astenaki y, ahora, aunque enturbiado, fue apaciguado que se le hubiera abierto los ojos. - ¿ Y ahora? Pidió. - Ya es hora que una nueva era se abra para tu tribu. Es el tiempo para ella de volver entre los suyos. Te ayudaré a acabar la tarea que incumbe a tu tribu y serás el que se ocupará de la Comepiedra. Akem se echó entonces a correr hacia el Sachem y se zambulló en el cuerpo de Elfine. El felino desapareció y el Sachem perdió conocimiento. El sol era ya alto en el cielo cuando se despertó. La bruma había desaparecido con Akem. El huevo de la Comepiedra estaba justo al lado de él delante de un tótem de piedra a la efigie del espíritu felino. El Elfine tuvo la sorpresa de tener alrededor de sus hombros una piel de bestia, la de un cristogato. Se levantó para sentarse frente a este tótem que brillaba ligeramente. - Acepto esta tarea, espíritu felino. En aquel momento, una decena de personas apareció en el claro entre los cuales Granizardo, Kei'zan, Sylikat, Hablaroca y otro Elfines y Hom'chaï. El Granizardo y Sylikat reconocieron al jefe de la tribu a la que habían evitado algunos días antes. - ¡Tú! Gritó a Sylikat. ¿Que es lo que haces allí?? Sacó sus armas e iba a golpear al Elfine cuando Hablaroca la retuvo. - ¡No! dijo. Espera, siento la presencia de un espíritu poderoso en este lugar. La jauría de Eltarite rodeó al Sachem. - ¿Has recuperado aquello que te había quitado? Interrogó Granizardo. El Sachem levantó a Daïs los ojos arrepentidos. - Sí había venido para esto, pero hoy le debo excusas. A todos vosotros. Se levantó entonces y quitó al tótem de algunas plantas que todavía lo cubrían. - Soy el Sachem de la tribu de Akem, descendiente de Astenaki. Le pido perdón para lo que mi antepasado hizo. - Akem! Hablaroca estaba muy sorprendido de que pronunciara ese nombre. Este espíritu ha desaparecido hace mucho tiempo. - No se quedó allí, esperando nuestro regreso. Si usted supiera todos los horrores que hice en nombre de un dios falso. Sylikat, nosotros provenimos de aquí. - ¿La tribu de Astenaki? ¿De vuelta? Kei'zan estaba perplejo. Extraño que todo esto se produzca en este momento preciso. - Sé que usted va a tener miedo de confiar en mí después de lo que hice, pero puedo ayudarle. Puedo tomar bajo mi ala a este joven Comepiedra como lo hicimos en el pasado. Déjeme corregir los errores del pasado y devolver a mi tribu a su hogar verdadero. Todos ellos se volvieron hacia el Kei'zan que era la autoridad más elevada en la sociedad Eltarite. Hablaroca se acercó al Daïs para hablarle. - Si es poseedor del poder de Akem, debemos confiar en él. Este espíritu se quedó aquí en lugar de seguir a los que veneraban él espíritu tótem. En otro tiempo, Akem fue conocido por su sabiduría. Kei'zan tomó algunos minutos de reflexión. La historia contada por Ciramor y El Granizardo no iba en provecho de este Elfine, pero su arrepentimiento parecía sincero. - Bien, acepto tu vuelta sobre estas tierras sagradas. No sé cómo prevenir a tu tribu que se encuentra tan lejos, pero encontraremos una solución. Pero esto a condición de que te ocupes de Comepiedra y de que respondas con tu vida y de la suya. Voy a pedir a ciertas tribus de los alrededores ayuden a devolver a este lugar la apariencia que debería tener. ¿Esto te va, Sachem? - Esto me va. ¿Sylikat, quieres acompañarme y contarme todo lo que debo saber? - Voy a tenerte más bien al ojo. - Soy yo quien te enseñará lo que necesita saber, cortó Hablaroca. Bienvenido a casa, Akem.

El Ojo de Sol'ra

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Capitulo 1 - Persuasión

Ni el Príncipe Metchaf ni Urakia depusieron sus armas a esta persona que pretendía que creyeran que ni él, ni la gente de alrededor, eran un peligro para ellos. Estaba, sin embargo, entre ellos una manifestación de una diosa terriblemente perversa y sobre todo deshonrada por el culto de Sol'ra. - Si usted piensa que nos rendiremos sin pelear voy decepcionarle, le grito el príncipe a su auditorio. Algunos ya lo han intentado... - Sabemos muy bien quién es usted, príncipe Metchaf, pero por favor, comparta con nosotros este alimento. Usted debe tener hambre. El hombre invitó a sus huéspedes a sentarse alrededor de un fuego. Desconfiada, Urakia se quedó de pié al lado del príncipe para prevenir cualquier problema. El jefe de los rebeldes les propuso carne y sémola a sus invitados que, a pesar de todo, aceptaron, ya que el hambre que tenían les causaba tirones desde hace tiempo. - ¿Sabe que Istaryam es una ciudad prohibida y que todos ustedes van a sufrir la furia de Sol'ra? Dijo el príncipe guardando la calma. - Tomaremos el riesgo, porque creemos en otras cosas. Creemos en los antiguos dioses y en la gloria pasada de nuestra civilización, respondió el jefe. - Todo lo que les va a pasar, es perder la cabeza, replicó Urakia. - ¿Pueden matar a gente ya muerta? Porque a los ojos de Sol’ra no somos nada más que insectos sacrificables, nosotros como ustedes. ¿Sabe lo que es un Solarian? - Es una alta distinción que nos hace los seres más próximos a Sol’ra, respondió el príncipe. - Un Solarian es una criatura divina que vive en su cuerpo y que toma posesión de usted. Ustedes perderán su libre albedrío para convertirse en esclavos. Estas criaturas no se preocupan por su cuerpo y su vida, aseguró el jefe. - Si esa es la voluntad de Sol'ra, no tendré problema, añadió Urakia. - Usted va a ser difícil de convencer. Usted está aquí en el antiguo templo de Istaryam, hoy hecho una prisión para los dioses vencidos por Sol’ra. ¿Ustedes conocen la historia de Ra? Supongo que no, esta no es una historia que se les cuenta a sus fieles. Metchaf y Urakia no respondieron, dejando al jefe decir lo que tenía que decir. - Esto comenzó hace varios siglos. Hace antaño, los hombres del desierto rogaban a los dioses para que les concedieran favores a sus servidores. Los dioses eran numerosos y este panteón fue dirigido por cinco dioses: Ptol'a la guardiana del más allá, Kapokèk el guerrero que brota por la noche, Naptys diosa de la renovación y de la vida, Ra dios del sol y de la luz y Cheksathet guardián del saber. Eran el principio del equilibrio y gracias a ellos nuestra civilización se volvió floreciente y poderosa. Istaryam fue la ciudad más bella y más grande, mucho más magnífica que Minepthra. Pero Ra jugaba un juego doble. En apariencia, respetaba a los hombres bañándolos en la luz del sol. Pero de verdad tenía sólo una idea, hacerse el único dios. La primera en caer fue Assthèt diosa tutela de la lejana ciudad de Kta, luego unos tras otros, todos desaparecieron, reforzando la potencia de Ra. Su traición fue desenmascarada por Cheksathet que previno otros actos de Ra. Este último le reservó a este dios un destino muy cruel, pero luego contare esa parte. La guerra de los dioses fue declarada, oponiéndoles los monoteístas a los politeístas. Estos últimos no pudieron parar a Ra que tomó el nombre de Sol'ra. El fin de la guerra llego cuando la cabeza de la gran sacerdotisa de Ptol'a rodó en la arena todavía caliente. Lo que ocurrió luego no es contado. Istaryam se hizo una prisión, un sortilegio en la tumba impedía que los dioses derrotados no pudieran salir más. Fueron encerrados allí con todos sus seguidores, sacerdotes, fieles, los que fueran, hombres, mujeres o niños. Perecieron en condiciones innobles. Hace algunos meses y al precio de numerosas vidas encontramos en Istaryam y la entrada de la tumba. -Es muy bello todo esto, ¿pero usted que quiere con nosotros? Pregunto Metchaf. - La cuestión no es lo que quiero, sino lo que usted puede hacer. Usted es el príncipe Metchaf, heredero del rey del desierto. Le incumbe hacer estallar la verdad en plena luz y restablecer el panteón y de devolver a Ra allí dónde debe estar. - ¿Por qué haría esto? Soy el príncipe, no me falta de nada, tengo todo lo que quiero. - Sí, parece que su persona, príncipe Metchaf, no necesita nada. ¿Pero qué es de tu pueblo y de tu futuro reinado? ¿Quieres ser el que restablecerá el orden en el desierto o el monarca que será sólo un juguete para Sol'ra? No tengo ninguna razón para mentirte, ¿si sólo somos rebeldes simples, como la autoridad lo pretende, piensas que nos habríamos tomado el trabajo de contarte todo esto? No, te habríamos matado o encarcelado y esclavizado a tu encantadora guardia. Aspiramos a un mundo mejor y más justo, librado de la dominación de Ra. Metchaf parecía perdido, saturado por toda esta información. Urakia que no quería dejar ver la menor duda sobre su cara se ponía también una multitud de cuestiones. Entre las pinturas, los escritos dejados por los que han sido encarcelados y la historia de este rebelde, había comenzado a dudar. Si estos dioses están ahí ¿por qué no podemos verlos? Dijo Urakia aunque ella se había cruzado con Ptol'a poco antes de eso. Mientras tanto, un hombre empujó suavemente a otros para hacerse camino hacia los invitados. Era un coloso con la cabeza rapada, una verdadera montaña de músculos. - Soy Kebek, dijo con voz poderosa. Soy un guerrero de Kapokèk. Los dioses están encerrados y retenidos por el ojo de Sol'ra en lo más hondo de Istaryam. Solo Ptol'a puede manifestarse. Y justamente, hablando de ella, apareció al lado del guerrero. - Ves príncipe, tú has sido engañado como todo el mundo, Sol'ra quiere sólo una cosa: exterminar a todo el mundo y ser único. Es tu deber el de procurar que esto no pase. Pero si todavía tienes dudas, te invito a seguir a Kebek hasta el ojo de Sol'ra, te darás cuenta por ti mismo la extensión de nuestro sufrimiento.

Capitulo 2 - El Inmortal Guerrero de Kapokek

El príncipe, a pesar de las vacilaciones y la opinión contraria de Urakia aceptó la propuesta. Los argumentos que tenían el jefe rebelde y Ptol'a lo incitaban por lo menos a la curiosidad. ¿Qué era ese ojo de Sol'ra? ¿Cómo verificar que toda esta historia no era una manipulación con el fin de tomar el control del desierto con la desaparición del culto de Sol'ra? Kebek, seguido por los habitantes del lugar, los llevó hasta una apertura practicada en una pared. Debía haber allí anteriormente una estatua de una esfinge pero había sido quebrantada para liberar el paso. A partir de allí, estuvieron solos caminando en un verdadero laberinto de pasillos. Todo había sido hecho para que el que entrara allí se perdiera y no llegara hasta el fin. Pero eso pasaba nomas sino contaran con un guerrero de Kapokèk. - El que sirvo me guía, no podremos extraviarnos. Pero no sé lo que nos espera del otro lado, por eso sean precavidos. - ¡¿Por qué nos tomas, soy una guardia real!? Masculló a Urakia. Kebek se divirtió con la reacción de la joven mujer. - No decía esto por subestimarla, conozco bien el valor de los guardias reales. ¡Oh! ¡Llegamos! El pasillo acabó en una antecámara alumbrada por el sol pintado sobre las paredes, el suelo y el techo. Metchaf avanzó primero, sentía aquí una bendición poderosa de Sol'ra. - Jamás pasarás Kebek, pienso que sólo Solarians pueden atravesar esta pieza, de modo que ninguno infiel pueda violar el lugar. El guerrero no escuchó y entró en la habitación. Para gran sorpresa de Urakia y del príncipe, no pasó nada más. - Tengo también un Solarian que dormita en el fondo de mi alma, dijo con una sonrisa burlona. Pero no soy afectado más por su presencia. Entonces, mientras estaba a punto de cortar con su lámina los símbolos de Sol'ra, Urakia paró el brazo del guerrero. - No, profanar es prevenir a Sol'ra. - ¿Por qué crees que no sabe que estamos aquí? Ironizó Metchaf. Este lugar debe ser uno de los más vigilados. - Excepto que los nómadas del desierto tienen otras esfinges que hay que azotar por momento. La mirada de Sol'ra es girada hacia otra parte de este mundo. Extraño que usted, príncipe del desierto, no esté al tanto. - Si, si estoy al tanto, respondió totalmente ignorando de que hablaba. Pasaron la puerta de la pieza para llegar en un pasillo bastante ancho. Sobre toda la extensión, había unas inscripciones, advertencia en contra de los que profanaran este templo, jurándoles una maldición eterna a los infractores. Metchaf y Urakia tenían el ánimo apretado, seguía al príncipe pero iba también hacia la condenación eterna. ¿Debía interrumpir esta locura? No, tenía que demostrar el engaño y mostrarle a Kebek que estaba totalmente equivocado. Y quién sabe, quizás había una salida al final del camino. Observaron por otra parte que sus pasos los llevaban a un nuevo laberinto, pero que alrededor de ellos el decorado era increíble. Había fachadas de casas a ambos lados de una carretera pavimentada. Por encima de ellos, la arena se basa en una cúpula de cristal. Emanaba de esta una luz dulce que alumbraba bastante el lugar. - Las antiguas calles de Istaryam... cuchicheó Kebek. En el centro de la cúpula estaba grabado un sol alto cuyo interior era un ojo. Un rayo amarillo salía de él y golpeaba un templo en el centro de la ciudad. - ¿Eso es el ojo de Sol'ra? Preguntó Metchaf. - Sí eso es, dijo Kebek avanzando. - ¿Y crees que vas a poder hacer algo contra esto? Ironizó una vez más el guardia real. -Yo sólo, no, pero somos tres. No se dé por vencido ahora, usted tiene dudas y la verdad está allá. El templo ya no estaba muy lejos cuando una criatura se interpuso delante de ellos. Era una especie de enorme león con cabeza de cocodrilo y las patas de hipopótamo. Medía dos veces la talla del guerrero de Kapokèk. A sus pies una balanza apareció. Había una pluma sobre una de ambas bandejas. - Si ustedes quieren pasar, deben poner su corazón sobre la bandeja vacía del equilibrio. Si sus pescados son más pesados que la pluma entonces ustedes serán destruidos por la voluntad de Sol'ra. Después de haber hecho retroceder a Metchaf y Urakia, Kebek desenvainó una lámina larga antes de lanzarla sobre la criatura. Ésta esquivó los primeros golpes. - Veamos cuáles son tus pecados, arrogante humano, dijo rodeándose de un halo luminoso. Kebek sintió entonces un gran dolor. Una lanza, surgida de ninguna parte, le había traspasado el pecho y perforado el corazón. Urakia y el príncipe miraron el espectáculo de modo incrédulo. Si el guerrero moría esto significaría pues que la verdad estaba del lado de Sol'ra. Kebek había caído a tierra, pero no estaba inconsciente por eso. Sopló una vez, luego dos y se lanzó como una flecha. La criatura sorprendida no tuvo tiempo de reaccionar. La lámina del guerrero atravesó su pecho. - ¡Me encuentro bendecido por Ptol’a, tengo la fuerza de Kapokèk! ¡Veamos si tu corazón esta relleno por pecados sombríos! La criatura se derrumbó sobre los adoquines de la calle arenosa. Kebek se apoyo sobre su espada. Miró la herida en su pecho y extirpó la lanza en un grito casi inhumano. La herida, que habría matado cualquiera, se cerró justo después. Metchaf y Urakia no creían sus ojos. - ¡Usted no es un humano! Supuso el príncipe. - Lo soy, pero estoy provisto por poderes que me sobrepasan.

Capitulo 3 - Sacrificio

La sangre negra de la criatura se derramaba sobre el suelo mientras que los tres habitantes del desierto avanzaban hacia el templo. El rayo del ojo de Sol'ra, aunque luminoso, no los impidió entrar al interior del templo. Era un antiguo lugar de culto abierto al panteón de los cinco antiguos dioses: Ptol'a, Kapokèk, Ra, Naptys y Cheksathet. Todo estaba intacto como si los habitantes se hubieran evaporado, dejando allí sus asuntos. Solo quedaban las estatuas a las efigies de los dioses que habían sido decapitadas, probablemente por los soldados del ejército de Sol'ra en el momento de la toma de Istaryam. - Una civilización erradicada por la locura de un dios, soltó Kebek. Vayamos a ver lo que esconde este rayo. - Empiece por explorar los pisos y no precipitarse como lo hemos hecho hasta ahora, pidió Urakia. - Usted tiene razón, los dioses esperan desde hace tiempo, todavía pueden esperar un poco, respondió Kebek. El templo poseía tres pisos, las escaleras anchas y exteriores perjudicaban éstas. El primer piso fue dedicado a Naptys, la diosa de la renovación. Había plantas muy numerosas pero quedaban sólo unos rastros y cepas muertas. La diosa estaba en el centro de la pieza con los brazos abiertos como para acoger a sus fieles cerca de ella. Como otras estatuas, no tenía más su cabeza. El rayo del ojo de Sol'ra exactamente caía sobre esta representación. El segundo piso era el dominio de Kapokèk, había allí unos mecanismos que permitían traer agua hasta unos grandes estanques. Esqueletos de animales cubrían el suelo, indicando que cocodrilos debían vivir allí. Así como el piso inferior, había una estatua. El de Kapokèk lo representaba con una lanza en la mano, sumergiendo la punta en el suelo. Esta también fue decapitada, al pasar el rayo del ojo. En cuanto al tercer piso, que era también el tejado, era el dominio de Ra. Un mosaico de azulejo de cristal tapizaba al dar en el suelo, generando un ambiente muy luminoso. En el centro, Ra estaba representado, majestuoso con los brazos tendidos hacia el cielo. Pero en cambio esta representación había conservado su cabeza. - Mire, el mosaico en el suelo forma un sol, exactamente igual que sobre la cúpula, observó el príncipe Metchaf. Había un ojo también. - Bien, vimos lo que había que ver aquí. No nos quedemos, toda esta luz es molesta, pidió el guerrero de Kapokèk. Vayamos a ver abajo ahora. El piso de bajo era el lugar de vivienda y de gestión del templo. Había numerosos apartamentos y pequeñas oficinas, seguramente reservadas para el sacerdote y para los sacerdotes del panteón. En el centro, había una gran sala de oración donde numerosas divinidades fueron invocadas y veneradas. El rayo del ojo pasaba por el centro de esta pieza, atravesando una gran baldosa de cristal muy espeso. Por un sistema astuto de espejos, la luz del sol debía pasar por aperturas en las paredes para alumbrar el piso en el sótano. Por desgracia, todo estaba fuera de uso, pero el rayo bastaba para alumbrar casi como a la luz del día. Encontraron una escalera polvorienta la que se hundía bajo el suelo. Había un pasillo que daba la vuelta totalmente a una gran sala circular. La divinidad de la verdad, se encontraba en una apertura hacia la gran sala lo que permitía una buena circulación. Por todas partes en las paredes, alveolos habían sido acondicionados con el fin de colocar allí objetos o papiros que permitían a los que lo deseaban aumentar sus conocimientos. Pero todo estaba vacío en lo sucesivo. La estatua que representaba esta divinidad estaba totalmente destruida. Así era el antro de Cheksathet. - ¡No tuvo suerte! Según lo que sé, este dios ha sido absorbido por Ra, consagrándosele una potencia increíble, indicó respetuosamente Kebek. Un dios teóricamente no puede morir, pero he ahí lo peor: puede ser absorbido por otro. No había otra salida separada a la de la entrada. - ¿Si hay un piso para cada dios, donde está el de Ptol'a? Cada uno se fue entonces en una dirección para registrar un poco más concienzudamente. Urakia encontró entonces algo insólito. Aunque hubo unos cascajos y arena, encontró una forma sobre el suelo que despertó su curiosidad. Rozó y sopló para sacar la arena que descubría una parte de un símbolo inmenso en forma de sol. Éste había sido grabado y no estaba allí al principio. Se propusieron soltar todo, a riesgo de pasar a través del rayo. Había una vez más un ojo de Sol'ra. - ¡Si es un ojo, entonces destruyámoslo! ¡El dominio de Ptol'a debe estar abajo! Dijo Kebek sacando su espada. - ¡No! ¡Espera! Gritó a Metchaf. Pero era demasiado tarde, el guerrero de Kapokèk plantó la lámina en el suelo en el centro del ojo, entrando así en el rayo. Éste se volvió más intenso y el templo comenzó a temblar. Kebek sufrió entonces un choque que le eyectó al otro lado de la pieza. Murmuro, inconsciente... - ¿Quién se atreve? ¿Quién se atreve a poner en duda la autoridad de Sol'ra? Una forma humana se formó en el rayo, Metchaf fue asombrado de ver que se parecía a Shrikan a diferencia que tenía sólo un ojo. -Soy príncipe Metchaf hijo del rey del desierto, quítate de aquí y libera el paso. - Regresa de dónde vienes príncipe Metchaf, no te opongas a la voluntad divina, ordenó el Solarian, mientras retiraba la espada del suelo. Váyanse y deje a este profanador que será castigado por la muerte. - ¡Me iré sólo después de tener respuestas! ¿Sol’ra es en realidad Ra? ¿Absorbió a Cheksathet y mato a todos los fieles de los dioses antiguos? - ¡No plantees estas cuestiones, príncipe Metchaf! ¡No te preocupes de esto y vallase o morirás! - ¿Destruyó antiguas civilizaciones para su supremacía? Insistió fuertemente el príncipe. Solarian entonces se encolerizó, una lanza de luz apareció en sus manos luego de un gesto rápido, lo proyectó sobre el príncipe. Pero Urakia, ágil de instinto, protegió a Metchaf interponiéndose delante de él. Se encontró empalada por la lanza. La sangre se derramo pero la guardia real resistió mucho. Para el príncipe, era impensable que un servidor de Sol'ra actuara así. “¡Ve, les protejo, los golpes no te matarán! " Le dijo la voz de Ptol'a. Inspirado por la presencia de la diosa el príncipe se lanzó después de haber desenvainado su arma. El Solarian, rodeado de la potencia de Sol'ra recibió la carga sin inmutarse y devolvió el ataque. Gracias a sus poderes teúrgicos, imploró a Sol'ra para que este infiel sea quemado. El príncipe aulló por el dolor que sentía su alma que ardía como la paja. Pero Ptol'a insuflaba de a poco su potencia y aliviaba a Metchaf de sus heridas. - ¡Reconozco la presencia de Ptol'a! ¡Estamos de nuevo cara a cara! La diosa habló por boca del príncipe. - Sí pero esta vez tú va a perder. Tu amo no está entre nosotros. Urakia y Kebek también gozaban de la protección de Ptol'a. La guardia real se quitó la lanza y se sirvió de esta contra el Solarian. Kebek recogió su arma y corrió. “¡Ataquen a su ojo!” Cuchicheó Ptol'a a sus protegidos. Así como guiadas, sus armas se dirigieron hacia su ojo. Por su parte Metchaf lo inmovilizó para que los golpes se dirigieran a un buen lugar. - ¡Raaaah nooo! ¡! ¡Traidores! ¡! Voy... No tuvo tiempo de acabar su frase. La lanza y la espada hendieron el cráneo de Solarian perforando su ojo. Inmediatamente, la criatura de Sol'ra estalló en una gavilla de luz que largo a todo el mundo al suelo. El resto fue fácil. Al mismo tiempo que el suelo se hendía de grietas anchas, la cúpula de cristal que retenía la arena del desierto cedió. Istaryam fue engullido bajo toneladas y toneladas de arena. Metchaf y sus acólitos intentaron salvarse, pero fueron cogidos en la trampa como ratas. Se despertaron en el oasis cerca de la entrada de Istaryam. Tres personas los miraban. Eran reconocibles gracias a las estatuas del templo: Ptol'a, Naptys y Kapokèk. Y es Naptys quien tomó la palabra. - Reciba la gratitud de los dioses y nuestro eterno reconocimiento. Usted abrió la vía de la renovación, sean ustedes los instrumentos para esta.

La Ofensiva Zil

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Capitulo 1 - Vientos de Cambio

Kaketsu, el consejero de más edad se miraba en el espejo de su sala de aseo. Debía presentarse bajo sus mejores adornos porque este día era una vuelta en su vida. Sus sirvientes lo habían vestido de la postura ceremonial del Consejo, la que endosaba sólo en ocasiones muy muy raras.

- Envejecí, dice a sus sirvientes.

- Somos todos los presos del tiempo, Decano, pero en nuestra casa la vejez es signo de sabiduría.

- Halago, dijo el viejo hombre riéndose. Venga alrededor de mí mis compañeros. Los tres servidores pararon sus actividades para escuchar a deán.

- Estoy orgulloso de tenerle a mi servicio, algunos desde hace algunos años, otros casi desde una vida. Ustedes son mis apoyos, mis confidentes, mis consejeros y a decir verdad espero que ustedes continúen asumiendo estos papeles en mis nuevas funciones. Sé que les pido mucho, pero esto sería un honor verdadero de tenerles a mi lados.

Los servidores estuvieron sorprendidos. El de mayor edad de ellos, originario del imperio de Xzia sonreía.

- Usted sabe bien que le seguiré hacia su nuevas funciones, dice el servidor inclinándose respetuosamente.

Los dos otros siguieron el movimiento.

- En este caso, prepárese para el viaje, nos iremos dentro de dos días. En cuanto a mí, ya es hora de hacer lo que tengo que hacer.

Este día allí el Consejo de gremios, disminuido de algunos miembros se prepara para una reunión un tanto excepcional, lo que tenía una tendencia lastimosa que a menudo llega últimamente. El Deán entró en la gran sala donde ciertos sitios yacían desocupados, fue acogido por una salva de aplausos por parte de los Consejeros. El viejo hombre fue tan conmovido que tomó la palabra la garganta anudada y la voz temblorosa.

- Gracias a ellos todos, mis amigos. Antes de comenzar esta sesión permítame tomar la palabra. Soy a principios de ochenta años de vida. Tenía una decena de años cuando Eredan paró a Néhant, cercando así una época de guerra. Yo hasta tenido el privilegio inmenso de encontrarlo y de hablarle. Todavía me acuerdo de lo que me dijo:

- Una nueva era de paz se abre a los pueblos de Guem. Héroes se levantaron frente a la adversidad y vencieron. Ahora otros héroes van a aparecer, fiadores de una paz preciosa.

Kaketsu marca una pausa para repetir su soplo.

- Vi el Consejo de gramios crearse y sabía que mi sitio era allí, pensando proteger el mundo. Lo que hice hasta ahí. Ahora un nuevo conflicto asola las tierras de Guem y yo soy demasiado viejo, incapaz de ver la serpiente colarme entre las piedras. Consejeros fallaron, cayeron bajo la influencia del dolor y sin la intervención de los Combatientes de Zil y de los Enviados de Noz' Dingard la situación se habría empeorado. La antorcha debe ser transmitida a una nueva generación de consejeros y debe tener allí un nuevo deán.

La emoción se hizo sentir entre la asamblea.

- Es al más de edad de ustedes tomar el relevo y hacerse a su debut como Consejero-deán.

Kaketsu dejó su pupitre para ponerse en el centro de la pieza.

- Consejero Vérace, acerque. Vérace lo sabía, en ausencia de Edrianne que no era más consejera, es él quien era más viejo. Se adelantó con orgullo.

- Le incumbe guiar a otros consejeros. La función de Deán no es simple, le hará falta mucha paciencia y a sangre fría para resolver las peores situaciones. Pero su determinación con poner término a la tempestad con la que nos enfrentamos yo hecho pensar que usted es la persona ideal. Le nombro en nombre del Consejo y por mi calidad, Consejero-deán, dice tendiéndole la mano al nuevo Deán. Todo el mundo saludó este nombramiento, validando así la accesión a la función por Vérace.

- Ahora, Deán, Consejeros, le dejo, mis apartamentos estarán vacíos de algunos días. Buen viaje todos, dice Kaketsu retrocediendo hacia la salida. No me despido de usted porque volveremos a vernos.

El viejo hombre dejó a aquellos a los que había bordeado durante años. Dejando a Vérace tomar sus primeras decisiones. Este último se instaló al pupitre-sede del Consejero-deán y tomó la palabra.

- Queridos consejeros, tenemos mucho trabajo para mejorar la situación. En primer lugar hay que nombrar a nuevos consejeros que vendrán para sentarse entre nosotros. Así como lo quieren los reglamentos del Consejo usted tiene dos días para darme parte de sus recomendaciones que luego serán discutidas en una sesión particular el día siguiente.

Los consejeros comenzaron a hablar entre ellos, ya dejando escapar algunos nombres. Vérace anotó con aplicación los actos tomados hoy como debía hacerlo el Deán. Para esto le había ayudado mucho un pedazo de pergamino dejado por Kaketsu al que señalaba varios puntos que hay que tratar. Una vez esto y por primera vez golpeó el suelo con el bastón de ceremonia. Y se levantó.

- En el tiempo que Consejero-deán, soy encargado por la bien fundada de las leyes votadas por el Consejo. ¡ En respuesta a los acontecimientos recientes invalido la ley sobre la autorización de la práctica de Néhantista! Lo mismo el gremio de llamado Dimizar es declarado fuera de la ley.

No se escucho un solo ruido en la sala, el justo de los meneos de cabeza que apoya la decisión.

- Sabemos sobre fuentes confesiones y con numerosas pruebas que la tentativa de toma del poder es la obra de este Dimizar. También pido que sea puesta en precio la cabeza de esta persona y para que todos los gremios sean informadas sobre eso. Votaremos mañana sobre este sujeto...

Una semana más tarde.

El Consejo sacaba varios días de deliberaciones sobre sujetos diversos y muy importantes. Kaketsu había dejado el castillo de Kaes para regresar hacia el imperio de Xzia donde un puesto importante le esperaba. Marlok y Abyssien fueron convocados los dos al castillo, la razón de su llegada claramente no fue citada también, sino lo esperaban bien, el Consejo los había nombrado para reunir la organización. Vérace los recibió en una de las salas anexos.

- Gracias por haber aceptado dice dándoles un vaso lleno de un breuvage a sus invitados.

- Todavía no dije sí, ironizó Abyssien. Marlok tomó un trago y se puso en un sofá ancho.

- Vayamos Abyssien, no negarías una vuelta al Consejo mi amigo.

Abyssien se instaló en una butaca.

- Aunque no contaba con devolver la mano al nivel de los combatientes.

- Usted honra el Consejo, estoy seguro que seremos eficaz con usted. Usted ajustará los detalles administrativos con consejero en carga de esto, me gustaría que habláramos de la situación actual.

- ¿ Sueña con Dimizar diciendo esto no? Preguntó a Marlok de un aire serio. Vérace se sentó , suspirando.

- Rozamos con lo peor con este demonio infiltrado. Desde entonces es importante tomar la delantera y llamar antes de que el enemigo se perciba nuestra acción. No les dejemos ninguna tregua.

- Usted tiene razón Decano, dice Abyssien. Más el tiempo pasa más dejamos la corrupción instalarse. Deles tarjeta blanca a los Combatientes de Zil y desalojaremos a Dimizar y sus amigos.

- El demonio que ha sido capturado habló, pero Dimizar está al tanto no va a quedarse en el mismo lugar, apoyo pues la demanda del consejero Abyssien, argumentó a Marlok.

- El Néhant ha sido declarado fuera de la ley, los combatientes pueden actuar, el Consejo no tiene especialmente aval que hay que dar, replicó Vérace. Todo esto nos trae al segundo punto que es directamente atado a nuestro primer asunto. Parece que los Nómadas del Desierto sean también un problema importante. Pero no podemos disolver ese gremio sin que sus miembros hubieran infringido las leyes, fuera de todos informe a los que conciernen ellos son claros sobre este punto, han sido atacados y se defendieron.

- Usted olvidado que su presencia provoca un cambio que importa, provoca un tipo de corrupción de las tierras alrededores.

- Sí, Marlok, aunque esto sea el sentido común ninguno de nuestras leyes permite darles culpa tanto los que son sobre un territorio que no pertenece a nadie.

- ¿ Usted quiere decir que mientras esto no alcanze a Draconia o al territorio del Imperio de Xzia o Eltarie no podemos hacer nada? Reprochó Marlok.

- Por desgracia.

- ¡ Bueno! Voy a prevenir a Salvaje y a dejarle el mensaje, le dejo discutir sobre el futuro, dice Abyssien muy alegre y risueño.

Capitulo 2 - Ataque Directo

Gracias a indicaciones diversas, los Combatientes de Zil habían localizado con más o menos precisión el lugar donde debía estar la casa solariega de Zejabel. Salvaje llevaba las tropas con mucha pasión y todo el mundo era muy entusiasta por este ataque contra los que les habían causado muchos problemas el año pasado. Aunque la infiltración era para ellos un juego de niños, tuvieron mucho dolor de encontrar la entrada del túnel que llevaba a la casa solariega que fue bien escondida por una magia de sombra. La cual no escapó de la experiencia de Salem.

- Ahora aplicamos el plan al pie de la letra, ninguna desviación o fantasía. En primer lugar Sombría, Sangrepe, y Enfurecida ustedes irán como exploradoras, quiero saber cuánto antes su indicación. En cuanto se sepa quiénes y dónde, se ataca con toda la fuerza de nuestros cuerpos. El objetivo es capturar a su jefe. Será fácil reconocerlo es él quien da las órdenes y que es protegido por su amigos. Sopló Salvaje.

El conjunto de Zil escuchaba con mucha atención y excitación. Por cierto todo esto era extremadamente peligroso, pero esto no era importante visto la puesta de la maniobra.

- Salem, Kuraying, le dejo poner en práctica su arte. Ergue sabes lo que tienes que hacer. ¿ Cabeza grande nos haces la red por favor?

- No me llames cabeza gruesa, respondió Psy con mucha paciencia. Me ocupo de esto.

- ¡ Genial!

Feroz respiró una gran bocanada de aire...

- ¡ Nos fallamos no! Dice mirando a Kuraying.

El personaje extraño se levantó y se inclinó delante de la joven mujer. Su cara no dejaba duda sobre sus orígenes, venía el imperio de Xzia. Su papel en el seno de los Combatientes era preparar el terreno y hacer espectáculos en solitario con el fin de reparar en los lugares donde la gente fue abierta a los artistas.

- Señor Salem, puedo tener el honor de ocuparme de esconder a nuestros amigos a favor de las sombras.

El espantapájaros meneo la cabeza y Kuraying se levantó.

- Vengan combatientes nombrados por Salvaje a los que esconderé de los ojos de los ignorantes, pidió el hombre a la mirada sombría.

Kuraying los llevó aparte al amparo de un peñasco enorme.

- Le pido no mover, quede los brazos a lo largo del cuerpo. Mientras que hizo como un tipo de baile alrededor de la sombra del peñasco, serpientes negras como la noche salieron de sus mangas para ir lentamente hasta una de las chicas. Hasta que todas ellas fueron enrolladas por una de las criaturas. Tales boas él se miran a apretar muy fuerte su "presa".

- ¡ Dejen a la sombra apoderarse de ustedes para hacer sólo uno!

Las serpientes se arremolinaron apretando cada vez más mucho cuando de un golpe no quedaron más que serpientes, la chicas Zil había desaparecido. Transformadas en serpientes de las sombras tenían de qué pasar totalmente inadvertidas. Serpenteando deslizaron entre los peñascos y entraron en el orificio escondido en la pared de la montaña.

Del lado de Salvaje otra parte del plan se colocaba. Ergue cantaba un aire muy perturbador, extraño y exótico. Soriek apreciaba un pequeño tambor la forma particular, ritmando así el canto de su amigo. Otros Combatientes de Zil vigilaban los alrededores para que ninguno curioso venga para meter las narices en sus asuntos. Psy estaba cerca de Salvaje de sus dos manos al nivel de las sienes. "Salvaje, puedes hablar en lo sucesivo a los Combatientes de Zil". Salem asistía al ritual de Ergue con mucho interés.

En su momento no sentía la presencia de estas personas en el Gremio que había fundado, hoy tenía esto por qué se había peleado, un Gremio de soldados fuertes.

" ¿ Sombria, Sangrep, Enfurecida, a quién ven?"

" SSsssuis en el jardinss, allí estar estado lleno de humainsss, esssclaves. Oh allí es aussssi una criatura de cristal muy rojo y feo que guarda la salida del túnel. " Respondió Enfurecida. (SSSSS tongue)

" Estoy en la casa solariega, tiene allí un demonio que se pasea y un demonio con alas raras " dijo Sangrepe.

" Yo toqué el premio gordo, son numerosos abajo, tiene allí por una cueva, un tipo de laboratorio."

En este momento, Ergue y Soriek fueron rodeados por un humo rougeoyante y giratorio. Salem vio repetidas veces imágenes como de máscaras tribales, próximas a las usadas por los elfines, pero más imponentes. Poco a poco el humo esto concentró y rodeó a una persona de la talla de Soriek, excepto que no había más Ergue. Cuando él no tener allí más humo, Salem comprendió, Ergue y Soriek hacían sólo a uno, era muy impresionante.

" ¿ Hay que hacerlos salir de allí asi cómo sacar ratas de su hoyo? " les dijo Salvaje a las chicas

" ¡ Con fuego! " Exclamó Sombria, " Sangrepe viene choquen los 5. " (no toy seguro pero es lo q mas se asemeja en el español…xD)

" ¡ Llego! "

" ¡ Espere mi orden para actuar! Enfurecida, creo que tus amigos te esperan, devuelve tú a la entrada de la cueva lado casa solariega y preparate ".

" Muy bien, ssss' se fue ".

- ¡ Ahora que Mashtok está aquí, podemos ir allá, vamos a desfondarlos! Dice la criatura con la mezcla de las voces de Ergue y Soriek.

- En este caso, adelantate y divierte bien. " ¡ Las chicas, apúrense ahora mismo! " grito Salvaje con firmeza.

Por su parte Sombria y Sangrepe volvieron a su apariencia normal en una esquina del laboratorio de Dimizar. El néhantiste estaba allí con una parte de su camarilla. Sombría avisó en Sangrepe de lanzar su botella encendida al mismo tiempo que ella. Un pequeño signo de la cabeza y la fiesta comenzó. Las botellas se estrellaron sobre los muebles de madera, difundiendo su materia que se inflamó instantáneamente.

La sorpresa fue total para el néhantiste. A la vista del difunto Dimizar y Máscara de hierro salieron pitando como conejos delante de cazadores. Solo Anagrama se quedó, visiblemente irritanda observó entre el humo y las llamas a ambas responsables. Sombria y Sangrepe que comenzaron a subir a la torre que se dirige hacia la salida. Anagrama, muy depravada esperó que Sombria comienza a subir las marchas para atacar. Sangrepe se dio cuenta rápidamente de eso y un combate se presentó entre ellas con la amenaza de las llamas como decorado.

Apenas el asalto fue dado por Salvaje que Mashtok se precipitó en el túnel, su objetivo era simple, empujar un gran peñasco que rodaba abajo una pendiente y abrir el paso hasta la casa solariega. Otros Combatientes de Zil pisaron los talones de él, bien decididos a erradicar toda criatura néhantica. Enfurecida esperó para que la cabeza de Mashtok salga de la sombra del túnel para atacar a Carkasse. La criatura a la mitad Ergue a la mitad Soriek dio un golpe a Carkasse con tal violencia, dejándo el campo libre a los otros Zil de pasar.

Dimizar ordenó a Máscara de hierro defender la casa solariega mientras que iba en su oficina. El aprendiz de Dimizar reúne a Tragalma si se aseguran de hacer frente. La magia de néhant se derritió sobre Mashtok, teniendo por resultado de dar la fuerza en Carkasse que repitió el paso para aventajar finalmente. Tragalma se enfrentó con Sinrostro y Kolera mientras que Saphyra y Salem se lanzaron contra Máscara de hierro. Manipulando por la magia de Dimizar y Máscara de hierro, los humanos a los alrededores fueron forzados de interponerse, dando asco a los Combatientes de Zil de tal perfidia.

Una tormenta estalló por encima de la casa solariega que vertía una lluvia recia. Cuando en Enfurecida, había retirado y le había empezado un ritual semejante al de Ergue y Soriek antes del ataque. Mashtok le dio un gran golpe a Carkasse con sus dos manos juntas para hacerle retroceder, luego dio un salto atrás para reunirse con Enfurecida. Terrifik el payaso y Psy se interpusieron el tiempo para que el ritual esté acabado, lo que duró sólo algunos minutos. Es mientras un rugido oyó oír en este lugar rodeado de altos acantilados.

Este grito, era el del monstruo, EL monstruo, la Abominación acababa de rehacer su aparición, mezcla de Granderage, Ergue y Soriek. La criatura Zil se echó sobre Carkasse y le asestó puñetazos rabiosos. Su furor era infinito y el pobre Carkasse apenas tuvo suerte contra un adversario tan fuerte. Varios golpes hicieron bailar como vals al coloso rojo, luego otro puñetazo comenzó a destrosar el cristal…

Por fin la Abominación puso todas sus fuerzas en un último golpe. La armadura de cristal que recubría a la pobre víctima de las experiencias de Dimizar estalló en decenas de pedazos que se agregaron a la lluvia. El corazón del hombre de carne y de sangre que se encontraba abajo dejó de pegar, acabado por su enemigo...

En él bajo suelo Anagrama, Sombría y Sangrepe se peleaban como furias. Pero las llamas les habían brotado en las escaleras que se le consagraban la ventaja a la mujer a los pasos de araña concediéndole un enfrentamiento uno contra uno.

Pero ambas Zil eran fuertes y ágiles, Anagrama tenía que ahora debía escaparse. Gracias a sus patas se agarró a la pared y de un salto las posiciones se invirtieron, estaba arriba y ellas abajo, era el buen momento, se echó a correr hacia la salida. Al segundo piso, Dimizar, reunido por el Caído tenía recuperar algunos asuntos importantes.

El humo nocivo rondaba sobre el techo. El néhantista no tenía la elección, la sola salida estuvo bloqueada por los Combatientes de Zil, debía tomar un otro camino. Verdaderamente no se tomó un tiempo para hacer bien, derribó su oficina y se echó a dibujar símbolos sobre el suelo.

- Con tal que esto funcione, dice, inquieto. En el pasillo, Caído estuvo confrontado con un problema por lo menos inesperado. Télendar, que discretamente había seguido a los Combatientes de Zil desde hace varios días sacó provecho de la espalda del Caído para plantarle una daga muy profundamente entre los omóplatos y retirarlo tan rápidamente. El Demonio aulló y para evitar el segundo golpe saltó por la ventana a un gran estruendo. Él tenido muchísimo dolor de aletear entre su herida y la lluvia, pero llegó allá al precio de grandes esfuerzos.

En el interior Télendar iba a poder desquitarse y ajustar su deuda hacia Draconia. Derribó la puerta de la oficina de Dimizar y sumergió daga adelante hacia la forma que se encontraba allí. El néhantiste era ánimo de desaparecer en el momento en el que la lámina perforó su pecho. Télendar lacha la lámina y rodó por tierra para acabar su carrera la cabeza en los libros puestos a granel.

La batalla de la Casa solariega se había acabado algunos minutos más tarde. El balance no estaba a la altura de las esperanzas del gremio. La lluvia se paró bastante rápidamente, dejando el fuego consumir despacio pero seguramente la casa solariega de Zejabel. Télendar fue al encuentro de sus antiguos compañeros asombrados de encontrarle aquí.

- Aunque Dimizar huyó, conseguí perjudicarle cosa que no olvidará. Espero que vaya morir después de eso.

Por fin los humanos eran libres y el resto de los nehantistas en fuga, esto daría la tregua en un mundo que lo necesitaba bien. Por fin pensaban en ello ellos todos.

Dimizar reaparecido al otro trozo del mundo en un lugar sombrío y húmedo. Estaba a cuatro patas, sangre fluía por su boca y a lo largo del puñado de la daga sumergido en su pulmón izquierdo.

Sentía su vida irse...

La llegada del Invierno

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Oscuridad...

El calor debería atenuarse...

Sin embargo es mas intenso que en las profundidades de la tierra...

Esto no puede suceder, escucho el eco de la lenta agonía...

¿Cuánto tiempo he dedicado a dormir?

La tierra se cubría de pétalos marchitos de rosas, dejaba al descubierto la riqueza del humus del bosque Eltariano. Algo emergió de allí, aparentemente una mano, pero hecha de raíces. Luego se levantó lentamente en ese lugar, acompañado por el solitario sonido del susurro que provocaba el viento al pasar través de las ramas casi desnudas. Los pocos animales que se estaban preparando para pasar el invierno escondidos dentro de una madriguera o un agujero de un árbol, se detuvieron intrigados por este suceso. Los montículos de tierra mezclada con vegetación muerta se abrieron en dos para darle lugar a una criatura por demás extraña. Ella tenía dos brazos, dos piernas y todas las características de un humanoide, pero su espalda estaba encorvada y sus dedos tocaban el suelo. Su aspecto frágil daba la impresión de ser una criatura muerta, pero este no era el caso. Se balanceaba de un lado a otro, y luego comenzó a caminar en una dirección. Sus pies habían perdido el hábito de caminar provocando que sus pasos fuesen imprecisos y lentos, en ocasiones terminando tumbado de nuevo en el suelo. Con dolor, su cuerpo entumecido por el sueño se despertaba lentamente. Sus ojos poco a poco se acostumbraron a la tenue luz del otoño, alcanzando a observar el caos. Era otoño, sin duda uno muy potente, pero de todos medos no era un otoño como otro. A pesar de que desde sus orígenes como fruto del Árbol-Mundo, a causa de su reloj interno siempre resurgía de las profundidades durante los inviernos. Desorientado, sin señales, la criatura deambulo hasta que supo adonde ir, atraído por sus pares.

Hablaespíritu venía siguiendo desde hace algún tiempo a los espíritus del bosque quienes se encontraban perturbados. Transitaban un camino que solo ellos parecían conocer, y uno de lo más ilógico. Rodearon un árbol, pasaron por debajo de una raíz, después cambiaron sin sentido la dirección. Pensó en algún momento que sus pequeños amigos le estaban jugando una travesura. Los espíritus con forma de llama se detuvieron cerca de un agujero recién excavado, donde las lombrices de tierra estaban luchando contra la glotonería de varios erizos. Hablaespíritu sintió la magia de la naturaleza y las pequeñas criaturas continuaron con su camino tan errático como desde su inicio. Por último, el Daïs se encontró cara a cara con la criatura salida de la tierra. Los espíritus saltaron y la rodearon como para darle la bienvenida. Ella no se movió, sus largos pies la mantenían estabilizada, mientras sus ojos miraban fijamente al Daïs. Hablaespíritu examinó este hallazgo con interés y curiosidad, y solo percibía pensamientos confusos. Él habló en su lengua. A pesar del aspecto físico no había duda de lo que había delante suyo, se trataba de un Daïs, pero uno al que no conocía, uno ancestral. La criatura cubierta de tierra y raíces se acerco a Hablaespíritu.

- Fruto del Gran Árbol, hijo de la naturaleza, ¿aceptaras la ayuda de un ancestro? Le dijo con el pensamiento.

Hablaespíritu asintió con la cabeza.

- El tiempo me encorvo y confundió mis ideas, me llevaron hasta mi hermano, Quercus, el mayor de todos los Daïs.

¿Quercus? Sí, el nombre de ese Daïs forma parte de las leyendas, fue el primer fruto del Árbol-Mundo y el que enseñó la voz de la naturaleza a Kei’zan.

- ¿Quercus? Él murió hace mucho tiempo, ¿quién eres tú para saberlo?

- Quercus ... el regresó a la tierra. Eikytan es el nombre que me fue otorgado por el Gran Árbol. ¿Quién dirige a los Eltarianos?

A este nombre también lo había oído Hablaespíritu, El Kei’zan lo menciono en historias de otros tiempos. Eikytan ... el guardián del invierno, quien procuraba que en la temporada de frió todos encontraran un sitio donde refugiarse hasta que llegara la primavera. ¡Pero en ningún caso se trataba de alguien vivo! El Daïs raramente se impresionaba por alguien o por algo, pero esta vez Hablaespíritu se sintió honrado por conocer y hablar con una persona tan ilustre.

- Ven Eikytan, te voy a llevar con Kei’zan.

- Kei’zan? Hmm... bueno. Préstame tu hombro para asentar mi mano porque mis piernas están entumecidas.

Este gesto le provocó escalofríos a Hablaespíritu, pero no dijo nada prefiriendo ver lo que sucedería con el encuentro entre ellos.

Al norte del bosque Eltariano, El Sachem y Kei’zan se ocupaban del Comepiedras. Granizardo por su parte llegaba del territorio desde Akem, acompañado de dos invitados y aliados a los Corazón de Savia - Pilkim y su padre, el Maestro-Mago Marzhin. Estos habían sidos enviados por Dragón para encontrar al Comepiedras y con el fin de evaluar su capacidad para actuar en el conflicto de la Piedra Caída del Cielo. El Kei’zan saludó a sus invitados con gran diplomacia.

- Enviados de Dragón, siéntanse como en casa...

No había terminado su frase cuando Pilkim, detrás de su padre se giro y vio un poco más allá, al Sachem hablando con el Comepiedras, pequeña criatura de apenas un metro de altura y apariencia de ser alguien único en su especie. El joven Draconiano tiro del manto de su padre, mostrándole la criatura.

- Por favor perdona a mi hijo, Kei’zan, el es un genio en términos de poder mágico, pero no es bueno con el protocolo, dijo Marzhin avergonzado.

- No pasa nada, viniste a ver al Comepiedras, así que no pierdas el tiempo, añadió el Daïs invitándolos a entrar en la aldea ahora habitada por aquellos que alguna vez residieron en los confines.

El viento flotaba lentamente entre los árboles, desnudándolos poco a poco de sus hojas color naranja. Pilkim corrió hacia la pequeña plaza central y se detuvo antes de llegar al Sachem quien le daba algunas gemas de colores a su pequeño protegido.

- Así que era cierto, el hecho de que comiera una gran cantidad de cristales extasió al joven mago. ¿El come mucho? ¿Ha crecido desde que salió de su huevo? Ese huevo estaba escondido ¿no? ¿Esta hecho de magia? ¿Cuantas horas duerme por noche? En el caso de que durmiera, por supuesto...

Por primera vez el adolescente se mostró como un verdadero hablador, cuando lo habitual es que no diga ni una sola palabra, sobre todo en presencia de extranjeros y aun peor si tienen otros orígenes.

- ¡Pilkim! ¡Ahora mismo deja de acosarlo! Limitémonos en estos momentos a observar únicamente, porque por ahí es donde todo empieza.

La enseñanza de Marzhin era su mayor prioridad y siempre le hablaba a Pilkim como si fuese uno de sus estudiantes. Sin embargo él ya no tenía dos años, por lo que el al Guemeliano no le daba para nada gracia. El muchacho se comporto como esperaban de el y al mismo tiempo, demostró por qué era un dotado. Se agachó y examinó al Comepiedras, observando su naturaleza.

- Bueno, a juzgar por la magia que emana de el se podría pensar que es un Guemeliano. Es posible que sea el caso de que posea una piedra-corazón visible en la superficie de su cuerpo. Excepto que no tiene esta característica, a lo mejor a causa de su extraña apariencia la piedra se encuentra dentro de él.

Pilkim vaciló, luego tocó la piel de color gris del Comepiedras, recorriendo las extrañas franjas blancas que parecían sinuosos tatuajes.

- Me siento increíblemente poderoso y único... ¿Padre de qué elemento se tratará?

El Maestro-Mago era un especialista en Guemelianos, el mismo se había convertido en uno y en repetidas ocasiones, lo que para le significó una gran hazaña. Habían muchos elementos, pero en el caso del Comepiedras estos no eran ni el fuego, ni el aire, ni el agua, ni siquiera unos más exóticos como la sombra o la luz. No era este el caso, era uno muy diferente, no una potencia que los draconianos conocieran, al menos no una familiar.

- ¿Hay algo que te haga pensar en el origen de la magia, hijo?

Pilkim frunció el ceño y puso las manos en la parte superior de la cabeza del Comepiedras. La relación evidente entre el y el Dragón salio a la luz.

- Es un Guemeliano ... de Guem?? Se preguntó.

- Esa es la teoría que tengo. Dragón no nos ha enviado aquí por casualidad, al parecer conoce o conoció la naturaleza del Comepiedras.

Los Eltarianos presenciaban la escena tratando de seguir la conversación, pero los términos utilizados por los draconianos no eran los mismos que los suyos y se perdieron rápidamente.

- Lo que es sorprendente es que su apariencia corresponde a la de un niño, volviéndolo tan difícil de conocer sus habilidades. Dijo Marzhin perplejo. ¿Dices que estaba en un huevo?

- Sí, respondió el Sachem. Permanecía en esa forma desde que lo encontramos, hace ya mucho tiempo.

- ¿Entonces, por qué ha nacido ahora? Preguntó Pilkim.

- Una vez más tengo una teoría. Como debes saber, la magia proviene de Guem. Si nosotros los Guemelianos podemos usar una parte de la magia, como por ejemplo los Guemelianos de fuego la magia de fuego, de esa forma mantenemos una estrecha relación con dicho elemento. Dragón esta relacionado con Guem, por eso su percepción del mundo es muy precisa. Lo mismo debe ocurrir con el Comepiedras.

- ¿Quieres decir que Guem ha pedido la intervención del Comepiedras? Pregunto Kei’zan.

- ¡Por supuesto! Pero no directamente, lo que amerita nuestra intervención. Dicho esto, me pregunto que poderes poseerá.

Mientras Marzhin y Pilkim analizaban al Comepiedras, la atención de Kei’zan y Granizardo se desvió a la llegada de dos personas. Hablaespíritu llegaba por el camino de la aldea de Akem y el hombre que lo seguía congeló a Graniazrdo. Le trajo a la mente recuerdos muy desagradables.

- Eikytan!! Resonó con gran amargura en la mente de todos los presentes.

Kei’zan agarró el brazo de su hermano para detenerlo.

- ¡No! No hagas nada que pueda causarte nuevamente un regreso a la prisión de ámbar! Amenazó.

Eikytan no distinguió a Kei’zan ni a Granizardo hasta que pudo observarlos mejor al acercarse hasta donde se encontraban los mismos.

- Aquí Eiky ... Estaba por decir Hablaespíritu.

- Sabemos quien es, interrumpió Granizardo molesto por la presencia del viejo Daïs.

- En ese caso no los molestaré, dijo Hablaespíritu muy avergonzados por el repentino deterioro de la atmósfera.

- Te puedes quedar, amigo mío. En cuanto a ti Eikytan soy escéptico en cuanto a la razón de tu despertar.

El viejo Daïs trato de acercarse más pero el dolor lo obligó a descansar un poco antes de volver a intentarlo.

- Así que tú has tomado el lugar de Quercus, joven Daïs.

- El no tomo su lugar, el rol de guía de la nación Eltariana le fue confiada con la muerte del venerable! Jadeó Granizardo.

- No te di la palabra, paria. Tú no te dirijas a mí. Ordeno Eikytan.

Lamentó que su hermano interviniera.

- Ve a buscar noticias de nuestros exploradores y me adviertes si surge algo nuevo por favor, hermano mío.

Enojado, el Daïs pateó con su pie una inocente piedra y abandonó la escena rápidamente. Kei’zan invitó a Eikytan a descansar en la aldea y se alejó temporalmente de los Draconianos quienes a su vez se encontraban muy ocupados tratando de desentrañar los misterios del Comepiedras.

- La naturaleza agoniza, Kei’zan, ¿escuchas los gritos de su sufrimiento? Preguntó Eikytan.

- ¿Tienes alguna novedad para agregar? ¿Algo que ignore? ¿Por qué estás despierto?

- Algo está destruyendo la tierra, hace mucho calor, el invierno esta tardando en acercarse y no será como de costumbre. Recuerda, yo soy el guardián del invierno y como tal, tenía que reaccionar con este profundo cambio.

- De lo que hablas es consecuencia de una piedra que cayo del cielo hace ya algún tiempo. Estamos buscando con nuestros aliados una forma de deshacernos de ella, pero está bien protegida por un pueblo cuya magia es muy diferente a la nuestra.

- Me aliare contigo, Kei’zan, en la lucha de nuestro pueblo. Con mi partida despertaran las criaturas del invierno.

El líder de los Corazón de Savia había olvidado ese detalle, los guardianes de las temporadas en caso de peligro podrían despertar los espíritus de las otras temporadas. Eso sucedería en un invierno frío e implacable como la temporada que esta por llegar. Por el momento y varias semanas antes, el Comepiedras no había hecho progresos y la situación cada vez ameritaba más y más, si la piedra agredía a la naturaleza entonces tendremos que decidir rápidamente, sí actuamos sin el Comepiedras o sí esperamos una reacción de su parte.

- Bueno, cualquier ayuda es bienvenida en estos tiempos de conflicto.

Marzhin y Pilkim pasaron la noche en presencia del Comepiedras. El adolescente tuvo la oportunidad de escribir todo lo que pudo para un informe que posteriormente enviaría al Compendio, una organización a la que el espera integrar alcanzada su mayoría de edad. Lo tenía todo en el mismo, tamaño, forma, cómo se movía, la forma de los restos del huevo. Lo más notable era su increíble metabolismo. Su nombre no fue adrede, sólo comía piedras pero con una notable preferencia por los cristales. Eikytan no pudo evitar la atracción y pronto comenzó a tener interés en la pequeña criatura. Escuchó con mucha atención las conversaciones de los seres humanos y los encontró sabios e inteligentes. También conocía la leyenda sobre el Comepiedras, pero fue un recuerdo vago dentro de su espíritu y únicamente con mucho esfuerzo lograba acordarse algo de el. Se esperanzó al recordar algo con el efecto de una bomba.

- Cuando yo nací, entre los primeros frutos del Árbol-Mundo, habían varios Comepiedras. Nosotros los llamábamos solo Cristaliens. En ese momento las naciones humanas eran sólo unas pocas tribus dispersas por Guem. Un día desaparecieron sin que nadie sepa qué fue de ellos. Sólo quedaron unos pocos huevos, incluido éste. El Kei’zan se sorprendido bastante por esta historia, debido a que el había nacido mucho después de la desaparición de los Comepiedras. A su vez se acerco aun más para escuchar la historia de su mayor.

- Entonces, ¿tu viste a los adultos? Se atrevió a preguntar Pilkim.

- Sí. Cuando un joven Cristalien poseía demasiado poder dentro de él se aislaba para convertirse en otra cosa.

- ¿Como una oruga en una mariposa? Dijo Marzhin fascinado.

- Pero como hacen para alcanzar la... Pero Pilkim interrumpió su opinión y se levantó lentamente para no perder su brillante idea. Padre, cierto que las Piedras-Corazón son fuentes de gran poder mágico, ¿no?

Él no espero a que su padre respondiera porque ya sabía muy bien la respuesta.

- Creo que un Comepiedras puede llegar a adquirir potencia ingiriendo piedras-corazón.

- Pero dudo que alguien pueda devorar una piedra-corazón y los guemelianos no pueden vivir sin ellas.

Marzhin asintió a su hijo, no habían demasiadas opciones para que un Comepiedras obtuviera lo necesario.

- La piedra-corazón del Árbol-Mundo, dijo Kei’zan evitando que Pilkim respondiera.

Si Eikytan tuviera boca, entonces él habría sonreído.

- ¿El Árbol-Mundo poseía una piedra-corazón? ¡Ciertamente el día de hoy estaba realmente lleno de enseñanzas! Comento Marzhin a su turno.

- Sí tenía una, pero estallo juntamente con él. Quedaron fragmentos, pero sólo uno de ellos todavía tiene la magia del Árbol-Mundo y llevará mucho de tiempo para que el Comepiedras lo encuentre. Acotó Kei’zan abruptamente.

La alegría de los draconianos fue efímera, pero aun existían otras probabilidades para encontrar.

- ¿Resplandores de Dragón? Nosotros los usamos para nuestros rituales más poderosos, ¿pero podrían ser de su agrado? Suscitó Pilkim la atención de su padre.

Después de un largo suspiro y una intensa reflexión del Maestro-Mago, él estuvo de acuerdo.

- Esta es la mejor solución que encontramos. Podríamos buscar vendedores de piedras-corazón, pero el resultado sería incierto. ¡Tenemos que contactar a Dragón cuanto antes! Se entusiasmó. Pilkim, ven dime que te ha confiado Marlok antes de partir, algo que nos sea útil.

Muy lejos de allí, Marlok se encontraba en su laboratorio cuando sintió que uno de sus cristales mágicos colocados sobre la mesa se activo por la magia. Corrió hacia él y lo tomo con la mano izquierda porque el mismo tenía que tener contacto con la carne para que la conexión se realizara. Inmediatamente los espíritus de Marzhin y Marlok entraron en contacto como si sus pensamientos se hubieran fusionado. La experiencia fue inquietante para los draconianos. Una extraña discusión tuvo lugar entre ellos, pero no como si fuese cara a cara, sino más bien como una maraña de pensamientos, impresiones, sentimientos. Sólo duró un instante, pero el mensaje ya había pasado. Marlok asentó el cristal lentamente sobre su escritorio, pero el objeto se partió en dos.

- La próxima vez tendrá que resistir el cristal, porque sino me va a costar una fortuna. Pues bien, enviare un resplandor de Dragón a Marzhin ... Sólo que ...

Marlok se dirigió al palacio para pedir una audiencia con Anryéna, quien asumió la gerencia en ausencia de Kounok. Por lo que pretendía resultó ser mucho más fácil de lo que presagiaba. Todavía tenía que enviar el objeto rápidamente y dada la distancia entre la Dracónia y el bosque Eltariano, Marlok se la tendría que ingeniar nuevamente. Pero los miembros del Compendio son magos formidables y gracias a ellos, sumado a un poco de impulso de parte del mismísimo Dragón en persona, el resplandor fue teletransportado a Marzhin y su hijo.

Fue Pilkim quien tuvo el honor de darle el resplandor del Dragón al Comepiedras. Sus ojos brillaban de alegría cuando el mago le entregó el cristal relleno de magia, no se le pudo resistir y se abalanzó sobre el como un niño a un pastel. El resplandor del Dragón no pudo resistirse a sus poderosas mandíbulas, las que trituraban cada partícula mientras las ingería complacidamente por su delicioso sabor. Una vez que termino, se levantó fácilmente y salio corriendo hacia la salida del pueblo. Toda la tropa hizo lo mismo y la siguieron a través de un largo bosque antes de que el Comepiedras se detuviese en una zona tranquila y serena. Allí, entre los árboles y sus grandes raíces, el Comepiedras cayó inconsciente. Los Eltarianos no se sorprendieron por esto, pero Eikytan retuvo a Marzhin.

- Espera, deja a la naturaleza actuar.

El Comepiedras se encontraba en posición fetal y poco a poco se empezó a formar un caparazón alrededor de el, hasta que al final terminó dentro de su interior.

- Déjenlo tranquilo, dijo el Kei’zan. Draconianos si desean pueden quedarse para observar, pronto el aire renacerá... progresivamente.

Efectivamente Pilkim no había esperado demasiado tiempo antes de continuar tomando notas.

- Sí, gracias Keizan, nos quedaremos aquí para ser testigos de su nacimiento. ¿Pero no nos quedamos ya demasiado tiempo?

- No se preocupen para nada.

Dos días habían pasado y los draconianos habían terminado sus largas observaciones. Se esperaba con entusiasmo lo que sería un renacimiento. A su debido tiempo, el huevo se dividió por una multitud de grietas y en su parte superior emergió algo, mientras crujía como si se rompiera un cristal. Pilkim estaba en la cúspide de su excitación, asistiría a un evento que para él seria "el mejor momento de su vida." Uno a uno los pedazos del cascaron caían sobre las milenarias raíces.

- ¡Es pegajoso! Contó Pilkim con alegría. ¿Debo anotarlo también?

- Sí, por supuesto, la academia necesitará de este tipo de detalles. Mira cuidadosamente Pilkim, dudo que tengamos la oportunidad de volver a presenciar esto otro día.

Marzhin ayudó al Comepiedras a salir de su huevo y su tamaño los sorprendió. El Comepiedras ahora tenía una forma femenina y era del tamaño de Pilkim. Ella tenía el cabello corto y de color perlado.

- ¡Es una niña! ¡Increíble! Exclamo Pilkim algo inhibido. Siento una fuerte magia que emana de ella.

- Sí, y mucho más que eso, respondió su padre.

La Comepiedras se estiró, bostezó abriendo toda su mandíbula y luego sonrió a su público. Una vez que pudo liberarse del extraño líquido del huevo dio unos pasos, acostumbrándose a su nuevo tamaño. Marzhin, atentamente le ofreció su abrigo para cubrirse.

- Gracias, Maestro-Mago Mazhin, dijo tocándole la piedra en la frente del draconiano. Estas próximo a Guem, ¡mantente así!

- Yo ... Yo la llevare a un lugar mas comodo, dijo tartamudeando.

Pilkim no podía dejar de hacer preguntas.

- ¿Usted habla nuestro idioma? ¿Usted nos reconoce? ¿Cuáles son sus creencias? Etc..

El Guemeliano de Guem puso su mano sobre su mejilla, mientras el joven mago se ponía del rojo de una langosta como acostumbraba aponerse al entrar en contacto con mujeres.

- Tendrás tus respuestas Pilkim, pero por ahora necesito descansar, la transformación fue rápida gracias a Dragón, pero me dejo muy agotada.

En la aldea, reapareció Granizardo acompañado de Melissandra, la Elfina estaba muy preocupada.

- Kei’zan, el pueblo de la Kotoba marchara con un ejército para atacar a los invasores. ¿Quizás esta sea la oportunidad de unir fuerzas con ellos para erradicar definitivamente esta amenaza?

El Daïs analizó la situación y tomó una de las decisiones más importantes de su vida.

- Melissandra, prepara a la tribu. Eikytan, despierta a los espíritus del invierno, por mi parte me encargare del Llamado. Ahora que tenemos a la Comepiedras podremos obtener la victoria.

Arribaron los Enviados de Noz'Dingard acompañados de su nueva amiga.

- Por lo que sé, intervino Marzhin, Dragón también enviará una delegación para apoyar a la Kotoba. Mi misión acá ha finalizado por lo que también me uniré a ellos.

- ¿Cómo darte las gracias por su ayuda? Preguntó Eikytan.

- Bueno como sabrás, la ayuda que nos brindaran en la batalla que se avecina ya es una valiosa recompensa.

La Epopeya

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Capitulo 1 - Retorno

El retorno de Aez a Camlahan fue triunfal. Blandiendo la espada de los Cinco Ancestros sobre su caballo y con su armadura verde, el guerrero una vez errante ahora redimido en héroe, traía esperanza a su reino. Los sirvientes del castillo habían estado ocupados preparando todo antes de su regreso anunciado por los exploradores del Este. Como para saludar su regreso, grandes pancartas con la cabeza del león blanco flotaban con la suave brisa de este brillante día. La noticia se había difundido en la ciudad y toda la población estaba allí para esta gran ocasión. La madre de Aez, la joven reina Isabel, sintió su corazón derretirse lleno de alegría mientras apretaba contra su pecho la corona de su difunto esposo. A causa de su estatus no podía inmutarse ni dejarse llevar por las emociones, pero muy dentro de ella el ver a su hijo con vida y portando la espada era un sueño.

Los guardias de Camlahan corrieron a un costado a la multitud para dejar pasar al caballero que arribaba a gran velocidad a la puerta del castillo. Allí, saltó de su caballo para recorrer el camino central que daba a la entrada del bastión. A mitad del camino, con un amplio gesto desenvainó la Espada de los Cinco Ancestros para que todos la admiraran y comprendieran que en Avalónia había ahora un Rey. El joven llegó hasta su madre y asentando una rodilla, puso la punta de la espada contra el suelo de piedra.

- Madre, aquí está la espada de los Cinco Ancestros forjada por el primer rey de Avalónia y símbolo de mi rango. Se me será confiada la corona y no seré mas un simple guardián del reino! Dijo con el fin de que todos a su alrededor escucharan sus palabras.

La reina mostró una amplia sonrisa y tomó una gran bocanada de aire antes de responder.

- De acuerdo con la tradición, el rey de Avalónia debe blandir la espada de los Cinco Ancestros. Tú as salvado el honor de una familia y el honor de un pueblo. Ahora se te reconoce como el legítimo rey!

En ese momento colocó la corona suavemente sobre la cabeza de su hijo. Pasaron unos segundos antes de que el se levantara para darle la cara al publico. No había ruido. Cortesanos y nobles se inclinaron ante él, seguido por la gente común. Los hombres se quitaron sus sombreros conjuntamente con las damas, quienes se inclinaron tomando sus vestidos en señal de respeto.

En Avalónia había un rey.

Desde su balcón, en la parte superior de la torre más alta del castillo, Aez miró al cielo con gran preocupación. No había una sola parte de cielo que fuese visible, estaba todo oculto por unas densas nubes de un color que no auguraba nada bueno. La atmósfera era pesada, abrumadora y sofocante. ¿Qué está pasando? ¿Es este el fin del mundo? Se preguntó. No esperó más tiempo porque estaba decidido a encontrar la respuesta. Dentro de la ciudad la misma no era más que calles vacías, la gente se había refugiado en sus hogares demasiado supersticiosos. Cruzó rápidamente la ciudad en su caballo hasta llegar a una casa de piedra aislada en medio de un bosque. Afuera, esperaba un hombre. Al ver llegar a Aez, se levantó de su asiento y se inclinó en reverencia. El hombre llevaba un manto púrpura y su edad se marcaba por su cara y su barba gris. El rey miró hacia los costados en busca de alguien más.

- Majestad, me alegro de verlo nuevamente, dijo el anciano. Tengo poco tiempo para darle así que seré breve.

Aez se concentró y lo reconoció.

- ¿Tempus? ¿Eres tú mi amigo? Dijo mientras se bajaba del caballo. Has aparecido.

- Soy el mismo. Yo era joven cuando partiste a las tierras lejanas y ahora te encuentras con mi yo más anciano. Es una larga historia, pero no tiene nada que ver con lo que te trajo acá.

- ¿Porque sabias que estaría aquí?

- Por el Equinoccio, mi amigo.

- El Equinoccio... ¿QUÉ? ¡Un equinoccio!

- Sí, majestad, ha oído bien. El último tuvo lugar durante el Gran Torneo de Yses, hace ya un poco más de veinte años. Y ahora sucederá nuevamente. Excepto que esta vez será diferente. Escúcheme bien, porque tendrá que actuar ahora. El Equinoccio será una oportunidad ideal para que una criatura reparta sus huevos por toda la superficie terrestre de Guem. Es su responsabilidad limpiar Avalónia, por ser este su destino.

Aez ya estaba pensando en diferentes estrategias y convocaría a todos los señores, barones, condes y duques. El destino estaba por poner en acción una cruel jugada, desafiándolo. Muchas preguntas se atiborraron en su cabeza.

- ¿Cómo sucederá esto? ¿Cuál será su apariencia? Le preocupaba.

- Mire majestad, respondió el anciano invitándolo a seguirlo.

Detrás de la casa, pegado contra el tronco de un árbol se encontraba una especie de huevo de aspecto oscuro y áspero. El olor que emanaba de él era tan atroz como su apariencia.

- Arderán con el fuego, dijo el mago creando llamas mágicas que devorarán los huevos en muy poco tiempo.

- ¿Cómo darte las gracias por tu consejo? preguntó el rey.

- Bueno, la próxima vez pensaremos en ello, respondió con una sonrisa. Ahora tengo que irme. Adiós majestad hasta pronto.

- Adiós señor Tempus.

El Equinoccio duró sólo unos pocos días. La diferencia entre noche y día fue mínima, perturbando la vida de los habitantes de las tierras de Guem. Avalónia nunca había experimentado una gran cacería. A través de las órdenes del rey que se expandían, la población se movilizó para luchar junto a los ejércitos de los Señores de Avalónia. La tierra fue recorrida de arriba hacia abajo. De a miles los huevos fueron destruidas liberando en la atmósfera un olor a putrefacción que se estancó por falta de viento. Sólo unos cuantos incidentes de poca importancia fueron lamentables y cuando las nubes se dispersaron anunciando el fin del Equinoccio, los huevos restantes no escaparon de las llamas.

Esta historia reconfortó a Aez en su papel de rey y gracias a las indicaciones de Tempus, él salió de esta aventura victorioso, y aun más amado por su pueblo. Había tomado las decisiones correctas y contribuido a superar esta prueba. Pero la historia no termina aquí. En Avalónia existe un héroe.

Capitulo 2 - La Criatura

El joven Firmin sólo tenía siete años. Hijo del molinero de su pueblo, le gustaba imaginar aventuras donde él era un fiel caballero del rey Aez, matando las criaturas emergentes de los huevos del Equinoccio con el fin de salvar a damiselas en apuros. Pero esta vez, la aventura que viviría no sería producto de su imaginación, sería real. No sentía las piernas ni los pies magullados, impulsados por su voluntad. Respiraba como un caballo después de una agotadora carrera, pero tenía que llegar a su destino. En su mano, llevaba un trozo de tela manchada y ennegrecida. ¡El Rey tenia que verla! Como un fantasma caminaba por las calles de Camlahan, bajo las miradas sospechosas de las personas y la indiferencia de los guardias fue directamente al castillo. Su energía lo había abandonado, ya no podía más, y peor aun, no contaba con la suerte de que sus esfuerzos fuesen recompensados. Aez hablaba en el patio con algunos consejeros, tratando de hacerles entender su visión de la gestión del reino. La voz del muchacho sonó contra las paredes. Una voz llena de tristeza, pero pidiendo la atención del rey.

- Majestad, Rey de Avalónia!!!

Fermín dio unos pasos hacia el patio delantero pero se encontró con los guardias que le detuvieron el paso. Al ver esto el chico repitió el llamado.

- ¡Ayúdeme Majestad! ¡Una gran desgracia le ha sucedido a Lodèc! ¡Ayúdeme!

Los guardias rechazaron al chico quien cayó al suelo agotado dejando escapar algunas lágrimas, a la vez que decía "Ayúdeme... ¡Ayúdeme!". Aez miró hacia la entrada y vio al guardia que estaba empujando violentamente al muchacho. El no pudo permitirlo y personalmente se acerco para ver que era lo que sucedía.

- Eso es todo guardia, ¿este niño es tan peligroso que lo tienes que tratar así?

El llamado de atención fue suficiente para que el guardia se pusiera firme al instante.

- Discúlpeme Majestad pero este mendigo quería entrar al castillo.

- Sí, ¡pero hay otras maneras de actuar además de la brutalidad! ¡Fuera de mi vista!

El guardia no tuvo necesidad de responder porque quería salir cuanto antes de esta situación vergonzosa. Aez alejo los cabellos que estaban sobre los ojos medio cerrados de Firmin. Respiraba con dificultad y cuando se dio cuenta de que estaba en los brazos del rey le entregó el pedazo de tela.

- Majestad... Lo... Lodèc fue atacado... una criatura... ayuda...

Pero inminentemente terminó inconsciente. Aez le dio el niño al segundo guardia que estuvo presente en la escena.

- Llévalo a una habitación, que sea curado y alimentado. Dijo mirando el tejido que le dio Firmin.

Era una pieza de cortina, lo giró en una dirección, luego en otra y reconoció gracias a algunos detalles su origen.

- Un trozo del gran tapiz del castillo de Lodèc... Esto lo preocupó.

El niño fue capaz de contar su historia a la mañana siguiente después de una larga noche de descanso y de una abundante comida. Aez entró mientras una sirvienta terminaba de recoger los utensilios del almuerzo. Saludó al rey y luego salió inmediatamente de la habitación. Firmin se veía pequeño en la gran cama cubierta de pieles. Estaba muy inhibido por encontrarse delante de él, a quien admiraba tanto. Preso de la timidez, no dijo nada hasta que Aez inicio la conversación. Este último se sentó en el borde de la cama, prefiriendo actuar con menos distancia que la que sus estatus le permitían.

- ¿Cómo estás chico?

El muchacho contestó afirmativamente con una ligera inclinación de su cabeza.

- ¿Cuál es tu nombre?

- Yo soy... Fermín, hijo del molinero de Lodèc.

- Firmin, cuéntame tu historia.

El niño se acurrucó en la cama.

- Una criatura alta como el castillo de Camlahan atacó la aldea, rompiendo todo a su paso. Inmediatamente nos refugiamos en el fuerte de Lodèc pero... pero...

El niño empezó a llorar.

- ¡Todo el mundo está muerto, majestad, menos yo!

- Fermín, que sucedió después, dímelo.

- El Señor y los soldados trataron de detener a la criatura, pero ella era demasiado fuerte y rompió los muros que se desmoronaron sobre nosotros. Y entonces cuando toda la tierra se partía, pude escapar de la muerte y eh venido a informárselo...

- Has hecho bien, Lodèc no está lejos de aquí, no vamos a permitir que una criatura deambule por la zona, dijo el rey levantándose. Quédate aquí todo el tiempo que desees y tendrás a tu servicio a los cocineros. En cuanto a mí, iré a ver lo que pasó.

Aez y algunos guardias reales estaban listos. En su caballo con su armadura verde y dorada el rey lucía radiante. A su lado, los porta banderas las ondeaban en el viento armoniosamente. Lodèc no estaba lejos, el viaje iba a durar a lo sumo un par de horas. La reina madre no esperaba que su hijo también partiera.

- ¿Por qué vas tu mismo, Aez?

- Madre, esta criatura ha destruido un fuerte y arrasó un pueblo, ¿quien mas que yo es el indicado para combatirla?

- Tu ejército.

- No será necesario,

- ¡Ten cuidado, ten cuidado y retorna a mi con vida! Recuerda una cosa, si tú mueres sin un heredero Avalónia organizará un Gran Torneo, por ser esa la ley de los Siete Reinos.

Pero Aez no prestó atención a las advertencias de su madre y juntamente con la armada abandonaron el castillo a trote, provocando la admiración de la población. Pronto se encontraron en la única carretera pavimentada que atravesaba el reino de punta a punta. El sonido de la cabalgata rompía el habitual silencio de la región advirtiendo a los viajeros de su inminente cruzada.

Lodèc era un pequeño señorío entre las tierras del rey, situado entre el Condado de Barkaram y el Gran Ducado de Salan. No había nada especial, salvo el paisaje de los inmensos bosques, donde vivía la población esparcida. Aunque hay algunas aldeas situadas por aquí y allá, la única aldea de importancia era la del pueblo del Señor Lodèc. Los jinetes llegaron justo cuando una columna de humo se levantaba en el cielo. Enfrente de ellos, una verdadera escena de desolación se apreciaba. Las casas fueron destruidas y consumidas por el fuego. Sobre una colina por encima del pueblo, el fuerte no era más que un montón de piedras. Los Avalónienses no podían creer lo que veían.

- Adéntrense y vean si hay algún sobreviviente, apaguen los incendios. Una vez que dio esa orden, mando a continuación a construir un campamento en las afueras del pueblo. Ustedes dos, dijo señalando a dos caballeros, patrullen y mantengan los ojos bien abiertos. Aez esperaba que en el fuerte todavía se encontraran algunas personas con vida. Pensaba también en Leodran de Lodèc, a quien conocía muy bien desde su infancia, un hombre noble y de valor según su opinión, pero impulsivo y a menudo, demasiado temerario. Debido a sus características el Rey temía lo peor...

Su caballo estaba nervioso, así que tuvo que tirar de las riendas para que se dirigiera a la fortaleza. Toda la construcción era sólo escombros, una mezcla de madera y piedras de gran tamaño. Aquí una mano, allá un rostro, sin rastros de vida. "¡Qué catástrofe! Tantas vidas destrozadas... Por desgracia, la puerta de entrada estaba cerrada para siempre porque en su interior el techo se había derrumbado y probablemente encima de la personas que estaban allí esperanzados de encontrar un refugio. Caminó alrededor de las ruinas mientras imaginaba el tamaño de la criatura responsable de tal desastre. Atravesó lo que había sido parte del fuerte y luego se dirigió al bosque. Notablemente la mayoría de los árboles estaban tumbados, como si un niño hubiera caído sobre un campo de trigo. Sin el menor temor, el rey se alejo siguiendo la pista visible. En su camino se encontró a varios soldados o aldeanos de Lodèc muertos, sus cuerpos estaban despedazados.

- ¡La mandíbula de esa cosa tiene que ser enorme! Dijo en voz alta.

Al parecer caminó unas tres millas al norte antes de encontrarlo. Enorme, monstruoso, increíble, fueron las primeras palabras que le vinieron a la mente. Lo que buscaba tenía varias cabezas y aspecto digo de las criaturas que solo se cuentan en leyendas. Él tomó las riendas con ambas manos y lanzó su caballo al galope, alcanzado la distancia que lo separaba de su meta. Sigilosamente, lanzándose sobre ella la tomó por su espalda.

Desde hacia cuatro días que Johan y Aelide viajaban. Enviados por sus padres, el Duque y la Duquesa de Gran-Abismo, con el fin de brindar sus respetos al Rey Aez. El Duque tuvo la idea de deshacerse de su hija por al menos unos días, quien se comportaba más como un joven. Johan había quedado atrapado por las piernas como su cuidador, pero esto no le molestó a Aelide porque amaba a su hermano más que nada. Lo que en sus comienzos parecía ser para ellos un viaje protocolar, se convertiría rápidamente en una gran aventura que cambiaria para siempre sus vidas. Era la hora de la cena. Ellos se reunieron alrededor de una fogata e intercambiaron historias que como era habitual, una era más fantástica que la otra. Luego escucharon un ruido que interrumpió sus conversaciones, parecido a cuando un leñador tira abajo un árbol. Lo que en un principio parecía un sonido alejado, poco a poco se sentía mas cerca. Y, finalmente, la criatura fue visible, sus cabezas salían por entre los árboles y estos eran destrozados como si fuesen simples ramas. Enojada y furiosa, aparentemente estaba herida en varias zonas. No tuvieron otra opción porque se dirigía directamente hacia ellos. Johan tomó su gran espada y escudo, poniendo a Aelide detrás de él.

- ¡Sigue tu camino o morderás el polvo! Gritó lleno de coraje.

Aelide agarró su arma y se puso en guardia con el fin de ayudar a su hermano. El terreno no lo favorecía pero Johan era un caballero temible. La criatura atacó. Una mandíbula se cerró cerca de la cara del Avalóniense y otra cabeza se estrelló contra el largo escudo de metal con cabeza de león, símbolo del reino. Un movimiento de la espada de Johan detuvo a otra cabeza, entonces Aelide encontró una abertura y se abalanzó tomando su arma con ambas manos, dañando una de sus cabezas de arriba a abajo. La criatura era feroz y fuerte, el tener una multitud de cabezas le beneficiaba más que otra cosa, podía atacar a todos a la vez. Aelide y Johan lo habían entendido y se resistieron a los incesantes ataques de los maxilares. Se estaban esforzando al máximo y a pesar de sus habilidades en su lucha contra sus múltiples objetivos, inevitablemente quedaban en ridículo. Aelide tropezó y por poco una mandíbula se cierra sobre su brazo, recibiendo afortunadamente solo un gran arañazo. Ella dejó escapar un grito que desorientó a Johan. Una cabeza con la boca abierta se dirigía velozmente al caballero y entonces… Aez hundió la espada en uno de los cuellos de la bestia que gritó de dolor y de esa forma salvo de una muerte segura a Johan. El rey no pudo soportar todo el peso de la bestia sobre su espada por lo que la alejo cortando su carne y generando una gran hemorragia en la herida. El olor que se propagaba no era desconocido y "Equinoccio" fue la primer palabra que se le vino a la mente. ¿Se trataba de un huevo que había nacido? Pero en ese momento poco importaba, ¡tenía que actuar! Aez contaba con el apoyo de los otros dos seres humanos que como el también se enfrentaban a la cosa. Ellos habían tenido grandes dificultades a causa de sus múltiples enemigos, a pesar de que demostrar ser feroces combatientes! Cuando Johan y Aelide observaron la armadura y espada del recién llegado, pronto se dieron cuenta de quien se les había unido. Esto fue como una dosis de energía y sintieron el deseo de sobresalir. Las hojas cortaban el aire y la carne. Una cabeza voló, luego dos, luego tres, y cada vez que una era cortada, estas se desvanecían como humo. ¡La criatura estaba a punto de ser derrotada! Los tres se sintieron vigorizados, pero las ilusiones de victoria se desvanecieron cuando una a una las cabezas empezaron a crecer nuevamente.

- ¡Esta criatura es inmortal! Gritó Johan desilusionado.

- ¡Corten todas! Ordeno Aez.

Aplicando una disciplina casi militar, los tres avalónienses ejecutaron el plan, en un principio simple pero difícil en la práctica. Y otra vez las cabezas fueron cortadas, siendo finalmente acaba la criatura quien cayó sobre suelo. Aez, Aelide y Johan agotados por la batalla se miraron entre sí para darse cuenta de que estaban vivos. La mirada de Aelide se cruzo con los ojos verde esmeralda del rey provocándole que se sonrojara. Ella ya había escuchado hablar del rey y habían viajado en busca del hombre, guiándose por los comentarios de los Siete Reinos, pero los rumores eran inferiores a la verdad. El corazón le latía velozmente en el pecho, ¿era este el efecto de la lucha o el encuentro con el rey? ¡Ni uno ni lo otro! Un veneno insidioso se esparció lentamente en el cuerpo de la joven. Ella cayó...

- Aelide! Grito Johan soltando su arma y escudo. Aelide!

Con cuidado levantó su hermana y encontró la gran herida de su brazo. A lo largo de la herida una materia oscura fluía.

- Veneno... ¡Oh, no! ¡No mueras, hermanita!

Aez observaba la herida cuando vio a al criatura moverse. Ella se levantó rápidamente e instantáneamente ataco con una de sus cabezas.

- ¡Cuidado! Gritó Aez, ella no esta muerta!

Johan tomó su espada pero no se atrevió a soltar a su hermana. El rey entonces se encontró solo con la bestia. Mientras ella se abalanzaba el tomó unos segundos para observarla mejor. Un poco más abajo, a la altura del pecho, se encontraba una especie de esfera, grande y negra, de donde emanaban pequeños destellos en diferentes direcciones. Rápidamente y con fuerza lanzó la espada de los Cinco Ancestros en el extraño objeto. Hubo una explosión que tiró al suelo al avalóniense y luego una lluvia de materia extraña, parecida a crema chantilly se desparramó por todas partes. Esta vez no habían dudas de que la Hidra de la Bruma del Equinoccio ya no existía. Johan se levantó como pudo mientras cargaba a su hermana, mientras que Aez recuperaba su espada cubierta de una materia viscosa.

- ¿Cómo está ella, caballero?

- Está inconsciente.

- Llevémosla a mi campamento al otro lado de la colina. Vamos a estar más cómodos.

- ¡Gracias majestad, mil veces gracias!

Avalónia fue vengada.

(Continuará ...)